lunes, 4 de mayo de 2009

ESCOMBROS EN LOS CONTENEDORES

Un operario del servicio de limpieza y recogida domiciliaria de basuras de la ciudad está atento, mediodía del festivo, a la aparición del sospechoso. Revela:
"Hace unas fechas, alguien depósitó en los contenedores bolsas de escombros. Al volcarlos sobre el camión, el tambor interior que ha de triturar los residuos se bloqueó. La avería fue grve. El camión quedó inutilizado doce días, hasta que trajeron unas piezas y lo pudieron arreglar".
Sospechan de alguien. Pero ese alguien no aparece. Quizá se ha percatado de la presencia del operario. Y entonces no saca más bolsas de escombros. O quizá conozca el alcance de su acto irresponsable.
Porque es una irresponsabilidad, no digan ustedes. Ni siquiera para algo tan elemental como es la separación de los residuos, cada uno en su contenedor, que para eso stán de distintos colores,se respeta. O, simplemente, se sigue la información, las recomendaciones que vienen teniendo vigencia desde una directiva de la Unión Europea. Si así se comportan algunos, qué puede esperarse. Y todavía cuestionan acudir a las urnas el próximo 7 de junio, cuando se abran las urnas europeas. Si así ha madurado la democracia, si así es el civismo de nuestros tiempos, si así es el comportamiento después de las campañas de comunicación y de sensibilización, si así siguen negando Educación para la Ciudadanía, mejor no pensar en las consecuencias de otros asuntos de más enjundia.
Dicen, y dicen bien, que el grado de madurez y de limpieza de un pueblo se mide por su comportamiento en la calle, en los espacios públicos. Porque -aunque el razonamiento sea discutible- se supone que ahí, en o que es de todos, se conducirá como lo hace en su casa. Y aquí querrá lo mejor. Pues parece que no. Se puede entender que nadie quiere basura ni desperdicios en sus propios lares y que cuanto antes los saques, mejor. Menos moletia, menos bultos, menos olores... Pero eso no empece para hacerlo de la forma más consecuente, cumpliendo las reglas que, por otro lado, tampoco son muy exigentes.
Hace años, en Madrid, en ocasión de recoger una distinción para el municipio que reconocía la eficacia de los servicios y las respuestas de la ciudadanía -sorprendentemente, algunos llegaron a insinuar que el premio había sido pagado en tanto que otros se manifestaban poco menos que molestos e incrédulos-, el alcalde de Vitoria, que habló en nombre de los ayuntamientos galardonados, se preguntaba de qué servía disponer de mil contenedores en la ciudad si luego, cuando aparecían dos con las bolsas por fuera, eso era lo que la gente iba a criticar y lo que el periodismo iba a criticar.
Y hay que entender precisamente que un caso aislado puede causar un daño inmenso. Y es injusto juzgar a la generalidad por ese singular e inapropiado comportamiento.
Lo peor es comprobar que cuando creemos que se han producido avances poco menos que irreversibles, todavía quedan negligentes, incívicos e irresponsables que echan a perder una tarea y dan pie a rechazos más que merecidos.
Por cierto: el operario, conste, no pretendía represalias ni anticipar infracciones. Simplemente, conocerle, darle un folleto con las indicaciones elementales y recordarle lo que supuso y costó su "hazaña": depositar escombros en los contenedores que fueron directamente a los camiones.
Igual aún no lo sabe. Lástima.

sábado, 2 de mayo de 2009

EL DIA DE LAS CRUCES

Las cruces son al Puerto lo que las alfombras de flores a La Orotava.
Elementos distintivos, la motivación de un pueblo, el cultivo de las tradiciones. El arte, el esmero, la superación, la ornamentación, la sofisticación… Aunque sea un tópico: el amor por la obra bien hecha.
Cualquiera de sus modalidades: de capilla, interiores o de fachada exterior. Ahí están, dispuestas como cada mayo, para ser engalanadas, para lucir armoniosas combinaciones florales y para ser contempladas durante unas fechas con respeto y admiración. Si Juan del Castillo se refirió al lenguaje de los pétalos para definir lo que la Villa habla en su Corpus alfombrado, en el Puerto se desgrana una singular sensación creativa ante unos de los símbolos principales de la Humanidad.
“¡Qué bonita está!”, la frase más repetida desde las vísperas del 3 de mayo, la fecha de la fundación de la ciudad, exaltada y popularizada de otra forma desde la recuperación de los ayuntamientos democráticos.
Es en las vísperas, mientras los poseedores de las cruces o los cuidadores están en plena faena, “hacer la Cruz”, cuando cobra carta de naturaleza otra costumbre local: recorrer la ciudad y visitar las cruces. Las cruces del Puerto. Detenerse unos minutos, comentar, comparar, orar y seguir.
Luego, el día de la festividad propiamente dicha, cuando ya lucen, cuando se ha terminado de enramar, o cuando se dan los retoques finales o se acomoda la última flor, el último adorno, quienes prefieren ver la obra acabada, tienen opción en la mañana radiante o en la tarde que invita al paseo.
Desde Cuaco a Las Maretas y El Peñón, pasando por Las Lonjas y Cruz Verde, desde Cruz del Rayo a Calle Nueva, desde Ñuñú a La Unión, el recorrido, por los cuatro puntos cardinales del municipio, está lleno de reclamos. Hubo un tiempo en que para estimular el quehacer, fue convocado un concurso: estaba condenado a su desaparición, no hacía falta, los portuenses competían en noble y desinteresada lid.
Es la fecha del arte y de los fuegos artificiales. La plateada Cruz de la fundación sale en procesión. Hasta hace unos pocos años, había un prioste (mayordomo de una hermandad o cofradía) que representaba a una familia de la localidad que, alternativamente, organizaba la celebración y ofrecía un ágape al terminar el recorrido procesional. En la sacristía de la Peña de Francia hay que firmar el libro de actas en presencia del párroco. Un año, cuando las familias empezaron a mostrarse renuentes y proclives a la retirada, hubimos de improvisar el papel de prioste que encarnó el entonces alcalde, Félix Real. Después, nos correspondió el mismo papel en ocasión de la conmemoración del 350 aniversario de la fundación de la ciudad.
Este día, el Puerto hace honor a su nombre. Personas de toda condición social, de todas las edades, se afanan y miman algo suyo. Continúan la tradición y transmiten sus valores a las generaciones más jóvenes que no parecen, por cierto, muy atraídas por la causa.
Porque, qué bueno es identificarse con los propios valores y hacer suyas, de verdad, con arte, las cosas que distinguen a un pueblo.
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Bárbara escribió:
"Como buen hijo del Puerto de la Cruz, percibo a travès de tus palabras la pasiòn que sientes por èste rincòn del mundo. Sus tradiciònes, sus gentes...sì , lo noto.
Un rincòn como pocos quedan, enclavados en uno de los paisajes màs hermosos del planeta, fàcil de amar, de enamorarse de todo lo que le rodea, de su historia, sus comienzos, su olor a brisa marina...
Aunque hija adoptiva yo tambien amo èste pedacito de paraìso, al que he visto transformarse desde niña.
No necesitamos ìr a nungùn sitio porque aquì si se cuidara mejor lo que tenemos...
Ciertamente describes la vispera de èsta fiesta tal como es. Me has hecho pasear mentalmente por èsos puntos importantes que con tanta devociòn los vecinos de sus calles adornan, segùn seguìa la lectura de tus letras.
No perdamos èsa herencia...
Gracias por deleitarme con tu lectura".

viernes, 1 de mayo de 2009

LAS CRUDAS CARENCIAS

Hoy es fiesta pero no tanto. O no debería ser tanto. Hoy se celebra algo pero las circunstancias frenan o condicionan ambientes lúdicos o festivos.
De todos modos, el significado del 1º de mayo adquiere relevancia en tiempos como los que discurren, cargados de zozobra e incertidumbre en muchas empresas, en muchas familias, en muchos trabajadores. Es la hora de la reivindicación pero también de la solidaridad. Es la fecha de la conciencia, de la sensibilidad.
No está el horno para bromas, así que nadie haga juego de palabras. Son dichosos los que conserven el empleo mientras la crisis golpea duramente y se lleva por delante a quienes no pueden resistir las consecuencias del final del capitalismo financiero.
Buena parte del mundo -ahora inquieta por el alcance de otro virus invisible, el de la gripe que espera ser bautizada- aguarda soluciones de gobiernos de todo signo político. Ha palpado que no hay varitas mágicas y ahora transita por el crudo realismo de las carencias. Los expertos siguen estudiando mientras los demagogos hacen su agosto repartiendo culpas a tutiplén.
Y aquí está el 1º de mayo, con su simbolismo, con su significado. Una parte de la clase obrera -ya ven: volvemos a hablar de ella- se había olvidado o lo había marginado. Tiempos de opulencia o de vacas gordas. Ahora que corren malos tiempos y por fin se ha entendido que no hay que derrochar, se retorna a las esencias de una fecha, no en busca de una panacea sino a la espera de que haya más conciencia.
Los trabajadores tienen la palabra. Pero no es una frase hecha: es para que entiendan de una vez que sólo produciendo se logran avances sociales. Y que nadie les regalará nada.

lunes, 27 de abril de 2009

INCREDULIDAD

Se pasó de investigar a estudiar en cuestión de meses, el tiempo suficiente para que los mentores contrastaran que su ‘luminosa’ iniciativa no tenía la acogida esperada, era recibida con benévola indiferencia mediática y tenía difícil acomodo competencial en un foro donde se supone que hay que elaborar leyes, fiscalizar la acción pública del ejecutivo y dar soporte adecuado al edificio institucional.
Es tontería meterse en los vericuetos nominalistas o semánticos para determinar si entre las acepciones de investigación figura, inevitablemente, la de estudiar. Que el Parlamento de Canarias dedique unos de sus órganos y parte de su tiempo hábil a observar, a examinar atentamente qué ha ocurrido con menores desaparecidos en las islas, cuyos casos no han sido cerrados en las pertinentes investigaciones policiales abiertas, sienta un precedente difícilmente clasificable.
Dicen ir cargados los socios gubernamentales autonómicos, promotores de esa comisión de estudio de menores desaparecidos en las islas, de buenas y nobles intenciones. La mejor de todas, dicho sea, con el máximo respeto, era dejar hacer a quien realmente corresponde, esto es, a los cuerpos policiales. A estas alturas, nadie duda que quienes han venido averiguando qué pudo suceder o dónde pueden estar Sara Morales y Yéremi Vargas han desplegado un trabajo profesional generoso e intenso. Sin resultados, es verdad, pero hay que seguir resistiéndose a las tesis del crimen perfecto.
Consta que las familias son conscientes de esa tarea, han seguido atentamente las indicaciones que los responsables policiales les han ofrecido y han respondido, con una ataraxia y una entereza muy poco frecuentes por estos lares.
Pero la comisión ya ha cobrado carta de naturaleza parlamentaria y ahora habrá que aguardar a su metodología y a sus resultados. Qué documentación va a manejar, por ejemplo, a quién va a convocar -si es que puede hacerlo-, hasta dónde -sean o no secretas sus sesiones- no interferirá las investigaciones en curso y cuáles serán sus conclusiones.
Es cierto que todo lo delictivamente relacionado con los menores suscita en cualquier ámbito y en cualquier momento la natural reacción de rechazo, de incertidumbre, de preocupación y, por supuesto, de desasosiego familiar. Para colmo, el género de sucesos ha subido muchísimos enteros -quien nos lo iba a decir a los críticos de aquella publicación, “El Caso”- hasta el punto de elevar el morbo a niveles inusitados de modo que algún medio audiovisual ha terminado especializándose y hacer depender sus índices de audiencia y cuotas de pantalla de tratamientos difícilmente clasificables.
Que todos estos factores, nutrientes de alarma social, sean procesados en sede parlamentaria parece inapropiado. Declaraciones de quienes tienen la obligación de justificar la creación de la comisión convergen en que no habrá utilización ni finalidad política, pero ¿la idea, no es en sí misma suficiente como para sustanciar la puesta en marcha de otro cuerpo policial, por ahora con competencias más que dudosas?
Es natural la reticencia con que se han manifestado algunos profesionales y expertos policiales. Es lógico que éstos no anden conformes con los planteamientos generales, entre otras cosas porque no faltarán las interpretaciones que pongan en tela de juicio sus propias prestaciones. Máxime, cuando alguna portavoz parlamentaria ha dicho que “el sistema de localización no funciona”, y otro habla de mejorar los protocolos de actuación y de coordinar y mejorar la participación de la sociedad en supuestos como los que ocupan estas invenciones de parte de sus señorías. Todo eso, aderezado con enfoques políticos apropiados -y es que ha llegado a hablarse de réditos en el debate subsiguiente-, puede resultar, cuando menos, controvertido. Y ya sabemos lo que en Canarias significan ciertas polémicas. Especialmente, las interesadas.
Por eso, y porque va a ser menester la cruz y los ciriales, la comisión específica parlamentaria que brota en medio de un clima de encono político parece generar, más bien, incredulidad.

sábado, 25 de abril de 2009

LOS PASOS DEL MAESTRO

Si la vocación necesita de un ángel protector, de un resorte o de un impulso, sin duda era él.

Y es que a los once años, primero de bachiller, el periodismo ya tocaba a las puertas. Leía con avidez los periódicos y me entusiasmaba la radio. El fútbol también despertaba pasión. Por eso, causaba admiración que él, tan joven, un poco menos niño, tomara notas en el campo y dejara cualquier cosa para llamar desde la central telefónica e informar de resultados o dictar una crónica de lo que había acontecido. Cuando luego veía su nombre y apellidos en los papeles, al pie de algún artículo o información, la admiración aumentaba.

Fue así, con él, con Juan Cruz Ruiz como empezó todo. Me sentía capaz de escribir, le hice una entrevista a mi compañero de pupitre (Andrés Carballo, que jugaba en el infantil Peñón), la pasé a máquina y se la entregué con cara implorante de publicación. Debió notárseme porque la releyó y dijo que la enviaría tal cual. Al lunes siguiente, aparecía publicada en ‘Aire Libre’. Ese fue el bautismo.

Con él aprendí, fue el primer maestro. Me enseñó los géneros y me corrigió. En una ocasión, en privado, después de un cierto alarde, precisó:

—Eres cronista, no periodista.

Y esa lección, entre otras muchas, no se olvida. Como otra más reciente, de hace un año vamos. Desde hace mucho tiempo, al saludarnos, con toda cordialidad, le digo ‘maestro’.

—Oiga, más ‘maestro’ será usted-, replicó de forma ocurrente, reiterando con detalle fotográfico la anécdota y los personajes de tan peculiar réplica.

Desde entonces, hemos seguido nuestros respectivos pasos. El voló alto, muy alto. Lo anticipó un día Genaro Torres, con voz grave, cuando ganó el premio ‘Benito Pérez Armas’, en un vetusto banco de la plaza del Charco, cerca del salón de futbolines donde le entregué aquel escrito con la primera entrevista:

—Aprende, fíjate si hay talento en ese muchacho que va a llegar muy lejos, ya lo verás.

Visto. Periodista y escritor de relieve. Columnista, editor. Conferenciante, contertulio. Siempre con el Puerto natal, con el barranco de su niñez, con su copiosa juventud en las entretelas de su producción, con los personajes que dejaron huella, en el prodigioso territorio de su memoria que reluce en cada cita, en cada entrevista.

Hace algún tiempo, por cierto, compartimos un plató televisivo. Sin explicitarlo, hicimos todo lo posible para que aquello no pareciera una entrevista, queríamos que se convirtiera en una conversación sobre nuestras vidas, sobre los hitos de nuestras trayectorias en el periodismo, en la comunicación, en la política. Creo que lo conseguimos.

Sólo tengo entonces palabras de gratitud y de reconocimiento. Juan prologó mi primer libro y Juan, como ocurriera allá por los sesenta del pasado siglo con aquel semanario deportivo de los lunes, canalizó una colaboración firmada en ‘El País’.

Y su humildad personal. Esa es otra. Y su tolerancia. Más cualidades. Nada deslumbrado por los oropeles de codearse con grandes literatos y con figuras relevantes de la vida pública, siempre se comportó con naturalidad y siempre estuvo a la altura de sus paisanos, de sus amigos y de sus admiradores.

—Presidente, este delegado que tienes en Canarias es paisano y siempre me llama ‘maestro’-, le dijo a Rodríguez Zapatero antes de un mitin en Las Palmas de Gran Canaria. Juan, recuerdo, fue el único periodista que tuvo acceso a la sala de espera del presidente del Gobierno.

Después, cuando el cese en la Delegación, Juan fue de los primeros en llamar para alentar, para dar otra lección de compañerismo y de leal amistad que se traduce casi en cada viaje suyo a las islas, cuando siempre llama, para que esté presente en algún acto suyo o le acompañe a visitar a sus hermanas.

Sin duda, es la prolongación de aquella aparición suya de la infancia, tan determinante en la vocación periodística de uno. Un ángel, un resorte, un impulso… Y sobre todo, un maestro.

Maestro que ha recibido el reconocimiento de su pueblo: la medalla de oro de la ciudad otorgada por el Ayuntamiento tras la iniciativa de la alcaldía. Estábamos presentes en el Castillo San Felipe cuando hicieron el anuncio. Un galardón más que merecido: la producción intelectual de Cruz Ruiz, su contribución a la proyección de la ciudad, su predisposición a cooperar con quien se lo pide son méritos más que suficientes.
Y el pueblo estuvo a su lado: llenó el salón de plenos. Se puso en pie para rubricar el acto de la entrega. Amigos, compañeros, ciudadanos de toda condición quisieron compartir tan emotivo momento. Habló del pasado, de sus progenitores, de coetáneos, de vivencias, de algún episodio vivido en primera persona y subrayó la inutilidad del rencor antes de ponderar la gran lección de generosidad que habían impartido varios médicos locales.
Digámoslo: los prolongados aplausos sonaron más cariñosos que otras veces.
El maestro había impartido otra lección que hacía honor al oro recibido.

jueves, 23 de abril de 2009

LEER, QUE ALGO QUEDA

Primavera es también la estación de los libros.
Y ahora, cuando tanto se especula y tanto se profetiza sobre su futuro -a veces en un tono catastrofista reprobable- es positivo glosar su valor y su significado en una fecha como la de hoy.
Porque hoy es su día. Aunque días del libro deben ser todos los del año. Todos los días, siquiera tres o cuatro páginas del mismo libro, de cualquier libro.
Fomento de la lectura, hábito de lectura. En eso hay que empeñarse, desde cualquier esfera individual y pública. Inculcar esos valores hasta hacer penetrante en el intelecto el beneficio de leer, para enriquecerlo. Para imaginar e interpretar, que son cualidades añadidas.
Leer, que algo queda. Aunque parezca simplón.
Como un regalo, como un instrumento de trabajo, como una necesidad. Acompañado de una rosa. O de cualquier otro detalle.
Este autor, este impacto, esta consagración, este premiado, esta consagración, este descubrimiento... Y hasta releer, que también es positivo.
23 de abril: el libro que se resiste a fenecer.
Leer, que algo queda.

lunes, 20 de abril de 2009

IGUAL A BRONCA

A estas alturas empieza a latir que la presente es una legislatura perdida en la Comunidad Autónoma de Canarias. Falta conocer la suerte que al final correrá la propuesta socialista de revisar nuestro controvertido sistema electoral, de lo poco novedoso y atrayente que cabe registrar en el diario de sesiones, pero la escasa producción legislativa y lo poco que parece interesar la fiscalización de la acción del gobierno, por no mencionar los tediosos debates (el de la nacionalidad, por ejemplo), hacen que vaya enquistándose una sensación de abulia, de hastío y hasta de inutilidad. Preocupante.

Lo malo es que durante este período, tan plagado de contradicciones e incapacidades políticas, al Parlamento de Canarias se le va identificando con bronca. Algunos acontecimientos recientes, que se unen a singulares episodios anteriores, han hecho que los tambores de la crispación, del encono político, resuenen en la cámara legislativa.

Para los que tenemos conceptuado el Parlamento como idea general de la máxima expresión político-democrática, duele escribir sobre hechos que desvirtúan el relieve del foro, su actividad misma, la proyección que anida en la ciudadanía cuando lee manifestaciones tendentes a la descalificación o cuando contempla imágenes impropias de una democracia madura. Quizá el problema sea justamente ese: que la democracia no ha evolucionado lo suficiente, lo que se esperaba. O que la repetición de verbos y personajes, la falta de materias y resoluciones prácticas que interesen de verdad a la población, hayan anquilosado de tal manera a la cámara que su funcionamiento apenas trascienda por hechos positivos y productivos.

Duele porque parece que se está abonando el terreno de quienes no creen en el parlamentarismo o de quienes tienen escasa fe o han ido perdiéndola en cuanto al desenvolvimiento del sistema institucional. Y también porque se respeta mucho la condición de representantes de la voluntad popular, entre quienes hay muchos amigos y compañeros y a los que se quisiera ver en la discrepancia ideológica, programática y dialéctica de la forma más constructiva y elegante.

Pero Parlamento igual a bronca. Malo. Algunos hechos de esta legislatura lo ponen de relieve. Y encima, se ha extendido -no muy justamente- la mala fama de que sus señorías trabajan poco y lo ganan muy bien. Los que acusaban a Juan Fernando López Aguilar de ser el inspirador de un clima tenso, tirante, enfrentadizo y crispador, habrán tenido que callar al haber escogido éste otros destinos y al haber contrastado que otros parlamentarios no le han ido a la zaga a la hora de sustantivar y adjetivar la actuación política de adversarios. O sea, que López no tenía la exclusiva.

Que se lo pregunten a Miguel Cabrera Pérez-Camacho, en verso o en prosa, que él domina -con enjundiosa capacidad memorística acreedora de mejor causa- cualquier estilo. Pero el estigma de la procacidad ha quedado ahí, a la espera de que el papel asignado, esto es, revitalizar la producción política de su grupo, frenar las invectivas destinadas a su jefe de filas y contentar al socio de gobierno que, de esta forma, visualizará cómo y satisfecho el enfrentamiento entre socialistas y populares extensivo a otros niveles, el papel, decíamos, sea interpretado a plena satisfacción pues virtudes no le faltan y hasta desaprovechadas parecían.

La espantada del Grupo Parlamentario Socialista de la última sesión tampoco es una estampa edificante. Hay otras formas de protestar, de expresar la disconformidad. En las instituciones se está para defender lo que proceda, exprimiendo el reglamento, y para aguantar la intemerata, aunque disgusten, contraríen y eleven a insoportables los niveles de irrespeto y desconsideración. O de pusilánime dirección. Que los hay.

Se habrán dicho qué es una raya más para el tigre de la bronca pero debieron imaginar otra fórmula -y no faltan experimentados parlamentarios para hacerlo- que significara no abonarse a la bronca y acreditara la decencia del estilo y las formas, tan necesaria y tan ansiada en la política de nuestros días. Que se lo piensen para desmarcarse y no seguir mermando el prestigio de la institución.

sábado, 18 de abril de 2009

ABRIL DEL 79

Abril de 1979 fue un mes extraordinario para la política española, entonces en plena transición hacia la democracia. Se avanzaba a ritmo electoral. Primero, unas legislativas en junio de 1977, de las que salen unas Cortes constituyentes. Después, diciembre de 1978, referéndum para darnos la Constitución. Febrero de 1979 de nuevo, elecciones generales.
El nuevo mapa político estaba incompleto sin el auténtico germen democrático: el germen municipalista. Se trataba de democratizar a los ayuntamientos después de casi cuatro décadas de régimen dictatorial. Otra campaña, fichajes, incorporaciones, siglas a granel, el tardofranquismo, los radicales, formación apresurada, inexperiencia… Pero, sobre todo, entusiasmo e ilusión. Con la perspectiva de tres décadas, en la memoria no se almacena una etapa tan elevada de esos factores.
Y ahí esperaba abril. Fue, desde luego, una primavera floreciente. Primero, con las elecciones celebradas el día 3. Resultados para todos los gustos, las primeras mayorías absolutas. Muchos jóvenes, rostros nuevos, las primeras mujeres… En España, en general, el triunfo de las izquierdas, de las formaciones progresistas. Fue el primer aviso serio para la Unión de Centro Democrático (UCD), con Adolfo Suárez en la presidencia del Gobierno.
Después, con la elección de alcaldes propiamente dicha, señalada para el sábado 19. Nervios, miradas de confianza y también de recelo, expectativas, revisión hasta la extenuación de los pasos que había que dar, repaso de la fórmula de promesa o juramento de la Constitución, preparación de los espacios donde tendría lugar la ceremonia (alguno de ellos, infame, por cierto: Puerto de la Cruz hubo de hacerlo en un pasillo de su casa consistorial), funcionarios que también experimentaban y repasaban la normativa, representantes de medios de comunicación sin saber muy bien qué hacer o cómo registrar el acontecimiento, familiares a caballo entre la esperanza y la inquietud, masas de población agolpándose en las plazas o en el exterior de los ayuntamientos para contrastar los resultados y para vitorear a los ganadores… Una larga carrera política se iniciaba en aquellos momentos.
Era el arranque, en efecto, del municipalismo democrático al que se habían incorporado profesionales de toda condición, empresarios y hasta algunos herederos del franquismo que seguían ostentando su condición de regidores. Quedó dicho: mucha inexperiencia. Una parte de los nuevos ediles no había tenido más contacto con la política que el margen permitido al entonces denominado movimiento vecinal.
Todos llegaron a la escuela, a la escuela del municipalismo, al nivel básico de la política, donde tendrían que aprender deprisa. Ni un día que perder. Había tanto por hacer. En algunos ayuntamientos, ni prestaban los servicios básicos de suministros. Fue un alivio, para entrantes y salientes, una especie de condonación de deuda aprobada por el Gobierno de Suárez. Pero muchos partían de cero y había que reformar estructuras (democratizar, en definitiva) además de propiciar fórmulas de financiación.
Se trataba, en efecto, de poner los cimientos. La ciudadanía, los vecinos, fueron reaccionando paulatinamente hasta darse cuenta de que un gran cambio se operaba en sus vidas, en la del pueblo o de la ciudad. Lo local empezaba a ponerse de moda. Todo empezó en aquel floreciente abril del 79.
(Esta entrada quiere ser un homenaje a todos los ediles de aquel primer mandato municipalista, 1979-83. A todos los que se esforzaron y se esmeraron, a los que trabajaron gratis, a los que renunciaron a sus ocupaciones para dedicarse a la política, a los que acreditaron su amor por el pueblo donde nacieron o residían.
En el Puerto de la Cruz: Francisco Afonso+, Félix Real, José Vicente Hernández, Nicolás López+, Domingo Perera, Cristóbal Díaz, Antonio Ortiz, Manuel Martín, Antonio Méndez+, Elsie Ribal, Alberto Cabo+, Antonio Viera+, del grupo PSOE. Celestino Padrón+, Elfidio García, Salvador González, Julián Rodríguez+, Dora García y Francisco Delgado, del grupo UCD. Y Felipe Machado, José Antonio Marrero y Alcides Díaz+, de la Agrupación Independiente Portuense (AIP). A todos, el respeto, el recuerdo y la gratitud).

viernes, 17 de abril de 2009

OTRA OPORTUNIDAD PERDIDA

Es interesante escuchar testimonios de empresarios en plena crisis, sobre todo, los de aquellos que, ya con experiencia, son capaces de diagnosticar con sensatez y confesar públicamente algunos hechos. Y aunque a la hora de aportar soluciones o alternativas son menos valientes o suelen refugiarse en lugares comunes, esa palabra empresarial interesa, sobre todo ahora, cuando no hay que resignarse sino estrujar la imaginación y propiciar o hallar oportunidades allí donde el callejón se estrecha.
Es el caso de Alberto Cabré, ex presidente de la Confederación Canaria de Empresarios y del Círculo de Empresarios de Gran Canaria, desde la tribuna de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de la capital grancanaria, cuando en su análisis de la situación, y ciñéndose al ámbito turístico, asegura que hemos dejado pasar el tren de la formación profesional.
No sólo porque el desarrollo del sector no ha estado adecuadamente acompasado con el sistema educativo propio y sus reformas sino porque no nos hemos hecho físicamente con la sede por antonomasia. "¿Por qué Lausanne? ¿Por qué Cornell? ¿Y por qué no Canarias?", se preguntaba Cabré, aludiendo a la importancia del destino turístico de las islas, sin duda uno de los más relevantes en el concierto mundial.
Luego, en sus propias palabras, afloraba el contrasentido pues surgen las limitaciones en el mercado laboral y hasta las dudas para la competitividad y la productividad. Y en el turismo, se ha demostrado, la formación profesional resulta primordial no ya para mantener el puesto sino para todo. "Disponemos de la generación de canarios mejor preparados, pero deben ser más emprendedores, no depender tanto por cuenta ajena... Y, lastimosamente, muchos se tienen que marchar", decía.
Rango universitario de los estudios, hoteles-escuela, centros privados, formación a distancia, programas de todo tipo, recursos inversores... Las opciones no han faltado pero la identificación con un núcleo del nivel de los citados es ya un sueño, una aspiración inalcanzable.
Otra oportunidad perdida.

miércoles, 15 de abril de 2009

ESTAMPA DE ABANDONO

La estampa produce un efecto desconsolador, la verdad.
Parecen los restos de una etapa de opulencia tecnológica, de la sociedad que se sigue llamando de la información.
Es una estampa para contrastar, una vez más, las desigualdades, los descuidos, la desidia y hasta las inversiones improductivas.
La estampa es esa: terminales de ordenador, pantallas y monitores esparcidos o amontonados, a veces hasta rendidos completamente sobre el suelo. En una dependencia, a menudo en cualquier pasilllo. Más o menos visibles.
Los contrastes: en algunos lugares se aspira o se habla ya de un ordenador por alumno y en otros aparecen como inservibles. En muchos sitios apenas se sabe lo que es la computadora, incluso hasta están prohibidos determinados usos de la misma, y en otros se tira o se abandona. En casi todas partes se necesita, hasta se suspira por ella. Y en otras aguarda unos brazos amigos que se compadezcan y la trasladen a algún espacio con la esperanza de reutilización o de reciclaje.
El desconsuelo de la estampa es mayor cuando de la Administración se trata. Hoy en día, cuando ya es impensable el trabajo burocrático sin estos aparatos, resulta deprimente comprobar que hay recursos desperdiciados, por mucho jugo que le hayan sacado a las máquinas durante su etapa vital. En ayuntamientos o en organismos públicos, donde se registra la realidad del abandono, donde se acumula el polvo, la realidad es más doliente.
Cuánto dinero malgastado, cuántas oportunidades perdidas, cuánta tecnología desaprovechada, cuántas necesidades aún por satisfacer...
A ver si alguien se apiada. A ver si alguien inicia una campaña de recuperación. Lo que sea para acabar con esa estampa.