Tiempos de Papa en viaje apostólico, con su lema, ‘Alzad la
mirada’, que, en el fondo, es una
invitación a ver más allá de las preocupaciones cotidianas para descubrir la
presencia de Dios y abrirse a los demás. Es una llamada a la esperanza y a la
contemplación, que anima a salir de uno mismo y redescubrir la unidad, la
belleza y la caridad como signos concretos de una vida compartida. En este
gesto de alzar la mirada se expresa también la actitud con la que la Iglesia en
España acoge la visita del Santo Padre: con el corazón abierto y dispuesto a
caminar juntos.
Tiempos de Papa para acercarnos también y reflexionar sobre Magnifica humanitas, título de la primera encíclica de León XIV, un documento de unas doscientas páginas dedicado a la “custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial” y publicado coincidiendo con el 135 aniversario de Rerum novarum.
Una de las primeras advertencias de la encíclica es que la
inteligencia artificial puede mejorar la vida de las personas, pero también
alterar la calidad de la información, debilitar el juicio humano, concentrar
poder en grandes plataformas tecnológicas y transformar la democracia si no se
somete a controles públicos y criterios éticos.
Aunque el texto aborda cuestiones como la
guerra, la economía, la educación o la gobernanza tecnológica, varios de sus capítulos se centran directamente en asuntos que afectan
al periodismo, la comunicación pública y la construcción de la opinión pública. El
Papa sostiene que la IA no debe analizarse únicamente como una innovación
técnica, sino como una transformación cultural capaz de modificar la forma en
que las sociedades producen conocimiento, toman decisiones y construyen
consensos.
Entre los mensajes más relevantes para los medios es la
defensa de la verdad como un bien común. León XIV señala que la inteligencia
artificial amplifica la capacidad de manipular contenidos, imágenes y vídeos y
facilita la difusión de desinformación a gran escala. Según el Pontífice, el
riesgo no se limita a la circulación de noticias falsas, sino que afecta a la
propia capacidad de las sociedades para distinguir entre hechos y opiniones. La
encíclica señala que la democracia necesita una relación leal con la realidad y
que la pérdida de interés por la verdad favorece formas de poder basadas en la
manipulación y la propaganda.
El documento, según leemos en laboratoriodeperiodismo.org,
dedica una atención especial al papel de las plataformas digitales y de los
grandes actores tecnológicos. León XIV considera que quienes
controlan infraestructuras, algoritmos y datos poseen una capacidad sin
precedentes para moldear el imaginario colectivo y determinar qué contenidos
alcanzan visibilidad. Esa concentración de poder,
afirma, plantea un problema democrático porque permite influir en
comportamientos, consumos y opiniones públicas desde posiciones difíciles de
supervisar.
En este escenario, el Papa reclama una
“ecología de la comunicación”. El concepto incluye medidas regulatorias para
aumentar la transparencia de los algoritmos, proteger los datos personales y
fortalecer organismos intermedios capaces de favorecer el debate público. Entre
ellos menciona expresamente la necesidad de un periodismo riguroso y espacios
de discusión donde prevalezcan la verificación de los hechos y la argumentación
frente a la reacción inmediata que caracteriza a muchas plataformas digitales.
Atentos porque la encíclica también
contiene un reconocimiento explícito al trabajo periodístico. León XIV recuerda que algunos periodistas han desempeñado un papel
decisivo al sacar a la luz abusos e injusticias dentro de la propia Iglesia y
cita unas palabras de su antecesor Francisco en las que agradecía a los
informadores haber dado voz a las víctimas y haber contribuido a revelar
situaciones que permanecían ocultas. Al mismo tiempo,
sostiene que la transparencia no puede depender exclusivamente de la presión
externa de los medios, sino que debe formar parte de la responsabilidad
institucional de la Iglesia.
Otro aspecto del contenido de la encíclica
es la preocupación generada por el impacto de la Inteligencia Artificial (IA)
en los procesos de decisión. León XIV considera problemático que cuestiones
relacionadas con el empleo, el acceso a servicios o la reputación de las
personas queden en manos de sistemas automatizados cuyos criterios son opacos.
En una determinada fase, el documento papal alerta sobre el riesgo de que los
algoritmos reproduzcan prejuicios, generen exclusión social y diluyan las
responsabilidades humanas bajo una apariencia de neutralidad tecnológica.
La respuesta propuesta por el Pontífice
-aquí viene lo bueno- pasa por lo que denomina “desarmar la IA”. Y ojo, que con
esa expresión no sugiere o plantea renunciar a la tecnología sino evitar que
quede subordinada a lógicas de poder, competencia geopolítica o concentración
económica. El objetivo, señala, es impedir de que la Inteligencia Artificial se
convierta en un instrumento de dominio y garantizar que permanezca sometida al
control democrático, la transparencia y el bien común.