“El faro principal del mundo libre”. ¿Estará Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, la que no quiere migrantes africanos llegados a Canarias, entre otras cosas, en este mundo? Sí, claro que está, con sus extravagancias, sus golpes de tango, sus provocaciones y sus apuestas para jugar en la liga de la política nacional que es la que más le gusta, incluso antes de que la condujera Miguel Ángel Rodríguez, el no tan célebre MAR.
Para
Díaz Ayuso, ese faro principal es Estados Unidos, al que ha concedido la
Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid, soñando que será ella quien se
la entregue o imponga. Ese faro principal alumbra los tristes sucesos que han
ido aconteciendo, en “un país al que Madrid ha mirado siempre con admiración”,
ha dicho la señora presidenta. ¿Incluso ahora, en estos tiempos de resurgida
Gestapo? Habría que preguntarle. El portavoz parlamentario del grupo Más Madrid,
Hugo Martínez Abarca, criticó sin reservas este reconocimiento a Estados Unidos
en un momento marcado por la política de acoso y persecución a migrantes
impulsada por Donald Trump:
“Mientras
Trump persigue a los hispanos con su Gestapo, asesina a quienes se oponen a la
persecución, secuestra a niños de cinco años por su acento, Ayuso le pelotea
rastreramente y le ofrece su premio FIFA de la paz”, reaccionó el diputado de
la formación regionalista que optó por la fórmula no siempre atinada de ironizar con personajes
tan sigulares del derechío como es Isabel Díaz Ayuso: “Lo único bueno es que
Trump no sabe quién es esa señora”.
Es
curioso que nadie o pocos hablen de desviar la atención de las acciones y las
controversias que protagoniza el inefable Donald Trump, cuando afloran
cuestiones como éstas. La fe ciega de Ayuso es digna de mejor causa, aunque el
comentarista de la cadena SER, Fernando Berlín (Hora 25), aproximándose a ese
territorio burlesco y sarcástico, le atribuya la condición de imbatibilidad “en
elegir el lado equivocado de la historia y en alinearse con líderes como el
propio Trump, Bolsonaro o Milei”. Todo ello -duda Berlín- para, a continuación,
reconocer que no termina de entender este movimiento ni las intenciones de la
política del Partido Popular: "Yo lo que me pregunto, porque no solamente
esto nos aleja de la doctrina del centralismo europeo y también de la diplomacia,
es qué persigue exactamente", se interroga.
Ayuso
es así, señoras y señores, le gusta lucirse, va por libre, le encantan los
versos sueltos que lee y no tanto improvisa, a estas alturas que odie el
socialcomunismo y sea excluyente en su praxis política, no es noticia. Ni
siquiera su pareja en trance de proceso de judicial y que, poco a poco, entre
lentitudes y silencios mediáticos, se va olvidando. Ella se entrega, entera y
tal como es, da igual las críticas. Seguro que habrá escuchado unas cuantas
veces un dicho coloquial antes muy repetido en las islas: “Lista como una tea”.
Se atrevió con un insulto grave al presidente del Gobierno desde un palco del
Congreso.
Para
Berlín, se comprende que la presidenta madrileña, en su desempeño político,
quiera tener su propio discurso y, por tanto, discrepe con cargos
gubernamentales y hasta con gente de su mismo partido. Aunque invada la
provocación y a veces transgreda sus líneas, lo que cuesta entender es que,
contraviniendo los esquemas más elementales y teniendo en cuenta el modus
trumpista, qué bombilla se ha encendido o cómo brota la ocurrencia de tal
asesor/ asesora para distinguir o reconocer a un país -nada menos que el faro
principal del universo libre- donde su gobierno y su presidente brillan
últimamente por los abusos y los desmanes, aranceles aparte.