En una ciudad que ha
perdido chispa e iniciativa política -no digamos sustancia para un debate
político- llama la atención que algunos hayan intentado animar el cotarro con
la presencia de la selección de Israel en el campeonato mundial junior de
waterpolo que desde el pasado domingo se viene disputando en el Centro Insular
de Deportes Acuáticos de Tenerife, con sede en el Puerto de la Cruz, junto al
campo de fútbol El Peñón, por si alguien aún no lo sabe.
Por lo que sabemos, tampoco
han cosechado mucho éxito, por lo que la atonía sigue el curso que resumíamos
en las primeras líneas del párrafo anterior. El Puerto ya no es lo que era,
amigo mío, cuando hasta el fallo de un jurado en una elección de reina de algo
era noticia o cuando un incremento en la tasa del servicio de recogida
domiciliaria aprobado opor el pleno al menos despertaba la protesta del gremio
de restauración. La política ha dejado de interesar, la hacen los protagonistas
a su manera y las grandes causas, por decirlo de alguna manera, aquellas que
podrían englobar el ánimo o la sensibilidad de la población, han dejado de
interesar. Importan más unas fotos en redes sociales que un documento gráfico
que condense una instantánea de un suceso o un conflicto bélico de amplia
repercusión.
El caso es que se disputa
ese campeonato y en esa instalación deportiva, que data del mandato anterior,
se concentran varias representaciones de la disciplina, entre ellas la de
Israel. Los judíos no han tenido un papel
muy fino que digamos desde aquellos primeros bombardeos vengativos de un
sorpresivo y cruel ataque palestino. ¡Qué papel fino ni ocho cuartos! Si las
decisiones del Gobierno de Benjamin Netanyahu han prolongado una guerra que una
buena parte de la opinón pública mundial viene calificado de descarnado
genocidio, antesala de una ocupación del territorio. Y lo que te rondaré
morena.
El planteamiento consistía en boicotear a
Israel en las redes sociales. Leemos al siempre audaz Álvaro Morales en canariasahora.com:
“Los promotores de esta iniciativa denuncian que se utilice el deporte como
estrategia de lavado de cara que permite que Israel siga perpetuando crímenes
de guerra y de lesa humanidad, así como manipulando a gobiernos de medio mundo
y socavando nuestras democracias”.
“Si estás
en Tenerife y no puedes devolver el ticket de entrada -añade un mensaje
difundido a gran escala-, acude mostrando todos los símbolos de Palestina que
puedas llevar contigo, como banderas, pancartas, pines… y exige un boicot total
a estos equipos, que se benefician de la ocupación, asesinato y mutilación
permanente de miles de niños que nunca podrán volver a nadar, correr o
simplemente tener una vida normal. Fuera genocidas de nuestras aguas. Fuera genocidas
de nuestros deportes”, termina el texto.
Cerca del lugar donde jugaba Israel y se disputaba la competición de rango mundial en la categoría junior, en la pared de protección de otro espacio polideportivo, hay un graffiti inspirado en el Gernika de Picasso. Es la silenciosa manifestación de malestar y protesta que hubo de superar, por cierto, una agresión de personas presuntamente pro israelíes que entintaron aquél con pintura azul.
La localización es atinadamente descrita por Álvaro Morales: “Una ubicación, por tanto, que imposibilita que las propias jugadoras de Israel no lo vean si son llevadas en guagua hasta el centro acuático para sus encuentros”. Allá, en Gaza, seguirán machacando. Aquí, en Tenerife, la indiferencia -salvo alguna escolta o despliegue policial- primará en una sociedad que ya ha olvidado motivos de lucha social. Y la solidaridad que, siquiera a cuentagotas, debe generar. Tiempos.
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