lunes, 15 de diciembre de 2014

TORTURA CON CLAXONS

Desde una red social, invitan algunos usuarios a manifestar desde hoy la protesta por el colapso permanente de la carretera TF-5. No hay punto ni una parada concreta de concentración. Basta con hacer sonar el claxon en algún punto del largo y tortuoso trayecto, allí donde haya pillado la retención y comiencen las insufribles primeras     y segundas marchas. Y así, todos los lunes hasta que se agite alguna solución en los departamentos competentes. La vía soporta una media diaria de ochenta y cinco mil vehículos.

Solo quienes la padecemos, sabemos lo desesperante que resulta la habitual cola, de lunes a viernes, de la autopista del norte, a primera hora, a eso de las siete, dirección a Santa Cruz de Tenerife. Si quiere tomar un vuelo, sobre ese horario, salga con mucha antelación (en cierta ocasión le dijimos a unos parlamentarios europeos que para recorrer veinte y tantos kilómetros, había que arrancar hora y media antes y les costaba creérselo, claro). Si tiene una consulta médica o clínica, ármese de paciencia a sabiendas de que puede perder su turno. Si hay un examen convocado, es recomendable cualquier cosa menos verse atrapado en la cola. Si acude a su trabajo, pida flexibilidad horaria. Si va en guagua, puede que prolongue su sueñecito. Y así sucesivamente. Es la cola nuestra de cada día que, por cierto, en sentido contrario, empieza a cobrar cuerpo a partir de las tres o cuatro de la tarde: claro, la hora del retorno.

Algunos agitan ahora ese desespero. Igual es que han descubierto el problema. Que lleva años. Y que no tiene visos de solución inmediata. La autopista no absorbe todo el tráfico rodado. Las incorporaciones en las cercanías del padre Anchieta, en Guamasa, en Tacoronte, en La Matanza... agravan la intensidad de la circulación a esas horas. Colas largas y atascos hasta que se despeja en el descenso a la capital después del Hospital Universitario de Canarias (HUC). La cola cotidiana, donde los conductores se desesperan. Y donde quienes tienen la radio por compañía se darán por identificados cuando escuchen la información sobre el estado de las autovías, incluso a escala estatal.

Y mientras tanto, se piden más conexiones al anillo insular. O un tercer carril. Bien. Es una demanda lógica. Pero no hay que hacerse muchas ilusiones: el Gobierno de España ha vuelto a dar un hachazo unilateral al convenio de carreteras, o sea, un recorte de 628 millones de euros. Así las cosas, independientemente de las respectivas planificaciones, cabe augurar que esa cola, esos atascos, se van a prolongar por espacio indefinido. Desde el Cabildo Insular se habla de reordenación de los enlaces entre Guamasa y el HUC. Entre tres y cinco millones de euros costaría una actuación que prevé el ajuste, la creación o eliminación de carriles de entrada y salida de esta carretera. Pero, aún en el mejor de los escenarios (presupuestos, proyectos, licitación y ejecución a toda pastilla), ¿para cuándo o hasta cuándo? Igual hay que acelerar esa otra alternativa de poner en marcha un carril bus desde Guamasa a Santa Cruz.

Condenados pues a sufrir quebrantos, a desesperar. Y luego hablando de calidad de vida.


sábado, 13 de diciembre de 2014

CLUB 13

Se cumplen hoy cuarenta y siete años de la constitución del Club 13 del Puerto de la Cruz, un colectivo de empresarios y profesionales del turismo que ejerce en la sombra, con modestia y sin grandes pretensiones, esto es, analizando la situación del sector, intercambiando criterios e información y reflexionando en voz alta sobre el destino turístico que conocen a fondo.
         Todo empezó un 13 de diciembre de 1967, en el hotel Tigaiga, cuando su propietario, Enrique Talg, convocó a quienes iban a verse afectados por las disposiciones de la Ley promovida por quien era entonces ministro de Información Yurismo, Manuel Fraga Iribarne, relativa a las exigencias de titulación (Director de Empresas y Actividades Truísticas) para quienes era, de facto, responsables de dirección de hoteles y agencias de viajes en España.
         Los asistentes a aquella reunión no estaban en posesión de titulación académica. Combinar el trabajo con los estudios para acceder a ella -una de las posibles soluciones- era complicado, dado el nivel de dedicación en unos momentos de auténtica expansión del sector y del destino. Algunos llegaron a vivir en el hotel.
         La lógica preocupación ante aquella incertidumbre generada por la norma fraguista se vio pronto aliviada al publicar el ministerio una Orden que reconocía oficialmente a los titulares de establecimientos hoteleros en ejercicio con más de tres años al frente de los mismos.
         “El resultado de la reunión en el hotel Tigaiga -cuenta Manuel Alfonsín, uno de los participantes- fue tan positivo que propició un acuerdo formal para seguir viéndonos con el propósito de debatir ideas y problemas comunes. Coincidiendo que éramos 13, precisamente un día 13 sobre las 13 horas, resultó fácil acordar para el futuro reunirse todos los 13 de cada mes a las 13.13 horas, exceptuando si coincidía en domingo o festivo. En ese caso, se trasladaría al día anterior o posterior. El nombre del club ya estaba elegido: Club 13”.
         Y así, desde entonces, las reuniones se han seguido celebrando con un régimen rotativo en el hotel correspondiente a cada miembro o en algún lugar donde probar nuevas especialidades y seguir analizando, a veces con presencia de responsables del sector, alcalde o ejecutivos. Las actividades se extendieron en varios proyectos de ámbito social, algunos de ellos con carácter benéfico. La insignia del Club 13 figuró siempre en las solapas de las chaquetas de los directores de hoteles y residencias en ferias promocionales y convocatorias de congresos del ramo.
         Los fundadores de aquel 13 de diciembre de 1967: Adolfo Sierra de las Heras (Las Vegas), Gregorio Etner Rueda (San Felipe), Gerardo J. Gleixner (Monopol), Alejandro Krestmar (Guajara), Felipe Feier (Valle Mar), José Moreno Romero (Oro Negro), Antonio Romero Aumende (Royal), Julián del Bot (Taoro), Alejo Ruiz Gaviño (San Felipe), Jaime García Fernández (Miramar), Enrique Talg Wyss (Tigaiga), Manuel Alfonsín Fernández (Tenerife Playa) y Eduardo Lobenstein (Los Príncipes).
         Algunos ya nos abandonaron. Hay hoteles que desaparecieron y otros cambiaron de denominación. Pero al Club 13 se han ido incorporando otros propietarios, directores y profesionales que no solo se mantienen fieles al espíritu fundacional sino que cultivan amistad y vínculos profesionales. En efecto, durante nuestra etapa en la alcaldía tuvimos oportunidad de compartir algunas de las citas de cada 13 mensual.
         Agustín Ávila, Ramón Michán, Alfonso Peinado, Alirio Pérez, Carmelo Pérez Abreu, Cipriano Dorta, Francisco Medina, Isidro Dardiña, Javier Edodey, Pepe Barreiro, José Enrique López Perea, Juan Antonio Rosado, Juan de la Rosa, Gabriel Wolgeschafen, Rafael de la Rosa, Juanjo Iglesias, Julio Marco, Aurelio Álvarez, Mario González, María del Carmen Díaz, Miguel García, Oguz Birced, Miguel García, Patricio Feier, Segismundo Rodríguez, Salvador Ruiz, Pedro Rodríguez y Salvador Suárez también ingresaron en el Club 13 que debería pensar, si se nos permite la recomendación, en tener un papel más activo con vistas al exterior y proyectar sus reflexiones y análisis.

         El destino lo necesita.    

jueves, 11 de diciembre de 2014

miércoles, 10 de diciembre de 2014

CONSECUENCIA, DEBILITAR DERECHOS

Como todo discurre tan vertiginosamente, es probable que no recordemos o no hayamos reparado lo suficiente en aquella protesta conjunta que la Federación de las Asociaciones de la Prensa de España (FAPE) y la Asociación de Informadores Gráficos de Prensa y Televisión (ANIGP-TV) expresaron en ocasión del impedimento de la cobertura directa que el Gobierno de España impuso cuando su presidente se reunió en el palacio de La Moncloa con los directivos del Consejo Empresarial de la Competitividad. El ejecutivo vetó entonces la presencia de los periodistas, incluidos camarógrafos y periodistas gráficos. Optó por enviar nota, fotos y video: los medios que querían dar cuenta de la sesión tenían que nutrirse de ese material.
        Claro que es un hecho insólito entre los ocurridos el pasado año. Y no el único para entender el inquietante alcance de los límites a la libertad de información que se van amontonando en nuestro país. En aquella nota, se decía textualmente que “el Gobierno tiene que saber que este tipo de actuaciones debilita los derechos constitucionales de libertad de expresión y de información”. Es difícil asumir, en efecto, que en plena sociedad de la información o del conocimiento se den en España situaciones como la que nos ocupa. Se dirá que nada, pero ¿qué quería ocultarse, qué no debía trascender de aquella reunión? Si lo hace el Gobierno, aunque ofrezca esa alternativa de la información teledirigida, no hay que extrañarse de que los responsables públicos de otros niveles institucionales recurran a subterfugios similares. De ahí al oscurantismo o a la propaganda oficial no hay más que un paso.
        No fue el único episodio, decíamos. Las reticencias a convocar ruedas de prensa, las comparecencias a través de pantallas de plasma -sin preguntas, por supuesto-, las frecuentes respuestas elusivas cuando más se precisaba lo contrario ante una auténtica nube de micrófonos y maniobras para el quebrantamiento de pactos históricos entre periodistas, en circunstancias concretas, para determinar el contenido de preguntas y quién las formula se han sucedido hasta llegar a poner en riesgo la libertad para ejercer el periodismo. Es una de las grandes preocupaciones de la profesión en 2013, junto al desempleo o el trabajo mal remunerado.
Lo prueban los resultados del ‘II Estudio sobre la profesión periodística’ llevado a cabo por la firma Gas Natural Fenosa y la Asociación de Periodistas de Información Económica. Los datos son llamativos comparados con los de la primera edición realizada hace tres años: el porcentaje de quienes piensan que hay menos libertad para ejercer el periodismo ha aumentado en dieciséis puntos. Se ha pasado del 37 al 53%, un salto notable que debe hacernos reflexionar en plena crisis de la profesión, sobre todo, para valorar en qué condiciones se desarrolla el trabajo. Más de la mitad de los consultados, ciento veinte periodistas, cree que la libertad para dedicarse al periodismo es menor. Si se añade que un 31% entiende que es igual y el 10% interpreta que ha aumentado, el panorama es preocupante. Hay una percepción muy extendida de que las cosas han cambiado -y no a mejor, precisamente- de forma considerable.
Todo lo que sean obstáculos a la libertad de información y de expresión, a la larga, condicionan el desenvolvimiento social y hasta merman la propia calidad democrática. La sumisión de los contenidos a intereses y presiones hizo a la prensa española menos permeable a los cambios y exigencias de la sociedad. No puede ser que las mismas administraciones prediquen y hablen de transparencia y de propiciar un mejor y más fácil acceso al conocimiento de sus decisiones y de sus gestiones para luego hurtar o trabar la información. Aumenta -esto es lo grave- el número de profesionales que considera que se ha reducido su libertad para informar.
Ello repercute, naturalmente, en la credibilidad y hasta en la propia capacidad de influencia con respecto del poder político. De los resultados de otra consulta, en efecto, se desprende que tales factores se deben a la capacidad económica de los medios, a la precariedad laboral derivada de la crisis del sector, a la evolución de las redes sociales y a la presión de poderes muy influyentes. Como hemos sostenido en otros foros, tantas dificultades para informar van mermando las ganas, van desanimando y anulando, casi, cualquier alarde crítico. Según la teoría de Bernardo Díaz Nosty, catedrático de Periodismo en la Universidad de Málaga, surgió la burbuja mediática, que no se basó solo en la mejoría de los ingresos por ventas y publicidad sino en la relación estrecha con las estructuras de poder económico y político. Las consecuencias, de acuerdo con el citador autor, son fáciles de colegir: alejamiento de los periódicos de la sociedad, merma de credibilidad y acentuación, en términos ideológicos, de la polarización editorial.
Quienes creían que era difícil retornar a tiempos donde la libertad de informar se vio maniatada o amenazada, que no se confíen por mucha impunidad que siga a las barbaridades, falacias, tergiversaciones o excentricidades que circulan por el universo mediático. Solo un 20% de periodistas declara no haber sufrido jamás presiones para cambiar el contenido o la orientación de un texto.

Sombrío panorama. 

martes, 9 de diciembre de 2014

PERCEPCIÓN DEL PORVENIR

Hay unos datos de la más reciente entrega del barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) que han minimizado el discurso triunfalista y autocomplaciente del Gobierno sobre la recuperación económica. 
         Son los referidos a la percepción que tienen las familias españolas sobre las expectativas que albergan para el año próximo. Si un 75,4% de la población encuestada cree que la situación económica será igual o peor que este año que termina; si el 27,3% estima que será peor que en 2014, y el 48,2% cree que será igual, es que la gente no termina de creerse que la economía española ha enderezado el rumbo. Nadie discute las cifras y los porcentajes de la macroeconomía: otra cosa muy distinta es que se traduzcan en mejoras, en avances sociales y en la reducción de la brecha de desigualdad.
         Se puede contrastar en el VII Informe sobre exclusión y desarrollo social en España de la Fundación para el Fomento de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada (Foessa-Caritas), donde se concluye que es indispensable acometer una nueva agenda de políticas públicas que prioricen a los más excluidos. Claro que es  posible hacer más de lo que se está haciendo, pero mientras el Gobierno haga oídos sordos a las demandas de la ciudadanía, a la realidad social y a los desequilibrios que ésta registra, difícilmente  podrá hablar de recuperación con fiabilidad. Otro dato del CIS lo corrobora: solo el 11.6% de los españoles encuestados cree que la situación económica del próximo año mejorará.
Las propuestas de Foessa-Caritas son, sobre el papel, las que pueden inducir un cambio de tendencias, en caso de aplicarse. Hablan de considerar el gasto social como «inversión social», priorizando aquellos ámbitos que son más correctores en  términos de desigualdad (inversión en sanidad y en educación, en pensiones y rentas mínimas).
También, de eliminar la sobrecarga que recae sobre los hogares, tanto por el debilitamiento de los servicios públicos, como por el impacto de la crisis.
Sugieren implementar políticas familiares eficaces y con recursos suficientes que contrarresten, entre otras cosas, el riesgo actual que conlleva la presencia de menores en el hogar.
Y en concreto, la puesta en marcha de una política eficaz que evite la transmisión intergeneracional de la pobreza que es uno de los peligros latentes en el presente y de especial gravedad para el futuro.

Solo así, con un crecimiento sostenible y con políticas evaluadas en términos de equidad, será posible que la sociedad trace unos horizontes más esperanzadores y tenga, por tanto, una percepción menos preocupante de cómo será su porvenir económico.

lunes, 8 de diciembre de 2014

ANIVERSARIO CON DISENSO

Sin que se alejen los envolventes vientos de crisis económica -bien es verdad que el repunte publicitario para fomentar el consumismo empieza a resultar atronador, en todas las escalas- y sin que disminuya esa sensación de repulsión hacia la política, el aniversario constitucional parece haber pasado con más pena que gloria. Una lástima porque en la Cartamagna debe haber siempre una referencia para reflexionar y estimular criterios y acercamientos con tal de contrastar sus valores y hasta de hallar en sus contenidos las respuestas que la tan denostada política puede y debe aportar para superar las sombras, las incertidumbres, los gritos y susurros de una democracia amenazada en sus pliegues de participación activa y de convivencia sensible, motivada y eficiente.
         Pero se ve que van quedando cada vez más lejos convocatorias o actos públicos que acojan un espíritu de respeto, tolerancia y pluralismo. Si en centros educativos y en entidades cívicas empieza a predominar la indolencia hacia el significado de una fecha como el 6 de diciembre, es para preocuparse. Si ésta se reduce a un ansiado festivo más del calendario, malo. Esa es otra dimensión de la crisis que conviene tener muy presente, precisamente cuando arrecia la corrupción que es necesario combatir desde todos los ángulos antes que resignarse a convivir con la metastásis, creyendo que se puede tratar con cataplasmas desahogados en consultas demoscópicas. Recordemos que siempre hay alguien a quien gusta ese caldo de cultivo y llega un momento en que, sumando de aquí y de allá, termina produciendo efectos sociales muy nocivos.
         Las notables ausencias de representaciones políticas en el acto convocado en la sede del Congreso son ilustrativas. Que solo hayan acudido cuatro presidentes de comunidades autónomas (todos del partido gubernamental, por cierto) es también relevante. En esta formación política coinciden en recelar de la deslealtad institucional y partidista para afrontar una revisión del texto de 1978, aun cuando admiten la necesidad de hacer ajustes y poner al día el motor constitucional. Pero no se entiende esa cerrazón entonces si se admiten desfases y disfunciones ‘motóricas’ y cuando sabido es que  las organizaciones políticas incluirán proposiciones modificativas en sus ofertas programáticas de las elecciones legislativas del próximo año. De hecho, el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, tomó la iniciativa en vísperas del aniversario y registró la petición de iniciar el estudio de la renovación constitucional “para reconstruir muchos de los consensos rotos en la sociedad española” y pensando que ello propiciaría la regeneración política, institucional y democrática.
         De momento, no hay ambiente favorable ni se atisba consenso, siquiera para empezar a debatir. Pero las circunstancias actuales (que tienden a empeorar) no engañan: si la Constitución vino para quedarse, hay que actualizarla. 


sábado, 6 de diciembre de 2014

FRUSTRACIONES, PESE A LOS RECURSOS

En tertulia televisiva (Canal 6, Teidevisión), hemos tenido oportunidad de analizar y contrastar contenidos de los presupuestos generales del Cabildo Insular de Tenerife para el próximo año. En dos consignaciones referidas al Puerto de la Cruz reparamos: una de medio millón de euros destinada a la actuación en la playa Martiánez; y otra de ochocientos un mil euros para afrontar la construcción de una nueva estación de guaguas.
Es ocioso insistir en la importancia de los dos proyectos. Tan solo el hecho del retraso de ejecución en ambos revela sin ambages la necesidad de acometerlos. El de la playa data de hace ocho años y cuenta con todos los informes favorables en el siempre delicado ámbito del impacto medio ambiental. Y el de la estación no solo es una de las prioridades fijadas desde que comenzó a funcionar el Consorcio de Rehabilitación Turística -metido de lleno, por cierto, en la cobertura de la plaza de gerente- sino que constituye una de las demandas populares más llamativas que se recuerda, incluso por la pasividad que la caracteriza.
El caso es que entre los anuncios incumplidos y las demoras sucesivas, el personal se cree muy poco, por no decir nada, que las actuaciones se lleven a cabo. Es una incredulidad creciente, alimentada, claro, por el predominante clima de desafección política. Martiánez tiene escasas  similitudes con aquella visión idílica que poetizara hace décadas Sebastián Padrón Acosta. Pero es necesario mejorarla, aunque este propósito de varias corporaciones locales choca con las características del propio dominio marítimo. Y la estación, en pleno centro de la ciudad, es un monumento a la desidia después de su obligado cierre judicial. Ya escribimos que la solución provisional adoptada en la avenida Hermanos Fernández Perdigón se iba a prolongar. Y lamentablemente vemos cómo la puerta colectiva de entrada y salida al municipio (y al destino turístico, remarcaríamos), por inexistente, y porque la actual interinidad no está  a la altura de las elementales exigencias,  se ha convertido en una asignatura pendiente que requiere ya de algo más que buenas voluntades y buenas palabras.

Playa y estación, estación y playa, pues, precisan de un impulso serio. Si se dispone de recursos presupuestarios, habrá que afinar los argumentos para justificar más retrasos. Miren que es año electoral. 

jueves, 4 de diciembre de 2014

martes, 2 de diciembre de 2014

DESAFÍOS Y CREATIVIDAD

¿Por dónde empezar?
Este argumento de Jorge Carrión, extraído de su trabajo publicado en un sitio digital muy recomendable, jotdown.es, parece válido. Desmenuza diez razones por las que vale la pena estudiar periodismo (o reinventarlo, si ya no se tiene edad para volver a las aulas) y se detiene en que hay que “sentirse parte de una noble tradición”.
Y alude a los numerosos ejemplos que se encuentran en una obra considerada como “imprescindible historia del Nuevo Periodismo”, titulada La banda que escribía torcido, original de Marc Weingarten, de cómo el periodismo, como cualquier otra tradición intelectual, “se construye como una sucesión de artesanos que aprenden de otros artesanos, de maestros y discípulos, de referentes clásicos y de nuevos faros contemporáneos”.
Tras citar a reputados profesionales, poniendo  al lector en la disyuntiva de la elección, señala que “sobre todo, están los periodistas casi anónimos, nuestros primeros jefes, los primeros que editaron textos nuestros, los profesores de la facultad, el redactor del semanario de nuestro pueblo, el chico de segundo de bachillerato que dirigía la revista del instituto y que nos pidió una crónica o un cómic. Todos los autores de todos los textos que hemos leído a lo largo y ancho de nuestras vidas. Todo eso forma una maraña. Una tradición polimorfa de la que vale la pena sentirse parte. O simplemente una banda: la de quienes escribimos torcido. No somos gente especialmente recomendable pero nos gusta nuestro oficio y creemos en él”.
Una auténtica pasión
“¿Te unes al club?”, termina preguntándose Carrión, en una sugerente cuestión con la que intenta estimular el interés -se diría que la vocación misma- de quienes se sienten atraídos por el periodismo o por la comunicación. Ahora que tanto se insiste en la crisis de la profesión y del sector, creíamos que era interesante motivarles y arrancar esta experiencia con un enganche atrayente. Esa sucesión de artesanos, esa larga lista de maestros del oficio son -aunque cueste un poco entenderlo- la sólida base sobre la que ir prolongando la noble tradición y recrear de manera incesante una auténtica pasión que, si se vive y se desempeña bien, consecuentes con principios éticos, resulta difícilmente igualable.
Las apreciaciones de este escritor, crítico y profesor universitario parecen desafiar los registros de la realidad de nuestros días. Veamos:
Cierre de periódicos, desempleo, trabajo mal remunerado, inequidad de género y publicidad a la baja son algunos de los temas tratados por el “Informe Anual de la Profesión Periodística 2013” presentado por la Asociación de la Prensa de Madrid (APM).
La encuesta realizada para el Informe brinda varios datos sobre los principales problemas de la profesión periodística en España. Por ejemplo, el 49.6% de los encuestados consideró que el primer problema de los periodistas españoles en 2013 fue el aumento del desempleo y la precariedad laboral; en segundo lugar, con un 12.6%, la falta de independencia política o económica de los medios y un 12.2 % colocó en tercero la mala retribución del trabajo periodístico.
Así, en 2013 desaparecieron cerca de 4.500 puestos de trabajo en medios de comunicación en España y más de 11.000 desde 2008. Mientras, el número de nuevos licenciados de 2008 a 2012 es de 13.800, jóvenes que el mercado laboral no puede absorber, según el informe. Un 50% de los periodistas en busca de empleo cree "muy difícil" lograrlo en 2014 y un 25 no ve "ninguna posibilidad".
El oscuro panorama del mercado laboral ha propiciado el surgimiento de cerca de 300 nuevos proyectos, fruto del desempleo, de la falta de oportunidades y del descontento con los productos informativos actuales, explicó Luis Palacio, director del informe. Un 40% de estos prevén patrocinios, micromecenazgos o venta de aplicaciones y otros productos como forma de supervivencia. A causa también de la falta de contrataciones, el número de autónomos crece y se sitúa ya en el 15% entre periodistas y profesionales de la comunicación.
Hay otros datos representativos de la desigualdad en el ámbito periodístico español. En 2013 aumentó al 52.3% la presencia de mujeres que trabajan en empresas periodísticas. Sin embargo, el director del informe advirtió de que cuando se analiza el reparto de cargos por géneros el número de hombres que desempeñan tareas de director o de director de informativos duplica ampliamente al de mujeres.
Por otra parte, prevalece la desconfianza de la sociedad. El 56.4% confía "a medias" en la información que recibe y da una nota de 5.16 al trabajo de los medios. La calificación de la independencia es de cuatro (sobre diez). Además, solo 20% de los periodistas declara no haber sufrido jamás presiones para cambiar el contenido u orientación de un texto.
La publicidad también es un problema: entre 2008 y 2012 desapareció “casi la mitad de la inversión", a lo que hay que sumar los recortes realizados por las Administraciones Públicas en los presupuestos de comunicación institucional, que fue 62% más bajo en comparación con 2007.
Las historias, juguetes
Seguro que con estos datos, muchos responderán negativamente a aquella pregunta hecha hace unos minutos, ¿recuerdan?, “¿te unes al club?”. Pero veamos otro testimonio:
“Yo lo único que he querido hacer en mi vida –y lo único que he hecho más o menos bien– es contar historias (...) Para mí, las historias son como juguetes, y armarlas de una forma u otra es como un juego. Creo que si a un niño lo pusieran ante un grupo de juguetes con características distintas, empezaría jugando con todos, pero al final se quedaría con uno. Ese uno sería la expresión de sus aptitudes y su vocación. Si se dieran las condiciones para que el talento se desarrollara a lo largo de toda una vida, estaríamos descubriendo uno de los secretos de la felicidad y la longevidad”.

El Nobel de Literatura Gabriel García Márquez no pronunció estas palabras para referirse a la revolución de Internet. Sin embargo, como señala el profesor Guillermo Franco, editor de eltiempo.com, hoy adquieren plena vigencia en ella, porque dimensionan el tamaño del desafío, identifican los elementos de éxito (o fracaso) y, sobre todo, porque sintetizan la clave del oficio periodístico: contar historias.

Nuevas habilidades

Internet -escribe- ha estremecido los cimientos económicos de los medios tradicionales, pero además –en esencia– ha abierto a la sociedad, en general, y a los periodistas, en particular, nuevas posibilidades y formas de contar historias. De paso, ha roto el paradigma de la comunicación unidireccional de “nosotros hablamos, ustedes escuchan”. Pero esas nuevas formas de contenido requieren el desarrollo de nuevas habilidades. El descubrimiento obvio es que hay vida más allá del texto impreso y que la habilidad para producirlo no será suficiente para sobrevivir en el entorno digital.

De modo que estas apreciaciones de Guillermo Franco, coautor de las dos más importantes investigaciones sobre el periodismo digital en América latina, son mucho más alentadoras y estimulantes. Tanto para quienes ya ejercen de periodistas como para quienes aspiran a hacerlo y como para quienes llevan en su interior la vocación de las letras o de la escritura, si lo prefieren.

Hay que interpretarlas justo cuando la sociedad de la información nos sigue ofreciendo incesantes desafíos de creatividad y cuando la era digital brinda incontables oportunidades de llegar a los lugares más  recónditos, exaltando de paso la inmediatez. Todo es posible en la comunicación de nuestros días y eso se entiende también como una exigencia constante, principalmente para dar respuestas a una sociedad que tiene tanto a su alcance, y tan accesible, que digerir la inmensidad de productos informativos o de comunicación se le hace sumamente difícil.

Necesita sal de frutas, claro que sí, incluso para saber interactuar en las redes de ciudadanía o redes sociales, otra de las grandes opciones de nuestro tiempo, de ese universo digital que nos deshumaniza, según algunos autores, pero que también nos acerca y nos iguala, si bien propende a la vulgarización y desvirtúa la libertad de expresión o invade la privacidad, a la espera de una regulación legal que signifique, sencillamente, que no todo vale a la hora de manifestarse públicamente.

Sin autocrítica no hay madurez

Si quieren unirse al club, sepan que, tal como están las cosas, no se regala nada. Hay que ganarse el puesto y la titularidad se cotiza alta, supone un aprendizaje constante, un sacrificio ilimitado, un dominio de las herramientas, una permanente autocrítica y un ansia de perfeccionamiento o superación como difícilmente puedan imaginar.

Y es que hay gente que viene apretando, cada vez mejor preparada. Pero, sobre todo, gente o ciudadanía a la que hay que dirigirse con rigor y con solvencia, con un sentido de la responsabilidad que se ha acentuado porque la revolución tecnológica también comporta un impulso ético que es indispensable fortalecer si, en definitiva, queremos una sociedad participativa, madura y bien informada.

Piensen que esto no es fácil. No hay que dejarse deslumbrar ni arrastrar por fenómenos pasajeros. Quien crea que por aparecer en una pantalla o porque le dejen un espacio en un programa radiofónico o porque le publiquen un artículo de opinión ya está dando rienda suelta a sus aspiraciones, se equivoca. Eso está bien y hay que ganárselo, Pero hay que seguir y superarse. Hay que ser constantes y motivarse.

Recuerden las palabras de Guillermo Franco, después de la conceptuación de los juguetes de García Márquez: “Hay vida más allá del texto impreso y la habilidad para producirlo no será suficiente para sobrevivir en el entorno digital”.


lunes, 1 de diciembre de 2014

MANIPULACIÓN TELEVISIVA

Escribe Ángel Sánchez Harguindey, superviviente en el diario El País desde su fundación, que RadioTelevisión Española (RTVE), se está convirtiendo, cada día con más descaro, en una empresa de manipulación política. La semana pasada, precisamente, se vivió un episodio que corrobora su apreciación: el nuevo director de los servicios informativos, José Antonio Álvarez Gundín, materializaba una reestructuración de áreas y el relevo de personas en las ediciones del fin de semana que, el Consejo de Informativos, rechazó públicamente al quebrarse la columna vertebral de los telediarios “sin que existan razones profesionales que lo justifiquen”. La decisión se unía a la destitución de la editora y de uno los presentadores de los telediarios del fin de semana. De inmediato se produjo una sentada de protesta de trabajadores ante el despacho del director que se estrenaba, pues, con un notable rechazo a sus primeras determinaciones. Las reacciones de solidaridad no se hicieron esperar, principalmente en las redes sociales, en tanto que formaciones políticas y sindicatos expresaban también su disconformidad y alguna anunciaba la solicitud de comparecencia parlamentaria del presidente de la corporación.
            De modo que estamos ante una nueva crisis que merma la credibilidad de los espacios informativos de la televisión pública -curiosamente, muchas opiniones coinciden en que todo lo contrario sucede en Radio Nacional de España-, muy afectada desde el principio de la legislatura, hasta el punto de haber perdido el liderazgo en las clasificaciones de audiencias. Pensar que esos telediarios llegaron a ser considerados de los mejores del mundo hace unos pocos años… Los contrastados esfuerzos de ecuanimidad, independencia, pluralismo y autoexigente profesionalidad sirvieron de muy poco.
            Recuérdese que los profesionales destituidos habían sido designados por Somoano, el anterior director responsable de informativos. Por supuesto, la nueva dirección -que llega para arreglar algo que no iba bien, seguro- tiene todo el derecho a conformar un núcleo de confianza y a fijar criterios para, teóricamente, mejorar los productos y hacerlos más competitivos.  Pero no es menos cierto que en un medio público las normas reguladoras imponen, tal como se recoge en el comunicado del Consejo de Informativos, la obligación de perseguir la excelencia informativa, además del respeto a la trayectoria profesional de sus empleados. En ese sentido, no es de extrañar que el mismo Consejo haya destapado el temor de que los relevos operados por Álvarez Gundín entrañen la intencionalidad de imponer controles y sesgos en los contenidos de los informativos.

            El caso es que mientras los ciudadanos aguardan una información de calidad, ajustada y pluralista y los profesionales se esmeran en disponer de mejores condiciones de trabajo, RTVE no termina de superar en esta legislatura las servidumbres de la manipulación ideologizada que la alejan, sí, del modelo de servicio público que se ve amenazado, por cierto, por la inserción de publicidad privada. ¿O es que era eso precisamente lo que querían?