viernes, 8 de mayo de 2026

El peor nivel

 

Ha empeorado el marco legal, los indicadores económicos se han debilitado desde el punto de vista estructural, se acentúa el impacto de la polarización política sobre el contexto sociocultural y la hostilidad hacia los periodistas, que también afecta al indicador de seguridad, solo sigue aumentando… Con estos elementos, el escenario de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2026, confeccionada por la organización Reporteros sin Fronteras (RsF) no puede ser más inquietante. Algunos dirán que exageramos pero la democracia -allí donde se mantiene o subsiste- está en peligro. Uno de esos pilares, la libertad de prensa, está claramente amenazado a tenor de dicha clasificación y de las causas que la sustentan.

Si nos detenemos en la situación de nuestro país, España desciende en 2026 hasta el puesto 29, seis posiciones por debajo del año anterior, con una puntuación global de 75,42 puntos (-1,93), frente a los 77,35 puntos y el puesto 23 de 2025. Este retroceso trae causa de un deterioro generalizado en todos los indicadores analizados en la investigación de RsF. En los relativos a España, se suman el agravamiento de la salud económica del sector y de la precariedad laboral, el “lawfare” contra periodistas (término que proviene de la combinación de los vocablos ingleses ‘law’ (ley) y ‘warfare’ (guerra) y se traduce como guerra o persecución judicial. Se utiliza para describir acciones legales emprendidas como parte de una campaña contra un país, grupo o persona con el objetivo concreto de desacreditar, inhabilitar o perseguir políticamente a un adversario. En España, por cierto, no es un concepto jurídico formal sino un término importado del ámbito anglosajón que se ha incorporado al debate político), más -recuperando la relación de los motivos del deterioro- la politización de los medios (incluidos los públicos), y el aumento de la violencia contra profesionales de los medios, especialmente las mujeres.

El informe de esta organización desglosa los indicadores político y económico. Señala que en España el indicador político baja hasta los 71,25 puntos (-1,21), con una caída de dos posiciones hasta el puesto 28. Por supuesto, la frontera entre información y opinión se desdibuja y debilita los estándares profesionales. La tendencia afecta al conjunto del sistema mediático, merma su credibilidad e incluye a los medios públicos tanto nacionales como autonómicos) donde la información como entretenimiento hy los sesgos políticos tienden a consolidarse en detrimento del rigor, la independencia editorial y el pluralismo.

Así lo han denunciado organismos profesionales como los consejos de informativos de RTVE, cuestionados por la presidencia de la corporación; una situación que preocupa a Reporteros sin Fronteras y contraviene el espíritu del Reglamento Europeo sobre la Libertad de los Medios de Comunicación (EMFA), con el que se ha comprometido el Gobierno. Tampoco las radiotelevisiones autonómicas se libran de esta politización la cual vulnera su misión de servicio público, erosionando la confianza ciudadana y contribuyendo a un clima de hostilidad hacia el periodismo por el que todos los medios –públicos o privados– se culpan entre sí, sin hacer autocrítica ni respetar colectivamente prácticas deontológicas comunes por el bien de la profesión.

Por lo que respecta al indicador económico, registra uno de los descensos más acusados, situándose en 55,67 puntos (2,39) y cayendo hasta el puesto 40 (-6), una posición que sitúa a España fuera del grupo de referencia de sus países vecinos de Europa occidental, evidenciando una debilidad estructural muy preocupante.

En fin, para Reporteros sin Fronteras, el sector mediático español se enfrenta a un reto existencial: la precariedad laboral está cronificada, los periodistas tienen crecientes dificultades para acceder a salarios dignos y los modelos de negocio se ven profundamente afectados por la competencia de las plataformas digitales, que han erosionado los ingresos tradicionales.

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