domingo, 8 de febrero de 2026

'Rabo de gato', la corrupción está ahí

 

‘Rabo de gato’ (Ediciones Idea), de Carlos Cruz García, tuvo la presentación más inusual y original que se recuerda de un libro en el Grand Hotel Taoro del Puerto de la Cruz. Mediodía de un sábado radiante, la introductora/presentadora Raquel Toste (RTVC), la actriz Elena Bellsabat (del grupo teatral La Pandilla) y el ilustrador Jonás Hernández, autor de la impactante ilustración de la portada, dieron lustre, junto al autor, al alumbramiento de su cuarta novela.

Raquel preguntó con tino y hasta aportó algunas valiosas apreciaciones que sirvieron para acercar los contenidos de la obra. Elena interpretó con soltura a la Agatha Christie que recorrió aquellas dependencias, hoy flamantes en su apuesta vanguardista. Y Jonás fue disculpado por llegar tarde cuando le tocó explicar aquella composición del escudo deportivo, la justicia tuerta, la efigie teideana y el impacto -se supone que de bala- en el cristal adecuadamente enmarcado.

Y Carlos, con sus padres presentes, feliz, naturalmente.

‘Rabo de gato’ -dijo- es la mejor metáfora para establecer un paralelismo con la corrupción. Esa que envuelve y de la que te haces una idea hasta que la descubres, aquí, en la isla, con sus aristas y sus pliegues, en las páginas de la novela. Aquel rabo de gato que no existía en caminos, jardines o barrancos hasta que invadió y proliferó ya en los años ochenta del pasado siglo.

Ahí irrumpe la Agatha Christie a la que el municipio dedica un festival internacional que es admirado en todos lados menos en el Puerto. Qué se va a hacer. Interroga -faltaría más- al “señor Cruz” autor, hasta hacerla confesar que ha vuelto a morir otra vez -de envidia, ahora- después de rondar aquellos pasillos (los del hotel, claro) durante mucho tiempo, en los que pululan unos cuantos personajes de esta historia, apunta Cruz.

‘Rabo de gato’ es una novela de corrupción política y de violencia institucional. Y aunque su final, pese a todo, es optimista hay que interpretar las faces de Sara, la policía protagonista, sobre las que el escritor y la introductora indagan sus expectativas profesionales tras asumir su destino. Las páginas de esta historia de corrupción y de dinero -cuyo rastro hay que seguir- generan hasta un cierto coqueteo con la transparencia. Y es cuando confiesa Cruz que los personajes femeninos tienden a esclarecer la  verdad: se lo pregunta al final del libro que, de alguna manera, pone sobre la mesa reflexiones y desafíos.

Toste señala que en la obra hay abundancia “de canarismos y esloganismos”, como si se quisiera hacer más asequible o familiar la lectura. Pero Cruz es rotundo al afirmar que en las páginas de su obra “se juega al patriotismo más rancio”. Pese a todo, una idea reiterada: hay un mensaje de resiliencia, o sea, ánimo, ganas y talento frente a factores perturbadores o adversidades sucesivas. En cualquier caso, la preocupación del escritor, como destacó Raquel Toste, es cohonestar con los personajes.

Y así esta ‘Rabo de gato’, novela, atrae desde el principio, porque aunque el texto parezca largo, propicia que imaginemos o indentifiquemos paisajes, situaciones y personajes y hayamos disfrutado, como si de un sabroso aperitivo se tratase,  de una presentación desacostumbrada.

 

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