Los bulos siguen de
actualidad. Hay que escrutar y verificar la certeza de una noticia. Ya no es
cuestión de distinguir entre información y opinión, como debe exigirse y
hacerse sino de asegurarse de la veracidad.
Por eso, ahora que los bulos están más de actualidad que nunca, más que
el precio de la información, lo que debería preocuparnos es el coste de estar
desinformado. Durante mucho tiempo, se ha dado por hecho que la gente
desinformada lo estaba por falta de acceso a la verdad. Sin embargo, cada vez
es más probable que lo esté por un exceso de desinformación circulante. La veracidad y la
información de calidad son bienes tan escasos como el agua
potable en medio de una inundación.
Además de la verdad -escribe
Marta García Aller en El Confifencial- entre tanto ruido escasea también
otra cosa aún más importante: el contexto. Para estar informado, este es mucho
más importante que acumular bulímicamente titulares y declaraciones. La lucha contra la
desinformación no se puede librar con simples datos y
titulares. Se requiere un trabajo más sofisticado, porque la inercia mental a
creer ciertas cosas es más poderosa que nuestra capacidad de cambiar de opinión
en un mundo que está cambiando más rápido que nunca.
La postpandemia ha puesto a
prueba muchas capacidades humanas pero aún está por cristalizar la que nos
permita diferenciar y erradicar el arrastre de los bulos y sus efectos
demoledores, siquiera a máquina lenta. El valor para la sociedad de un medio de
referencia está en descubrir algo que hasta entonces permanecía oculto o fuera
del debate público. En medio del mayor período de incertidumbre de las
últimas décadas, el periodismo aporta las claves que nos explican qué está
pasando, pero también qué puede pasar en medio de esta crisis sanitaria,
económica y social.
Además de plural, la buena
información, la que huye de bulos y no se deja contagiar, también tiene como
misión la sencillez. Solo así se puede ayudar a entender mejor la complejidad.
Ante tantísima incertidumbre como la que estamos viviendo, en la que va
predominando la especulación (tira a ver qué sale), son especialmente importantes la información
científica y el análisis de datos para configurarse una idea del mundo que
vivimos.
De ahí que, coincidiendo con
García Aller, situar un tema en el debate
público, es también un deber de la información de referencia, más allá
de coyunturas y consecuencias de una crisis, la que sea. Estamos pagando un
alto precio por el funcionamiento de la maquinaria que fabrica bulos sin
escrúpulos. La credibilidad va menguando a pasos agigantados. Hay que ser
conscientes de ello. Un medio de referencia aporta algo que no se puede
encontrar fácilmente: verdad, contexto y relevancia. La buena información
tiene un precio, pero el precio de vivir desinformado es mucho más alto.
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