Era previsible la negativa. Pedro Sánchez, secretario general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), aprovechó su primer contacto con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, para expresarle la oposición socialista al propósito -lanzado como un globo sonda- de elegir directamente a los alcaldes. Tras los titubeos iniciales, registrados además en esas transiciones que los partidos tienen de vez en cuando y en las que resulta muy complicada la fijación de posiciones y no digamos la toma de decisiones, y prácticamente descubiertas las intenciones del Partido Popular, el ‘no’ del PSOE estaba cantado.
A menos de un año ya para las elecciones autonómicas y locales, una medida de ese calado debe contar con un mínimo consenso. No parece que sea esa la tónica; de hecho, la intención del presidente del Gobierno se ha ido diluyendo hasta en los mismos medios de comunicación, posiblemente ante la dimensión cobrada por otros asuntos públicos de mayor trascendencia.
El partido gubernamental debe disponer de encuestas en las que se advierte del previsible retroceso electoral, aun cuando desde el ejecutivo se insista en un discurso de recuperación económica que no termina de mitigar el malestar y la incredulidad del personal. Al PSOE le ocurrió igual después de las medidas que hubo de poner en marcha Rodríguez Zapatero cuando la crisis ya se descarnaba. Presidentes autonómicos y alcaldes de grandes, medianas y pequeñas ciudades tuvieron claro que habrían de lidiar con un descontento creciente. El resultado ya se conoce.
De modo que el PP, para salvar alcaldías, parece optar por una fórmula a la que se negó en su día pero que, con el paso del tiempo y a tenor de las circunstancias, pudiera ser, cuando menos, objeto de estudio y debate. Pero la fórmula no se puede despachar en una declaración de intenciones contextualizadas en un proceso de regeneración democrática. Porque requiere de modificaciones legislativas sustantivas y porque precisa de la más amplia base posible de consenso político. El partido gubernamental, además, se ve pillado en su jugada: ni una sola referencia a tal hecho en la vigente Ley de Racionalización y Sostenibilidad, severamente criticada por el Consejo de Estado y recurrida por muchos actores políticos e institucionales ante el Tribunal Constitucional.
Era consecuente pues la negativa de Sánchez: hay mucho de interés partidista y de electoralismo en esa iniciativa. El municipalismo tiene también mucho que decir pues de prosperar esta fórmula se pasaría de una órbita de pactos, ententes y alianzas, derivada de la expresión de la voluntad popular, a otra más presidencialista y de concesión extraordinaria de facultades decisorias “para el más votado”.
No está nada claro, desde luego, que sea mejor y más operativa. Ni más democrática.
jueves, 31 de julio de 2014
miércoles, 30 de julio de 2014
MUJER Y PERIODISTA TEMPERAMENTAL
Conocimos a María Antonia Iglesias a mediados de los años noventa, cuando dirigía los informativos de Televisión Española y acompañamos al Jerónimo Saavedra ministro para las Administraciones Públicas. Ella, personalmente, le recibió en la puerta de acceso a la casa y le acompañó hasta la sala de maquillaje, antes de ser entrevistado. Hablaron de episodios pasados con amigos comunes y de música: ni una sola indicación sobre la entrevista. Cuando terminó, ese “ha quedado muy bien” a secas, indicador de que los asuntos tratados (traspaso de un tramo del IRPF, estatutos de autonomía, las perspectivas sobre Ceuta y Melilla, la reforma de la Administración… que uno recuerde), había sido despachado con solvencia. Posteriormente, coincidimos en un par de ocasiones (“Ya me gustaría ir a Canarias, ya”, dijo). La seguimos en su siguiente etapa profesional, sobre todo en sus apariciones en tertulias radiofónicas y televisivas, y en algún libro suyo que recoge entrevistas con destacados personajes políticos. En todos esos vínculos se contrastaba la periodista de raza, la escritora escrutadora que hizo del rigor una divisa.
María Antonia falleció ayer en Vigo. Para el periodismo, en su conjunto, es una pérdida sensible. No pasó como una más ni por las publicaciones en que trabajó ni por su paso en la televisión pública ni por la bibliografía de la que es autora. El suyo fue un compromiso activo en todo momento: una mujer temperamental, una periodista temperamental. Lo acreditó en cada uno de sus cometidos entre los que conviene destacar el desempeñado al frente de Informe Semanal, uno de los programas-insignia del medio, sensiblemente venido a menos, por cierto. Y lo elevó con su conocimiento de Euzkadi, con sus interpretaciones de lo que sucedía en las entrañas y las perspectivas que vislumbraba sobre el País Vasco.
En esa trayectoria, María Antonia Iglesias jamás se arrugó. Para eso estaba comprometida sin necesidad de tener que hacer gala de su ideología progresista y de su credo católico.
Nos deja una extraordinaria profesional que supo ganarse el respeto y el afecto de muchos, aunque discreparan de su visión y de su pasión.
Hasta siempre.
María Antonia falleció ayer en Vigo. Para el periodismo, en su conjunto, es una pérdida sensible. No pasó como una más ni por las publicaciones en que trabajó ni por su paso en la televisión pública ni por la bibliografía de la que es autora. El suyo fue un compromiso activo en todo momento: una mujer temperamental, una periodista temperamental. Lo acreditó en cada uno de sus cometidos entre los que conviene destacar el desempeñado al frente de Informe Semanal, uno de los programas-insignia del medio, sensiblemente venido a menos, por cierto. Y lo elevó con su conocimiento de Euzkadi, con sus interpretaciones de lo que sucedía en las entrañas y las perspectivas que vislumbraba sobre el País Vasco.
En esa trayectoria, María Antonia Iglesias jamás se arrugó. Para eso estaba comprometida sin necesidad de tener que hacer gala de su ideología progresista y de su credo católico.
Nos deja una extraordinaria profesional que supo ganarse el respeto y el afecto de muchos, aunque discreparan de su visión y de su pasión.
Hasta siempre.
martes, 29 de julio de 2014
NADIE SE APIADARÁ DE LAS VALLAS HASTA QUE PASE ALGO
En las redes
sociales se ha disparado de nuevo el malestar por el estado de conservación,
limpieza y mantenimiento de la ciudad. Es verdad que nunca antes se la vio tan
desatendida, tan deteriorada, tan abandonada, tan desconchada y tan sucia. Como
es tan fácil manejar teléfonos móviles inteligentes y colgar fotos o videos en
las redes, las pruebas se han multiplicado. Es decir, lo que antes se
desarrollaba a escala popular, boca-oído, en círculos más o menos amplios, con
un testimonio mínimamente creíble, lo que incluso podía inducirse o agitarse
sin muchas dificultades hasta generar un debate que trascendía y cobraba
efectos expansivos, ahora rueda en un santiamén en decenas y decenas de muros y
direcciones electrónicas.
Es curioso que se descalifique y se
tilde de antiportuenses a quienes publicitan o denuncian alguna situación de la
geografía urbana que invita, precisamente, a dar un primer paso para ser
corregida o mejorada. ¿Hacen mal esos ciudadanos? Hay opiniones para todos los
gustos pero peor harían en callar, tolerar, dejar hacer y dejar pasar. Entonces
no llegarían nunca las soluciones, entonces no despertarían la sensibilidad y
las conciencias de quienes están llamados a velar por el mantenimiento de un
buen estado general de jardines, plazas, vías y zonas públicas. Cierto que hay
comportamientos incívicos y que falta más colaboración e implicación de los
vecinos. No son conscientes de que una ciudad turística o de servicios es como
un escaparate que hay que mantener en el mejor estado de visualización y
percepción posible. Es una exhibición permanente, por tanto la mejor propaganda
que se puede hacer, además de hablar muy favorablemente de sus habitantes, de
su esmero y de su sensibilidad para ofrecer una realidad llamativa y positiva.
Lo peor del Puerto, y es un hecho
comúnmente aceptado, es que no hay mantenimiento. Que las cosas nuevas o
remozadas duran muy poco. Que, pasadas unos pocos meses, se vuelve al aspecto
que originó una actuación que no ha servido para nada y que, sufragada con
dinero público, revela el escaso respeto que se tiene por este y por el
disfrute colectivo. El Puerto de la Cruz, en eso, es primero de la
clasificación hace mucho tiempo.
¿Quiénes son más antiportuenses: quienes
denuncian y demandan una solución por la vía más directa o quienes alientan
irresponsablemente desde amplificadores mediáticos afanes incívicos, perversos
y torticeros? Hoy se estarán llevando las manos a la cabeza quienes asistieron
a la supresión de la asignatura ‘Educación para la ciudadanía’.
Pues no, aman al Puerto como el que más,
quienes, por ejemplo, contemplan a su paso el estado de algunas vallas
metálicas protectoras en sectores muy transitados del término municipal. Se
estarán frotando los ojos, no dando crédito a lo que visualizan o tocan,
quienes circulan por la autovía del este, junto al túnel de acceso o salida de
Martiánez, una de las entradas y salidas de la ciudad. Piezas torcidas o
destruidas, remendados hasta con trapos algunos de los descubiertos y vacíos
que desnudan peligros claros para el tránsito peatonal. Los desperfectos
crecen, nadie se ocupa de ellos. Y quienes van por la avenida Francisco Afonso
Carrillo palpan también esa sensación de riesgo, no solo para los niños, y de
abandono. La misma sensación que anida en la calle Las Cabezas y en la vía que
desemboca en el distribuidor de tráfico del mismo nombre. Vallas oxidadas,
despintadas, arrancadas… El impacto, no solo antiestético, es evidente.
En fin, más importante que los debates y
sus derivados, quejas incluidas, es impedir el pecado original: evitar la
degradación de aquello que es de todos. Es labor de gobernantes, de acuerdo;
pero también de quienes deben velar por un comportamiento cívico que favorezca
el mantenimiento y conservación del patrimonio común que también distingue a
una ciudad.
lunes, 28 de julio de 2014
CATACLISMO
Por si no fueran suficientes las sacudidas que viene sufriendo la política, salta la confesión de Jordi Pujol y Soley, ahora menos honorable. Los primeros ejercicios periodísticos, en pleno desconcierto y en plena desazón, hacían hincapié el fin de semana en las contradicciones de quien fuera presidente de la Generalitat y aún hoy ostente la presidencia de honor de su organización política (Convergencia i Unió): por un lado, su negación de hechos que estaban siendo investigados y que, según se va probando, tenían mucho de verosímiles; y por otro, su rechazo -la enésima interpretación política del mismo tenor- a infundios y maniobras de desprestigio hacia su familia y hacia el catalanismo urdidos y ejecutados desde el centralismo. Es un cataclismo de cuidado. Y eso que no ha hecho más que empezar, después de treinta y cuatro años de secreto bien pero que muy bien guardado. Secreto personal o de familia, desde luego, pero de unas consecuencias políticas ahora mismo imprevisibles. Después de la dimisión de Durán Lleida como secretario general de la federación nacionalista y en vísperas de la entrevista entre Rajoy y Mas, con el telón de fondo de la aspiración soberanista y ambiente enrarecido como nunca desde la Transición, el estallido de lo que es algo más que una burbuja ha hecho remover los cimientos de la convivencia sociopolítica y de las ya de por sí difíciles relaciones entre el Estado y una de sus comunidades autónomas. Y es que Pujol no ha sido un político cualquiera. Que empiecen a quedar sus vergüenzas fiscales al aire, ni más ni menos que entrañando un fraude fiscal aún no cuantificado con exactitud, es un hecho gravísimo por lo que su figura ha representado. Es que hasta las formas escogidas para su contrición parecen impropias en quien defendió, con ardor y pasión, postulados y demandas catalanistas. Lo hizo desde la privación de libertad y desde la legitimidad de las urnas, con notables respaldos empresarial y social y con la experiencia labrada a pulso. Echaba el resto con seny y se ganó el respeto de sus adversarios y críticos, con un discurso cargado, incluso, de valores morales. Pero redactar un comunicado y decir, antes de pedir perdón, que en treinta y cuatro años no había encontrado un momento para regularizar la situación fiscal, independientemente de omisiones concretas sustantivas del fraude, significa no solo echar la credibilidad por la borda sino tratar a los destinatarios con todo lo contrario del respeto al que acabamos de aludir. Hasta quienes corearon lo del “enano, habla castellano”, en plena euforia del triunfo electoral del PP, estarán ahora empleando aquel pareado burlón. Más en serio: algún destacado dirigente de su propia formación política ha dicho, en medio del cataclismo, que debía reflexionar sobre su relación con aquélla. En fin, con la impresión de que solo asoma el pico de la montaña, un duro golpe para la política y la maltrecha democracia. Para Catalunya, para el Estado de las autonomías, para su partido y para su familia.
jueves, 24 de julio de 2014
PULSO Y BRILLANTEZ
La pasada edición de las Fiestas de Julio en el Puerto de la Cruz confirmó la tendencia positiva advertida el año anterior cuando desde la institución municipal se pusieron en marcha medidas correctoras para superar el desmadre y aquel desastre cívico -dicho sea sin exageraciones- que significaron las celebraciones de tres años consecutivos, de 2010 a 2012.
De la misma manera que dejamos testimonio escrito del malestar social que las fiestas habían despertado, del descontrol que se había apoderado de muchas celebraciones, especialmente las del martes de la embarcación, de aquellos aspectos negativos que amenazaban la esencia misma de las fechas, de la necesidad de innovar o suplir números para incentivar el interés de la ciudadanía, quede ahora constancia de la sensible mejoría advertida en estas dos últimas ediciones. Es como si se hubiera enderezado el rumbo.
Los responsables municipales y los propios colectivos intervinientes se percataron de que la cosa no podía seguir como iba, de modo que con cordura y diálogo, con decisión y ánimo de cumplir, han podido invertir las perniciosas tendencias y proporcionar un aire sano que ha de inspirar el espíritu cívico de participación y divertimento que ha de caracterizar toda celebración festiva.
Se cumple así lo dicho tantas veces: el éxito de una fiesta depende de lo que quieran y de lo que hagan sus propios protagonistas. Si corresponde al pueblo cultivar costumbres y tradiciones, tendrá que hacerlo con voluntad, respeto y madurez. Ello ha de influir en la programación, cualquiera que se haga. Si la participación se produce con civismo, tolerancia y ánimo constructivo, los resultados serán favorables y el contento se extenderá.
Es lo que ha ocurrido este año, con un reflejo que veremos en un documental, Humans, que será presentado en la asamblea general de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Y con una audiencia millonaria en cadenas televisivas de distintas partes del mundo. Tiene razón Isidoro Sánchez cuando ha escrito que el Puerto ha descubierto la embarcación de la Virgen como un gran reclamo promocional.
El martes del Carmen no lo es todo en las fiestas portuenses pero acaso sea lo principal, el termómetro que mide toda la temperatura de los festejos. De modo que ese día, todo lo que se haga allí, en el refugio pesquero y su entorno, en el trayecto procesional, debe ser cuidado con esmero y todos deben poner de su parte para que la celebración brille.
Pero también hay otros aspectos, otros números del programa que merecen ser atendidos. Siempre hemos abogado por incursionar, por dar salida a creatividades que, si son potenciadas, terminan consolidándose y constituyendo otro reclamo para la programación festera.
O sea, que por fin puede hablarse de unas fiestas que han dejado buen sabor, que se ha cumplido el principio de manifiestamente mejorables. Y de eso cabe congratularse. Los responsables que han sabido salir de la indiferencia y timonear las sensibilidades de la ciudadanía pueden sentirse satisfechos. El pueblo que ha querido sumarse a la participación activa y se ha divertido como cabe esperar, también está en condiciones de demostrar que sus fiestas han recobrado pulso y brillantez.
De la misma manera que dejamos testimonio escrito del malestar social que las fiestas habían despertado, del descontrol que se había apoderado de muchas celebraciones, especialmente las del martes de la embarcación, de aquellos aspectos negativos que amenazaban la esencia misma de las fechas, de la necesidad de innovar o suplir números para incentivar el interés de la ciudadanía, quede ahora constancia de la sensible mejoría advertida en estas dos últimas ediciones. Es como si se hubiera enderezado el rumbo.
Los responsables municipales y los propios colectivos intervinientes se percataron de que la cosa no podía seguir como iba, de modo que con cordura y diálogo, con decisión y ánimo de cumplir, han podido invertir las perniciosas tendencias y proporcionar un aire sano que ha de inspirar el espíritu cívico de participación y divertimento que ha de caracterizar toda celebración festiva.
Se cumple así lo dicho tantas veces: el éxito de una fiesta depende de lo que quieran y de lo que hagan sus propios protagonistas. Si corresponde al pueblo cultivar costumbres y tradiciones, tendrá que hacerlo con voluntad, respeto y madurez. Ello ha de influir en la programación, cualquiera que se haga. Si la participación se produce con civismo, tolerancia y ánimo constructivo, los resultados serán favorables y el contento se extenderá.
Es lo que ha ocurrido este año, con un reflejo que veremos en un documental, Humans, que será presentado en la asamblea general de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Y con una audiencia millonaria en cadenas televisivas de distintas partes del mundo. Tiene razón Isidoro Sánchez cuando ha escrito que el Puerto ha descubierto la embarcación de la Virgen como un gran reclamo promocional.
El martes del Carmen no lo es todo en las fiestas portuenses pero acaso sea lo principal, el termómetro que mide toda la temperatura de los festejos. De modo que ese día, todo lo que se haga allí, en el refugio pesquero y su entorno, en el trayecto procesional, debe ser cuidado con esmero y todos deben poner de su parte para que la celebración brille.
Pero también hay otros aspectos, otros números del programa que merecen ser atendidos. Siempre hemos abogado por incursionar, por dar salida a creatividades que, si son potenciadas, terminan consolidándose y constituyendo otro reclamo para la programación festera.
O sea, que por fin puede hablarse de unas fiestas que han dejado buen sabor, que se ha cumplido el principio de manifiestamente mejorables. Y de eso cabe congratularse. Los responsables que han sabido salir de la indiferencia y timonear las sensibilidades de la ciudadanía pueden sentirse satisfechos. El pueblo que ha querido sumarse a la participación activa y se ha divertido como cabe esperar, también está en condiciones de demostrar que sus fiestas han recobrado pulso y brillantez.
miércoles, 23 de julio de 2014
SIN BROTAR UNA GOTA
Son, cuando menos, asombrosos. Cálculos y vaticinios desfilan, a ritmo de anuncios triunfalistas, con las bonanzas de las extracciones de hidrocarburos en aguas próximas al territorio insular.
Asombrosos porque aún sin empezar a perforar, el presidente de la compañía que va a hacer esos trabajos ya habla de cinco mil empleos. Y el ministro español de la cosa pronostica un ingreso para las islas de trescientos o cuatrocientos millones de euros.
Todo eso, y más que habría, sin brotar una gota de crudo.
Canarias soporta estas cosas, y más que habrá, casi sin pestañear. Clamando en el desierto por energías renovables y deplorando, en foros de negociación, por un sistema más justo de financiación pública.
Es nuestro sino: entre augurios inconsistentes para ilusionar y lamentos de incomprensión para avanzar entre penurias.
Asombrosos porque aún sin empezar a perforar, el presidente de la compañía que va a hacer esos trabajos ya habla de cinco mil empleos. Y el ministro español de la cosa pronostica un ingreso para las islas de trescientos o cuatrocientos millones de euros.
Todo eso, y más que habría, sin brotar una gota de crudo.
Canarias soporta estas cosas, y más que habrá, casi sin pestañear. Clamando en el desierto por energías renovables y deplorando, en foros de negociación, por un sistema más justo de financiación pública.
Es nuestro sino: entre augurios inconsistentes para ilusionar y lamentos de incomprensión para avanzar entre penurias.
martes, 22 de julio de 2014
RETIRADAS
Las retiradas o los abandonos forman parte también de los tiempos más recientes de la política, esos en los que parece que va a haber una revolución, en los que surgen fenómenos sociales que anticipan nuevos modos de hacer y de operar, de desenvolverse. No se sabe muy bien lo que va a pasar: si quiebran esquemas convencionales o si se trata de emplear habilidades tacticistas para hacer que todo siga su curso. Ya saben: cambiar algo para que todo siga igual.
Entre tanto, figuras que deciden marcharse, bien porque han entendido que llegó la hora bien porque de verdad quieren dejar paso a generaciones más jóvenes. Durante muchos años han estado en primera línea de combate, han tenido responsabilidades públicas y orgánicas, ya sea en fase de gobierno de oposición, han resistido pruebas de todo tipo, han vivido casi todas las situaciones que en la cotidianeidad política pueden registrarse y han tratado de cumplir con los compromisos, los encargos o los mandatos que recibieron.
Ahora, cuando se marchan, pueden hacer -si quieren- balance de ese período en la cosa pública, de su paso por instituciones. No es que sirva de mucho pero igual ilustra las enseñanzas que recibirán los herederos.
En Las Palmas de Gran Canaria, por ejemplo, se ha marchado Nardy Barrios, con quien tuvimos oportunidad de compartir algunas tareas durante nuestra estancia en el Ayuntamiento, donde su formación política, Compromiso por Gran Canaria, estaba coligada con la mayoría corporativa del PSC-PSOE de Jerónimo Saavedra. Independientemente de la concepción populista de la política, nadie podrá negar a Barrios su dedicación y su entrega. Excelente conocedora de la geografía capitalina, siempre estaba allí, en el barrio que la reclamaba, en la asociación que la necesitaba, en el acto al que le convocaban. Nardy serpenteaba en la política local como pocos. La suya era una singular manera de desempeñar una concejalía, entre otras cosas porque iba muy en solitaria o con el apoyo de personas de confianza. Caprichosa, pero también tolerante. Y vehemente hasta donde tenía que serlo.
Y ha abandonado también Lorenzo Olarte Cullen, figura política de extenso currículum que ha cerrado con su estancia en el Centro Canario Nacionalista (CCN). Poco importa ya el disenso como causa de la salida, menos abrupta de lo que podía pensarse. Desde la Transición política, Olarte ha tenido un papel destacado, desde su presidencia en el Cabildo Insular hasta la del Gobierno de Canarias, cuando sucedió a Fernando Fernández (CDS), compañero de partido que se sometió a una cuestión de confianza en el Parlamento. Locuaz y con mucho arrojo político, Lorenzo Olarte no se arrugaba en la adversidad: su personalidad le permitió sortear no pocas coyunturas desfavorables y a pesar de innumerables vaivenes y paradojas, ha sido respetada. Valga como prueba que es de los pocos a los que se permite publicar artículos de opinión en los dos periódicos grancanarios.
Barrios y Olarte han dicho su respectivo adiós. Ya pueden empezar a ver los toros políticos desde más cómodas y placenteras barreras.
Entre tanto, figuras que deciden marcharse, bien porque han entendido que llegó la hora bien porque de verdad quieren dejar paso a generaciones más jóvenes. Durante muchos años han estado en primera línea de combate, han tenido responsabilidades públicas y orgánicas, ya sea en fase de gobierno de oposición, han resistido pruebas de todo tipo, han vivido casi todas las situaciones que en la cotidianeidad política pueden registrarse y han tratado de cumplir con los compromisos, los encargos o los mandatos que recibieron.
Ahora, cuando se marchan, pueden hacer -si quieren- balance de ese período en la cosa pública, de su paso por instituciones. No es que sirva de mucho pero igual ilustra las enseñanzas que recibirán los herederos.
En Las Palmas de Gran Canaria, por ejemplo, se ha marchado Nardy Barrios, con quien tuvimos oportunidad de compartir algunas tareas durante nuestra estancia en el Ayuntamiento, donde su formación política, Compromiso por Gran Canaria, estaba coligada con la mayoría corporativa del PSC-PSOE de Jerónimo Saavedra. Independientemente de la concepción populista de la política, nadie podrá negar a Barrios su dedicación y su entrega. Excelente conocedora de la geografía capitalina, siempre estaba allí, en el barrio que la reclamaba, en la asociación que la necesitaba, en el acto al que le convocaban. Nardy serpenteaba en la política local como pocos. La suya era una singular manera de desempeñar una concejalía, entre otras cosas porque iba muy en solitaria o con el apoyo de personas de confianza. Caprichosa, pero también tolerante. Y vehemente hasta donde tenía que serlo.
Y ha abandonado también Lorenzo Olarte Cullen, figura política de extenso currículum que ha cerrado con su estancia en el Centro Canario Nacionalista (CCN). Poco importa ya el disenso como causa de la salida, menos abrupta de lo que podía pensarse. Desde la Transición política, Olarte ha tenido un papel destacado, desde su presidencia en el Cabildo Insular hasta la del Gobierno de Canarias, cuando sucedió a Fernando Fernández (CDS), compañero de partido que se sometió a una cuestión de confianza en el Parlamento. Locuaz y con mucho arrojo político, Lorenzo Olarte no se arrugaba en la adversidad: su personalidad le permitió sortear no pocas coyunturas desfavorables y a pesar de innumerables vaivenes y paradojas, ha sido respetada. Valga como prueba que es de los pocos a los que se permite publicar artículos de opinión en los dos periódicos grancanarios.
Barrios y Olarte han dicho su respectivo adiós. Ya pueden empezar a ver los toros políticos desde más cómodas y placenteras barreras.
lunes, 21 de julio de 2014
OBSESIONES
Así como no hay antecedentes de que a un partido
gubernamental le esté preocupando hasta límites obsesivos un movimiento social
que ni siquiera ha cuajado aún en organización partidaria y, por tanto, ni
siquiera nos acerca a la idea de una nueva política, en el escenario van
sucediéndose elementos y situaciones que dan idea de sustanciosas
transformaciones cuyo alcance es una de las grandes incógnitas al menos hasta
que termine la década. De momento, hasta parece haber quedado aparcada la
desafección y la repulsión hacia la política, factores que hasta hace dos meses
escasos eran considerados como determinantes para reivindicar la participación
en una consulta electoral y para minimizar los daños colaterales subsiguientes.
Lo del
Partido Popular (PP) con Podemos y sus cabezas visibles, a la espera de lo que
ocurra con un proceso constituyente de formación política que habrá de
desenvolverse como las demás en sus legítimas aspiraciones, es de traca pese a
que la finalidad se contrasta fácilmente: satanizar al fenómeno que encabeza
Pablo Iglesias es aplicarse en la configuración intimidatoria de un enemigo
peligroso, pernicioso y de incalculables males para el país, al que ya han
adornado, por cierto, con ribetes patrióticos y eso que la selección nacional
de fútbol quedó eliminada a las primeras de cambio en el pasado campeonato de
Brasil. Es decir, casi un contubernio como el judeomasónico aquel tan
recurrente. Es también hallar una salida o un atajo para desviarse de los males
que siguen padeciendo amplios sectores sociales que no perciben la cacareada
mejoría lanzada por los altavoces gubernamentales, aumentada con el manejo
anticipado de las cifras de desempleo pero ajena al incremento, ya cercano al
cien por cien, del Producto Interior Bruto de la deuda pública, a la financiación de las comunidades
autónomas, al as de la elección directa de alcaldes no prevista ni en programa
electoral ni en la ley vigente -¡chúpate esa!- y a las secuelas de una insólita
resolución del Tribunal Constitucional sobre el despido laboral y la
negociación colectiva.
No importa.
Hasta que llegue el verano amortiguador, se trata de insistir con mensajes del
grueso calibre que frene cualquier atisbo de recuperación o conquista de
espacios electorales. Al PP le interesa insistir en la peor y más endemoniada
de las imágenes que pueda fabricar o proyectar de Podemos, a sabiendas de que
esos apoyos sociales se los resta al PSOE, el rival directo, de modo que esa
franja de ciudadanos descontentos y que no quieren depositar la confianza nuevamente
en quienes han acreditado gobernar a base de incumplimientos y abusos de
mayorías parlamentarias, no vuelva a posiciones electorales ‘centroprogresistas’.
De momento,
ha sido el propio Iglesias el primero en reaccionar tratando de mantener encendida
la llama que prendió la noche del pasado 25 de mayo: antes de que los
conservadores sigan haciendo alarde propagandístico de los resultados de sus
políticas y antes de que los socialistas, con nuevo líder y tal, se recuperen y
sean capaces de invertir las tendencias políticas o lo que es igual, volver a
ilusionar.
Pero, claro,
los nuevos escenarios aún están por confeccionarse. Y por ahora, lo que hay son
demasiadas obsesiones y muchas urgencias.
viernes, 18 de julio de 2014
LA GUERRA, DESDE EL SOFÁ
La foto, la imagen, la ‘otra’ guerra…
El estallido de las bombas, el fuego, las columnas de humo, la destrucción, la tierra quemada… El llanto, el desespero, el dolor, la impotencia… Seres inocentes, niños sin cráneo o sin articulaciones en brazos de padres de mirada perdida que muestran al mundo, a las ya célebres redes sociales, las nefastas consecuencias de la tragedia.
Y así como cabe preguntarse cuántas fotos harán falta para frenar la masacre, impacta esa imagen de ciudadanos que contemplan con toda naturalidad las hazañas bélicas desde un privilegiado puesto cerca de la frontera, cómodamente sentados en modernos sofás y en sillones de diseño. Como si se tratara de un espectáculo, como si lo que surge ante sus ojos son escenas sucesivas de una tragedia inacabable en un escenario que va perdiendo elementos y soportes se supone que para satisfacción de esos afortunados espectadores.
Es la ‘otra’ guerra, la considerada psicológica, con un ‘flash’, un momento que una de las partes utiliza para intentar demostrar el poderío o que se va ganando. La superioridad frente a la debilidad. La guerra en butaca para quienes atacan sin piedad. El genocidio, en directo, en primera fila, o desde el palco privilegiado.
Entre tantos y elocuentes testimonios gráficos y la incapacidad de la comunidad internacional para poner fin a esta hecatombe, con sobrados motivos para la tristeza, la depresión es inevitable.
El estallido de las bombas, el fuego, las columnas de humo, la destrucción, la tierra quemada… El llanto, el desespero, el dolor, la impotencia… Seres inocentes, niños sin cráneo o sin articulaciones en brazos de padres de mirada perdida que muestran al mundo, a las ya célebres redes sociales, las nefastas consecuencias de la tragedia.
Y así como cabe preguntarse cuántas fotos harán falta para frenar la masacre, impacta esa imagen de ciudadanos que contemplan con toda naturalidad las hazañas bélicas desde un privilegiado puesto cerca de la frontera, cómodamente sentados en modernos sofás y en sillones de diseño. Como si se tratara de un espectáculo, como si lo que surge ante sus ojos son escenas sucesivas de una tragedia inacabable en un escenario que va perdiendo elementos y soportes se supone que para satisfacción de esos afortunados espectadores.
Es la ‘otra’ guerra, la considerada psicológica, con un ‘flash’, un momento que una de las partes utiliza para intentar demostrar el poderío o que se va ganando. La superioridad frente a la debilidad. La guerra en butaca para quienes atacan sin piedad. El genocidio, en directo, en primera fila, o desde el palco privilegiado.
Entre tantos y elocuentes testimonios gráficos y la incapacidad de la comunidad internacional para poner fin a esta hecatombe, con sobrados motivos para la tristeza, la depresión es inevitable.
jueves, 17 de julio de 2014
AHORA, DESPIDO SIN CAUSA
Despido sin causa. Antes escuchábamos o leíamos abaratar el despido. O liberalizar el despido. Ahora es despido sin causa, emulando aquel célebre título cinematográfico de rebeldía, magistralmente dirigido por Nicholas Ray en los años cincuenta.
Así interpreta el sindicalismo una reciente resolución del Tribunal Constitucional (TC) referida al denominado contrato de apoyo a emprendedores para empresas de menos de cincuenta trabajadores, con un período de prueba de un año sin indemnización en caso de no ser superado. Que el TC haya avalado esta opción viene a significar, en la práctica, una rotación aún mayor en el mercado laboral; pero, sobre todo, que prime la inestabilidad.
Los trabajadores, los demandantes de empleo y los parados, si lo tenían crudo con la reforma laboral, ahora mucho más. Porque no solo es esa puerta abierta al despido porque sí sino la minusvaloración creciente de los convenios colectivos. Ya es constitucional que no se apliquen las condiciones de trabajo de dichos convenios en las empresas y que primen sobre el convenio sectorial que afectan esencialmente a las condiciones de trabajo.
Claro: ¡no va sacar pecho el Gobierno con respaldos así! Al despido sin causa añadamos el adiós a la negociación colectiva considerada como un módulo de regulación de las relaciones laborales frente al poder unilateral del empresario.
Los sindicatos dicen que esta decisión del alto tribunal “retrotrae a la época franquista de las relaciones laborales”. Solo abonan la idea de retroceso o involución que muchos tenemos de lo que sucede en el país. ¿Qué será lo siguiente, por cierto? Respaldado o no, por el TC.
Así interpreta el sindicalismo una reciente resolución del Tribunal Constitucional (TC) referida al denominado contrato de apoyo a emprendedores para empresas de menos de cincuenta trabajadores, con un período de prueba de un año sin indemnización en caso de no ser superado. Que el TC haya avalado esta opción viene a significar, en la práctica, una rotación aún mayor en el mercado laboral; pero, sobre todo, que prime la inestabilidad.
Los trabajadores, los demandantes de empleo y los parados, si lo tenían crudo con la reforma laboral, ahora mucho más. Porque no solo es esa puerta abierta al despido porque sí sino la minusvaloración creciente de los convenios colectivos. Ya es constitucional que no se apliquen las condiciones de trabajo de dichos convenios en las empresas y que primen sobre el convenio sectorial que afectan esencialmente a las condiciones de trabajo.
Claro: ¡no va sacar pecho el Gobierno con respaldos así! Al despido sin causa añadamos el adiós a la negociación colectiva considerada como un módulo de regulación de las relaciones laborales frente al poder unilateral del empresario.
Los sindicatos dicen que esta decisión del alto tribunal “retrotrae a la época franquista de las relaciones laborales”. Solo abonan la idea de retroceso o involución que muchos tenemos de lo que sucede en el país. ¿Qué será lo siguiente, por cierto? Respaldado o no, por el TC.
miércoles, 16 de julio de 2014
ALCALDES ENTRE VAIVENES
Debió ser en la Navidad de
1997, cuando Gerhard Schröder (SPD), preparándose para ser canciller federal de
Alemania, disfrutó de una breve estancia en el hotel ‘Tigaiga’ (Puerto de la
Cruz, Tenerife). Gentilmente invitados por su propietario, Enrique Talg Wyss,
le cumplimentamos e intercambiamos puntos de vista sobre política en general y
los desafíos de la sociedad en el siglo XXI. Talg le había prevenido de lo que
había sucedido en el Ayuntamiento portuense en julio de 1995, cuando una moción
de censura perpetrada por el Partido Popular (PP) y Coalición Canarias (CC),
nos desbancó de la alcaldía, después de haber ganado los comicios con casi el
39% de los votos. Tuvimos que explicarle al futuro canciller de las
peculiaridades del sistema electoral español, hasta que Schröder hizo la
pregunta del millón:
-¿Y qué clase de ley es esa que no se puede gobernar con
el 39% de los votos?
Meses después, contábamos el episodio en el curso de unas
jornadas de política municipal clausuradas por el que fuera secretario federal
de Política Municipal, Alfonso Perales (q.e.p.d.), quien aludió al caso, entre
otros, para argumentar la necesidad de modificar el sistema electoral para ser respetuosos
con la voluntad mayoritaria de los votantes, proporcionar la debida estabilidad
institucional y fortalecer la figura del alcalde. Advirtió que tal modificación
no debía, en todo caso, mermar mecanismos de fiscalización y control por parte
de los órganos municipales cuyo funcionamiento democrático debería quedar
garantizado por la propia Ley. Pese a la revisión en orden a la
materialización, en el pleno, de la censura, los planteamientos básicos siguen
siendo prácticamente los mismos.
Pero las ironías y los vaivenes de la política han
querido que sea ahora el Partido Popular el que enarbole la bandera. El
presidente Rajoy la contextualizó mal (ni más ni menos que en un propósito de
regeneración política: “no es esto, no es esto”) pero tras el anuncio en sede
parlamentaria, ha dado una vuelta de tuerca ante los suyos, insistiendo en una
idea de fondo claramente partidista con la que pilla a los socialistas no solo
con el pie cambiado sino confiando en que les resultaría difícil contradecirse
teniendo en cuenta que una idea similar, por no decir idéntica, ya habían
incluido en pasados programas electorales. Ha añadido que les va a esperar, que
es tanto como decir que se allanan a negociar o purgarán sus culpas allí donde
no ganen alcaldías.
Tras el impacto inicial, la sospecha de que el súbito
propósito se debe a las previsibles pérdidas de la mayoría en importantes
ayuntamientos de ciudades y capitales de provincia, se une a la evidencia de
que el asunto no figura en el texto de la Ley de Racionalización y
Sostenibilidad de la Administración local, al final aprobada con prisas y con
el rodillo mayoritario, no fuera que semana tras semana, tras el varapalo del
Consejo de Estado, siguieran incrementándose las fisuras, las incongruencias y
los desnudos competenciales del texto articulado en cuyo trasfondo late una
vulneración del principio de autonomía local.
Aún así, ya se sabe, le queda trabajo al Tribunal Constitucional donde
terminaron las impugnaciones de grupos políticos, otra razón, desde luego, para
que estos mismos grupos, aun cuando puedan contemplar aristas positivas a la
propuesta del presidente Rajoy, entiendan que ahora no es el momento de
enfrascarse con una reforma cuya naturaleza obliga al consenso.
El debate está servido, con pros y contras, sin que
falten interpretaciones que hasta desnuden una cierta contradicción: frente a
quienes estiman que la iniciativa de Rajoy es muy pragmática en los tiempos que
corren y facilitará la estabilidad institucional, ya se aprecia la corriente
contraria: la que cree que estamos ante una evidente regresión democrática,
palpable con todo lo que signifique incrementar competencias y capacidades
decisorias del alcalde.
Mientras tanto, la pregunta de Schröder y los afanes de
Perales desatan la evidencia de que, en política, la coyuntura da la función.
Eso sí: será complicado y prácticamente imposible refutar que sus dudas y sus
fundamentos revisionistas eran muy razonables.
martes, 15 de julio de 2014
ÉTICA Y CURA DE HUMILDAD
La ética, la honestidad,
el alejamiento de las fuentes, una cura de humildad, menos periodismo
declarativo y la recuperación del dominio de la agenda informativa constituyen
el vademécum trazado por el decimoquinto Laboratorio de Periodismo de la
Asociación de la Prensa de Madrid (APM) que en esta edición ha versado sobre el
periodismo político.
Ha sido la cronista política de distintos medios
audiovisuales, Esther Palomera, la que expuso un análisis muy crítico y
pesimista de la profesión, acosada por problemas ya conocidos y que no terminan
de encontrar solución por parte de los propios periodistas, pese a que los
diagnósticos de éstos sean certeros y estén bien enfocados.
Pero el poder político y las empresas periodísticas
parecen, en algunos casos, ir de la mano para producir unos tratamientos
informativos y opinativos muy dóciles o muy permisivos con ese poder. Palomera
llegó a decir en las sesiones de este laboratorio que “el poder político no está
dispuesto a pagar el precio de un periodismo libre”, de ahí que a lo largo de
los últimos tiempos se haya robustecido un pensamiento al que se recurre con
frecuencia: “Estás conmigo o estás contra mí”.
Las prescripciones o los valores del primer párrafo son
determinantes para que el periodismo recupere credibilidad. Es necesario, por
ejemplo, perseverar en códigos deontológicos. La periodista María Dolores
Masana, que ejerció como vicepresidenta de la comisión de Quejas y Deontología
de la Federación de las Asociaciones de la Prensa de España (FAPE), escribió
que “la ética es un requisito transversal, permanente y universal desde
cualquier soporte de prensa”. Añadió que “en periodismo, la deontología
profesional es la única garantía para la credibilidad de los medios ante los
ciudadanos”. Concluye Masana que la ética periodística se convierte en “una
herramienta fundamental para la evolución de la vida democrática de cualquier
sociedad”.
Receta también el Laboratorio de la APM una cura de
humildad, un hecho en el que venimos insistiendo personalmente desde hace
muchos años. Hay que desterrar el divismo y cultivar la formación permanente.
“Aprendiz de periodista”, solía repetir el profesor Ricardo Acirón con el fin
de enriquecer conocimientos y experiencias y alejar, de paso, todas las
tentaciones de creerse o erigirse en el núcleo de la noticia o de la
información. La humildad hasta para reconocer errores o deficiencias en la
elaboración periodística y para cumplir con un papel primordial, con una
función inestimable a la hora de relacionarse con la sociedad misma. Es una
cualidad, en definitiva, para avanzar profesionalmente y para ganar respeto y
reconocimiento.
lunes, 14 de julio de 2014
EL DÍA DESPUÉS
Cualquiera que haya sido el resultado de la jornada de
elecciones internas en el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) -este
comentario ha sido redactado antes de conocerse-, se trata a partir de hoy de
que sus militantes hagan honor al significado y a la trascendencia histórica de
la convocatoria, en el fondo un paso o una prueba de madurez no solo para
revitalizar la organización sino para cualificar la propia democracia española
e intentar superar esos quistes de desafección y repulsión hacia la política
cada vez más extendidos en el cuerpo social.
El
socialismo, en efecto, vuelve a encabezar el avance de la democracia en nuestro
país con estas elecciones a las que seguirán, si la nueva dirección no decide
lo contrario, las denominadas ‘primarias abiertas’ que servirán, con la
participación de simpatizantes, para elegir candidatos a la presidencia del
Gobierno, de las comunidades autónomas y de otras instituciones locales. Sobre
el papel, y a la espera de que se regule definitivamente el procedimiento,
estamos ante un paso valiente y generoso que habrán de seguir, probablemente,
el resto de las organizaciones partidarias de cuyo funcionamiento interno se
esperan avances democratizadores y más transparencia en la toma de decisiones.
Por eso, habrán estado atentas a lo ocurrido en el seno del PSOE.
¿Serán
conscientes los militantes socialistas de lo que representa ese paso? ¿De que
es suya, y exclusivamente suya, esa responsabilidad? Han hecho tabla rasa (al
menos, formalmente, para ciertas decisiones), han decidido libremente y habrán
de continuar con un ejercicio comprometido y consecuente. Ojalá eso haya
servido también de actitud reflexiva, es decir, para darse cuenta de que hay
que enterrar el cainismo y cultivar el compañerismo. A ver si se percatan de que
son reprobables ciertos métodos sectarios y ciertas prácticas excluyentes. Un
partido político -en realidad cualquier organización colectiva- se construye
con la suma de esfuerzos y de aportaciones, con lealtad probada a los
principios ideológicos y a los postulados programáticos. Nada de eso impide la
autocrítica, la pluralidad de criterios y los enfoques diversos pero,
desnaturalizados con los personalismos y las ambiciones individuales o grupales
(más tarde o más temprano terminan aflorando), producen efectos muy nocivos.
Más
autoestima y menos flagelo, que esa es otra. Así como la primera no debe ser
entendida como complacencia o base de frágiles y acomodaticias convicciones,
que esté claro que el látigo esgrimido para castigar a aquéllos con los que se
discrepa o no se simpatiza es el mismo con el que se hace sufrir a una causa o
a una organización que bastante recibe ya de adversarios políticos y medios que
no reparan en gastos para doblegar al socialismo.
Pidamos
prestado a su director, Nicholas Meyer, el título de su célebre película, “El
día después” (ese en el que no suelen reparar) porque de las cosas relatadas, tan llanas pero
tan abundantes en la praxis de la vida orgánica más próxima, es de lo que deben
estar hablando los socialistas tras la histórica cita de ayer para afrontar el
porvenir.
sábado, 12 de julio de 2014
ESCOMBROS EN PLENO CENTRO
Ayer
se cumplieron siete días, siete, del depósito de unos restos de escombros,
junto a los contenedores de residuos sólidos, en el lateral de una estación
transformadora que sirve de base al monumento a un gran artista local,
Francisco Bonnín, en el costado sur de la plaza del Charco.
Siete días en pleno centro de la ciudad. Es
imposible que no haya pasado por allí un concejal, algún empleado público, un
policía local y se haya percatado de un impacto visiblemente negativo. Sería la
única explicación a que tales restos permanezcan allí, sin que nadie haya sido
capaz de dar un paso para su retirada.
Pero no. Es una estampa más, visible y
cercana, del abandono, de la indolencia. Es un monumento a la desidia, vaya.
Porque es difícil entender que los autores materiales no hayan reparado en que
su contribución no ha hecho feliz a ninguno de los miles de transeúntes. Y que
desconocieran que el Ayuntamiento dispone -¿o disponía y ya no existe?- de un
servicio específico que, debidamente avisado, cumple con su cometido. Y más
difícil todavía que haya transcurrido una semana y desde la Administración no
se haya hecho nada para acabar con tan poco edificante imagen en una ciudad
turística que, en el cenit de sus sueños imposibles, demanda una
infraestructura marítimo-portuaria con cruceros incluidos. ¿Para qué? ¿Para que
a pocos metros los cruceristas se encuentren con estampas como la comentada?
O con una acera sucia y con desperfectos en
la misma vía; o con el vallado parcial de seguridad de una casa vacía de los alrededores
que obliga a los peatones a circular durante unos metros por el centro de la
vía de circulación rodada.
Si eso sucede en pleno centro de la ciudad,
no queremos pensar cómo estarán esos barrios y esos núcleos más alejados. Con
razón, en las redes sociales se habla de chapuzas y circulan fotografías de
situaciones que avergonzarían a cualquiera. Las de un sector de Martiánez y de
la avenida de la Familia Bethencourt y Molina, sin ir más lejos.
Y pensar que alguien, aún con
responsabilidades públicas, hace unos años ridiculizaba los afanes de
modernización y cuidado medioambiental así como los premios recibidos por la
ciudad ante la calidad de los servicios públicos prestados para su
mantenimiento.
A eso se llama pagar por la lengua. Bueno:
como estamos en fiestas y por ahí circula una ruta procesional -esa era su
fraseología- es probable que en las próximas horas los escombros desaparezcan.
jueves, 10 de julio de 2014
ASIDERO PARA LA SALVACIÓN
Dijo el presidente del Gobierno, Mariano
Rajoy, que hay que conectar con los debates residenciados en la ciudadanía. Y
aportó elementos para ir abriendo los que darán algún juego de este verano al
año próximo en que hay cita con las urnas. Los adornó, por cierto, con un
barniz de ‘regeneración democrática’, poco apropiado, desde luego: no está el
partido gubernamental como para ir dando lecciones ni abogando por
regeneraciones políticas. Materias diferentes, debates distintos que, en todo
caso, requieren por su naturaleza algo más que un intercambio de mensajes
mediáticos y un marco circunscrito a dos bandos. Hasta el momento de plantearlos
es importante y debe ser preacordado.
En concreto, señala el presidente que
sería bueno estudiar la reducción del número de personas aforadas (lo cual, en
nuestra opinión, no es un gran privilegio en el supuesto de una presunta
implicación delictiva: lo relevante es excluir a imputados de las listas
electorales) y la posibilidad, mediante modificación legislativa, de hacer que
los alcaldes sean, automáticamente, los de las candidaturas más votadas. O sea,
que aún ganando en minoría, sean quienes asuman el bastón de mando municipal,
sin tener que pasar por el filtro de la voluntad de los capitulares. Este
asunto, que se sepa, no forma parte del listado de preocupaciones o demandas
ciudadanas, pero…
No era este, en efecto, el criterio del
Partido Popular (PP) pero, ya se sabe, la coyuntura da la función.
Entonces -y de eso podríamos hablar en primera persona, con una censura a los
27 días de haber sido elegido alcalde- prefería ser bisagra, asociarse o
coligarse con otras formaciones políticas para, de alguna forma, adulterar
el resultado de las urnas. No es que estas alianzas fueran ilegítimas pero, en
algunos casos, malsonaban, no funcionaban adecuadamente y hasta tenían un
alto costo para el PP.
Debe ser que los estrategas de la derecha
están viendo un horizonte oscuro en las municipales del próximo año y han
dejado entrever que, si no hay mayorías, la fórmula idónea es la elección
directa de regidores. Que de aplicarse, se salvarían algunas capitales o
ciudades, ahora mismo en duda, tal como evoluciona el malestar de la población
con la situación económica, la corrupción y las decisiones de los gobernantes
conservadores.
A ver cómo discurre el debate, desvelada
la sugerencia presidencial. Por ahora, eso: una sugerencia. Pero no olvidemos
que hay recursos de inconstitucionalidad presentados en el Tribunal
Constitucional (TC) para frenar el descarado ataque a la autonomía municipal
que significa la Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración
local y que el municipalismo patrio, en gran medida de conjunción, está en
desacuerdo con algunas directrices de esa norma a cuyo debate inicial y a cuyo
texto original, por cierto, no incorporaron los populares la sugerencia
aludida. Esos mismos municipalistas mucho tienen que decir.
La cosa no ha hecho más que empezar. A ver
cómo van reaccionando y a ver cómo se agitan las mentes pensantes del
laboratorio de FAES. Y cómo fijan posición los socialistas, partidarios en su
día de modificaciones legislativas al respecto (Ahí tienen una oportunidad
espléndida de esgrimir la segunda vuelta). En los ámbitos municipalistas
también tienen mucho que decir, aunque el anuncio presidencial haya pillado por
sorpresa a quienes los transitan, muchos -principalmente en el PP- con notoria
preocupación ante una hipotética reelección.
Por eso, se han subido al carro sin muchas
reservas, pese a que cuando inició el camino no figuraba el asunto en ofertas
programáticas.
miércoles, 9 de julio de 2014
COMPETITIVIDAD
No es que aporte muchas novedades el último informe del
Centro Atlántico de Pensamiento
Estratégico (CAPTE), centrado en la evolución del sector turístico, pero
siempre es positivo contrastar que las apreciaciones que se van sustanciando
están revestidas de un valor científico que debe tenerse muy en cuenta para
afrontar el futuro. El CAPTE viene a ser un ‘think tank’, un núcleo o tanque de
pensamiento, un laboratorio de ideas en el que empresarios, técnicos, expertos
y profesionales se han propuesto debatir y aportar soluciones innovadoras a las
necesidades y demandas de Canarias. En su declaración de principios, dice estar
al margen de ataduras políticas o empresariales y que quiere participar para tales
fines buscando el bien común y el interés general.
En el
estudio que nos ocupa, sigue en un primer plano el concepto de la
competitividad de nuestra oferta turística. El trabajo advierte que continúa
siendo baja, pese a que los registros estadísticos más recientes (afluencia,
estancia y gasto) sean muy favorables pero que obedecen más a razones
coyunturales si se tiene en cuenta la inestabilidad de destinos competidores.
La primera conclusión, por tanto, es mejorarla, porque si la normalidad en
éstos vuelve a primar, será difícil mantener ciertos niveles como el de
ocupación. El CAPTE insiste en que si el turismo representa el 30% del Producto
Interior Bruto (PIB) y el 34% de quienes han hecho de él su medio de vida, es
indispensable que los sectores público y privado actúen responsablemente, con
pragmatismo y con una visión lo más clara posible de lo que debe hacerse con
tal de seguir ocupando posiciones de liderazgo en el concierto de la
productividad económica y de los mercados internacionales. O lo que es igual:
hacer sostenible la bonanza.
La
competitividad turística, entendida por algunos autores como el poder de
atracción y satisfacción de la oferta en relación con los destinos o espacios
competidores, obliga a esmerarse en materias como las infraestructuras, la
modernización o innovación de la oferta alojativa, las dotaciones de ocio y la
calidad del servicio que se presta. Conceptos como la seguridad ciudadana, que
engloba la médica o atención sanitaria, los precios (se trata de evitar el
malbaratamiento del producto) y la adecuada dimensión del factor climático en
cualquier iniciativa de promoción, son determinantes en las conclusiones del
informe para encarar el porvenir turístico con solvencia.
A todos
estos factores habría que añadir la opción de nuevas inversiones, que estarían
centradas en proyectos y actuaciones de usos lúdicos, recreativos o
comerciales, antes que en la construcción de nuevas edificaciones hoteleras y
extrahoteleras. Claro que los promotores se lo piensan, aunque no deberían
temer tanto a las regulaciones pues, aunque no lo parezca, van en su propio
beneficio y a favor del interés general. Solo así se evitan desmanes, junglas y
aprovechamientos. La competitividad también se enriquece con un ordenamiento
sólido.
martes, 8 de julio de 2014
LA LEYENDA DE DISTÉFANO, EN TENERIFE
Alfredo no sabía cómo le
apodaban pero soltó uno de las suyas:
-Déjale, no sabe más. Mira que es animal…
Ocurrió en El Peñón, aún con cancha de tierra, a mediados de
los años setenta, en ocasión del homenaje a Segismundo Tito Del Pino Real. Peña Celtic, un equipo de aficionados dirigido
por el inolvidable Gilberto Hernández, se enfrentó al Real Madrid Veteranos. La
organización, dirigida por el hotelero Fernando Díaz, estuvo espléndida pero se
había olvidado de solicitar el arbitraje oficial. Hubo que improvisar -a
escasos minutos del comienzo y con el recinto abarrotado- una solución con
árbitros locales (Martín Ramos y Rodríguez Perdomo) que alternaron las bandas y
el tiempo. Con el primero de ellos, después de señalar un fuera de juego y con
los senior madridistas en plena reclamación, se encaró el gran Alfredo
DiStéfano. Le quitó el silbato y se lo dio al compañero.
Cuando terminó el choque y le advirtieron el mote del
árbitro, la ‘Saeta rubia’ dijo con aquel laconismo que le caracterizaba:
-Lo siento, no lo sabía.
El encuentro, para deleite de los espectadores, acabó
igualado (3-3). DiStéfano anotó el primer gol, un increíble remate, casi de
espuela, en la portería del naciente. Los aplausos duraron. Aquel era el sello
de un futbolista que, cruzado el ecuador de los cincuenta, conservaba las
esencias técnicas. Era el jugador que había cambiado la historia del fútbol y
del Real Madrid. Dejó un lance de la leyenda en la vieja cazuela portuense. Al
día siguiente el vespertino La Tarde publicó
en primera página una gran foto suya junto al otro protagonista, Del Pino, con
el título ‘Los dos maestros’.
DiStéfano, con toda la expedición madridista, se alojó en el
hotel Marquesa. Durante varios días
fueron agasajados. Los aficionados y hasta quienes no eran tan futboleros le
dispensaron simpatía y muestras de admiración. Contó, al lado de Marquitos y de
su esposa Sara, numerosas anécdotas. Y el suceso del secuestro, en Caracas. Y
prometió volver.
Retornó, en efecto, unos años después, en 1992, invitado por
la Asociación de la Prensa Deportiva de Tenerife (APDT) como gran atracción de
la Gala del Deporte, la última, por cierto, de las que se celebraron en el
desaparecido Casino Taoro, con la asistencia de Jerónimo Saavedra, entonces
presidente del Gobierno de Canarias. Fue un 27 de febrero, cuando los
organizadores rindieron tributo a los diecisiete mejores deportistas tinerfeños
reconocidos hasta entonces. Aquella noche, Alfredo enseñó a paladear whisky (Cardhu) en copa de balón. Nos dieron
las tres de la madrugada. Hasta esa hora resistió el presidente del Gobierno,
Paulino Rivero, entonces consejero del Cabildo y alcalde de El Sauzal.
Estuvo presente en un acto en la Casa de Venezuela, junto a
un compatriota, Jorge Solari. Dijo unas cuantas perlas que Eugenio Vera recogió
en Diario de Avisos. “El futuro del
Madrid lo veo blanco”, fue una de ellas. Anticipaba, en cierto sentido, las
nuevas conquistas del club, entre ellas las copas de Europa, cinco de las
cuales había ganado con el ‘9’ en la espalda. “El jugador se divertía más
antes”, fue otra aseveración con la que reivindicaba más autonomía individual
en la cancha frente al sacrificio táctico. Y sobre Redondo, que ya destacaba
sobremanera en el Tenerife, afirmó que había que esperar: “Si quieres una
lavadora, no vas a traer una cocinera”, dijo metafóricamente.
En Tenerife, si en los setenta dejó su sello en el campo, en
el 92, año olímpico, mostró su personalidad y su sapiencia. Llegó al Olimpo
futbolístico y es uno de los elegidos en el universal club de los selectos. El
jugador que se hizo legendario. El genio elevado a la categoría de mito.
Fue el futbolista total del que aquí conservamos estos
episodios.
lunes, 7 de julio de 2014
ROBOTS SUSTITUTOS
Una importante agencia de
noticias, Associated Press (AP), se
dispone a reemplazar a periodistas que cubran información de resultados
empresariales con robots. Como lo leen: con robots. No nos lo tomamos en serio
hace unos meses, cuando el rotativo Los
Angeles Times publicó la exclusiva de un terremoto a raíz de que uno de sus
robots programado para empezar a trabajar cuando se produce un fenómeno
sísmico, y miren: ya están aquí. Entonces, en la ciudad norteamericana el
debate sobre la funcionalidad se saldó cuando “Quakebot”, un algoritmo concebido
para extraer datos y seguimiento del Servicio Geológico de Estados Unidos que,
tras el adecuado procesamiento, empezó a vomitar información. Nunca mejor
dicho: privilegiada. Para colmo, un periodista, Ken Schwencke, era el padre de
la criatura.
El caso es que, si algo faltaba para ensombrecer aún más los
horizontes de la profesión, ahí tenemos los robots sustitutos. Han empezado por
el ámbito empresarial, por las cuentas periódicas de resultados, pero, a estas
alturas de la evolución tecnológica y de la destrucción de empleo en el sector,
a ver quién niega que la opción robótica siga creciendo y termine cubriendo
hasta las liquidaciones de los presupuestos de las comunidades autónoma o de
las corporaciones locales.
Los ejecutivos de AP se han apresurado a calmar las incertidumbres:
tranquilos, las máquinas dejarán más tiempo disponible para que reporteros y
profesionales cultiven sus fuentes, elaboren trabajos de mayor calado y hasta
terminen especializándose. Pero claro, el dato subsiguiente es atronador: se
multiplicará por más de diez el volumen de información sobre balances
económicos de compañías y corporaciones. No se ha dicho pero no es de extrañar
que también se esgrima la transparencia como valor añadido.
Más tiempo para estudiar, para investigar, para documentarse,
para escribir con más seguridad y más rigor: esa es la contrapartida, dicen.
Más periodismo, menos procesamiento de datos, parece ser el lema que, a la
postre, inspira la sustitución. Y para que el lector o usuario de la
información sepa a qué atenerse, bastará la adaptación al libro de estilo de la
agencia y un logo o señal similar que advierta del origen o de las claves del
sistema automatizado de información.
La
traducción de la producción en cifras es abrumadora: hablan en la citada
agencia de trescientas historias escritas manualmente (¿se podrá decir
artesanalmente?), por lo que ahora, con este método automático, se podrá
alcanzar las cuatro mil cuatrocientas en un trimestre. Es imposible evitarlo:
asombroso.
Los pesimistas, que los hay, recurrirán a una frase hecha:
no somos nadie. Y cuando sepan que la cosa empezará a funcionar así este mismo
mes, empeorará su estado.
Porque no es para tomárselo a broma, desde luego.
sábado, 5 de julio de 2014
LA PASARELA DE MARRAS
Hay cosas o actuaciones
signadas por la fatalidad y la remodelación del paseo San Telmo es una de
ellas. Como si hubieran sido pocos los problemas que, desde su génesis, han
caracterizado el proyecto, en pleno desarrollo, ahora surge la instalación de
una pasarela de acceso a la zona de baño, en principio cerrada, como tiene que
ser, para evitar riesgos.
El gobierno local, mejor
dicho: el Cabildo Insular, quizá con la mejor voluntad de atender una petición
ciudadana y tratar de mitigar los efectos de un durísimo temporal que aún no ha
terminado, ni siquiera en los juzgados, decidió colocar la pasarela. Y ha
salido un adefesio. O lo que es igual, dadas las características que son la
rechifla en las redes sociales, peor el remedio que la enfermedad.
La pasarela, por mucha
provisionalidad de la que se hable, es un impacto. Y ojalá que reúna todos los
requisitos de seguridad. Es una estructura metálica, sobresaliente entre los
restos del muro destruido y la zona de obras en plena ejecución. Con escalones,
pasillos estrechos y tela metálica protectora. La pasarela es un monumento (¡!)
con el que se toparán dentro de nada las imágenes de la Virgen del Carmen y San
Telmo cuando sus cargadores las acerquen, en plena euforia de la salida
procesional, a la Punta del viento.
¿Un monumento a qué? A la
nada urbanística ni patrimonial. A las
soluciones de urgencia que, en este caso, por no prevista, encarecerán el
presupuesto. La pasarela viene a ser el penúltimo episodio de una actuación que
despertó la resistencia de miles de portuenses, los que se han manifestado o
los que estamparon sus firmas, un testimonio para evitar la destrucción de un
rincón tan querido de la geografía urbana.
Un episodio, si se quiere,
grotesco que hará nula aquella discutible e infortunada predicción del alcalde:
con el tiempo, nadie se acordará del muro.
Va a ser que no, que rememorarán, en el conjunto de una tormentosa
tramitación y ejecución, hasta la pasarela de marras.
jueves, 3 de julio de 2014
GOLPE A LA HUCHA
Aunque solo sea para refrescar la memoria, pues otros efectos son de dudosa repercusión, es bueno rescatar los testimonios de responsables del Partido Popular (PP) alusivos al tratamiento que iban a dispensar a las pensiones y que se resumen en una frase de tres palabras: "No se tocan". Que el Gobierno haya reabierto la ya célebre hucha, que en dos años haya sacado de la misma veinticuatro mil doscientos cincuenta y un millones de euros y que esta cantidad suponga el 36% del Fondo de Reserva que se encontró cuando accedió al poder, revela que las cuentas, al menos a partir de la gestión de los recursos presupuestarios, no cuadran.
Por lo tanto, incumplimiento al margen, y sin olvidarnos de que el Fondo de Prevención de la Seguridad Social también se ha visto afectado por medidas gubernamentales de parecido corte, aquellas señales de alarma que se encendieron desde el otoño de 2012, vuelven a sonar puede que para advertirnos de que es el propio sistema el que está en riesgo. Recordemos que el Fondo de Reserva fue creado en su día para hacer frente a situaciones de déficit estructural motivadas por el envejecimiento de la población y no para utilizarlo por caídas de la actividad económica.
Hay que congratularse, desde luego, por todas las personas que han encontrado empleo, tal como reflejan los datos estadísticos más recientes, pero si fuera una señal de recuperación, hay que decir que es insuficiente a la vista de la necesidad de dar otro golpe a la hucha. Si hubiera más golpes, cabe pensar en que el mantenimiento se va a convertir, poco menos, que en una misión imposible. Y es que el nivel de ahorro de las familias -otro dato inquietante- se ha desmoronado durante el primer trimestre del presente año.
Así las cosas, ¿de qué recuperación estamos hablando?
martes, 1 de julio de 2014
SALVAR ALCALDÍAS
Ha dicho el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que hay que conectar con los debates residenciados en la ciudadanía. Y aporta elementos para ir abriendo los que darán algún juego de este verano al año próximo en que hay cita con las urnas.
En concreto, señala el presidente que sería bueno estudiar la reducción del número de personas aforadas (lo cual, en nuestra opinión, no es un gran privilegio en el supuesto de una presunta implicación delictiva) y la posibilidad, mediante modificación legislativa, de hacer que los alcaldes sean, automáticamente, los de las candidaturas más votadas. O sea, que aún ganando en minoría, sean quienes asuman el bastón de mando municipal, sin tener que pasar por el filtro de la voluntad de los capitulares.
No era este el criterio del Partido Popular (PP) pero, ya se sabe, la coyuntura da la función. Entonces -y de eso podríamos hablar en primera persona, con una censura a los 27 días de haber sido elegido- prefería ser bisagra, asociarse o coligarse con otras formaciones políticas para, de alguna forma, adulterar el resultado de las urnas. No es que estas alianzas fueran ilegítimas pero, en algunos casos, malsonaban, no funcionaban adecuadamente y hasta tenían un alto costo para el PP.
Debe ser que los estrategas de la derecha están viendo un horizonte oscuro en las municipales del próximo año y han dejado entrever que, si no hay mayorías, la fórmula idónea es la elección directa de regidores. Que de aplicarse, se salvarían algunas capitales o ciudades, ahora mismo en duda, tal como evoluciona el malestar de la población con la situación económica, la corrupción y las decisiones de los gobernantes conservadores.
A ver cómo discurre el debate, desvelada la sugerencia presidencial. Por ahora, eso: una sugerencia. Pero no olvidemos que hay recursos de inconstitucionalidad presentados en el Tribunal Constitucional (TC) para frenar el descarado ataque a la autonomía municipal que significa la Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración local y que el municipalismo patrio, en gran medida de conjunción, está en desacuerdo con algunas directrices de esa norma a cuyo debate inicial y a cuyo texto original, por cierto, no incorporaron los populares la sugerencia aludida. Esos mismos municipalistas mucho tienen que decir.
La cosa no ha hecho más que empezar. A ver cómo van reaccionando y a ver cómo se agitan las mentes pensantes del laboratorio de FAES.
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