Quienes reclaman de los políticos decisiones consecuentes tienen en la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, un ejemplo: la crisis abierta en el gobierno andaluz a raíz de que Díaz determinase retirar provisionalmente las competencias en materia de vivienda al aliado Izquierda Unida (IU), después de que la consejera concediese las llaves de unas viviendas a unos okupas que habían sido desalojados, prueba que es necesario, por encima de todo, respetar el Estado de derecho. En este caso, parece claro que no es cuestión de saltarse la lista de espera, un requisito del procedimiento seguido para la adjudicación de viviendas de promoción pública.
Lo que ha hecho la presidenta andaluza es lo procedente, antes de que desde la Junta se proyectase una imagen de reinos de Taifas. El problema de la vivienda es muy serio: en todo el país se han vivido situaciones límite y desgarradoras. Los poderes públicos hacen lo que pueden con tal de mitigar la demanda creciente.
Pero hay que respetar las reglas de los procedimientos. Es lo que ha hecho Susana Díaz, consciente del calvario que aún ha de cruzar la Junta que preside a cuenta de las irregularidades en la tramitación de los expedientes de regulación de empleo (ERE). Ha ganado credibilidad y ha demostrado que en la política de nuestros días, tan denostada, hay que obrar con firmeza.
Una precipitación que es un error por parte del aliado gubernamental no puede saldarse con la inhibición y con otro error, como hubiera sido mirar hacia otro lado o dejar que pasen los días hasta que escampe. Las normas están para cumplirlas y para ser respetadas: habría que afear cualquier conducta que no se corresponda con esos principios. La presidenta andaluza, seguro que consciente del alcance de su decisión, ha frenado una infracción que, de materializarse, hubiera significado un preocupante precedente. De momento, es una medida política la que ha impedido la materialización.
No se sabe ahora mismo cuáles serán las consecuencias de la crisis pero sí se conoce que tal medida sirve para medir la sensatez y para impedir males mayores. Aunque tenga un coste político. Al aliado gubernamental le corresponde ahora estar a la altura de las circunstancias.
viernes, 11 de abril de 2014
jueves, 10 de abril de 2014
REALIDADES CONTRAPUESTAS
La última entrega del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) vuelve a poner de relieve una radiografía del estado de opinión del país muy distinta de la que plasma el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en sus apreciaciones y en sus mensajes. Los esfuerzos del ejecutivo para transmitir la idea de que ya ha pasado lo peor, que se está “en la buena dirección” y que de ahí en adelante solo cabe ir mejorando chocan con esa otra realidad visible en estudios demoscópicos: la ciudadanía sigue incrédula, no palpa mejoría y se ha cansado ya de contradicciones y abusos, muchos de los cuales, por cierto, siguen desarrollándose en clamorosa impunidad.
Una de las conclusiones de la encuesta del CIS es que en marzo aumentó la preocupación por el paro, que se mantiene como principal problema del país, según indica el 82% de los encuestados (un punto más que en febrero). “Quien no tiene trabajo puede hoy tener ya la esperanza de conseguirlo”, dijo el presidente Rajoy ante los suyos el pasado fin de semana. Seguro que le hubiera gustado que el dato del CIS, apenas veinticuatro hora después, hubiera sido otro muy distinto. La esperanza se mantiene, claro que sí, pero ya ven cómo la percepción de la población va por otros derroteros.
Entonces, es como si estuviéramos ante dos realidades contrapuestas. Porque algo similar ocurre con la situación económica del país. Mientras Rajoy dice que “nadie duda de la recuperación”, los ciudadanos encuestados, hasta un 85%, señalan que tal situación es mala o muy mala. Con los resultados en la mano, es llamativo que solo un 9% crea que la economía esté mejor que hace un año, frente al 89% que opina que es igual o peor.
Con tales porcentajes, la certeza del presidente, tan categórica con el nadie por delante, es bastante relativa. Es la prueba clara de las dos realidades apuntadas: la España que el Gobierno desearía, máxime a estas alturas de la legislatura, y la España que aún se debate entre penurias y tribulaciones, la misma que no ve luz en el túnel y que revela, con sus respuestas, un escepticismo notable.
Una de las conclusiones de la encuesta del CIS es que en marzo aumentó la preocupación por el paro, que se mantiene como principal problema del país, según indica el 82% de los encuestados (un punto más que en febrero). “Quien no tiene trabajo puede hoy tener ya la esperanza de conseguirlo”, dijo el presidente Rajoy ante los suyos el pasado fin de semana. Seguro que le hubiera gustado que el dato del CIS, apenas veinticuatro hora después, hubiera sido otro muy distinto. La esperanza se mantiene, claro que sí, pero ya ven cómo la percepción de la población va por otros derroteros.
Entonces, es como si estuviéramos ante dos realidades contrapuestas. Porque algo similar ocurre con la situación económica del país. Mientras Rajoy dice que “nadie duda de la recuperación”, los ciudadanos encuestados, hasta un 85%, señalan que tal situación es mala o muy mala. Con los resultados en la mano, es llamativo que solo un 9% crea que la economía esté mejor que hace un año, frente al 89% que opina que es igual o peor.
Con tales porcentajes, la certeza del presidente, tan categórica con el nadie por delante, es bastante relativa. Es la prueba clara de las dos realidades apuntadas: la España que el Gobierno desearía, máxime a estas alturas de la legislatura, y la España que aún se debate entre penurias y tribulaciones, la misma que no ve luz en el túnel y que revela, con sus respuestas, un escepticismo notable.
miércoles, 9 de abril de 2014
EL COMBATE PERIODÍSTICO
“El periodismo era y es un arma de
combate”, ha dicho el presidente de la Asociación de Periodistas Europeos
(APE), Miguel Ángel Aguilar a infolibre.es
para exaltar, una vez más, los valores de una profesión que atraviesa una
de las peores crisis que se recuerdan. Pero él no se rinde y mensajes como ese
lo prueban: no es un llamamiento a las barricadas sino un canto a la
creatividad, al incentivo de ideas que frenen cualquier intento de rendición.
Aquí, mientras haya vocación y ganas no solo hay que resistir sino tratar de
salir adelante con alternativas que reflejen que esto, ni mucho menos, está
agotado.
Es
el propio Aguilar quien lo prueba poniéndose al frente de uno de los grandes
sucesos periodísticos del año: reeditar, en un solo número conmemorativo, el
histórico Heraldo de Madrid, la
cabecera que aguantó hasta los últimos días de la guerra incivil española,
cuando fue intervenido por los falangistas. Hasta su desaparición. Los
contenidos de esta publicación especial evocan el ambiente y las circunstancias
de los últimos días del conflicto (una interesante aportación a la memoria
histórica) así como la visión y el tratamiento de asuntos de actualidad.
Si
los últimos periodistas del Heraldo acreditaron
compromiso y sacrificio, son estas cualidades las que deben inspirar el
ejercicio de quienes aún se mantienen en activo y poseen la fortuna de poder
informar, escribir, comunicar y opinar. Esa es la esencia del combate:
entonces, como ahora, para defender la libertad y el pluralismo. Un combate en
el que hay que ir bien pertrechado para contratacar y resistir. Un combate en
el que se han sucedido bajas, cientos, miles. Y en el que no han podido
intervenir o lo han hecho en condiciones muy precarias quienes andaban en una
suerte de reserva, la que aglutinaba, en buen número, los deseos de acceder por
primera vez al mercado laboral.
En
plena crisis, llega este estimulante mensaje, que apenas la mitiga, conform;
pero sirve para estrujarse los sesos hasta producir una oportunidad, una
alternativa. Acaso para demostrar que el periodismo está bien vivo o lo que es
igual, se resiste a fenecer.
Y
todo, porque hay que creer en lo que se hace. Lo subraya el propio Miguel Ángel
Aguilar al referirse al servicio público que entraña el periodismo activo y al
ponderar a los profesionales que “se sienten comprometidos en esa dirección”.
Un arma de combate noble para rebelarse contra la agresividad, la violencia,
los abusos y la ignominia. Tan noble como esencial.
Rescatar
el Heraldo ha sido como rendir
tributo al periodismo, de antes y de ahora, valoradas las circunstancias y los
vientos desfavorables y azarosos. Al periodismo y a los
periodistas de verdad, casi siempre dispuestos a responder desde la primera
línea de ese combate, como han acreditado quienes, en esta iniciativa,
adecuadamente coordinados, se ocuparon de los contenidos de actualidad. Aguilar
resumió ese afán y ese espíritu con una sentencia valiosa:
“Se
ha demostrado que se pueden hacer cosas, que no está escrita en ninguna parte
la fatalidad de nuestro destino”.
Cuestión
de aplicarse.
martes, 8 de abril de 2014
EN PLENO DESCONCIERTO
Algún día, un suponer, se
conocerá la estrategia del Partido Popular (PP) para afrontar las elecciones
europeas del próximo 25 de mayo. A cuarenta y ocho días de la convocatoria a
las urnas (que el propio PP, sin alharacas eso sí, considera ‘importantísima’),
ni ha dado a conocer su candidato ni tiene discurso y ni una sola medida para
saber cómo quieren que estemos integrados en la Unión Europea (UE). El hecho no
tiene precedentes: será que como le ha ido tan bien desde noviembre de 2011, es
decir, defraudando, incumpliendo y haciendo lo contrario de lo que había
programado, ahora confía en la inercia, en un dejar hacer dejar pasar, para
intentar ganarse al electorado no se sabe con qué y con quiénes.
Es natural que los medios afines secunden esa ignota
estrategia. Son pocos los que aprietan y cuando lo hacen se encuentran con
respuestas de Mariano Rajoy como al llegar a la convocatoria de Málaga: “No
estoy encima de eso”. Y unas pocas fechas, antes en Bruselas, otra respuesta
similar: “Ni lo tenemos [en referencia al candidato] ni se lo puedo desvelar”.
Si lo que pretenden el presidente y los estrategas populares es desmovilizar al
máximo la participación en los comicios, desde luego, se están luciendo.
No es bueno eso ni para Europa ni para la democracia. Con
los vientos de desafección política que soplan, con el abstencionismo que es
fácil barruntar, esa inhibición o ese desentendimiento tan descarnado hacen que
se enciendan alarmas de duda e incertidumbre. ¿Hacia dónde va el PP, qué es lo
que pretende?
Por no haber, ni encuestas. Así discurre la precampaña, sin
chispa, sin gancho. Se imagina uno a los dirigentes populares, huérfanos de
elementos sustantivos en las fechas en que hay que calentar motores e incentivar
a la ciudadanía: no sabrán qué hacer. Acaso lo definió muy bien el presidente
de Extremadura hace pocas semanas: “Tengo ya actos de precampañas programados
para este fin de semana y no sé a quién tengo que apoyar”. Tanta indolencia,
esa carencia tan visible y la falta de respuestas o decisiones mínimamente
convincentes deben haber subido los niveles de desconcierto y de
desmoralización. Con todo eso, y a pesar de los esfuerzos de algunos de sus
dirigentes -especialmente en los telediarios-, el PP ahora mismo es un partido
atónito. Otros, presuntamente sondeados, no han querido saber nada y se han ido
descolgando a medida que aparecían sus nombres como candidatables: Arias
Cañete, González Pons, Jaime Mayor Oreja y la mismísima Alicia Sánchez Camacho
que prefiere estar en el escenario del laberinto catalanista.
Como no han trascendido rumores ni intenciones, es imposible
aventurar nada. Cada partido, cada organización tiene perfecto derecho a
programar su agenda y a manejar los tiempos; pero tanto silencio, rayano en el
hermetismo, y tanto oscurantismo revelan que algo está pasando. Igual los
estrategas y los ‘gurús’ del partido gubernamental consideran que, tal como
está el patio político, lo mejor es eso, no dar señales de inquietud. Como si
las elecciones europeas no fueran con la sociedad, como si no importaran, como
si diera igual un más que presumible retroceso en los resultados.
Pero no es de recibo la situación. Ni para el partido ni
para el electorado. Y aunque estén acostumbrados a resolver aspiraciones y
decisiones de candidaturas al mejor estilo ‘dedocrático’ -muy pocos o nadie
cuestionarán las determinaciones finales-, lo ocurrido en vísperas de estos
comicios en el ámbito del PP es muy poco edificante.
lunes, 7 de abril de 2014
NI AGUA NI PATRIMONIO
En el plazo de una semana, dos
manifestaciones en el Puerto de la Cruz. Dicho así, es como si se hubiera
producido un subidón o una ruptura de la tónica de pasividad o indiferencia que
caracteriza a buena parte de su población a lo largo de los últimos tiempos.
Pero no: es como si siguiera anestesiada, como si ese espíritu crítico de
otrora se hubiera evaporado del todo, como si el virus del aletargamiento, con
sus servidumbres o aliados, hubiera inoculado de tal manera que es imposible
erradicarlo. Y lo que queda, en consecuencia, son núcleos de resistencia,
admirables por su identificación, pero cada vez menos potentes.
Y eso que el agua, como elemento y servicio vital, y el
patrimonio más cercano, con el que se ha convivido desde la infancia y por el
que transita prácticamente a diario, han sido los factores de la expresión
popular, los teóricos aglutinantes de causas que merecen una respuesta que, en
sí misma, sea una demanda. Una demanda de soluciones o de peticiones de
tratamiento urbanístico ajustado a ciertos valores.
Pero no. Las dos manifestaciones no se corresponden ni con
lo uno ni con lo otro. Es aceptado que el éxito o el grado de una manifestación
pública suele medirse por el número de participantes, siempre difícil de
calcular, hasta el punto de generar automáticamente una controversia, con
fotografías y métodos de cómputo más o menos científicos. Luego, si partimos de
que en el lapso de siete días fueron unas quinientas personas las que
decidieron clamar en las calles portuenses por un suministro de agua irregular
y no potable que afecta a catorce mil vecinos; y que hubo menos seguidores que
en una convocatoria anterior en defensa de las señas de identidad del paseo San
Telmo (y eso que hay una decisión judicial de suspender cautelarmente las
obras), hemos de convenir en que ni agua ni patrimonio movilizan o generan
vibraciones en un cuerpo social.
Las expresiones de rechazo o de repulsa, se dirán, es
cuestión de terceros. Malo cuando se alcanza ese nivel de indolencia. Porque se
fortalece el mal gobernante ante el que se quiere reivindicar, aunque éste no
tenga razón. Puestos a buscar motivos de tan magra respuesta ciudadana, ahí
están la comodidad, la abulia, el desentendimiento, el pasotismo elevado a
altísimas potencias y hasta el temor o la cobardía de quienes hicieron
demostración de que forman parte de un pueblo poco comprometido. Aunque no
tengan agua ni les importe la destrucción del patrimonio, luego les veremos
aparecer masivamente, entusiásticos, en la víspera de San Juan o el martes de
la embarcación, tal como apuntaba una desmoralizada ciudadana que no entendía
tanta indiferencia. ¡Ay, portuenses! Lo que fuimos, lo que tuvimos, lo que
hemos perdido.
Ni agua ni patrimonio. Igual a un pueblo desganado y
claudicante. Qué fea, de verdad, es la indolencia, sobre todo cuando es
inducida.
sábado, 5 de abril de 2014
CIFRAS PARA ESTIMULAR
El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha
publicitado unas estadísticas según las cuales el Puerto de la Cruz vuelve ser
el primer destino turístico nacional por plazas y en fines de semana. Los
registros son significativos: casi el 88 por ciento de ocupación por plazas y
el 88,3 por ciento de ocupación en fin de semana. Las cifras mejoran en unos
dos puntos las de enero de este mismo año, un hecho positivo pensando en los
equilibrios necesarios para mantener cuotas de mercado durante el resto del
año.
Según
las mismas fuentes, la ciudad turística registró el pasado mes de febrero
369.000 pernoctaciones, lo que se traduce en
un grado de ocupación por habitaciones superior al 94 por ciento, con
una estancia media de 8,34 días.
Tengamos
presente, a la hora de analizar estos datos, que la oferta hotelera y
extrahotelera de la ciudad se ha reducido sensiblemente a lo largo de los
últimos años. Luego, no hay que lanzar campanas al vuelo, aunque tales
porcentajes sean muy positivos en todos los órdenes: reactivación económica,
ambientación callejera que gusta y proyección exterior siempre interesante.
No
es que el Puerto vuelva por sus fueros pero gratifica. Habrá que preguntarse, a
la hora de analizar las causas de este repunte, si estamos viviendo de las
rentas. O, en efecto, nos beneficiamos de los excedentes del sur, derivados, a
su vez, de las tendencias de los mercados que siguen viendo en los exóticos
destinos del norte de África un espacio peligroso.
No
es que la ciudad disponga de nuevos grandes atractivos como para haber
despertado el entusiasmo de clientes que aún no la conocen o que desean
repetir. Luego, la fama, el prestigio, el nombre o la marca hacen lo suyo. Y
otorguemos el margen correspondiente a las acciones promocionales entre las que
ya luce la denominada Puerto de la Cruz
Xperience, fruto de los trabajos del Consorcio de Rehabilitación Turística.
Que
sirvan estos datos del INE para profundizar en análisis que favorezcan la
sostenibilidad y en acciones llamativas que reflejen el entendimiento entre los
sectores público y privado. Que nadie se confíe pues está
más que demostrado que la competitividad es muy exigente y por tanto hay que
esmerarse en todos los órdenes. Y que el destino está obligado a mejorar para
demostrar que estas cifras al alza no son efímeras ni coyunturales.
Bien
entendidas, son cifras para estimular.
viernes, 4 de abril de 2014
CINCUENTA AÑOS DE UN APARATOSO ACCIDENTE
Se cumplieron días pasados cincuenta años de un aparatoso accidente de circulación, ocurrido en las primeras horas de la mañana de un Viernes Santo en el sector El Ramal, carretera de acceso a La Orotava. Seis jóvenes portuenses y un marroquí resultaron heridos leves. Dos de ellos aún viven para contarlo. El furgón en el que se desplazaban quedó completamente inservible. El susto fue mayúsculo. Las primeras informaciones que llegaban al Puerto eran confusas y se extendieron rápidamente. Afortunadamente, la cosa no pasó a mayores. Ya publicamos esta entrada en abril de 2012. Tras una conversación de amigos, plagada de nostalgia y de antiguos sucesos, decidimos reproducirla.
Pedro Rodríguez Perdomo, Domingo Perera Hernández, José Antonio Peláez, Francisco Carrillo, Manolo Cabrera, Francisco Delgado y Maimó viajaban en el furgón marca ‘Commer’ que conducía Peláez. Habían hecho un recorrido que se inició en Santa Cruz de Tenerife, donde asistieron a la popularmente conocida como ‘Procesión del preso’. Desde ahí siguieron a La Laguna, procesión del Silencio, y luego hasta el Puerto de la Cruz, donde querían estar presentes en la del Cristo crucificado que sale del templo a las cinco de la mañana.
En las inmediaciones del muelle compran una rueda de churros que costó cinco pesetas de entonces. Desayunaron con unas botellas de leche que iban almacenadas en el furgón. Con las primeras luces del día, continuaron su desplazamiento hasta La Orotava donde se proponían contemplar la procesión del Encuentro.
En el asiento delantero del ‘Commer’, van Perera y Perdomo, junto al conductor Peláez. Este comenta que siente sueño y se pone unas gafas de sol negras. Quizá fue en este momento cuando el vehículo chocó contra un árbol del margen derecho de la carretera. El impacto hace que Perdomo, que se golpea con el espejo retrovisor, salga literalmente despedido por el parabrisas. Los demás ocupantes sufren cortes, magulladuras y contusiones de distinta consideración. Aparentemente, el de mayor complicación parece ser Manolo Cabrera en cuyos glúteos se incrustan unos cristales. Domingo Perera vio cómo sus pies y sus zapatos quedan aprisionados en el interior retorcido. Fueron trasladados al hospital de la Santísima Trinidad de La Orotava, donde reciben las primeras curas y atenciones antes de pasar a sus domicilios.
El motor del furgón, emplazado en la parte delantera, fue un aliado decisivo en la suerte de los accidentados.
Se habló del accidente durante mucho tiempo. De hecho, cada Viernes Santo era recordado por más de uno. Los propios protagonistas relataron lo sucedido en muchas conversaciones.
Por fortuna, el suceso no tuvo peores consecuencias. Perera y Perdomo, que entonces no habían hecho el servicio militar, aún lo cuentan.
Pedro Rodríguez Perdomo, Domingo Perera Hernández, José Antonio Peláez, Francisco Carrillo, Manolo Cabrera, Francisco Delgado y Maimó viajaban en el furgón marca ‘Commer’ que conducía Peláez. Habían hecho un recorrido que se inició en Santa Cruz de Tenerife, donde asistieron a la popularmente conocida como ‘Procesión del preso’. Desde ahí siguieron a La Laguna, procesión del Silencio, y luego hasta el Puerto de la Cruz, donde querían estar presentes en la del Cristo crucificado que sale del templo a las cinco de la mañana.
En las inmediaciones del muelle compran una rueda de churros que costó cinco pesetas de entonces. Desayunaron con unas botellas de leche que iban almacenadas en el furgón. Con las primeras luces del día, continuaron su desplazamiento hasta La Orotava donde se proponían contemplar la procesión del Encuentro.
En el asiento delantero del ‘Commer’, van Perera y Perdomo, junto al conductor Peláez. Este comenta que siente sueño y se pone unas gafas de sol negras. Quizá fue en este momento cuando el vehículo chocó contra un árbol del margen derecho de la carretera. El impacto hace que Perdomo, que se golpea con el espejo retrovisor, salga literalmente despedido por el parabrisas. Los demás ocupantes sufren cortes, magulladuras y contusiones de distinta consideración. Aparentemente, el de mayor complicación parece ser Manolo Cabrera en cuyos glúteos se incrustan unos cristales. Domingo Perera vio cómo sus pies y sus zapatos quedan aprisionados en el interior retorcido. Fueron trasladados al hospital de la Santísima Trinidad de La Orotava, donde reciben las primeras curas y atenciones antes de pasar a sus domicilios.
El motor del furgón, emplazado en la parte delantera, fue un aliado decisivo en la suerte de los accidentados.
Se habló del accidente durante mucho tiempo. De hecho, cada Viernes Santo era recordado por más de uno. Los propios protagonistas relataron lo sucedido en muchas conversaciones.
Por fortuna, el suceso no tuvo peores consecuencias. Perera y Perdomo, que entonces no habían hecho el servicio militar, aún lo cuentan.
jueves, 3 de abril de 2014
POR SAN TELMO, DE NUEVO
Dos manifestaciones en una semana en el Puerto de la Cruz. El hecho es llamativo. Y no por el riesgo de que la reiteración en tan corto lapso de tiempo acabe cansando al personal. El caso es que una población muy dada a la quietud y a lo acomodaticio ahora parece querer moverse en otras coordenadas de un mayor activismo externo. Ya lo escribimos no hace mucho tiempo: algo se mueve en el Puerto. No es que sea una agitación masiva pero al menos hay una cierta identificación con ciertas y determinadas causas.
Ejemplo: el proyecto de rehabilitación del paseo San Telmo, del que discrepan numerosos ciudadanos. Una plataforma social, un colectivo, denominado Maresía, no ceja en su empeño de impedir que se materialice en las condiciones que quieren sus promotores. Es la segunda manifestación sobre el particular que se convoca en menos de un año: el sábado próximo insistirán los convocantes en que hay razones para rehabilitar pero también para respetar y no destruir. Sobre todo, lo que son señas de identidad, lo que son núcleos patrimoniales urbanos.
Maresía viene con una decisión judicial favorable: plantearon la suspensión cautelar de las obras y el juez la concedió. Se está a la espera de contrastar la aportación del Cabildo Insular o de la Comisión Insular de Patrimonio. El colectivo ha defendido sin reservas la conservación del muro pero, habiendo interpretado que no es una razón exclusiva y que hasta las administraciones podrían terminar cediendo, sigue contemplando el resto de la actuación con una visión crítica. Con un cierto pragmatismo: no se opone a la rehabilitación, a la mejora de aquellos elementos susceptibles de reposición o reparación. Lo que quiere es que se respeten los propios, los identificativos: lo que quiere es evitar destrucción que dé paso a innovaciones que impacten negativamente.
En cualquier caso, la manifestación quiere ser un grito de ciudadanos, críticos con la actuación, con algunos criterios que la inspiran y con el procedimiento administrativo seguido.
Un grito para acreditar que algo se sigue moviendo en el Puerto.
Ejemplo: el proyecto de rehabilitación del paseo San Telmo, del que discrepan numerosos ciudadanos. Una plataforma social, un colectivo, denominado Maresía, no ceja en su empeño de impedir que se materialice en las condiciones que quieren sus promotores. Es la segunda manifestación sobre el particular que se convoca en menos de un año: el sábado próximo insistirán los convocantes en que hay razones para rehabilitar pero también para respetar y no destruir. Sobre todo, lo que son señas de identidad, lo que son núcleos patrimoniales urbanos.
Maresía viene con una decisión judicial favorable: plantearon la suspensión cautelar de las obras y el juez la concedió. Se está a la espera de contrastar la aportación del Cabildo Insular o de la Comisión Insular de Patrimonio. El colectivo ha defendido sin reservas la conservación del muro pero, habiendo interpretado que no es una razón exclusiva y que hasta las administraciones podrían terminar cediendo, sigue contemplando el resto de la actuación con una visión crítica. Con un cierto pragmatismo: no se opone a la rehabilitación, a la mejora de aquellos elementos susceptibles de reposición o reparación. Lo que quiere es que se respeten los propios, los identificativos: lo que quiere es evitar destrucción que dé paso a innovaciones que impacten negativamente.
En cualquier caso, la manifestación quiere ser un grito de ciudadanos, críticos con la actuación, con algunos criterios que la inspiran y con el procedimiento administrativo seguido.
Un grito para acreditar que algo se sigue moviendo en el Puerto.
miércoles, 2 de abril de 2014
A LA ESPERA DEL CONSTITUCIONAL
La Ley de Racionalización y
Sostenibilidad de la Administración Local (LRSAL) terminó donde se esperaba: en
el Tribunal Constitucional (TC). Lo habían anunciado distintas formaciones
políticas, casi desde su aprobación, y a medida que se fue conociendo su
contenido definitivo y han ido surgiendo dificultades prácticas de su
interpretación y aplicación, la voluntad fue acentuándose hasta terminar
materializando un recurso cuya resolución se espera ahora con verdadero
interés, incluso pensando en las próximas elecciones autonómicas y locales de
2015.
Hay algunos hechos en torno al itinerario seguido tras la
aprobación de la norma por parte del Gobierno y de la mayoría popular que
llaman la atención. Por ejemplo, que la Xunta de Galicia haya aprobado otra ley
específica ¡para interpretar la propia LRSAL! O que el Gobierno de Canarias
haya acordado con la Federación Canaria de Municipios la elaboración de unas
pautas para encontrar alternativa a las dudas y las trabas inspiradas por
técnicos y funcionarios a la hora de implementar determinados preceptos, sobre
régimen retributivo y sobre prestación de servicios sociales, pongamos por
caso. O que por primera vez en treinta y cinco años de democracia municipal en
nuestro país más de dos mil trescientos ayuntamientos, en representación de más
de dieciséis millones de ciudadanos, hayan presentado un recurso totalmente
inédito con un factor sustantivo relevante: defender la autonomía local que se
considera claramente vulnerada en el texto.
Un texto que, como hemos dicho en otros artículos sobre
el particular, restringe competencias a los ayuntamientos y deja abiertas las
puertas a la privatización de los servicios sociales, en una suerte de último
nicho de negocios que restaba al sector privado. No es ya el deterioro sino el
desmantelamiento mismo de estructuras y redes de servicios que las
instituciones locales idearon y pusieron en marcha con gran esfuerzo -mientras
el sector privado se entretenía en otros negocios más jugosos, más directos y
menos problemáticos que la atención a quienes de verdad la necesitan- para que
los vecinos, siquiera por el principio de la proximidad, encontraran un refugio
al que acudir, un espacio de consuelo y de atención que ahora podrán seguir
utilizando solo que, probablemente, pagando de su bolsillo tasas y tarifas por
prestaciones. Unas serán más caras, por supuesto. Y no hay garantía de que la
mayoría ofrezcan la misma calidad que hasta ahora. Serán los ayuntamientos
pequeños, los de menos de veinte mil habitantes para situarnos, los que más
sufran las consecuencias en este marco de los servicios sociales. Al producirse
un traspaso universal de competencias a diputaciones, cabildos y consejos
insulares, asistiremos a un reajuste de tarifas y precios públicos que aseguren
los beneficios de las empresas y las subidas tributarias a las familias.
Recordemos que el Consejo de Estado ya emitió en su día
un dictamen sobre los contenidos de la norma. El Gobierno salía malparado pero
siguió adelante pues la máquina reformista no se detiene ni aun con informes
públicos de instituciones a las que se consulta su parecer. Ahora es el TC el
que tiene la palabra. Será determinante su parecer con vistas al futuro de los
ayuntamientos, pensando, además, en que la mismísima Carta Europea de Autonomía
Local a la que suelen recurrir algunos municipalistas para hacer valer sus
posiciones también se ve lesionada.
Mientras tanto, es inevitable pensar en las entidades
locales como subordinadas de otras administraciones públicas que, por mor de
una reasignación, hayan pasado a ser las titulares del listado competencial que
caracterizó durante varios mandatos el desenvolvimiento de los ayuntamientos.
El recurso ante el TC es ampliamente representativo de
una mayoría social. No es una razón para sentirse excesivamente optimistas a la
hora de su resolución pero no puede ser que tanta gente ande tan descabellada a
la hora de pensar que los centros de poder político más cercanos a la
ciudadanía se van a ver privados de autonomía, de financiación, de recursos y
de instrumentos para solventar demandas y necesidades primarias.
martes, 1 de abril de 2014
DE FUENTES, AGRESIONES Y LIBERACIONES
La liberación de Javier
Espinosa y Ricardo García Vilanova, los periodistas españoles del diario El Mundo secuestrados en Siria durante
más de seis meses, llenó el domingo de una inusitada alegría no solo en su
redacción sino en todos los ámbitos periodísticos y entre sus familiares. Era
el punto final a un largo período de incertidumbre, de desconocimiento de la
suerte que habían corrido quienes habían escogido un escenario bélico, uno más,
para contar el ardor y las atrocidades.
Hay que congratularse de la noticia, naturalmente, sobre
todo después de otros hechos ocurridos durante la semana que tuvieron también
en la órbita de la comunicación unas destacadas referencias, algunas nada gratificantes.
En Madrid, por ejemplo, se registraron algunas agresiones
policiales a reporteros que cubrían manifestaciones de protesta. Efectivos
antidisturbios, en efecto, llegaron a amenazar, persiguieron y empujaron a
informadores, redactores y gráficos, que estaban allí para ver qué sucedía y
contarlo. Es decir, cumplían con su deber. Hay pruebas videográficas de lo
ocurrido, pruebas que ponen de relieve el riesgo de estos cometidos
profesionales. Cierto que aún estaban frescas las secuelas del final de las denominadas
‘Marchas por la dignidad’ -¿a quién interesaba que las reventaran, con aquella
violentísima y deplorable terminación?- y podía pensarse, por tanto, que un
nuevo escenario de escarceos, golpes, enfrentamientos y quebrantos se iba a
desarrollar; pero ello no significaba que eran los representantes de los medios
de comunicación quienes habrían de pagar los vidrios rotos, nunca mejor
empleada la tópica expresión. A este paso, los periodistas van a ser vistos, en
manifestaciones o concentraciones, como enemigos. Peligro.
Y como no hay dos sin tres, un suceso que terminó no
siéndolo en las cercanías de la costa sur de Gran Canaria, un avión flotaba
sobre el mar, encendió nuevamente el debate de la inmediatez y del papel de las
redes sociales. Aunque esta vez no puede culparse a medios o periodistas
concretos que, en todo caso, ante la magnitud del hipotético suceso,
hicieron lo que debían: tratar de
confirmar lo que se decía había ocurrido en fuentes oficiales. Éstas ya habían
activado los resortes de cierta difusión, después de las llamadas recibidas y
las transmisiones de información efectuadas, por lo que durante un tiempo, con
la ansiedad propia de estos casos, se trabajó sobre el insólito hecho de un
avión (omitamos los detalles) que flotaba en el mar. La controversia, cuando se
comprobó la realidad del buque que remolcaba, estaba servida. Queda el consuelo
de saber -si así puede denominarse- que los protocolos y la puesta en marcha de
los dispositivos fueron activados de inmediato.
De este caso, un apartado: el de la inmediatez o
instantaneidad de las que nos henos ocupado en algún comentario anterior. Está
claro que, de haber sido cierta, esta noticia es de las que hay que
transmitirla, sobre todo por las consecuencias que hubiera tenido. Y quienes
están en el trance de ofrecerla, entre apremios, trataron de verificarla en
fuentes oficiales, es decir, entre quienes se supone que estaban en condiciones
de decir sí o no, de qué se trata, cuándo y en qué punto. Llámese negligencia o
malentendido, lo cierto es que se dio lugar a una situación insólita y hasta
ridícula. Aunque nadie la hubiera deseado, desde luego.
Sostienen periodistas y directores veteranos que la
noticia hay que contrastarla al menos por tres fuentes diferentes. Leopoldo
Fernández, ex director de Diario de
Avisos, por ejemplo, cuenta que en etapa de Europa Press, anticipó en noviembre de 1975 la noticia del
fallecimiento de Franco. Al instante recibió una llamada del ministro León
Herrera: “Te has precipitado. El caudillo está aún vivo”, le dijo. Fernández
refutó: “Lo siento ministro pero tengo tres fuentes donde puedo confirmarlo”. Y
por ello transmitió el teletipo.
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