miércoles, 12 de marzo de 2014

LA CRÓNICA

Siempre nos identificamos y nos sentimos a gusto con el papel de cronistas. Desde aquellos comienzos, tomando las alineaciones de equipos infantiles y juveniles; o dando fe de acontecimientos de todo tipo. Y aún hoy, relatando actos o convocatorias a los que se acude puede que no con esa intención precisamente.
         Con la crónica aprendimos a ejercer el oficio. Fue el género con el que modelamos la vocación y la formación autodidacta. La crónica forjó al obrero de la comunicación. Contar o resumir un acaecimiento, recoger los principales detalles, interpretar la evolución, dimensionar factores concurrentes…, hacerlo, además, con la ecuanimidad autoexigida, fue siempre un ejercicio determinante. Incluso, desde la óptica de la lectura crítica, hecha por algún afectado o algún protagonista. Ayudaba implícitamente a corregir, cuando menos a tener presente las consideraciones para nuevas redacciones.
         Leemos que el género se ha puesto de moda nuevamente, aunque nunca mermó su importancia. Quizá el predominio de la imagen, la irrupción de otras categorías y hasta la inmediatez en la transmisión de la información jugaron en contra de la crónica hecha con sosiego, con visión globalizadora y con especificación de rasgos y detalles sobresalientes. Bien articulada, bien armada, original, fluida y bien secuenciada, trasladaba una composición de lugar, apta para entender el desarrollo de lo ocurrido.
         Y ha recobrado pujanza por autores como el colombiano Alberto Salcedo Ramos, ganador del premio ‘Ortega y Gasset’, a quien Juancho Armas Marcelo descubre en Cartagena de Indias, capital del departamento de Bolívar: “Sucede que la perfección fantástica de su escritura es puro periodismo, o periodismo puro, fotográfico, pegado al campo, a ras del mismo suelo, de modo que no es raro que cause furor en sus lectores y, sobre todo, lectoras”.
         Natural esta apreciación del escritor grancanario si tenemos en cuenta lo dicho por el propio Salcedo Ramos, cuando es entrevistado para clasesdeperiodismo.com: “Cuando decimos crónica, hablamos de un género informativo e interpretativo. Vale por la calidad de su investigación y por la calidad de su texto”. Y donde desvela cómo se forma el cronista:
         “Ensuciándose los zapatos de polvo en su trabajo como reportero […], ejercitando la curiosidad y renovándola cada día […], sacando lecciones de la experiencia que va acumulando a través de los años”.
         Claro que Alberto Salcedo Ramos precisa que en este proceso sostenible de formación del cronista actual es muy importante “contar con buenos editores, editores que lo reten, que le digan ‘no’ de vez en cuando, que no se fijen en su nombre sino en sus textos, editores que le ayuden a dar lo mejor de sí mismo”.
         Es otra lección de periodismo esa última recomendación, hecha, además con esa naturalidad de quien se desenvuelve en el oficio siendo consecuente con lo que se predica. Armas Marcelo no regateó elogios en su análisis/descubrimiento: “Leer a Salcedo Ramos me hace festejar y aplaudir no solo su escritura periodística, exquisita y bien tramada, sino la elección de los asuntos literarios a tratar y a escribir; y finalmente, el mecanismo exacto para que la crónica sea, en definitiva, una obra mayor”.
         Ahora que el periodismo parece no librarse de las tinieblas, igual la crónica contribuye a despejarlas.

          

martes, 11 de marzo de 2014

LA IGUALDAD AÚN NO ES REAL

El diario El País publicaba hace unas fechas los resultados de una encuesta realizada por Metroscopia cuya conclusión es bastante llamativa: los ciudadanos entienden que la situación de las mujeres ha empeorado en tres años. El 68% de los interrogados afirma que aquéllas sufren discriminación: en 2011 lo afirmaba el 59%, o sea, nueve puntos por encima. En el mismo estudio se preguntaba quién tiene una vida más dura y difícil: las respuestas son igual de significativas: el 72% (frente al 67% de hace tres años) cree que las mujeres; un 18%, ambos por igual y el 9% responde que los hombres.
         Los datos, pues, ponen de relieve que aún queda mucho por hacer en nuestro país en materia de igualdad. Las mujeres, especialmente, se quejan del retroceso experimentado durante la presente legislatura, al entender que sus derechos sociales y laborales se han visto menoscabados, en tanto que han perdido libertad e igualdad y también protección frente a la violencia de género, pese al notable esfuerzo hecho por algunos gobiernos autonómicos y otras instituciones.
         La queja no es baladí si se tienen en cuenta consideraciones tales como que los salarios son más bajos que los percibidos por los hombres, factor que se repite con las pensiones. Las mujeres, según estudios que lo prueban, son mayoría entre quienes disponen de empleos temporales y mal pagados. El Gobierno de la nación tampoco ha favorecido mucho que digamos ese empeño de igualarse con los hombres. Se sienten, en definitiva, perjudicadas, al contrastarse que en derechos ciudadanos y servicios sociales hay una marcha atrás preocupante.
         El empeoramiento al que se alude en la encuesta señalada al principio trae causa también de la desprotección que las mujeres notan con la reducción presupuestaria (más de un 30%) operada en las políticas de prevención de la violencia de género. Disconformes también con la reforma del Código Penal que no protege lo suficiente a la mujer y a sus hijos menores, en tanto despenaliza o minora las penas de los agresores, el panorama se presenta preocupante si, al final, no se modifica el articulado de la nueva Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local concerniente a los servicios municipales de ayuda a las víctimas.
         Y ya puestas, discrepan también de las restricciones aplicadas por el Gobierno en la Ley de Dependencia pues, en más del 90% de los casos, son las mujeres las cuidadoras de las personas dependientes o privadas de autonomía; sin olvidar que las mujeres mayores son las principales beneficiarias directas de la citada Ley.
         Sin dejar de tener en cuenta los progresos de años pasados en campos como el legal, el educativo, el político o el profesional, las estadísticas, las consideraciones y las circunstancias obligan a esmerarse en una lucha por la construcción de una sociedad mejor, más igual. Eso sí que es un reto del presente y del futuro, con tal de consolidar algunas conquistas que podrían hasta enorgullecer. Y en ese sentido, el factor educativo o formativo cobra una relevancia decisiva.
         Porque la igualdad aún no es real.


lunes, 10 de marzo de 2014

SE TAMBALEA LA REVOLUCIÓN

Llama la atención que de la crisis venezolana se haya informado menos que la de Ucrania. Mientras los acontecimientos de este país eran seguidos en directo y podía verse a enviados especiales y redactores en plenas refriegas y en los asaltos a las instituciones, del país hermano llegaban imágenes a cuentagotas en tanto que los periódicos no hacían grandes despliegues. En Venezuela también había muertos, que es uno de los termómetros con los que medir informativamente la temperatura de las crisis sociales, pero parecían interesar menos las víctimas y otros pormenores de la fractura social que afecta al país.
            Parece que la revolución -bonita, la adjetivó Chávez- se tambalea, pese a los respaldos que todavía se aprecian en concentraciones populares los cuales justifican y legitiman los resultados de las consultas electorales libradas a lo largo de los últimos años. Nadie puede negar que las políticas sociales del chavismo hayan representado un claro de esperanza y una mejora en las condiciones de vida de miles de venezolanos pero otros hechos, otros comportamientos y otros abusos han ido mermando la credibilidad de esas mismas actuaciones. Inevitablemente han conducido a un clima de radicalización social, a una bipolarización que se plasma en el encono que caracteriza la convivencia social.
            Se sabía que con Chávez ausente se abría una gran incógnita, pese a que la voluntad de continuidad del régimen era una evidencia. El presidente Maduro, sin el carisma ni el impulso constante de aquél (es verdad que teñidos de huidas hacia adelante en muchos casos), demostró flaquezas que no salvan frases hechas de discursos anticuados ni gesticulaciones inapropiadas. Venezuela vive así sobre el barril de pólvora al que una chispa puede volar en cualquier momento.
            La inseguridad ciudadana, el desabastecimiento de alimentos y productos básicos, las restricciones a los medios de comunicación, los fuertes desequilibrios económicos (la inflación anual ha llegado a ser del 56 por ciento) y la manifiesta debilidad productiva y competitiva de la empresa nacional de petróleos (PDVSA) tiñen de negro, de máxima incertidumbre cualquier salida a la crisis, cualquier escenario de porvenir  que se vislumbre.
            Las informaciones que llegan, desde luego, no invitan al optimismo. En el Gobierno ven amenazas golpistas tramadas en torno al imperialismo yanqui; los estudiantes –decisivos en otros procesos sociales de países que han vivido circunstancias similares- se resisten a un papel pasivo o secundario; surgen colectivos paramilitares o parapoliciales; hay líderes políticos encarcelados; la corrupción, como la inseguridad ciudadana, sigue al galope tendido; muchas personas disponen de armas, supuestamente para defenderse; las imágenes reflejan colas interminables ante mercados y centros de alimentación y últimamente en gasolineras; el desahogo social se refleja en multitudinarias marchas y concentraciones… ¿Cómo se puede vivir así?, se preguntarán y tienen toda la razón. El creciente descontento, la crispación social de los últimos meses está alcanzando niveles guerracivilistas.

            Parece que no se fían quienes discrepan del régimen chavista de las ofertas de paz social, diálogo y mano tendida que llegan desde la cúpula gubernamental. Eso acentúa la incertidumbre. Hay quien habla ya sin reservas de un cambio de régimen político, amparándose acaso en la gran incógnita que significa hasta cuándo podrá resistir la economía venezolana esta situación. 

sábado, 8 de marzo de 2014

ACCIDENTE EN LA BIBLIOTECA

Decididamente, no tiene suerte la nueva sede de la biblioteca municipal ‘Tomás de Iriarte’, en el Puerto de la Cruz. A las dificultades amontonadas desde que la obra terminó de ejecutarse y que han incidido en la demora para la apertura, se suma ahora un accidente interior en las conducciones de agua ocurrido hace pocas fechas. La rotura provocó inundaciones. Una primera evaluación de daños transmitida por la concejala-delegada, Verónica Rodríguez, señala que, por fortuna, no han repercutido en la estructura del edificio pero sí se ha visto seriamente afectado parte del mobiliario que ya había sido instalado, junto a anaqueles, suplementos y cajas de libros, en el proceso de puesta a punto.
            Una lástima, de verdad. Todo lucía tan flamante el día que la visitamos que no podemos por menos que entristecer ante las circunstancias sobrevenidas que obligarán a un gasto extra para afrontar las reparaciones correspondientes y a una nueva demora en la apertura. Una fatalidad, ciertamente.
            De ahí que se comprenda la desazón de la concejala, que ha luchado y lucha contra muchas adversidades en este mandato. Lo bueno de Verónica es que se repone. Cuando mostró las dependencias del edificio que hace esquina entre Pérez y Zamora y Puerto Viejo (antiguos juzgados) tenía todo el entusiasmo de quien sabe que va a estrenar algo que ha significado un gran esfuerzo y todo el temple de quien es consciente de que habrá de seguir timoneando para que luego la biblioteca preste los servicios que se espera, entre ellos, por cierto, el de sala de estudios, tan necesaria para alumnos, licenciados e investigadores que han de acudir a otras localidades para llevar a cabo las tareas que les son exigidas o encomendadas.
            La sala aparecía espléndida, luminosa y espaciosa. Como el área reservada a niños en la primera planta. Como las estancias dedicadas a actos y reuniones. El edificio y su interior tienen un aire de austera modernidad. Tiene, en definitiva, todos los elementos para disfrutar de su uso.
            Un reventón de tuberías interiores ha supuesto el enésimo contratiempo. Un inoportuno accidente. Los usuarios tendrán que esperar, ojalá que no mucho. Manos a la reparación y manos para la entrada en funcionamiento. La ciudad necesita esa biblioteca cuanto antes.

            Suerte.

viernes, 7 de marzo de 2014

VA DE LARGO

Va de largo el problema del suministro de agua en determinados distritos del Puerto de la Cruz. Pasan las semanas y los meses y no hay forma de normalizar la situación. Los periódicos hablan de catorce mil vecinos afectados. La tensión social se ha acentuado durante las últimas fechas. Es lógico: la gente paga tarifas altas por un servicio que se presta en malas condiciones y además ha de hacer un gasto extra adquiriendo agua embotellada para no correr riesgos. Protestas vecinales, comunicados, concentraciones y recursos a la desesperada como el de acudir al Diputado del Común. Por otro lado, discrepancias interadministrativas a propósito de los análisis practicados, de la calidad del agua y de la aptitud o no para el consumo. Hasta increíble resulta el reproche de un exceso de celo, tratándose ni más ni menos que de un problema de consumo. La verdad es que bastante bien han escapado las autoridades locales: los niveles y la dimensión de la crítica social no han podido ser más moderados ante la magnitud de lo ocurrido.


Que esto suceda en el Puerto de la Cruz del siglo XXI es inaudito. Todavía se recuerdan los reproches a los discursos basados en la sostenibilidad, a las actuaciones y a los proyectos con los que se quería impulsar ese concepto, homologándose a los grandes acuerdos adoptados en Copenhague, Aalborg o Hannover.

Y ahora, ya ven, semanas y meses con algo tan serio como un suministro básico al estilo compadre: bidones como provisional solución. Una estampa bastante alejada de la modernidad y de la calidad de vida. A la espera de que los responsables actúen con más eficacia. Y a la espera de que la presión social termine dando sus frutos.

Va de largo…

jueves, 6 de marzo de 2014

DESEMPLEO: NO A LA EUFORIA DESMEDIDA

La ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, no ha necesitado encomendarse a la Virgen del Rocío para apresurarse a cantar los buenos y positivos registros del desempleo el pasado mes de febrero.  Se destaca el hecho porque, en entregas anteriores, no hubo la misma celeridad. Ni el mismo tono triunfalista, desde luego. Sencillamente, no hubo tono.
         Pero ahora ha habido hasta opción por la señora ministra de afirmar que se está creando empleo neto. Y que las medidas adoptadas por el Gobierno han permitido frenar la sangría del desempleo y facilitar la incipiente creación de puestos de trabajo. Acabáramos. Que para eso se pone como ejemplo la positiva evolución del paro registrado: de crecer a un ritmo anual del 12,5% ha pasado a reducirse a un ritmo superior al 4,5%. Y por si había dudas, en términos desestacionalizados (terminología oficial), tras siete meses consecutivos de reducción, el paro descendió en febrero más cincuenta y cinco mil personas, la mayor bajada de la serie histórica de cualquier mes desde 1996. Aunque el hecho más relevante, a nuestro juicio, sea el nuevo crecimiento de la afiliación a la Seguridad Social, más de treinta y ocho mil seiscientas personas, hasta totalizar los dieciséis millones doscientas doce mil trescientas cuatro personas ocupadas.
         Hay que alegrarse de estos hechos positivos, incremento de empleo y afiliación al sistema, pero parece procedente, a la espera de confirmar tendencias y una clara recuperación de la productividad económica, no incurrir en una euforia desmedida pues quedan aún millones en situación desesperada y no terminan de despejarse los nubarrones del horizonte que indican la persistencia de problemas estructurales.
         No es bueno ese triunfalismo gubernamental sobre todo por el riesgo de caer en alguna contradicción flagrante, como por ejemplo, si hace dos años la cifra de cuatro millones cuatrocientos mil desempleados era tremenda y preocupante no, lo siguiente, que ahora con cuatrocientos mil parados más, el dato sea estupendo y esperanzador.
         Menos bueno resulta que se constate la pérdida de población activa en más de cuatrocientas mil personas, que haya menores prestaciones y que la cobertura de desempleo sea cada vez más notoria. Y tienen razón quienes hablan de un empleo cada vez más precario y mal pagado, como se conoció hace poco con la existencia de contratos de doce horas a quinientos euros. Con razón reciben medianamente alborozados estos datos los empresarios. La otra mitad, por cierto, la ponen Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), cuando ha reclamado al Gobierno de Rajoy que profundice en la reforma laboral para reducir los costes del trabajo -menos mal que precisó que no necesariamente rebajando los salarios sino los parámetros fiscales- y el comisario europeo de Mercado Interior, Michel Barnier, quien ha señalado que España aún debe eliminar obstáculos en su mercado de servicios.
         En definitiva, alegría, sí; pero sin campanas al vuelo.


miércoles, 5 de marzo de 2014

LOS HORARIOS, UN DESPROPÓSITO

En una entrevista concedida a la agencia EFE, el director de La Ventana (Cadena SER), Carles Francino, califica de despropósito la deslocalización de los horarios futbolísticos.
            Lejos están aquellos tiempos en que a las tres en punto de la tarde, hora insular canaria, comenzaban Domingo Deportivo Español, Tablero Deportivo, Carrusel Deportivo, Tiempo de Juego…, los grandes espacios radiofónicos de las tardes de los domingos o festivos, que se prolongaban hasta el anochecer o finalizaban cuando se iniciaba el partido televisado de la jornada. Eran programas de una sincronización asombrosa, hechos con medios técnicos rudimentarios pero en los que rara vez fallaban las conexiones y en los que si había que enviar la señal desde una azotea  (“desde los aledaños del estadio Santiago Bernabéu”, llegaron a decir el gran Matías Prats o Martín  Navas) pues se hacía, de modo que la cobertura y su continuidad, a un ritmo trepidante, seguían su curso, estaban garantizados. Todos los partidos, salvo excepciones (cuando había procesiones en Sevilla, en Semana Santa, se disputaban al mediodía), al unísono, con minutos finales emocionantísimos y los locutores de los estudios dando paso y con las sintonías que avisaban de goles llenando de incertidumbre las ondas y con los informadores pugnando por anticipar, desde cada campo, cualquier novedad que se produjera.
            Hay programas que se siguen emitiendo y hasta conservan sus perfiles más característicos pero como que les falta algún elemento, algo de la emoción que deriva de jugar a la vez y producir saltos de escenarios. Claro que han cambiado las cosas. El fútbol se plegó a todos los negocios posibles y entre sus servidumbres están las fechas y los horarios de conveniencia… para las televisiones. La UEFA los uniformó para sus competiciones europeas pero las expectativas abiertas en países asiáticos forzaron el comienzo de las grandes citas y de casi todas las convocatorias. Se interpretó que el mal menor, o sea, los menores perjuicios causados a los clubes cuyos equipos actuaban como locales era jugar a horarios diferentes. Organizaciones de competiciones y federaciones empezaron a hacer juegos malabares para evitar desequilibrios o compensar.
            Eso es lo que se llama la deslocalización horaria que ha incidido, claro, en las programaciones de cadenas y emisoras de radio, alterando programas o audiciones, cuando no, restringiendo y obligando a buscar horas o fechas alternativas. Y eso es lo que Francino califica como un despropósito que está causando un serio daño a todos, a la radio, a los oyentes y a los mismos espectadores que acuden a los estadios.
            Claro, cuando le plantean al periodista que los carruseles parecen “el opio del pueblo”, o lo que es igual, son unos depredadores que se comen cualquier programa informativo, musical, de entretenimiento, e incluso tertulias, aquél responde de forma tan gráfica como contundente:
            “Los depredadores son quienes toman la decisión de darles tanto alpiste. Yo soy un clarísimo partidario del deporte, de los carruseles, de otorgarles prioridad en momentos especiales. Pero no siempre. Hasta la langosta o el caviar te pueden acabar hartando si abusas de ellos. Es un tema para reflexionar con calma. Hay que encontrar el equilibrio pero es que a la locura nos han abocado también estos horarios televisivos tan nefastos”.
            Deben saberlo muy bien los departamentos comerciales y publicitarios de las emisoras. Y hasta en el de recursos humanos, si es que todavía contabilizan  horas trabajadas o registran dedicaciones y colaboraciones especiales, precisamente por culpa de esos horarios a conveniencia de las estructuras que procuran asegurar sus ingresos.

            Lo dicho: un despropósito. No será fácil pero es cuestión de hallar una solución.

martes, 4 de marzo de 2014

CIERTAS MEDALLAS

Menos mal que todavía quedan resquicios para las reacciones irónicas, de esas que por nada virulentas ni sañudas, causan gracia y abonan los terrenos del pesimismo y del escepticismo en busca de hechos más llevaderos. Cierto que el humor es cosa seria y que con determinadas situaciones, sobre todo por el respeto que inspiran ciertos motivos, hay que propender lo imprescindible al vacilón.
     Es el caso de la medalla al mérito policial concedida, con carácter honorífico, por el ministro del Interior a la Virgen María Santísima del Amor, solicitada por la cofradía Nuestro Padre Jesús el Rico y María Santísima del Amor. Interior justificó el reconocimiento por “la colaboración policial” prestada históricamente por la cofradía.
En el Estado aconfesional, pasen las respetables creencias del ministro y hasta su militancia opusdeísta si la hubiere. Pasen nombramientos y honores a deidades y hasta invocaciones discursivas en pregones y similares. Pero resulta discutible, cuando menos, esta singular atribución de honores. Ahí tenemos, sin ir más lejos, la manifestación pública del Sindicato Unificado de Policía (SUP), disconforme con la decisión, calificada de “burla”, pues se trata del máximo reconocimiento a la labor policial y que se suele reservar a los agentes caídos víctimas de acciones terroristas.
Pero en las redes sociales se ha producido una reacción del carácter apuntado al principio: change.org, una organización que acoge en la red, libre y públicamente, peticiones de distinta condición social, promueve una campaña de recogida de firmas para que la misma medalla al mérito policial le sea concedida a Mortadelo y Filemón, dos personajes de cómic, supuestos detectives, creados por Francisco Ibáñez que no necesitan presentación. Más de cincuenta años llegando a varias generaciones y traducidas sus viñetas en varios idiomas, la argumentación de los solicitantes no puede ser más sencilla: la misma medalla para “estos personajes de ficción que desde 1958 vienen contribuyendo a ensalzar las bondades de la policía”. Ya se registran varios miles de firmas: a ver qué pasa cuando las presenten en la instancia correspondiente.
Es una curiosa y desenfadada reacción, aun cuando sus detractores pueden encontrar aristas para hacer ver lo contrario. Independientemente de las apreciaciones, habrá servido para hacer ver que no se debe ni exaltar ni frivolizar hasta extremos que terminen ridiculizando. Debió pensárselo mejor el ministro Fernández: esa mezcla de lo inmaterial con las cosas terrenales, aunque sean medallísticas, en la España de nuestros días ya ven a lo que se presta y hasta dónde llega.

País.

lunes, 3 de marzo de 2014

EN MAYO, EUROPA

Los estados mayores de las organizaciones políticas deben estar haciendo auténticos esfuerzos para motivar y movilizar a sus respectivos electorados. Estamos ya en marzo, cada vez más cerca del 25 de mayo, fecha en la que va a haber elecciones al Parlamento Europeo (PE); ya hay candidatos y candidatas para carteles -a la espera de las candidaturas completas y definitivas- y ya empiezan a circular los primeros reclamos y las primeras encuestas. Parece todo lejano y hasta poco estimulante pero hay que ser conscientes de la cada vez mayor influencia de las determinaciones que adopta la Unión Europea (UE) en el marco de nuestra convivencia.
            Entre esos esfuerzos está el combate contra la desgana, teórico sinónimo del abstencionismo que casi todo el mundo pronostica. La crisis también se llevó por delante la política y el ejercicio público de ésta se ha visto condicionado por factores de interés económico que la han hecho plegarse a dictados de los poderes económico-financieros hasta abrir enormes brechas de desigualdad social. En varios países, entre ellos España, la sucesión de casos de corrupción ha terminado por extender una mancha casi indeleble que ha contribuido a acentuar la desafección hacia la política. El creciente auge de los populismos extremistas, por otro lado, y las claras tendencias de fanatización o radicalismo, hacen que ese alejamiento sea cada vez más palpable.
            Pero todo eso no se resuelve con pasotismo o desentendimiento, por mucho afán de castigo que se tenga. Y la experiencia indica que las elecciones europeas han servido para experimentar: recuérdese el caso de Ruiz Mateos. Por lo tanto, Europa se juega lo suyo en esa cita con las urnas del próximo 25-M. Y no solo porque hay que ser consecuentes con los principios inspiradores de la UE sino porque es indispensable cultivarlos e impulsarlos con políticas que estén a la altura de las exigencias de una sociedad que no se conforma con mecanismos burocratizados de lento funcionamiento. La Unión Europea se robustecerá en cuanto sea capaz de madurar su unidad y su diversidad; en cuanto haga de la cohesión y el desarrollo un sólido programa de trabajo común favorecedor, sobre todo, de las clases medias y de los sectores más débiles; en cuanto los derechos y las conquistas de éstos queden consolidados y en cuanto los fundamentos básicos de libertad política y justicia social permitan recuperar la confianza de los ciudadanos.

            Igual resulta demasiado simplista pero en los comicios europeos de mayo la socialdemocracia se juega lo suyo como alternativa al modelo conservador que ha llevado al límite, durante una década, sus políticas restrictivas, generando una clara parálisis económica y un progresivo empobrecimiento. El crecimiento, la sostenibilidad, la creación de empleo, el mantenimiento de los derechos, el tratamiento de problemas tan serios como la inmigración y, en definitiva, la recuperación del Estado del bienestar deben ser los objetivos si las opciones progresistas recuperan la mayoría en la cámara europea. Con una meta clara: encontrar por fin una salida a la crisis, justa y duradera.

sábado, 1 de marzo de 2014

MARESÍA, LA PERSEVERANCIA DE SAN TELMO

Maresía, la plataforma que agrupa a ciudadanos de toda condición social, nativos y foráneos empeñados en salvar el muro del paseo San Telmo, mantiene la llama encendida. De hecho, es casi la única causa que despierta expectativas e inquietudes sociales en una ciudad acostumbrada a que su gente hable mucho aunque luego, a la hora de la verdad, de pasar a la acción, no corresponda, es más renuente y más inhibida. Lleva mucho tiempo acostumbrada a descansar responsabilidades en terceros, a que resuelvan otros.
    Maresía sigue sin arrugarse pese a las lentitudes burocráticas y la escasa receptividad de sus planteamientos en esferas administrativas. Y para acreditarlo, ha presentado en el Cabildo Insular de Tenerife un documento elaborado y coordinado por el historiador Nicolás González Lemus que serviría de base para la declaración del paseo como Bien de Interés Cultural (BIC). Con sus alegaciones tratarían de salvar el muro del que vienen circulando numerosísimas fotografías de muy distintas épocas que han inspirado una frase ya célebre: “Y el muro, siempre el muro”.
    El empecinamiento –a menudo, infundamentado- de quienes han venido negando valores históricos y sociales ha producido efectos contrarios. Empiezan a ser conscientes de ello: además de la investigación, bien avalada desde el rigor científico e histórico, está la sensibilidad que ha ido despertando hasta el punto de que cada domingo por la tarde –no importa si llueve o hace frío- son unos cuantos los que perseveran, allí, pegados al muro que empieza a ser el de la concordia, el de la salvación de un pasaje de la geografía urbana tal como lo quieren ciudadanos que así lo han demostrado con sus rúbricas, con sus alegaciones, sus concentraciones y su manifestación de aquel sábado al mediodía con la que hicieron ver a las autoridades que la cosa iba en serio.
    Los componentes del colectivo Maresía han cumplido entonces con lo que, en su momento, les pidió el presidente del Cabildo Insular, Carlos Alonso: “Si hay más pruebas para revisar el proyecto, preséntenlas”. Falta saber qué suerte corren y si son estimadas para la pretendida declaración de BIC; pero las fuentes que citan su construcción en 1767, las interpretaciones de su concepción y finalidad y los testimonios de quienes insisten en el sello de César Manrique en la reforma realizada en 1976 constituyen un corpus de notable solidez para tener en cuenta cualquier actuación que se quiera afrontar en el paseo.
    Para los integrantes de Maresía, después de recalcar que no hay lucro en su reivindicación, está en manos del presidente del Cabildo “evitar el destrozo de un vestigio histórico y patrimonial”. Solo unos pocos –y de ello sabe algo el ex gerente del Consorcio de Rehabilitación Turística, a quien se lo trasladamos personalmente- sabíamos que iba a ser una reivindicación cargada de amor a unas señas de identidad, además de otras razones si se quiere menos sentimentales. Podía dudarse de si, como otros hechos en el Puerto, podía agotarse o quedarse en el camino. Pero que iba a tener recorrido, seguro.

    El tiempo, a la espera de resoluciones, ha venido a dar la razón.