martes, 11 de agosto de 2026

Tensión entre España e Italia

 

Mientras se sigan viendo las imágenes de los sucesos de Ceuta, difícilmente se suavizará la tensión entre España e Italia que afecta a flujos turísticos y que se trata de resolver en los aeropuertos que las conectan. Es difícil entenderlo y luego aceptarlo, mientras queda al desnudo la fragilidad de los socios de la Unión Europea (UE): España sufre un ataque a su integridad territorial e Italia, en lugar, solidarizarse y ayudar (recuérdese aquel episodio de Lampedusa, hace unos años), lo que ha hecho es pedir ls suspensión de la libertad de movimientos que garantiza el tratado de Schengen y encabezar una discutible iniciativa diplomática encaminada a que veintiún países europeos cuestionen la política de inmigración de España. Las repercusiones, pese al vacacional y festivo agosto, se traducen en controles especiales que el ejecutivo italiano lleva a cabo con los viajeros procedentes de España con el argumento de proteger su seguridad. Y el Gobierno de Pedro Sánchez corresponde. Pero esa no es la vía mejor escogida, según algunos medios y observadores internacionales.

Pareciera que asistimos a una confrontación ideológica, alentada principalmente por la primera ministra italiana, preocupada como está con recuperar apoyos sociales para superar la pérdida de credibilidad. Los hechos, desde Ceuta y sus circunstancias, están poniendo en evidencia que la  brecha alrededor del imprevisible fenómeno migratorio alentado por los partidarios del cuanto peor, mejor, se va agrandando.

La confrontación no está siendo encauzada y mucho menos resuelta por la vía diplomática. Hay que esforzarse para hacerlo. Para eso están las instituciones y los foros internacionales. Porque los países del contencioso tienen mucho que perder, desde luego.

 

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