Falleció, a los
96 años de edad, José Emilio Santamaría, quien fuera defensa central del Real
Madrid y de la selección española, después entrenador del Espanyol de Barcelona
y luego seleccionador nacional olímpico, responsabilidad a la que posteriormente
seguiría la del equipo absoluto que dirigió, por cierto, durante el Campeonato
Mundial de 1982, disputado en nuestro país.
Con
el Club Nacional de Football ganó cuatro veces el Campeonato uruguayo. Fue
internacional en 25 ocasiones con Uruguay y 16 con España. Disputó el Mundial
de Suiza en 1954 con la selección uruguaya, y el Mundial de Chile en 1962 con
la selección española.
Como
entrenador, Santamaría comenzó su carrera al año siguiente de su retirada como
jugador, en la cantera del Real Madrid. Dirigió a la selección olímpica de
España en los Juegos de México en 1968 (allí estuvo el tinerfeño José Antonio
Tigre Barrios) y en los de Moscú en 1980. Y en 1982, fue el seleccionador
español en el Mundial de España, en el que, a duras penas, superó la primera
fase para luego caer en la siguiente frente a Alemania.
Desde
1971, y durante siete temporadas, dirigió al Espanyol, en Sarriá, en 252
partidos, convirtiéndose en el entrenador con más partidos oficiales en la
historia del club.
Le
conocimos en uno de esos siete ejercicios, cuando el club catalán disputó el
segundo Trofeo Teide de fútbol, en 1972, sorprendentemente ganado por el Real
Unión, que se impuso al Puerto Cruz (2-0) después de haber superado al
Tenerife. Los portuenses, contra todo pronóstico, superaron al Espanyol
(todavía con eñe, Español) en El Peñón en la tanda de penaltis, tras acabar con
empate (2-2).
Hacíamos
entonces información deportiva en La Tarde y Radio Popular de Tenerife. La
expedición españolista se alojó en un hotel del Puerto de la Cruz. Entre sus
componentes figuraba Josep María Casanova, destacado periodista catalán que
luego diseñó la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos del 92. Fue editor y consejero de la revista Don
Balón, y también editor del diario Sport, autor de una célebre
confesión cuando fue entrevistado: «¿Que me contradigo en mis
artículos? A ver, la vida cambia. Tonto es el que mantiene un criterio cuarenta
años. Entiendo que no se tiene decir una cosa hoy y otra mañana».
Seguimos
juntos aquel insólito partido desde la la minúscula aparente tribuna de la
vieja cazuela portuense, en el que hay un lance inolvidable que hemos contado
en otras ocasiones: Tito del Pino, el genio de El Peñón, se llevó el balón
hasta una esquina de la cancha donde, por señas, llamaba a Pedro de Felipe,
internacional que había sido con el Real Madrid que lo traspasó al club
catalán. Cuando se acercó el férreo defensor, Del Pino ¡le coló el balón entre
las piernas! Le hizo lo que con el tiempo fue reconocido como ‘un túnel’.
Después,
en el hotel, seguimos hablando con Santamaría y Casanovas, que no daban crédito
al resultado. El técnico estaba evidentemente disgustado. Jugar en una cancha
de tierra, de reducidas dimensiones, el ardor y los aciertos en la definición
de un Puerto Cruz en el que empezaba a notarse el sello de su entrenador,
Fernando Cova, fueron factores determinantes en el inesperado resultado. A fin
de cuentas, era un Primera regional el que había superado a un Primera
división.
Santamaría
se retiró del fútbol después de aquel infausto Mundial-82, dicen algunos que
condenado por la prensa. Había contribuido a crear el mito, la leyenda de un
equipo irrepetible, el Madrid pentacampeón europeo. Cuando decidió abandonar,
sentenció:
“Hablaba
con los futbolistas y les explicaba todo. Quizá hay que ser sinvergüenza y yo
no sirvo”.
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