sábado, 27 de abril de 2013

NO ES LO MÁS EDIFICANTE


Llama la atención que la disparidad de criterios y aún más, la disconformidad con algún proceder, y hasta la crítica que por alguna causa se pudiera ejercer, se libre entre responsables de una misma institución o de un organismo público en los medios de comunicación. Que se utilice a éstos para intercambiar mensajes o emitir señales de discrepancia con métodos de trabajo o decisiones que revelan, en sí mismas, prioridades, no parece la fórmula más idónea. Da que pensar, proyecta inestabilidad, anticipa descontento, genera desconfianza…

            Es lo que ha pasado últimamente con el Consorcio Urbanístico de Rehabilitación Turística, encargado de planificar, canalizar y empezar a ejecutar, junto a otras instituciones públicas, el futuro del Puerto de la Cruz. Miembros del gobierno municipal, entre ellos, el propio alcalde, han cuestionado hasta la diligencia o la agilidad de la gerencia en determinados asuntos.

            Y eso es difícilmente digerible. Porque, vale que no se crea en el Consorcio, que se mantengan los recelos de la etapa en que fue creado; y vale que la actuación profesional sea imperfecta hasta el punto de producir insatisfacciones. Pero de ahí a expresarlo en medios de comunicación media un trecho. Y miren que siempre ponderaremos la autocrítica pero partiendo de que ésta hay que hacerla y ejercerla en el seno que debe hacerse y luego, si se quiere, procesarla adecuadamente para su proyección pública.

            Quizá sea la incredulidad donde estribe el pecado original y esa sea una señal que no sólo no se borre sino que se va extendiendo. Únicamente serán pruebas documentadas y materialización física o palpable de gestiones los soportes con los que superar la incredulidad. Se supone que estando en el mismo barco, todos navegarán en la misma dirección, asumido el reparto de papeles. Y cuando se advierta desvío de rumbo, o disfunciones a bordo, a corregirlo desde el puente de mando -donde por fortuna tampoco hay excesivo personal- discutiendo y ensamblando las determinaciones si es necesario.

            Pero que se diga públicamente que “el Consorcio no ha actuado con rapidez en la gestión de determinados asuntos”, o que “debería plantearse una nueva priorización en los proyectos debido a la situación económica”, o la necesidad de “una mayor premura para la puesta en marcha y culminación de algunas obras fundamentales”, revela, cuando menos, un grado de insatisfacción que, si por un lado, sirve para no incurrir en la autocomplacencia -y eso no parece malo si se tuviera para todo la misma vara de medir-; por otro, desnuda la natural preocupación que significa airear en los medios la disparidad o la diferencia de criterios.

            Porque eso, claro, proyecta una sensación de disconformidad y descoordinación muy inquietante. Si la gente está cansada de controversias entre políticos, mucho más desazonada se sentirá si comprueba que quienes están en el mismo barco también se dedican a recelar y a exponer puntos de vista contrarios.

            No es lo más edificante.

 

viernes, 26 de abril de 2013

EL CABALLERO DEL RING

Más hormiga que cigarra… siempre distinguido por su honradez y laboriosidad (Antonio Salgado dixit), hoy hacen Hijo Ilustre de la Isla en el Cabildo de Tenerife, y a propuesta de su presidente, a Miguel Velázquez Torres, boxeador profesional tinerfeño que se ganó a pulso su condición de legendario, no en vano se proclamó dos veces campeón del mundo (una de ellas, militar) en los pesos ligeros.
Define bien Salgado el carácter y la trayectoria de Velázquez. La hormiga que desde sus inicios, en Taco, fue acumulando de forma tesonera las cualidades técnicas que le caracterizaron y le impulsaron al cenit pugilístico. Además, honrado y constante, dentro y fuera de los cuadriláteros.
Su estrella brilló desde los años sesenta del pasado siglo, coincidiendo con una etapa gloriosa del boxeo tinerfeño, robustecida con gran entusiasmo de los aficionados. La leyenda de Miguel se inició en los Juegos Olímpicos de Tokio (1964). La medalla de oro conquistada en Alemania, en el campeonato del mundo militar, antecedió su salto al profesionalismo. Un año después ya era campeón de España de los ligeros. Ya destacaba el estilista, ya era digna de admiración su técnica depurada.
Y llegaron los hitos. Uno, aquel mítico combate con el titulo europeo en juego frente a Pedro Carrasco. Pelea terrible y encarnizada. La controversia en todo lo alto pues el veredicto de los jueces, favorable a Carrasco, fue muy contestado.
Otro, la conquista de ese mismo título, en 1970, frente al británico Ken Buchanan, a quien superó por puntos. Retuvo la corona dos veces, ante los italianos Carmelo Coscia y Antonio Puddu.
Y el tercero, la oportunidad de su vida, ya en 1976, cuando parecía que su estrella declinaba. En Madrid, Miguel Velázquez se proclamó campeón del mundo de los superligeros, versión Consejo, al derrotar en el quinto asalto, por descalificación, al tailandés Sansak Muangsurin, (apodado “La sombra del diablo”) que le había arrebatado el título al español Perico Fernández.
Meses después, en octubre, el púgil tinerfeño, por decisión del Consejo Mundial, tiene que defender su título. Lo hace en Segovia -¡en el pabellón polideportivo de un colegio religioso!- donde tuvo que inclinarse ante el tailandés que, con una pegada demoledora, le derriba en el segundo asalto.
De este combate, recordamos un titular (Diario de Avisos, 29 de octubre de 1976) con cierto sabor anecdótico, pues ese día, la competencia no se enteró de que un tinerfeño disputaba un campeonato del mundo: “Mis ánimos, de Las Cañadas para arriba”. El campeón, en una distendida conversación telefónica, fue así de gráfico en las vísperas, convencido de que podría retener su corona. En la misma edición, en un comentario de opinión, titulado “¡Ánimo, Miguel!”, escribimos:
“…Hay algo más importante que eso: la defensa de tu título. Tú no has rehuido. Has aceptado volver a medirte con el mismo hombre al que descalificaron. El gesto, Miguel, es propio de un caballero del ring, de un señor del deporte, de esos que pocos quedan. Y afrontas -ya lo veo- este nuevo combate con el espíritu juvenil que siempre te caracterizó. Piensas ganar y piensas seguir siendo campeón…”.
No pudo ser. Pero Miguel Velázquez Torres ya era leyenda, la que fue reconocida en el curso del homenaje tributado en febrero de 2006 y la que hoy se contrasta con la distinción de Hijo Ilustre de Tenerife. Ya saben: más hormiga que cigarra…

jueves, 25 de abril de 2013

ENFOQUE SOBRE LOS ESCRACHES


Hasta dónde habrá llegado el estupor, y puede que la indignación, de quienes han sido despiadadamente críticos con los escraches, término que escribimos por primera vez, por cierto, al escuchar las manifestaciones del presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo, Gonzalo Moliner. Para quienes aún desconozcan el significado de la palabra, digamos que son las protestas que se efectúan ante el lugar de trabajo o el domicilio de políticos a los que, de algún modo, hacen responsables de algunas medidas, en este caso no haber promovido ya una solución estable para los desahucios.

Su Señoría ha dicho que “son un ejemplo de la libertad de manifestación, en tanto no sean violentos”, añadiendo que son “rechazables si afectan a la libertad individual de las personas”. Moliner ha precisado que “no se pueden condenar de manera general”  ya que depende de las circunstancias en que se desarrolle cada uno.

Y claro, para quienes han hablado de nazismo, para quienes han secundado de alguna manera -equivocada, por cierto- ese planteamiento, para quienes se han apresurado a condenar tan reprobables métodos, las palabras del presidente del Tribunal Supremo habrán producido urticaria. Han sido, además, lo suficientemente precisas como para dejar bien sentado que se trata de un derecho y que, por tanto, debe ser respetado.

No es que Moliner bendiga las protestas pero al menos su apreciación es válida para encontrar ese punto de sensatez y de equilibrio que tanto se echa en falta en toda tendencia social radicalizada. Quienes vienen interpretando los escraches como fórmula que debe ser reprimida sin ambages -seguro que callaron o miraron para otro lado cuando había personas que se concentraban o manifestaban a favor de una ley de interrupción voluntaria del embarazo o cuando comunidades y colectivos han reivindicado trabajo o mejores condiciones laborales-, han encontrado en los razonamientos del magistrado un freno a sus pretensiones que, de alguna forma, riñen con el Estado de derecho.

Eso sí, han hallado también un aliado inesperado: con Moliner en juego, ya hay otra razón, otro factor para hablar menos de lo que daña y de lo que indigna. Encima, tienen suerte.

 

miércoles, 24 de abril de 2013

SERVICIOS SOCIALES AMENAZADOS

Si el próximo viernes se adivina fatídico, con un nuevo paquete de medidas gubernamentales que contiene, según se anuncia, más restricciones en los órdenes laboral y fiscal, en los mercados internos de bienes y servicios y hasta en las pensiones, esperemos que no lo sea más si también tuviera luz verde la nueva Ley para la Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local. De esa reforma sigue muy pendiente el municipalismo que ya ha expresado su disconformidad -incluso el sector conservador- sustanciada en el caso canario por la incomprensible y reprobable omisión inicial del hecho diferencial y de los cabildos.

Pero el flanco más delicado de esta pretendida y necesaria reforma del régimen local español estriba en los servicios sociales. Privatización o desaparición: esa es la disyuntiva a la que parecen abocados quienes desde los ayuntamientos vislumbran un panorama desolador. Según la Memoria del Plan Concertado de Prestaciones Básicas de Servicios Sociales en Corporaciones Locales, en cuya elaboración interviene el ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, el 98% de la ciudadanía española tiene acceso a los servicios sociales que prestan los ayuntamientos. Unos siete millones de personas se benefician anualmente de estos servicios que canalizan y prestan unas cincuenta mil personas. La nueva norma propiciará la eliminación de los servicios sociales en los municipios con menos de veinte mil habitantes, en tanto que serán las Diputaciones provinciales las que asumirán la competencia de esta materia en aquellos casos donde no desaparezca. La destrucción de empleo, pues, parece inevitable. Aunque, eso sí, la consiguiente privatización en forma de concesión administrativa conllevará afirmaciones en sentido contrario: al revés, se dirá, se crearán tantos puestos de trabajo directos o indirectos.

Hablamos de ayuda a domicilio para dependientes, transporte escolar, teleasistencia, acogimiento a personas en riesgo o situación de exclusión social, talleres ocupacionales, asistencia intermedia… Esos son, entre otros, servicios sociales. Habrá que preguntarse qué será de los profesionales y de las redes que los han ideado y los gestionan. También los grandes municipios se verán afectados pues, además de la supresión de buena parte de las competencias, el Estado se reserva la capacidad de fijar el coste estándar de los servicios que puedan seguir prestando, sin atender, claro, las especificidades de los municipios, lo cual se traduce en una disminución considerable de los recursos que las instituciones locales dedicarán a las prestaciones sociales.

A la espera de los resultados finales de la tramitación de la norma -ojalá no veamos otra demostración de la mayoría absolutista- el municipalismo debe ser consciente del vuelco que significará esta nueva modalidad. Ese debe ser el temor de los propios alcaldes del Partido Popular que han experimentado -y experimentan- lo que significa la atención a los administrados en aquellos casos de apremiante o acuciante necesidad. Ahí duele: cuando hay que dar una solución desde la proximidad sin color político sino con intención clara de resolver un problema. Cuando el economicismo y el negocio priman sobre la sensibilidad y las personas, es que la sociedad se derrumba.

martes, 23 de abril de 2013

DE LA CALIDAD DE LA ESCRITURA DEPENDE


Hay que escribir mejor para que los lectores superen el titular de la noticia, ha venido a decir el escritor Juan José Millás, tan preocupado como el que más con las ediciones impresas de los periódicos, cada vez más condenadas, entre los avances de las nuevas tecnologías y la infinidad de aplicaciones, la pérdida de suscripciones y la reducción del poder adquisitivo de los lectores habituales de la prensa convencional.

            Superar el titular, he ahí la cuestión. Porque a menudo nos quedamos en eso, en la frase más o menos corta, y con ella nos damos por enterados. Es más, no solo contrastamos apriorísticamente la tendencia del medio o del redactor sino que hasta casi adivinamos, según el género, el contenido de la información o del artículo.

            Pero eso induce al error. Cuántas veces, después de leer el texto, comprobamos que el titulo no se corresponde con el contenido. O lo que es igual, que el título va por un lado en tanto que la información ha tomado otro.

            Por eso es interesante la apreciación de Millás. Escribir mejor, hacerlo con más calidad, ensamblar un texto periodístico con rigor -y con los recursos de que se disponga para enriquecerlo- y con la claridad necesaria para que el lector obtenga la mejor impresión. Se dirá que muchas veces eso es imposible: entre la prontitud, el apremio de los cierres y otras circunstancias, las dificultades condicionan el ejercicio del autor. Al final, tampoco está exigiendo demasiado: es como retrotraerse al viejo principio del sujeto, verbo y predicado para luego desarrollar -con lujo de detalles, si se quiere- la oración del hecho noticioso o digno de ser comentado.

            El escritor valenciano llega más lejos cuando aboga por textos bien escritos para que el periodismo sobreviva en el vértigo o en la jungla de la sociedad mediática de nuestros días. Defiende una “relación de hechos bien encajados con un matiz literario en el que se detalle un relato y no un cuento”. Eso se logra, en nuestra opinión, con una buena técnica, con unas dotes de escritura bien armadas y un afán de superación que permitan abonar con solvencia los enfoques informativos por encima de cualquier tendenciosidad.

            “A escribir también se aprende”, concluye Juan José Millás. Todos debemos ser receptores de ese mensaje. Se trata de cultivarse y, en  definitiva, de mejorar la capacidad o las habilidades para redactar. Porque estamos ante otro problema de la profesión que sólo se puede resolver con el propio esfuerzo individual y teniendo en cuenta enseñanzas como la comentada.

            No basta con un título original o atrevido. Hay que elaborar un buen texto para atraer o incentivar el interés del lector, sobre todo el de ediciones impresas que sigue prefiriendo ese soporte al clic de las digitales.

 

lunes, 22 de abril de 2013

VENEZUELA, EN EL LABERINTO


Han pasado tantas cosas en una semana, desde la jornada electoral, que es inevitable aludir al predominio de la incertidumbre, presente y futura, del país venezolano, un país sociológicamente partido, donde el proceso revolucionario parece palidecer. Cacerolas y cohetes rivalizan en Caracas ‘la nuit’, como si no hubiera terminado la fiesta, como si hubiera que prolongar una suerte de insólita celebración. Unos, la disconformidad con el resultado y el modo de obtenerlo; otros, la permanencia en el poder y la continuidad del citado proceso.

            Pero la realidad es otra: las informaciones sobre desabastecimiento no son más que la cara externa de una economía en crisis, acentuada por una devaluación reciente de la moneda; en tanto que la creciente inseguridad o el aumento delincuencial, factor en el que convergieron los aspirantes a la presidencia de la República durante la pasada campaña electoral, hace cada día más complicada la convivencia. Imágenes de diputados agredidos en plena Asamblea legislativa o el mismo episodio de la interrupción del discurso de investidura del presidente electo son pruebas de la radicalidad, no digamos de alguna fraseología empleada en los discursos de campaña y de los testimonios de familiares y allegados afectados por esa zozobra de inseguridad.

            El chavismo tiene que empezar a entender que las cosas han cambiado y que sin el líder natural, por muchas invocaciones que se hagan, el escenario es muy diferente. El primero en advertirlo fue el presidente de la Asamblea, Diosdado Cabello, a propósito de la pérdida de más de setecientos mil votos, cuando, en un aviso a navegantes -¿también a Maduro?-, planteó la necesidad de hacer autocrítica. En ese escenario, el papel del Ejército sigue siendo reservado. Y la consideración del imperio como enemigo comienza a ser un recurrente poco creíble, aun cuando Estados Unidos siga sin reconocer el resultado electoral. Un resultado, por cierto, que tuvo un coste de seis muertos y centenares de heridos. Demasiado en una consulta democrática, mancillada con sangre.

            A la espera de despejar algunas incógnitas, Venezuela anda sumida en el laberinto. Que haya recuento definitivo o no de las urnas puestas en duda, significa mucho para las partes, el oficialismo y las instituciones por un lado; y el candidato derrotado por otro. Esa es una. Y la necesidad de replantearse el pacto social, otra. Es muy difícil tratar de proseguir un proceso revolucionario en las condiciones que queda un país tras la desaparición de un liderazgo unipersonal muy acusado y afectado por problemas internos de coexistencia sociológica. Si en el escenario aparecieran otros elementos que, en sí mismos, significaran más complicaciones, estaríamos ante una intrincada jungla cuya salida es difícil vislumbrar. Por ejemplo: esas amenazas de no reconocimiento de los mandatos populares, o incluso de prisión, son pruebas de querer hacer absolutamente irreconciliable cualquier intento de aproximación y de respeto a las reglas del juego.

            Ni siquiera en las socorridas invocaciones a la divinidad o a las abstracciones de la religiosidad, de muy difícil entendimiento en un proceso revolucionario, hay fundamentos para encontrar un horizonte mínimamente despejado.

sábado, 20 de abril de 2013

GLOSA DE UN HIJO PREDILECTO

Francisco Gómez Pérez, oficial jefe de la Cuerpo de la Policía Local, fue distinguido por el Ayuntamiento del Puerto de la Cruz, con el título de Hijo Predilecto de la ciudad. En el acto de imposición, con asistencia del presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero; del alcalde, Marcos Brito; y de varios miembros de la corporación municipal, leímos el siguiente texto:



El poeta argentino Carlos Heitz, natural de Mendoza, escribió:
“Cuando patrulles la ciudad y sientas que es tu misión sagrada custodiarla. Cuando el eco de tus pasos en la noche lleven tranquilidad y den confianza. Y representes la paz en cada esquina, bajo el sereno control de tu mirada. Cuando el frío y el sol muerdan tu carne, sin que se mueva un músculo en tu cara. Cuando el miedo penetre en tus entrañas y encuentres allí un altar de fe cristiana. Cuando tengas la humildad de los valientes para ordenar hacer lo que más cueste y los hombres te sigan por ti mismo aunque vayas incluso hacia la muerte. Cuando impongas respeto y disciplina, con tu sola presencia ante quien sea. Cuando nadie juzgue nunca tu conducta, porque no das lugar para que puedan; y el código de honor que guíe tus actos marque el norte vital de tu existencia. Cuando en cada amanecer mires el cielo agradeciendo a Dios poder decir “presente”. Cuando la lista de muertos día a día signifique para ti deudas pendientes, y en el llanto de huérfanos y viudas encuentres para luchar un aliciente. Cuando el surco caliente de una bala rompa el espejo negro del silencio. Cuando florezca un clavel ensangrentado en el pecho de tu compañero y eleves al Señor una plegaria sin rencor, ni queja ni lamento. Cuando debas tirar y tu disparo sea sin odio y a la vez certero. Cuando aceptes morir solo en la calle, teniendo como mortaja el firmamento, y aspires a formar junto a los otros que hacen guardia junto a los luceros. Cuando seas imparcial contigo mismo, sin creerte poseedor de las verdades, Cuando puedas reprimir impulsos propios y logres irradiar, sin falsas poses, esa hombría de bien con que se nace. Cuando estés penetrado totalmente, de tu hermosa misión en esta tierra, Cuando no te encandilen los honores ni el poder se te suba a la cabeza; y el dinero no pueda doblegarte ni ponerle precio a tu decencia. Cuando eso consigas con tu esfuerzo, recién entonces habrá llegado el día en que puedas decir al Universo: Por gracia, a Dios, SOY POLICÍA.”

Es un hermoso poema, titulado “Señor de ti mismo”, que sirve para dimensionar la personalidad de quien hoy va a recibir la distinción pública por antonomasia: portuense predilecto, por méritos, cualidades y circunstancias.

El autor exalta las virtudes de quien asume, en la historia de la sociedad misma, un papel determinante en la convivencia, en la protección de las libertades y en la seguridad tanto individual como colectiva.
En esos versos retratamos a Francisco Gómez Pérez, el más joven de cinco hermanos que tuvo en la abuela Hortensia la excelente cuidadora de sus pasos, desde La Vera, el vínculo portuense de cada fin de semana, de cada festivo, de cada verano; la evasión o la alternativa a los largos cursos del colegio San Ildefonso y a la residencia en la capital.

En esos tránsitos, que incluyen el universitario lagunero, se fraguó la vocación policial. Parecía que podría la militar, que para eso estaba el coronel artillero Miguel, pero no acababa de gustar y la licenciatura en Derecho daba como mucho más juego, tal fue así que, bajo la diestra batuta de Juan del Castillo León, opositó a la Jefatura del Cuerpo de la Policía Local, a la que accede en junio de 1982, siendo alcalde el recordado Francisco Afonso Carrillo. Nuestro Hijo Predilecto rememorará que aquella noche, un aprendiz de periodista al que hoy  ha obsequiado la oportunidad de ser el introductor de sus honores, le tomaba sus primeras declaraciones como nuevo ‘Jefe’.

Paco es, pues, un policía de la democracia que puede presumir de lealtad al haber servido a cinco alcaldes portuenses. Lo ha hecho, además, como debía, esto es, cumpliendo, razonando, tolerando, instruyendo, ideando, buscando soluciones, sugiriendo medidas, extremando precauciones y hasta discrepando, como siempre ha hecho, de forma respetuosa.

Que nos perdonen los puristas por esta concatenación de gerundios pero en ella se sustancia buena parte del ejercicio profesional de quien ha acreditado ser un probo servidor público, un policía que ha querido trabajar siempre con eficacia y sin alharacas, con rigor y sin negligencias, con un estricto sentido del cumplimiento del deber y una actitud consecuente con el carácter jerárquico de la organización y el método de funcionamiento.

No ha sido Gómez Pérez un policía rutinario al que el mecanismo anulara capacidad de acción o iniciativa. Al contrario, su preocupación por la formación de los integrantes del cuerpo, por la especialización, por la coordinación efectiva con otros organismos policiales, por la cooperación con la Administración de justicia y por la restructuración de las policías locales; así como su sólida formación técnico-jurídica, han hecho que su criterio sea tenido en cuenta en foros e instancias donde le fue pedido.
Un policía de la democracia empeñado en que quienes escogieron tal profesión sean cercanos, estén pegados a las necesidades o las demandas del pueblo, compartan sus afanes, les auxilie, les informe y les prevenga, les haga sentir a los ciudadanos seguros y sujetos activos del Estado de derecho.

Ese policía atesora razones para ser nombrado Hijo Predilecto de la ciudad, título que podrá parecer exagerado o excesivo (y no es malo que haya aristas o visiones discutibles) pero que es completamente ajustado cuando se repasa su trayectoria profesional, su dedicación y los servicios prestados. No sólo son las decisiones que ha tenido que adoptar en el desempeño de sus funciones. También están los riesgos físicos asumidos en sucesos. Y la atención dedicada a vecinos de toda condición social. Y el esmero para que el visitante, de cualquier nacionalidad, se llevara la mejor impresión. Y el propósito de que el cuerpo que dirige ofrezca en cada actuación su mejor y más eficaz versión. Y la solícita colaboración con el estamento militar y el poder judicial. Y el comportamiento atento, solidario y diligente del funcionario.

Si a todo ello se suma su condición de esposo y padre ejemplar, de portuense comprometido de verdad con los valores y la proyección de la ciudad, con su idiosincrasia, la decisión corporativa se justifica por sí sola.

Si el Reglamento de Honores y Distinciones habla de méritos, cualidades y circunstancias, podemos decir que en el ejercicio de sus funciones y responsabilidades, el Hijo Predilecto ha contrastado su pericia, su celo y su solvencia.

Se nota hasta en esos testimonios que brotan espontáneamente del ciudadano sabio. Rescatemos uno, con permiso del homenajeado, que es indicativo de cuanto decimos. El 18 de abril de 2007, seis días antes de cumplir 99 años, el ciudadano Rafael Abreu González, a quien tanto apreciaba, le dedicó el poema titulado “¿Quién es él?”. Dice:
“Es un joven funcionario; su oficina, en el Penitente. Atiende y aconseja a la gente pero no cobra ‘honorarios’.
Seguro que es progresista, correctamente educado, positivamente ilustrado: fotografiando, un artista.
Joven e inteligente, amigo de los amigos, no se le conocen enemigos: los tiene, seguramente.
No tiene ningún estrés. Dirige a la policía, trabajando día a día, ¿adivíname quién es?”.

Así, esmerándose día a día, incluso en circunstancias adversas de salud, luchando contra la incomprensión y los imponderables, contra la limitación de recursos, Francisco Gómez Pérez, Hijo Predilecto del Puerto de la Cruz –para que nos vayamos familiarizando-, se ha granjeado el respeto y el afecto de agentes sociales, funcionarios e integrantes del Cuerpo de Policía Local que dirige y que está considerado como de los más destacados de Canarias.

Reciba, junto a Ana, su esposa; sus hijos, Francisco, Salvador, Felipe y Ana Georgina; sus hermanos Salvador, Luis, Miguel Ángel, Carlos, y demás familiares, nuestra sincera felicitación que seguro es la de muchos portuenses y a la que él corresponderá con creces.

Como lo hizo en su día el poeta cubano Nicolás Guillén, quien llevara a España en cuatro angustias y una esperanza, autor de un poema de profundo sentido simbólico que eleva la dignidad de la función policial a la que Paco, en la escala local, ha dedicado tantos empeños. Que la esperanza, por cierto, siga siendo una constante. Estos son los versos y con ello concluimos:

“La policía (paso de alfombra y ojo de gato) mira en la sombra. Vigila el gato. Pasa una sombra. La Policía se hunde en la alfombra. ¡La policía! ¡Alzad la alfombra! ¡Matad el gato que está en la sombra!”.

viernes, 19 de abril de 2013

CADA COSA, A SU TIEMPO

Ha sido directo y ha hecho bien Alfredo Pérez Rubalcaba al afirmar que el PSOE, en estos momentos, no está en eso, en su sucesión, deseada por un montón de gente, tanto dentro como fuera de la organización. El propio secretario general seguro que es consciente de esa demanda: no acompañan las impresiones y las percepciones de los ciudadanos, pese a la oposición constructiva, consecuente e inteligente que viene desplegando. Puede más, pesa mucho más el pasado, ese que no se perdona en tiempos de crisis.

Es tentador hacer la agenda de un partido político pero se supone que los dirigentes y los estrategas de éste saben manejar los tiempos. La respuesta de Pérez Rubalcaba está en consonancia con esa idea: ahora, cuando arrecia la crisis, cuando la ciudadanía española necesita de soluciones, alternativas y esperanzas, cuando son otros los apremios a los que desde la oposición -y desde las instancias gubernamentales de que se disponga- hay que dar adecuada respuesta, no se puede estar con debates o ni siquiera eso, con pugnas nominalistas que proyectan una imagen muy negativa.

Claro que es la pugna que alimentará el derechío mediático, el más interesado para desviar la atención de otros frentes complicados a los que no quiere ni sabe dar respuesta ante la avalancha de evidencias. En esa pugna le será fácil revolver el patio, fomentar el cisma, revolver el pasado, averiguar lastres, decantarse aparentemente y, al final, como ya ha ocurrido en algunos programas de opinión, valorar a los posibles candidatos en función de su aspecto físico o estético. Deplorable.

Deberían los socialistas no contribuir a esa ‘revoltura’, a ese patio que algunos presentarán como incontrolado, desmoralizado e irreconducible. Está bien que haya más de un aspirante, que se den a conocer, que se contraste su valía en función de programas o ideas… Eso es saludable. Refleja, teóricamente, la riqueza de cuadros, la pluralidad de opciones. Pero cada cosa a su tiempo: participar o prestarse a maniobras dilatorias puede proporcionar resultados indeseados.

Ahora, lo que toca es seguir fiscalizando una decepcionante gestión del Gobierno, presentar alternativas que permitan fraguar soluciones que sean factibles y favorezcan la recuperación de la credibilidad ciudadana. Es cuestión de paciencia y de perseverancia, virtudes muy válidas cuando desde fuera se intenta marcar un rumbo por razones que saltan a la vista.





jueves, 18 de abril de 2013

EL ESCONDITE ANTES QUE EL 'SIN COMENTARIOS'


El Defensor del Lector del diario El País, Tomás Delclós, escribe sobre la mala praxis que ha instaurado el Partido Popular (PP) en las comparecencias de sus dirigentes. “Políticos escondidos”, es el título de su entrega, motivada por las quejas de lectores que sugieren no acudir a las conferencias de prensa en las que el partido convocante advierte que no habrá preguntas.
            Es difícil encontrar precedentes de esta situación en la democracia española. Y mucho menos, en un partido gobernante. Es un hecho insólito que el PP se haya pasado semanas sin que se reuniera su órgano de dirección pues, aunque no lo parezca, con la idea de eludir la comparecencia posterior ante la prensa. Es curioso que quienes en el pasado predicaban transparencia, y en el presente, aunque con menos entusiasmo, también lo hagan, ahora revelen con sus hechos una opacidad impropia de una democracia avanzada.
            Recordemos, en ese sentido, que la legislatura empezó muy mal y que de ahí, probablemente, provengan los males pues los medios en ese momento fueron muy condescendientes y no hubo críticas a aquel comportamiento. Nos referimos al anuncio de la composición del Gobierno hecho por su presidente: se limitó a dar los nombres y las carteras de su gabinete. Ni una sola explicación del organigrama o de los propósitos de funcionamiento para el cumplimiento (¿) del programa. Alguna comparecencia posterior del presidente, sin preguntas, y casi con espantada, como ocurrió en el Senado, el día en que la prima de riesgo batió su récord y no hubo una mísera explicación gubernamental, pone de relieve que la relación con los medios, cuanto más distante o cuanto más inexistente, mejor.
            Los dirigentes del PP encontraron como sucedáneo la telecomparecencia, esto es, aprovechar la reunión del comité ejecutivo nacional para exponer la intervención leída del presidente. Los periodistas han de seguirla desde una sala de prensa. Sin opción  a preguntar, por supuesto. Pero algunos medios ya desistieron de prestar cobertura a esta fórmula en la última aparición de Mariano Rajoy. Les parecía una burla o una falta de respeto. No es de recibo, desde luego, que los problemas de presunta corrupción financiera que afectan a la organización o cuestiones de interés nacional sean despachados de la forma apuntada, con una estratagema que confiemos no sea secundada. Estaríamos, sin duda, ante una farsa democrática.
            El Defensor del Lector de El País, después de citar el caso del presidente francés François Hollande con muchas similitudes al de Rajoy (no admitir preguntas en el espinoso asunto de su ex ministro de Hacienda), habla de “triste coincidencia que demuestra la intención de situar a la prensa en una posición residual, invitada como máximo a ser ornamento de sus ceremonias”.
            La Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE) ha sido taxativa a la hora de rechazar estos métodos de funcionamiento. Y es que con ellos se priva a lectores, oyentes y televidentes de información veraz y directa, obtenida de las fuentes autorizadas. Empieza entonces a resquebrajarse el cimiento democrático. Y más que eso, a deteriorarse la relación entre políticos y periodismo que, si en algunas épocas, ha  tenido fases procelosas y turbulencias de todo tipo, no es menos cierto que ha sido indispensable para saber cómo se respira en organizaciones políticas y en instituciones.
            Curiosamente, cuando se pide más y más política para acabar con dictaduras económicas o de mercados o de intereses determinados, resulta que algunos políticos no contribuyen a esa consecución. Al contrario, con sus espantadas, sus omisiones y sus elusiones enriquecen el peor de los climas y la peor de las impresiones para ellos mismos.
            Con lo fácil que sería recurrir a la frase ‘No comment’ (‘Sin comentarios’) cuando la pregunta sea incómoda, se quiera ganar un poco de tiempo o se pretenda no complicar las cosas.
            Pero se prefiere el escondite. En fin…

miércoles, 17 de abril de 2013

EL PRESIDENTE AUSTERO

Era un tinerfeño de pro, un defensor de los valores insulares, un dirigente deportivo nada presuntuoso; era un buen hombre José López Gómez, a quien conocimos cuando, en 1977, inició su segunda andadura presidencial en el Club Deportivo Tenerife.


Le tocó lidiar una etapa complicada, tanto en lo económico como en lo deportivo, de ahí que la controversia caracterizara buena parte de su gestión. Pese a poner toda la mejor voluntad del mundo, fue contestado, tuvo notables tratamientos críticos y se sintió incomprendido. Pero no perdió la compostura: su probado amor por el club le permitió superar trances amargos, como aquel descenso de categoría consumado en Vigo en cuya estación ferroviaria le vimos llorar desconsoladamente, junto a Manolo Sanchís, entonces entrenador.

Su modo de ser, su personalidad y una filosofía de austeridad hicieron que surgiera una leyenda negativa en torno a su ejercicio directivo, puede que no muy justa. Le atribuyeron caprichos y soluciones con frecuencia deformadas o exageradas. Como buen contable, solía presentar unos presupuestos y unas liquidaciones muy exactas. Fue, desde ese punto de vista, un administrador realista que a veces resolvía, con aportaciones particulares, algunas situaciones de zozobra financiera. Curiosamente, era muy ponderado en círculos federativos y otros ambientes futbolísticos peninsulares. Tuvo en su familia un sólido elemento de apoyo. Eugenio Camacho, sensible y preocupado, fue su vicepresidente y más fiel colaborador.

Defensor acérrimo de la cantera (en su primera presidencia, en los años 60, la entidad recibió el premio “Amberes” que distinguía el trabajo con las categorías de base), hubo de incorporar durante varias temporadas a jugadores de otras latitudes. Pero su sueño, su aspiración era ensamblar un conjunto con gente de aquí. Y por eso era un asiduo espectador de partidos de los filiales y de otras categorías del fútbol regional.

Casi completó quince años al frente de la entidad. Las tribulaciones y las adversidades se trocaron en alegría de ascenso de nuevo a Segunda ‘A’, en la primavera de 1983, cuando fue paseado a hombros y cuando se bañó, literalmente, en la plaza de La Paz. Las fotos ilustraban un lógico contento, una alegría inusitada que festejó a su manera, acaso rompiendo los moldes de aquella modestia y la austeridad. Tres años después, en 1986, abandonaba el club, siendo sustituido por Javier Pérez.