lunes, 12 de agosto de 2013

PERFILES DE TURISTAS

Los franceses, los más glamurosos. Los finlandeses, lo más educados. Italianos, los más ligones y carismáticos. Alemanes, lo más ruidosos. Los ingleses, los que más beben y los que peor visten. Escandinavos, serios y cumplidores.
Son las conclusiones de un estudio hecho por el portal especializado easyviajar.com entre más de tres mil españoles sobre los perfiles de los turistas que nos visitan según nacionalidades. El trabajo refresca los tópicos que a lo largo del tiempo nos hemos ido formando y que servían para distinguir a quienes disfrutaban de una estancia en las islas y en sus principales núcleos turísticos. Y permite profundizar en tendencias de mercado o preferencias de potenciales clientes, sobre todo a efectos de fidelización.
En otra época, tales conclusiones se obtenían del trato directo o de la relación con los turistas. Una sencilla apreciación de camarero bastaba para acercarnos al perfil: “Los alemanes son buenos porque dejan propinas”, por ejemplo. Y ésta otra: “Los británicos son puntuales y si tienen que hacer cola para entrar al comedor antes de cenar, lo hacen. Pero hay que abrirlo en punto”. De los suecos siempre se dijo: “Son exigentes pero comprensivos con nuestras limitaciones. Hay que tener en cuenta su nivel de vida”.
            Y así podríamos desgranar las características de los contingentes turísticos con los que convivimos. El cosmopolitismo de algunas de nuestras ciudades se fue fraguando a base de compartir sus gustos, de compararlos, de aprender su idioma a base de fonemas asimilados, de ser atentos y solícitos en los servicios que se les prestaba y hasta de aguantar sus estridencias, sus caprichos y sus salidas de tono.
            No sorprende, en ese sentido, que el estudio aludido destaque el refinamiento francés y el mejor conocimiento que de nuestra realidad tienen los turistas galos, si bien las islas fueron destino vacacional menos atrayente que para británicos y germanos, sobre todo desde el punto de vista cuantitativo. Y tampoco es novedad que los escandinavos reciban valoraciones positivas por parte de los encuestados. Venían -vienen- en determinados meses del año, antes de que los rigores invernales frenen las ganas. Siempre se distinguieron por un comportamiento educado y por su amor a la naturaleza. A las suecas se las recuerda por el furor que causaron en los años sesenta entre una población local que quería romper con corsés y tabúes. Los finlandeses, exquisitos en corrección y comportamiento, encontraron el vodka tan barato para sus juergas de los viernes que terminaron creando sus propios clubes.
Los italianos fueron el gran descubrimiento de los años ochenta. Llegaron con  su estilo desenfadado y siempre elegante, ávidos de diversión, aventura y casinos de juego. “Ligones y carismáticos”, concluye la investigación de easyviajar.com. También ruidosos, rasgo que comparten con los alemanes, muchos de los cuales fueron asentándose en urbanizaciones y núcleos que les enamoraron para su condición de mayores. En busca de sol y playa, principalmente, han venido siempre los ingleses que no salen muy bien parados en el estudio, atendiendo a su fama de excesivamente bebedores y mal vestidos. Sin embargo, recordemos que los primeros flujos de turismo británico que llegaban en los años sesenta del pasado siglo destacaron por su elegancia y vanguardismo en los atuendos que lucían mayores y jóvenes.
Inglaterra y Alemania siguen siendo los mercados emisores más importantes. Hasta sus ferias de Londres y Berlín, hay que acudir en busca de turistas que valoran, entre otras cosas, la naturaleza de las islas -cada vez más castigada, pero bueno-, los precios de sus vacaciones, el carácter atento y servicial de su gente y la estimable profesionalidad con que son atendidos.

Aunque las características hayan cambiado con el paso del tiempo, conviene tenerlas en cuenta. Las respuestas adecuadas en las prestaciones dependen, muchas veces, de saber interpretar el modo de ser de nuestros visitantes.

sábado, 10 de agosto de 2013

UNA CUESTIÓN DE SENSIBILIDAD

Ha sido tajante el gobierno local al señalar que no es posible acometer dos actuaciones en instalaciones deportivas del municipio al no disponer de consignación presupuestaria. Descatalogadas. Se trata del remozamiento del centro polideportivo de La Vera y de la reposición de una torreta de iluminación artificial en el campo El Peñón. En total, según informa Diario de Avisos, unos trescientos veinticinco mil euros.
Es curioso: ni en los espacios reservados a opiniones de los lectores ni en los ámbitos políticos institucionales se han registrado, que se sepa, reacciones a esta incapacidad. Y hoy se cumple una semana de la publicación de la noticia que incluye, por cierto, las explicaciones del concejal delegado: no hay consignación presupuestaria, proyecto inviable el de La Vera y a escapar con lo que se tiene y unos focos de refuerzo para que se siga entrenando y jugando por la noche en la vieja cazuela.
Será que los usuarios andan de vacaciones o esperarán a que otros hagan las reivindicaciones convenientes o se habrán resignado. Esto es lo que no hay, se dirán: pues nos aguantamos. También llama la atención que los grupos políticos de oposición no hayan formulado alguna iniciativa, al menos preguntando. Que presenten alternativa puede resultar más difícil pero cosas más raras se han visto, así que el intento de una modificación de créditos sería, cuando menos, un primer paso. Pero se ve que predomina la resignación: si el gobierno se aferra al realismo de la carencia de recursos para justificarse, la oposición no parece muy predispuesta a sacarlo de esas casillas. Y eso que se trata de instalaciones municipales.
            La situación, por otro lado, revela una cierta paradoja. Es llamativo que una población que clama aún por un puerto deportivo-comercial se muestre tan insensible con carencias tan significativas como las de una digna estación de guaguas o esta misma disponibilidad de instalaciones deportivas en buenas condiciones de aprovechamiento y uso. El ejemplo de lo ocurrido con la nueva biblioteca pública -la agitación que ha sido necesaria para que fructificasen las conversaciones de la concejala delegada con el Cabildo Insular a fin de convenir la dotación de mobiliario y adminículos- podría también servir para ilustrar ese contrasentido: el empeño en una obra de perfil faraónico y el desentendimiento de las necesidades más apremiantes y más al alcance.
            Lo malo es que esa insensibilidad se prolongue, que cuaje en indolencia o indiferencia sin reparar en la importancia que tiene contar con equipamientos adecuados, en este caso para practicar deporte. Deben ser miles las licencias federativas de deportistas locales. Y centenares de quienes no contando con una practican por su cuenta y querrían hacerlo en lugares apropiados.
            La sociedad portuense es así no es una respuesta convincente. Y si es así, hay que sugerir que cambie. El conformismo, en el caso que nos ocupa, no es positivo. El deporte local, entre otras cosas, precisa de un revulsivo. Y conste que no es exclusivamente un problema de competencia municipal ni de instalaciones inacabadas o incompletas: es cuestión de más apego, más dedicación y mejor organización.

            Una cuestión de sensibilidad.

viernes, 9 de agosto de 2013

INCERTIDUMBRE FUTBOLÍSTICA

En plena canícula, hay noticias deportivas que llaman la atención.
Eso de estar a diez días del comienzo del campeonato de Liga y no saber cuál será el rival de la primera jornada debe tener al Tenerife en un trance. Al Tenerife y al mundo del fútbol en general, especialmente en Segunda división. La situación creada en torno al Alcorcón, teóricamente el primer rival, ha generado tal incertidumbre que la falta de resolución a estas alturas, por parte de la Federación Española o de la Liga Profesional, tiene que estar motivando la natural inquietud. No se puede a estas alturas estar sin saber si el equipo madrileño -a punto de ascender el pasado año- interviene o no en la competición. Y en caso negativo, cuál será el sustituto.
Las dificultades de subsistencia en el fútbol profesional son evidentes. Las deudas acumuladas de los clubes con la Seguridad Social tienen a mal traer a dirigentes, socios y profesionales. El fútbol español, desde ese punto de vista, parece metido en un callejón de difícil salida. Las estructuras vuelven a verse debilitadas. Hace unos años era aprobada una Ley, supuestamente para evitar estas situaciones, y no parece que haya sido o esté siendo la solución.
Que nadie se extrañe de la deserción de los aficionados, entre transmisiones televisadas a granel, precios desorbitados e informaciones sobre posibles amaños de resultados. El fútbol puede con todo, es verdad, pero si lo envuelve el manto de la duda, y lo que es peor, el de la falta de seriedad, terminará siendo pasto de la indiferencia.
Es difícil aceptar que a diez días del inicio de un largo campeonato se desconozca si un equipo interviene o no. Y si hay posibilidades de sustitución, que esa es otra. Entre plazos, recursos y estratagemas, la incertidumbre se ha estirado como un chicle de los de antes.

A ver qué pasa.

jueves, 8 de agosto de 2013

MENOS SALARIO

El vicepresidente de la Comisión Europea y comisario de Asuntos Europeos, Olli Rhen, está empeñado en que ganemos menos, un 10% menos, argumentando que con ello se gana en competitividad. ¿Por qué será que siempre recaerán sobre los trabajadores este tipo de medidas? A nadie se le ocurre moderar el beneficio de las grandes empresas, por ejemplo, sino reducir el salario de los productores. Además, no parecen bastar a autoridades como Rhen las iniciativas similares ya adoptadas: hay que apretar más las tuercas a quienes vienen padeciendo y soportando las consecuencias de la crisis.
Si la solución a los males de la economía española es la reducción salarial, estamos arreglados. Ya la reforma laboral del Gobierno, aplaudida sin cesar por los empresarios, ha causado suficientes estragos. Pero hay que volver a penalizar y entonces se descuelgan desde Europa con otra reducción salarial. Como si eso no repercutiera en el consumo, por decir algo elemental. Como si los antecedentes no fueran suficientemente ilustrativos.
Mientras tanto, la banca luce sus beneficios millonarios del semestre. Que lo expliquen: por qué mientras tantos sacrificios siguen haciendo los trabajadores, por qué mientras los vientos de la economía y de la productividad siguen soplando desfavorables, las grandes corporaciones bancarias obtienen suculentas ganancias.

Algo no cuadra. Salvo fastidiar, como siempre, a los trabajadores.

miércoles, 7 de agosto de 2013

EL DICHO O LA RECTIFICACIÓN

Hay situaciones en las que no se sabe qué es peor: el dicho o la rectificación.
“Los condenados a muerte por Franco se lo merecían”, afirmó el alcalde de Baralla (Lugo), Manuel González Capón, del Partido Popular, durante una intervención en el curso de un pleno. Ya puestos, el regidor señaló que no se va a desdecir.
Pero apremiado, seguramente, por su propia organización, y por los más sensatos que aún quedarán en su entorno, el alcalde se retractó: “Una frase más o menos desafortunada”.
Cierto que se apreció buena voluntad en el edil del PP: “No hay inconveniente en que cuando una cosa no está dentro de un contexto más o menos de lo que uno piensa, pues se retira, se pide disculpas y se acabó”.
El problema es que el daño ya estaba causado. Y que el revuelo político, con todas sus variables, las históricas incluidas, se desató. Es lo que había que evitar.
Pero parece que estamos condenados. Pues siempre habrá dirigentes políticos dispuestos a herir susceptibilidades y a no tener el verano en paz.


martes, 6 de agosto de 2013

LA DEUDA PÚBLICA GALOPA

Dato oficial de la oficina estadística de la Unión Europea, Eurostat: durante el primer trimestre del presente año, la deuda pública española se elevó al 88,2% del producto Interior Bruto (PIB). Aún pendiente de certificar por Eurostat, el dato al cierre del segundo trimestre de 2013, se aproxima al 90% del PIB. ¿Qué significa? Sencillamente, que en el año y medio de gobierno del Partido Popular, la deuda pública ha crecido veinte puntos, lo mismo que en los casi ocho años del Gobierno que presidió Rodríguez Zapatero. Y otra aplicación: tomando de nuevo como referencia el dato de cierre del primer trimestre, la deuda pública equivale a que cada español habría de pagar veinte mil euros.
            Los registros de Eurostat son rotundos. Y no son elaborados por los partidos políticos ni digeridos a conveniencia de seguidores de las respectivas formaciones. En ese sentido, hay que valorar que España ha pasado a ser el octavo país más endeudado (entre veintiocho) de la Unión Europea, lejos aún del 160,5% de deuda griega, del 130,2% de Italia y del 137% de Portugal. Lo peor son las previsiones de Bruselas: se calcula que la deuda pública española alcanzará el año próximo el 100% del PIB. Tremendo.
            O sea, tantos recortes y tantas restricciones, tanta austeridad (supuestamente: hay quien ha repartido millonarios beneficios) y haber desmantelado el Estado del bienestar han tenido como consecuencia este escalofriante aumento de la deuda. En año y medio, el mismo aumento que con Rodríguez Zapatero durante ocho años, período claramente diferenciado con la bonanza de los primeros cuatro y la crisis galopante durante los casi cuatro siguientes. No es un buen balance, desde luego para el gobierno conservador con el que la deuda no ha parado de crecer.
            Lo preocupante para las autoridades económicas, organismos internacionales e inversores no es el nivel de deuda alcanzado sino esa subida vertiginosa pues solo en un año se elevó al 15%, ritmo solo superado por dos países quebrados y rescatados como son Grecia e Irlanda.
            Así que, debiendo casi veinte mil euros por cabeza, no es para echar campanas al vuelo. Se comprende la necesidad que tiene el Gobierno de contabilizar datos indicadores de mejora o superación pero arrastrar índices deudores tan pesados se hace cada vez más complicado. Mucho lastre, lo que da a entender que esas subastas de miles de millones de obligaciones son empeños y más empeños que atenazan las perspectivas económico-financieras del país.

            Los incontestables registros de Eurostat así lo dan a entender. Endeudados hasta las cejas.

lunes, 5 de agosto de 2013

ESTABILIZAR Y FORTALECER

Dos años se cumplieron el pasado mes de julio del cierre del hotel ‘Atalaya’, enclavado en el parque Taoro, con trayectoria destacada, con prestaciones profesionales en el pasado de muy estimable nivel. El cierre del establecimiento alargaba el agónico proceso de la pérdida cuantitativa de la oferta turística portuense que, a lo largo de los últimos tiempos, se ha agravado hasta extremos preocupantes, porque es el sostén productivo y porque no ha habido forma de frenar la desaparición de camas turísticas que es así como se expresa lo sustantivo de esa oferta.
            Junto al ‘Atalaya’, habría que colocar, pues, los nombres de otros alojamientos hoteleros y extrahoteleros (apartamentos). La información publicada ayer en estas páginas por Gabriela Gulesserian precisaba que en los últimos cinco años habían cerrado diez establecimientos, lo que, en concreto, significaba tres mil cuarenta y una camas turísticas menos. Actualmente, la oferta alojativa del Puerto de la Cruz ronda las veintiuna mil cuatrocientas camas. En la isla se registran unas ciento sesenta mil, la mayoría emplazadas en el sur. En los últimos veinte años, según datos que llegó a ofrecer en su día la patronal hotelera, la ciudad norteña pudo haber perdido unas diez mil camas turísticas.
Las cifras -y la evolución- son preocupantes, claro que sí. Los nombres de los establecimientos que han cerrado su explotación y que ya son historia significan una curva muy negativa de la oferta que va palideciendo. Ojalá sirviera para racionalizarla y ajustarla. Porque entonces se podría hablar de competitividad con todo fundamento: se sabe de lo que se dispone, luego es cuestión de afinar, mejorar, cualificar y consolidar la oferta. Con la experiencia que se atesora, teóricamente, no resultaría difícil.
            Pero debe tenerse en cuenta que las tendencias de los mercados, los perfiles y las preferencias de los turistas así como la propia competencia son diferentes, lo que obliga a al sector y a los responsables políticos no solo a cargar baterías sino a tener un papel muy activo en la innovación de los productos y en la obtención de reclamos que suplan deficiencias y fidelicen clientelas. El Puerto, en ese sentido, sigue adoleciendo de uno o dos grandes eventos anuales que proyecten su nombre y su imagen de destino diferenciado, incluso de la masificación.

            De lo que se trata es superar la idea de que la ciudad ha entrado en barrena o en caída libre. Los intentos de recuperación deben visualizarse mejor, de modo que hagan superar esa pérdida de competitividad que deriva de la merma evidente de la capacidad alojativa. No es bueno, desde luego, un goteo de supresión de camas y que trascienda con una perniciosa devaluación de conjunto. Hay que auspiciar la estabilidad y seguro que se cuenta con estudios e instrumentos adecuados. El todo es fortalecer la calidad de un destino llamado a remontar antes de que sea demasiado tarde.

sábado, 3 de agosto de 2013

GALINDO

Aún se le puede ver, junto a sus hermanos, caminando por las calles portuenses, de Punta Brava (donde reside) a Martiánez y viceversa, correspondiendo a las decenas de saludos y manteniendo las conversaciones que entabla, casi todas futboleras, evocadoras de un pasado en el que tuvo cierto protagonismo.
            Porque primero fue jugador, sin prodigarse, y luego destacó como entrenador, especialmente de juveniles e infantiles. Todos creíamos que podía llegar más lejos pero lo cierto fue que se estancó. Le gustaba trabajar con la base, la prefirió antes que dar el salto a categorías superiores y tratar de asumir otras responsabilidades.
            José Galindo Ríos, Pepe Galindo, en cierto modo un popular personaje del fútbol local, en el que destacó por numerosas anécdotas. Y también por su carácter afable, por su predisposición a dedicar horas y horas a la formación de quienes soñaban jugar en el primer equipo de Puerto Cruz, cuando éste andaba por la Preferente o el grupo canario de Tercera división.
            Los chicos, sus discípulos, casi terminaban tomándole el pelo, pero él se dejaba querer y participaba en una armoniosa relación que sustanciaba el espíritu de equipo que debe caracterizar toda formación futbolera. Galindo, ante todo, era un deportista y procuró inculcar esos valores a cuantos enseñó a desenvolverse en una cancha y en un colectivo. En el fondo, dicho ahora con perspectiva, era consciente de sus limitaciones pero empleaba todo su saber con ganas y con deseos de contribuir a la formación deportiva de los jugadores.
            Le vimos jugar muy poco. De defensor central, al que no gustaba despejar alocada o contundentemente. En un equipo llamado Pérez Galdós y en algún equipo de hostelería o aficionados. Después entrenó a varios juveniles, entre ellos los principales filiales de varias temporadas. Con el Juvenil Puerto Cruz, en efecto, logró varios títulos y estimables niveles de juego, favorecido sin duda por las generaciones de futbolistas que tuvieron continuidad. Era un habitual de El Peñón y opinaba con soltura de cuanto veía. Que no era poco, por cierto.
            Ya en edad madura hubo de sustituir al entrenador del primer equipo. Alguna vacante por ausencia o dimisión. Teóricamente era su gran oportunidad. Se trataba de acreditar lo que había atesorado en categorías inferiores. Pero no hubo suerte: no era igual. Ni los niveles de exigencia eran los mismos. Puso el mismo entusiasmo de siempre, le animaron, pero el papel ya no era el mismo.
            Tuvo Pepe Galindo siempre un carácter distendido. Por eso fue protagonista de algunas anécdotas y situaciones que aún hoy son recordadas -principalmente por quienes fueron sus discípulos- con agrado y digresión. Incluso, por repetidas, se han convertido en elementos recurrentes de conversación, no importa el tiempo ni el lugar.
            Algunos dichos terminaron siendo célebres. Los chicos los repiten con complacencia generalizada. “Camisetas y medias primero”, dicen que dijo en cierta ocasión preparándose en el vestuario, en cuanto al método de equiparse. “Los interiores nuestros marcan a los interiores de ellos y no hablo más porque perdemos el partido”, explicó con brevedad la táctica a seguir ante un rival inferior. “Pepe Galindo y la temporada venidera”, fue un titular de prensa que alguien le repetía incesantemente. “Menos mal que hemos ganado en este campo maldito. No sé ni cómo le llaman La Suerte”, afirmó en voz alta en la Cruz Santa, una plaza que se le resistía.
            Los chicos le respetaron. Y cuando llegó la hora de la retirada, no fue necesario empujarle: él dio un paso, consciente de que su ciclo tenía un punto final. Se fue alejando poco a poco, cumpliendo responsablemente como operario municipal temporal y contemplando el fútbol casi exclusivamente con acento nostálgico.

            Un buen elemento Galindo.

viernes, 2 de agosto de 2013

PAISAJE TRAS LA COMPARECENCIA

El agosto que empezaba igual continúa igual. El paisaje que queda después de la comparecencia es sencillo: la credibilidad del presidente no parece haber subido, la sospecha de que algo ha ocurrido -porque algo ha ocurrido, ¿verdad, presidente?- y no ha sido aún esclarecido prevalece y los órganos mediáticos gubernamentales siguen a lo suyo: ¡Somos los más mejores! Bárcenas permanece en prisión, quien sabe si refocilándose o maldiciendo las cosas que ha tenido que escuchar -¡vaya libro de memorias el suyo cuando esto alcance el cenit!- a la espera de las declaraciones testificales de mediados de mes. 
¡Ah! Y una apostilla para la historia: fin de la cita.

jueves, 1 de agosto de 2013

LA IDIOSINCRASIA PORTUENSE ES OTRA

¿Exacerbado localismo?¿Larvada xenofobia?¿Inapropiado fundamentalismo?¿Desmesurado rechazo?¿Ciega pasión?
    Cuidado. Los hechos sucedieron durante la convocatoria pública que en el salón de plenos del Ayuntamiento del Puerto de la Cruz trató sobre el proyecto de remozamiento del paseo San Telmo. Y son preocupantes: algunas manifestaciones denotaban hasta un cierto irrespeto por el trabajo profesional de quienes no nacidos en la localidad intentan aportar con lealtad su saber, su creatividad y su competencia.
    Ojalá queden en brotes perecederos aquellas expresiones poco gratificantes, conocida la tolerancia de los portuenses como una de sus virtudes consustanciales y como uno de los factores derivados de la convivencia histórica con gentes de otras latitudes y de otras culturas. No es de extrañar que los aludidos -muy consecuentes y condescendientes durante la sesión, aunque la procesión fuera por dentro- se sientan con ganas de abandonar e invertir sus afanes en causas donde, al menos, no se desvirtúen de forma tan inadecuada.
    Deben saber, en cualquier caso, que la idiosincrasia de los portuenses no es así. Puede que el estado de ánimo, la decepción ante la incapacidad de la ciudad para despegar y superar la decadencia, el desencanto ante la gestión pública y el conformismo privado influyan negativamente y generen no sólo desconfianza o recelo sino también rechazo. La falta de soluciones prácticas y la insensibilidad para identificarse con los hechos propios han desembocado en una incredulidad que va adquiriendo, por lo visto, estas inquietantes formas de repulsa. Pero, por lo general, los ciudadanos han sido receptivos con ideas de foráneos, sin necesidad siquiera de preguntar el lugar de procedencia. Si en algún lado de Canarias la internacionalización eclosionó fue en el Puerto de la Cruz.
    Pero ni un ataque de autoestima sobrevenida justificaría esa negativa evolución. Y mucho menos aceptaríamos la influencia que se pueda estar ejerciendo desde una pantalla donde se suceden impunemente los dicterios y los denuestos hacia la ciudadanía capitalina, por ejemplo. El cosmopolitismo de la ciudad se contrasta, precisamente, en una convivencia pluralista como en muy pocos lugares puede registrarse. Su indeclinable vocación turística cristalizó a partir de una relación humana universalista, alentada día a día por el diálogo, por el trabajo, por la integración, por la mejor impresión que debían llevarse quienes nos visitaban.
    No, los portuenses no somos localistas hasta la irritación o el enojo de quienes reciben encargos o invitaciones para dejar su huella entre nosotros. Ahí están los ejemplos de Manrique, Amigó, Olcina, Díaz de Losada, Alfonso Eduardo Pérez-Orozco, Jalvo… por citar solo algunos que interpretaron muy bien el sentir de los portuenses y sus aspiraciones. Y tampoco, a estas alturas, va a estar cuajando una cierta hostilidad hacia todo lo que nos venga de fuera. Con fundamentalismos ya es sabido que únicamente se generan enconos y odios. La pasión jamás debe cegar y descalificar las vías de la pericia. De modo que una actitud de rechazo, que puede ser comprensible supeditada a las circunstancias, tiene que ser lo suficientemente moderada como para producir efectos correctores y revisiones consecuentes. Pero ni política de campanario ni localismos trasnochados.
    Es duro tener que escuchar que se debe abandonar un trabajo o una iniciativa “porque ustedes no son de aquí”. Al contrario, puede que los portuenses estén, por primera vez en muchísimo tiempo, dando importancia a cosas que menospreciaron: sus valores, su personalidad, su porvenir. Hay que agradecerlo, desde luego, después de décadas descansando responsabilidades en terceros o desentendiéndose de aquello que le era consustancial. Pero que esa reivindicación no signifique exclusión ni repulsión. Ni siquiera bronca coyuntural.
    Lo cantó Alberto Cortez: “No me llames extranjero, que es una palabra triste. Es una palabra helada, huele a olvido y a destierro”. Aquí, los extranjeros han sido aliados. Y salvo excepciones, no han inspirado tristeza. Si el respeto, la tolerancia, la liberalidad y la generosidad fueron virtudes, practicadas históricamente en mayor o menor medida; si en otros tiempos, puede que tan o más difíciles que los presentes, fueron los portuenses capaces de ponerlas en práctica, ahora hay que volver a hacer gala de ellas.

    Hay que lucirlas. Que no se diga que la cumbre diaria, como alguien definió hace unos años el quehacer de la ciudad, se ha convertido en una lona inhabitable.