Vienen
llamando la atención las intervenciones en sede parlamentaria del presidente de
la corporación Radio Televisión Española (RTVE), José Pablo López. Por su
coherencia, por su dinamismo, por su audacia, por su valentía, incluso. Se nota
que hay un discurso bien construido y bien memorizado, un trabajo concienzudo
de manejo de archivos, datos y ediciones que propician un índice de solvencia
al que estamos poco acostumbrados. Hasta ahora, no se ha arrugado López, no
esquiva preguntas o requerimientos de sus señorías. Al contrario, va en corto,
sin dobleces y en directo. Acredita buen conocimiento no solo del medio sino de
la casa, siempre tan compleja, que está conociendo picos de audiencia como
pocas veces antes, una etapa de producciones muy competitivas y una estabilidad
que la permite sobresalir en su faceta de servicio público y de no generar
grandes controversias económico-financieras.
En este
sentido, dos hechos recientes han destacado en la cobertura mediática que
genera RTVE: por un lado, la notoria discrepancia de López con un informe
presentado por el Consejo de Informativos; y por otro, el respaldo público que
ha mostrado a la periodista colaboradora Sarah Santaolalla, activa participante
en espacios de tertulia y opinión.
El informe,
que incluyó un centenar de quejas investigadas, contiene, según ha trascendido,
unas apreciaciones sobre dos programas concretos: ‘Malas lenguas’ y “Mañaneros
360 grados’, presentados por Jesús Cintora y Javier Ruiz, respectivamente, de
lo que se dice que “incumplen, de forma habitual y reiterada, las normas
fundamentales para la elaboración de información en RTVE”. José Pablo López,
según algunas crónicas, prologó la defensa expresando su respeto por la
estructura y el trabajo del Consejo de Informativos pero rebatía las
conclusiones de su análisis que estaba referido únicamente a trece programas de
cuatrocientos emitidos. Lo que ha embravecido a
López, según algún testimonio, es lo que él considera el hecho "más
grave" del informe, refiriéndose a que se haya acusado a RTVE "de
incitar al odio": "El problema no es señalar errores o malas
prácticas que se puedan haber producido, el problema es el salto injustificado
de hechos concretos a una imputación global". Para el presidente de RTVE esto demuestra "la mala
praxis que se detecta en el informe del Consejo de Informativos compromete la
credibilidad del propio Consejo".
El
Consejo fue más allá en su informe. Denunciaba, entre otras cosas, la
responsabilidad editorial calificada de “opaca", pues "no se
sabe" ni se dice "quiénes son los responsables reales". Y lo que
es más grave, según distintas indagaciones llevadas a cabo por este Consejo de Informativos,
parece que las decisiones fundamentales las toma gente ajena a RTVE.
En cuanto al
papel de Santaolalla, colaboradora de los dos
programas citados, López hizo de abogado defensor y se mostró severamente
crítico con los ataques que había sufrido. "Mis primeras palabras de apoyo
quiero que sean a ella y de condena firme a una campaña de acoso que ha traspasado
todos los límites exigibles dentro de la democracia. Los
ataques tanto a RTVE como a sus colaboradores no es casual. Que RTVE tenga una
posición muy fuerte dentro del panorama audiovisual y tenga una agenda propia
se convierte en una especie de profesión de riesgo", llegó a afirmar
López.
El
presidente de RTVE, además, hizo hincapié hincapié durante su comparecencia en
que lo que está ocurriendo es fruto de "una estrategia misoginia y
machista perfectamente trazada donde unos señalan y denigran y otros que se
consideran periodistas se atreven a acosarla". Se permitió incluso en su
intervención un reproche a la Asociación de la Prensa de Madrid (APM): "No
caben los silencios clamorosos. Me
gustaría saber donde está la Asociación, por qué es tan
rápida para otros linchamientos y en esta ocasión, no".