A Segundo
Almeida, periodista deportivo, radiofonista por antonomasia, le debemos la
oportunidad de abrir caminos en el ámbito deportivo de la provincia oriental y,
en concreto, de Las Palmas de Gran Canaria que en aquellos años lucía con
orgullo y sin discusión el liderazgo futbolístico de la Unión Deportiva Las
Palmas en el ámbito del fútbol canario. El fue quien nos dio entrada en los
micrófonos de Radio Atlántico, donde conducía un programa de título
inolvidable, ‘Todo deporte’, en el que interveníamos regularmente, incluso
durante el cumplimiento del servicio militar.
Su estilo
propio, inconfundible, era el de un relator comprometido que no ocultaba el
verbo encendido cada vez que la producción futbolística amarilla deslumbraba. Y
no fueron pocas veces. Al revés, su fútbol técnico, depurado, dotado de
apreciables movimientos tácticos de pizarra (Luis Molowny y Pierre Sinibaldi en
el banquillo, casi nada) y talento individual, brilló para que el locutor se
luciera, en ocasiones hasta el éxtasis. Casi cincuenta años transmitiendo
goles, resultados y avatares del fútbol amarillo, más de mil partidos -alguien
habrá hecho el recuento- vividos con una contagiosa vibración canaria que
buscábamos con ahínco, junto a otros estudiantes portuenses, en los tiempos
universitarios, cuando a La Laguna llegaban nítidamente las señales de las
emisoras de la isla de enfrente. Segundo Almeida, fallecido días pasados en la capital grancanaria, contagió sus relatos a quienes
nos conformábamos con la Segunda y la Tercera. Y con alguna eliminatoria copera
que el bombo caprichoso otorgaba en cada ejercicio.
Era la
excelencia de la locución deportiva que ya luciera cuando los juveniles,
aquellos ‘diablillos amarillos’, bajo la mano de don Luis, se proclamaron
campeones de España de la categoría y el renombre de la Unión Deportiva también
se extendiera en la madurez de la conquista UEFA europea. Y hasta cuando
narraba en Gran Canaria los partidos de la Unión Deportiva Lanzarote en
campeonatos regionales.
Progresivamente,
su voz se hizo icónica, sin exagerar. Tan indómita como maniática. Cuando
perseguía a algún jugador, le clavaba sus aguijones críticos de manera
inmisericorde. Recordemos a Justo Gilberto, a quien dejó de nombrarle en el
relato (“…la lleva el 8, centra el interior derecha a la zona de nadie…”), y a
Miguel Ángel, un extremo izquierdo muy veloz y de estilizado regate que terminó
por desesperarle.
Introdujo
en el relato e hizo comunes expresiones populares y coloquiales. Generaciones de aficionados de todas las
edades y de todos los credos seguían puntualmente sus transmisiones y el
tratamiento del hecho deportivo. Lo comprobamos cuando, junto con un joven
jurista no menos apasionado llamado Eligio Hernández (después Delegado del
Gobierno y Fiscal General del Estado), volcamos no pocas energías en aquellas
memorables controversias públicas referidas la defensa estructural de la lucha
canaria como disciplina deportiva que merecía ser gobernada desde las propias
islas. Segundo Almeida, que colgó el
micrófono allá por 2003, cuando había cumplido 70 años, ni siquiera vio
desteñido el amarillo cuando la Unión Deportiva descendió a Segunda B. Claro
que le podía a trances como ese y por eso se embarcó sin reservas en aquel
proceso de transformación de la entidad en Sociedad Anónima Deportiva (SAD) ya
en 1992.
El profesor
Javier Domínguez, autor del libro ‘Cien años de fútbol canario’, ha
destacado que Almeida era conocido por su estilo directo y combativo, y por su
inquebrantable compromiso con la defensa de la pureza de la UD Las Palmas. “Fue
mucho más que una voz en la radio: fue un estandarte de la libertad de
expresión y la voz canaria en los partidos radiados para varias generaciones de
aficionados”, ha escrito hablando de su solidez profesional y de su entrega
absoluta al oficio.
“Almeida no
concebía el periodismo como complacencia. Era capaz de señalar sin titubeos a
quien vulnerara su máxima de limpieza y honradez en la UD Las
Palmas. Con un carácter cercano y profundamente canario, hizo del acento
insular y de los canarismos una seña de identidad. Su manera de narrar, cargada
de emoción, fue durante años el cordón umbilical que unía a los aficionados con
la realidad del partido a través de las ondas”, ha explicado el profesor
Domínguez.
Por esa
razón, Segundo, sencillamente, era el primero.
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