Las redes sociales son un hervidero desde que despunta el alba. La información del diario ‘El País’, con reproducción de anotaciones contables manuscritas del ex tesorero del PP, Luis Bárcenas, es demoledora. Hoy no se hablará de otra cosa -bueno, hablarán algunos, todos, menos el presidente del Gobierno- mientras aumenta el desasosiego -que ya no es tal sino asco- del personal. Simpatizantes y militantes de esa formación política aparecen también en las redes expresando su contrariedad. Les resulta muy difícil, por no decir imposible, mantener el tipo. Han llegado demasiado lejos. Algunos ya han declinado. A los corifeos mediáticos, por cierto, les está saliendo muy caro todo esto. Y no todos los días hay ‘mulas’ que ayuden a salir del trance.
Aquí hablamos de guerra sorda y sin cuartel. Las batallas se siguen librando. Ni en las peores pesadillas de los dirigentes del Partido Popular aparecía este apocalipsis. Parece de película todo esto pero es la realidad, ahora que se van conociendo manuscritos. Y lo que rondará morena, según se perfila, según se atisba. A la espera de auditorías que no aportarán nada, y de casos que se destapen en otras formaciones políticas, las pesadillas, deformes y agigantadas, se van sucediendo en un país azotado por los males del desempleo y de las economías estancadas en tanto la mayoría absolutista va despachando a conveniencia las reformas olvidándose de que la fiscalización, si no llega por una vía, aparecerá por la mediática.
Mientras todo eso sucede, la política sigue imparable su curso de desprestigio y rechazo. Esa política, tan necesaria, para la convivencia humana y para los avances sociales.
Desde la sede Génova, desde La Moncloa, desde las instituciones públicas con gobiernos del PP, hay un inevitable mensaje de desespero:
-May day, may day! Tenemos un problema.
El problema es que no hay solución.
jueves, 31 de enero de 2013
miércoles, 30 de enero de 2013
FUNAMBULISMOS, LOS JUSTOS
Vale: si la reforma laboral no era para crear empleo sino para evitar su destrucción, se sigue lejos del objetivo. Y encima, la ministra del ramo se sigue encomendando a la divinidad, recurriendo a cifras propias que cuesta digerir frente a la contundencia de otros registros periódicos.
A ver si en medio de la refriega política, gobierno y oposición encuentran un hueco para converger en la búsqueda de medidas que alivien la tragedia del paro. Si para la banca hubo, en su día, cuarenta mil millones de euros, que los socialistas pidan ahora un fondo de veinte mil es consecuente: quieren que las empresas y emprendedores tengan acceso al crédito y puedan desarrollar su actividad creando empleo.
Ya se sabe que siempre perdemos los mismos pero hay que esforzarse para descargar la tragedia. En momentos que el país se desangra, hay que buscar y explorar, efectivamente, esas “zonas de acuerdo”. Porque la emergencia social se palpa. Y no es cuestión de seguir caminando sobre el alambre. Funambulismos, los justos.
A ver si en medio de la refriega política, gobierno y oposición encuentran un hueco para converger en la búsqueda de medidas que alivien la tragedia del paro. Si para la banca hubo, en su día, cuarenta mil millones de euros, que los socialistas pidan ahora un fondo de veinte mil es consecuente: quieren que las empresas y emprendedores tengan acceso al crédito y puedan desarrollar su actividad creando empleo.
Ya se sabe que siempre perdemos los mismos pero hay que esforzarse para descargar la tragedia. En momentos que el país se desangra, hay que buscar y explorar, efectivamente, esas “zonas de acuerdo”. Porque la emergencia social se palpa. Y no es cuestión de seguir caminando sobre el alambre. Funambulismos, los justos.
martes, 29 de enero de 2013
EL GRITO DESESPERADO DE RNE
Un grupo de trabajadores, unidos con el título colectivo Salvemos RNE, lanza un grito
desesperado. “Esta no es la radio que queremos hacer”, dicen en el arranque de
una carta dirigida “a los ciudadanos de este país” que es bastante reveladora
de la experiencia que están viviendo desde que accedieron a la dirección los
actuales responsables.
No quieren intromisiones políticas ni sesgos. Por eso
rechazan también los que pudo haber en el pasado. Quieren la radio de los
últimos años, una etapa en la que “la ideología quedó al margen y pudimos
trabajar con libertad y con criterios exclusivamente profesionales… [Una etapa]
que ha sido reconocida dentro y fuera de España, y por gente de todas las
ideologías”.
Se ve que tampoco son buenos tiempos para la radio pública,
cuando sus trabajadores denuncian públicamente “la manipulación y el
sectarismo”, doble factor que conduce inevitablemente a la pérdida de
credibilidad y de calidad en la programación. La conclusión de su carta a la
ciudadanía es terminante: “Una radio en la que hemos pasado de la seriedad y la
exigencia, a la desorganización, el desconocimiento y la despreocupación”.
Tiene que ser durísimo trabajar en las condiciones que se
adivinan en este escrito, algunos de
cuyos párrafos hay que reproducir textualmente para apreciar el malestar que
anida en Radio Nacional de España. Por ejemplo, éste, bastante significativo:
“…Deben saber que estamos hartos de que a los trabajadores se nos tenga por un
ejército que está ahí para obedecer las instrucciones de unos o de otros aunque
sean opuestas, ilógicas e injustas. Estamos agotados de que nuestras carreras
profesionales fluctúen o ni existan por razones ajenas a nuestro trabajo. Por
no aceptar órdenes políticas o porque otros las aceptan demasiado. Y lo que es
peor: estamos tristes porque sabemos que no hay mayor mal para una radio que
estar cambiando constantemente las voces, los programas y las formas. Porque
así es imposible fidelizar oyentes. Y ahora que habíamos empezado a
conseguirlo, volvemos a tirarlo por tierra”.
Es fácil deducir que se trata de un grito desesperado.
Conocemos la casa. Colaboramos en los informativos de la
radio pública en la segunda mitad de la década de los ochenta. Y luego, siendo
José Antonio Pardellas director del Centro Emisor del Atlántico, tuvimos,
gracias a su generosidad y confianza, la oportunidad de conducir un programa de
opinión que, con frecuencia semanal, se mantuvo ininterrumpidamente durante
tres años en antena. Nunca hubo una consigna ni una indicación: invitamos a
quienes quisimos y el programa fue un desfile de testimonios que reflejaban la
pluralidad política a la vez que un enfoque riguroso de la actualidad canaria y
de más allá. Recordamos, por ejemplo, cuando en un día de reflexión de campaña
electoral y era norma no emitir opiniones ni valoraciones, hicimos un programa
en directo que, pletórico de datos relativos a la jornada de comicios en
Canarias, mereció, nada más terminar, el reconocimiento de los estados mayores
de organizaciones políticas que nos terminaron pidiendo los datos que ¡ellos no
poseían!
Gran elenco de profesionales el de aquella época en Radio
Nacional de España en Canarias. Su cobertura era una garantía. Ahora, jubilados
una buena parte de ellos, asistirán atónitos a esta situación. Y los actuales,
pendientes de una reorganización interna sobre la que pende las incertidumbres
de alguna supresión.
Hoy en día, las penurias caracterizan la radio pública que
cumplía hace nada setenta y cinco años. Escriben sus trabajadores que han
desaparecido la espontaneidad, los debates, la tensión informativa. Se ha
apagado la redacción. “Todo ha desaparecido para dar paso a un silencio
motivado por el miedo a las represalias”: cuando hacen una afirmación de este
tipo, no son necesarias muchas explicaciones más.
Pero no se rinden. Y es entonces cuando aplaudimos su
resistencia y su espíritu disconforme que no busca situaciones funcionariales
acomodaticias sino dignidad profesional, un ejercicio libre en una cadena de servicio
público que logró en el pasado altas cuotas de respeto y de credibilidad. Además
de esta carta a los ciudadanos españoles, ya están activos en las redes
sociales donde alzan su voz para no ceder ante la presión y la manipulación.
Anuncian que no se agotarán con tal de elevar el nivel y de situar a la emisora
donde realmente tiene que estar, a la altura de las que compiten y elaboran un
esmerado producto radiofónico.
Animo y suerte.
lunes, 28 de enero de 2013
DESAZÓN EMPRESARIAL
Pues frente al lamento resignado del Gobierno, no más, es
Alfredo Pérez Rubalcaba, secretario general del PSOE, quien toma la iniciativa
para tratar de producir una alternativa allí donde los vericuetos del desempleo
se agudizan.
Nada nuevo en el
diagnóstico (paro masivo y situación de emergencia social) pero sí en el
tratamiento del asunto como hasta ahora no se había planteado: un gran acuerdo
político y social que genere una política económica distinta, capaz de superar
el estancamiento y los bloqueos derivados de la actual. La gente está cansada
de ofertas de este tipo y de planteamientos teóricos, quiere hechos tangibles,
pero al menos la propuesta del secretario general de los socialistas tiene
fundamentos para ser tenida en cuenta y estimada.
La creación de un fondo público para la financiación de empresas,
autoempleo y emprendedores, dotado con veinte mil millones de euros en el presente año, resulta
ser, a la espera de conocer en su totalidad el documento que los socialistas
habrán de remitir al Gobierno, empresarios y sindicatos, la medida
sobresaliente de esa iniciativa con la que intentar reactivar la economía
productiva. Según ha indicado Pérez Rubalcaba, el fondo propiciaría la
movilización del crédito que, a su vez, impulsaría el desarrollo de proyectos
empresariales mediante convenios con las entidades financieras a un tipo de
interés bonificado.
Será interesante conocer la respuesta empresarial. Después de que
en un solo año se hayan destruido ochocientos cincuenta mil empleos; después de
que el registro de parados haya alcanzado los cinco millones novecientos
sesenta y cinco mil y después de que la tasa de desempleo, subiendo más de tres
puntos, se haya situado en el 26,02% -esta cuesta de enero no la supera el
Gobierno popular ni con todos sus refuerzos mediáticos- se pone de relieve que
las políticas de Rajoy son un fracaso estrepitoso. Basadas exclusivamente en el
ajuste, la subsiguiente reforma laboral sólo ha servido para abaratar el
despido, recortar las políticas activa de empleo… y poco más.
Por eso quedamos a la expectativa de la reacción de los
empresarios. Que aplaudieran la reforma, se puede entender. Que algunos sigan
con la matraquilla de la necesidad de adelgazar el sector público, es
recurrente. Que otros hayan ajustado sus cuentas de resultados con las
herramientas legales de la reforma, es consecuente. Pero que pasen los meses y
que con los mismos mimbres no haya avances, se traduce en situación
inquietante, como se desprende de los resultados del denominado Barómetro Empresarial: un 52% de los
empresarios encuestados valoran negativamente el primer año del Gobierno de
Rajoy en el que legítimamente confiaron. Ni lo más fieles, el 24% que habla de
un balance positivo, supera al mismo porcentaje que habla de un efecto nada
significativo en las políticas del ejecutivo.
Curiosamente, el 47% de los empresarios consultados coincide en
destacar y considerar positiva la reforma laboral. Pero se constata que no
sirve para generar empleo, ahora mismo el principal problema de la población,
castigada también últimamente por una oleada de corrupción política a la que no
parecen ser ajenos señalados empresarios que deberían ser llamados, mejor,
hombres de negocios.
El mundo empresarial empieza a impacientarse. No le gustan los
incrementos impositivos para los reajustes presupuestarios. Y es consciente de
que una reducción incesante del gasto público contribuye a la contracción del
crecimiento. Los horizontes, con informes de organismos internacionales poco
sospechosos, siguen estando cargados de negros nubarrones. La recuperación
puede esperar: ya no se volverán a fiar de más brotes verdes.
De ahí la oportunidad de la propuesta de Rubalcaba, a ver si entre
tantos registros negativos y tanta desesperanza puede verse una luz en el
túnel.
No baja el paro cuando Rajoy gobierna, frase que, al revés, empleó
el actual presidente cuando se fotografió para la prensa amiga delante de una
cola que aguardaba en el exterior de una oficina del INEM. Luego hay que asirse
a una propuesta constructiva como parece ser esta que comentamos.
sábado, 26 de enero de 2013
TRES MOMENTOS DE LA VENTA DE PESCADO
Tres momentos, tres, para evocar la actividad pesquera de la
ciudad, de las pescadoras, para ser concretos. Hoy, tal actividad ha quedado
sensiblemente reducida; menos embarcaciones y menos personas que se dedican a
faenar. Y hay menos vendedoras -prácticamente, no hay- porque los tiempos, los
enfoques, los hábitos y los métodos son muy distintos.
La pescadería estaba tan cerca de la orilla del muelle que
alguna vez se vio invadida, cuando las mareas de luna llena producían una
crecida y el oleaje llegaba hasta su interior. O cuando algún temporal violento
producía algunos daños materiales. La cercanía era también admirable: desde
allí se dominaba el horizonte y donde terminaban las modestas defensas de un
refugio, siempre tan llamativo y poblado de gente, desde las primeras luces del
alba. Pero admirable también era que las canastas o cestas con el género recién
capturado y recién llegado a tierra pasaran, en apenas unos pasos, a las
bandejas de exposición, a los puestos de venta de aquella singular lonja que,
de vez en cuando, aparecía entristecida porque no había pescado, no había
género.
La pescadería tenía unas barandas de madera, pintadas de
verde, al menos en la época que uno la recuerda. Allí había unas pizarras que
detallaban los precios. Y las balanzas o pesas que estaban muy visibles. Allí
las vendedoras vociferaban también las variedades de género y el coste de cada
una de ellas. Los extranjeros no paraban de disparar sus cámaras y algunos se
asociaban a esa actividad cotidiana que daba vida a este rincón de la ciudad.
Aquella vieja pescadería cedió en el desarrollismo de los
años sesenta, cuando se produjo el traslado al nuevo mercado municipal
construido en la calle Lonjas, cerca de El Penitente, en la explanada que hoy
es la plaza de Europa, y cuando el suelo donde se ubicaba, entre La Marina y el
bar “Cayaya”, fue aprovechado para construir un edificio de viviendas.
La pescadería fue escenario de historias personales
desgranadas entre la ilusión, el desconsuelo y las dificultades de subsistencia
personal y familiar. Desde allí salían vendedoras a protagonizar la economía
del trueque, a cambiar pescado por frutas u hortalizas o legumbres. A veces con
la cesta en la cabeza, recorriendo el pueblo o pateándolo hasta sus límites,
donde aguardaban otras familias y otros clientes. Fueron años difíciles y de
cuyas penurias se salía con la gracia que proporcionaba una oferta verbal
gritada espontáneamente o con una relación preestablecida que aseguraba de
alguna forma parte del sustento diario.
El segundo momento sería en ese mercado. Los puestos de venta
de pescado, no mucho más amplios que los anteriores, estaban en la planta baja,
en un lateral que miraba al mar y que se conectaba interiormente con el pasillo
donde accedían los vehículos de transporte. El muelle seguía estando cerca pero
los usos sociales empezaron a cambiar. Las vendedoras, envueltas los días de
frío en gruesas ropas de abrigo, se afanaban en seguir captando clientela y
hasta terminaron chapurreando algunas palabras de inglés y alemán para general
divertimento de los turistas que se asombraban de aquellas dotes de venta.
Ya no había cestas sobre la cabeza. Ahora había vehículos
-alguno dotado de megafonía- en los que se desplazaba la vendedora hasta las poblaciones
más cercanas. Pero también se había introducido la provisión a hoteles y
restaurantes. Eso alteró hábitos y técnicas de comercio. Los coches isotermo y
los frigoríficos ambulantes sirvieron para dinamizar esa provisión y la
conservación del género.
Pero los años fueron pasando y no se producía relevo
generacional. La instauración de nuevas técnicas de negocio, las exigencias de
la reglamentación sanitaria y el auge del género refrigerado, gran competidor,
fueron factores condicionantes, a los que habría que añadir el que la actividad
local marítimo-pesquera menguara progresivamente. Así se puso de manifiesto -tercer
momento- cuando fue construido el centro comercial “San Felipe-El Tejar” y el
viejo mercado de El Penitente cedía para que se configurara el espacio público
conocido por plaza de Europa.
El centro, que popularmente siguió conociéndose por mercado,
fue el primer intento serio de modernizar las estructuras comerciales de la
ciudad. Hablamos de la primera mitad de la década de los ochenta. El edificio
era flamante, espacioso, modernista. Y con el paso de los años mejoraron sus
dotaciones. Sin embargo, le encontraron peros, alguno de ellos totalmente
injustificado, como la ubicación. A otros les costó asimilar la compatibilidad
de ejercer la actividad de venta directa con géneros muy distintos y en
ambiente muy diferente.
Lo cierto es que se rompió la cadena de continuidad. Las
nuevas generaciones o los herederos no prosiguieron o tuvieron tantas
dificultades para hacerlo que terminaron desistiendo. La competencia se había
multiplicado, por supuesto. Y en las ciudades cercanas, las mismas a donde tres
o cuatro décadas antes se acudía, incluso caminando, para vender el género, ya
disponían de sus propios centros y de redes de proveedores. Las grandes y
medianas superficies, donde se podía encontrar pescado fresco, marisco y otros
frutos del mar, terminaron de apagar la llama de aquellas economías modestas,
de aquel medio de vida, mantenido a base de grandes sacrificios.
En la pequeña gran historia local quedan esos tres momentos,
descritos a grandes rasgos, como etapas de una actividad socieconómica que la
distinguió durante muchísimos años.
martes, 22 de enero de 2013
AHORA, DESESPERANZA
Anda el personal -hasta el más profano- muy entretenido y muy
convulso con todo lo que sucede en torno a las finanzas del partido
gubernamental pero no debería perder de vista las medidas que aplica para
seguir desmantelando el sistema de dependencia. Porque sí que es otro aspecto
relevante no solo para dar por liquidado el Estado del bienestar -lo
consiguieron en un año, qué diestros- sino para palpar las dificultades de
subsistencia que acumulan quienes se ven directamente afectados por tantas e
incesante restricciones.
Los datos
negativos son muy inquietantes. Por decisión del Gobierno, hasta cuatrocientos
mil dependientes moderados no han podido acceder al sistema el pasado 1 de
enero como en principio estaba previsto. Unos ciento cincuenta mil cuidadores
familiares han perdido la cotización a la Seguridad Social que hacía el Estado
por ellas. Y es que, claro, en cuestión de números, hay que rendirse a la
evidencia: de mil setecientos millones de euros presupuestados en 2011, se pasó
a mil cuatrocientos un año después y en el presente a mil ciento setenta
millones de euros. O sea que la aportación del Estado a la financiación de la
dependencia ha disminuido más de un 30%. Repercusión en esas personas que tanto
decían priorizar en campaña electoral: hay casi diez mil menos atendidas al
quedar excluidas del sistema.
Este es el
efecto más preocupante. Ya no es una sensación sino una realidad: las personas
más vulnerables, las familias en riesgo de exclusión social y las personas que
no se pueden valer por sí mismas se están viendo en situación de abandono. Sin
demagogias, porque las cifras saltan a la vista: ese apoyo que necesitan, y que
en el fondo es un derecho, se evapora. La atención a la dependencia y los
servicios sociales básicos empieza a menguar de forma considerable, como puede
contrastarse también con la práctica supresión del Programa de Teleasistencia,
que ha quedado sin consignación presupuestaria, y con una reducción del 65% con
respecto a 2011 de la dotación específica del Plan Concertado para financiar la
dependencia.
De modo que,
siendo importante y trascendente para la democracia, para la convivencia
política -y para la marca España, ¿o no?- todo lo que está sucediéndose en el
seno del partido gubernamental, que se tenga en cuenta el apremio y el
sufrimiento -sí, el sufrimiento- de quienes palpan en sus carnes la disminución
de la calidad de las prestaciones que reciben y de quienes, como familiares o
allegados, padecen un exceso de burocratización para dificultar y disuadir el
acceso a sus prestaciones.
Antes,
una conquista o un derecho. Ahora, una desesperanza
lunes, 21 de enero de 2013
GUERRA SORDA Y SIN CUARTEL
‘Corrupsoe en Miami’, decía un grafito
repetido en avenidas y calles de Madrid durante los años noventa, cuando una
sucesión de escándalos y sospechas ensombrecieron los logros de los gobiernos
de Felipe González. Ahora, apenas
cumplido un año del ejecutivo presidido por Mariano Rajoy, en las redes
sociales circula “Ay, Suiza patria querida!”, una composición interpretada por
Luis Eduardo Aute en el contexto del “Forgesound”, en plena transición
política, para escarnio de quienes padecen los efectos de un episodio lamentable
que, supuestamente, entremezcla la financiación de la organización con
presuntas prácticas políticamente reprobables. Lo de Juan Guerra, hermano del
vicesecretario y del vicepresidente entonces, a quien no pudieron probar
comisiones delictivas, se ha quedado en chiste de Jaimito al lado de cuanto
envuelve el “Barcenasgate”, por citar solo este caso de las sombras -¡y qué
sombras!- que envuelven al partido gubernamental.
La
cuesta de enero se está haciendo insoportable para el Partido Popular. Menos
mal que una situación solapa a la anterior y se difumina ante la incapacidad de
digerir tantos titulares gruesos de tanta información. Y menos mal que aún
queda derechío mediático para mitigar los daños, los directos y los
colaterales, pero, sobre todo, para socializar las pérdidas, es decir, extender
o generalizar los perniciosos efectos de la corrupción política. Cuando es el
PSOE, leña al mono que es de goma. Cuando le toca al PP sufrir “el
comportamiento irresponsable de algunos” (versión oficial que contradice el
buen hacer ensalzado en otro momento), entonces asistimos a un problema serio
de la democracia, del desprestigio de la política y de los partidos, del daño
tan grande que se causa a la convivencia. Se cuidan de no incluir la marca
España, pero… Ya no dispone de muchos recursos para desviar el foco de tamañas
presuntas fechorías pero está echando el resto, aunque no pueda atribuir culpas
a Zapatero y cuente con la sensata colaboración de Felipe González.
Lo
cierto es que, a la espera de que se vayan esclareciendo cuentas,
contabilidades, destinos, métodos, vicios, tramas y anexos, algunos percibimos
que asistimos a una guerra sorda y sin cuartel de dirigentes del partido
gubernamental. Una frase que patentamos hace unos años, en ocasión de un apasionante
debate consistorial, recobra inusitada vigencia: “En la derecha, todos se saben
lo de todos”. Y claro, cuando alguien se ve lesionado o ve peligrar su aparente
integridad, salta la chispa y ya es de difícil control. En seguida hay un
reguero de anomalías -por emplear un concepto benevolente- que suele terminar
en la atribución de culpas a los más débiles. Hace poco que se descubrió -y no
ha sido desmentido- que se espiaban, luego de qué se fían.
Todo
da a entender que estamos ante un presunto caso de financiación irregular que,
en el caso del Partido Popular, hay que identificar con Gürtel. ¿Qué dirán ahora los que ‘crucificaron’ al juez Baltasar
Garzón hasta expulsarle de la judicatura? Porque su señoría se había adentrado,
precisamente, en las cloacas. Con razón no querían que escuchara ciertas
conversaciones. Hay muchos lados oscuros aún en ese caso que ahora, por la
conexión suiza y por otras ramificaciones, barrunta movimientos telúricos.
Aunque por ahora, como se ve, otra frase doméstica se impone: “Al final, nadie
fue”.
Se
cumplen, el próximo mes de junio, diez años de aquella célebre vergonzante ausencia/abstención
de los diputados ex socialistas Eduardo Tamayo y Teresa Sáez en la asamblea de
Madrid para impedir la investidura del candidato Rafael Simancas como
presidente de la Comunidad. Sin querer hurgar en las entretelas de aquel
episodio, sólo había una explicación posible: la que usted, lector, se está
imaginando. Aunque no fuera demostrable.
Desde
entonces, una sombra de suspicacias con disfraz de corrupción política se ha
extendido por la vida política madrileña. Cierto que la hidra o los tentáculos
han ido extendiendo su veneno por otras comunidades y por otras organizaciones
sin que todas las medidas puestas en práctica, incluidas las penalizaciones
judiciales, hayan servido para
erradicarlo.
Sólo
queda el consuelo de afirmar que no todos son iguales. Aunque en eso también la
incredulidad se ha elevado exponencialmente.
sábado, 19 de enero de 2013
PARA SEGUIR HABLANDO CON LAS PIEDRAS
Amelia Piñas Pisaca ha
pintado un cuadro exquisito -muy en su madurez estilística- para la ocasión. El
Museo Arqueológico Municipal ha elaborado un rincón con aportaciones propias.
Particulares han contribuido con fotos y objetos de confección o colección propia.
El personal del área municipal de Juventud se ha volcado con un trabajo
indesmayable. Descendientes, familiares
y allegados respondieron con generosidad y gratitud. Compañeros, discípulos y
profesores rememoraron vivencias y situaciones en la primera exposición pública
del centenario. Jaime, su nieto, condensó la iniciativa y explicó algunos
contenidos de la misma.
Y así, con el calor humano
de una nutrida asistencia en la Casa de la Juventud, antiguos instituto Laboral
y de Formación Profesional, entendimos todos que el hombre sigue hablando con
las piedras, paráfrasis del cinematográfico título de Carlos Pinto Grote que
encabezó una bellísima semblanza del inolvidable Telesforo Bravo, el sabio
portuense, el naturalista por antonomasia, el científico en permanente estado
de humildad, el profesor excursionista, el observador y descubridor de rincones
insulares, el investigador que defendió los bajíos y los líquenes de Martiánez
hasta el último minuto, el leal asesor que advirtió los peligros de los desprendimientos
en los acantilados del mismo nombre, el sereno consultor que tranquilizó de
madrugada a toda una isla a través de las ondas radiofónicas cuando la tierra
tembló…
Allí, en las vitrinas,
mientras se reanudaba el diálogo con las piedras, estaban la medalla de oro de
su ciudad, el reconocimiento del Cabildo insular de Tenerife y el premio
Canarias de investigación. Y también los contratos con una multinacional
norteamericana para investigar la calidad del agua en Irán; los tomos de la Geografía Canaria, publicada por Goya
Ediciones; unas notas académicas del instituto y de la facultad; cuadernos de
viaje y estudio; gráficas inéditas de su vasta colección; la cámara fotográfica
y la pica del geólogo…
Satisfizo, desde luego,
que hubiera tanta gente joven interesada en esta exposición (permanecerá
abierta hasta finales de febrero) preparada con tanto esmero como entusiasmo y
que es una de las convocatorias más atrayentes del centenario cuyas actividades
se prolongarán a lo largo de todo el año. Telesforo Bravo es una figura que
debe ser recordada. No serán necesarios más honores, en ese sentido, sino la
perdurabilidad en forma de otras modalidades (investigación, concursos,
rescates, tertulias, audiovisuales, digitalización…) que nos hagan comprender
por qué “el hombre que hablaba con las piedras” lo sigue haciendo, enseñando el
lenguaje de la Naturaleza que tanto necesitamos.
viernes, 18 de enero de 2013
ETICA Y CIVISMO
Desazón. Cabreo. Rechazo. Asco. Incredulidad. Impotencia. Dolor. Incertidumbre. Desastre. Daño.
Todo esto y mucho más es lo que produce la cascada de noticias e informaciones sobre la corrupción política. Precisamente, en circunstancias que reclaman, por encima de todo, valores, resulta que las cloacas están aflorando los frutos de los delitos, de los vicios, de las ilegalidades y de las transgresiones más rechazables y reprobables en el marco de la cosa pública.
Tremendo. Con razón, las encuestas más recientes reflejan esta preocupación ciudadana como de las primeras y de las más apremiantes.
La política tiene que ser otra cosa. Y tiene que servir para otra cosa.
Cuando faltan palabras para resumir todo esto, brotan dos: ética y civismo.
Claro que no sabemos si hay solución.
Es el otro gran problema.
Todo esto y mucho más es lo que produce la cascada de noticias e informaciones sobre la corrupción política. Precisamente, en circunstancias que reclaman, por encima de todo, valores, resulta que las cloacas están aflorando los frutos de los delitos, de los vicios, de las ilegalidades y de las transgresiones más rechazables y reprobables en el marco de la cosa pública.
Tremendo. Con razón, las encuestas más recientes reflejan esta preocupación ciudadana como de las primeras y de las más apremiantes.
La política tiene que ser otra cosa. Y tiene que servir para otra cosa.
Cuando faltan palabras para resumir todo esto, brotan dos: ética y civismo.
Claro que no sabemos si hay solución.
Es el otro gran problema.
jueves, 17 de enero de 2013
CONDENA JUDICIAL=DIMISIÓN
Una sentencia condenatoria, una dimisión: es el caso de Agustín Padrón, ya ex alcalde de Valverde y ex parlamentario del Partido Popular por la circunscripción de El Hierro. Autor de un delito de prevaricación y malversación de caudales públicos. Según fue conocida la resolución, así fue presentada la renuncia a sus cargos, aunque aquélla sea apelable.
La secuencia, por tanto, es tan lógica como fluida. Es probable que a algunos llame la atención la dimisión ‘ipso facto’ y hasta que se alardee de ello como si fuera un ejemplar acto de heroísmo. No: ha ocurrido, sencillamente, lo procedente. Cierto que, acostumbrados a que la dimisión no se prodigue, a que haya exceso de tolerancia y de condescendencia en algunos casos, y a que se agoten los recursos con tal de hacer valer la presunción de inocencia y de aferrarse al poder, se viene aceptando y aguantando situaciones verdaderamente insólitas, de modo que cuando algunos toman determinaciones consecuentes -como la que ha hecho Agustín Padrón- ello resulte, cuando menos, atípico.
Si en el pasado, ese dejar hacer/dejar pasar, fue la tónica, las circunstancias del presente, con el rechazo hacia la política y los políticos al galope tendido, inspiran lo contrario. Sin mermar para nada la legítima defensa de cualquier encausado, la situación para los cargos públicos envueltos en contenciosos judiciales ha cambiado sustancialmente. Se les exige al máximo y no se le toleran desvíos o infracciones, sobre todo, cuando están probadas. De ahí que el paso dado por el ex alcalde y parlamentario herreño sea de lo más consecuente y natural.
Por cierto, la sentencia, que afecta también a un teniente de alcalde de la misma corporación responsable del urbanismo, ha tardado trece años en producirse.
Ese sí que es un problema grave.
La secuencia, por tanto, es tan lógica como fluida. Es probable que a algunos llame la atención la dimisión ‘ipso facto’ y hasta que se alardee de ello como si fuera un ejemplar acto de heroísmo. No: ha ocurrido, sencillamente, lo procedente. Cierto que, acostumbrados a que la dimisión no se prodigue, a que haya exceso de tolerancia y de condescendencia en algunos casos, y a que se agoten los recursos con tal de hacer valer la presunción de inocencia y de aferrarse al poder, se viene aceptando y aguantando situaciones verdaderamente insólitas, de modo que cuando algunos toman determinaciones consecuentes -como la que ha hecho Agustín Padrón- ello resulte, cuando menos, atípico.
Si en el pasado, ese dejar hacer/dejar pasar, fue la tónica, las circunstancias del presente, con el rechazo hacia la política y los políticos al galope tendido, inspiran lo contrario. Sin mermar para nada la legítima defensa de cualquier encausado, la situación para los cargos públicos envueltos en contenciosos judiciales ha cambiado sustancialmente. Se les exige al máximo y no se le toleran desvíos o infracciones, sobre todo, cuando están probadas. De ahí que el paso dado por el ex alcalde y parlamentario herreño sea de lo más consecuente y natural.
Por cierto, la sentencia, que afecta también a un teniente de alcalde de la misma corporación responsable del urbanismo, ha tardado trece años en producirse.
Ese sí que es un problema grave.
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