martes, 12 de enero de 2016

LAS PIEDRAS TIENEN QUIEN LAS ESCUCHE

El documental es, sencillamente, un acto de justicia. Justicia de reconocimiento social a un portuense insigne, a uno de los portuenses más importantes del siglo XX y de comienzos del XXI. La sala 'Timanfaya', llena. Jaime Coello, nieto, empeñado desde la sobriedad, en remarcar el mensaje del abuelo. David Baute, director del documental, orgulloso de su obra sin confesarlo. El silencio de la sala -solo interrumpido con los aplausos del final de la proyección- que se podía cortar con cualquiera de las piedras que eran escuchadas por Telesforo Bravo (1913-2002) a lo largo de todo un compromiso pegado -pero pegado, ¡eh!- a la Naturaleza, con mayúsculas, su vida  y el medio, allí donde nunca faltaron energías para estudiar e investigar, para contrastar que nada más hermoso y edificante que transitar por los inacabables caminos de la geología y del saber científico.

         El Puerto de la Cruz no se había portado bien con Telesforo Bravo hasta que la fundación que lleva su nombre se empeñó en este impresionante testimonio cinematográfico que rinde tributo a su memoria, a su vida y a su obra. Fue proyectado en dos sesiones el pasado domingo, acaso el mejor remate de las celebraciones navideñas, año nuevo y Reyes. Un verdadero regalo para quienes pulsaron su sabiduría y para quienes, sin conocerle directamente, especialmente las generaciones más jóvenes, ya saben de una referencia que se puede estudiar y contrastar en los ochenta minutos de un documental que responde a la sana ambición de perpetuar el compromiso de Bravo.

         Su familia, su juventud, sus vicisitudes, sus viajes, sus experiencias, sus incursiones, su humildad, su socarronería, sus descubrimientos, la admiración de colegas y compañeros, sus fotografías, sus diapositivas, su apego a la ciudad que le vio nacer, sus afanes… David Baute hace de esta producción de la Fundación CajaCanarias y Tinglado Film una recreación de lo que significó el eminente científico para la naturaleza canaria, tan maltratada, y a la que él defendió sin reservas y sin alharacas, simplemente poniendo lo que había que poner. Hay escenas entrañables y hay efectos sobrecogedores: las palabras del catedrático lagunero, su dedicación, el empeño, la figura del naturalista militante en medio de la impresionante paisajística, de las islas o de Irán, de las entrañas donde se alumbra el agua, sus predicciones… van desgranándose convenientemente secuenciadas entre testimonios de familiares y colegas que describen su personalidad humana y científica.

         La sala se llenó de un aplauso atronador cuando sobre la pantalla aparecieron los títulos de crédito. Abandonamos el recinto con la impresión de que, por fin, se había hecho justicia con el hombre que escuchaba a las piedras, con el viejo profesor al que siempre agradeceremos aquel sabio consejo, transmitido personalmente, para evitar la instalación de un teleférico que uniese La Paz con Martiánez por la agresión a la construcción basáltica y por el impacto visual de muy dudosa estética. El mismo catedrático que una madrugada, tras haber temblado la isla, fue capaz de tranquilizar a la población en las ondas radiofónicas  cuando ya se habían desatado las primeras escenas de histeria.

         Salimos de allí tan emocionados como los alumnos que volvieron a sentirse como tales y como los profesores y los trabajadores del campo o del subsuelo que, en el documental, opinaron con el debido y sincero rigor sobre quien no merecía el olvido.

         Las piedras, ahora, ya saben que siempre les quedará Telesforo Bravo.


lunes, 11 de enero de 2016

LA PRENSA, OVACIONADA

En Venezuela, desde la ya célebre derrota electoral de la revolución, vienen sucediéndose muchas cosas, algunas verdaderamente insólitas, como aquel episodio, tan significativo como emotivo, producido en la agitada constitución de la Asamblea Nacional (AN) legislativa, salida de los comicios del pasado mes de diciembre. Cuando el veterano parlamentario Omar Barboza anunciaba la candidatura para la dirección de la cámara y la elaboración de sus primeras leyes, dedicó unas sentidas palabras de bienvenida y recepción a los representantes de los medios de comunicación tanto nacionales como extranjeros que fueron rubricadas, puestas en pie sus señorías, con una sonora ovación que se prolongó por unos treinta segundos. Durante este tiempo, los periodistas fueron los más importantes en la sede institucional.

         Acostumbrados como estamos a que la prensa sea maltratada e incluso vilipendiada en algunos ámbitos, el hecho entraña la relevancia de registrarse en un momento sociohistórico en el devenir de aquel país que se prepara para una larga serie de incertidumbres, ojalá que solubles en un marco de respeto, diálogo y convivencia y al margen de violencias. No será fácil, desde luego, después de una larga etapa totalitaria, con las coyunturas y los apremios que caracterizan el desarrollo venezolano de estos tiempos.

         La ovación fue un reconocimiento al trabajo y al papel de la prensa que ha resistido durante esa etapa, cuando ha visto recortadas sus libertades, cuando ha tenido que padecer represalias y cortapisas de todo tipo y cuando los designios políticos modificaron sustancialmente el propio modelo de negocio. Algunas cabeceras cambiaron de titularidad para quedar al servicio de los mejores postores del régimen, en tanto otras desaparecían o forzosamente tenían que iniciar el proceso de supervivencia en el universo digital. Muchos periodistas, a título individual, también se vieron sensiblemente afectados en su ejercicio profesional.

         Fue una fecha gozosa para el país, con esa mención especial para la prensa que quiso respirar el aire fresco de la renovación democrática. En esa trinchera brilló el indeclinable parecer del profesor Ramón Guillermo Aveledo. Y era natural que fuera saludada con entusiasmo en medios como Tal Cual, de un terco e infatigable luchador por las libertades, Teodoro Petkoff, con un editorial en el que podía leerse: “Volvimos también los periodistas a las sesiones del Parlamento. Ya no podrán arrinconarnos en una sala anexa y negarnos el acceso a una fuente informativa tan importante en cualquier democracia como la Asamblea Nacional. Los debates serán vistos por diferentes ojos; el trabajo de las comisiones, también. Cuantas más alternativas, mejor. Otro punto muy positivo”.

         Los periodistas, más de trescientos, estaban allí para hacer uso de la libertad y para dar fe de lo que acontecía sin ataduras, sesgos ni imposiciones. Otros muchos, desde el exterior, siguieron atentamente los acontecimientos y las reacciones en la calle. Como tiene que ser en democracia, cumpliendo con ecuanimidad y responsabilidad, y respetando el Estado de derecho. Los representantes de los medios fueron notoriamente aplaudidos porque se era consciente de la resistencia indoblegable de algunos y del relevante cometido que han de desempeñar en el nuevo tiempo de Venezuela, es decir, para participar activamente en el escenario del pluralismo, para oponerse a los abusos, para fiscalizar la acción de los poderes políticos, para reivindicar transparencia y para sugerir, en el contexto de sus líneas editoriales, las alternativas que estimen adecuadas para contribuir a la defensa de los intereses generales y al engrandecimiento del país.

         Aquella ovación, desacostumbrada y memorable en las coordenadas de la comunicación de nuestros días, puso de relieve ese pensamiento que va más allá de una frase hecha: Sin libertad, no hay periodismo. Y sin periodismo, no hay democracia. Un imperativo categórico. Fueron treinta segundos de emoción incontenida, de transmisión de sentimientos que impulsan la ética y el compromiso responsable; en otras palabras, el amor por la profesión y la obra bien hecha.



sábado, 9 de enero de 2016

LA FLEMA DE ADRIÁN ÁLVAREZ

Impacta Adrián Álvarez Pérez con Flema, título de su primera exposición individual en Canarias, con el remozado Castillo San Felipe del Puerto de la Cruz como marco muy apropiado para la performance, tan llamativa, tan llena de sugerencias desde cualquier ángulo que se contemplase.
            Con los nervios propios del debutante,  Álvarez lanza una suerte de mensaje atrevido en sus acuarelas, en su solvente grafito y en su peculiar óleo. Hasta en los formatos sobre seda de sus collages. Allí quedan tanto los retratos de familia y de compañeros de estudios como su concepción del erotismo.
            Adrián Álvarez Pérez, acaso pensando en esa británica cualidad intangible, pone de relieve que, para afrontar los trances de una presentación pública de su capacidad creativa, hay diferentes maneras de expresar los sentimientos y las pasiones. En la mutiplicidad de su obra -son unos ochenta cuadros los que exhibe- se adivina una cierta frialdad de gestos pero también el calor de la osada policromía. Posiblemente, haya que añadir a su vocación artística la herencia de una historia o la continuación de unas maneras que se han forjado a partir de pautas sensibles de quienes iban por delante.
            Puede resultar paradójico, así las cosas, que el joven artista portuense beba de las fuentes del expresionismo alemán. Lo cierto es que exterioriza sus sentimientos sin reservas, sin la frialdad de quienes dicen tener la patente de la flema. Los firmes trazos de Álvarez son reveladores de su inspiración en autores autríacos como Egon Schiele, Oskar Kokoschka y, sobre todos, Gustav Klimt, autor del célebre El beso, sin olvidar al noruego Eduard Munch.

            Adrián Álvarez Pérez, que estudió su grado en Valencia e hizo el máster en Madrid, ya sabe que las expectativas abiertas en las anteriores exposiciones colectivas de San Francisco, París, Copenhague y Valencia, han causado en esta primera entrega individual en su tierra, al lado de los suyos, el impacto que significa desvelar los ricos valores artísticos que atesora. Ahora habrá de pulirlos, quién sabe si especializándose en algún género. Ahora, en todo caso, empieza a brillar con ese fulgor de los debutantes que revelan estar dispuestos a todo. Para eso tiene flema.

viernes, 8 de enero de 2016

UN PEQUEÑO MUY BIEN PAGADO

El pequeño Nicolás, un personaje que, en otro país, sería tomado en broma y, por consiguiente, los medios de comunicación no le concederían un tratamiento como el que viene recibiendo desde hace algún tiempo -en el que ha ocurrido de casi todo, para escarnio incluso de cierta política-, va a cobrar tres mil euros diarios por su participación en el programa Gran Hermano VIP, de Tele 5. Si le pagan allá él. Aquí también se han pagado cantidades fabulosas por futbolistas profesionales y pocos se escandalizan. Da igual que haya crisis o que la brecha de desigualdad se siga ampliando: hay quien vive del cuento -el pequeño Nicolás, por ejemplo- y hay quien explota el cuento hasta terminar elevando al protagonista a ciertos alturas.
        Pero son tres mil al día. Suena tan fuerte que escuece. No sabemos lo que hará y lo que deshará pero esa es la cantidad. Para un obrero, para un trabajador, para un pensionista, para un profesional,  para un investigador, para un opositor, no digamos para un desempleado de larga duración, es insultante, una desvergüenza, una inmoralidad. Y no hace falta adentrarse en vericuetos demagógicos. Cada quien abona a sus contratados lo que estime conveniente pero aquí la ética es asignatura ignorada. ¡Lo que hay que hacer para ganar audiencia! O lo que es igual, si para registrar audiencia, hay que llegar a esos extremos, es que los productos televisivos andan muy desajustados. Luego se quejan en el medio de que el personal se sienta asqueado o que  prolifere la expresión 'telebasura'.
        Con no verlo, es suficiente, se dirá. Y no falta razón, dentro de la libertad para escoger ante el pluralismo de la oferta. Pero no es eso: hechos como el que comentamos degradan y humillan. Es otro ejemplo de lo que significa crear mediáticamente el monstruo. Tras la creación, alimentarlo. Y así, va creciendo, no importan los dislates. Igual hasta hacen crecer la cotización. A fin de cuentas, ¿qué es una raya más para una cebra?
        Y mientras tanto, entretenidos con las vestimentas y las cabalgatas de Epifanía.

        ¡País!

jueves, 7 de enero de 2016

UTILIDAD Y VIGENCIA DE LA NOTA DE PRENSA

En el debate sobre las tendencias de la comunicación presentes y futuras, surge la cuestión de la nota de prensa. Si, de facto, ha muerto; o si sigue teniendo valor. Alguien va más lejos y se pregunta si ha muerto la susodicha.
         Nos alineamos con quienes creen en su utilidad y en su vigencia. En muchos ámbitos y aspectos, sigue siendo necesaria. La nota de prensa tiene que ser una fuente de referencia, especialmente para determinado tipo de medios. A partir de ella, pueden trabajar con certeza y dispensar al hecho noticioso el tratamiento periodístico que se quiera.
         Eso sí, la nota debe ser esencialmente informativa, estar bien redactada, ser clara y contener elementos esenciales. Las exigencias de los medios y de los consumidores de productos periodísticos obligan a cánones de eficacia, utilidad y personalización. Y es que los envíos masivos, como fórmula de transmisión informativa aprovechando adelantos tecnológicos y costos baratos, han mermado su valor y, si nos apuran, su credibilidad misma.
         Pablo Herreros, de “Goodwill Comunicación” admite que “la nota de prensa no ha muerto como soporte”. Y explica que hay que seguir confeccionándola “para que el periodista tenga de dónde tomar los datos principales de lo que quieras contarle”. El símil de Herreros es ilustrativo: “La nota ya no es una llave que abre cerraduras sino un reloj que, guardado en un cajón adecuado, sirve para que los periodistas miren en él el dato que buscan”. Y ya que lo emplea, piensa en un modelo como el iWatch, esto es, lleno de información, con multiplicidad de enlaces para ampliar, facilitar la transmisión y el acceso en tiempo real, así como para contactar con agilidad con portavoces y el mismo medio.
         Según este autor, en cualquier caso, la nota de prensa ya no es la herramienta por antonomasia. En un mundo que se desenvuelve a velocidad de vértigo, en una sociedad atiborrada de conductos mediáticos audiovisuales y digitales, “una nota de prensa tradicional tiene poco sentido”, remata Sergio Cortina, uno de los expertos en comunicación de la firma “Tinkle”, quien critica la escasa propensión a la actualización del formato.
         Cortina se esfuerza en aportar soluciones e incide en la personalización como uno de los valores para que la nota perviva o no muera del todo. Una sugerencia, bien transmitida personalmente, debe producir efectos interesantes hasta estimular el trabajo del redactor. “Como periodista -dice el experto- quiero recibir en mi correo cosas útiles y mucho más si hablamos de informaciones que, en la mayoría de los casos, no he solicitado expresamente”.
         De ello hay que interpretar que en la comunicación hay que ser creativos. Los cargos públicos per se, los gabinetes de compañías privadas e instituciones públicas han de esforzarse en crear, en dotarse de originalidad si escogen la nota de prensa como fórmula informativa o de comunicación. Se debe llamar la atención de los periodistas y cultivar con lealtad recíproca esa relación personal hasta conseguir el éxito, mejor dicho, el mejor resultado posible. Para lograrlo hay que huir de tópicos y envíos masificados.
         Lo dicho: la utilidad y la eficacia de la nota merecen un esfuerzo continuado de cualificación y superación.



miércoles, 6 de enero de 2016

MADUREZ SOCIALISTA

Antes, en las situaciones de crisis, los socialistas debatían internamente, sellaban los dientes, apelaban a la sensatez e invocaban el prurito de la responsabilidad histórica para salir del trance. Incluso, mientras la interesada lluvia mediática arreciaba, se encomendaban a un intangible sexto sentido que tenía mucho que ver con la madurez, la visión del día después y la experiencia individual y colectiva para salir del trance.
         Ahora, como que no es así. Sobra ruido y falta sosiego. A largar. Tal es así que un conspicuo dirigente federal, el vasco Patxi López, no se ha cortado un pelo al afirmar que el PSOE está dando, desde la noche electoral, un espectáculo lamentable. Ni una prueba tan democrática  como es el Comité Federal, máximo órgano entre congresos, con medio de centenar de intervenciones registradas -¿en qué otra organización hicieron análisis similares que hayan trascendido?- sirvió para aparcar discrepancias y asperezas. Ni tan siquiera esa resolución en forma de propuesta de ocho acuerdos, aprobada por amplia mayoría y orientada a la gobernabilidad de la nación, cobró carta de naturaleza para el intercambio correspondiente que va más allá de la periodística encrucijada de mensajes.
         Y miren que contenía hechos sustantivos, dignos de que quienes se sienten a negociar, si llega el caso, los estudien con detenimiento: un gran acuerdo para la recuperación justa, la reconstrucción del Estado del bienestar para hacer frente a la desigualdad y la pobreza, un pacto por la educación, la ciencia y la cultura, otro de amplio espectro sobre la violencia de género, dos grandes consensos por Europa y por la regeneración institucional y política, la revisión del Pacto de Toledo para garantizar las pensiones y afrontar, entre todas las fuerzas parlamentarias, la reforma constitucional.
         Pero todo eso, prioridades y condiciones al margen, no ha sido suficiente y no gozó de estima inicial. Así, el socialismo español lame sus heridas tras el peor resultado histórico. El liderazgo de Pedro Sánchez -acaso lastrado por errores propios y por palpables tensiones intestinas y acribillado de forma inmisericorde desde algunas tribunas- no creció lo suficiente. Nunca debió anteponer la reelección al interés general: eso no le interesaba a la ciudadanía. El resultado es el de López: unas discordias al borde del cisma. Le han venido tan bien al Partido Popular y al candidato Rajoy que apenas se ha hablado de un auténtico descalabro electoral de éstos y de las causas que lo han inducido. No digamos del fiasco de Ciudadanos y de los disfraces de Podemos -alguno tan absurdo como la propuesta de un independiente para presidir el ejecutivo- en tanto los nacionalismos se quedaban sin sitio en el espectro político.
         Superadas las celebraciones de estos días y con la gobernabilidad convertida en un jeroglífico de La Codorniz  (es más fácil encontrar rosas en el mar, con permiso del poeta), los socialistas parecen hacer caso omiso de las diferencias internas que tienen un hueco en su particular historia. Como si no hubieran sido bastantes algunas costosas consecuencias, ahora les toca exhibir músculo democrático y acreditar más madurez que nunca. Porque cualquiera de las soluciones que se atisba es complicada.


martes, 5 de enero de 2016

PEGONZA, ACUARELISTA CONSUMADO

Pues habrá que ir pensando ya en un acuarelista consumado, a la vista de las cuarenta obras que expone en La Ranilla Espacio Cultural (calle Mequinez), Pedro González (Pegonza), una nueva entrega de la serie que vuelve a titular Pinceladas.
         Se notan los progresos de este artista autodidacta, alumno de Clorinda Padrón y seguidor del francés Bernard Romain. Lo que empezó o sigue siendo un hobby, deviene en un estilo esmerado que consolida en un género exigente. En efecto, más solidez en los colores y mejor concepción acuarelística a partir de sus visualizaciones en ciudades y países de varios continentes. La condición de viajero también influye en la apertura y en la riqueza del universo pictórico de González.
         Y es que las interpretaciones de su paisajística, observada directamente y sustanciada en soportes fotográficos, revelan la policromía que gana enteros. Es como si el artista, en cada trazo, en cada aplicación, en cada pincelada, hubiera avanzado con firmeza, ávido de una legítima superación que se plasma allí, en cada acuarela. Si en su primera entrega, allá por 2008, en el Liceo Taoro, hablamos de la perseverancia como virtud indispensable de quien había decidido exponer públicamente sus inquietudes creativas, ahora la ha acreditado suficientemente.
         El memorialista Melecio Hernández presentó la colección, con una inevitable alusión a Bonnín, el gran maestro del género, y con una atinada descripción estilística de la plasticidad del autor. El local estaba lleno en el primer sábado del año, hecho que hay que agradecer cuando de enriquecer y apreciar la oferta cultural en el municipio se trata.

         De modo que la frescura de las acuarelas de Pedro González, sus nuevas Pinceladas,  van tornándose en una tónica que vigoriza sus enfoques. Puede que su afición siga siendo una utopía, una utopía sin horizontes concretos, pero, como advirtiera Eduardo Galeano, sirve para caminar. Y en el camino, para buscar y para encontrar, para perfeccionar métodos y plasmar capacidades que siempre estuvieron ahí. Cuando han aflorado, son objeto de admiración.   

lunes, 4 de enero de 2016

HUMOR CON VASELINA

Si tomamos al pie de la letra la definición de José Mota, "el humor es la vaselina que nos permite denunciar cosas", convenimos en que su performance de Nochevieja en TVE, fue sobresaliente no solo por la proporción de la definición del término, establecida entre los resultados y los recursos utilizados, sino por la acerada y latente crítica a la situación política más reciente -actual, se podría decir- que entrañaba su interpretación.
Enganchó Mota, incluso a quienes, como quien suscribe, desconfían de estas actuaciones en la última noche del año. Pero no. Su osadía es sinónimo de riesgo y a cada caracterización saca el máximo partido. Te hace imaginar, recordar, comparar… Reír, claro. Además, va subiendo el tono de modo que se aguarda el sketch siguiente a ver si se cumple aquello del más difícil todavía.
Quienes recordaban la película de Stanley Kubrick, El resplandor, con un superior Jack Nicholson, se encontraron con una argumentación válida para entender y musicalizar lo que sugerían acontecimientos pasados como el debate a cuatro de la pasada campaña electoral o la innovación del solsticio de invierno introducida por la alcaldesa de Barcelona. Sublime, por cierto, la versión del anuncio de Cola Cao imitando a Ada Colau.
Era El resplador en La Moncloa, al que contribuyeron gente de la farándula patria como Rosa López, Pitingo, José Corbacho o Santiago Segura, con un sello inconfundible, el de un José Mota pletórico que redondeó una faena plagada de crítica bien concebida y mejor ejecutada. Un resplandor original, con mensaje, con ánimo de desnudar, más allá de los tópicos inevitables, la realidad política y social en la que nos desenvolvemos. Las parodias -alguna desternillante- se sucedieron como escenas alternativas del clásico cinematográfico de Kubrick. Las voces de los inquilinos del complejo monclovita, como salidas de sus pasadizos más inextricables, complementaban los gags, la comicidad del trabajo de Mota, especialmente esmerado cuando caracterizaba al presidente Rajoy. Esperanza Aguirre y su espantada, la privatización de la sanidad como si de una subasta se tratara y la inefable inspección del ministro Montoro al mismísimo conde Drácula fueron objeto de fina ironía y de sarcasmos apropiados. Hasta Mar de plástico, la serie de Atresmedia, cuya emisión finalizó un par de días antes de Navidad, tuvo su espacio. Y Mota, dale que te pego con la vaselina.

Cautivaron pues las imitaciones del humorista cuya probada versatilidad se pone de relieve en producciones como ésta, tan llena de buen gusto con acento crítico en la cotidianidad, hasta el punto de que igual haya extrañado su emisión en la cadena pública, tan necesitada, por lo demás, de espacios vanguardistas y transgresores.
Lo mejor de este Resplandor en La Moncloa es que durante su emisión no hubo que emplear el mando. Eso sí que es enganchar, ¿verdad? No sorprende, desde luego, que el programa haya sido trending topic en la Nochevieja televisiva. Un Mota brillante. Esa vaselina para denunciar se ve que surtió efecto. Buena prescripción.

sábado, 2 de enero de 2016

GLOSA DE UN INOLVIDABLE CAFETÍN

En el cafetín -a saber quién lo bautizó de esa manera, acaso su mismo propietario que empleaba el término con frecuencia- cabíamos todos. Lo que se dice de toda condición social. Era el popularísimo bar El Rolón, con don Manuel González al frente, allí entre el cinema Olympia y la carpintería municipal, en los bajos de la antigua casa de Falange. Días pasados, falleció su hijo Manolín, que heredó la laboriosidad y trabajó con denuedo hasta que hubo que mudarse. Sus hermanos Eugenio y Ruperto también se desenvolvieron, en distintas épocas, en aquel singular ambiente acogedor de la idiosincrasia portuense.
Evocamos a don Manuel fregando la loza, despachando cajetillas de cigarros y ajustando facturas con algún proveedor. Se asomaba puntual al paso de alguna buena moza y reprochaba a los escolares que hablaran en voz alta cuando jugaban al futbolín. Con el curso de los años, éste desapareció o fue sustituido por unas mesas en las que desayunar o merendar. Había una ventana con dos asientos desde donde se controlaba el acceso a las guaguas urbanas que estacionaban justo enfrente o donde guarecerse de la lluvia o del viento que de vez en cuando caracterizaban el paisaje próximo a la plaza. Pegado al mostrador estaba el expositor de la dulcería, especialidad de la casa, con sus pachangas y sus lanchas. Cuentan que hubo una vez un duelo de 'dulceros' entre dos clientes habituales, a ver quién comía más, pagando el que menos lo hiciera. Hasta que agotaron las existencias.
Cuando don Manuel ya cuidaba de su nieta Conchita, su hijo Manolín se hizo con los mandos del cafetín. Sabedor de que los chicos accedían por una puerta lateral, abierta ocasionalmente para tareas domésticas, y de que con cierta destreza hurtaban piezas de la surtida pastelería, siempre tan bien colocada, adoptó dos medidas: cerrar la citada puerta e instalar un espejo retrovisor junto al fregadero con el que visualizaba y controlaba a quienes afanaban o falsificaban el número de consumidos.
El siempre recordado Juan Roberto Ríos formulaba sistemáticamente una pregunta cada vez que se cruzaba con Manolín, dentro o fuera del establecimiento:
-Una cosa que se hace con leche y pasas, ¿qué es?
La pregunta se hizo célebre. Y dependiendo del humor de Manolín, para no citar explícitamente el apodo, la respuesta era:
-Frangollo.
Otra anécdota, registrada en los últimos tiempos del cafetín, consistió en una fotografía publicada en una revista alemana que Manolín González colgó de una estantería, visible a todos los consumidores. En ella podía verse a un personaje de extraordinario parecido físico -la vestimenta lo acentuaba- a Ramón Torres, un popular personaje de la localidad que dio nombre a un pequeño campo de fútbol habilitado en la zona de la marea y que cobró fama, entre otras cosas, por sus pesquerías de pulpos, cangregos y morenas en los bajíos de Martiánez y por sus inefables interpretaciones con una armónica a la que, cariñosamente, llamaba 'el machete'. Picado por la curiosidad -fueron muchos quienes le dijeron que había una foto suya en El Rolón-, se acercaba por las tardes para comprobarlo y fruncía el ceño cuando le explicaban que le habían hecho la foto sin darse cuenta y la ambientaron en un muelle o decorado de otras latitudes. En cierta ocasión, debía estar bastante harto de tanta broma que, queriendo cortar de raíz el caudal de dudas, exclamó:
-¡Cómo voy a ser yo ese! ¿Cuándo me han visto ustedes vestido con ese impermeable? ¡Que no soy yo, a ver si se enteran!
El cafetín solía estar lleno desde temprano. La proximidad del estacionamiento de guaguas facilitaba el paso de muchos clientes. Pero cuando de verdad se llenaba era en la tarde-noche, especialmente antes de o en los descansos de las proyecciones cinematográficas. A veces se producían debates -ya hemos escrito que los portuenses presumían de entender mucho de cine- sobre la calidad de la película exhibida. No cerraban hasta que terminaba la sesión de las diez o salía la guagua de las doce de la noche. Miles de cafés, de cortados, de medios bocadillos (¿con o sin mantequilla?, preguntaban desde el interior de la barra, de carajillos, de cervezas... y de dulces. El trasiego diario de aquel cafetín que, años después, algo más reducido, fue trasladado, con el mismo sobrenombre, a una calle cercana.

Pero ya nada era igual. 

viernes, 1 de enero de 2016

SENTIDO DE LA RESPONSABILIDAD. HISTÓRICO

1 de enero. Las incógnitas que se ciernen sobre la política española no se despejan con facilidad. Sería más fácil, parodiando al poeta, encontrar rosas en el mar. Será, por tanto, un año de incertidumbres porque abogar por soluciones mágicas parece inútil. Es que no las hay, se dirá. Y con razón. Aunque de las urnas haya salido lo que ha salido. En España y en Catalunya. Mientras, en otras comunidades y en otras instituciones planea también el fantasma de la inestabilidad, que no es un fantasma cualquiera. La de censuras que se vislumbran.
Total, que arranca el año sin pronósticos claros. Demasiada oscuridad en el horizonte. Y el capital removiéndose en los asientos con las pérdidas bursátiles. Al personal le quedan los regalos de Reyes para volver a la cruda realidad: se tendrá que tragar declaraciones de todo tipo y encuestas inverosímiles para confundir aún más. Si hay nuevas elecciones, comentan, fracaso colectivo. Pero si el pueblo nunca se equivoca, argüyen quienes creían que poniendo fin al bipartidismo se acababan los males o se despejaba el panorama. Ni lo uno ni lo otro: la voluntad está expresada en las urnas y hay que respetarla, claro. En todo caso, el fracaso es de quienes, aún queriendo interpretar el mandato popular, no saben o no pueden alcanzar soluciones. Dicho está que no es sencillo pero han de intentarlo con lo que sea necesario sacrificar. Es lo que en otros momentos y en otras circunstancias se llama sentido de la responsabilidad. Esta vez sí que es histórico.
En fin, así arranca 2016. Salud y suerte para todos.