sábado, 14 de diciembre de 2013

TRES AMIGOS QUE SE VAN

Amigos que se han ido en esta semana de inclemencias meteorológicas. Personas de buenas causas que hicieron de la amistad un lazo respetuoso y tolerante.
Luis Saavedra Mora fue futbolista destacado en aquel todopoderoso Puerto Cruz de la década de los sesenta. El arquetipo del que entonces se llamaba medio volante. Alto, fornido, pujante… su presencia en la cancha era siempre sobresaliente. Se había iniciado en el Juvenil Once Piratas. También jugó en el Real Unión, Realejos y Orotava. En las efemérides del sitio web de Bruno J. Alvarez hay una entrada muy pormenorizada de la trayectoria de Saavedra, quien ya retirado, aún lucía hechuras en el Barsa, un equipo de aficionados de la Villa. Ahí acreditó la resistencia de los buenos deportistas a alejarse del todo. Luego le vimos seguir de cerca la trayectoria de su hijo, Luiso, quien destacó varias temporadas en el primer equipo de la U.D. Las Palmas. Saavedra, con un talante que se agradece, nos hizo varias observaciones a juicios y comentarios que hacíamos en la radio. Pintor de la construcción, hizo también de su profesión un modelo de entrega y responsabilidad. Le recordaremos siempre, sobre todo, porque hizo inolvidable aquella línea media casi infranqueable: ‘Barrebarre’-Saavedra (El primero era un jugador palmero, procedente de Los Llanos de Aridane, también de alta estatura, que desde el Puerto Cruz saltó al Canarias de Venezuela).
Tomás Oliva fue el prototipo del socialista que trabaja en silencio, sin alharacas. Comprensivo, tolerante, respetuoso con todo y con todos. Sí había que desplazarse a Santa Cruz para cualquier menester, ahí conducía Tomás. Si había que cargar preparando un mitin o un acto público, ahí estaba Tomás. Si había que llenar sobres con votos y folletos, el primero era Tomás. Si había que sufrir en silencio las amarguras de una derrota electoral –y él conoció varias consecutivas-, Tomás siempre estaba presente. Nunca pedía nada, nunca se extralimitaba, nunca ambicionó nada. Parecía la suya una actitud pasiva, resignada; pero nada más lejos de la realidad: allí siempre hubo un socialista comprometido y activo que encarnaba los valores ideológicos de quien sabe que hay que trabajar para ganarse la vida con dignidad. Su militancia, discreta, silenciosa, eficiente, discrepante cuando había que serlo, ha sido un ejemplo. ¡Cuántos Tomás Oliva necesita el socialismo!
Y en el Puerto de la Cruz decimos adiós a Lope Afonso González, viejo amigo de infancia y adolescencia durante las que compartimos vivencias y episodios que evocamos con agrado. Lope es el autor de una célebre frase, pronunciada en público al principio del sermón de la procesión del Encuentro de Viernes Santo en La Orotava. El sacerdote comenzó con mucho énfasis:
-¡Hombres de La Orotava, mujeres por antonomasia!
Y Lope que se levanta, exclama:
-¡Oiga! Y los del Puerto, ¿qué pasa?
Tras la que se marcharon buena parte de los jóvenes portuenses que, como era tradición, después de la procesión del Cristo crucificado, habían acudido a la cita villera.
Lope, por cierto, fue el conductor durante muchos años de la venerada imagen del Gran Poder de Dios. Un conductor al que algún cofrade u otros acompañantes iban guiando pues desde el interior del carro transportador no se veía nada.
Dedicado a la actividad comercial muchos años –luego sería vigilante privado-, Lope Afonso siempre quiso colaborar en aquellas convocatorias locales vinculadas al deporte y actividades lúdicas o recreativas. Una de ellas fue las ’24 Horas de ping-pong’ promovida por el Cima Club. En cierta edición, que tuvo como marco el parque San Francisco, logramos memorizar uno de los eslóganes de reconocimiento, repetido cada hora y media, según la cantidad de público que hubiera:
“Se está jugando con pelotas de la marca Dunlop Barna Tres Coronas, cedidas gentilmente por la firma Fotopesca Maricumbre”.
En cierta ocasión, tras discrepar con su primo Francisco, quien fue alcalde de la ciudad entre 1979 y 1984, a propósito de la adaptación peatonal de vías, fue objeto de una broma que, por fortuna, no pasó a mayores. El inolvidable Chicho Vázquez simuló la grabación de una entrevista radiofónica que se iba a emitir en uno de los programas más escuchados entonces. Lope no arremetió contra su primo alcalde pero se preguntó una y otra vez quién le asesoraba, qué técnicos le habían dicho que cerrara tantas calles. Cuando días después supo que la entrevista nunca fue emitida, no se enfadó.
-Lo mejor que hiciste-, le dijo a Vázquez.
Era una expresión de su buen corazón, de su predisposición tolerante. Hoy sábado se efectuará su cristiana sepultura. Reciban su esposa Leonor, sus hijos Lope (concejal del Ayuntamiento), Gemma y Leopoldo (presidente de la Cofradía del Gran Poder de Dios), una sentida condolencia.

jueves, 12 de diciembre de 2013

ABONADOS A UNA PENITENCIA HISTÓRICA

Puede que haya llegado la hora de entonar un requiem por el periodismo en España. Se sabe que la cosa anda mal, que la crisis galopa, que los profesionales sufren...
Pero es que hoy el Gobierno ha querido dar la puntilla. Lo de menos es que algunos se presten: allá ellos, pero que no vengan a dar lecciones después. Y es que será el ejecutivo el que designe quiénes son los periodistas que podrán preguntar al presidente. Como lo leen: eso, en la España del siglo XXI. Hace poco, apenas una semana, desde el Gobierno se hinchaban -¡qué falsedad!- de hablar de valores de pluralismo y libertades en ocasión del aniversario constitucional. Hoy, la desfachatez ha llegado al límite de decir quién interroga y quién no. Sin palabras. Con razón hubo periodistas que abandonaron la sala de prensa del mismísimo Palacio de La Moncloa. Con razón ya hay medios que han anunciado que no cubrirán más convocatorias, al menos mientras prevalezcan estas circunstancias.
Mordaza, límites, condiciones, teledirección, selectividad, sectarismo, favoritismos... O sea, todo menos valores periodísticos. En esto han convertido Rajoy y los suyos la información en un país que parece condenado a sufrir todas las tribulaciones. Seguro que al PP les parecen pocas todavía. Baste seguir al ministro Montoro o a Hernando, que hace de viceportavoz parlamentario. Bravatas, amenazas, descalificaciones, fatuidad, jactancia... Horrible: esperábamos otra cosa del Partido Popular, simplemente más democrático.
Es un asunto que da para más y el que insistiremos. Nos preguntamos qué pensarán en Europa de estas prácticas. Y la indignación  que despertarán en las organizaciones profesionales. 
El Gobierno está poniendo cierres, candados, dobles llaves y plasma al sagrado ejercicio de informar. El PP se pone en evidencia cuando ignora que la quintaesencia de la democracia es, precisamente, que los medios de comunicación puedan contribuir a fiscalizar la acción del ejecutivo. Flaco favor hace al sistema cuando actúa de la manera que lo hace desde que accedió al poder en las vísperas navideñas de 2011. Probablemente, con Aznar no se atrevieron a tanto.
No quieren preguntas, no quieren críticas, no quieren discrepancias, no quieren que la ciudadanía sepa. Es que si lo cuentan, igual no se cree. Por eso es bueno vivirlo. Que sigan así: se abonan a una penitencia histórica. Aunque se escuchen, por ahora, notas de requiem.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

POLICÍA, TAMBIÉN PRIVADA

Un paisano cuenta en su muro de ‘facebook’ el triste episodio vivido días pasados en la noche madrileña, cuando retornaba a pie a su casa y una patrulla del Cuerpo Nacional de Policía le trató, digamos que de manera poco educada y consecuente, a la hora de identificarle y preguntarle qué hacía. El relato llega al borde del desespero, entre la impotencia y el miedo casi. Creíamos esas situaciones ya superadas pero es otra muestra del retorno al pasado. Durante años se ha hecho un gran esfuerzo para acercarnos al modelo de ‘policía amigo’ pero se retrocede con comportamientos desproporcionados, como es el caso. Eso de proteger las libertades parece haber pasado a mejor vida.
     Y para colmo, el partido gubernamental aprueba una Ley de la que ya hemos hablado en términos inevitablemente críticos. Una norma que, en materia de seguridad ciudadana -mejor hablar de represión ciudadana-, es claramente regresiva. Ayer se conoció la guinda: los policías privados, esos que popularmente se conocen como ‘seguritas’, los integrantes de empresas privadas de seguridad, podrán detener en la vía pública. Los representantes de CiU y PNV han votado a favor, luego tendrán que explicar su posición política. Porque es difícil de entender, ¿verdad?
     A este paso, con esta ampliación y con esta laxitud, estamos más cerca del Estado policial. Con todos los matices que ahora quieran poner al texto articulado, lo cierto es que tenemos otro cuerpo más con facultades para intervenir en la vía pública.
     El engendro responde al ADN del Partido Popular, ya no hay duda. El principio de más policía, más seguridad. Y también más miedo, más incertidumbre, más cuidado.
     Lo peor es que esa seguridad privada, con facultades ampliadas, hay que pagarla, claro. O sea, que sigue abriéndose la brecha de la desigualdad. Pocos reparan en que se pierden derechos a costa de incrementar las ganancias de las compañías. Y pocos se dan cuenta, desde luego, que vamos camino de no poder estornudar en la vía pública porque, con tanto policía y con tamaños catálogos de infracciones, igual cae una sanción de esas que tanto gustan a los populares.
     Que se lo digan al paisano que iba a pie a su casa de Madrid y tuvo que sufrir hasta por el modo de hablar.


martes, 10 de diciembre de 2013

EXALTAR LA PALABRA

Unos escolares, espectadores de una sesión parlamentaria, preguntaban días pasados cómo era posible que allí se deslizara un error ortográfico hasta producir un reproche entre diputados. Otros se sorprendieron del uso equivocado de un vocablo y otros detectaron la falta de concordancia en los tiempos verbales de una intervención.
        La situación vale para redescubrir la importancia –mejor dicho: el valor- de las palabras, a menudo mal empleadas, no solo en una institución pública sino en los mismos medios de comunicación. He aquí lo grave, por lo que cabe insistir, sin ánimo de aparecer como un celoso guardián del lenguaje escrito. Errores los cometemos todos y cuando son advertidos, hay que corregir de inmediato. De modo que hay que agradecer a quienes los señalan y los hacen ver con el mejor ánimo. Se trata de no reincidir: hasta feo estaría.
        Abundan también las faltas, los términos inadecuados y no digamos la incoherencia de las formas verbales. Pero en ese universo, donde el corrector automático debe disfrutar de largas vacaciones, es muy difícil meterse a rectificador: es tan heterogéneo el universo de usuarios que más de uno se revuelve, no acepta la corrección –aunque esté hecha con pulcras formas, para no molestar, ¿entienden?- y encima replica con algún denuesto o te despide a cajas destempladas. No es que se disculpe lo de las redes dando por imposibles los mejores intentos pero admitamos que la abundancia de errores tenga una complicada solución.
        Volvamos al ámbito mediático, donde estriba el problema en un texto informativo, en una crónica enviada desde cualquier punto, en la moderación de una tertulia, en la conducción de un espacio o en una intervención improvisada después de que alguna circunstancia alterase el guión. Ahí los fallos son más visibles. Apenas caben disculpas cuando se registran en medio de conexiones de alcance para informar de situaciones críticas, emergencias o accidentes. Y ninguna cuando se supone que hay una introducción o unas notas previas para dar paso a un invitado o a la información propiamente dicha.
        Y es que una palabra mal dicha o mal empleada puede cambiar casi todo o echar a perder una buena información, por trabajada o por oportunidad. El periodista y catedrático colombiano Carlos Yarce llega a hablar de “la palabra humillada por el periodismo”. La palabra debe ser cuidada al máximo, con esmero. Los oyentes de un programa radiofónico se quejaban días pasados de la plétora de tacos, soeces, insultos y voces malsonantes en muchos espacios audiovisuales. Esa chabacanería es reprobada, por lo general. Alguna culpa tenemos locutores, comentaristas, colaboradores.
        “La prensa humilla la palabra –escribe Yarce- cuando la banaliza, la trivializa, la hace vehículo de la pasión, del odio, de la violencia o del consumismo”. La precipitación, el afán de salir antes, las ganas de figurar y, sobre todo, la falta de criterio y de análisis, tienen mucho que ver con lo que decimos. De ahí la necesidad de hablar y escribir con propiedad, de estar seguros en la utilización de los términos para informar u opinar con el máximo rigor. No dejemos que una palabra inadecuada eche a perder un texto, una crónica o una pieza. Hay que ser estrictos. Y ante la duda, consultar.

        El propio Carlos Yarce lo sentencia: “El compromiso de los medios con la palabra es exaltar la palabra, dignificarla… Lo que importa, en último término, es dejar a un lado los compromisos –de amistad, políticos, de conveniencia- que alejan de la verdad y luchar por lo que necesita la sociedad”.

lunes, 9 de diciembre de 2013

OTRA LEY CUESTIONADA

Está en su papel el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, cuando pide a un comisario europeo que respete al país, a sus instituciones y al Gobierno. Y hasta puede que tenga razón cuando justifica la modificación de la Ley se Seguridad de 1992 al estar en marcha la reforma del Código Penal. Pero no puede negar el ministro que la nueva Ley Orgánica de Protección de la Seguridad Ciudadana nace con un clima social animadverso y unas percepciones externas muy claras de limitar derechos ciudadanos, como los de la libre expresión y la protesta pacífica, sancionando, de paso, conductas o comportamientos que los jueces no han considerado delito. En ese sentido, el argumento justificativo de la reforma, sancionar, por ejemplo, a quienes queman contenedores en la calle, es bastante frágil.
     El ministro Fernández se incomodó, ciertamente, cuando el comisario responsable de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Nils Muznieks, cuestionó la conceptuación de determinadas figuras o infracciones que por tal motivo serán sancionadas. “¿Cómo va a saber la gente si está o no violando la Ley”?, llegó a preguntarse Muznieks después de señalar que, en su opinión, se debería velar por la seguridad, de acuerdo, “pero sin interferir demasiado en la libertad de reunión y de manifestación”.
     El rechazo social a la Ley, aún sin entrar en vigor, empieza a ser clamoroso. Todo indica que hay un sustrato ideológico de autoritarismo y una tendencia a criminalizar la discrepancia que resultan preocupantes. El Gobierno quiere ciudadanos dóciles, acríticos, inactivos, temerosos o desmotivados, acaso sin percatarse de que cuantas más limitaciones o restricciones, hay más terreno cultivado de descontento que terminará produciendo algún tipo de estallido social. Las restricciones que ha ido imponiendo el ejecutivo, primero de derechos sociales y ahora de civiles, por muy amparadas que estén en mayoría parlamentaria, no son buenas para la convivencia ni para la calidad democrática a la que aspira cualquier gobierno.

     Así que, discutida en Europa y sin otro respaldo en España que el de una representación sindical policial, habrá que aguardar cómo se posicionan los grupos parlamentarios en el curso de la tramitación de la norma. Al Gobierno no le importará volver a quedarse solo pero ha de ser consciente del desgaste y de la impopularidad del ordeno y mando que parece inspirar esta modificación legislativa que, desde luego, no está a la altura de las exigencias de la sociedad de nuestros días que poco tienen que ver con la alienación y cuya protección de libertades no está ni mucho menos garantizada.

sábado, 7 de diciembre de 2013

LIMPIEZA PÚBLICA: SOLUCIÓN COMPLICADA

No se advierte sencilla la solución a la situación planteada en la empresa Sufi Tarajal, concesionaria del servicio de limpieza viaria y recogida de basuras en el Puerto de la Cruz. Aquella convocatoria de huelga de hace unas semanas se salvó in extremis. Volvieron las partes a negociar pero las impresiones que se van conociendo no son muy optimistas que digamos, tal es así que se habla de un paro indefinido a partir del próximo 3 de enero, es decir, después de haber tenido las fiestas en paz, nunca mejor dicho.
     La empresa plantea un Expediente de Regulación de Empleo (ERE), en la práctica el despido de treinta y ocho de sus ochenta y cuatro empleados. O sea, que lo de mantener los puestos de trabajo se adivina complicado. Sus cálculos habrán hecho los responsables de Sufi Tarajal pero como que falta transparencia a la hora de poner sobre la mesa todas las cifras, los balances y todas las opciones para entender el por qué de las medidas que se quiere adoptar y, sobre todo, la propia viabilidad futura de la empresa. La modificación impuesta por el Ayuntamiento en las condiciones contratadas tras la adjudicación, sobre todo en el importe del canon, ha significado un auténtico impacto y la consiguiente repercusión en la prestación del servicio. De ahí que, independientemente de otras interioridades, sin que esto signifique justificar su actitud, a la empresa le resulte complicado mantener los niveles de rendimiento con los que ha venido timoneando hasta la fecha.
     Seguro que más de uno se está acordando del proceso de negociaciones que antecedió al concurso convocado por el Ayuntamiento hace unos años. Hubo aspectos confusos, poco claros, aunque desconocemos si flecos o indeterminaciones de entonces han abonado el terreno de la situación actual. Lo que sí afirmamos es que no se ha hecho el seguimiento previsto en el propio pliego de condiciones, mediante los mecanismos adecuados. De haber funcionado, es probable que hubieran detectado los desvíos, los riesgos, la misma calidad de las prestaciones y hasta la necesidad de haber tomado medidas correctoras.
     Esa carencia, precisamente, es una de las causas del fracaso de la política de concesiones o privatizaciones que históricamente han emprendido los gobiernos del actual alcalde. Política que no solo no ha solucionado sino que ha contribuido a la pérdida y desvalorización de activos propios, amén del insatisfactorio rendimiento.
     Pero bueno, volviendo al servicio de limpieza viaria y recogida domiciliaria de basuras, recordemos que el Ayuntamiento dispone de un informe sobre el régimen retributivo del personal de la empresa Sufi Tarajal que es una de las causas de la discordia. La representación sindical de los trabajadores está en desacuerdo con los niveles de reducción de masa salarial propuestos, un 40% para conductores, operarios y peones de limpieza; y un 14% para la dirección y administración, esto es, gerente y administrativos. Es lógico que para la parte social, negociar con dos únicas opciones, o empobrecerse o despidos, sea una vía muy condicionante y de difícil aceptación. No quieren que el impacto anteriormente aludido lo sufran en exclusiva los empleados.
     Así las cosas, no será fácil alcanzar una solución. Al Ayuntamiento no le queda más remedio que interceder pues el sombrío panorama puede ennegrecerse del todo en vísperas de la festividad de la Epifanía, una de las semanas de mayor actividad comercial y tramo final de las vacaciones invernales. Las imágenes de conflictos similares en otras ciudades y las complicaciones subsiguientes en materia de salubridad, por ejemplo, han sido de muy negativa repercusión. Los vecinos y las empresas, por cierto, desconfiados andan si lo que está ocurriendo genera un incremento de las tasas correspondientes.

     El concejal-delegado, Lope Afonso, ya ha dicho que nones pero a ver si la única salida va a resultar el rescate de la concesión y la gestión directa…

viernes, 6 de diciembre de 2013

TREINTA Y CINCO AÑOS DE UNA FECHA HISTÓRICA

Apenas se echan de menos las celebraciones de los primeros aniversarios, las que con toda modestia trataban de proporcionar un aire popular al significado de la fecha. Pero tenían su valor. Concursos de dibujo, de redacción, montajes escénicos, conferencias, hasta verbenas… El caso era que había que identificarse con la Constitución, uno de los hitos de la moderna historia de España. Y en aquellos años, cualquier cosa, mínimamente bien pensada y ejecutada, valía. Con el curso del tiempo, aquellas iniciativas dejaron paso a otras acaso menos participativas y empezaron a quedar circunscritas a ámbitos estrictamente institucionales. Ni siquiera se llevaban a cabo en la misma fecha del aniversario. Y es que el carácter festivo se apoderó de todo, no digamos si encajaba cómodamente en el almanaque. 6 de diciembre, fiesta y punto. Viaje o cualquier otra forma de asueto.
     Y así, progresivamente, se perdió el ánimo de conmemorar la aprobación por el pueblo español de la Constitución de 1978.
     Luego, en plena fase de desafección hacia la política en general, hay que conceder la importancia que merece este nuevo 6 de diciembre, treinta y cinco años cumplidos de la histórica fecha. Hay que madurar y perfeccionar los valores constitucionales. Convenimos, desde luego, en que hay que actualizar la Constitución para que siga siendo una referencia primordial en nuestra convivencia, para que siga siendo respetada y tan útil como hasta ahora.
     En ese sentido, es necesario acometer una revisión de la Cartamagna con una clara voluntad constructiva de soluciones a los problemas y las demandas de la ciudadanía. Y sobre todo, de fortalecer la unidad en la diversidad, porque esto es lo que consagra el texto constitucional. No es descabellada, por tanto, la idea de un modelo federal para seguir juntos. Para seguir respetando la identidad de las distintas comunidades, sus singularidades, sus hechos diferenciales, su institucionalidad… Y por supuesto, para asegurar la igualdad de todos los españoles en el ejercicio de sus derechos sociales básicos.
     La experiencia acumulada y la visión de futuro serán determinantes para afrontar esa reforma, del alcance que sea. Las exigencias de la sociedad de nuestros días y sus expectativas para superar las dificultades de un ciclo crítico obligan a un ejercicio de predisposición política y tolerancia. Sobre todo, para preservar lo que junto, entre todos, hemos logrado.


miércoles, 4 de diciembre de 2013

UNA REFORMA CUESTIONADA

Hay menos personas registradas en el paro, según los datos conocidos correspondientes al mes de noviembre. Y de eso hay que congratularse, naturalmente. Como igual hay que preocuparse cuando se conoce la cruz de este dato, aparentemente positivo. Y es que no hay más gente trabajando pues las fuentes ministeriales admiten que hay casi setenta mil personas menos trabajando que el mes anterior.


Esto último confirma, desgraciadamente, que se sigue destruyendo empleo en este país. Además, la precarización sigue siendo característica predominante: el 92% de los contratos firmados en noviembre son temporales, en tanto que la contratación indefinida cayó el mes pasado otro 6%.

Quien quiera, que haga caso a los mensajes del presidente y de miembros de su gobierno. Están muy necesitados de buenas noticias, de pruebas con las que apoyar las bondades de sus políticas. No parece que las estadísticas y los informes técnicos de distintos organismos abonen sus buenas intenciones y sus autos de fe.

Porque se mueven hasta los cimientos de la reforma laboral. Al menos, una juez de Barcelona, al considerar ilegal el período de prueba de un año de los contratos de emprendedores, ya ha declarado improcedente el despido de un trabajador. Sostiene la juez que ese artículo concreto de la reforma vulnera tratados internacionales a los que España se ha adherido.

Los pormenores del caso son, cuando menos, curiosos. El trabajador fue contratado con arreglo a una modalidad que incluía el período de prueba de un año. El empleado fue despedido ocho días antes de acabar este período. Defendió sus derechos interpretando que el convenio colectivo del sector consigna un período de prueba de dos semanas ampliable a seis meses. La empresa objetó que la fórmula de contratación escogida se incluye en la reforma laboral. Al final, la juez desestimó la oposición empresarial por entender que la modalidad no se ajusta a la Carta Social Europea y que debe aplicarse el Estatuto de los Trabajadores que es el que remite al convenio colectivo del sector.

A la espera de la solución definitiva de este caso, que puede sentar un precedente, parece claro que quien hizo la Ley, dejó también abiertas las ventanas de los perjuicios para los trabajadores. Y así es difícil creerse algunas declaraciones de luces, crecimiento y expectativas, ¿verdad?

martes, 3 de diciembre de 2013

LA VOCACIÓN NOS MANTIENE

Los futuros profesionales, los que se están formando, quieren saber. Les azota la incertidumbre. Les mantiene la vocación y sienten que están más cerca de la licenciatura. Pero también del abismo del paro, del ostracismo. Se sienten carne de desempleo.
       Entran en el despacho. Vienen provistos de cámara y trípode. Material de la facultad. No están muy impuestos pero es el que hay y suplen con voluntarismo -y con pruebas, a ver cómo sale- las deficiencias o la falta de pericia en el manejo. Lo que hay. Por si acaso, y porque alguien les habrá advertido de la cantidad de material perdido creyendo que estaba grabado, y de los jugosos testimonios que se evaporaron por no dar al clic adecuado, uno de ellos pone sobre la mesa el ‘smartphone’ convertido en válvula de seguridad para registrar la entrevista.
       En nuestros tiempos, se les explica, íbamos con un cuaderno para anotar. Y algunos teníamos el privilegio de aquellos casetes no tan antediluvianos pero casi. Que eran garante de lo que se transcribía. Y se les cuenta la primera orden de Pilar Miró cuando fue nombrada directora general de Televisión Española: a partir de mañana, los redactores saldrán a cubrir las informaciones provistos de papel y bolígrafo. Demasiada comodidad, un exceso limitarse a recoger los testimonios de protagonistas o testigos para luego editar y ya está por hoy.
       Sonríen al conocer la anécdota. Sus miradas curiosas parecen decir otra cosa. No son las ansias por terminar sino las ganas de encontrar algo que les resulte de utilidad. Para el trabajo encargado y para el futuro que habrán de labrarse en momentos muy adversos. En el modo de desenvolverse y hasta en las preguntas memorizadas sin que lo parezca, se adivina la vocación. La tienen, claro que sí. Y entonces es cuando afloran los anhelos de ayudar, de estimular, sin salirse de las coordenadas del realismo.
       Ahí están los alumnos, ávidos de ampliar y perfeccionar sus conocimientos, de llevar a la práctica lo que han aprendido en manuales, en clases teóricas y en cuantos recursos están a su alcance para profundizar en el camino escogido. Ahí están, empezando a destrozar la inexperiencia, hurgando en lo que les interesa o lo que les importa, sin reparar bien (por ahora) en si la persona seleccionada es la apropiada. Se les ve tan jóvenes, destilan ese afán por llegar al fondo de la materia y preguntan con ese candor que no riñe con la dureza de los asuntos que han esgrimido para su trabajo, que dan más y más ganas de depurar mensajes positivos.
       Algunos profesionales de postín, se les dice, vienen insistiendo en que depende de nosotros mismos, de ustedes en el futuro inmediato, para superar tantas tribulaciones. Curioso, pero no son tan escépticos. Hay que beber, por tanto, de sus fuentes, aunque no hayan librado una situación tan crítica o no hayan podido hacer más por tantos compañeros válidos que pasaron a engrosas las listas de desempleo.
       Hay que esforzarse en la búsqueda de esperanzas, de las soluciones. Difícil, cuando cada vez son menos las ediciones impresas, pero en el universo digital tiene que haber más opciones. Como las hubo en el catódico no hace mucho, cuando se abrieron tantos caminos y creímos que habría tarta para todos. Lastimosamente, múltiples circunstancias -desde empresarios poco diestros y artificiales a pseudoprofesionales nada impuestos e irresponsables- no sólo vulgarizaron el producto sino que fueron fagocitándolo, a una velocidad de vértigo, además. Hasta la solidaridad y el corporativismo, sentimientos encontrados, se resintieron.
       Les preocupa a los futuros profesionales, a los que se están formando, a los que quieren asirse a un soporte consistente que les dé sentido a su vocación y les reafirme en el camino emprendido, la precariedad en el empleo, el intrusismo y los mecanismos de defensa o representación  teóricamente contenidos en un futuro colegio profesional.
       Se les reitera que van a encontrar un camino erizado de obstáculos y de incomprensiones. Que nunca antes habíamos asistido a la desaparición de tantas cabeceras, al cierre de tantas pequeñas o medianas empresas de comunicación, a la supresión de tantos programas y títulos consolidados y la destrucción de tantos puestos laborales, a la que no escaparon, por cierto, ni quienes habían atesorado con creces experiencia y madurez. Ese es el paisaje del pasado más cercano y del presente.
       De modo que abrirse paso o hacerse con un espacio en un marco tan reducido y condicionado resulta cada vez más complicado. Pero no decaigan, no se rindan: ni los becarios ni los que han tenido la oportunidad de un contrato de prácticas ni los que quieren acceder a un primer empleo, siquiera en una emisora local. Hay que perseverar y emprender, no porque las oportunidades estén fácilmente al alcance, sino porque este oficio se labra a base de dificultades y desazón de manera que superarlas, con vocación, olfato, buena escritura o exposición y sustantivo aprovechamiento, es el primer reto.
       Recuerden: de ustedes depende.

       

lunes, 2 de diciembre de 2013

HOSPITAL PORTUENSE

Se cumplen en estos primeros días de diciembre treinta años del acto de entrega de la medalla de oro de la ciudad al hospital de la Inmaculada Concepción del Puerto de la Cruz, coincidiendo entonces con el 75 aniversario de la fundación allá por 1908. Fue Francisco Afonso quien, siendo alcalde, hizo entrega de la distinción -una de las primeras concedidas por las corporaciones democráticas- a la entonces superiora de la comunidad de religiosas ‘Hijas de María, madre de la Iglesia’, María Jesús Romero Rodríguez, desplazada a Tenerife ex profeso.
     Fue un acto sencillo, celebrado en el salón de plenos del Ayuntamiento donde se congregaron la comunidad del hospital portuense, sacerdotes, benefactores y representaciones institucionales y vecinales. Afonso glosó la tarea de las monjas y el importante papel asistencial desempeñado por el centro. La superiora Romero correspondió con emotivas palabras de gratitud: “Recibimos la medalla no como el pago a un servicio sino como demostración del gran afecto y cariño que la ciudad ha acreditado siempre hacia el hospital y sus ancianos”. Después de firmar en el Libro de Honor del Ayuntamiento, el acto se clausuraba con la actuación de la banda municipal de música. En 2008, siendo alcaldesa Dolores Padrón, se conmemoró el centenario con un prolijo programa de actos.
     En la historia de esta modesta dotación hospitalaria aparece sor Pura, una abnegada monja que ayudó a quien lo necesitara sin reservas. El Ayuntamiento rotuló con su nombre una vía del municipio. Figura también el doctor Luis Espinosa García-Estrada, modelo también de entrega y sensibilidad con los pacientes. Años después, la comunidad de religiosas se hizo cargo del centro de educación infantil Madre Matilde Téllez, localizado en el antiguo cartel de la Guardia Civil y dedicado a la atención y cuidado de niños abandonados o hijos de familias desestructuradas.
     En la actualidad, el hospital portuense, además de estar integrado, mediante concertación, en la red de centros asistenciales insulares, sigue contando con la colaboración de particulares y entidades privadas. Pero la crisis golpea en todos lados y las dificultades de subsistencia y mantenimiento se han apoderado del Hospital de la Inmaculada. Los apremios se acentúan mientras merman o se retrasan los recursos. Se han encendido los timbres de alarma, aunque no hayan trascendido. Y con la misma modestia de siempre, hay que decir que es la hora de echar una mano, de responder con diligencia a las necesidades para que el funcionamiento siga siendo como hasta ahora, pese a todas las limitaciones: ejemplar.