Las ondas se han quedado huérfanas. Se ha
apagado para siempre la voz inigualable de José Antonio Pardellas Casas, un
grande de la radiodifusión canaria y española, con una sustancial aportación
identitaria, <una hora menos en Canarias>, y una trayectoria profesional
enriquecida a base de tesón y talento, factores que procuró inocular a todos
los que trabajamos a su lado y aprendimos de su mesura y de su afán de
superación.
Un día entró en nuestras casas, en blanco y negro, desde
una incipiente y casi rudimentaria televisión hecha en las islas. Y así supimos
de qué faz brotaba aquella voz que se hizo inconfundible y habitaba en ‘El
oyente programa’ o ‘La hora del soldado’, títulos de programas que popularizó
porque él estaba al frente con un aire estimulante para la radio de entonces y
que se notaba hasta en la lectura a su cargo de los boletines informativos horarios.
Su
currículum, desde luego, refleja la valía de su trayectoria y de sus logros.
Dejemos constancia de algunos de ellos: Licenciado en Geografía e Historia por
la Universidad de La Laguna, y Máster en dirección de empresas audiovisuales
por la Universidad Complutense de Madrid. Ejerció como director de la Red de
Emisoras Territoriales, con sede en Madrid, tras el proceso de fusión de Radio
Nacional y RadioCadena Española. Miembro de la Academia Española de las
Ciencias de la Radio. Está en posesión de los premios 'Ondas' y 'Canarias' de
comunicación y del “Patricio Estévanez” que concede la Asociación de
Periodistas de Tenerife (APT), en reconocimiento a una trayectoria profesional.
En su
día, estuvimos pendientes del nacimiento y las primeras emisiones del
Centro Emisor del Atlántico, desde el monte de Las Mesas y los estudios de la
antigua calle del Norte (Valentín Sanz). Allí hacían aquellos espacios
programas que se fueron haciendo familiares, parte de la adolescencia misma,
fortaleciendo la vocación por la comunicación, suplementados con ‘España a las
8’, ‘Novedades musicales’ y ‘Radiogaceta de los deportes’. Y con ‘El parte’,
claro, (Diario hablado, era su denominación oficial), de inconfundible y
memorable sintonía, que aparecía a las nueve de la noche (hora insular canaria)
e interrumpía –por lo tanto, una sola señal en todo el país, con la obligación
que tenían de conectar el resto de las emisoras- hasta la mismísima final de
una competición deportiva si fuera menester. Las voces de Pardellas, Mariano
Vega, Maite Acarreta, Carmen Báez, Montse Martínez, Arturo Rodríguez, Paco
Álvarez Galván, José Antonio Cubiles, las hermanas locutoras García Álvarez…
eran también de la familia, como las señales horarias.
Desde
ahí, desde aquella condición de oyente impenitente, hasta la oportunidad de
hacer radio desde las entrañas, desde los estudios de la calle San Martín (o La
Marina, si se prefiere), en la capital tinerfeña, o desde 1º de mayo, en Las
Palmas de Gran Canaria. Gracias a la confianza de José Antonio Pardellas que
abrió una ventana (así se dice ahora, ¿no?) para que continuásemos aquella
trayectoria que solo quebró el ejercicio de cargos públicos, siempre vinculados
a la comunicación pública. Cuando apenas se empleaba el término en la
radiodifusión española, hicimos, frecuencia semanal, ‘La Tertulia’, que se
emitía los sábados al mediodía, una vez en plena jornada de reflexión
electoral. El programa ganó (noviembre de 1990) el III Certamen Internacional
de Periodismo JB con un trabajo titulado “La apuesta turística del futuro” en
el que el eurodiputado Manuel Medina Ortega anticipó en directo, desde
Bruselas, los contenidos de iniciativas legislativas específicas de ámbito
comunitario aplicables en los territorios insulares de la futura Unión Europea
(UE).
Y para
los restos queda una conexión informativa desde el Puerto de la Cruz, apenas
cinco minutos después del atraco a un furgón blindado en el que perdió la vida,
víctima de unos disparos, uno los vigilantes (Siempre contamos que, en aquel
momento, ofrecía el boletín horario desde los estudios el redactor Joaquín
Martínez del Reguero con quien desde hacía alguno tiempo nos desunía una
enemistad. Ese día, los dos hicimos gala de profesionalidad: él dio paso desde
el estudio con naturalidad, sin mediar explicaciones, y nosotros correspondimos
con los primeros datos de aquel suceso que luego recorrieron, en forma de
flashes y ampliaciones sucesivas, otras muchas emisoras y medios de toda
España. Causó, por lo infrecuente de las circunstancias, un auténtico impacto).
La de
Pardellas, pues, es toda una vida dedicada a la radio. Un compromiso fehaciente
que fue puliéndose con solvencia. Se ganó el respeto de todos. Las huellas de
su voz están por todo el espectro, por todos lados. Atento a la evolución del
medio, supo siempre estar a la altura de las exigencias que iban surgiendo con
las nuevas modalidades. Si siempre se ha dicho que la radio sabía de salir de
las amenazas y de las crisis que sobre ella se cernían, José Antonio Pardellas
es un ejemplo viviente de ello.
Como que
aún se recuerda aquella despedida reflexiva de la programación
diaria, con la que íbamos a dormir al filo de la media noche: “Sombras,
palabras, sonidos y hasta mañana Atlántico”.
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