viernes, 13 de febrero de 2026

La penúltima de Ayuso

 “El faro principal del mundo libre”. ¿Estará Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, la que no quiere migrantes africanos llegados a Canarias, entre otras cosas, en este mundo? Sí, claro que está, con sus extravagancias, sus golpes de tango, sus provocaciones y sus apuestas para jugar en la liga de la política nacional que es la que más le gusta, incluso antes de que la condujera Miguel Ángel Rodríguez, el no tan célebre MAR.

Para Díaz Ayuso, ese faro principal es Estados Unidos, al que ha concedido la Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid, soñando que será ella quien se la entregue o imponga. Ese faro principal alumbra los tristes sucesos que han ido aconteciendo, en “un país al que Madrid ha mirado siempre con admiración”, ha dicho la señora presidenta. ¿Incluso ahora, en estos tiempos de resurgida Gestapo? Habría que preguntarle. El portavoz parlamentario del grupo Más Madrid, Hugo Martínez Abarca, criticó sin reservas este reconocimiento a Estados Unidos en un momento marcado por la política de acoso y persecución a migrantes impulsada por Donald Trump:

“Mientras Trump persigue a los hispanos con su Gestapo, asesina a quienes se oponen a la persecución, secuestra a niños de cinco años por su acento, Ayuso le pelotea rastreramente y le ofrece su premio FIFA de la paz”, reaccionó el diputado de la formación regionalista que optó por la fórmula  no siempre atinada de ironizar con personajes tan sigulares del derechío como es Isabel Díaz Ayuso: “Lo único bueno es que Trump no sabe quién es esa señora”.

Es curioso que nadie o pocos hablen de desviar la atención de las acciones y las controversias que protagoniza el inefable Donald Trump, cuando afloran cuestiones como éstas. La fe ciega de Ayuso es digna de mejor causa, aunque el comentarista de la cadena SER, Fernando Berlín (Hora 25), aproximándose a ese territorio burlesco y sarcástico, le atribuya la condición de imbatibilidad “en elegir el lado equivocado de la historia y en alinearse con líderes como el propio Trump, Bolsonaro o Milei”. Todo ello -duda Berlín- para, a continuación, reconocer que no termina de entender este movimiento ni las intenciones de la política del Partido Popular: "Yo lo que me pregunto, porque no solamente esto nos aleja de la doctrina del centralismo europeo y también de la diplomacia, es qué persigue exactamente", se interroga.

Ayuso es así, señoras y señores, le gusta lucirse, va por libre, le encantan los versos sueltos que lee y no tanto improvisa, a estas alturas que odie el socialcomunismo y sea excluyente en su praxis política, no es noticia. Ni siquiera su pareja en trance de proceso de judicial y que, poco a poco, entre lentitudes y silencios mediáticos, se va olvidando. Ella se entrega, entera y tal como es, da igual las críticas. Seguro que habrá escuchado unas cuantas veces un dicho coloquial antes muy repetido en las islas: “Lista como una tea”. Se atrevió con un insulto grave al presidente del Gobierno desde un palco del Congreso.

Para Berlín, se comprende que la presidenta madrileña, en su desempeño político, quiera tener su propio discurso y, por tanto, discrepe con cargos gubernamentales y hasta con gente de su mismo partido. Aunque invada la provocación y a veces transgreda sus líneas, lo que cuesta entender es que, contraviniendo los esquemas más elementales y teniendo en cuenta el modus trumpista, qué bombilla se ha encendido o cómo brota la ocurrencia de tal asesor/ asesora para distinguir o reconocer a un país -nada menos que el faro principal del universo libre- donde su gobierno y su presidente brillan últimamente por los abusos y los desmanes, aranceles aparte.

Le habrán musitado, por lo menos, esos sesudos apuntadores, otra frase muy repetida en películas, canciones y grafitis: “Yankee, go home”. La ciudadanía madrileña, casi siempre tan crítica, se lo recomendará

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