Coincide este período primaveral de mayo-junio, tradicionalmente de baja ocupación hotelera en el que
las empresas aprovechaban para remozamientos y reformas, con el cierre de un
hotel en el Puerto de la Cruz, el Magec, un clásico, construido en los años
setenta del pasado siglo en pleno centro de la ciudad cuando ya Martiánez
estaba agotando su espacio para edificaciones turísticas.
El Magec, en
efecto, de cuatro estrellas, tiene cuarenta y cinco años de antigüedad, más de
ciento ochenta habitaciones. Cuarenta y un trabajadores se quedan sin empleo.
Hasta hace unos días, según publica Gabriela Gulesserian, que está siguiendo el
caso en Diario de Avisos, poco había podido hacer el comité de empresa,
integrado por miembros de UGT y Sindicalistas de Base (SB), no para evitar el
cierre sino para tramitar la situación de desempleo. Qué triste y qué
preocupante. Que a estas alturas del mandato, con la experiencia acumulada,
todavía haya dudas, impedimentos, incapacidades e irresponsabilidad para tratar
una situación de este tenor, con repercusión directa en los trabajadores y en
el destino, es nada edificante.
Es evidente la
debilidad de ciertas estructuras que soportan la industria turística. En otros
tiempos, la reacción de la propia clase trabajadora hubiera sido distinta,
cuando menos, más solidaria. Pero se nota que crece el desinterés. Y hasta la
cobertura informativa también sería diferente, independientemente de las
capacidades de movilización y de proyección. Si un cierre de hotel, sin
consecuencias jurídicas y de las otras, se disuelve cual azucarillo, sin nada,
sin voces que expresen una tibia protesta y sin trámites elementales, es que
vivimos en una frágil burbuja. A saber qué pasaría si hay más cierres…
Escribe
Gulesserian que los motivos del cese de la actividad responden a la imposibilidad
de continuar un negocio, de mantener los puestos de trabajo y de atender las
obligaciones salariales ante la finalización del contrato de alquiler de
industria. Y luego detalla: “La opinión de los y las trabajadoras es diferente.
“Si hubiese entregado las llaves en su momento la situación no hubiera llegado
hasta el extremo actual”, sostienen, y también apuntan hacia la propiedad por
no querer subrogarlos en otros hoteles. “En enero tardó en abonarnos el sueldo,
nos hizo un ingreso de 500 euros el día 5 a las 21.30 horas, con gente
esperando a último momento para comprarle los reyes a sus hijos, hemos cobrado
en dos veces, los meses de marzo y abril todavía nos lo debe y también 5 días
de mayo”, precisan las mismas fuentes. La administración del establecimiento no
lo niega y recalca que se pudo hacer con un gran esfuerzo económico.
En la calle y sin
llavín, rezaba aquel viejo dicho. Así quedan los trabajadores. Siempre pierden
los mismos.
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