lunes, 1 de junio de 2026

Evasión informativa

 

Conceptuemos evasión informativa como el rechazo creciente hacia las noticias que, hoy en día, se ha convertido en un fenómeno que, según la profesora Ruth Palmer, en un análisis publicado por IE Insights, se está convirtiendo en un problema que trasciende la industria periodística y se da de bruces con la participación política y el funcionamiento democrático. Lo preocupante de la investigación de Palmer es que los jóvenes, las mujeres y los sectores más vulnerables son los grupos que más tienden a evitar la información periodística de forma continuada, “impulsados por la saturación informativa, la desconfianza hacia los medios y la sensación de que las noticias no afectan a su vida cotidiana”, según valoran en foros periodísticos.

En efecto, la citada investigadora sostiene que el fenómeno ya no afecta únicamente al negocio periodístico, sino también a la relación de amplios sectores sociales con la política, la vida pública y los procesos democráticos.

Palmer recuerda que distintos estudios han demostrado la relación entre el consumo de noticias y la participación política, pero señala que, pese a vivir en una época de acceso permanente a la información, el interés por las noticias ha descendido de forma notable y cada vez más personas las consumen menos o las evitan deliberadamente. Según explica, esta evasión prolongada y sistemática de la información periodística aparece con mayor frecuencia entre grupos menos privilegiados o más marginados socialmente, especialmente entre jóvenes, mujeres, personas con menos recursos económicos y ciudadanos poco interesados en la política.

Son varios los factores estructurales que inciden en este comportamiento.  Uno de los más importantes es la percepción de que las noticias son excesivamente negativas. Un vistazo a la actualidad informativa, no solo política, da la razón a la investigadora Palmer cuando señala que la cobertura continua de crisis, conflictos, escándalos y problemas genera cansancio y saturación informativa, agravados además por la exposición constante a contenidos a través de móviles y plataformas digitales. A ello se suma la desconfianza hacia los medios y la sensación de no saber qué fuentes resultan realmente fiables. Es la realidad cotidiana para cualquier consumidor habitual de información.

El análisis también destaca que parte de la audiencia considera que el lenguaje periodístico resulta difícil de entender, especialmente cuando aborda cuestiones políticas o económicas mediante tecnicismos o referencias complejas. Se puede deducir que muchas personas sienten que las noticias no afectan directamente a su vida cotidiana y que gran parte de la agenda pública se percibe como discusiones lejanas entre actores políticos desconectados de sus problemas reales.

En la siguiente síntesis, la profesora Palmer sitúa además este fenómeno en un escenario de creciente polarización política y emocional. Según explica, ya no se trata únicamente de discrepancias ideológicas, sino de una polarización afectiva en la que parte de la ciudadanía percibe al adversario político no solo como alguien equivocado, sino como una amenaza moral. Obsérvese cómo la convulsión que se aprecia en la agitada convivencia de nuestro país, equivale a la aparición de lo que se denomina como como “las tres I”: identidades, ideologías e infraestructuras, es decir, quién es cada persona, cómo interpreta políticamente el mundo y a través de qué canales consume información.

El análisis de Ruth Palmer plantea que “los medios deben reflexionar sobre cómo reconectar con quienes se han alejado del consumo informativo habitual”. La investigadora defiende que explicar de manera clara por qué una decisión política, un escándalo institucional o un cambio económico afecta directamente a la vida de las personas no supone “rebajar” el periodismo, sino hacerlo comprensible y socialmente útil. También apunta que muchos ciudadanos ya no acceden directamente a las cabeceras tradicionales y consumen información principalmente a través de redes sociales, plataformas digitales o formatos alternativos, por lo que considera necesario analizar qué elementos explican el éxito de algunos comunicadores y formatos no periodísticos entre determinadas audiencias.