Es digna de reconocimiento la resistencia estoica de aquellos cargos públicos y militantes del Partido Popular que se esmeran para ofrecer explicaciones, más allá del silencio que debe venir impuesto desde las alturas y que aconsejan las cada vez mayores evidencias de irregularidades en un aspecto de su funcionamiento interno.
Es un ejercicio costoso, no hay duda. Algo más que ir contracorriente, procurando encontrar atajos o desviando los tiros hacia terrenos teóricamente más favorables.
Pero es complicado y es otra consecuencia de una gestión tan extraña como poco acertada de la crisis que alumbró el ex tesorero, a quien algunos de sus compañeros, por cierto, le han anulado la presunción de inocencia, con declaraciones o con descalificaciones que pretenden situarle como responsable exclusivo del desaguisado.
El Partido Popular, sencillamente, se ha visto desbordado por los acontecimientos. El tsunami lo ha envuelto sin que los muros, dique4s y contradiques han servido de contención. Prefirieron una estrategia de dejar pasar y de despachar con declaraciones más o menos afortunadas, sin percatarse de que hay otras partes en juego y de que hasta el fuego amigo podía surtir sus efectos.
El problema, lo hemos sostenido desde hace tiempo, es que en la derecha todos se saben lo de todos y claro, cuando brota la chispa, es difícil impedir y controlar el siniestro. Los acontecimientos más recientes así lo prueban.
Todo es grave, hasta que se pruebe lo contrario, esa conjunción de factores que supuestamente (Floriano dixit) desembocó en una causa general contra el partido. Y dentro de esa gravedad, negar el debate en el Parlamento, bloquear la comparecencia del presidente del Gobierno demuestra no sólo una falta de respeto a la institución (qué tiempos aquellos en los que el PP se ufanaba de querer debatirlo todo en órganos parlamentarios) sino a la misma transparencia que se recomienda, después de todo lo ocurrido, para el conocimiento de los asuntos públicos.
Este lo es: la financiación del partido gubernamental. Interesa a cuantos componen la organización como al conjunto de los ciudadanos, buena parte de los cuales están más que alejados de la política, asqueados. Acumulan demasiados silencios y demasiados errores estratégicos en la gestión de la crisis: el tsunami ha envuelto al Partido Popular y los aliados mediáticos cada vez tienen menos capacidad de resistencia.
Lo peor es que la sombra de sospecha se agiganta por horas.
viernes, 12 de julio de 2013
miércoles, 10 de julio de 2013
INICIATIVA POLÍTICA
Las vueltas de tuerca que hacen cada vez más insostenible la
situación del Partido Popular (PP) -solo esta formación política la resistiría
en un país de las características de España- hacen que esté pasando inadvertida
la posición fijada por el PSOE para lograr un nuevo modelo territorial. Lástima
porque es una aportación interesante en el devenir político, condicionado por
la crisis. Los ciudadanos esperan de las organizaciones políticas respuestas
serias, sólidas, alternativas a concepciones que van quedando desfasadas, a
estructuras que han ganado en obsolescencia después de valiosos servicios y a
demandas surgidas de las propias exigencias sociales. En ese sentido, los
socialistas han dado un paso pensando en los intereses generales, en una nueva
hora para el país y también para el propio partido al que se pide, tras su
historia centenaria y tras las experiencias acumuladas en los años de gobierno,
que esté a la altura de las circunstancias y de las nuevas demandas, sobre todo
cuando tanto desafecto hay hacia la política, cuando tanto desencanto y tanto
recelos se van amontonando. El examen de las consultas demoscópicas, en efecto,
tiene que haber alertado a sus dirigentes.
Esa posición del PSOE se condensa en la propuesta de un
Estado más eficaz, más democrático y más integrador. Más que una respuesta a
las reformas ideologizadas del PP, lo es al neoliberalismo y a la fiebre
privatizadora de sus políticas. La sociedad demanda al socialismo una
diferenciación, también en época de crisis y en fase de oposición: en la
reunión del Consejo Territorial ha encontrado una opción de reforma
constitucional que habrá de incluir el denominado principio de igualdad de todos los ciudadanos a las prestaciones
sociales básicas (educación, sanidad y derechos sociales) así como el
reconocimiento explícito de dos nuevos derechos: la protección social y el
derecho a la salud.
Este marcado acento social de la propuesta socialista precisa
de garantías para su aplicación y ésta se contrasta con el establecimiento de
un principio de estabilidad social del gasto público que asegure un nivel
mínimo de prestaciones públicas y la creación de un Fondo de Garantía del
Estado de bienestar para tiempos de crisis.
EL PSOE, ya era hora, toma la iniciativa y ahora habrá de promover
un arduo proceso de negociación para intentar alcanzar un nuevo modelo
territorial. Frente a las tentaciones rupturistas y a los afanes de
recentralización, y ante sus propios problemas internos, lanza un guante que
viene a ser una señal de vitalidad en plena desazón política. Más Estado, más
derechos, un nuevo modelo de financiación autonómica, transparencia informativa
y administrativa y el reconocimiento de los hechos diferenciales son, entre
otros, los objetivos a los que se encamina esta propuesta que sirve para
empezar a creer, con fundamento, que hay vida política más allá de la cotidiana
corrupción.
martes, 9 de julio de 2013
VARAPALO DEL CONSEJO DE ESTADO
O reformula la futura Ley o estará atentando contra nuestra
Constitución, poco menos que ha venido a concluir el Consejo de Estado ante el
Gobierno en su dictamen sobre el Anteproyecto de Ley de Racionalización y
Sostenibilidad de la Administración Local. Y aporta, en consecuencia, nuevos y
sustantivos elementos a una controversia que, entre el desacuerdo de las
formaciones políticas, las estrecheces gubernamentales y las interpretaciones
contrapuestas de buena parte del texto articulado, había alcanzado un nivel de
incertidumbre que ni la holgada mayoría parlamentaria del Partido Popular (PP),
ya puestos, lograba disminuir.
Decimos esto porque, entre otras consideraciones (como por ejemplo, si
lo que pretende el Gobierno del Estado, con este Anteproyecto de Ley, es el
cumplimiento del objetivo de estabilidad presupuestaria, no era necesaria esta
nueva norma: bastaría con la aplicación
de las medidas ya contenidas en la Ley Orgánica del mismo nombre), hay
que destacar que el Consejo de Estado
hace que se tambaleen los dos principales pilares en los que el Gobierno del
Estado asienta el nuevo modelo de régimen local que busca imponer. En otras
palabras, desmonta la "línea de flotación" del Anteproyecto de Ley de
Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local. Veamos:
Con respecto a la fórmula del coste estándar, el Consejo de Estado es
contundente. Lo poco que dice el Anteproyecto de Ley de cómo se llevará a cabo
la evaluación del coste de los servicios municipales, remitiéndolo, casi todo,
al futuro desarrollo reglamentario, es, en palabras del Consejo, “tan amplia y carente de parámetros legales que
prácticamente puede considerarse como una habilitación en blanco al Gobierno”.
Para el Consejo, al menos, debería especificarse a quién corresponde la
competencia para realizar tal evaluación, precisar los criterios que deben
tomarse en consideración para llevarla a cabo y regular, siquiera de forma
sucinta, el cauce procedimental a través del cual ha de discurrir esta
operación.
La referencia que hace a la necesidad de precisar los criterios para la
evaluación no es baladí. Como reclama el municipalismo, el Consejo de Estado
reconoce que estamos ante una realidad heterogénea, a partir de la cual sugiere
que se introduzcan factores de corrección que atiendan a diversas variables
como: la orografía, el clima o la estructura social y económica del municipio.
Pero ahí no queda la cosa. Es más, llega a afirmar que la aplicación del
coste estándar "no debería producir el efecto condicionante
que se le atribuye, que, en última instancia, puede llegar a suponer una
atribución "en precario" a los municipios de su autonomía”.
E incluso que "pueda también hacer operar de manera
inadecuada las obligaciones de estabilidad presupuestaria y sostenibilidad financiera”.
Huelga decir, por tanto, que estamos ante un duro varapalo al sistema
concebido por el Gobierno del Estado.
En cuanto al régimen de traslación de las competencias municipales a
favor de los Cabildos insulares, el
Consejo de Estado parte de un hecho, que parece una obviedad: el nuevo régimen "supone un desapoderamiento ‘ex
lege’ de las competencias municipales, en favor de la isla", en
el caso de Canarias, claro está. Lo que pudiera derivar en un "cuestionamiento de la garantía institucional de la Autonomía Municipal”.
El Consejo de Estado advierte de la incongruencia y diferente trato que
se dispensa a los Municipios y a los cabildos ya que se parte de la prestación
de los servicios municipales por parte de los Cabildos insulares, cuando los municipios
no superen la evaluación de su coste estándar, pero sin tener en cuenta el
posible escenario en el que el Cabildo al que haya de encomendarse dicha
prestación "se encuentre en una situación de déficit que puede dificultar o
impedir razonablemente asumir la gestión de esos mismos servicios”. En este
sentido, el Consejo echa en falta algún
tipo de consecuencias para el caso de incumplimiento, por los cabildos, del
coste estándar.
El órgano consultivo advierte que "disponer la
supresión de contenidos fundamentales de la Autonomía Local con base en el
incumplimiento de un parámetro económico y único (coste estándar), configurado
como elemento del que depende la continuidad de la prestación de servicios por
parte del municipio, puede afectar negativamente al núcleo esencial de la citada garantía institucional”.
Pero ahí no queda la cosa, el Consejo "se moja" y reconoce que
más que por la traslación de las competencias a los cabildos, el Anteproyecto
debería abogar por otras alternativas enfocadas a la asociación voluntaria de municipios
(mancomunidades e incluso fusiones), "no solo más respetuosas con la Autonomía
Local, sino también con la normativa sobre estabilidad presupuestaria y
sostenibilidad financiera”.
En definitiva, para el Consejo de Estado, el Anteproyecto de Ley genera
serias dudas, incertidumbres e incongruencias que provocan altas dosis de
inseguridad jurídica y que pueden llegar incluso a “dificultar la consecución de
los objetivos que con la nueva regulación se pretenden alcanzar”. Es
por ello que invita a su revisión.
Porque el varapalo es de los que hacen época.
lunes, 8 de julio de 2013
UN DICTAMEN RELEVANTE
Se aguardaba con interés el dictamen del Consejo de Estado,
supremo órgano consultivo del Gobierno, sobre el Anteproyecto de Ley de
Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local, lo suficientemente
controvertido -hasta los propios alcaldes del Partido Popular han expresado
públicamente unas cuantas discrepancias- como para estar muy atentos, tanto a
cualquiera de los acuerdos políticos que pudieran alcanzar las formaciones
políticas como a las resoluciones de instituciones como el Consejo de Estado
que acaba de poner, con ese dictamen, los puntos sobre las íes de algunas
materias en las que el Gobierno quería plasmar una reforma muy discutida por el
municipalismo en plena crisis. Cuando se atraviesa el ecuador del mandato, la
sensación que se va imponiendo es que no va a ser fácil llegar a una entente
con el poder local que es consciente de la necesidad de revisar muchos
contenidos y unas cuantas estructuras pero que no quiere sobresaltos ni
cirugías ideológicas o reduccionistas, so pena de que los vecinos -con los que,
a fin de cuentas, van a tener que seguir lidiando- sufran en carne propia las
peores consecuencias y terminen huyendo de eso que hemos dado en denominar el
centro de poder político más próximo.
El dictamen
es concluyente desde el punto de vista de la merma de la autonomía local, tal
como se deriva de algunas disposiciones de la norma. Es un golpe a la línea de
flotación del Anteproyecto de Ley: la evaluación del coste estándar de los
servicios, por un lado, es considerada una habilitación en blanco al Gobierno;
y por otro, la incongruencia y la desigualdad de trato entre municipios y
cabildos cuestiona la garantía de ese teóricamente intocable principio de
autonomía local. FECAM y FECAI tendrán bastante que decir al respecto en una
polémica que se adivina tensa.
También se detiene el Consejo de Estado
en otro de los aspectos más llamativos del Anteproyecto como es la recepción de
las competencias municipales en materia de sanidad, educación y servicios
sociales, en las Comunidades Autónomas. A este respecto, el órgano consultivo
lo tiene claro: sus consecuencias son impredecibles. El Anteproyecto no tiene
en cuenta, aspecto que critica, que estas competencias "se hayan venido
prestando de manera eficaz y eficiente" por parte de los propios
Ayuntamientos, advirtiendo del hecho de que "la asunción de estos servicios por las Comunidades Autónomas pueda,
en ciertos casos, suponer para ellas un coste adicional que no todas estén en
condiciones de sufragar”.
En definitiva, para el Consejo de Estado,
el Anteproyecto de Ley genera serias dudas, incertidumbres e incongruencias que
provocan altas dosis de inseguridad jurídica y que pueden llegar incluso a "dificultar la consecución de los objetivos
que con la nueva regulación se pretenden alcanzar”. Por consiguiente,
que invite el Consejo a la revisión del texto normativo resulta inevitable. Con
ese considerando, aunque las partes estén condenadas e entenderse, la solución
política se antoja complicada.
sábado, 6 de julio de 2013
EL MURO DE LA DISCORDIA
Aunque no se integre
formalmente en el preceptivo período de información pública, el acto convocado
en la sala ‘Timanfaya’ por la formación Vecinos por el Puerto fue un excelente
impulsor del conocimiento de la actuación que se pretende, mejora y
acondicionamiento del paseo San Telmo. El gobierno del Cabildo Insular fijó, en
su sesión del pasado lunes 1, un plazo de veinte días hábiles para la
presentación de sugerencias y alegaciones. Es de esperar que hayan tomado buena
nota los convocantes y los asistentes, principalmente quienes hicieron
aportaciones –algunas, muy estimables-, que ahora deben plasmar en el trámite
administrativo señalado si es que quieren modificar, como se proponen, algunas
directrices del proyecto señalado.
Hay dos consideraciones básicas que hacer respecto al acto.
Una, su desarrollo mismo, a partir de una estimable asistencia entre la que
había usuarios habituales de ese singular espacio urbano-marítimo que es San
Telmo, representantes de otros grupos políticos corporativos, gente nativa y de
otras localidades de distintos segmentos de edad, extranjeros afincados en la
ciudad y hasta técnicos que hicieron su evaluación y expusieron sus criterios.
Primero, una demostración esquemática del proyecto con soporte
audiovisual. Después, los testimonios de Melecio Hernández Pérez y Nicolás
González Lemus, usuarios del espacio y estudiosos de la historia local. En una
tercera fase, la sucesión de preguntas e intervenciones de los asistentes, próxima
a un debate que, en todo caso, se caracterizó por el pluralismo de ideas y por
el respeto que se dispensó a cada uno de los intervinientes.
Desde ese punto de vista, los organizadores pueden darse por
satisfechos. En una ciudad cuyo músculo participativo ha ido menguando y donde
se ha ido perdiendo iniciativa para debatir, hasta el punto de que si se
comparan con el pasado, cuando se contrastaba y se criticaba hasta cosas de
poca monta -los portuenses parecen anestesiados, llegamos a escribir hace algún
tiempo- que haya docenas de ciudadanos atraídos y motivados en torno a un
proyecto urbanístico, es de reconocer. No es que de un plumazo hayan recuperado
la sensibilidad perdida pero, al menos, se ha recuperado algo esencial en parte
de una sociedad: posicionarse en algo que la afecta directamente. Ojalá hubiera
la misma o parecida respuesta en otras actuaciones programadas o en otras
situaciones que hacen del Puerto de la Cruz posiblemente el municipio más
controvertido de la isla.
La segunda consideración es, en sí misma, el proyecto de
mejora y acondicionamiento del paseo San Telmo, presupuestado en 1,6 millones
de euros. La primera gran duda que salta es si, en estos momentos, no hay otras
prioridades y otras necesidades más acuciantes. Además, no está tan mal
actualmente la fisonomía del paseo. Hay algunos contenidos, especialmente los
referidos a la continuidad de la accesibilidad, que son respetables y que junto
a renovaciones, reparaciones y acabados de desperfectos o puntos visiblemente
deteriorados, merecen ser tenidos en cuenta.
Pero la madre de la actuación es el muro que va desde la Punta
del viento al perímetro de la ermita de San Telmo, declarado Bien de Interés
Cultural (BIC) en 2006. El muro tiene sus valores históricos y hasta ha cumplido
una función social. Pero quieren sustituirlo, con la idea de "abrir la
zona al mar e integrar el paisaje costero a la ciudad, eliminando los
obstáculos que existen en la actualidad así como las barreras de
accesibilidad…”, mediante la instalación de una línea de cableado de acero
inoxidable, similar a la ya dispuesta en la Punta del viento. Voces técnicas se
escucharon advirtiendo de que la solución dada, por su escalabilidad, comporta
riesgos e inseguridad. Aunque el criterio más extendido es que la configuración
actual del muro no impide una contemplación del paisaje y del horizonte
marítimo. Esa ‘apertura’, además, debe ser valorada especialmente por los
comerciantes de la zona, a los que intranquilizan, seguro, la maresía y los
efluvios atlánticos cuando piensan en sus fachadas y escaparates. La prueba es
clara: un edificio de principios del paseo lleva décadas sin que los
propietarios hayan encontrado la fórmula que haga perdurar sus repintados y
adecentamientos.
El muro, insistimos, acaparó la atención y la discrepancia de
quienes han conocido el proyecto. Ya es el muro de la discordia. Y otros lo han
bautizado como muro de las lamentaciones. Fueron expuestas varias gráficas, de
modo que González Lemus se atrevió a reivindicar la restitución del estado
primigenio pintado de blanco y el portavoz de los convocantes, Jaime Coello,
aludió a una sugerente foto de Eduardo Westherdal que circula en la red y en la
que puede verse a dos poetas inmensos, Luis Rosales y Pedro García Cabrera
juntos, apoyados sobre el muro con las rompientes olas sobre El Penitente al
fondo.
Total, que la controversia está servida. Pero la primera
conclusión es que hay mucha gente que no quiere que se toque San Telmo y su
entorno. Unos volados y unas escalinatas tipo graderío tampoco hacían feliz al
personal que sabe, además, lo que es el mantenimiento –mejor dicho: la falta
de- en el Puerto de la Cruz. Quieren el muellito, el lugar favorito de la
juventud portuense, como cantan los Encinoso, tal como está hoy. En el fondo, no es nueva
esa postura. Aún recordamos cuando, en el ejercicio de la alcaldía, fueron los
propios usuarios y bañistas de la zona los que se opusieron radicalmente a la
construcción de unos muretes abiertos antipánico en la zona de la terraza que
favorecían a todas luces la seguridad. Y aceptamos su negativa que no
interpretamos siquiera en clave de revés.
Habrá que ver si las inquietudes de estos tiempos inciden en
el curso del período de información pública y replantean, siquiera
parcialmente, algunos aspectos del proyecto. Atentos, porque tal como
evoluciona el panorama político y reaparecida esa sensibilidad popular, la
incertidumbre cobra cuerpo.
viernes, 5 de julio de 2013
LUCES Y SOMBRAS
Lo primero de todo es alegrarse por la reducción del número de desempleados. En junio, 127.248 menos, en tanto que la afiliación a la Seguridad Social ha subido en 26.853 personas. Son datos buenos y hay que congratularse, siquiera sean paliativos de un drama que persiste, esto es, con cifras aún muy preocupantes. Tan solo por esa razón hay que mostrarse comedidos. El problema es lo suficientemente complejo como para alejarlo de manipulaciones y sesgos políticos: ni declaraciones triunfalistas (aunque se entienda la necesidad que tiene el Gobierno de buenas noticias) ni expresivas de pensamientos perversos o cargados de intencionalidad. El desempleo habría que tratarlo políticamente como lo que es, conscientes de que su carácter estructural no es fácil transformarlo y de que las coyunturas favorables deben ser interpretadas con todas las relatividades mientras persistan causas de crisis y recesión, mientras no se aprecie que la productividad crece a ritmo sostenible.
De los datos conocidos a principios de semana, tengamos presente que son 148.411 parados más de los que había en junio de 2012. Y quedaron registrados 633.977 afiliados menos de los que había ese mismo mes. Eso quiere decir que estamos ante una importante bajada del paro que contrasta con un mal dato comparativos de afiliación a la Seguridad Social y otro mal dato de contratación, o sea, hay menos contratos que hace un año y una caída en picado de la contratación indefinida.
La estacionalidad parece, pues, factor determinante para explicar estos registros del desempleo en junio. Viene acreditada porque la mayoría de los nuevos contratos se concentra en el sector servicios y el mayor número de afiliaciones se registra en la hostelería. Que la afiliación a la Seguridad Social sólo haya subido en 26.853 personas, un 0.16%, también sugiere no lanzar campanas al vuelo.
En definitiva, alegría y moderación. Porque los registros, desde luego, arrojan luces y sombras.
De los datos conocidos a principios de semana, tengamos presente que son 148.411 parados más de los que había en junio de 2012. Y quedaron registrados 633.977 afiliados menos de los que había ese mismo mes. Eso quiere decir que estamos ante una importante bajada del paro que contrasta con un mal dato comparativos de afiliación a la Seguridad Social y otro mal dato de contratación, o sea, hay menos contratos que hace un año y una caída en picado de la contratación indefinida.
La estacionalidad parece, pues, factor determinante para explicar estos registros del desempleo en junio. Viene acreditada porque la mayoría de los nuevos contratos se concentra en el sector servicios y el mayor número de afiliaciones se registra en la hostelería. Que la afiliación a la Seguridad Social sólo haya subido en 26.853 personas, un 0.16%, también sugiere no lanzar campanas al vuelo.
En definitiva, alegría y moderación. Porque los registros, desde luego, arrojan luces y sombras.
jueves, 4 de julio de 2013
AQUÍ, NO
En
la rica experiencia personal del municipalismo, hay algunos episodios -si se
quiere, domésticos- que ilustran no sólo la heterogeneidad de los problemas
sino la disconformidad y hasta la misma insolidaridad que abunda a la hora de
hacer factibles algunas soluciones, a veces las únicas que hay.
Recordamos, por ejemplo, el caso de
aquellos vecinos que visitan un día la alcaldía reclamando medidas de
vigilancia en una zona pública recreativa muy bien dotada, pues es una pena
(más o menos) que los chicos o los gamberros la destrocen después de que haya
quedado tan bien y sea el único sitio de la zona donde sentarse a hablar, leer
o distraerse un rato.
No dispusimos uno sino dos guardianes, en otros tantos
turnos donde cumplían con las tareas de cuidar el entorno e impedir que el
vandalismo campara a sus anchas. Apenas pasó una semana cuando las mismas
personas que habían visto satisfecha su justa reivindicación plantearon la
conveniencia de suprimir la vigilancia porque los guardianes (más o menos) les
quitan la pelota a los chiquillos y no les dejan usar la bicicleta.
Cuando los vigilantes dejaron de prestar sus
servicios, aquel espacio público fue pasto del destrozo, un escenario de
abandono con un aspecto que llegó a ser desolador. Natural. Aquellos vecinos no
reivindicaron más.
Esos contrasentidos se registran
también a la hora de modificar el sentido de circulación rodada de una vía, por
racionalidad o por seguridad, o de instalar unos contenedores para residuos,
petición en la que insisten los titulares de algunas viviendas, de un bloque o
de un chalé, porque tenemos que salir (más o menos) y dejar las bolsas o las
cajas y nos queda lejos, la verdad.
Cuando es estimada la solicitud y se procede a la
colocación de los depósitos o de los recipientes, surge de inmediato la
respuesta de los mismos peticionarios: “No, aquí no”. Porque están cerca,
porque les molesta, por mal olor, porque les resulta antiestético, que esa es
otra de las razones cada vez más esgrimidas.
“Aquí no”, se ha convertido, desde luego, en una de
las expresiones más comunes en los ámbitos ciudadanos. Ha terminando generando
una cultura de lo negativo, una posición que resulta en sí misma una
complicación, un prejuicio y una actitud nada favorable en la toma de
decisiones o en la solución del problema.
Este existe: es una carencia, es un trastorno, es una
necesidad. Todos o casi todos, de acuerdo. Pero “aquí no”. Cuando llegar la
hora de satisfacer la demanda, los mismos que la producen se niegan, no quieren
tener en las cercanías de su domicilio ni un parque infantil ni los
contenedores ni los centros de atención a los toxicómanos ni la sede de una
dependencia policial ni un para la guagua o el taxi y no digamos si se trata de
una gasolinera.
En las ciudades pequeñas, allí donde los núcleos de
población están colmatados o el suelo es escaso y muy caro, es difícil
contentar a todos sea cual sea la solución adoptada. Porque, aunque sea de
Perogrullo, siempre habrá quien se sienta perjudicado.
En cualquier caso, este “aquí no” contagiado, esta
negativa sistemática, estos adverbios están gestando un déficit de convivencia
y un clima de insolidaridad a la vez que de rechazo a los gobernantes de turno
muy preocupantes. “Aquí no” es ya algo más que una tendencia, es una
complicación difícil de revertir y pone de relieve, he ahí lo grave, la pérdida
de valores cívicos y la deshumanización de las ciudades.
miércoles, 3 de julio de 2013
IMPRESIÓN VERSUS DIGITAL
Creíamos que no sobrevivirá. Así lo expusimos
en un trabajo realizado por alumnos de La Laguna. Estábamos convencidos de que
la crisis se llevaría por delante también la prensa escrita. Albergábamos otra
convicción, tal se deriva del sustantivo cambio en los hábitos de lectura y de
acceso a la información: la edición impresa experimentará una notable
transformación, habrá otros productos y quedará reducida a los fines de semana
o a un semanario.
Sin
embargo, estudios recientes, promovidos por el estadounidense Instituto Poynter
(una escuela dedicada a formar periodistas de calidad “para garantizar la
participación democrática”), indican lo contrario, hasta el punto de concluir
que el periodismo impreso seguirá conviviendo muchos años con el digital. Tales
estudios recogen la opinión de estudiosos y profesionales que convergen a la
hora de señalar que la modalidad digital avanza de forma imparable y eso obliga
a los editores a preparar convenientemente el terreno y las condiciones para
cuando se produzca el cruce, de aquí a unas décadas.
Surgirá
entonces un híbrido, dicen. Y estaremos ante un nuevo modelo de negocio que irá
moldeándose y para el que se requerirán, naturalmente, habilidades que sepan
combinar cuantos elementos generen nuevos productos que, por encima de todo,
serán autoexigentes -en lógica correspondencia a la evolución de las tendencias
sociales- y competitivos. Importará más la calidad de la información que el
anticipo o la inmediatez de la misma. De hecho, así se viene observando en la
sucesiva aparición de plataformas y diarios digitales.
La
reducción de ingresos (sobre todo, los publicitarios) y la minoración de las
ventas directas, unidas a otros factores de competencia, entre ellos el mercado
laboral, han hecho temer lo peor para las ediciones impresas. Ni siquiera se
sabe si prevalecerán las ayudas oficiales para la adquisición del papel. Cierto
que los lectores habituales de esta fórmula se resisten (se vuelve a compartir,
como antaño, y a recortar) pero las tiradas son cada vez más reducidas. Las
cifras que conocimos personalmente hace poco, procedentes de una impresora
local que editaba decenas de cabeceras y los ejemplares de los grandes
rotativos nacionales, son decrecientes de forma galopante e invitan a hablar de
crisis sin miramientos.
Pero
los norteamericanos quieren aguantar. El director ejecutivo de la International
News Media Marketing Association (INMA), Earl Wilkinson, es contundente en uno
de esos estudios de Poynter al afirmar que “la muerte del periódico es una de
las grandes exageraciones surgidas del colapso económico de hoy”. Es más, para
este especialista, la discusión impresión versus digital “es de ciencia ficción”.
Al admitir, en cualquier caso, que la generalización del formato digital es un
hecho imparable, se pregunta por el “cuándo” sucederá ese punto de encuentro
entre ambos modelos de aquí a 2100. Por eso señala que las empresas y los
medios de comunicación deben afanarse en los preparativos para cuando llegue
ese momento.
Entonces,
hay que aprender a convivir con esas dos modalidades, aun cuando una de ellas
parece que ha tomado la delantera y progresivamente va produciendo cambios en
las preferencias y en los hábitos de lectura. No habrá pugilato, como dice
Wilkinson, pero las percepciones que van quedando son contrarias. De ahí la
importancia de la imaginación y de las alternativas que surjan para seguir
creyendo que el periódico impreso sobrevivirá.
martes, 2 de julio de 2013
PANORAMA LOCAL SOMBRÍO
A punto de alcanzar el ecuador del mandato, a
los ayuntamientos españoles les falta cruzar el Rubicón de una importante
reforma legislativa sobre la que aún, por cierto, no existe un acuerdo político
de calado que la haga creíble y sostenible.
Sobre
esta importante lámina de incertidumbre y bajo los condicionantes de la crisis,
que ha hecho reajustar presupuestos hasta límites insospechados, han venido
trabajando los municipalistas de todos los signos políticos para mantener a
flote las instituciones, o lo que es igual, para procurar que los ciudadanos y
los vecinos sigan viendo a los ayuntamientos, en un extendido clima de
desafección política, su centro de poder más cercano, la referencia más próxima
a la hora de impulsar una solución a sus demandas.
Muchos
e importantes sacrificios han tenido que hacer a lo largo del presente mandato.
Quien más quien menos ha sacrificado proyectos y ha renunciado a la realización
de actuaciones. En la tesitura actual, se han visto obligados a priorizar y son
las necesidades sociales más perentorias las que han que han merecido una
atención preferente. Nunca mejor dicho lo de tener que administrar la miseria: con
recursos menguantes, seguro que con resultados dispares, más o menos
satisfactorios, tratando casi siempre de no renunciar y de dejar a salvo la
autonomía municipal.
Ha
sido una etapa de penurias, desde luego, que empieza a dejar un reguero de
cifras contradictorias. A la pregunta de si está mereciendo la pena el
inconmensurable esfuerzo, traducido en ahorro, servicios de menor calidad,
menores prestaciones y más impuestos, la respuesta es significativa: en el
primer cuatrimestre del año, las entidades locales han registrado un superávit
de dos mil trescientos millones de euros. Es el dato más positivo en la
evolución del conjunto del déficit público estatal pues ha contribuido a
reducir el déficit conjunto de las administraciones al 1,19% del Producto
Interior Bruto (PIB).
Sin
embargo, la buena marcha de la contabilidad local no despeja las inquietudes ya
que el conjunto de la deuda pública sigue creciendo y el nivel de endeudamiento
medio de las instituciones locales, a la vista de los resultados del cierre del
ejercicio del pasado 2012, ha seguido aumentando, paradójicamente como
consecuencia del Plan de pago a proveedores. Las cifras que se manejan arrojan
una deuda media por habitante de 744 euros, sin duda muy elevada.
Esto
equivale a decir que, salvo casos puntuales en los que se contrasta el
saneamiento económico-financiero de las corporaciones locales, muchas están
hipotecadas. Y de persistir las circunstancias, les será muy difícil liberarse
de importantes cargas. Tendrán que timonear alcaldes y concejales delegados de
Hacienda, a sabiendas de que aún deben tomar medidas muy duras que llevan
aparejadas, inevitablemente, un malestar social. Sin ir más lejos, y a la
espera de los resultados de la reforma legislativa, a ver cómo afrontan la
privatización de los servicios sociales municipales, principalmente las
localidades de menos de veinte mil habitantes.
Ello
nos hace temer que volveremos a escuchar criterios estrictamente economicistas
para justificar tales medidas de privatización. Pero los ediles son conscientes
de que no valen para la gestión cotidiana, para afrontar el día a día con los
vecinos más afectados que dependen, algunos desde hace años, de los
trabajadores sociales que son los que conocen de verdad las tribulaciones. Al revés, de consumarse la privatización,
cabe dudar del cacareado ahorro en la estructura municipal y en el ejercicio de
las competencias. Sucederá lo contrario: los servicios públicos se van a
prestar seguro que con menor eficacia y con un coste más elevado para los
ciudadanos. Además de la incidencia en el desempleo, claro.
A
la espera de la reforma, el panorama local sigue siendo, desde luego, bastante
sombrío.
lunes, 1 de julio de 2013
SUPERAR ANÓNIMOS
Sobre Fidela Velázquez, ex alcaldesa de San juan de la
Rambla, recae la acción trapacista y cobarde consistente en la distribución de
panfletos vejatorios e insultantes a su persona, amparada en el anonimato, y
seguramente en la nocturnidad, métodos de otra época que parecían ya superados
pero que algunos siguen utilizando como si desafiaran a las mismísimas redes
sociales de efectos tan multiplicadores como inmediatos. Pero ya se sabe:
pueblo chico, infierno grande y entonces todo es posible y se magnifica.
Es lo
que irán buscando, seguramente, los autores intelectuales y los ejecutores de
esta “hazaña”: que se hagan eco de ella, que se difunda más allá de lo que
ellos repartieron en cien o doscientas cuartillas fotocopiadas. Ese es el daño
agregado, el que supuestamente pretenden alcanzar. Y de paso, sembrar el temor,
intimidar, extender la sensación de que hay cosas que se pueden hacer por las
malas y por tanto, mejor no replicar ni hacer defensas heroicas no sea que la
próxima vez te toque algo.
Ciertamente,
la acción no merece ni el juego de averiguar quién está detrás o quién pudo
ser. Pero cada quien conoce las estancias de ese infierno y los afectados
sabrán cuál puede ser la mejor respuesta. Una, desde luego, acaso la mejor, es
ignorancia olímpica: mueran solas la cobardía y la descalificación, por mucho
que carcajeen en sus círculos quienes crean haber causado daño y se sientan
orgullosos de su repulsiva acción. Y no mucho más: vale la denuncia policial,
para que quede constancia de lo que puede ser germen de una comisión delictiva;
y valen tanto la defensa como la solidaridad de la organización a la que
pertenece la ex alcaldesa que, si es vituperada de esta manera reprobable, es
porque no se ha arrugado, porque sigue desarrollando su compromiso y sigue
dando ejemplo de responsabilidad política.
En
ese sentido es en el que debería esmerarse, pasados los primeros meses de la
censura que la apartó de la alcaldía, donde lo estaba haciendo bien y desde la
que imprimía un sello democrático y participativo como no lo conocía el pueblo
en muchos años. Antes de ganar las elecciones, Fidela Velázquez ya había dado
pruebas de iniciativa política, de saberse ganar la confianza de los vecinos y
de hacerles ver que otra forma de gobernar era posible. Fue el suyo un modelo
de resistencia política mientras se sucedían los ataques y las desmesuras hacia
quien tenía la legítima aspiración de ser la alcaldesa de su municipio.
Si entonces, si durante los años duros de
la oposición, pudo y supo ejercerla con dignidad, con ideas, con afanes
constructivos y con capacidad de fiscalización, ahora que ha vuelto a ella,
debe reeditar esas habilidades, acentuadas, si cabe, por la experiencia ganada
durante la corta fase gubernamental. Que se concentre. Tiene madera, su
condición de ramblera comprometida está fuera de toda duda y el compromiso de
querer ser útil se acredita también estando por encima de cualquier ambición
política. Le quedaron muchas cosas por concluir y está en condiciones de
volverlo a intentar.
Aunque para ello tenga que superar -e
ignorar- anónimos que sólo ponen al desnudo la vileza de sus autores que no
merecen, francamente, mayor difusión.
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