viernes, 1 de mayo de 2026

Un grande, Pardellas

 

Las ondas se han quedado huérfanas. Se ha apagado para siempre la voz inigualable de José Antonio Pardellas Casas, un grande de la radiodifusión canaria y española, con una sustancial aportación identitaria, <una hora menos en Canarias>, y una trayectoria profesional enriquecida a base de tesón y talento, factores que procuró inocular a todos los que trabajamos a su lado y aprendimos de su mesura y de su afán de superación.

Un día entró en nuestras casas, en blanco y negro, desde una incipiente y casi rudimentaria televisión hecha en las islas. Y así supimos de qué faz brotaba aquella voz que se hizo inconfundible y habitaba en ‘El oyente programa’ o ‘La hora del soldado’, títulos de programas que popularizó porque él estaba al frente con un aire estimulante para la radio de entonces y que se notaba hasta en la lectura a su cargo de los  boletines informativos horarios.

Su currículum, desde luego, refleja la valía de su trayectoria y de sus logros. Dejemos constancia de algunos de ellos: Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de La Laguna, y Máster en dirección de empresas audiovisuales por la Universidad Complutense de Madrid. Ejerció como director de la Red de Emisoras Territoriales, con sede en Madrid, tras el proceso de fusión de Radio Nacional y RadioCadena Española. Miembro de la Academia Española de las Ciencias de la Radio. Está en posesión de los premios 'Ondas' y 'Canarias' de comunicación y del “Patricio Estévanez” que concede la Asociación de Periodistas de Tenerife (APT), en reconocimiento a una trayectoria profesional.

En su día, estuvimos pendientes del nacimiento y las primeras emisiones del Centro Emisor del Atlántico, desde el monte de Las Mesas y los estudios de la antigua calle del Norte (Valentín Sanz). Allí hacían aquellos espacios programas que se fueron haciendo familiares, parte de la adolescencia misma, fortaleciendo la vocación por la comunicación, suplementados con ‘España a las 8’, ‘Novedades musicales’ y ‘Radiogaceta de los deportes’. Y con ‘El parte’, claro, (Diario hablado, era su denominación oficial), de inconfundible y memorable sintonía, que aparecía a las nueve de la noche (hora insular canaria) e interrumpía –por lo tanto, una sola señal en todo el país, con la obligación que tenían de conectar el resto de las emisoras- hasta la mismísima final de una competición deportiva si fuera menester. Las voces de Pardellas, Mariano Vega, Maite Acarreta, Carmen Báez, Montse Martínez, Arturo Rodríguez, Paco Álvarez Galván, José Antonio Cubiles, las hermanas locutoras García Álvarez… eran también de la familia, como las señales horarias.

Desde ahí, desde aquella condición de oyente impenitente, hasta la oportunidad de hacer radio desde las entrañas, desde los estudios de la calle San Martín (o La Marina, si se prefiere), en la capital tinerfeña, o desde 1º de mayo, en Las Palmas de Gran Canaria. Gracias a la confianza de José Antonio Pardellas que abrió una ventana (así se dice ahora, ¿no?) para que continuásemos aquella trayectoria que solo quebró el ejercicio de cargos públicos, siempre vinculados a la comunicación pública. Cuando apenas se empleaba el término en la radiodifusión española, hicimos, frecuencia semanal, ‘La Tertulia’, que se emitía los sábados al mediodía, una vez en plena jornada de reflexión electoral. El programa ganó (noviembre de 1990) el III Certamen Internacional de Periodismo JB con un trabajo titulado “La apuesta turística del futuro” en el que el eurodiputado Manuel Medina Ortega anticipó en directo, desde Bruselas, los contenidos de iniciativas legislativas específicas de ámbito comunitario aplicables en los territorios insulares de la futura Unión Europea (UE).

Y para los restos queda una conexión informativa desde el Puerto de la Cruz, apenas cinco minutos después del atraco a un furgón blindado en el que perdió la vida, víctima de unos disparos, uno los vigilantes (Siempre contamos que, en aquel momento, ofrecía el boletín horario desde los estudios el redactor Joaquín Martínez del Reguero con quien desde hacía alguno tiempo nos desunía una enemistad. Ese día, los dos hicimos gala de profesionalidad: él dio paso desde el estudio con naturalidad, sin mediar explicaciones, y nosotros correspondimos con los primeros datos de aquel suceso que luego recorrieron, en forma de flashes y ampliaciones sucesivas, otras muchas emisoras y medios de toda España. Causó, por lo infrecuente de las circunstancias, un auténtico impacto).

La de Pardellas, pues, es toda una vida dedicada a la radio. Un compromiso fehaciente que fue puliéndose con solvencia. Se ganó el respeto de todos. Las huellas de su voz están por todo el espectro, por todos lados. Atento a la evolución del medio, supo siempre estar a la altura de las exigencias que iban surgiendo con las nuevas modalidades. Si siempre se ha dicho que la radio sabía de salir de las amenazas y de las crisis que sobre ella se cernían, José Antonio Pardellas es un ejemplo viviente de ello.

Como que aún se recuerda aquella despedida reflexiva de la programación diaria, con la que íbamos a dormir al filo de la media noche: “Sombras, palabras, sonidos y hasta mañana Atlántico”.