miércoles, 20 de mayo de 2026

Horas críticas

 

Horas críticas para el socialismo español. La imputación judicial de ayer al que fuera presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, es un golpe a la línea de flotación política. Normal que buena parte de la sociedad quedara en estado de shock. Poca broma,  presidente. Los síntomas del shock incluyen malestar general, cansancio, mareo, cambios en el color y la tempretaura de la piel, que se vuelven más fríos y pálidos, según una elemental y  apresurada descripción médica. La imputación de los delitos que se le atribuyen y su naturaleza es un hecho delicado, ante el que hay que mantener, desde luego, la presunción de inocencia.

Pero el daño ya está hecho y todas las declaraciones a partir de ahora -las propias y las de la organización política a la que pertenece- van a remolque y, lo que es peor, no gozarán de credibilidad hasta que, blanco sobre negro, se demuestre que tal acusación, tal comisión delictiva, es falsa. Mucho y bien tendrá que obrar, jurídica y políticamente, para intentar equilibrar la situación. El objetivo entraña una dificultad mayúscula. Tarea de titanes.

Por ahora, las imágenes no pueden ser más desconsoladoras. Y si se escribe, traumatizantes, también vale. Siempre son llamativas pero esas de la irrupción de fuerzas y cuerpos de seguridad en oficinas y despachos, incluso en dependencias de empresas supuestamente afectadas o vinculadas, impactan a gran escala.

A la espera de que la justicia haga su trabajo, la política nacional, sus actores políticos, tienen que esforzarse en adoptar medidas para una madurez que no alcanzarán hasta que se produzcan cambios sustanciales en la mentalidad, en el comportamiento cívico y ético y en el modus operandi. Por supuesto, en el partido hay que funcionar de otra manera: la militancia, la gente rechaza no los liderazgos, sí el cesarismo, el irrespeto a los órganos, las tendenciosidades que socavan los fundamentos ideológicos, la progresiva pérdida de valores y la dependencia de factores externos que desnaturalizan y desprestigian. La militancia y la gente quiere sentirse útil y formar parte del equipo de una manera proactiva. Menos fotos, menos postureo, menos exhibicionismo, menos sandeces, menos liviandad y menos ligerezas; y más participación proactiva, más atención a inquietudes y sensibilidades mínimamente dotadas.

“Cuidad ese partido, Carlos, que es un bien de Estado”, le espetó Abril Martorell a Carlos Solchaga en un debate hace ya muchos años, cuando la corrupción y las irregularidades sistemáticas eran males de otros. Entonces, nunca se pensó que alcanzarían estas escalas.

El socialismo español seguía ayer tarde aturdido. Se contrastaba en las primeras reacciones. Los poderes fácticos, los de toda la vida, escarban y escarban sin cesar. Buscan el estado gangrenoso. Y ansían (sin exagerar) la liquidación.

Tan difícil es liberarse de aquéllos como regenerar el propio organismo.

Pero está obligado a intentarlo siquiera para aprender de errores y superar tribulaciones.

El proceso está en marcha. En horas críticas.

No hay comentarios: