sábado, 11 de diciembre de 2021

Del celuloide al lienzo

 

¡Quién le iba a decir a Pedro González, ‘Peri’, ‘Pegonza’, que con la acuarela iba a reencontrarse con el séptimo arte, al que tanto tiempo dedicó desde una privilegiada posición emprendedora en la industria local!


Pues aquí le tenemos, con sus pinceladas, recreándose en títulos cinematográficos eternos o plasmando aquellos otros de producción más reciente que reflejan nuevas concepciones, tendencias modernistas u obras que dejaron huella entre los cinéfilos.


El género acuarelístico da vida a los carteles anunciadores, al affiche, a la imagen que identifica y hasta simboliza, en este caso, una película. Filmaciones de ayer y de hoy, pero de siempre, porque esa imagen, de alguna manera, las ha inmortalizado.


Pedro González le da ahora una naturaleza pictórica que renueva su atractivo, su impacto.


Y nos traslada, en un viaje imaginario, a los valores que inspiraron obras maestras, superproducciones –que así eran denominadas- e historias que lucían en la gran pantalla para emocionar, para hacernos reflexionar, para admirar dotes interpretativas y las habilidades indispensables en la dirección.


Un viaje que muy podría comenzar en West Side Story, ahora que a Steven Spielberg le ha dado por actualizar aquel musical/romance que las pandillas callejeras de los años 50 en New York inspiraron a Robert Wise y Jerome Robbins. Está todo listo para que el “remake” se estrene el próximo martes 21. O sea, que más oportuna no ha podido ser la inclusión de este cuadro en la serie.


Un viaje que no solo brilla con los colores de ET sino también con el blanco y negro de Casablanca, un clásico entre los clásicos, apto para rememorar el comienzo de buenas y nuevas amistades entre los grises que caracterizan los hangares del aeropuerto de la ciudad alauí.


Es un periplo acuarelístico y cinematográfico que hace escala en la Muerte en Venecia, con los ideales estéticos de Luchino Visconti y el drama de una epidemia de cólera; y sigue la huella del western Hasta que llegó su hora, considerado uno de los tres mejores de la historia del género, dirigido por Sergio Leone y con una banda sonora memorable de Ennio Morricone.


Pedro González perfecciona su escala cromática entre Titanic y Star Wars. Desliza sus tonalidades en los musicales Sonrisas y lágrimas; El violinista en el tejado (producida y dirigida en 1971 por Norman Jewison; Cantando bajo la lluvia, a la larga un himno mundialmente conocido e interpretado por varias generaciones. La película de los paraguas, dirigida por Gene Kelly, una referencia del cine de los años cincuenta.


Las mejores luces y los mejores reflejos de esta serie de González dedicada al cine y a sus anuncios, los encontramos en películas que deleitan a los niños: Mary Poppins, El rey León, Bambi…


El autor sortea las dificultades de la interpretación de los affiches seleccionados con la mesura de quien ha sabido ir curtiéndose con motivos de muy distinto signo. La paisajística en la acuarela, por ejemplo, invita a liberar espacios y encontrar el color adecuado. En los carteles de cine, ha de ajustarse al impacto de un movimiento, a un momento que es un ‘flash’ o al reflejo de una escena elocuente, como los de La misión o La hija de Ryan.


Pedro González nos obsequia estas Pinceladas del 7º arte en otra prueba de su madurez artística. Si el cine, en el pasado, fue una pasión, su actividad profesional, ha convertido la acuarela en su otra gran ocupación de nuestros días, en el reflejo de su quehacer artístico.


Lejos estaba hace algunos años de imaginar que pintaría El Padrino, Doctor Zhivago y Lo que el viento se llevó, títulos que iluminaron una contemplación artística, ahora enriquecida con esta visión acuarelística tan llena de matices como exigían las obras escogidas en las que el acierto de la pigmentación nutre la estética y la atracción adecuadas, logrando eso que siempre debemos apreciar en una acuarela: que su luz la atraviese y cree un efecto de “desteñido”.


Un ayer y hoy inmortalizado en esta colección que aplaudimos a sabiendas de que trabajó en lo suyo, en lo que conoció y saboreó desde una cabina o desde una butaca. Quiso traspasar del celuloide al lienzo. Y los resultados han sido excelentes. El arte siempre puede.


¡Quién se lo iba a decir! Él, logrando pinceladas del arte que le sedujo, a partir de los carteles anunciadores de títulos para la historia. Gocen los cinéfilos. Y los amantes del arte.



No hay comentarios: