El anticipo publicado vaticina interesantes contenidos y hasta alternativas de trabajo. Si nos apuran, hasta enseñanzas para tener en cuenta después de las elecciones del próximo mes de mayo. Independientemente de los resultados, donde más se notan los cambios en la política de nuestro tiempo es en el empleo de las redes de ciudadanía y en un concepto de lo público, desarrollado y exigido desde el propio funcionamiento de la Administración, lo que otorga a estas investigaciones un alto valor científico que, de llevarse a la práctica, favorecerá un mejor funcionamiento del sistema y resultará todo un antídoto para vicios, oscurantismos y corruptelas.
Se trata de un estudio denominado Mapa InfoParticip@, promovido por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y desarrollado en las islas por investigadores de la Universidad de La Laguna (ULL), coordinados por el profesor Samuel Toledano y que será presentado mañana martes en el Cabildo Insular de Tenerife. La investigación consiste en un análisis de la transparencia en los portales digitales de los ochenta y ocho Canarias ayuntamientos de la Comunidad Autónoma de Canarias.
Una excesiva politización de los sitios web promovidos por los responsables municipales parece ser uno de los puntos débiles de sus contenidos. A la espera de conocer estos con más detalle, tampoco debería sorprender demasiado. Otra cosa es que ese elevado grado de política tenga un sesgo descarado o reste espacio a otros aspectos informativos que serían de indudable interés. Es un viejo debate que se abrió en algunas redacciones a principios de los ochenta, cuando los dispositivos de comunicación de las instituciones, aún sin contar con los ingentes recursos de hoy en día, casi apabullaron con la información política y fueron relegando a segundos planos las secciones de otra naturaleza.
Hay otra opción: que tamaña abundancia se haga en detrimento, en el mismo sitio web, de elementos que son clave para contrastar la transparencia con que un gobierno local se distingue. Si así fuera, hay alternativas de corrección. Un dato da a entender que el nudo del problema estriba ahí: los ayuntamientos canarios presentan una media de menos de un 30% de cumplimiento de los indicadores establecidos para medir la información que facilitan a los habitantes. Claro que, una vez detectado el problema, cuando se convierte el sitio web en “una herramienta de propaganda para el propio grupo de gobierno”, según consigna el estudio de la UAB, asistiremos a una clara desnaturalización de lo que es una prestación más, y no menos importante, al servicio de los ciudadanos.
Por fortuna, también hay soluciones, alguna puesta ya en práctica en consistorios donde han alcanzado un acuerdo político para distribuir el espacio, de manera proporcional, sin perjuicio de la información básica de rango institucional cuya inserción se da por hecha.
Otro factor que en este trabajo de investigación se considera relevante es la muy escasa disponibilidad de cauces claros y prácticos que impulsen la participación ciudadana en asuntos que interesan a los administrados, desde planes generales o sectoriales a aprobación de presupuestos y modificación de ordenanzas de todo tipo. Preocupante que se hable de ello como una carencia de “la práctica totalidad” de las instituciones locales.
Que no resten importancia a la asignatura en las próximas ofertas programáticas. La transparencia, como el pluralismo, se demuestra con hechos. Y tal como exige la política, sobre todo pensando en recuperar credibilidad, mucho más.
martes, 13 de enero de 2015
lunes, 12 de enero de 2015
ERTE EN EL LAGO
Algo ha estado ocurriendo en el
complejo turístico ‘Costa Martiánez’ y ha trascendido ahora, a poco más de cien
días de las próximas elecciones municipales, cuando los grupos de oposición -en
una de sus escasas iniciativas conjuntas que, de haberse prodigado, hubieran
hecho menos plácido el mandato al bipartito, al menos desde el ángulo de la
fiscalización- han denunciado la aplicación de un Expediente de Regulación
Temporal de Empleo (ERTE) por parte de la empresa concesionaria de los
servicios de bares y restauración. Los datos asustan: el ERTE reduciría al
cincuenta por ciento la jornada laboral de 35 de los 48 empleados durante un
período de veinte meses en los dos próximos años.
Sería bueno conocer los actos del procedimiento
administrativo seguido para operar los cambios en el modelo de gestión del
complejo, sobre todo, qué órganos institucionales los adoptaron, si se partió
de un concurso libre para la mejor defensa de los intereses municipales y si,
convocado aquél o utilizada alguna otra figura de esas que los técnicos tienen
a mano para situaciones que requieren de soluciones de emergencia, las
decisiones son consecuentes, no solo
desde el punto de vista jurídico-administrativo sino también desde el ángulo
político. Desde luego, hasta donde alcanza la memoria, los mismos grupos de
oposición que ahora critican el ERTE no plantearon iniciativas para saber, a
ciencia cierta, qué estaba fraguándose en el complejo sobre el que planeaba la
alargada y no escondida sombra de la privatización. El gobierno local, mientras
tanto, a lo suyo: cuanto menos se sepa, mejor. Si se da idea de normalidad en
el funcionamiento, con inserciones publicitarias, estupendo.
Independientemente de las circunstancias, los hechos dan a
entender que estamos ante otra prueba del fracaso de una continuada política de
privatizaciones o gestión indirecta de algunos servicios públicos. Otra
demostración de que el sector privado ni es la panacea ni gestiona mejor. Lo
que ocurre es que el complejo era el último bastión, la joya de la corona, con
sus valores sentimentales e identitarios. Y era normal defenderlos de ciertas
fiebres con todas las consecuencias. De ahí, nuestra postura de oposición
frontal con la que logramos frenar en su día una voluntad política que estaba
cantada. Si, como dice la oposición, la empresa concesionaria adeuda unos
ochocientos mil euros a la Seguridad Social, hay que preguntar qué negocio ha
hecho el Ayuntamiento con esta fórmula que desahoga un ERTE con la natural
inestabilidad para los trabajadores. ¿Cuánto ha ingresado la administración
local a partir de un supuesto canon o de un acuerdo sucedáneo supuestamente
contratado?
Lo que va de ayer a hoy: los récords y el prestigio de otrora
dejan paso a imposibilidad manifiesta de gestionar con garantías los centros de
producción. Y eso que se los dan hechos.
viernes, 9 de enero de 2015
BANCA INDECENTE
Hay focos puestos sobre la actividad judicial en La Laguna. Si desde el punto de vista político y desde el propio funcionamiento del sistema es importante el que se aplica sobre el alcalde, Fernando Clavijo, no debe pasar inadvertido otro resuelto con una sentencia condenatoria a Bankia, que vendió varios productos de riesgo a una anciana invidente y sin estudios sin explicarle adecuadamente las características hasta acabar con sus ahorros de toda una vida.
La titular del Juzgado de Primera Instancia de La Laguna, Pilar Olmedo López, aprecia, en su resolución, vicios de consentimiento una vez comprobado que las transacciones fueron formalizadas sin prestar a la clienta la información adecuada para dar por válido este tipo de actos, según regula la normativa específica. La juez Olmedo declara la nulidad de los contratos suscritos y ordena la restitución de las prestaciones recíprocas, con expresa condena en costas a la parte demandada.
El caso es merecedor, desde luego, de una reflexión sobre la falta de escrúpulos, del capital o de la banca, que llega a extremos de comportarse con personas discapacitadas de la manera que ocurrió en La Laguna. Esa falta de humanismo no puede ser tan horrorosa. Las personas merecen un respeto y sus recursos, muchos o pocos, más todavía, sobre todo cuando los confías o depositas a una entidad bancaria.
De modo que la condena judicial tiene que ir acompañada de una reprobación en toda regla. Es una falta de ética, es una inmoralidad. Cabe preguntarse cuántos casos así más o de cuántos no nos hemos enterado, sencillamente, porque los afectados no tuvieron ni ánimo para pleitear después de haber sufrido este auténtico atraco a sus ahorros, con los que seguramente querría llegar a su vejez.
Mucho, desde luego, mucho tiene que hacer el sector, la banca, para recuperar credibilidad, para humanizar sus relaciones con tal de fidelizar su clientela o captarla. Que su lenguaje publicitario esté cargado durante los últimos tiempos de mensajes subliminales, muy en consonancia con los del poder político, se acepta como una estrategia más de expansión y de vanguardismo. Pero si hablan de cercanía, de proximidad o de confianza, que tengan la decencia de no engañar de mala forma como ha ocurrido con esa pobre ciudadana lagunera, a la que, menos mal, la justicia ha reparado.
jueves, 8 de enero de 2015
EL FANATISMO CERRIL
No se puede ser insensible a la matanza de París. El fanatismo cerril no entiende de libertades. El fundamentalismo aniquila desde sus propias vísceras porque lo inspira la venganza, el odio, el radicalismo violento... Todo da a entender que el modelo de integración va camino del fracaso, si no ha fracasado ya. El suceso, que es todo un acto terrorista, agravará las circunstancias sociales y políticas que concurren en el país galo. Los demás países de la vieja Europa quedan alertados: por ahora, la seguridad se impone, inevitablemente, a la libertad, principalmente con restricciones a los flujos de inmigración, sobre todo, la musulmana.
En ese marco, es difícil hablar de alternativa. Quienes lo sugirieron, en forma de Alianza de Civilizaciones, fueron criticados o incomprendidos. En Francia, y en el resto del mundo, se ven amenazados -volvemos a los extraordinarios dispositivos de seguridad- y las sociedades acentuarán su temor y sus reivindicaciones. Si ha fracasado la integración, será difícil que triunfe la asimilación o algo parecido.
Porque el fanatismo cerril no entiende de libertades, máxime cuando asesina en nombre de Alá. Eso es un peligro público: he ahí el problema, máxime si se prueba que la acción está sustentada en una trama terrorista.
miércoles, 7 de enero de 2015
DESIGUALDADES EDUCATIVAS
Los Presupuestos Generales del Estado para el presente ejercicio en materia educativa significan, según fuentes de la consejería del ramo del Gobierno de Canarias, la consagración de la desigualdad de oportunidades. Hay dos datos sobre los que sustanciar tal aseveración: por un lado, una dotación por habitante que es noventa y ocho euros inferior a la media establecida para las comunidades autónomas españolas; y por otro, para que Canarias pudiera alcanzar la financiación media nacional en el ámbito educativo debería recibir una transferencia presupuestaria de doscientos cuarenta millones de euros.
O sea, que se agota la legislatura y las restricciones siguen preponderando. Cuando las sufren la educación, hay motivos sobrados para preocuparse. El ejecutivo autonómico, hay que reconocerlo, ha hecho un esfuerzo considerable en defensa de un modelo público de calidad: en dirección contraria a los recortes del Gobierno de la nación, ha ido incrementando los recursos presupuestarios para dar una respuesta consecuente con la demanda educativa.
Donde se nota de verdad la reducción de asignaciones presupuestarias es en los Programas de Cooperación Territorial. Este otro registro es revelador: en el año 2011, en el último gobierno socialista, esta partida específica para Canarias ascendía a sesenta y siete millones y medio de euros. Las rebajas aplicadas en los sucesivos ejercicios presupuestarios han concluido con que para 2015 no existan consignaciones con carácter territorial.
El ministro Wert hace tiempo que se retiró del primer plano, tras sufrir en público severos desplantes. Con las restricciones producidas en Canarias tampoco cosechará aplausos, desde luego. Las desigualdades son notorias.
martes, 6 de enero de 2015
CAUTELA FRENTE AL TRIUNFALISMO
Uno es de los que piensa que la estrategia de comunicación del Partido Popular no puede estar reducida a los simplismos del y tú más; donde las dan las toman; demos de la propia medicina; si allí argumentan blanco, digamos negro y hay que dar la vuelta a las cosas, pase lo que pase. Que no haya autocrítica, puede entenderse (¿Cuándo la hizo la derecha?). Que hay situaciones difíciles de justificar, también. Pero que todo se solvente con el espíritu de lo contrario y cuanto peor, mejor, parece poco propio de partido gubernamental.
Máxime cuando se trata de un problema de las dimensiones del desempleo. Hay tanta carga humana que cuesta aceptar que se instrumentalice sin reparar en gastos, confirmando que en política todo vale. Acaba de suceder con los recientes registros del paro y de cotizaciones a la Seguridad Social dados a conocer en vísperas de la Epifanía. Nos alegramos todos del descenso y del cambio de tendencia, de verdad. Hasta se pudiera aceptar alguna interpretación favorable. Pero de ahí a sacar pecho...
Lo hizo el Partido Popular reproduciendo una fotografía del entonces candidato Rajoy, posando en el exterior de una oficina del INEM con la leyenda "Con Rajoy bajará el paro". Está muy necesitado de verdades el PP y ésta es una de las que se apresura a proclamar. Porque le favorecen los datos, claro. Pero, ¿qué sucederá si se invierte la tendencia? ¿Y si vuelven las cifras negativas? ¿Se esconderán los ministros? ¿Tendrán que salir a la palestra los segundos espadas?
No es un problema de táctica manejada a conveniencia. Es una cuestión estructural que requiere de soluciones. Y con mucho de humanismo en sus entretelas, hasta el punto de que cualquier declaración sobre el particular puede herir sensibilidades. Luego, conviene administrar con cautela y realismo esos registros periódicos. Sobre todo, cuando se profundiza en las circunstancias que caracterizan un crecimiento para que se contraste que no es positivo todo lo que reluce.
Y es que el triunfalismo, cuando son tantos los que siguen pendientes de encontrar un puesto de trabajo, duele una enormidad. Ya solo queda escuchar a algún empresario decir "y ahora, que rebajen los sueldos y misión cumplida".
lunes, 5 de enero de 2015
OPERADORES DE CONTROL RADIOFÓNICO
Estaban
al otro lado del estudio. De la pecera, según se decía en el argot.
Tenían sus turnos. Y eran estrictos. Y es que la puntualidad en la
emisión, en todos los órdenes, dependía de ellos. Trabajaban en
solitario o atendían por parejas, según la capacidad de los
estudios o la operabilidad de éstos, principalmente para grabar. A
menudo, por exigencias o por circunstancias, atendían los dos
frentes a la vez. Encima, controlaban el horario de la emisión
publicitaria. Y el teléfono. Atendían las visitas. Y firmaban las
entregas de los encargos.
Los
operadores de control eran los anónimos de la radio. Les conocía
muy poca gente. Todo lo más, sus nombres, que los locutores,
relatores o conductores mencionaban de vez en cuando, siquiera para
hacerles alguna indicación, en directo si fuera menester. Los
operadores iban acumulando destreza a medida que la radio crecía o
iba incorporando nuevas fórmulas, nuevas voces, nuevos esquemas de
realización. Era un aprendizaje permanente el suyo: sabían que un
fallo suyo podía echar a perder todo un programa o toda una
transmisión. Por lo tanto, hablamos de un celo permanente, de
personas que debían estar concentradas para su mejor ejecución
profesional.
Los
operadores debían estar al tanto de las novedades musicales. Algunos
se especializaban y distinguían perfectamente los instrumentales y
las bandas sonoras cinematográficas. Escuchaban atentamente para
seleccionar fragmentos que luego utilizaban en grabaciones de cuñas
musicales, por ejemplo, o para seleccionar sintonías de programas.
También servían para ráfagas o cortinas musicales separadoras. Los
más esmerados llegaban a hacer mezclas y fusiones de resultados
envidiables, a veces irrepetibles si no se grababan. Posiblemente,
fueron los primeros musicalizadores.
El
gran reto era los programas en directo, especialmente los deportivos.
Los preliminares de las transmisiones de convirtieron en un sufrido
preparatorio, simplemente para acceder, mediante la mesa de pruebas,
a la conexión con la línea microfónica previamente solicitada a la
Compañía Telefónica Nacional de España (CTNE). Las calidades de
la señal eran muy variables. Dependían del equipo de transmisión,
el célebre ITAME o los de fabricación casera, de los dos o de los
cuatro hilos, del retorno o del sin retorno. Ya avanzados los años
ochenta, los primeros avances tecnológicos propiciaron la
introducción de inalámbricos o de emisores autónomos, muy aptos
para acontecimientos que se desarrollaban en distintos puntos, y que
sorteban los canales convencionales. Ahí siempre llevó la
delantera, con más recursos materiales y técnicos, Radio Nacional
de España, en Canarias el Centro Emisor del Atlántico.
Los
operadores de control abrían y cerraban las emisoras. Tenían las
llaves, pues. Algunos preparaban con antelación las programaciones
del día, con sus horarios, por supuesto. Las conocían de memoria.
Su intervención era determinante cuando había programas en cadena y
en directo en los que era factible desconectar para dar paso a
publicidad o información local, ofrecida esta telefónicamente desde
algún recinto deportivo de la capital o del interior (Tiempo
de juego, en
la COPE, fue, en ese sentido, un admirable ejemplo de realización
radiofónica). Radio Juventud, luego Radio Cadena Española, tambien
hizo realizaciones similares. Hasta que los aires vanguardistas de
Radio Club Tenerife (SER) soplaron hacia coberturas más amplias.
Las
grabaciones requerían de oficio y buen hacer. Les gustaba que
salieran a la primera pero si se producía alguna imperfección, en
seguida volvían a intentarlo. Trabajaron durante muchos años con
magnetoscopios y aparatos de reproducción que también requerían de
destreza, sobre todo, para que no se averiasen. Cuando alguno se
trababa o cuando la aguja del disco no superaba el surco, la mano del
operador era decisiva.
No les
gustaba mucho (para no distraerse, seguro) hacer tareas al margen de
su cometido, como tomar los primeros datos de un accidente, de una
esquela o de una información, de un nombre o de un simple número
telefónico. El ejercicio se hizo a veces tan rutinario o tan
mecanicista que, en ciertas ocasiones, rompía todos los esquemas.
Como ocurrió aquella vez en COPE Tenerife, cuando un operador daba
paso a un corresponsal en La Palma. “Cuenta cinco y adelante”, le
indicaba. No entraba. No se escuchaba nada. Así, hasta tres veces.
Cuando ya con evidente malestar le preguntó si no le oía, por qué
no hablaba, fue replicado: “¿Cómo que cinco y adelante si esta es
la fábrica de piensos?”. Evidentemente, el operador había
repetido la marcación telefónica de manera equivocada.
Seguro que
anécdotas como ésta hay muchas, más o menos graciosas, más o
menos trascendentes o que hayan repercutido en los resultados del
trabajo. Pero lo cierto es que el papel de los operadores de control
en las emisoras de radio ha sido sobresaliente. Sin que se notara.
sábado, 3 de enero de 2015
ESPACIOS URBANOS DONDE JUGAR
Había que jugar donde fuese. Cualquier lugar era bueno, más o menos
largo, más o menos estrecho. Dos piedras como porterías. Claro: un solo campo
de fútbol, El Peñón; sin más canchas, sin polideportivos. Y había que dar
rienda suelta a la afición, a la ilusión, al triunfo efímero, aunque los
partidos fuesen a doce goles. Entonces se jugaba allí, en espacios urbanos
públicos, en calles, solares o descampados. Con ganas, con lágrimas incluso por
quedarse fuera, con propensión a romper calzado o los pimeros pantalones
largos. Se jugaba en horarios nada reglados, casi siempre a la salida del
colegio. O al mediodía de los sábados. Hasta las tantas, hasta que se hacía de
noche...
Fútbol de niños y de
adolescentes. Juegos en la calle, donde se respirase tierra o donde una caída
mal calculada era, cuando menos, un rasguño seguro. Y además, el temor de que
aparecieran los guardias -¡los celadores!, gritábamos al divisarles- para
interrumpir el apasionante partido. Cuando llegaban a pie o en motocicleta, ya
entrados los años sesenta, coger la pelota o el balón y pies en polvorosa.
Había que huir, había que sortear su aparición, corriendo por calles o fincas
poco frecuentadas, introduciéndose en zaguanes y casas y aguardar que siguieran
otro rumbo. Evitar la pérdida del balón, la reprimenda de la autoridad y hasta
la familiar: ese era el objetivo. Puede que la pena máxima, en algunos casos,
fuera la imposición de una sanción.
Ahora, en la España del siglo
XXI, hacer eso mismo está penalizado. Entre cien y seiscientos euros. Hay más
lugares donde jugar, cierto; pero molestar, impedir el paso, poner en riesgo la
integridad física, un balonazo, allí donde no esté autorizado, cuesta la citada
cantidad con arreglo a una ley que llaman 'mordaza'. En efecto, tiene rango legal
la cosa.
En aquel Puerto que
despertaba al turismo, donde el deporte tenía el déficit de las
infraestructuras, las calles o los solares eran la alternativa. Espacios
urbanos donde jugar, donde crecer, émulos de figuras legendarias, de ídolos
locales, donde soñar con llegar un día a jugar en El Peñón o en aquel tan
lejano para muchos de nosotros como era el 'Heliodoro'.
Recordemos la Cruz del Pino,
camino de piedras anchas que desembocaba en el antiguo cuartel de la Guardia
Civil, cuyas parejas pasaban, por cierto, y nadie interrumpía nada. Un poco más
arriba, los vecinos promovieron el tratamiento con cemento de la prolongación
de la calle Pérez Zamora y allí jugaron los niños y jóvenes de la zona,
principalmente los domingos por la mañana. Se llamaba “La pista”. El estrecho
tramo de la calle Mequinez comprendido entre Perdomo y Pérez Zamora, junto a
“La piedra pómez” convertida en garaje vigilado, y al que pomposamente
denominaron sobre la pared del garaje de transportes de Hernández Hermanos,
estadio “Los Burros”, donde apoyarse en la pared para un autopase era todo un
recurso técnico. La calle Lomo, hasta que empezó a circular la guagua que venía
de Punta Brava. En Puerto Viejo, antes de San Borondón, hubo también canchas de
tierra donde las tardes cortas de invierno alternaban los más pequeños con los
mayores.
El campo más céntrico era el
espacio de la plaza del Charco, donde se concentraban decenas de personas para
seguir los partidos de chicos y donde las porterías eran los postes cilíndricos
de los aros de baloncesto. La lluvia encharcaba, vaya que sí, y entonces valían
los remiendos de arena traída del muelle. Hasta por la noche se jugaba en
aquella cancha que vio crecer a excelentes jugadores de Puerto Cruz. Cuando
instalaban los cochitos de feria y otras atracciones, había que buscar otros
sitios. La plaza de la Iglesia, por ejemplo, junto a los accesos laterales
de la Peña de Francia, válidos también
para juegos como el brylé o el pañuelo, practicados con las chicas al salir de
los colegios cercanos. Muy cerca quedaban las plataformas de El Penitente, no
importaba su forma poligonal o su cercanía al borde del antiguo embarcadero.
Allí supimos lo que eran las pelotas de badana o de trapo, envueltas en una
media de mujer.
Cuando los grandes 'ocupaban'
El Penitente, descubrimos El Lomito, también llamado El Pilongo. La expansión
de Martiánez en búsqueda de una conexión con el centro urbano posibilitó
durante meses terrenos de tierra a los que llegamos a añadir unas rudimentarias
porterías de palo. Muy cerca, en casa
que era de su propiedad, estaba “el césped” de 'Pique' Fernández, donde se
fraguó el célebre Tim Playa en inolvidables tardes de sábado. Allí supimos lo
que era el 'recogepelotas', a la espera de una oportunidad.
Y tres espacios más que
durante años fueron utilizados como campos de fútbol. Cuando hicieron los
movimientos de tierras de los polígonos, surgió el solar donde hoy se ubica la
abandonada estación de guaguas. Cuando TITSA fue colocando allí su flota,
activa y la de desgüace, la cancha se fue reduciendo hasta desaparecer.
Entonces los usuarios se
fueron al descampado donde fue construido el hotel El Tope. Allí, los sábados
por la tarde, se jugaba sin reserva, algunos pensando en el reparador baño en
San Telmo.
Y el tercer solar al que
aludimos fue el resultante de otros movimientos de tierra, en la entonces
conocida como “La marea”, donde quedaron sepultados el Charco Cha Paula, la
Restinga y el matadero. Estamos en la trasera de Mequinez: alli surgió el campo 'Ramón Torres', el
nombre de un personaje local muy popular que presumía de tocar la armónica -a
la que llamaba machete- y al que concedían el honor, por cierto, de arbitrar
los encuentros. Con el paso de los años, ampliaron y habilitaron los terrenos
para su homologación.
Allí, en todos esos espacios,
se jugaba. Y seguro que en otros que no conocimos, allí también quedó una parte
de la pequeña historia del fútbol portuense.
viernes, 2 de enero de 2015
jueves, 1 de enero de 2015
1 DE ENERO
Hay coches que circulan con volumen
musical elevado. Grupos de jóvenes con atuendos de fiesta caminan en busca de
desayunos reparadores o de taxis que no encuentran. Otros esperan pacientemente
ser atendidos en la farmacia de guardia.
Los operarios de los servicios de limpieza inician su trabajo sabedores
de lo que les espera. Huele a orines en esquinas y rincones. Abren sus puertas
las cafeterías que las cerraron no mucho más allá de la medianoche. El sol
busca camino mientras clarea. El mar puede aguardar. A lo lejos se percibe el
sonido de un transistor. Algún despistado espera la apertura de quioscos pero
hoy no hay periódicos. En la primera misa del año no están los habituales. Hay
felicitaciones repartidas entre besos y apretones de manos. Los deseos de salud
y bienestar se multiplican. El concierto televisado empieza puntualmente…
Entonces, es 1 de enero, sin duda.
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