A la hora en que escribimos, las
organizaciones y los colectivos feministas estaban convocadas ayer en las
calles, avenidas y plazas de España para reivindicar avances hacia la igualdad
e impulsar medidas para hacer frente a los distintos tipos de violencia, la
machista, la vicaria le económica y la institucional.
El 8 de marzo, en efecto, miles de mujeres de todo
el mundo saldrían a las calles por y para la igualdad. Desde la celebración de
los derechos adquiridos, gracias a la lucha de muchas mujeres, las
manifestaciones reclamarán su consolidación y la necesidad de seguir avanzando
hacia una sociedad libre de tales violencias sin brechas de género, una sociedad más
igualitaria y, en definitiva, con mayor calidad democrática.
Pero ¿qué se
celebraba el 8 de marzo? Por si alguien aún lo desconoce. Se trata de una reivindicación de los derechos de
las mujeres. De todas las mujeres. El objetivo es sensibilizar a la sociedad y potenciar la igualdad real de
género. Así, se reclama la reducción de las desigualdades de género. En este
sentido, en el 8M también se recuerda que las violencias contras las mujeres, en especial la violencia de género y
la violencia sexual, son la expresión más amarga de las sociedades
machistas, con convicciones profundamente patriarcales.
La manifestación del 8M es una
jornada de unión de las mujeres de todo el mundo, sin importar su procedencia,
su raza, su profesión ni su nivel de ingresos. El 8M es una jornada de
celebración y también de lucha.
El 8M como día internacional de
la mujer fue adoptado por la Asamblea General de la ONU en 1977, aunque dos
años antes ya lo había empezado a conmemorar. Su origen está en las
manifestaciones de las mujeres que, especialmente en Europa, reclamaban a comienzos
del siglo XX el derecho al voto, mejores condiciones de trabajo y la igualdad
entre mujeres y hombres. Son antecedentes históricos que procede rememorar.
Así, nos preguntamos por qué se
celebra el 8 de marzo. Según argumenta Naciones Unidas, celebrar el 8 de marzo
el día de la mujer está estrechamente vinculado a los movimientos feministas
durante la Revolución Rusa de 1917.
Fue un 8 de marzo de 1917 (un 23
de febrero, según el calendario juliano que se utilizaba en Rusia), cuando las
mujeres rusas se declararon en huelga, pidiendo Pan y paz. Cuatro días después, el zar se vio obligado a abdicar y el
gobierno provisional concedió a las mujeres el derecho de voto.
Decíamos que
escribíamos al mediodía del domingo
cuando, en Santa Cruz de Tenerife, estaba previsto que la manifestación de la Plataforma Feminista 8M Tenerife
partiera el reloj de flores del Parque
García Sanabria y
avanzará hacia la Plaza de Weyler para
descender por la Calle Castillo hasta
concluir en la plaza de la Candelaria.
Ayer se organizó una cacharrada por las calles de La Laguna, mientras que en El Rosario hubo una marcha feminista
por la costa.
Bajo el lema ‘Feministas imparables, ¡Tumbemos el fascismo!’, convoca a toda la sociedad a “implicarse” en la defensa de los derechos de las mujeres, ante el “ascenso de un nuevo fascismo” abanderado por las ultraderechas y el asesinato de dos niños y 10 mujeres en lo que va de año en España.
Recuerda que “el machismo mata y nos está matando. Es una tarea de toda la sociedad el pararlo”, señalando que no acabaremos con el asesinato de mujeres si no nos implicamos, negamos esta violencia y arropamos a los violentos.
La movilización también exigirá unir fuerzas en la lucha por “la conquista de derechos”, el cambio “social, cultural y económico” que “evite la discriminación y la opresión de las mujeres”. Pedía políticas de igualdad, impulsar medidas que combatan las brechas de género en el empleo y en las pensiones, un sistema de cuidado que corrija los trabajos no retribuidos, y evitar el machismo en la aplicación de las leyes.
En
definitiva, a la espera de conocer los resultados, así como los de
convocatorias locales, y por muchos ataques que hay recibido el feminismo, la
conmemoración sigue válida. Y cada vez, más cargada de historia.