La zafra de las productoras, por
emular algún dicho antiguo cuando se tomaba alguna decisión relevante que iba a
repercutir en el desenvolvimiento cotidiano y generaba supuestos beneficios
para ciertos colectivos profesionales.
El compañero Paco Almagro nos acerca
a la cruda realidad de lo que ocurre en el ámbito del periodismo y la
comunicación en las latitudes más cercanas en un texto días pasados publicado
en elblogoferoz.com, cada día más visitado por cierto. Almagro se ocupa
de las productoras que vienen a ser empresas especializadas (no importa
pequeñas o medianas) en la creación, planificación, gestión y ejecución
integral de contenidos visuales y sonoros, como películas, documentales,
anuncios y confección de programas, por lo general de entretenimiento. Abarcan
desde la concepción de la idea (preproducción), el rodaje (producción) hasta la
edición final y montaje (postproducción).
El bloguero se refiere al baile de
los presentadores, a los excesos laborales y a las precarias condiciones en que
muchos trabajadores de las productoras desarrollan su cometido. Por emplear las
expresiones de Almagro: “…Más horas que un tonto, con miles de kilómetros
semanales a sus espaldas, mal comidos, mal dormidos y poco re conocidos”.
Luego se formula una pregunta, la gran cuestión: ¿Y quién
vigila? Porque, claro, “algunas productoras de televisión, llegadas a estas tierras al
calorcito de jugosos y millonarios contratos de producción de contenidos para
lo público, no dudan en putear de mala manera a sus empleados sin que nadie les
tosa”. Parece que el desequilibrio territorial se inclina a favor de Gran
Canaria, de forma cada vez más acusada.
Y ahí se abre entonces un escenario en el que se mezclan los horarios, las liquidaciones injustas y hasta la mismísima salud mental. “Todo el mundo lo sabe -escribe Almagro- pero nadie abre la boca. Nadie quiere saber nada. Nadie quiere –por lo que parece– meterle las cabras en el corral a estas productoras que vienen a ordeñar todo lo que puedan de sus onerosos contratos públicos, puteando a sus empleados, obligándoles a comer en sus puestos de trabajo (mientras editan un reportaje que él mismo ha grabado esa mañana, junto a otros dos o tres más). Empleados que computan horas extras por un tubo, pero que nadie se las paga. Empleados, buena gente y mejores profesionales, que acaban aburridos de la explotación que sufren en suscarnes y acaban abandonando la empresa y, lamentablemente, el sector. Empleados que, en algunos casos, son chantajeados para que firmen un documento en blanco, por si hay que echarlos más adelante con cuatro perras. Empleados que, al irse, acaban llevando a las productoras al juzgado para sacar al final unos pocos de miles de euros que tienen que repartir con abogados y procuradores”.
Dsolador
panorama, desde luego. A quienes venimos luchando desde hace años por mejores
condiciones sociolaborales en el sector, este marco es preocupante. Y lo
siguiente también. Es una triste historia que se va escribiendo como un ‘blues’
repetitivo que se apaga hasta aburrir.
Así, no es de
extrañar que haya profesionales en manos de psicólogos, destrozados y
destrozadas, sin querer saber nada de un medio que les apasionó en su día y de
un sector que se desangra, por mucho que saquen pecho por ahí, presumiendo de
contratos efímeros para producciones de cine y tele que, al acabar, manda a
todo el mundo proa al marisco.
Paco Almagro
concluye atinadamente: “El que pueda, sepa y tenga ganas, que le eche un ojo a la cosa y le ponga orden y mesura”.
Porque el Informe anual de la Plataforma del Consejo de Europa para reforzar la
protección del periodismo y la seguridad de los profesionales recoge que
“España
se sitúa entre los Estados europeos con condiciones laborales “muy malas y
precarias” para los periodistas, junto a Croacia, Grecia, Hungría, Malta y
Rumanía”
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