Si hay algún
caso en el que las preguntas del imaginario popular se suceden para expresar
quién resarce de los daños, quién paga las horas y fechas de sufrimiento,
incertidumbre y penalidades, de exposición mediática y de comentarios sesgados
que quieren a toda costa una condena judicial, quién y cómo se despejan las
dudas sobre ética, moral e integridad, ese es el de Aurelio Abreu, ex alcalde
de Buenavista del Norte y ex vicepresidente del Cabildo Insular de Tenerife, y
F.B., ex secretario de dicho Ayuntamiento, absueltos de los delitos de
prevaricación y malversación de fondos públicos de los que fueron acusados en
el procedimiento de adjudicación y construcción en el municipio de un centro
para personas con discapacidad.
La Audiencia
Provincial de Santa Cruz de Tenerife considera que ni Abreu (veinticinco años
como regidor) ni el secretario se lucraron con la adjudicación de las obras,
pese a que resultan probadas unas irregularidades sobre la contratación que, en
todo caso, según la instancia judicial, no llegan al grado de arbitrariedad e
injusticia necesario para constituir un delito penal ni tampoco una apropiación
indebida de fondos públicos. Se subraya en la resolución judicial la falta de
acreditación de lucro personal por parte de los dos acusados, en aquel momento
alcalde y secretario del Ayuntamiento.
O sea,
Aurelio, que bienvenido al mundo de quienes han desarrollado buena parte su
carrera política en esa cada vez más intrincada administración local, preñada
de dificultades no solo en la disposición o habilitación de soluciones que
superen las trabas económico-financieras sino en administración de recursos,
materiales y personales, con la agilidad necesaria para sobrepasar las
dificultades y las limitaciones o escasez. Has sufrido, vaya que sí. Tú y los
tuyos que han compartido un tortuoso camino. Sabes bien que esto se ha vuelto
cada vez más exigente. Benditos sean la vocación y el voluntarismo de entonces
cuando creíamos que eran, al menos, una buena parte de las soluciones que eran
requeridas. Ya no bastan y de eso tienen que aprender y mucho quienes, teniendo
más o menos vocación, piensan dedicarse a la política pero sin hacer de ella un
medio de vida. Qué bien suenan, al menos desde la distancia, las dedicaciones
parciales que no disminuyen las responsabilidades jurídico-administrativas, de
acuerdo, pero hacen ver la realidad de una manera más palmaria y más
consecuente. No se trata de atemorizar sino de prevenir.
¿Que eso
dilata la toma de decisiones? Pues lo que haga falta con tal de dar pasos
seguros. Un Estado de derecho debe funcionar mejor, para bien, sobre todo, de
los administrados. Entonces, sus representantes, quienes han elegido, deben
estar a la altura y valerse con asesoramientos adecuados, principalmente en la
fase de estudio y debate. Prevenir mejor que curar, seguro.
Aurelio
Abreu estará respirando y conviviendo con más tranquilidad. Claro que se ha
quitado un peso de encima. Esa absolución acredita que procuró siempre lo mejor
para su pueblo y para sus gentes. Cierto que las penas de los informativos
mediáticos y de las tertulias pluriopinativas irresponsables -pues no tienen
reparos ni testimonios que siquiera apelen a la presunción de inocencia- no se
las quita nadie. Dio una lección de resistencia y confianza. Los alcaldes de
ahora prefieren el postureo y las redes sociales de (auto)promoción directa.
Aurelio, alcalde absuelto.