viernes, 26 de diciembre de 2008

MONJAS Y CURAS (I)


Congregación de Hijas de María Madre de la Iglesia y Padres Agustinos. Dos comunidades religiosas vinculadas al devenir del Puerto de la Cruz. En este 2008 que termina ha habido conmemoraciones que han servido para ponderar su quehacer y su obra. Asistencia sociosanitaria y enseñanza, dos campos en los que la aportación de monjas y sacerdotes ha sido notable. Y que el pueblo, por cierto, ha sabido corresponder y agradecer.
En un caso, la continuidad; en el otro, la historia. El Hospital de la Inmaculada Concepción y el centro Madre Matilde Téllez son las pruebas de la perseverancia de las Hijas de María. El colegio San Agustín, decisivo en la formación de algunas generaciones de portuenses, cerró sus puertas pues sus responsables no pudieron o no supieron afrontar los planteamientos del nuevo sistema educativo. El cese de la actividad del colegio es otra prueba de cómo han ido desapareciendo los activos del municipio.
Las monjas llegaron, según está acreditado documentalmente, en los primeros días de 1908, siendo alcalde del municipio Melchor Luz y Lima. Una de las cuatro fundadoras era sor Sebastiana, de la que se cuentan excelencias de su generosidad y de su sacrificio.
Pero la más popular, el nombre más conocido y apreciado en todo el pueblo y en buena parte de la isla, es el de Pura Arencibia, sor Pura, natural de Telde (Gran Canaria). En 1972 fue nombrada hija adoptiva del Puerto de la Cruz, una de cuyas calles lleva su nombre.
Los recuerdos que uno conserva de sor Pura son los de una buena samaritana, de alguien que atendía y escuchaba a todo el mundo, que asistía puntualmente a las misas, que hacía de doctora… y sanaba. Sor Pura era el hospital mismo. Sin exageración. Había llegado destinada al Puerto en 1920 y fue superiora en dos trienios diferentes.
Bueno, el hospital también es Luis Espinosa García-Estrada, el médico perpetuo, el doctor de rostro bonachón, el infatigable caminante, el galeno vecino del diagnóstico exacto que siempre tuvo palabras de aliento para cualquiera que las necesitare.
El Hospital de la Inmaculada Concepción ha cumplido cien años. Es un centro entrañable que ha acogido centenares de enfermas, de personas desvalidas. Allí han vivido la recta final de su existencia personas de toda condición social que encontraron siempre el calor y la atención de las monjas. El pleno del Ayuntamiento galardonó al Hospital con la medalla de oro de la ciudad, su máxima distinción, en 1983, siendo alcalde Francisco Afonso Carrillo. En aquellos años, se acometió un importante proyecto de reacondicionamiento.
Para recordarlo, para dar las gracias, cada 8 de diciembre, festividad de la Inmaculada, hay una misa cantada y un desayuno que sirven las propias monjas. El coro lo integran antiguas alumnas y componentes de otras agrupaciones que tienen así oportunidad de prolongar su afición por el género. Siempre terminan con el himno. Afonso dio el paso y aquello se hizo costumbre. Desde entonces, allí nos damos cita unas cuantas personas que apreciamos tan de cerca, siquiera una vez al año, la contribución de la congregación.
El espíritu de sor Pura está presente -¿verdad, doctor?- y por eso, el próximo mes de enero, cuando Teresa Umpiérrez, Bernarda Cabrera y Concepción Martínez celebren las bodas de oro en la congregación, habrá una nueva oportunidad de recordarla y de contrastar la inmensidad de la obra de las Hijas de María Madre de la Iglesia.
Una obra que tiene una dimensión social extraordinaria, desarrollada en el centro Madre Matilde Téllez, la fundadora de la congregación, ubicado en el antiguo cuartel de la Guardia Civil. Allí, en sus restauradas dependencias, han encontrado abrigo los niños que no pudieron tenerlo en sus hogares. Allí son educados, allí conviven, allí juegan y allí crecen hasta que las edades determinan su traslado.
Allí, ya con responsabilidades públicas municipalistas, nos reencontramos con sor María, una monja que había estado muchos años en un colegio de Tucupido, estado Guarico, en Venezuela, curiosamente nuestro primer colegio. María Vadillo está hoy destinada en Las Palmas de Gran Canaria. Se sorprendió, cuando casi al cabo de cuarenta años, le describimos el interior y los accesos del colegio, así como la celebración religiosa del día de la Inmaculada Concepción, al aire libre y por calles no asfaltadas. “Dios te conserve la memoria, hijo”, comentó con toda humildad.
En el hospital y en este centro de educación especial las monjas han hecho un trabajo encomiable, gozando siempre del respeto, del afecto y de la ayuda, solidaria, material y espiritual, que el pueblo ha sabido prestar. A sus respectivas superioras, sor Angeles Rubí y sor Rosa Rebellado, les ha correspondido el honor de preparar y vivir en primera fila las conmemoraciones. Cien años de presencia entre los portuenses, entre los tinerfeños, cien años de prestaciones, bien merecen el reconocimiento de todos.
(continuará)



lunes, 22 de diciembre de 2008

DE INSULTOS, VALENTÍAS Y ADVERTENCIAS

Seguro que Javier Ortiz no pedirá hoy al vicepresidente del Gobierno, a su vicepresidente, que diga quiénes son todos esos hijos de puta que lleva sorteando, tal como saludó a un periodista en el curso de un cóctel navideño, impregnado, por cierto, del espíritu contrario, según discurren las cosas en las Canarias de nuestras tribulaciones últimamente.
El presidente tinerfeño de Coalición Canaria, casi al mismo tiempo, había inquirido valentía a los socialistas de modo que pusieran sobre la mesa los nombres de los medios afines al Gobierno tras conocerse una resolución del Tribunal Superior de Justicia de Canarias sobre el concurso para adjudicar las licencias de la Televisión Digital Terrestre (TDT), como si esa fuera la esencia de un debate -por lo demás, inexistente- y como si no se conocieran en las islas, a estas alturas, las tendencias, los gustos y los sesgos.
La valentía hoy sería, cuando menos, recriminar públicamente a Soria por su nuevo dicterio.Mejor haría Ortiz en preocuparse, siquiera en defensa de la nunca bien ponderada libertad de expresión y tan invocada a propósito de un debate no muy lejano en el Parlamento de Canarias, por la precaria situación del Centro de la Cultura Popular Canaria que tiene un micrófono y una antena incómodos para quienes están más acostumbrados al incienso, al halago y al acriticismo. Ya saben: los grupos de CC y PP votaron en contra de una enmienda -cuantificada en cuarenta mil euros; nada: una ruina para la Comunidad de los derroches- para subvencionar a la entidad. Y en eso llegó Cabrera Pérez-Camacho para desmarcarse y para hacer más evidente el por qué del rechazo a la enmienda, acompañado de disculpas del socio popular -qué versallesco, faltaría más- y de la consabida reacción solidaria.
Reacción que no habría de acabar en mera testimonialidad, por cierto. Ya deberían los socialistas, por ejemplo, estar proponiendo desde una entidad financiera en la que hubo codazos por acceder a los órganos de dirección, un convenio o similar para impedir la desaparición del Centro. Disponen de opciones y de recursos para hacerlo. Sólo hacen falta iniciativa, voluntad y eficacia para demostrar que hay soluciones al alcance y que no se está ahí, en la entidad financiera, para la vida contemplativa o vegetativa.
Ya ven cómo el Gobierno prefiere la beligerancia. Su presidente advierte con acciones -¿le habrá preguntado Ortiz cuáles son las "de todo tipo"?- a quienes imputen o den a entender alguna comisión delictiva a sus decisiones. Claro: es que andamos en un Estado de derecho -por mucha impunidad y por mucha laxitud con la que algunos vienen desenvolviéndose desde hace muchos años- y hay que respetar las reglas del juego. Y cuando eso no ocurre, como es el caso del concurso de la TDT hasta que el Supremo diga lo que sea procedente, pues actúan los tribunales, sobre todo si alguna de las partes en litigio -nada menos que tras concurso público- se siente perjudicada.
Pero es que aquí las infracciones o el incumplimiento están del lado gubernamental. Que lo dice, oiga, el Tribunal Superior de Justicia de Canarias; luego ¿a qué viene esa bravata? Defenderse, sí; pero que desde la primera instancia gubernamental, o sea, la primera que debe velar por el cumplimiento de la legalidad, se lance la advertencia, tras un fallo judicial tan rotundo, es reprochable. Baste comprobar el veloz efecto contagioso entre aquéllos que luego dicen lamentar la judicialización de la vida política o la politización de la justicia. Y encima se lo reprueban a los políticos que ejercen acciones.
Mejor ha quedado el ejecutivo, desde luego, con la aprobación de una Ley de Medidas Tributarias para incentivar la economía, aunque sea plagiando las que el pasado mes de julio promovió el grupo socialista. Don Manuel -Fraga, que no Marcos- hubiera dicho lo del "sólo acierta cuando rectifica". Rechazaron aquéllas entonces los socios gubernamentales, modificaron a la baja ahora un porcentaje en el concepto de transmisiones patrimoniales y actos documentados y las hicieron suyas, como siempre en defensa de los intereses generales de la sociedad canaria. Total, por seis meses, qué es una raya más para un tigre.

sábado, 20 de diciembre de 2008

'PUERTOCRUZ LA NUIT'


Hubo un tiempo en que el Puerto de la Cruz fue el núcleo principal de la actividad nocturna de la isla.
El turismo, las extranjeras, el desarrollismo de los años sesenta, la liberalización de ciertos usos y hábitos sociales, el despertar de los jóvenes, las velocidades de la primera década de los setenta, el lento pero imparable aperturismo de los medios de comunicación, las facilidades y la adaptabilidad… todo, todo estaba al alcance y era muy fácil en aquel Puerto de intensa y vertiginosa vida nocturna en el que confluían parejas santacruceras de prosapia, profesores y estudiantes de La Laguna, empresarios y aprendices de ello enriquecidos en un plisplás y gentes de toda condición social llegadas de pueblos cada vez menos lejanos.
Todos en busca de diversión, de aventuras, de oportunidades, de modernismos… La oferta era amplia y generosa. Ambientes “in” y recintos apropiados. Claroscuros. Multifocos. Pasarelas. Diseños desconocidos y atrevidos. Humo que cegaba y no cegaba los ojos, cuando nadie pensaba que algún día llegaría la prohibición de fumar. Cerveza baratísima, güisqui de todas las marcas, blasier, mucho blasier, suéters de cuello alto, faldas que se iban acortando progresivamente y escotes para atraer miradas… Música “disco”, ritmos vanguardistas, orquestas clásicas, conjuntos que intentaban abrirse paso, guitarristas aficionados, algún cantante solitario que se atrevía, otro que oficiaba de imitador…
Y al día siguiente, o al lunes siguiente, a contar la hazaña. O a prolongar el enamoramiento. A pensar en cómo darle alegría al cuerpo la próxima vez. Las leyendas urbanas circulaban que era un primor a velocidad de bólido. Nadie quería perder posiciones. Y la facilidad para incorporarse a la carrera era asombrosa.
Fue un exponente de la época dorada de la ciudad. “Puerto Cruz la nuit”, acuñamos en su momento. Curioso, porque era una suerte de libertad allí donde no la había, una conquista anticipada. Era la exteriorización del cosmopolitismo y de los avances de la época. La noche giraba de forma mágica, sin parar, prácticamente todos los días de la semana, era la multiplicación de las luces y las músicas. Era la oportunidad para los besos, para los amantes, para los incautos, para los desaforados, para las ansiosas, para lucir galas, para derrochar…
“Puerto Cruz la nuit” conoció de grandes locales, de discotecas y ‘boites’ donde el ocio nocturno brilló sin reservas, donde jóvenes y menos jóvenes coexistían en un admirable ejercicio de tolerancia, donde la población nativa congenió con la extranjera traspasando las barreras idiomáticas con una facilidad pasmosa, donde los gays encontraron también sus refugios exclusivos para huir, precisamente, de la represión, donde… vivir, en fin, era sinónimo de diversión, de cierto lujo, de desenfado.
Bali, Alibabá, Tuset, Rendez vouz, Golden, Candy, Atlantis, Cita 3000, Cintra, Diana, Escandinavia, Blanco y negro, Number one, Why not, Bossanova, Cleopatra, Los Caprichos, Lido, Caballo blanco, Oasis, Poncho, Royal, Rancho grande, Lili Marlene, Santa María, Cocoloco, Sabor-sabor, Joy, Qatar, Bolero…
Nombres -sin necesidad de ser ordenados- para la historia. Seguro que hay más, por lo que si alguien se acuerda, sólo tiene que aportarlos para seguir evocando.
Aquel “Puerto Cruz la nuit” fue todo un símbolo, un movimiento ciudadano, una cultura… Algo que siempre merecerá licencia para la nostalgia.

martes, 16 de diciembre de 2008

UNDECIMA PLAGA DE EGIPTO

Es como si hubieran mandado a Canarias la undécima plaga de Egipto.
Perdón por la exageración, por la exagerada extrapolación bíblica, pero a poco que se repase lo acontecido en la comunidad autónoma de nuestras tribulaciones durante la semana pasada, es fácil contrastar las sombras de irracionalidades, contradicciones, estolideces, insensateces y dislates que nos afectan.
Normal, por tanto, el escepticismo, la desazón que embarga a cada vez más amplios sectores ciudadanos. Ni siquiera la ocurrencia de Cristina Tavío, con la oferta de la sede parlamentaria a las agrupaciones murgueras -una de las perlas de esta semana horribilis- mitiga este desasosiego que galopa a medida que se incrementan las cifras de desempleados, de la desaparición de empresas y de las cantidades que reclaman las corporaciones locales. Al revés, el sarcasmo sirve para medir los grados de agotamiento o de falta de imaginación política que la población castiga, por cierto, con absoluta indiferencia, incluidas las veleidades independentistas, que esa es otra. Ya veremos las murgas, cuando les llegue la hora de interpretar el ofrecimiento de este inopinado escenario.
Pero, bueno, en serio, desde los crímenes de Tenerife y Gran Canaria y la muerte descarnada de una drogodependiente en Lanzarote, reflejo de la incomprensión violenta y la incapacidad colectiva e individual para poner fin a lacras sociales que azotan de forma inmisericorde a familias y a la sociedad misma, desde ahí a la resolución del Tribunal Superior de Justicia de Canarias sobre el concurso para la adjudicación de las licencias de la Televisión Digital Terrestre (TDT), pasando por el rechazo de los grupos parlamentarios que apoyan al Gobierno -y dejan en evidencia a su presidente- a la iniciativa legislativa popular de Ben Magec, resumida en ni una cama más, y la apertura de una embajada entrecomillada en Rabat, puede afirmarse que esto va proa al marisco.
Pero de la impunidad -y de la inmunidad redescubierta- no hay que extrañarse. La prueba es que no ha dimitido nadie, que todo sigue más o menos como estaba antes de que se produjeran estos hechos. Ya estamos acostumbrados y, por tanto, agotada la capacidad de asombro -excepción hecha de la oferta de Cristina Tavío-, a partir de ahí, sólo cabe ir mejorando. ¿O es demasiado pedir?
Con todo, a nuestro juicio, lo más inquietante ha sido leer lo de Mariano Rajoy y lo de Paulino Rivero a cuenta del decurso judicial de unos asuntillos de nada, de escasa monta, que afectan al vicepresidente del Gobierno autónomo -capital Madrid, paradójicamente- y a un concurso público que ha devenido en un auténtico escarnio. Desde luego, sin consignar esa otra sentencia que condena al Ejecutivo a abonar cincuenta millones de euros a un empresario turístico, es evidente que la inestabilidad jurídica, la falta de seguridad en este ámbito se ha contagiado. Así estarán los inversores y los destinatarios de acciones que requieren la bendición aprobatoria del Gobierno de las tribulaciones.
Inquietante es, desde luego, leer que Rajoy pronostique la absolución de Soria en el "caso salmón", aún cuando pudiera albergar fundamentos, siquiera de oídas, los que le suministre el propio Soria quien ya habrá olvidado, por supuesto, aquellas imputaciones de manipulación que atribuía a los socialistas del propio poder judicial y de los cuerpos de seguridad cuando la trama de corrupción en Gran Canaria iba aflorando para sorpresa y vergüenza generalizadas. Y no menos inquietante es que el presidente del Gobierno, Paulino Rivero, afirme que "las cosas de la justicia dan muchas vueltas" a la hora de valorar una sentencia judicial que desmonta otro tinglado de imprevisibles consecuencias, de esos que huelen a cambalache y que tiene especiales resonancias por el ámbito mediático al que afecta. ¿Qué habrá querido decir? ¿Qué la noria gira siempre en una misma dirección? Una curiosidad: a ver cuánto va a costar el encendido terrestre digital. O mejor: ¿se prolongará el apagón? Rondó, rondó José Manuel.
En fin, una suerte de sangre, sudor y lágrimas, muy propia de Canarias, a donde parece haber llegado la undécima plaga de Egipto.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

LOYNAZ, SIEMPRE LOYNAZ

Conmemoran en el Puerto de la Cruz y en La Habana el 106 aniversario del nacimiento de Dulce María Loynaz, la escritora cubana que fue Premio Nacional de Literatura en 1987 y Premio Cervantes en 1992.
Loynaz quedó definitivamente vinculada a Tenerife y a la localidad norteña desde su estancia en los años cincuenta del pasado siglo. El Ayuntamiento portuense la nombró Hija Adoptiva del municipio en 1951. Siete años después publicó uno de sus libros más conocidos, Un verano en Tenerife.
La dulzura, la sutileza de la autora cubana ha sido ensalzada en numerosas ocasiones. A medida que se ha ido conociendo su obra, en actos y presentaciones -en alguna de las cuales ha sido posible hasta escuchar su voz grabada- ha aumentado el interés de muchísima gente. Tal es así que ya se habla hoy de seguidores o admiradores 'loynazianos'. Hay quien recuerda todavía su acompañamiento en alguna procesión religiosa por las calles del Puerto.
En el año 2002 se cumplían cien años de su nacimiento. Desde la alcaldía, tuvimos oportunidad de impulsar un programa de actos conmemorativo. Angeles Marrero, que era la concejala de Educación y Cultura, se lo tomó con mucho esmero para redondear unas celebraciones muy dignas que era, en definitiva, lo que se pretendía.
El momento parece bueno para relatar una sabrosa anécdota ocurrida con motivo del descubrimiento de un busto de Dulce María en los jardines La Atalaya del parque Taoro, acto en el que estuvieron presentes la pintora Carmen Mir y el cineasta Marcelo Fajardo. La obra es del escultor cubano Enrique Pardo y fue fundida aquí, en Tenerife.
Ocurría que Pardo sólo disponía de un grabado o de un gráfico en el que aparecía el rostro de la escritora sobre una base pétrea. En ella se inspiró para su trabajo. Cuando se trataba de emplazar el busto, había problemas con los anclajes, por lo que Angeles hubo de recurrir a un cantero que encontró una piedra natural tan similar, tan parecida a la del dibujo que Enrique Pardo, cuando vio la obra acabada, no pudo reprimir la emoción. Fijarse cómo sería que el escultor llegó a creer que habían recuperado la base original del grabado.
Hubo más actos con motivo de aquel centenario, todos impregnados de la sensibilidad que parecían haber heredado de Loynaz. Allí estaban Isidoro Sánchez, José Javier Hernández, Eduardo Zalba, Elsie Ribal... Lecturas de fragmentos de Un verano en Tenerife, la satisfacción por la nueva edición de la obra, testimonios, remembranzas... Allí estaban las manos finas de Othoniel Rodríguez sobre el piano de 'Abaco' y las pinturas de Carmen Mir expuestas en el castillo San Felipe.
Fue, en efecto, una digna conmemoración del centenario de la Dama de las Letras que, desde La Atalaya, contempla la inmensidad del Atlántico. Como con Lecuona, siempre estará en nuestro corazón. Para eso cuenta con el Grupo de Amigos del Puerto de la Cruz que hará llegar hasta La Habana, seguro, esta otra prueba de su identificación con la vida y obra de la escritora.
Loynaz, siempre Loynaz.

sábado, 29 de noviembre de 2008

CACHARROS DE SAN ANDRES

Vísperas de San Andrés. El día de correr el carro. O el cacharro.
No es una fiesta. Es una tradición. A la hora de explicar los orígenes, surge una controversia curiosa que sirve para entender la multiplicidad de leyendas urbanas en el Puerto de la Cruz.
El caso es cultivar la tradición. Introducir elementos de estudio, hacer que los niños se identifiquen con la fecha, con la costumbre, adaptarse a los tiempos, a la nueva fisonomía urbanística de la ciudad incluso, promover talleres y enseñar a reciclar, compartir el espíritu lúdico, usar y combinar los elementos propios de la estación…
Ese fue, a grandes rasgos, el enfoque que tratamos de imprimir cuando ejercimos responsabilidades de gobierno en el municipio, con una muy interesante iniciativa de la concejalía de Cultura que prendió, sobre todo, en los colegios y en la comunidad educativa. Uno celebra que se quiera dar continuidad y consolidar estas acciones que, se insiste, vienen a enriquecer el costumbrismo local.
Recuerdo haber escrito hace muchos años un breve trabajo que desde el Ayuntamiento fue traducido en inglés y alemán para ser distribuido desde primeras horas de la mañana, con el fin de que los turistas, principalmente, encontraran sentido a todo aquello, a aquel ruido penetrante que invadía las calles portuenses, a aquellas carreras o aquellos paseos que se hacían a un ritmo inusual, bien a velocidad vertiginosa bien sin prisas.
Y recuerdo, naturalmente, cómo la tradición estuvo proscrita durante el franquismo y era un mérito de los colegiales, de los jóvenes y de gentes de todas las edades correr en dirección contraria a la que seguían los guardias municipales que terminaban riéndose de aquella suerte de juego del escondite.
La plaza del Charco era el núcleo central de la tradición. Cuando caía la noche y los policías locales se rendían porque les resultaba imposible controlar nada, había auténticas carreras. Era otra forma de dar vueltas a la plaza. Se veía de todo: desde neveras o lavadoras hasta chapas de bebidas embotelladas. Cacharros, latas y residuos metálicos de toda laya, encontrados en barrancos y vertederos, atados para producir un ruido intenso, estruendoso. En la esquina del costado norte, donde hoy se ubica la parada de taxis, había una caseta para tómbolas y la gente se ponía allí a gozar el insólito espectáculo, con evidente riesgos para sus extremidades inferiores, tal era la velocidad y la cercanía con que los corredores circulaban.
Cerca de la media noche, los que resistían, los que venían desde los barrios altos del municipio, acumulaban los cacharros inservibles. Era la montaña de cacharros y algunos tenían la osadía de subirla. Debe haber algunas fotografías.
El paso de los años suavizó la prohibición y la adaptación peatonal de vías mermaron la particular celebración. Había menos gente y los jóvenes se divertían de otra manera. Aquella no les atraía o resultaba indiferente. Aún así, ya en democracia, se produjeron intentos para revitalizarla. En el centro de la plaza, por ejemplo, despachaban, a precios populares, castañas, gofio, pescado salado y vino.
En otro artículo que firmé en Diario de Avisos, titulado “Cacharródromo”, se aludía a esta evolución de las vísperas de San Andrés, ya plenamente identificadas con la apertura de las bodegas para probar el vino de más reciente producción. Muchos portuenses, por cierto, prefirieron tomar ese camino: organizar cenas y reuniones en localidades próximas.
Entretanto, en los alrededores de la plaza, la costumbre cobraba en los primeros años del actual siglo un sabor o un ambiente más pedagógico. Se trataba de atraer a los niños, de motivarles, de hacerles ver que eso forma parte de nuestro acervo.
Cuando a la salida de clase del último día de la semana se les veía por las calles, acompañados de sus padres o madres, y los extranjeros y los peninsulares se paraban a preguntar el significado, ya sabían lo que decir, ya sabían el sentido. Lo más importante: estaban dando continuidad a la tradición. Qué bueno.

lunes, 24 de noviembre de 2008

¡ESTA CORRIENDO EL BARRANCO!

-¡Está corriendo el barranco!



Recuerdo perfectamente que estábamos en el porche del colegio esperando al siempre ponderado Alfonso Trujillo Rodríguez para recibir nuestra clase de griego. Llovía intensamente. El profesor orotavense, en lo que no era habitual, se retrasaba. Hasta que apareció conduciendo su Volkswagen beis, modelo escarabajo. Cuando descendió, con sus sempiternas gafas negras, enfundado en una gabardina y protegiéndose con un paraguas, exclamó:



-¡Está corriendo el barranco! Lo he visto desde la carretera. Era imponente.



Los pocos alumnos que habíamos acudido a clase nos enteramos por él. El agua caída durante toda la madrugada había producido la escorrentía, un fenómeno natural que siempre llamaba la atención y despertaba incertidumbre e inquietud en la población.



Cuando terminó la clase, habían llegado otros profesores y alumnos que confirmaban la crecida del barranco en proporciones poco menos que desconocidas. De inmediato se dijo que, a la vista de la escasa asistencia, lo procedente era suspender las clases. El profesor Trujillo seguía hacia la Villa y ofreció su coche para desplazarnos hacia la zona de las barriadas. Fuimos, en efecto, dos o tres compañeros. Al llegar a las inmediaciones del cauce, el ruido era atronador, estruendoso, y la corriente, de color negro, era avasalladora. Una imagen irrepetible. Para recordar toda la vida.



Se cumplen hoy cuarenta años del aluvión de noviembre de 1968 que azotó el norte de Tenerife, el valle de La Orotava, para ser concretos. El aluvión que produjo una crecida sin igual del barranco San Felipe y unos daños humanos y materiales considerables.



Fue un suceso extraordinario. Para los niños y los jóvenes de la época, muy impactante. Estuvo lloviendo sin cesar durante horas. Cundió la alarma. Los habitantes de los bloques de viviendas San Felipe y Carlos Arias -popularmente conocidas por las barriadas- estaban en la calle, algunos de ellos, con unos pocos enseres. La fuerza del barranco arrastraba cuanto se encontraba su paso. Acabó con una vía de reciente construcción (Blas Pérez González) y destruyó parte de las viviendas más próximas.



Al mediodía, la lluvia había remitido pero la zozobra y el disgusto eran palpables.



-¡Hay un cuerpo sin cabeza en el salto del barranco!-, exclamó alguien con evidente alteración.



Y hacia el lugar fuimos unos cuantos. En efecto, un cuerpo humano al que faltaba su cabeza, yacía en un lateral, había quedado atrapado entre las piedras y un montón de maderas. El gentío se agolpó en la carretera de Las Arenas. Los guardias civiles y los municipales, alguno sin gabardina, se esforzaban en la distribución del tráfico y en impedir que los curiosos traspasaran las líneas de seguridad establecidas. La carretera de Las Dehesas quedó cortada. Se supone que un juez ordenó el levantamiento del cadáver decapitado. Los propios guardias y algún voluntario, ayudados de unas mantas, lograron rescatarlo. Se trataba de un vecino de Los Realejos.



El suceso empezó a adquirir su auténtica dimensión a medida que avanzaban las horas. El periódico "La Tarde" publicó una crónica de Luis Castañeda titulada "Impresiones de una angustiosa noche de vísperas", actualizada al día siguiente y reproducida años después en la desaparecida "Revista Local" que editaba el Ayuntamiento del Puerto de la Cruz. Resultaba impresionante el relato de Castañeda: una denuncia en toda regla, impregnada de atinada literatura descriptiva.



En los alrededores de las barriadas había compañeros y compañeras de clase, algunos cuidando bolsas de ropa que habían logrado sacar de sus casas amenazadas por la furia del barranco. Después, volvimos a verles en su alojamiento provisional del empaquetado de Yeoward, actuales dependencias del Ayuntamiento. Hubo otros improvisados albergues.



Alguna fuente señaló que al menos cuarenta viviendas se habían visto afectadas. También se dijo que el campo de fútbol de La Vera había quedado completamente destrozado. Y que los pastores habían perdido muchos animales. Los periódicos de fechas posteriores, muy demandados, fueron dando cuenta del alcance del aluvión. La corta depresión asfaltada que servía de enlace para el camino a Punta Brava desapareció. Las playas de las cercanías eran un montón de desechos. El agua del mar estuvo varios días ensombrecida.



El pleno del Ayuntamiento se reunió días después, el 4 de diciembre, en sesión extraordinaria. Era alcalde Felipe Machado del Hoyo. El pleno analizó y evaluó lo ocurrido. El acta de la sesión recoge que siete viviendas quedaron literalmente desaparecidas. Las obras de encauzamiento se vieron notablemente destruidas, de modo que el "Ministerio de Obras Públicas ha tomado ya las medidas urgentes que el caso requiere para reponer los fuertes del barranco que han desaparecido y garantizar las propiedades públicas y privadas de sus riberas ante futuras crecidas". Los suministros del servicio eléctrico y de abastecimiento de aguas se vieron también interrumpidos, hasta el punto de que, durante unos días, fue necesario atender a los damnificados con una o dos cubas.



El alcalde anunció en ese pleno que desde Madrid había recibido noticias de que saldrían de inmediato a subasta 222 viviendas programadas para el municipio y que las Mutualidades Laborales de Santa Cruz de Tenerife habían ofrecido una aportación a fondo perdido de quinientas mil pesetas, destinadas a los mutualistas siniestrados que habían perdido enseres y mobiliario.



Hoy se cumplen cuarenta años de aquel fenómeno natural que es recordado por los supervivientes -y no es exagerado el término- de forma muy singular. Historias y situaciones personales caracterizadas por la inquietud, la incertidumbre y el dolor. Y nadie se olvida del estruendo ni del torrente de color negro.



-¡Está corriendo el barranco!



sábado, 22 de noviembre de 2008

UNA GEOGRAFIA SIN ADRIAN

“¿Qué te parece este título para el programa nuevo?”, me preguntó con la humildad que le caracterizaba. Me arrugué y acerté a decirle que resultaba largo y poco radiofónico.
“Salvador tiene razón pero no se me ocurre otra cosa y por la hora que es ya hay que grabarlo”, respondió enfáticamente. “Al encuentro del tema”, era el título de aquel espacio con el que estrenaba su trayectoria en la radio.
Fue en Radio Popular de Tenerife, bajo la dirección del padre José Siverio, seguro que tan triste con esta pérdida como todos los que tratamos a Adrián Alemán de Armas. Tiempos de apertura, de nuevos rumbos, de nuevos moldes de la lucha contra el inmovilismo, tanto en el periodismo escrito como en el hablado.
Ahí nos conocimos -en esa oportunidad me presentó a Manuel Medina Ortega, entonces profesor universitario en La Laguna- y ahí trabajamos juntos en los informativos y hasta en algunas transmisiones. Adrián aportaba un toque de seriedad profesoral que le hizo ganarse el respeto de los operadores de control y de quienes teníamos otros cometidos ante el micrófono. ¡Ah!, tiempos de respeto y de tolerancia, de saber cultivar el pluralismo y de aprendizaje permanente superando cualquier tentación de divismo.
Adrián Alemán se abstraía con la radio, de modo que llegó a interesarle el deporte, que ya es decir. Pero es que su afán de saber le llevaba a actualizarse constantemente. Uno admiraba su sólida formación, tanto científica como de humanidades. ¿Alguna duda de redacción o de localización histórica o nominalista? Ahí estaba Adrián para despejarla y para despedirse puntualmente, hacer una primera evaluación del programa casi siempre positiva antes de telefonear a su adorada Conchita y anunciar que ya iba a almorzar.

Con Adrián conocí a sus hermanos, Ventura y Manolo, habituales visitantes de la emisora y a la que se incorporó Gilberto al regreso de Venezuela. Con ellos, escuchándoles, se entendía la esencia lagunera. Y con ellos recuerdo una animada charla sobre el contenido de “Un puente sobre Guadar”, uno de sus libros que aún conservo.
Luego coincidimos en algunas convocatorias del ámbito político. Fue director general de Cultura en el primer gobierno de Jerónimo Saavedra. Dejó su sello en el departamento, obsesionado que andaba para dar un impulso a la política editorial del ejecutivo. Años después, involucrado de lleno en la docencia universitaria, la política dejó de atraerle.
Aún así, si acaso por ese sentido de la responsabilidad y del compromiso, con los suyos y con La Laguna, escuchó con atención un planteamiento que le trasladé personalmente sobre la candidatura a la alcaldía a bordo del jet-foil. No cuajó la cosa y él lo agradecía cada vez que coincidíamos y recordábamos la iniciativa, cuando aquella emotiva felicitación, por ejemplo, el día que recibió el premio “Antonio Carballo Cotanda”. Brilló en silencio, con su bonhomía y con el rigor que siempre imprimió a todas su ejecutoria académica y profesional. El miércoles próximo, por cierto, habríamos de compartir una trbuna sobre la Constitución. No va a poder ser.
Ayer, aturdidos aún por el impacto de su inesperado fallecimiento, he visto las lágrimas emocionadas de Arturo Maccanti y la entereza firme de Conchita. La geografía urbana de La Laguna pierde uno de sus elementos humanos más valiosos. Lo fácil es decir que le dolía la ciudad; lo cierto es que la vivía como pocos. Será difícil acostumbrarse a su ausencia.
Descanse en paz.

viernes, 21 de noviembre de 2008

ZOZOBRA

Crisis por todos lados, crisis a cualquier hora. Los informativos matinales, en la radio y en la televisión, abren, por lo general, con los índices bursátiles y desde que se señala que uno baja unos cuantos puntos o que el IBEX pierde otros tantos, como consecuencia de, el afeitado, el desayuno o el nudo de la corbata empiezan a ser molestos y hasta un trastorno. Dan ganas de meterse en la cama, que para eso está sin hacer.
Tiempos de penurias, de inquietudes, de preocupaciones... Aunque acudes a grandes superficies y las ves de bote en bote. Y no digamos los restaurantes durante los fines de semana, cuando hay que esperar o irse a otro establecimiento, dado el lleno.
Son las paradojas, los contrasentidos de este tiempo de zozobra en el que una noticia positiva o un avance de una solución, una remontada o un dato favorable se necesita como agua en el desierto.
El fracaso del liberalismo, el hundimiento del capitalismo arrastra, un día y otro también, a tantas empresas, a tantos trabajadores, a tantos profesionales. Quedarse sin empleo es lo peor. Las expectativas de recuperarlo, a corto o medio plazo, son muy limitadas. Y entonces aumenta la incertidumbre, el desasosiego. El que tenga un empleo, que lo cuide, que lo cuide...
No se conocía una situación como ésta. Es verdad que se habían vivido otras crisis, alguna de las cuales fue de gruesos niveles, pero las circunstancias presentes son de marca mayor. Y dicen que no se ha tocado fondo. ¿Dónde estarán los ingenieros financieros? ¿Y los cerebros de la teoría económica? ¿Dónde sus soluciones? Tenemos derecho a reivindicarlas. Nos han engañado a todos.
Que no extrañe si alguien entona la primera estrofa de 'La Internacional': "¡Arriba, parias de la tierra/ en pie, famélica legión...!".
Aunque los cánticos, desde luego, no son la solución.

jueves, 20 de noviembre de 2008

EL HUMOR ES COSA SERIA

El título de aquella sección de un periódico deportivo catalán, "El humor es cosa seria", original de Ricardo Pastor, a quien Dios guarde, es válido para entender el espectáculo de Les Luthiers, el quintento argentino que nunca defrauda. Han hecho del género su causa, de la ironía su bandera, de la diversión cantada y representada su meta. Como que ellos mismos han bautizado inteligente su humor, su propia creación.
Les Luthiers hacen algo más que entretener. Desde el primer minuto hasta el bis de clausura. No hay oropeles en el montaje. Cada quien en su esmóquin, cada quien en su papel, curtido y renovado en cientos de presentaciones. Voces de veteranos, gestos sublimes de actores. El humor es cosa seria como también se puede acreditar con el empleo de esos peculiares instrumentos que son consustanciales a las actuaciones del grupo al que los años no pesan, por cierto.
Es humor cantado, teatralizado. Un humor caústico y desenfadado a la vez. Ironía, sarcasmos, gestos, letras intencionadas, el doble sentido, retruécanos... Hasta el ritmo del espectáculo hace que los salmos sectarios de Warren Sánchez conecten con los diez minutos de recuerdos finales -una licencia a la nostalgia- en una fluidez imperceptible. Como en las grandes obras de los grandes escenarios. Una delicia audiovisual.
No es de extrañar que en su paso por Las Palmas de Gran Canaria hayan llenado todas las noches. Cada entrega de Les Luthiers les convierte en inmortales. La complicidad, fruto de la comicidad, brota desde su aparición en escena y se refuerza con la breve introducción que Marcos Mundstock -¡qué voz!- hace de cada una de las partes del espectáculo. Si alguien anda en horas bajas o al borde de la depresión, que tome una dosis -una sola bastaría- de la ironía 'luthieresca'.
Destilan genialidad y con eso queda todo dicho. Especialmente, cuando es una constante. Sobre todo, cuando contrastan que el humor es cosa seria. Hasta hacerlo conspicuo.
Les Luthiers--Las obras de ayer (El refrito)
Auditorio Alfredo Kraus
Miércoles 19 de noviembre
Las Palmas de Gran Canaria
Pincha en el siguiente enlace y podrás ver una interpretación de Les Luthiers incluida en su actuación de Las Palmas de Gran Canaria: