Fue una gala memorable. El acto de entrega
de los premios Taburiente, de la Fundación Diario de Avisos, en el
siempre sugerente teatro Leal, de La Laguna, será recordado por un pleno de
virtudes, empezando por la presencia de algunos de los distinguidos. Ese es un
hecho que, de por sí, cualifica la convocatoria. El respeto, transido del dolor
aún latente por la catástrofe ferroviaria, con que los intervinientes aludieron
al trágico suceso, ya era una prueba clara de que aún andábamos todos
conmovidos. El desarrollo del acto, en fin, tan fluido en su concepción
austera, la sucesión de imágenes para ilustrar las glosas de las memorias y los
méritos de los galardonados, los mismos paréntesis musicales de dos de los
premiados, debieron dejar satisfecho a Lucas Fernández que puede presumir de no
hacer una convocatoria más sino una sobresaliente, capaz de cautivar a la
sociedad insular hasta convertirla, sin exageración, en uno de los
acontecimientos sociales del año. Si encima, protagoniza, como hizo, una
intervención tan reflexiva, tan identificable de los problemas que envuelven a
la sociedad de nuestros días, la concienzuda preparación da como frutos la
superación de lo que empieza a ser un gigante en el universo mediático canario.
Sí, él y su gente, están haciendo que las cosas pasen, por emplear uno de sus
eslóganes promocionales. “El futuro pertenece a quienes tienen el coraje de
cambiarlo”, afirmó.
Si la emotividad fue impregnando la noche
progresivamente, si todas las intervenciones de los galardonados estuvieron al
nivel que podía esperarse, detengámonos, por su brillantez, en la de Josep
Borrell que desglosó rasgos de la geopolítica de nuestros días. Repasó los
cincuenta y seis conflictos conflictos bélicos que azotan el mundo. Centró su
atención en la Europa maltrecha y plagada de incertidumbre, necesitada de mayor
capacidad operativa. Aún así, a su juicio, “desde que España entró en la Unión
Europea se han vivido los mejores años de nuestra historia desde la batalla de
Trafalgar”.
La madurez política de Borrell se ha
forjado durante más de cuatro décadas. Ha ejercido como ministro, presidente
del Parlamento Europeo y jefe de la diplomacia comunitaria, desde donde afrontó
episodios como la guerra de Ucrania y la escalada de tensión en Oriente
Próximo.
El verbo fluído y robusto de Borrell
acentuó el silencio con que el Leal seguía su intervención. Y hasta teorizó
sobre el pragmatismo de tiempos recientes, cuando “nos hemos incorporado a un
mundo en el que podemos disfrutar de las cosas que todos los ciudadanos
querrían para sí: una sociedad pacificada, libre, de progreso y cohesionada.
Pero por desgracia no todos las tienen, cuando a la inmensa mayoría de la población
le faltan parte de estas cosas”.
El político catalán, muy aplaudido,
terminó diciendo: “Cuando uno pasea por el mundo, ve la llaga abierta que es la
humanidad y, por ello, tenemos que hacer un esfuerzo para no perdernos en lo
que tenemos y que es lo más importante: la convivencia”. Agregó: “Hagamos ese
esfuerzo para que la democracia no sea sinónimo de división, sino de pensar en
el futuro y decidirlo en paz”.
Sabias palabras en medio de una gala
memorable.