El balance es patético: doce mil atropellos, más de doscientos
muertos y mil quinientos heridos graves se registran cada año en los municipios
españoles, según el Centro de Estudios y Opinión ‘Ponle Freno-AXA de Seguridad
Vial’, impulsor, junto a la Federación Española de Municipios y Provincias
(FEMP), del manifiesto titulado “Ponle Freno Peatones 2030”, un texto que
recoge el compromiso de las entidades locales por la reducción de la
siniestralidad vial en las calles mediante la adopción de medidas que permitan
disminuir en un 50 % la cifra de fallecidos y heridos graves por atropello.
La necesidad de proteger al peatón,
según se dice, se basa, entre otras razones, en que es el único usuario
universal de la vía, y además es el más lento y vulnerable; es igualmente el
usuario que más fallecidos registra y el segundo con más heridos graves, que
siempre es víctima en caso de siniestro. Pero, además es el más ecológico y de
hábitos más saludables y el que cuenta con más derechos.
En el momento de la presentación del
manifiesto ya eran diez las ciudades firmantes: Badalona, Zaragoza, Palma,
Málaga, Valencia, Vigo, Bilbao, Santander, Madrid, Las Palmas de Gran Canaria,
Jerez de la Frontera y A Coruña. Lo que se plantea a los municipios firmantes
es la realización en sus términos “de todos los esfuerzos técnicos,
estructurales, reglamentarios y humanos que permitan que en 2030 los peatones
fallecidos o heridos de gravedad se reduzcan a la mitad tomando como base las
cifras de 2019, año anterior a la pandemia”.
En este sentido propone que, en la
medida de sus posibilidades, se implementen iniciativas que van desde el
establecimiento de pasos de peatones adaptados a un modelo que los hace más
seguros, hasta el aumento de las zonas peatonales y de las de velocidad
limitada o el establecimiento de aceras confortables, con menos obstáculos.
También se consigna, según fuentes de
la FEMP, entre otras propuestas, la sensibilización de los peatones sobre no
mirar el móvil al cruzar y reducir su uso en las aceras; iniciar el cruce de
forma lenta y hacerse visible antes de cruzar; y no hacerlo nunca fuera de los
pasos de peatones ni con el semáforo peatonal en rojo.
Tiene razón el secretario general de
la Federación, Luis Martínez-Sicluna, cuando señala que “la seguridad vial no
es una estadística, sino una obligación ética y un deber institucional, porque
detrás de cada cifra hay vidas y familias que merecen toda nuestra atención”.
Entre lo mal que se conduce, la progresiva reducción de espacios y el
crecimiento galopante del parque automovilístico, lo cierto es que las
políticas orientadas a mejorar la seguridad en el espacio urbano parecen
resultar insuficientes a tenor del balance comentado al principio. Así, indica
Martínez-Sicluna, la movilidad peatonal sitúa a la persona en el centro, lo que
obliga a diseñar entornos urbanos que permitan desplazarse con autonomía y
seguridad. De este modo, apostar por el peatón implica prestar atención a
colectivos especialmente vulnerables, como los niños, las personas mayores o
quienes tienen movilidad reducida.
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