viernes, 13 de noviembre de 2009

HIJOS ADOPTIVOS

El Cabildo Insular de Tenerife entrega hoy el título de hijo adoptivo de la isla a Francisco Sánchez Martínez, José Sánchez Rodríguez y Luis Balbuena Castellano. La trayectoria de los tres es el reflejo de una personalidad comprometida con la ciencia, con el trabajo, con la empresa, con la investigación y la docencia.
Quienes les conocemos sabemos, además, de su amor por la isla, a la que han dedicado sus iniciativas, sus energías y sus bríos. A veces, como en el caso de Balbuena, cuando ejercía como consejero de Educación del primer gobierno autónomo, con la incomprensión de algunos sectores que luego ni siquiera han valorado el retorno a civil y a su profesión de un matemático que es y ha sido todo un ejemplo.
También lo es Francisco Sánchez Martínez, el hombre que ha hecho que miremos al cielo desde las islas con ganas de saber qué contiene. Nos ha acercado a las estrellas, a las novas, a las galaxias... Todo eso ha parecido más cercano merced al impulso materializado a través de los más potentes y avanzados telescopios del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), un lujo -ese sí- de las islas para el mundo.
Y en cuanto a Pepe Sánchez Rodríguez, uno de los más populares empresarios canarios, pese a que él no lo ambiciona, entre otras razones porque la humildad es la principal cualidad de su carácter, se ha ganado a pulso el reconocimiento y la admiración. Sánchez, baluarte de JSP, es la modestia y la seriedad a la vez. Es el afán emprendedor y el amor por la obra bien hecha al mismo tiempo. Sus fábricas, sus cadenas de producción, su trato con los trabajadores, su atención y su presencia en innumerables actos sociales, políticos, culturales y de todo tipo le han granjeado la estima y el afecto de todos. Desde Güímar también ha irradiado esos rasgos.
Una buena parte de su trabajo la han desarrollado en Tenerife, la isla donde encontraron cariño y respeto, donde trabajaron con ilusión, explorando y procurando bienestar y contribuciones a sus respectivos campos.
El Cabildo les nombra hijos adoptivos. Qué bien. No es que se lo merezcan, es que da gusto tenerles como uno más.

jueves, 12 de noviembre de 2009

EL GRADO DE LA VETERANÍA

81, 81 años tiene Alberto Oliart, el nuevo presidente de la corporación RadioTelevisión Española (RTVE). La noticia no sólo es la edad, de acuerdo, pero esa edad ha desbordado la sorpresa y ha roto muchos esquemas. Una profesional de la casa, prejubilada, nos explicaba ayer tarde su desazón: "Me he marchado, con arreglo a las circunstancias, apenas superados los cincuenta y ahora preside un respetable señor de ochenta. Entenderás cómo me siento". No le falta razón. Pero habrá que aguardar cierto tiempo para contrastar los resultados de la gestión de este abogado y culto poeta que fue ministro hasta de tres departamentos en plena transición política. Siempre se habló del perfil intelectual de Oliart que se dedicó a sus cosas después de aquella experiencia política. Su nombramiento es fruto de consenso entre el presidente del Gobierno y el jefe de la oposición. Llega en un momento clave para la corporación, después de su ERE y de las decisiones que afectan a la emisión de publicidad. La financiación futura es la gran piedra de toque. Para ello se requiere un gran consenso, de ahí, posiblemente el nombramiento.
Le aguarda, pues, un cometido que no será sencillo. Durante los últimos tiempos, RTVE dejó de ser un asunto recurrente en debates y demás: sus informativos volvieron a ser los más vistos, palidecieron las quejas sobre falta de pluralismo o tratamientos sesgados y las intromisiones políticas dejaron de ser noticia. Buenas señales que ahora Oliart deberá mantener encendidas.
Pero, bueno, la edad. Uno, en el fondo, se alegra de que la sapiencia y la experiencia sean siempre valoradas. Ese afán menospreciativo de muchas personas -¿qué dirán ahora?- de excluir por la edad no es de recibo. Gente que a los cincuenta y a los sesenta, en plena madurez vital y profesional, pueda aportar el caudal de conocimientos y experiencia que haya acumulado, es útil desde todos los puntos de vista.
Como algunos lo hemos demostrado en la práctica, nada se tiene en contra del rejuvenecimiento, de la incorporación de personas que merecen oportunidades y que ha de contribuir con su empuje y con sus conocimientos más recientemente adquiridos a la renovación o al desarrollo de organizaciones cuando se les confía tareas de dirección.
Eso, que se ha registrado en algunas esferas de la política española últimamente, quiebra de forma simbólica con este nombramiento de Alberto Oliart que estimulará, en cierta medida, a los de su generación y a los que tienen setenta.
Eso, en fin, debe hacer reflexionar a quienes esgrimiendo juventud y una discutible carta de renovación o corriente modernista se precipitan y quieren hacer tabla rasa, poco menos que excluyendo y rechazando.
No, si ya lo dice el refrán: La veteranía es un grado.
Que lo tengan en cuenta.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

EL 11 DEL 11 A LAS 11 Y 11

El 11 del 11 a las 11 y 11. O sea, el 11 de noviembre a las 11 y 11 minutos de la mañana. Tantos 'unos' juntos simbolizan el arranque del Carnaval en Düsseldorf, una de las ciudades más importantes de Renania-Westfalia, norte de Alemania, hermanada con el Puerto de la Cruz por un intercambio carnavalero a punto de cumplir cuarenta años y que significó, casi sin querer, la primera promoción turística seria del destino portuense.
O sea, que dentro de unas horas, allí estarán de celebración. Es una fiesta muy participativa, nada ostentosa, en la que ya estarán los príncipes del Carnaval. Autoridades locales y representaciones de las sociedades y entidades carnavaleras viven a fondo, en un ambiente muy musical, el primer acto de unos festejos que los alemanes disfrutan a su modo, con su riguroso respeto horario, con sus formalidades protocolarias y demás. Se divierten, sí, compartiendo alegría y bullicio que alcanzarán su máximo esplendor allá por enero y febrero cuando las carnestolendas envuelvan a media humanidad.
Así que los 'unos' simbolizan el primer paso, es el ritual de cada año, una suerte de pregón pero en versión alemana. Allí se lo toman muy en serio. Su Carnaval, el de los alemanes, es una fiesta que se caracteriza por su rigor organizativo. Hace unos años, en ocasión de la materialización del hermanamiento anual, cuando se celebraba el "Lunes de rosas", su día grande, nos dijeron: "La carroza de Tenerife pasará ante la puerta principal del Ayuntamiento a las 14.23 horas". Y allí, en ese preciso momento, estaba la carroza, con la reina y su corte de honor del año anterior a bordo, arrojando flores, caramelos, serpentinas y cofettis mientras las televisiones del país se detenían especialmente en el paso para comentarlo con exhaustividad.
Durante nuestra estancia en la alcaldía portuense, intentamos llevar a cabo una fiesta similar, en la calle, el primer domingo de diciembre. Siempre pensando en otro atractivo turístico y en motivar a grupos carnavaleros. La acogida fue buena, empezó bien pero faltó tiempo para consolidar la iniciativa.
Ahora todo estará preparado en Düsseldorf, dentro de unas horas, en el Ayuntamiento, vivirán la alegría de la primera cita carnavalera, entre ritmos heterogéneos de fanfarrias y brindis de champán con naranja o cerveza, simplemente cerveza.
Puede que esta vez la alegría sea mayor: hace nada los alemanes estaban recordando otra celebración, ese peculiar día de la libertad o de la unificación que significó la caída del muro de Berlín.

martes, 10 de noviembre de 2009

ASPIRACION DE UNA CAPITALIDAD CULTURAL

Las Palmas de Gran Canaria se embarca en el proyecto de ser capital europea de la cultura en el año 2016. Ya ha dado los primeros pasos, orientados a motivar y a ilusionar a la población, no sólo a aquella más vinculada al mundo de la cultura sino a cuantos sectores se les brinda los alicientes de trabajar por una causa que, en el fondo, fortalezca la propia identidad y la proyección de la ciudad.
Es un camino largo, seguro que lleno de dificultades, en el que hay, además, sana competencia, otras ciudades peninsulares que aspiran a esa misma capitalidad, un título concebido para contribuir al acercamiento de los pueblos europeos. Fue la griega Melina Mercouri la promotora de la iniciativa, aprobada por el consejo de ministros de la entonces Comisión Europea en 1985.
En el camino hay que lograr que los ciudadanos se identifiquen al máximo, que hagan suya esa aspiración. Es la hora de los artistas, de los creadores, de los intelectuales, de los gestores culturales, del mundo de las ciencias y de las artes, de las entidades y de los organismos que trabajan en el ámbito sociocultural, a veces subsistiendo con grandes dificultades.
Es un proyecto para aglutinar, para poner de relieve la contribución de la ciudad a un patrimonio cultural europeo común. En ese sentido, resultará decisiva la participación de los ciudadanos que se integren, sea cual sea su condición, que desempeñen un papel activo y que se sientan atraídos o interesados, incluso, para dar un salto cualititavivo en su desenvolvimiento cotidiano.
La más larga caminata comienza con un paso, decía aquel viejo proverbio árabe. Las Palmas de Gran Canaria ya lo ha dado. Un trabajo arduo que encontrará dificultades de todo tipo pero que no debe producir frustraciones de ningún tipo. Y esa tarea, independientemente del resultado de la convocatoria, es el que debe servir para poner a prueba la capacidad de trabajo de instituciones y ciudadanía sabiendo que preparar de forma seria la candidatura equivaldría a sacar provecho de la labo realizada, incluso si no obtiene ese título o sello capitalino.
P.S.- Tenerife puso en marcha algo similar hace unos años. Habrá que verificar qué suerte corrió -mucho nos tememos que la peor- después de la controversia generada, como casi siempre por móviles políticos.

lunes, 9 de noviembre de 2009

REINVENTAR EL DESTINO

El cierre de otros dos establecimientos hoteleros -¿puede alguien decir oficialmente y con seguridad que se han perdido más de cinco mil camas en los últimos diez años?- y la inacabable sucesión de locales comerciales que ponen fin a su actividad hacen que el Puerto de la Cruz toque fondo en el contexto de la crisis. Algunos empresarios al borde de la angustia, preocupados con los últimos indicadores y con la propia coyuntura, han pedido -interpreta uno que casi a la desesperada- alguna alternativa, un testimonio estimulante, siquiera los apuntes -en este caso no pueden ser más- de un planteamiento que refresque la ilusión o la motivación, que no prolongue la agonía sino que sirva para pensar en que sí hay futuro, en que las oportunidades para salir del trance no se han agotado.
Trataremos de cumplir pero no tiene el comentarista recetas mágicas ni muy distintas a las prescritas hasta el momento. Las conocen los mismos promotores, empresarios y profesionales con los que hemos compartido inquietudes y con los que hemos tratado de impulsar, en distintas etapas, medidas que innovaran el producto y cualificaran el destino. Cuesta emplear lo de fracaso colectivo, en tanto que las coordenadas no reflejan un avance, pero hay que convenir que los nobles intentos, tanto del sector público como del privado, por las razones que sea, no han dado los frutos apetecidos.
“Reinventar el destino”, ha venido a decir recientemente en la isla Eulogio Bordas, presidente de una de las consultoras especializadas más relevantes del país, THR. La frase, referida a la realidad turística insular, lo contiene todo aunque no sea sencilla de traducir en la práctica. Pero deben memorizarla bien quienes aún se refugien en utilitarismos nostálgicos, quienes aún no asumen que el esplendor de aquel Puerto de la Cruz de casi tres décadas de hegemonía o vanguardia turística no volverá, no se repetirá.
Pero esto no debe significar resignación o renuncia y aunque es verdad que el relevo generacional en las propiedades o en la dirección de las empresas se ha ido consumando sin grandes innovaciones, no es menos cierto que, llegada la hora de asumir riesgos, se hace necesario afrontarlos con más decisión y valentía, con menor supeditación a las connivencias de sectores empresariales con el poder político, a fin de cuentas, una amalgama de intereses que sólo beneficia a unos pocos, los más diestros, los mejor colocados.
De ahí que Bordas hable de crear nuevas condiciones para que vuelva a girar la rueda de la prosperidad, no para nuevos hoteles sino para nuevas infraestructuras. En el caso del Puerto de la Cruz, donde no se sabe muy bien el destino de la planta alojativa que ha ido cerrando sus puertas, es indispensable propiciar esas condiciones que deben quedar plasmadas en un gran pacto y, a su vez, en un modelo que las partes (administraciones y actores sociales) asuman sin reservas para superar el largo túnel que aún hoy siguen atravesando.
Ojalá que la crisis esté dejando enseñanzas provechosas, como también da a entender, algo escéptico, el primer responsable de la consultora citada. En los destinos turísticos maduros, como es el caso que nos ocupa, se precisa de un papel más activo y más imaginativo para encarar el porvenir, o lo que es igual, para cortar la decadencia en la que están inmersos. Ya no basta el voluntarismo.
Reinventar el destino, si interpretamos bien a Bordas, no es sólo procurar nuevas dotaciones y nuevos reclamos sino invertir convenientemente para captar mercados y seguir siendo competitivos. Es también racionalizar la oferta orientándola a parámetros de calidad y confort que respondan a las exigencias de la clientela que hay que fidelizar, como así ocurrió en el pasado, seguro que no con tantos recursos. Es situarse a la altura de las fórmulas de gestión que el negocio turístico, en sus múltiples variables y en un contexto de creciente competencia, va demandando y generando. Y es, igualmente, cambiar el ánimo, adoptar una actitud distinta, menos escéptica y más emprendedora. Discutir un par de euros en el precio de una cama o si cedo tres gratuitamente para una promoción o si los comerciantes no cambian un escaparate en seis meses son ya vicios y rémoras que, o se sacuden, o no hay reinvención que valga.

sábado, 7 de noviembre de 2009

JUEGOS DE UNA GENERACION

Cada generación tuvo su juego. O sus juegos, mejor dicho. Porque se ajustaban a las estaciones o eran recurrentes temporalmente. Juegos de infancia, alejados, muy alejados de las tecnologías. Algunas manualidades, todo lo más, con materiales rudimentarios, escondidos muchas veces y cultivados con ingenio. Juegos donde la imaginación se ponía a prueba, donde bastaba la voluntad para pasarlo bien, para divertirse, para rivalizar y hasta para refinar las técnicas de lo lúdico.
Los escolares teníamos en la plaza del Charco un escenario formidable para los juegos. ‘Montalachica’ era uno de ellos. Consistía en doblar el cuerpo y pegar la cabeza al compañero de delante, mientras uno aguantaba sobre una pared o un árbol. Se iba saltando, al grito de ‘Montalachica’, sobre las espaldas de quienes ya habían doblado el espinazo. Se trataba de resistir. Quienes caían, quedaban automáticamente eliminados.
Allí jugábamos también a la ‘piola’, saltar sobre alguien que había perdido un sorteo e inclinaba su cuerpo hasta casi doblarse o irse turnando mientras se avanzaba en determinada dirección. Las dificultades, obviamente, surgían con las diferencias de estatura.
Una variante, más original, y con un punto de brutalidad, era “Sintoquelis”. Consistía también en saltar sobre alguien pero ejecutando algún “añadido” que causara algún dolor a la persona que estaba debajo. Había como unas diez opciones para hacer sufrir, con la posibilidad de que si se producía algún error en la materialización de la figura, vamos a decir brusca, se quedaba eliminado. “Segunda, la catajunda (perdonada o sin perdonar: nalgada); “Cuarta que te parta” (golpe de cadera sobre los glúteos); “Quinta, el piruliqui” (patadita -a veces tremenda patada- sobre las nalgas); “Sexta pa’testa” (palmada sobre la cabeza); “Septi, septimoro, si te cojo el culo te lo perforo”; “Octava, octava Puerto Cruz y La Orotava”, eran las frases o los gritos que decía el saltador mientras ejecutaba sus maldades.
Estaba el tiempo de los boliches, algunos de barro, fabricados artesanalmente. Se conservaban de un ciclo para otro en bolsas o pequeños recipientes. Luego estaban las vidriolas (así las denominábamos) y las metras que venían de Venezuela. Eran acristaladas con relieves o elementos interiores llamativos. Las había de distintos tamaños, por cierto. Los expertos y los coleccionistas guardaban también las bolas de plomo o de acero, extraídas de alguna pieza mecánica o de algún instrumento en desuso. La superficie terrosa de la plaza del Charco era una especie de cancha superpoblada de bolicheros pero también era común verles en otros rincones, en otras calles.
Sobre esa superficie se hacían a mano hoyos de distintos tamaños. Meter los boliches en el hoyo, con los límites que previamente se pactara, era uno de los juegos preferidos. Una especie de golf en versión arcaica. Piche y palmo era otra modalidad, consistente en impactar y alcanzar las posteriormente las dos piezas mediante la extensión máxima de los dedos. En ese caso, el premio era doble. Y hasta los contendientes fijaban a menudo la recompensa: piche y palmo, cuatro.
También, entre los mayorcitos, se introdujo otro modo de compensar: si no se disponía de boliches o metras suficientes, el perdedor podía abonar en el acto con perras (los cinco o diez céntimos de peseta de entonces).
Otro juego: el del trompo. Los vendían en los carritos y en algunas tiendas, acompañados del hilo o liña. Había virtuosos que lo bailaban sobre la mano o sobre otra superficie. Pero se prefería el juego, por lo general trompo contra trompo, es decir, golpear al contrario con fuerza de modo que el punzón metálico, una especie de clavo, quebrara la madera hasta romperlo. Una costumbre: cuando se compraba el trompo, a modo de ritual, se le ponía o dibujaba en el saliente del cabezal una cruz. Cuando alguien incumplía y era descubierto sin cruz, su trompo pasaba a mejor vida al grito de: “Perrús, perrús, este trompo no tiene cruz”.
Policías y ladrones. Fácil: dos bandos que sorteaban previamente los papeles. Unos, los malos, apostados en determinado lugar. Los otros, con distintas tretas, a detenerlos o rescatarlos.
El escondite o la escondidilla. Según el número de jugadores, uno o dos a los que se obligaba a contar hasta diez o veinte y cerrar los ojos, aguardaban a que el resto se escondiera en un radio más o menos corto. Se trataba, obviamente, de averiguar dónde se habían ocultado. “La libro por todos mis amigos”, uno de los gritos para indicar que el juego había terminado.
Los carros o camiones de verga fueron uno de los grandes juguetes de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo. No es exagerado decir que algunos fabricaron auténticas obras de arte. Con alambre, cartones, palillos, lona y otros adminículos, en distintos tamaños, los carros eran un verdadero lujo para quienes los disfrutaban.
Con los carros, por ejemplo, se jugaba a otra cosa: madurar dátiles. Previamente, eran recolectados en la plaza o en lugares donde caían de las palmeras y luego eran trasladados a lugares recónditos (paredes de casas viejas, rincones de zaguanes, huecos en escaleras de madera…) hasta que maduraban y se hacían comestibles.
Cada generación tuvo sus juegos que siempre serán una referencia de cualquier evocación. Juegos de niñez, de infantiles y hasta de talluditos. Los de aquella época que hemos nombrado tenían los alicientes señalados. Muchos si se tienen en cuenta la escasez y las limitaciones de entonces.

jueves, 5 de noviembre de 2009

JUBILO POR UNA CARRETERA

La población aplaudía y algunos echaban voladores. Otros se subieron a los camiones, grúas y tractores. Hasta el alcalde hubo de acercarse para compartir aquella insólita escena. Abrazos, besos, alegría... espontánea manifestación de contento popular.
Y todo, por una carretera que van a empezar a construir.
Ocurrió en La Aldea (Gran Canaria), el municipio más alejado o más aislado. Llevan años suspirando por mejores comunicaciones terrestres y padeciendo todas las incomodidades de la distancia y de las pobres y hasta peligrosas infraestructuras. Llevan años los aldeanos pidiendo un túnel, una vía decente y segura que les una con Agaete.
Debía ser tan alta la incredulidad con la ejecución del proyecto que la llegada de la maquinaria, anticipo del comienzo de las obras, fue celebrada como una auténtica conquista popular. El júbilo se desbordó, interpretación de que el aislamiento toca a su fin.
Bajo el macizo de Andén Verde, irá el túnel de unos dos mil cuatrocientos metros. En los diez kilómetros de la primera fase de la nueva carretera (nueva total, por su trazado) se incluyen siete viaductos. Hay dos enlaces y una intersección. Sirvan los datos para entender la complejidad de la infraestructura y los accidentes que hay que salvar. El presupuesto inicial supera los ciento diez millones de euros.
Es así de peculiar y paradójica la sociedad canaria. Mientras en la localidad de una isla constituye una fiesta la llegada de la maquinaria para comenzar las obras de una carretera, en otra hay concentraciones y distinntas manifestaciones de protesta para impedir que se ejecuten las que teóricamente habrían de facilitar la movilidad y el desplazamiento entre vertientes. Sin olvidar que en esa misma isla, la paciencia de los conductores es infinita con colas diarias de varios kilómetros que ya son reseñadas hasta en los informativos radiofónicos nacionales.
¿Por qué tan distintos? ¿Cuál es la razón de esa actitud o de esas reacciones tan dispares si la necesidad o la demanda son prácticamente iguales?
¡Ah! las interrogantes de siempre, que sirven para ilustrar esa diversidad últimamente tan ponderada en algunos círculos. Júbilo en La Aldea, gritos de protesta en Icod, silencio sufrido en La Matanza o Tacoronte... Es difícil de entender, ¿a qué sí? Ya lo decía el eslógan: "Canarias, una tierra única". ¡Glub!

miércoles, 4 de noviembre de 2009

CORRUPCION EN CANARIAS

Pedro Guerra firma un reportaje revelador en 'La Provincia': el balance en los juzgados de la corrupción en Canarias, tercera comunidad del país (por delante sólo están Madrid y Andalucía), en lo que a procedimientos se refiere. 64 cargos públicos y 147 millones de euros bajo sospecha. Más números del informe de Guerra: de los 800 imputados por corrupción en el país, 182 están en Canarias, donde al menos han sido detectadas 15 tramas objeto de investigación en Gran Canaria, Tenerife y Lanzarote. "El cáncer salpica a nueve municipios, dos cabildos y al Gobierno regional", título de un despiece que condensa la localización de las presuntas comisiones delictivas.
Desde que vendieron el viento hace unos años -se dice fácil, parece imposible, pero es así: vendieron el viento- buena parte de la vida política en las islas transcurre entre sobresaltos derivados de la publicación de noticias que apuntan casos de corrupción casi todos ligados a administraciones públicas. Hasta la revista "Interviú", en su número de esta semana, inserta otro reportaje que apunta una especie de conexión "Gürtel" en esta comunidad tan singular.
Y así se extienden la decepción, el escepticismo, la desmotivación de la que hablamos hace pocos días en este mismo espacio. Una inmensa mancha que produce desazón en los canarios, proclives a las generalizaciones fáciles: los políticos son todos iguales. Y no es así, es verdad, porque son muchos quienes ejercen la actividad pública con toda dignidad y con toda honestidad. Pero, claro: la multiplicación de comportamientos corruptos a la sombra del poder político amplía la sospecha o el juicio fácil.
Pero es inquietante, en cualquier caso. Es difícil convivir así, es difícil dedicarse a la cosa pública sabiendo que, en cualquier momento, brota la chispa, surge la tentación, te envuelve la trama... y se cae en ella.
Ya quedó dicho que los partidos políticos deben ser los primeros en propiciar estrictos mecanismos legales de prevención, limpieza y hasta de penalización interna sin interferir el curso de la vía judicial. El ministro de Justicia, Francisco Caamaño, lo ha sentenciado públicamente: "La corrupción es el mayor cáncer de la democracia y tenemos que combatirla con toda nuestra energía". Nada que objetar; manos a la obra.
Y que los partidos sean conscientes también de lo que significa perpetuarse en el poder: las redes, los negocios, los intereses... Es legítimo intentar volver a ganar elecciones pero cuidado con las correas de transmisión y los fines espurios. En el fondo, muchas veces, intereses inconfesables.
Acordémonos de aquellas manos limpias en Italia. Y tengamos claro que los valores de la democracia no merecen ser castigados con esta plaga, con este cáncer del que hablaba el ministro.
Canarias, ahora mismo, es una comunidad autónoma que proyecta una realidad social y económica preocupante. A los males conocidos, a los efectos de la recesión, se une la corrupción política que está pasando factura sin saber hasta dónde se puede llegar.
Cuidado.

martes, 3 de noviembre de 2009

MAS DE LO MISMO

Sin novedad. Esa es la conclusión de la lectura de la encuesta publicada este fin de semana en dos periódicos canarios. Los resultados son los previsibles. Y algunos titulares, también.
El sondeo, hecho a medida de quien lo ha encargado, cocinado hasta donde ha convenido para que el reflejo sea el que más conviene, viene a plasmar que, al cabo de treinta años de autonomía, las tendencias sociológicas de esta tierra siguen siendo las mismas. ¿Para qué harán encuestas entonces?
Si en una legislatura como la presente, donde los casos de corrupción afloran como hongos y donde los problemas que afectan a la ciudadanía siguen sin estar resueltos, donde la actuación del gobierno no contenta ni a sus propios componentes, que una de las interpretaciones sea que los partidos de la alianza gubernamental se recuperan, no tiene que extrañar ni al que asó la manteca. Da igual que que prosiga el desfile de cargos públicos en los juzgados, que un vicepresidente sea condenado en los tribunales tras una acción frustrada contra periodistas, que el desempleo siga creciendo, que haya menor afluencia de turistas, que el malestar de los docentes no decaiga, que no mejoran los indicadores de atención sanitaria, que no se sepa mucho de cómo evoluciona el sector primario, que las censuras en las instituciones estén motivadas por ambiciones ilimitadas de poder... da igual. Pese a eso, y a muchas cosas más, se recuperan CC y PP. ¡Faltaría más! Cuanto peor, mejor.
Es lo mismo: diputado arriba, escaño abajo. En cada isla, lo de siempre. Ni cambiando algunos rostros se rompen las tendencias. Y mientras el sistema electoral sea el que es, pues las urnas consagrarán lo que las entregas demoscópicas, con su margen de error, anticipan. Canarias, comunidad irredenta.
Hubiera sido interesante que preguntaran a los encuestados -más de tres mil, no es broma- si tienen ganas abstencionistas. Porque ese es un lugar común en cualquier conversación: la próxima vez, me quedo en casa; la próxima vez, no va ni Dios a votar; la próxima vez, gana la abstención seguro.
Porque eso es lo que se percibe: decepción, cansancio, hartazgo, indolencia, indiferencia, desmotivación... La política, con todos sus vaivenes, interesa poco a la ciudadanía. Y aquélla que es preguntada pues responde con la vena de conservadurismo que se hizo patente cuando el tardofranquismo y la Unión de Centro Democrático (UCD), ahora trufada de nacionalinsularismo sin sustrato ideológico.
En Canarias, ni siquiera es cambiar algo para que todo siga igual.
Es más de lo mismo. ¿Para qué hacen encuestas?

lunes, 2 de noviembre de 2009

MEJOR DISOLVERLA

Lo que iba a ser una investigación quedó en estudio y ya ven cómo resultó la primera entrega (decir lección hubiera parecido hiriente). La nunca bien ponderada comisión parlamentaria creada para saber qué pasa o qué se hace con los niños desaparecidos en Canarias se estrenó con uno de esos patinazos que se harán tristemente célebres y que evidenciaron la condición de partiquino del diputado Fernando Figuereo (PP): el anuncio de una tercera desaparición, hecho de forma negligente y sin contrastar tras la información aportada por una criminóloga y perito judicial también convocada por la comisión de marras.

Pero el partiquino Figuereo no se había conformado con el papel asignado -en el fondo, un marrón- y acaso llevado por un ataque de ansiedad mediática proclive a la notoriedad, quebró uno de los propósitos que, teóricamente, los promotores de la comisión se habían encargado de airear a modo de justificación: nada de alardes, nada de alarmas, aquí se viene a estudiar y hay, además, un grado de secretismo que debemos preservar, dada la naturaleza de los casos.

Pero la tentación es muy alta, de modo que, hecho el anuncio, desencadenado el desastre, mitigado por el reconocimiento del error en la información suministrada por una de las partes. Pero los daños, directos y colaterales, ya estaban hechos. La Delegación del Gobierno, en el más natural y comedido de los estilos que se debe emplear en estos casos, negó la existencia de la tercera desaparición y tachó de irresponsabilidad lo ocurrido.

Que no es de extrañar, por cierto, En esta tierra, tan dada a la exageración, donde la crisis encuentra una válvula de escape en el dolor ajeno, en el drama de los demás, aderezados con dosis de morbo administradas sin rubor y sin límite por algunos medios de comunicación, se veía venir este sol para llover, se barruntaba que era una infeliz iniciativa residenciar en vía parlamentaria los sucesos de las desapariciones de niños, en otras palabras, sus señorías estudiando -e investigando, porque de algo han de servir los testimonios de las personas convocadas- luctuosos casos cuya incertidumbre o su irresolución son causa más que suficiente para no hurgar y para que trabajen en ellos quienes tienen que hacerlo.

En suma, una comisión inapropiada, en marco y en funciones, como vaticinamos algunos. Ni la rectificación del estudio por la investigación, para sostenella y no enmendalla, ha valido. Esta vez ni siquiera podrán echar la culpa a los socialistas, acertados con su ausencia. Y el partiquino Figuereo no es el responsable en exclusiva. Tras el dislate, no obstante, ya está pidiendo otro papel. Y con la comisión, con tales antecedentes, lo mejor es disolverla.