‘Rabo de gato’ (Ediciones Idea), de
Carlos Cruz García, tuvo la presentación más inusual y original que se recuerda
de un libro en el Grand Hotel Taoro del Puerto de la Cruz. Mediodía de un
sábado radiante, la introductora/presentadora Raquel Toste (RTVC), la actriz
Elena Bellsabat (del grupo teatral La Pandilla) y el ilustrador Jonás
Hernández, autor de la impactante ilustración de la portada, dieron lustre,
junto al autor, al alumbramiento de su cuarta novela.
Raquel preguntó con tino y hasta aportó
algunas valiosas apreciaciones que sirvieron para acercar los contenidos de la
obra. Elena interpretó con soltura a la Agatha Christie que recorrió aquellas
dependencias, hoy flamantes en su apuesta vanguardista. Y Jonás fue disculpado
por llegar tarde cuando le tocó explicar aquella composición del escudo
deportivo, la justicia tuerta, la efigie teideana y el impacto -se supone que
de bala- en el cristal adecuadamente enmarcado.
Y Carlos, con sus padres presentes,
feliz, naturalmente.
‘Rabo de gato’ -dijo- es la mejor
metáfora para establecer un paralelismo con la corrupción. Esa que envuelve y
de la que te haces una idea hasta que la descubres, aquí, en la isla, con sus
aristas y sus pliegues, en las páginas de la novela. Aquel rabo de gato que no
existía en caminos, jardines o barrancos hasta que invadió y proliferó ya en
los años ochenta del pasado siglo.
Ahí irrumpe la Agatha Christie a la que
el municipio dedica un festival internacional que es admirado en todos lados
menos en el Puerto. Qué se va a hacer. Interroga -faltaría más- al “señor Cruz”
autor, hasta hacerla confesar que ha vuelto a morir otra vez -de envidia,
ahora- después de rondar aquellos pasillos (los del hotel, claro) durante mucho
tiempo, en los que pululan unos cuantos personajes de esta historia, apunta
Cruz.
‘Rabo de gato’ es una novela de
corrupción política y de violencia institucional. Y aunque su final, pese a
todo, es optimista hay que interpretar las faces de Sara, la policía
protagonista, sobre las que el escritor y la introductora indagan sus expectativas
profesionales tras asumir su destino. Las páginas de esta historia de
corrupción y de dinero -cuyo rastro hay que seguir- generan hasta un cierto
coqueteo con la transparencia. Y es cuando confiesa Cruz que los personajes
femeninos tienden a esclarecer la
verdad: se lo pregunta al final del libro que, de alguna manera, pone
sobre la mesa reflexiones y desafíos.
Toste señala que en la obra hay
abundancia “de canarismos y esloganismos”, como si se quisiera hacer más
asequible o familiar la lectura. Pero Cruz es rotundo al afirmar que en las
páginas de su obra “se juega al patriotismo más rancio”. Pese a todo, una idea
reiterada: hay un mensaje de resiliencia, o sea, ánimo, ganas y talento frente
a factores perturbadores o adversidades sucesivas. En cualquier caso, la
preocupación del escritor, como destacó Raquel Toste, es cohonestar con los
personajes.
Y así esta ‘Rabo de gato’, novela, atrae
desde el principio, porque aunque el texto parezca largo, propicia que
imaginemos o indentifiquemos paisajes, situaciones y personajes y hayamos
disfrutado, como si de un sabroso aperitivo se tratase, de una presentación desacostumbrada.