Por si fueran pocos los problemas y
las amenazas que pesan sobre el periodismo, un informe elaborado por
investigadores de la Universidad de Buenos Aires (UBA) acaba de añadir una
inquietud considerable: el riesgo de una “atrofia de competencias profesionales”,
derivada de la automatización de creciente en las redacciones o en los que
queda de ellas. Efectivamente, las herramientas de inteligencia artificial
generativa están empezando a alterar capacidades profesionales que,
históricamente, definían el oficio periodístico, desde la escritura y la edición hasta la construcción de criterio
editorial o la capacidad de investigar y contextualizar información.
El informe se titula IA
(Inteligencia Artificial) y periodismo: entre la promesa optimista y la
precarización algorítmica. Promete unos contenidos muy atractivos, según se
desprende del análisis publicado en laboratoriodeperiodismo.org
Y es que los
investigadores bonaerenses plantean dinámicas que atraviesan ya muchas
redacciones: periodistas que delegan en sistemas de IA tareas cada vez más
centrales del trabajo informativo, empresas que incorporan automatización sin
desarrollar políticas editoriales claras y profesionales que utilizan estas
herramientas para aumentar la productividad en entornos marcados por la presión
económica y el pluriempleo. Algo no, mucho se mueve en estos tres estratos de
modo que algunos cambios afectan directamente al núcleo profesional del
periodismo. Por ejemplo, las entrevistas realizadas para
la investigación muestran que ChatGPT (una aplicación de chatbot de Inteligencia Artificial
generativa desarrollada en noviembre de 2022 por OpenAI. El chatbot es
un modelo de lenguaje especializado en el diálogo que se ajusta con
técnicas de aprendizaje supervisadas y de refuerzo. Se usa para generar ideas, redactar borradores, editar textos,
resumir documentos, producir titulares o transformar artículos extensos en
publicaciones adaptadas para redes sociales.
Y por ahí
encontramos los cambios. Los autores del informe consideran que asistimos a una
modificación profunda de la lógica tradicional del trabajo periodístico. En lugar de que el periodista construya desde cero el enfoque
narrativo y la estructura de una información, cada vez es más frecuente que el
proceso parta de un borrador generado algorítmicamente que luego es corregido o
“humanizado” por el profesional. El informe advierte de
que esa dinámica puede terminar debilitando habilidades que antes se adquirían
mediante la práctica sostenida de escribir, editar, contrastar fuentes o
interpretar datos complejos.
Es muy interesante la parte dedicada
a uno de los entrevistados que resume esa preocupación al señalar que hace años
el proceso de traducir, reescribir y editar contenidos suponía también una
forma de aprendizaje profesional continuo, mientras que ahora buena parte de
esas tareas puede resolverse automáticamente. Según el estudio, “la IA optimiza tiempos y permite producir más contenidos en
menos horas, pero al mismo tiempo puede erosionar procesos formativos
fundamentales para el desarrollo de criterio periodístico propio”.
La
investigación ultimada por la UBA también identifica una transformación más
profunda: el desplazamiento progresivo del criterio editorial hacia sistemas
algorítmicos. Algunos periodistas entrevistados describen cómo utilizan ChatGPT
no solo para escribir o resumir, “sino para ordenar ideas, entender conceptos
técnicos o sugerir enfoques temáticos. Los autores sostienen que esto implica
que la mediación algorítmica ya no aparece únicamente en fases finales del
proceso productivo, sino desde el primer contacto con la información”.
Atención, porque el informe alerta además sobre el impacto
que este modelo puede tener en la calidad informativa. La proliferación de contenidos generados a partir de
las mismas fuentes y procesados mediante herramientas similares puede favorecer
una creciente homogeneización de las noticias. Algunos entrevistados describen
un ecosistema donde numerosos medios terminan publicando versiones
prácticamente idénticas de un mismo contenido, modificando únicamente algunas
palabras o el enfoque superficial del texto.
Los
investigadores relacionan este fenómeno con un contexto de precarización
laboral que, según sostienen, favorece la adopción acelerada de herramientas de
IA. El estudio recuerda que buena parte de los
periodistas encuestados trabaja simultáneamente para varios medios y utiliza
estas aplicaciones como mecanismo para aumentar la productividad y sostener
ingresos insuficientes. En ese escenario, la automatización no
libera tiempo para investigaciones más profundas, sino que facilita producir un
mayor volumen de piezas informativas en menos tiempo.
El trabajo también
señala la ausencia de marcos institucionales claros. Veamos estos datos: el 77,5 %
de los periodistas encuestados afirmó que su empresa no había desarrollado
políticas específicas sobre el uso de inteligencia artificial y el 70 % indicó
que sus medios no habían tomado ninguna medida relacionada con estas
tecnologías. Los autores consideran que esta falta de regulación deja
decisiones éticas complejas en manos de cada periodista de forma individual,
desde los criterios de verificación hasta los límites de la automatización o la
transparencia sobre el uso de IA en la producción de contenidos.
El informe
concluye, siempre según la versión delaboratoriodeperiodisdmo.org, que
el principal desafío no es únicamente tecnológico, sino profesional y estructural:
preservar la autonomía editorial, sostener la calidad informativa y evitar que
la automatización termine degradando capacidades esenciales del periodismo en
un ecosistema cada vez más condicionado por la velocidad, la sobreproducción de
contenidos y las lógicas de rentabilidad.