Debió ser una de las
primeras urbanizaciones del moderno Puerto de la Cruz de indeclinable vocación
turística y que precisaba suelo para configurar una personalidad urbanística
avanzada. Es probable que hasta con los instrumentos de planeamiento de entonces
fuera recepcionada apropiadamente por la Administración. Surgía como
integradora de distintos sectores que dividía la Carretera General del
Botánico, menos conocida por su denominación oficial, Avenida del Marqués de
Villanueva del Prado.
Hablamos de la
urbanización El Botánico que abarca desde los alrededores (trasera) del hotel
del mismo nombre hasta la calzada de Martiánez (popular Camino de las cabras).
Una de sus vías principales, rotulada como Richard J. Yeoward, presenta un
aspecto deplorable. Así de claro y de sencillo. Lo pudimos comprobar
personalmente en una visita reciente a uno de los establecimientos de la zona.
Las quejas de los
taxistas y de los habitantes del lugar están más que justificadas. Parece
inaudito que en los tiempos que corren existan esos baches en la calzada, esos
desconchones, esos parterres abandonados, esos pequeños depósitos de residuos,
esa falta de limpieza muy fácil de advertir… Y por la noche -porque no pasamos-
cabe pensar cómo estará el alumbrado público. La seguridad, en cuestión, desde
luego. El taxista tenía razón:
-Esto es una vergüenza
pública. No parece que sea territorio del Puerto de la Cruz.
Pero está ahí, visible
circulante. Se imagina uno a los vecinos y habitantes del sector. Es como si un
edil, un funcionario, un operario, un notificador, un hombro en el que llorar o
quejarse o tomara la iniciativa para un remozamiento integral, no pasaran por
allí. Pero el Puerto, no solo por estas claras señales de desidia, ha dejado de
doler. Por eso surgen estos paisajes inauditos, impropios de una ciudad
socialmente avanzada que decíamos hace unos cuantos años.
-Esto es una vergüenza
pública. No parece que sea territorio del Puerto de la Cruz.
Entiéndase la repetición.
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