Muy
interesantes las conclusiones del curso titulado ‘Desinformación y protección
digital en Europa’, convocado por Radiotelevisión Española (RTVE) y la
Universidad de Zaragoza, con el patrocinio de la Oficina del Parlamento Europeo
en España. En unos tiempos durante los que suceden a velocidad de vértigo problemas y cuestiones
que el periodismo necesita despejar, está claro que la combinación de
procedimientos periodísticos de verificación, alfabetización mediática, la
regulación de las plataformas, la protección de los datos personales y una
mayor cooperación entre medios, instituciones y empresas exigen respuestas
imprescindibles para ganar credibilidad y cualificar cualquier producto.
En el
curso, por ejemplo, se llegó a una conclusión: la respuesta a la desinformación
no puede limitarse a desmentir contenidos falsos una vez publicados. Ante la
abundancia y evolución de campañas de manipulación informativa, es necesario
que el propio periodismo ofrezca respuestas sustantivas y convincentes. A la
vista de las intervenciones recogidas
por RTVE, la desinformación ha dejado de ser únicamente un problema relacionado
con la calidad de la información. También supone un riesgo para la
reputación de las organizaciones, la confianza en los medios y las
instituciones, la seguridad digital y el funcionamiento de las democracias. No
exageramos si aludimos a este último factor: estamos, desde luego, ante un
elemento distorsionador que, de no poder ser atajado, tiene nocivos efectos en
cualquier sistema de convivencia pluralista.
En este curso también abordaron el creciente uso de inteligencia
artificial para generar imágenes, audios y vídeos falsificados. José Manuel
Ávalos Morer, responsable de Ciberseguridad de Vodafone Business, advirtió de
que el exceso de información y los modelos digitales diseñados para captar
la atención dificultan que los usuarios distingan entre contenidos verificados
y mensajes manipulados.
Ante este escenario, según la versión de la convocatoria
publicada en Laboratorio de Periodismo (Fundación Luca de Tena), Ávalos Morer defendió
la aplicación de procedimientos rigurosos de comprobación que permitan
identificar tanto piezas falsas aisladas como campañas coordinadas de
manipulación. La verificación, por tanto, debe incorporarse a las rutinas de
las redacciones y no limitarse a unidades especializadas que actúan después de
la difusión de los bulos.
Otro llamativo testimonio fue el de Blanca Bayo, responsable de
VerificaRTVE. Su intervención puso de relieve la necesidad de que
los periodistas conozcan técnicas de búsqueda inversa, análisis de imágenes,
rastreo de fuentes y contextualización de mensajes difundidos en redes sociales
y plataformas digitales. Y es que la lucha contra la
desinformación no puede recaer exclusivamente sobre los medios. Carlos
Rullán, responsable de Comunicación Digital del Parlamento Europeo en España,
quien planteó una estrategia basada en cuatro ejes: regulación, apoyo a los
medios de comunicación, alfabetización mediática e implicación del conjunto de
la sociedad.
Para los responsables de comunicación reunidos en esta cita, el
fenómeno también plantea un problema de reputación. Las campañas de
desinformación pueden afectar a empresas e instituciones con una velocidad
superior a la de los mecanismos tradicionales de respuesta. Esto obliga a
disponer de protocolos de vigilancia, verificación y reacción, así como de
canales directos y creíbles para dirigirse a las audiencias.
Desde esta
perspectiva, los datos personales no son solo una cuestión tecnológica o
jurídica. También condicionan la distribución de la información, la
segmentación de los mensajes y la posibilidad de dirigir contenidos manipulados
a grupos concretos de población.
Los participantes señalaron además que la desinformación forma
parte de estrategias más amplias de influencia. Francisco Rubio Damián, coronel
regtirado del Ejécito de Tierra, experto en Seguridad Global y Defensa, describió este proceso como una forma de “guerra
cognitiva orientada a modificar percepciones, erosionar la confianza y
condicionar las decisiones de los ciudadanos”.
Para los medios, según el Laboratorio de Periodismo, de la
Fundación Luca de Tena, esta evolución obliga a fortalecer el periodismo
explicativo, la transparencia sobre las fuentes y los procesos de elaboración
de las noticias, así como la capacidad para detectar narrativas que se repiten
de manera coordinada en distintos canales.
En definitiva, las sesiones dejaron una conclusión común: la
tecnología permite producir y distribuir contenidos falsos con mayor rapidez,
pero la respuesta no puede ser exclusivamente tecnológica. La reducción de su
impacto dependerá también de la calidad del periodismo, la capacidad de las
organizaciones para mantener la confianza y la formación de los ciudadanos para
evaluar de manera crítica la información que reciben.