sábado, 28 de marzo de 2026

El primero, Segundo

 

A Segundo Almeida, periodista deportivo, radiofonista por antonomasia, le debemos la oportunidad de abrir caminos en el ámbito deportivo de la provincia oriental y, en concreto, de Las Palmas de Gran Canaria que en aquellos años lucía con orgullo y sin discusión el liderazgo futbolístico de la Unión Deportiva Las Palmas en el ámbito del fútbol canario. El fue quien nos dio entrada en los micrófonos de Radio Atlántico, donde conducía un programa de título inolvidable, ‘Todo deporte’, en el que interveníamos regularmente, incluso durante el cumplimiento del servicio militar.

Su estilo propio, inconfundible, era el de un relator comprometido que no ocultaba el verbo encendido cada vez que la producción futbolística amarilla deslumbraba. Y no fueron pocas veces. Al revés, su fútbol técnico, depurado, dotado de apreciables movimientos tácticos de pizarra (Luis Molowny y Pierre Sinibaldi en el banquillo, casi nada) y talento individual, brilló para que el locutor se luciera, en ocasiones hasta el éxtasis. Casi cincuenta años transmitiendo goles, resultados y avatares del fútbol amarillo, más de mil partidos -alguien habrá hecho el recuento- vividos con una contagiosa vibración canaria que buscábamos con ahínco, junto a otros estudiantes portuenses, en los tiempos universitarios, cuando a La Laguna llegaban nítidamente las señales de las emisoras de la isla de enfrente. Segundo Almeida, fallecido días pasados en la capital grancanaria, contagió sus relatos a quienes nos conformábamos con la Segunda y la Tercera. Y con alguna eliminatoria copera que el bombo caprichoso otorgaba en cada ejercicio.

Era la excelencia de la locución deportiva que ya luciera cuando los juveniles, aquellos ‘diablillos amarillos’, bajo la mano de don Luis, se proclamaron campeones de España de la categoría y el renombre de la Unión Deportiva también se extendiera en la madurez de la conquista UEFA europea. Y hasta cuando narraba en Gran Canaria los partidos de la Unión Deportiva Lanzarote en campeonatos regionales.

Progresivamente, su voz se hizo icónica, sin exagerar. Tan indómita como maniática. Cuando perseguía a algún jugador, le clavaba sus aguijones críticos de manera inmisericorde. Recordemos a Justo Gilberto, a quien dejó de nombrarle en el relato (“…la lleva el 8, centra el interior derecha a la zona de nadie…”), y a Miguel Ángel, un extremo izquierdo muy veloz y de estilizado regate que terminó por desesperarle.

Introdujo en el relato e hizo comunes expresiones populares y coloquiales.  Generaciones de aficionados de todas las edades y de todos los credos seguían puntualmente sus transmisiones y el tratamiento del hecho deportivo. Lo comprobamos cuando, junto con un joven jurista no menos apasionado llamado Eligio Hernández (después Delegado del Gobierno y Fiscal General del Estado), volcamos no pocas energías en aquellas memorables controversias públicas referidas la defensa estructural de la lucha canaria como disciplina deportiva que merecía ser gobernada desde las propias islas.  Segundo Almeida, que colgó el micrófono allá por 2003, cuando había cumplido 70 años, ni siquiera vio desteñido el amarillo cuando la Unión Deportiva descendió a Segunda B. Claro que le podía a trances como ese y por eso se embarcó sin reservas en aquel proceso de transformación de la entidad en Sociedad Anónima Deportiva (SAD) ya en 1992.

El profesor Javier Domínguez, autor del libro ‘Cien años de fútbol canario’, ha destacado que Almeida era conocido por su estilo directo y combativo, y por su inquebrantable compromiso con la defensa de la pureza de la UD Las Palmas. “Fue mucho más que una voz en la radio: fue un estandarte de la libertad de expresión y la voz canaria en los partidos radiados para varias generaciones de aficionados”, ha escrito hablando de su solidez profesional y de su entrega absoluta al oficio.

“Almeida no concebía el periodismo como complacencia. Era capaz de señalar sin titubeos a quien vulnerara su máxima de limpieza y honradez en la UD Las Palmas. Con un carácter cercano y profundamente canario, hizo del acento insular y de los canarismos una seña de identidad. Su manera de narrar, cargada de emoción, fue durante años el cordón umbilical que unía a los aficionados con la realidad del partido a través de las ondas”, ha explicado el profesor Domínguez.

Por esa razón, Segundo, sencillamente, era el primero.

 

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