Con los profesores ocupados en
corregir exámenes y los alumnos apurando sus quehaceres, todos pensando en la
playa liberadora o en las cumbres frescas, o sea, en las vacaciones
reparadoras, el fin de curso escolar se ve envuelto en Canarias por la
controversia que suscita una instrucción de la consejería de Educación,
Formación Profesional, Actividad Física y Deportes el Gobierno autónomo,
relativa a las actividades extraescolares que se desarrollen en los centros
educativos para garantizar “la neutralidad” de las mismas y “evitar que el odio entre en las
aulas”, según manifestó en sede parlamentaria el consejero del ramo, Hipólito
Suárez (PP).
La conferencia
de un influenciador de extrema derecha, dictada en un instituto, relativa al
buen uso de las redes sociales, es el núcleo de la polémica que, por ahora, no
alcanza los niveles de aquella “Educación para la ciudadanía” que desquició
hace años a no pocos sectores sociales, sindicales y profesionales.
El
consejero respondió a una pregunta de la diputada de Nueva Canarias, Carmen
Hernández sobre esta instrucción asegurando que en los centros educativos se
trabaja en programas como la educación afectivo-sexual. “Mire lo que se hace en
los centros educativos, que no está vetado: educación afectivo-sexual,
comprender Palestina, diversidad sexogenérica, retos y perspectivas, también
prevención en adicciones, educar desde la empatía y la diversidad... “Esto es
lo que recogen las instrucciones del curso 2026. Unas instrucciones que
ustedes no han criticado”, afeó el consejero a Nueva Canarias.
La
diputada de esta formación, Carmen Hernández, que pidió a la consejería que
rectifique con esta instrucción, recomendó a Suárez que “se coloque en el lado
bueno de la historia” y añadió que “cada vez se parecen más a la extrema
derecha”. A su juicio, “no podemos ser neutrales”. “Tenemos que ponernos del
lado correcto de la historia: la paz, la solidaridad, el respeto a la vida
humana, los derechos humanos, y la escuela tampoco puede ser neutral”.
“Nos
preocupa la deriva de su Gobierno”, incidió Hernández, que añadió que es
necesario trabajar “a favor de la defensa de la democracia, de los valores
constitucionales, de los Derechos Humanos, de la vida digna, de la
igualdad de género, de la lucha contra la violencia machista, a favor de
los derechos sindicales y de los derechos civiles y que no deje que la
censura entre en la escuela”.
El
consejero concluyó el debate remarcando que en los centros educativos “de esta
tierra lo que sí hay es libertad” y añadió “libertad a la hora de poder
trabajar los Derechos Humanos, que creo que nos identifican a todos, todos
nos tenemos que identificar con ellos”, dijo mientras mostraba diversos
trabajos de centros educativos de Canarias que tenían que ver con la igualdad o
contra el racismo, entre otros.
“Y
lo que no se puede permitir es que se incorpore a los centros
educativos el discurso del odio, de la insolidaridad, del no a la
diversidad, de no a la igualdad, de no a las familias, todos sus
caracteres. Eso es lo que no se puede permitir en los centros
educativos de Canarias. Las instrucciones están para poder llevarse a
cabo. Y, lógicamente, que son mejorables, por supuesto, como se
mejora todo en esta vida. Pero lo que no cabe en las instrucciones, y
se lo digo otra vez, es el odio, no al odio a la Escuela Canaria”, agregó
el consejero.
La instrucción de la consejería causante de la
controversia versa sobre organización y funcionamiento de los
centros no universitarios. La disposición 3.4, en efecto, establece que “no se
podrá autorizar la realización de conferencias, charlas, reuniones o eventos
que puedan llevarse a cabo por individuos, grupos, organizaciones o colectivos
caracterizados por una determinada opción ideológica que no sea neutral y no
respete los derechos fundamentales y libertades públicas reconocidos en nuestra
Constitución en espacios e instalaciones de los recintos escolares”. El asunto ha
suscitado críticas entre colectivos y grupos políticos quienes tachan de
“censura” la medida introducida por la Administración, bajo el principio de “neutralidad
institucional”.
La Consejería aclara que esa instrucción se aplica
“sin ningún tipo de incidencia desde este curso que termina y surge para
proteger a los equipos directivos y docentes cuando programan o les solicitan
impartir charlas o ponencias en centros educativos y que pueden no resultar del
contenido que inicialmente esperaban o se expresan desde una parcialidad que
puede influir directamente en la percepción de unos determinados temas por
parte del alumnado, en una etapa de su desarrollo especialmente sensible”.
Dos opiniones más para contrastar las aristas de esta
polémica que no ha subido el tono, a sabiendas de que puede alcanzar niveles
preocupantes dado el clima de crispación política, beneficiada por la sucesión
de otros temas en el panorama informativo. Que se hable de censura empieza a
ser inquietante. Para la Red Feminista de Gran Canaria, un ejemplo, “se trata de un planteamiento preocupante que
abre la puerta a cuestionar y excluir iniciativas sobre igualdad, feminismo,
educación afectivo-sexual, diversidad, prevención de las violencias machistas o
derechos humanos” y añade que “cuando se utiliza el concepto de “neutralidad”
sin definirlo, se corre el riesgo de equiparar la defensa de los derechos
humanos con opiniones políticas que los cuestionan”.
“Puede generar censura en los centros educativos,
limitar la autonomía del profesorado, dificultar la prevención de las
violencias machistas e invisibilizar el trabajo por décadas han desarrollado
organizaciones sociales y profesionales especializadas”, agrega el colectivo.
Por otro lado, el Sindicato de Trabajadores de la
Enseñanza de Canarias (STEC) ya trasladó hace unos días su “más absoluto
rechazo” al contenido del punto en cuestión. La organización considera que la
Consejería introduce un mecanismo “ambiguo y peligrosamente arbitrario” que
puede convertirse en una herramienta de “censura ideológica en la escuela
pública.
La organización asegura que lo “verdaderamente
preocupante no es que existan ideas diversas en los centros educativos; sino
que una Administración pretenda decidir cuáles son aceptables y cuáles deben
ser excluidas”.
Además, el sindicato recuerda que “la normativa
vigente ya contempla límites suficientes frente a discursos de odio, violencia,
racismo o xenofobia”. Por tanto, considera que, “este nuevo apartado no
responde a una necesidad jurídica real, sino a una voluntad política de
controlar el discurso público dentro de los centros educativos”.
Precisamente, el portavoz de STEC-IC, Iván Morales,
aclara que para el sindicato la “gravedad” de la disposición 3.4 de la
resolución reside en que si la Administración deja por escrito una instrucción
a los centros “ya condiciona y fomenta una autocensura”, y añade que, aunque
sean los equipos directos o el Consejo Escolar, es la Consejería, “el jefe
directo quien ha impuesto un aviso”.
Con esto, Morales se refiere a que el área en cuestión
está gobernada por el Partido Popular y lanza una pregunta: “¿Es el PP un
partido neutral?”
En este contexto, el portavoz acusa al actual
departamento que tienen ejemplos de haber actuado “de forma no neutral,
fomentando su propia ideología en diversos aspectos”.