Lorenzo
Dorta, ex alcalde de Garachico y ex consejero del Cabildo Insular de Tenerife,
acompañado de su nieta, y Juan José González Iglesias, destacado profesional
del turismo, director de varios establecimientos y presidente del Club Maritim
de balonmano que llegó a militar en la División de Honor española, recibieron
al mediodía de ayer en La Laguna el reconocimiento de Calínico el día de su
decimooctavo aniversario.
Hasta
Aguere se fueron para evocar viejos tiempos, iniciativas, anécdotas y
promociones compartidas cargadas de compañerismo… y humanismo, que esa era la
característica principal de aquellas acciones en las que no había otro objetivo
que dejar muy en alto la bandera de Tenerife, acreditando una solvencia
profesional que admiraban en las islas y, si nos apuran, en toda España.
Eduardo
Solís, que es el coordinador de este colectivo turístico profesional avalado
por una sólida experiencia que ha favorecido el conocimiento y análisis del
sector en Canarias, se las ingenió para que les acompañara el artrista Moncho
Borrajo que ofreció una enésima demostración de cómo hay que improvisar en un
acto de este tipo, sencillo y modesto, pero cargado de emociones y
espontaneidad que también salieron a pasear mientras el gallego de nacimiento
pero isleño “de toda la vida, que para eso me captaron”, con su gracejo expreso, y Dorta, en espléndida
forma, ocurrente y dicharachero, hasta se permitía enseñar que con un solo
aplauso, uno solo, se podía rubricar una intervención hablada sin necesidad
posterior de medir la duración de la ovación, o sea, una forma muy original de
igualdad sobre la marcha y sin más explicación.
Por
cierto, que también recibió la insignia de Calínico Ramón Michán, siempre
sensible para mejorar el conocimiento de nuestra historia y de los antecedentes
del turismo en el Puerto de la Cruz y en la isla, como que sigue promoviendo un
hermanamiento entre el municipio portuense y la ciudad irlandesa de Waterford.
“¿Qué
pinta aquí un gallego, que no sabe casi nada, recitándole unos versos, que
escribió?”, era de una de las estrofas que Borrajo, nada perdido sino todo lo
contrario, dedicó a Lorenzo Dorta. Con su correspondiente respuesta verseada a
continuación: “Pues resulta que un amigo, que Juanjo Iglesias se llama, me
pidió que improvisara, un verso como Dios manda”. La conclusión también brilló:
“Y como hemos comido, y también hemos brindado, preferí traerlo escrito antes
que improvisarlo”. Lo que sí le salió del alma fue la primera estrofa de una
folía que refleja todo el amor y el afecto que el artista dispensa pero que
logramos memorizar. Perdón.
¡Cómo
han pasado lo años!, exclamaba Borrajo para condensar el pensamiento de los
asistentes que evocaban aquellos tiempos en que la actividad turística se vio
impulsada por un humanismo trepidante que ahora, muchos años después, hace gala
de una senectud dinámica y provechosa.
En
Calínico lo demuestran.
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