En ‘La batalla
del río Neretva’, película dirigida el 1968 por el croata Velko Bulajic, hay
una escena en la que una compañía de partisanos se va pasando de manos un papel
manuscrito supuestamente firmado por Josip Broz Tito, con una sola palabra:
“Resistir”. Quizá el término, una suerte de consigna, haya inspirado al
prestigioso periodista salvadoreño, Carlos Dada, fundador y director de ‘El
Faro’, quien durante la Memorial Lecture, pronunciada días pasados en el
Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo de la Universidad de Oxford,
señaló: “La información es disidencia. La verdad es disidencia. Y la producción
rigurosa de información se considera peligrosa. El periodismo es resistencia”.
Su
interpretación se considera determinante a la hora de evaluar el deterioro de
las instituciones democráticas en distintos países, la expansión de liderazgos
populistas y el incremento de la presión política sobre los medios de
comunicación, tres factores que han situado al periodismo en una auténtica
encrucijada: decidir entre la protección de sus intereses empresariales o el
mantenimiento de la función de fiscalización o vigilancia del poder. Dada
defendió la vigencia de una premisa: la búsqueda de la verdad se está
convirtiendo en una actividad incómoda para el poder.
Durante
su intervención, ha advertido que el periodismo atraviesa una etapa marcada por
la creciente criminalización de la profesión en diversos países, la
proliferación de campañas de descrédito contra los medios y la utilización de
herramientas tecnológicas para vigilar o intimidar a periodistas. Veamos
algunos datos: según datos del ‘Committee to Protect Journalists’ citados en su
conferencia, 2025 ha
registrado un récord de 129 periodistas y trabajadores de medios asesinados en
el mundo, un indicador del deterioro global de las condiciones para ejercer la
profesión.
Según detalló, los regímenes
autoritarios suelen basarse en narrativas construidas a partir de verdades
parciales o afirmaciones falsas, por lo que cualquier actividad orientada a
verificar hechos y documentar información verificable se convierte en un
obstáculo para esos proyectos políticos.
El director de El Faro ha definido la
verdad periodística como el resultado de un proceso editorial de verificación
de hechos, en contraste con la mentira entendida como la difusión deliberada de
afirmaciones falsas con intención de engañar. A su juicio, la expansión de
narrativas basadas en la manipulación informativa ha incrementado la
importancia del trabajo periodístico precisamente en aquellos contextos donde
se intenta desacreditarlo.
La intervención también ha abordado el
impacto de las plataformas digitales en la comunicación política contemporánea.
Según la versión ofrecida por ‘Laboratorio de periodismo’, defendió que el
periodismo debe asumir una función de documentación y testimonio en momentos de
deterioro democrático. Citando al dramaturgo y
expresidente checo Václav Havel, señaló que la búsqueda de la verdad puede
convertirse en una forma de disidencia en contextos donde el poder intenta
imponer una única narrativa pública.
Por esos vericuetos transitó Dada
hasta concluir que el periodismo de nuestros días ha de ser considerado como un
ejercicio de resistencia. Aunque la profesión no pueda resolver por sí sola las
crisis institucionales actuales, el periodista ha sostenido que la
documentación rigurosa de los hechos y la preservación de testimonios
constituye una contribución esencial para que las generaciones futuras
comprendan los procesos políticos y sociales que definen el presente. De ahí el
valor del principio: resistir. Como instruyera Tito. El periodismo es resistir.
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