Para
quienes aún lo desconozcan, Vito Quiles es un activista político y creador de
contenido digital. A lo largo de los últimos años, y especialmente durante esta
legislatura, ha ido ganando notoriedad tras la
viralización en redes sociales de sus entrevistas políticas a pie de calle (bueno,
es una forma de identificar sus productos).
Posteriormente, se incorporó como reportero y corresponsal en el canal
digital ‘Estado De Alarma’ (EDA TV),
dirigido por Javier Negre, etapa en la que obtuvo
la acreditación de prensa para acceder al Congreso de los Diputados.
Es una notoriedad peculiar,
basada en comportamientos díscolos -frikis, dirían en su estilo lingüístico-
provocadores o disruptivos que propician una forma de liberación de los
impulsos agresivos con la finalidad de obtener un aliivio en las tensiones y
para calmar las ansiedades. La conducta disruptiva es un comportamiento que se
caracteriza por ser de mala educación, insolente…
La conducta disruptiva se puede catalogar como un comportamiento
negativo que provoca la desorganización de las actividades grupales y el
irrespeto a personas o compañeros que se encuentran interesados en prestar
atención a la actividad.
Más allá de esto, Quiles ha
estado vinculado de manera activa a la política: ejerció como jefe de prensa del partido ‘Se Acabó la
Fiesta’ liderado por Alvise Pérez. Asimismo, el pasado año impulsó movilizaciones universitarias bajo
la marca ‘España Combativa’ con
el objetivo de “defender la libertad de pensamiento”. En el ámbito
institucional, su trayectoria no ha estado exenta de polémica: el Congreso de los Diputados revocó hace poco su
acreditación tras acumular diversas quejas por el
“incumplimiento de las normas internas de funcionamiento, decoro y seguridad de
la Cámara Baja”.
El caso es que el periodista y
presentador de su propio espacio televisivo, Jordi Évole, ha reflexionado
recientemente sobre la situación del periodismo y el supuesto trabajo de Quiles
dentro de la profesión. Como es sabido y aceptado, el periodismo actual
atraviesa una de sus etapas más convulsas. Además
de la precariedad laboral que afecta al sector (y de la que no se suele hablar
mucho), se suma una tendencia hacia la polarización de las opiniones y los
discursos políticos. En este contexto de cambio, figuras como la de este
personaje suelen situarse en el centro del debate sobre el rumbo y los
límites de la profesión. Évole se refirió a Quiles durante su intervención
en el Festival de las Ideas y la
Cultura (FIC) de elDiario.es celebrado en Rivas-Vaciamadrid.
Al plantearse qué salvará la profesión en el futuro, el presentador de La Sexta
TV recurrió a la ironía: “A mí me gustaría que la respuesta de
aquí a veinte años fuese que al periodismo lo salvó Vito Quiles”.
Según Évole, la labor de este
activista político carece de rigor y se reduce a “ponerse en la puerta del
Congreso y, salga quien salga, perseguirle con cualquier
excusa, sin ningún tipo de alcance periodístico más que el que le da su
ideología”. En este sentido, el periodista confía en que el
tiempo termine por acabar con este tipo de periodismo: “Espero que de aquí a 20 años se haya desmontado ese
mito y podamos decir: gracias a Vito Quiles hoy creo en el periodismo, porque
aquello no era periodismo”.
Ocurre como aquel
célebre episodio (no precisamente en el cinema
Opera de Madrid) en
que José Ortega y Gasset, diputado a Cortes, lamentaba la deriva republicana hacia
el radicalismo, cuando pronunció su célebre sentencia: “No es esto, no es
esto”. Que nos perdone Ortega por traerle hasta aquí
pero es importante la distinción que pretendió, entre hacer política y
aprovecharse. El útimo párrafo de su discurso cuya razón, como vaticinaba,
desgraciadamente tuvo que ser el tiempo quien la desvelara:
Una cantidad inmensa de españoles que colaboraron con el
advenimiento de la República con su acción, con su voto o con lo que es más
eficaz que todo esto, con su esperanza, se dicen ahora entre desasosegados y
descontentos: «¡No es esto, no es esto!»
La República es una
cosa. El «radicalismo» es otra. Si no, al tiempo.
Évole, a seguir
esperamdo. Pero, desde luego, lo de ese tal Quiles no es periodismo.