Decimos hasta siempre a Gilberto Machado Méndez,
farmacéutico del Puerto de la Cruz, fallecido hace unos días, a la edad de 94
años.
Su céntrico establecimiento que regentaba junto a
su esposa, Mary Duque, hija de un popular sastre y entrenador de fútbol de
Santa Cruz de la Palma (Tenisca y Puerto Cruz), e hijos, fue de los primeros en
introducir la práctica de análisis clínicos en la ciudad turística.
Gilberto, además de dirigente futbolero (fue
presidente del Club Deportivo Puerto Cruz), fue un apasionado colombófilo que
dedicó muchas jornadas a los célebres viajes que volaban la ruta atlántica y al
seguimiento, tanto de las sueltas como de las llegadas, en largas jornadas que
compartía desde azoteas y palomares.
Apasionado, sí, en sus descripciones y discusiones
sobre las hazañas de quienes disfrutaban -a veces con evidentes frustraciones-
con esta práctica tan popular durante décadas no solo en la ciudad turística
sino en otras muchas localidades del norte tinerfeño.
Eran los tiempos de las “bodas de palomas”, de los
cruces de razas y especies y de las mensajeras, empleadas incluso como medio de
información y comunicación para transmitir, por ejemplo, resultados de
encuentros de fútbol o nacimientos de un nuevo vástago en las familias.
Gilberto Machado perteneció durante décadas al
Grupo Colombófilo Norte de Tenerife. Siempre puntual a las citas de las sueltas
y siempre presente en los largos actos de entrega de trofeos y distinciones al
final de la temporada, cuando los palomeros se daban cita para hablar de
píldoras de alimentación o de las marcas registradas por algún ejemplar en
trayectos de larga distancia, principalmente con países de África ribereña.
Machado ahí era uno más. Cargaba las cestas para
su transporte, preguntaba, inquiría, anotaba, dudaba y estimulaba a compañeros
que entretenían la larga espera hasta las llegadas, transmitía por radio las
noticias de las mismas y disfrutaba con las anotaciones de los registros
correspondientes. Una buena persona, en definitiva, a la que gustaba repetir la
frase “hay que limar asperezas” cuando una discusión subía de tono y alguien
exageraba al contar su particular hazaña. Se volcó con sus hijos en la popular
y vanguardista farmacia, donde los ciudadanos eran atendidos con el afecto que
granjeaba confianza.
Bromista, dicharachero, lector curioso,
democrático, aún tuvo tiempo para ser promotor del Partido Nacionalista Canario
y de participar en alguna campaña, nacionalista… Será recordado.