lunes, 18 de mayo de 2009

NUEVO MODELO, NUEVA ERA

El debate está abierto, de modo que hay que estar muy atentos, participar, aportar y concretar. Independientemente de que haya indicios de recuperación -muy débiles, en cualquier caso- y de las ansias de empeoramiento que algunos no pueden esconder -circula ya que un sector del empresariado, tal ocurriera con la huelga general de diciembre de 1988, empuja a círculos sindicales y núcleos de trabajadores a protagonizar un paro o una medida sonada-, independientemente de ello, decíamos, empieza a aceptarse que asistiremos, tras esta gran depresión de la primera década del siglo, al alumbramiento de un nuevo modelo de productividad económica en España y en Canarias.
La crisis económica y financiera ha afectado con dureza, desde luego. Hay sectores, como el de la construcción, que no han tocado fondo pero que dejarán de tener la relevancia alcanzada. Las consecuencias saltan a la vista: se resentirá el parque inmobiliario, habrá que cambiar la cultura -hipoteca de por vida, ayudas familiares comprometidas, endeudamiento sujeto a oscilaciones de tipos bancarios, ahorros duraderos…- de la adquisición de la vivienda propia por un régimen de alquiler, se frenará la liberalización del suelo y mitigará (teóricamente) la especulación. Con un poco de suerte, pasado un tiempo, hasta se normalizará el mercado.
Los diagnósticos son conocidos y se trata ahora de poner en marcha las alternativas. Porque las repercusiones en Canarias son evidentes: la construcción ha estado directamente vinculada al turismo, luego éste ha de plantearse cómo afrontar el futuro porque las cosas experimentarán un cambio significativo. Algún alcalde canario lo sugería abiertamente días pasados, coincidiendo con el enésimo problema en el ámbito de la educación insular consistente en medidas que afectan a la formación profesional: o somos conscientes de que estamos ante un ciclo agotado que exige el aprovechamiento de todas las enseñanzas y la superación de errores, o el porvenir se escribe con letras de máxima incertidumbre.
Y eso obliga a un esfuerzo de todos. Puede que, por fin, se hable de formación con toda propiedad. Formación concebida para nutrir el mercado laboral, supuestamente situado en las coordenadas de un modelo más diversificado y, en el caso de Canarias, menos dependiente de un monocultivo.
Un nuevo modelo implica relanzar la economía y prevenir nuevas crisis financieras. En ese objetivo, las ofertas programáticas de los gobernantes deben ser muy nítidas, máxime si van a estar sustentadas en diferencias ideológicas. Las gentes saben que los salarios reales y el poder adquisitivo se están debilitando y no parece que estén dispuestas a condescender mucho más. Debe quedar claro que relanzar la economía equivale a reformar los mercados financieros y contraatacar la recesión.
Parece que hay convergencia a la hora de señalar que ese nuevo modelo de productividad, también en las islas, debe estar basado en la innovación, en la educación y en la calidad. O sea, que hay que propiciar actividades más productivas que las que hemos tenido hasta ahora, sin olvidar, por cierto, que existen desigualdades que representan un factor de presión para muchas personas y significan un riesgo de brechas sociales. Y teniendo en cuenta, por supuesto, que no hay una receta unitaria y ‘curalotodo’.
Por eso, lo apuntado al principio: es un cambio de modelo que también supone un cambio de cultura. Hasta en los hábitos y usos sociales. Porque para innovar, hacen falta ánimo emprendedor y fundamentos generosos, una formación adecuada y unas prestaciones que favorezcan el desarrollo cualitativo de aquello que ya se tiene y que igual hasta es objeto de reciclaje.
En definitiva, un nuevo modelo de productividad económica para una nueva era en la que no tendrán cabida, según parece, las tibiezas, los paternalismos, el estilo compadre y las responsabilidades descansadas en terceros. El debate está abierto.
P.S. Ha fallecido Mario Benedetti. Qué lástima. Le conocimos y le tratamos. Y hace falta un poco más de sosiego para escribir sobre su figura. Mañana, probablemente. Como anticipo, este poema suyo musicalizado y cantado por Joan Manuel Serrat. Pinchar en:

sábado, 16 de mayo de 2009

ALLI DONDE LOS NIÑOS SIENTEN Y APRENDEN

Está demostrado que no se valora lo que está más al alcance. Por la razón que sea, porque lo vemos todos los días, porque nos parece normal, porque funciona bien y no produce estridencias…
Y esa actitud, claro, despierta cierta indiferencia. Indolencia, más bien. Y así, somos incapaces de entender la abnegación de un colectivo, el alcance de una obra social, la predisposición para mitigar o solucionar un problema que puede agravarse si no se ataja, la perseverancia como regla de trabajo y que es válida hasta para compensar la carencia de recursos…
Los portuenses somos muy dados a eso: a no otorgar el valor que realmente entraña la entrega de gentes que trabajan por los demás; de personas que se esfuerzan para que quienes la necesitan, a la edad que sea, reciban la asistencia adecuada; de colectivos que realizan prestaciones muy estimables a favor de determinados grupos sociales.
Es el caso del centro educativo “Matilde Téllez”, localizado en pleno centro de la ciudad, en el antiguo cuartel de la Guardia Civil. Pocas veces una restauración resultó tan útil. Allí están las monjas de la congregación Hijas de María Madre de la Iglesia. Allí atienden a niños abandonados, a hijos de familias desestructuradas y a niños cuyos padres tienen difícil, por aquello de los horarios, compatibilizar la atención y la educación con sus ocupaciones laborales o profesionales.
Rosa, Amparo, antes María… la labor de las monjas es inconmensurable. El calor humano que prestan a quienes de verdad lo precisan es digno de reconocimiento. Allí forjan la que es una auténtica educación en valores. Ellas aportan los que reemplazan la convivencia familiar perdida. Allí huele todo a ingenuidad, a nobleza, a sacrificio, a humanismo.
Por eso, algunas estampas son conmovedoras. Ver a los niños del “Matilde Téllez” pasear por las calles peatonales de la ciudad, uniformados o no, atendidos por sus cuidadoras, a veces cantando, detenidos ante algo que les llama la atención, a veces recitando versos infantiles, tan limpitos, con sus sonrisas alegres, con sus miradas descubridoras del paisaje y del paisanaje, verles, decíamos, es conmovedor, ilusionante.
Han tenido la desdicha de la que no son conscientes ni culpables. Pero han encontrado la mano amiga, el calor de hogar necesario para afrontar el primer ciclo de su formación vital. Allí les enseñan, allí aprenden… Ya entenderán algún día lo del pluralismo racial y nacionalidades varias.
Ya deben ser unos cuantos los que allí han fraguado sus años de infancia. Seguro, seguro que no los olvidarán. La congregación puede sentirse orgullosa de esa inmensa obra, hecha en medio de la sociedad egoísta e insolidaria.
Es triste que no sea ponderada lo suficiente. Si no la tuviéramos, lo lamentaríamos. Y si fuera en otras latitudes, seguro que la ensalzaríamos. Pero lo más importante es que tal obra, su espíritu y su materialización, no se detienen. De eso hay que congratularse.
¡Ánimo!

jueves, 14 de mayo de 2009

PERO QUÉ EQUIVOCADOS ESTÁN...

Equivocados, pero qué equivocados están Zapatero y los suyos si creen que tras las medidas anunciadas en el debate del estado de la Nación que afectan a Canarias se va a producir algún tipo de replanteamiento o de reconsideración por parte del presidente de esta Comunidad y sus socios.
La historia demuestra que van unas cuantas medidas y van unos cuantos gestos, en definitiva, que ha habido sensibilidad del gobierno socialista con las islas pero ahí tienen las primeras reacciones al anuncio de celebrar en las islas antes de que acabe el año un consejo de ministros: Paulino Rivero, presidente, dice que es un primer paso, aunque insuficiente; y José Manuel Soria, muy en su papel y más justificadamente, se declara escéptico.
Equivocados: siempre lo mismo. Por mucha sensibilidad que se acredite, siempre ocurre igual: los nacionalistas son insaciables, nunca están conformes y siempre se apresuran a encontrar el lado amargo cada vez que se produce una propuesta o una decisión positiva del socialismo hacia Canarias. Si gobernara el PP en el Estado, sería otra cosa. Hablarían hasta de lealtad y del sentido españolista. Pero...
Ejemplos fáciles: primero, que no vienen por Canarias y si vienen, sólo lo hacen en plan vacacional o en viajes relámpagos o con motivos electorales. Cuando se prueba que no es así, que se viene por razones claras y útiles, o cuando se anticipa algo tan importante como puede ser una reunión del gabinete gubernamental en las islas -¿cuánto tardará en saltar la polémica por el escenario insular de ese consejo?- en seguida brotan los peros y las trabas.
Política, se dirá. Pero inconsecuente, habría que añadir.
Así que nadie en Ferraz y en Moncloa nadie lance campanas al vuelo si creen que esto anula o eclipsa la capacidad de acción y la capacidad crítica de Coalición Canaria. Ni paz ni relaciones de concordias. Ni siquiera esas fisuras que se advierten entre Paulino Rivero y Ana Oramas, por un quítame allá el protagonismo -cuestión de intereses políticos y estratégicos- van a erosionar un bloque monolítico inspirado por un mismo hecho: impedir que los socialistas toquen gobierno en las islas.
Desengáñense Zapatero y los suyos: es así.

miércoles, 13 de mayo de 2009

FEALDAD EN EL ESCENARIO

"No hay cosa más fea que la vejez en el escenario", ha declarado el cantante Miguel Ríos, al presentar la que va a ser su última gira y anunciar su retirada. Miguel tiene ya -aunque no los aparente- 70 años, cincuenta de ellos sustentando su carrera profesional.
La frase, revela, se la dijo su madre, hace muchísimos años, a la salida de un concierto de Antonio Machín que habían seguido juntos. Las madres, siempre las madres con sus sabios consejos. "Como hijo obediente, le haré caso", dijo Miguel Ríos, a quien uno recuerda como Mike Ríos en sus primeros tiempos de artista y en sus primeros discos.
La vejez, ¡ay!, la vejez. Fea también en el espacio donde se canta y se interpreta, donde algunos, como Miguel Ríos, con su estilo y en su género, se han dejado la piel ganándose a pulso el respeto y el aprecio de miles de seguidores.
Pero llegó la hora, esa que creemos que no aparecerá nunca, y hay que decidir. Hasta aquí. Mejor si lo hace uno mismo, sin necesidad de que te lo hagan ver, de que te empujen. Ya saben la frase aquella, tan célebre: una retirada a tiempo es una victoria.
Lo importante, en efecto, es no dar a pie a la fealdad. No aparecer como alguien que ya agotó sus potencialidades, sus cualidades, que se arrastra a la espera de unos aplausos conmiserativos. Sin recursos, sin chispa, sin alardes... Incluso, hasta con 'look' inapropiado.
Lo expresó también hace algunos años otro artista, otro humorista de postín que se quedó a vivir en Canarias, Moncho Borrajo. Igualmente, dijo adiós. En el momento que quiso, cuando él decidió.
Otro debate, quizá para otros órdenes y otras actividades, es quién decide que eres viejo.
Pero, indudablemente, a los 70, después de haber acreditado todo lo que se lleva dentro, es buen momento para marcharse. Y para que conserven lo bonito, lo positivo, lo virtuoso que durante tanto tiempo se pudo atesorar y ser.
De este modo Miguel Ríos pondrá punto final a su carrera artística, con otra gira, con el compromiso por la naturaleza y el medio ambiente. El viejo 'rockero', el cantante que siempre se mostró encantado de dar la bienvenida más rítmica, el hijo obediente que desea no ser recordado por la fealdad postrera, el que tuvo un espacio para la alegría, a la que, inspirado en Beethoven, apeló constantemente, nos dejó perlas como la que encontrrán pinchando en el siguiente enlace:

lunes, 11 de mayo de 2009

PRECEDENTE TEMERARIO

El vicepresidente del Gobierno autónomo y presidente del Partido Popular de Canarias, José Manuel Soria, sigue creyendo que todo el monte es orégano y por eso declara que será la representación parlamentaria socialista la que saldrá reprobada de la cámara legislativa regional el próximo jueves. O sea, como tantas otras veces, el cazador, cazado. O lo que es igual, los reprobadores, reprobados.
Una simple aplicación de la aritmética, la sencilla lealtad de los socios gubernamentales -que, en buena lógica, no previeron ni quisieron prever en el pacto situaciones como en la que está envuelto Soria- y la voluntad de no alterar ni forzar límites a estas alturas de la legislatura, harán que todo siga como estaba, como ésta, es decir, como si no hubieran existido ninguno de los motivos que han destapado uno más de los escandaletes que caracterizan la vida política de Canarias, sacudido, como tantos otros, por ese cinturón de impunidad que la hace insólita hasta los niveles más altos.
Si José Manuel Soria hubiera sido dirigente o cargo público de otra formación política se hubiera sentido tan acosado, tan criticado, tan contrariado con algunos reveses que, desde luego, hubiera forzado su propia renuncia. Es evidente que ahora se defiende, que tiene todo el derecho de hacerlo, que exprime al máximo la presunción de inocencia y que es en situaciones extremas como mejor se contrasta su condición de político inarrugable ante la adversidad. Demasiado acostumbrado a las cómodas mayorías en las instituciones donde ha gobernado, suficientemente bregado en el ejercicio del poder, la altivez le lleva a afirmar que sus reprobadores saldrán trasquilados y sin lana, claro.
Hasta el día del pleno sorteará señuelos y desbaratará algún ardid que provenga de la bancada opositora y hasta de algún fuego amigo, que la experiencia da para mucho y aquí no hay que fiarse ni de la propia sombra. Otra cosa es que algunos de sus propias filas le estén esperando en la bajadita, que un resultado electoral sea inevitablemente vinculado a los sucesos o que todo se vuelva de color hormiga si alguna resolución judicial fuera desfavorable y de ahí, a enredar la madeja, sólo haya que soplar sin necesidad de esperar a las botellas.
Pero todo eso, con ser sustantivo en el escenario de la teoría política, parece al articulista menos relevante que lo manifestado por el vicepresidente en relación con los informes policiales de los que disponen las autoridades judiciales que investigan sus actuaciones ante determinados hechos que se le imputan en la denuncia promovida por un periodista. El mismo debió darse cuenta del precedente que estaba sentando -¿actuarán todos los acusados o imputados de la misma forma?- y de lo que significaban sus palabras cuando, tras repasarlas en titulares de prensa escrita, ha solicitado reunirse con las representaciones profesionales del Cuerpo Nacional de Policía (CNP) para explicarles el alcance de sus palabras. ¿Diego, donde dije digo? Ya se verá. Aunque quizá nunca se sepa bien del todo si queda en un matiz, una aclaración, una rectificación y, al final, en otra liquidación del mensajero.
José Manuel Soria, con sus manifestaciones sobre los informes policiales, no contribuye al buen funcionamiento del Estado de derecho. El derecho a defenderse no supone imputaciones de sesgo, tendenciosidad o falsedad a quienes están cumpliendo con su deber. Y si las expresa, debe acreditarlas. Y para ello, sólo tiene que entrar en vía judicial y aguardar a las actuaciones de los tribunales. Eso sí que le permitiría ganar credibilidad en una situación tan asfixiante como la que padece -y en la que no ha renunciado, por cierto, a alguna dosis de victimismo a sabiendas de los réditos que puede generar, como se ha demostrado con otros casos similares- y que haría desarrollar el engranaje consagrado en el artículo 1 de la Constitución. Lo contrario es conducirse de forma temeraria.
La reacción de los sindicatos policiales ha sido hasta caballerosa. Que pruebe esos condicionantes atribuidos a los informes, han venido a decir. Pero el vicepresidente optó por el subterfugio más cómodo y simple: dice que por esa vía no se conseguiría nada.
Pues vaya manera de tirar la piedra y esconder la lanzadera. La seriedad, la credibilidad, la seguridad, el Estado de derecho, en fin, se ganan y se consolidan de otra manera.

sábado, 9 de mayo de 2009

UN FESTIVAL DE CINE RECUPERADO

Como la vida está llena de paradojas, el Festival Internacional de Cine Ecológico y de la Naturaleza reaparece en el Puerto de la Cruz cuando los dos recintos de proyección existentes en la ciudad cerraron sus puertas hace unos meses. Eso: paradojas. Si el certamen sirve para estimular la reapertura o para que brote alguna idea alternativa, bienvenido.
El caso es que catorce años después recupera el gobierno local una convocatoria que, de haber tenido continuidad, hoy tendría una consolidación que le permitiría competir con otros festivales que recobraron prestigio tras sufrir también sus vacas flacas.
El Festival nace siendo Paco Afonso alcalde, cuando trabó amistad con Alfonso Eduardo Pérez-Orozco, uno de los ‘monstruos’ en el panorama de los cinéfilos y de los críticos cinematográficos del país. Alfonso, si la memoria no es infiel, debía andar con “La noche abierta”, un espléndido programa que hacía en Radio Nacional de España. Paco tuvo visión: el Puerto necesitaba un evento que, con carácter anual, sirviera de plataforma de proyección. El cine era una oportunidad excelente.
Muchos no lo vieron así, seguramente por la falta de experiencia, por el desconocimiento de la dimensión de un certamen cinematográfico o por creer que la frivolidad y la farándula iban a imponerse sobre la base seria de una causa: eran los ochenta del pasado siglo los años de la conciencia verde, del descubrimiento de la ciencia ecológica, de la sensibilización por el medio ambiente y por los recursos naturales.
Hasta que no cuajó una cierta cultura cinematográfica -de festivales, sobre todo-, hasta que no se comprobaron los efectos de la crítica especializada, hasta que el empresariado turístico local no comprobó que el certamen era la convocatoria que el municipio podía esgrimir para seguir captando mercados turísticos, el festival tuvo hasta dificultades de subsistencia.
Personas como María Dolores Pelayo, Daniel Duque o José María González de Sinde hicieron auténticos esfuerzos para que “el festival de Canarias” -como terminaron acuñando las gentes del cine- cristalizara como espléndida y respetuosa realidad y alcanzara su mayoría de edad para navegar con solvencia en el mundo cinematográfico.
Alfonso se valió de Pedro Bellido, Antonio Santana Sánchez, Ceferino Piñas y de otros colaboradores que sortearon no pocas dificultades para asegurar la presencia de la industria, de actores, actrices y directores relevantes. La miopía de una parte de los medios locales a la hora de tratar el certamen dejó paso a planteamientos más ajustados y mejor enfocados. Desaparecieron algunos clichés, se hizo hincapié en la programación de actividades paralela a las proyecciones, con un carácter científico y cultural de estimable nivel, se debatió sobre la idoneidad de las fechas, se buscó el órgano de gestión más apropiado y se logró que el Festival gozara de respaldo y reconocimiento de la crítica.
Se trataba de que el público portuense, que siempre presumió de entender de cine, se identificara con el certamen, la hiciera suya y la cultivara a sabiendas de que el éxito dependía en buena medida de su actitud.
Muchos nombres, personajes prestigiosos, dieron vida al Festival. Expertos y profesores se interesaron por sus contenidos y admitieron que el cine era un formidable vehículo para la difusión de sus estudios y mensajes. Representantes de plataformas cívicas, iniciadoras de las actuales redes de ciudadanía. Títulos de renombre… Cuando ya la cosa estaba firme, llegó la incomprensión y un cierto afán de destruir y la enterraron. Porque era lo más fácil. La alternativa, una especie de performance de investigación tecnológica e informática, no cuajó.
Ahora que recuperan el Festival, que se recobre también la historia de trece ediciones que son el mejor aval para saber cómo conducirse ante el futuro y volver a engrandecerlo.
Suerte.

miércoles, 6 de mayo de 2009

CAMBIO EN EUZKADI

Nueva era para Euzkadi. Primer presidente, primer lehendakari no nacionalista en Ajuria Enea. Es un hecho político relevante. El País Vasco tan singular, tan castigado, tan difícil de entender, inicia un ciclo político no ya con protagonistas diferentes sino con modos que deben ser distintos. Es una experiencia extraordinaria en unas coordenadas que hasta ahora han tenido unos trazos complicados.
Pero se ha roto la hegemonía -ésta sí que era una hegemonía- de los nacionalistas y con ello, un modo de hacer política. Y ahí es dónde empieza lo extraordinario: ¿cómo van a desarrollarse las cosas a partir de este momento en un territorio donde hábitos y usos sociales han estado muy condicionados por quienes han detentado la gobernabilidad desde que las autonomías cobraron carta de naturaleza?
Son los partidos allí llamados españolistas los que se han puesto de acuerdo. Era evidente que ahora o nunca. Quieren imprimir un cambio, quieren unir a la sociedad y superar la división. La prioridad, en cualquier caso, se denomina acabar con ETA. Parece al alcance.
Es una nueva etapa en la que todos debemos estar muy atentos. No sólo porque la pacificación es posible sino porque los resultados de la experiencia interesan en todos lados. A los nacionalistas de otras comunidades, los primeros. Acaban de comprobar cómo ese siempre difícil entendimiento entre socialistas y populares les puede dejar fuera del poder. Serán los nacionalistas, desde luego, los primeros interesados en que el experimento fracase pero ahora en la oposición es donde habrán de acreditar su sentido de la responsabilidad.
De momento, Ibarretxe es la primera víctima. Ha dicho adiós -literalmente- después de haber vivido muchas convulsiones. Ha entendido que su ciclo ha terminado y que en esta nueva etapa es mejor quedarse fuera. Es como si quisiera que no hubiera ataduras. Es probable que su electorado no lo entienda y que una parte de la ciudadanía se lo reproche pero tal decisión, sin conocer otras interioridades que la puedan haber impulsado, es respetable. Y comprensible desde algunos ángulos.
Lehendakari López: suena bien. Pero mejor suenan algunas palabras de su discurso de investidura: "A mi Gobierno le gusta la pluralidad y renuncia a imponer desde las instituciones nun modelo oficial; renunciamos a imponer nuestra forma de entender la realidad...". Que no quede en declaración de intenciones, que se plasme tal intención en el funcionamiento del edificio institucional y en la convivencia misma de los vascos.
Las presiones y las sacudidas estarán ahí. Habrá momentos difíciles y complicados. Seguro que la resistencia a cambios en esos hábitos y usos a los que hemos aludido será notable. Y es ahí donde la cintura política y la persuasión deben hacer acto de aparición para que la nueva era se desarrolle de la forma más normal y para que la intolerancia y los radicalismos queden fuera de combate.
Es posible.

lunes, 4 de mayo de 2009

ESCOMBROS EN LOS CONTENEDORES

Un operario del servicio de limpieza y recogida domiciliaria de basuras de la ciudad está atento, mediodía del festivo, a la aparición del sospechoso. Revela:
"Hace unas fechas, alguien depósitó en los contenedores bolsas de escombros. Al volcarlos sobre el camión, el tambor interior que ha de triturar los residuos se bloqueó. La avería fue grve. El camión quedó inutilizado doce días, hasta que trajeron unas piezas y lo pudieron arreglar".
Sospechan de alguien. Pero ese alguien no aparece. Quizá se ha percatado de la presencia del operario. Y entonces no saca más bolsas de escombros. O quizá conozca el alcance de su acto irresponsable.
Porque es una irresponsabilidad, no digan ustedes. Ni siquiera para algo tan elemental como es la separación de los residuos, cada uno en su contenedor, que para eso stán de distintos colores,se respeta. O, simplemente, se sigue la información, las recomendaciones que vienen teniendo vigencia desde una directiva de la Unión Europea. Si así se comportan algunos, qué puede esperarse. Y todavía cuestionan acudir a las urnas el próximo 7 de junio, cuando se abran las urnas europeas. Si así ha madurado la democracia, si así es el civismo de nuestros tiempos, si así es el comportamiento después de las campañas de comunicación y de sensibilización, si así siguen negando Educación para la Ciudadanía, mejor no pensar en las consecuencias de otros asuntos de más enjundia.
Dicen, y dicen bien, que el grado de madurez y de limpieza de un pueblo se mide por su comportamiento en la calle, en los espacios públicos. Porque -aunque el razonamiento sea discutible- se supone que ahí, en o que es de todos, se conducirá como lo hace en su casa. Y aquí querrá lo mejor. Pues parece que no. Se puede entender que nadie quiere basura ni desperdicios en sus propios lares y que cuanto antes los saques, mejor. Menos moletia, menos bultos, menos olores... Pero eso no empece para hacerlo de la forma más consecuente, cumpliendo las reglas que, por otro lado, tampoco son muy exigentes.
Hace años, en Madrid, en ocasión de recoger una distinción para el municipio que reconocía la eficacia de los servicios y las respuestas de la ciudadanía -sorprendentemente, algunos llegaron a insinuar que el premio había sido pagado en tanto que otros se manifestaban poco menos que molestos e incrédulos-, el alcalde de Vitoria, que habló en nombre de los ayuntamientos galardonados, se preguntaba de qué servía disponer de mil contenedores en la ciudad si luego, cuando aparecían dos con las bolsas por fuera, eso era lo que la gente iba a criticar y lo que el periodismo iba a criticar.
Y hay que entender precisamente que un caso aislado puede causar un daño inmenso. Y es injusto juzgar a la generalidad por ese singular e inapropiado comportamiento.
Lo peor es comprobar que cuando creemos que se han producido avances poco menos que irreversibles, todavía quedan negligentes, incívicos e irresponsables que echan a perder una tarea y dan pie a rechazos más que merecidos.
Por cierto: el operario, conste, no pretendía represalias ni anticipar infracciones. Simplemente, conocerle, darle un folleto con las indicaciones elementales y recordarle lo que supuso y costó su "hazaña": depositar escombros en los contenedores que fueron directamente a los camiones.
Igual aún no lo sabe. Lástima.

sábado, 2 de mayo de 2009

EL DIA DE LAS CRUCES

Las cruces son al Puerto lo que las alfombras de flores a La Orotava.
Elementos distintivos, la motivación de un pueblo, el cultivo de las tradiciones. El arte, el esmero, la superación, la ornamentación, la sofisticación… Aunque sea un tópico: el amor por la obra bien hecha.
Cualquiera de sus modalidades: de capilla, interiores o de fachada exterior. Ahí están, dispuestas como cada mayo, para ser engalanadas, para lucir armoniosas combinaciones florales y para ser contempladas durante unas fechas con respeto y admiración. Si Juan del Castillo se refirió al lenguaje de los pétalos para definir lo que la Villa habla en su Corpus alfombrado, en el Puerto se desgrana una singular sensación creativa ante unos de los símbolos principales de la Humanidad.
“¡Qué bonita está!”, la frase más repetida desde las vísperas del 3 de mayo, la fecha de la fundación de la ciudad, exaltada y popularizada de otra forma desde la recuperación de los ayuntamientos democráticos.
Es en las vísperas, mientras los poseedores de las cruces o los cuidadores están en plena faena, “hacer la Cruz”, cuando cobra carta de naturaleza otra costumbre local: recorrer la ciudad y visitar las cruces. Las cruces del Puerto. Detenerse unos minutos, comentar, comparar, orar y seguir.
Luego, el día de la festividad propiamente dicha, cuando ya lucen, cuando se ha terminado de enramar, o cuando se dan los retoques finales o se acomoda la última flor, el último adorno, quienes prefieren ver la obra acabada, tienen opción en la mañana radiante o en la tarde que invita al paseo.
Desde Cuaco a Las Maretas y El Peñón, pasando por Las Lonjas y Cruz Verde, desde Cruz del Rayo a Calle Nueva, desde Ñuñú a La Unión, el recorrido, por los cuatro puntos cardinales del municipio, está lleno de reclamos. Hubo un tiempo en que para estimular el quehacer, fue convocado un concurso: estaba condenado a su desaparición, no hacía falta, los portuenses competían en noble y desinteresada lid.
Es la fecha del arte y de los fuegos artificiales. La plateada Cruz de la fundación sale en procesión. Hasta hace unos pocos años, había un prioste (mayordomo de una hermandad o cofradía) que representaba a una familia de la localidad que, alternativamente, organizaba la celebración y ofrecía un ágape al terminar el recorrido procesional. En la sacristía de la Peña de Francia hay que firmar el libro de actas en presencia del párroco. Un año, cuando las familias empezaron a mostrarse renuentes y proclives a la retirada, hubimos de improvisar el papel de prioste que encarnó el entonces alcalde, Félix Real. Después, nos correspondió el mismo papel en ocasión de la conmemoración del 350 aniversario de la fundación de la ciudad.
Este día, el Puerto hace honor a su nombre. Personas de toda condición social, de todas las edades, se afanan y miman algo suyo. Continúan la tradición y transmiten sus valores a las generaciones más jóvenes que no parecen, por cierto, muy atraídas por la causa.
Porque, qué bueno es identificarse con los propios valores y hacer suyas, de verdad, con arte, las cosas que distinguen a un pueblo.
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Bárbara escribió:
"Como buen hijo del Puerto de la Cruz, percibo a travès de tus palabras la pasiòn que sientes por èste rincòn del mundo. Sus tradiciònes, sus gentes...sì , lo noto.
Un rincòn como pocos quedan, enclavados en uno de los paisajes màs hermosos del planeta, fàcil de amar, de enamorarse de todo lo que le rodea, de su historia, sus comienzos, su olor a brisa marina...
Aunque hija adoptiva yo tambien amo èste pedacito de paraìso, al que he visto transformarse desde niña.
No necesitamos ìr a nungùn sitio porque aquì si se cuidara mejor lo que tenemos...
Ciertamente describes la vispera de èsta fiesta tal como es. Me has hecho pasear mentalmente por èsos puntos importantes que con tanta devociòn los vecinos de sus calles adornan, segùn seguìa la lectura de tus letras.
No perdamos èsa herencia...
Gracias por deleitarme con tu lectura".

viernes, 1 de mayo de 2009

LAS CRUDAS CARENCIAS

Hoy es fiesta pero no tanto. O no debería ser tanto. Hoy se celebra algo pero las circunstancias frenan o condicionan ambientes lúdicos o festivos.
De todos modos, el significado del 1º de mayo adquiere relevancia en tiempos como los que discurren, cargados de zozobra e incertidumbre en muchas empresas, en muchas familias, en muchos trabajadores. Es la hora de la reivindicación pero también de la solidaridad. Es la fecha de la conciencia, de la sensibilidad.
No está el horno para bromas, así que nadie haga juego de palabras. Son dichosos los que conserven el empleo mientras la crisis golpea duramente y se lleva por delante a quienes no pueden resistir las consecuencias del final del capitalismo financiero.
Buena parte del mundo -ahora inquieta por el alcance de otro virus invisible, el de la gripe que espera ser bautizada- aguarda soluciones de gobiernos de todo signo político. Ha palpado que no hay varitas mágicas y ahora transita por el crudo realismo de las carencias. Los expertos siguen estudiando mientras los demagogos hacen su agosto repartiendo culpas a tutiplén.
Y aquí está el 1º de mayo, con su simbolismo, con su significado. Una parte de la clase obrera -ya ven: volvemos a hablar de ella- se había olvidado o lo había marginado. Tiempos de opulencia o de vacas gordas. Ahora que corren malos tiempos y por fin se ha entendido que no hay que derrochar, se retorna a las esencias de una fecha, no en busca de una panacea sino a la espera de que haya más conciencia.
Los trabajadores tienen la palabra. Pero no es una frase hecha: es para que entiendan de una vez que sólo produciendo se logran avances sociales. Y que nadie les regalará nada.