lunes, 9 de febrero de 2026

Acabar con la impunidad en las redes

 

Conectamos con Antonio Papell en varias ocasiones desde la Redacción de Diario de Avisos, cuando surgía alguna dificultad técnica -eran aún tiempos de teletipos y fax- en la recepción de su artículo enviado desde la agencia Colpisa. Leopoldo Fernández, director, se empeñaba -a veces, a deshoras, pero era su deber- en su inserción y había que buscar huecos y ajustar extensión para lograrlo.

Papell fue siempre un periodista y escritor muy juicioso, además de ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Aún hoy se prodiga en apariciones televisivas en las que siempre destila una opinión bien argumentada y muy respetable. Fue editorialista y jefe de colaboraciones en Diario 16. Como la que hemos leído recientemente en el digital “Huffpost” a propósito de una declaración del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, sobre las intenciones de poner fin a la impunidad en las redes sociales y “a limitar su impacto sobre la juventud, particularmente sensible a unas conductas incívicas e inmorales que encuentran en las redes su cauce, su cultivo y su expansión”, escribe Papell.

Se podrá preguntar cualquiera ¿quién le pone puertas al campo? dada la controversia y la dificultad para llevar a cabo tal iniciativa. Pero el primer ministro australiano, Anthony Albanese, ya lo está intentando con una medida taxativa: impedir que lo0s menores de dieciséis años mantengan cuentas activas.  Meta, por ejemplo, ha eliminado casi quinientas cincuenta mil cuentas en sus redes en las escasas semanas que han transcurrido desde la entra en vigor de la norma. Y el presidente de la República de Francia, ha mostrado también gran interés en avanzar por el mismo camino, de modo que la Asamblea Nacional ya ha aprobado un proyecto de ley para para prohibir a redes sociales a menores de quince años y hasta para restringir la promoción de productos que puedan dañar su salud física o mental. El Reino Unido no quiere quedarse atrás y ya están evaluando regulaciones similares, involucrando a los padres. Antonio Papell parte de la premisa siguiente: en efecto, las redes sociales son un hervidero maloliente de desinformación, incitación al odio, invectivas personales intolerables, amenazas y chantajes, pornografía de todas clases, etcétera. Y puede decirse perfectamente que estas figuras que constituyen en la mayoría de los casos claros ilícitos penales serían perseguidas de oficio si no estuvieran inscritas en el mundo digital. La razón de la indignante impunidad, con su lógico efecto contagio y contaminante, señala Papell, es el anonimato que predomina en las redes. Y este es el asunto vertebral que habría que corregir si de verdad se quiere que se aprovechen todas las potencialidades de las nuevas tecnologías, que son patrimonio de toda la comunidad humana, y que se expulse de ellas a los delincuentes que las utilizan para delinquir. Para el veterano comentarista, "la única solución realista -y verdaderamente decente- al problema planteado sería establecer la inexorable obligación de que todos los usuarios de las redes estén fidedignamente identificados".

Se trataría de emplear, por ejemplo, unas credenciales inviolables establecidas para este fin. Por este procedimiento, las redes quedarían sometidas al estado de derecho, al imperio de la ley. Un sometimiento que no tiene nada de esclavizante ni de antidemocrático sino al contrario. Los anónimos siempre fueron perturbadores en cualquier esquema de convivencia. Antonio Papel concluye que “en absoluto se merma la libertad de expresión de la ciudadanía si tan solo se permite transitar por las redes a quienes estén dispuestos a poner en su propia boca sus propias palabras”.

 

No hay comentarios: