El artista tinerfeño, cantante y pintor, Santiago <Chago> Melián, recibó anoche el 'Gánigo de honor' con que la Asociación Cultural 'Gánigo' reconoce trayectorias y méritos contraídos durante su ejercicio activo. El acto tuvo lugar en el complejo turístico 'Costa Martiánez' (antiguo Lido San Telmo), con asistencia del alcalde de la localidad, Leopoldo Afonso.
Nos correspondió glosar la personalidad de Melián. Y dijimos esto:
"Ha pasado mucho, muchísimo tiempo desde que presentamos el debut de Santiago <Chago> Melián en el parque San Francisco, en algún festival de aquellos que acogía el desaparecido recinto, aún pendiente, por cierto, de que alguien dé un paso al frente y promueva su reconstrucción o su readaptación, aunque no haga uso de aquel concurso de ideas que fue convocado al respecto y que duerme el sueño de los justos.
Desde entonces, muchas apariciones conjuntas introduciendo sus actividades artísticas, que no son pocas, incluso las vinculadas a la pintura. Apariciones que han servido para conocer mejor las aptitudes de un creador nato, sensible y predispuesto al perfeccionismo. Tantas veces, Chago, que ya han forjado una amistad sincera, leal, más que complementaria. De las de antes.
Hoy nos corresponde glosar brevemente su personalidad, indisoluble de su voz singular que atrapó a más de uno en recintos donde, siempre que comparecía él, predominaba un sentimiento inmarcesible. “Con mi timple y tu ukelele”, Chago elevó sus notas como él sabe hacerlo, sobrio y seguro, para caminar sobre el mar de aquella atmósfera envuelta de emotividad, de nostalgia y de conciencia solo palpable en determinadas ocasiones. Como aquella noche de hace unos años en el Guimerá donde puso a prueba, con su hija Yurena, la fusión de los sonidos canarios y hawaianos.
Como en cada martes del Carmen portuense, cuando la virgen marinera se mece sobre las olas del Atlántico y no se apagan los ecos y los vítores de quienes la embarcan y la jalean, una estampa que luego se repite, a otra escala, en el inigualable marco de Bajamar-Punta del Hidalgo, donde Melián sembró sus raíces con su canto fecundo y con su voz peculiar capaces de hacer brotar a borbotones la emotividad y la sensibilidad.
Melián ha popularizado Ave María, de Franz Schubert, uno los cantos sacros católicos más trascendentes. Ha creado escuela: en muchos pueblos, acaso donde él mismo haya actuado, han salido personas de toda condición social, de distintas edades, que rendidas a la voz del artista, han ensayado y se han atrevido a replicarle con desigual fortuna. Chago ha cantado en los más variados escenarios de las islas: al aire libre, con frío o calor, y en los recintos más insospechados. Lo hace con modestia, tal cual es su personalidad, sencilla y desenfadada: nació para cantar, dotado de una voz singular, con la que ha paseado el nombre de la Punta por múltiples rincones a los que ha hecho llegar su afán creativo, sus dotes de intérprete que no se conforma sino que investiga y trabaja para ofrecer montajes e innovaciones con las que ido madurando su estilo.
Al cantante le debemos su testimonio de amor por esta ciudad cuando pregonó hace unos años sus Fiestas de Julio, en el exterior del Jardín Botánico sin importar que la pretendida ampliación fuera uno de esos imposibles que se encuadran en la historia local. Entonces, Chago Melián rescató el Canto (también era denominado Himno) al Puerto de la Cruz, música del compositor valenciano Enrique Ortí, el primero de una saga de músicos profesionales de distintas generaciones que ha dejado huella por el alto nivel de su desempeño; y letra del madrileño Luis Gálvez Monreal, profesor, escritor y poeta, casado con la portuense Luisa Acosta Miranda, hija de Andrés Acosta, y fallecido en Venezuela en enero de 1987.
Gálvez, autor de dos libros
muy bien valorados, Dos mundos y un volcán y La ciudad tiene otra
cara (este obtuvo el premio de novela Pérez Armas en 1955), fue
director en el país sudamericano de El Tiempo, La Voz Caribeña y El
Barcelonés, además de fundar El Diario de Oriente. También
dirigió en la venezolana Barcelona, el Liceo Cajigal.
La composición fue versionada, años
después, por la coral Reyes Bartlett que la incluyó en su repertorio durante
distintas etapas. Dice así:
“Rincón de mis ensueños,
nidal
de mis amores,
vergel
del paraíso,
esencia
de sus flores.
“Recuerdos y añoranzas,
nostalgias
y alegrías,
albores
de esperanza,
ese
es mi Puerto
mi
patria amada.
“Visten las olas
negros
peñascos,
de
blanca espuma
curvan
las aguas
un
horizonte
limpio
de brumas.
“El Teide eleva
en su
misterio
que
apunta al cielo
nieves
y lavas,
lavas
y flores,
flores
y fuego.
perfiles
de araucarias,
rumor
de plataneras
que
trepan las montañas.
“Estampa de otro tiempo
que
el mar arrulla y baña,
colores
derramados,
ese
es mi Puerto
rincón
de España.
“Cantemos alegres,
cantemos
al Puerto,
mitad
campesino,
mitad
marinero,
isas
y folías
tiernos
arrorrós,
vino
tinto y gofio,
vino
tinto y gofio,
que
más quiero yo”.
Los versos son válidos, desde luego, para revivir las emociones, los ecos y los afectos de esta noche portuense. Para expresar nuestra gratitud al artista, acreedor con todos los honores de este ‘Gánigo de honor’, y nuestro perpetuo aplauso que suena tan especial como su voz superdotada".
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