Presentamos
varias exposiciones de Imeldo Bello García, fallecido en silencio -como a él le
gustaba la vida- hace unos días. Era como un hacer sin estridencias, como si
eso le confiriera más valor a su imaginación y a sus plasmaciones
experimentales. Visitamos su casa en tres o cuatro ocasiones, donde la
encantadora Eloísa (Elo, como la llamaba) nos obsequiaba su dulzura explicativa
del significado del arte, de aquella obra distribuida de forma anárquica. En el
Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias (IEHC), brillaba cada vez que se
lo proponía, cada vez que traía las muestras de su creatividad artística.
Hijo de
un inolvidable maestro y artista de la fotografía, hermano de Elvira y Marcos,
también fallecidos, Imeldo desgranó, sobre todo, unas riquísimas dotes de
observador. El fue quien nos explicó lo que era un trampantojo. Y fue quien
pidió nuestra voz para dar vida a unas espectaculares fotografías de gran
tamaño de combates boxísticos. ¡Ay, Imeldo! Cómo eras, qué atrevimiento para
tomar el pulso a lo que se abría ante sus ojos, desde la quietud a la
violencia, desde el paroxismo a lo bucólico. César Manrique le estaba esperando
en el cielo con los brazos abiertos, acaso para fundirse como aquella vez en su
casa de Lanzarote que contaba con tanta fruición.
En
septiembre de 2017 nos pidió la introducción de un exposición titulada
‘Untlited’ en el Museo de Arte Contemporáneo (Macew) del Puerto de la Cruz. Ese
día levantó el ánimo de todos que la visitaron, entendidos más o menos del
hecho artístico. En su honor, reproducimos aquel texto. Decía:
“La
inmensidad artística contemporánea cuestiona el espacio autónomo del arte,
aquel que está legitimado por el academicismo y la industria, abriendo sitio a
diversos sentidos para la creación y el sentimiento, estableciendo así la
relación entre el arte y la política, el arte y la economía, el arte y la
pedagogía, por citar algunas disciplinas.
De esa forma, se promueven actitudes críticas y se
intensifica la pregunta por sus prácticas. En consecuencia, la potencialidad
del arte para el diálogo -damos por hecho que es constitutiva de lo estético-
invita a debatir en torno a las apreciaciones que va sugiriendo en ámbitos
diversos.
Llegamos así a una suerte de heterodoxia artística que,
conocida la personalidad y la trayectoria de los autores que aquí
comparecen, UNTITLED (Sin título), es
una atinada síntesis que hace honor, además, al nombre del espacio en el que
nos encontramos, un museo de arte contemporáneo.
A ver si la ‘presentación exprés’ encargada por Imeldo Bello
hace honor a tan peculiar colectiva que anima la resistencia a marcharse del
verano portuense, alterado esta misma mañana con truenos y relámpagos. Acaso
querían anticipar el éxito de la convocatoria. Bueno, o ser, sin más, elemento
medioambientalista de la cosa.
Sin ser
un grupo homogéneo, sin uniones de similitud en algunos aspectos, con hallazgos
y conexiones de amistad, con lazos de cariño por sus personalidades y sus
trabajos, se ha venido tejiendo y agrandando un grupo que toma esa
denominación, UNTITLED, para ser
cómplices en querer exponer las creaciones artísticas de escultura,
fotografía y pintura.
Empezaron
siendo cuatro componentes: Celestino González (fotógrafo), Julio Espinosa
(escultor y pintor), Pedri González (pintor) e Imeldo Bello (pintor y
fotógrafo). Pero actualmente se ha agrandado con dos nuevos componentes Paco G.
Palmero (escultor y ceramista) y Alex Carballo (pintor grafitero).
¡Larga vida, artistas!
Conociendo
bien a Imeldo, si se le preguntase por esta iniciativa, seguro que diría como
que todo ocurre por algo que ni controlamos ni entendemos, existiendo una
interconexión de grupo algo disparatada. Los encuentros han sido paulatinos
porque detrás de cada uno hay chorros de sensibilidad y nos importa el
acercarnos sin repelo, con nuestras diferencias.
Entonces,
no pretenden tener un objetivo ni un fin. Solo llegar, sin proponérselo, a
la nada e irse superando en su doble condición de personas y artistas. Y a la
vez, divirtiéndose.
Los
creadores expresan sus conocimientos y sus habilidades, observan e interpretan
la realidad, dan rienda a la imaginación, al abstracto, a la visión insólita,
al modelaje, a la sublimidad grafitera… Están persuadidos de que sus criaturas
no deberían tener dueño, habría que difundirlas y divulgarlas para que los
demás se beneficien, enriqueciéndose espiritualmente y ayudándoles a crecer.
¿Cómo
se las arreglarán?, se estarán preguntando quienes les conocen y quienes les
están descubriendo en esa colección. Hicimos pregunta periodística, picados por
la curiosidad. E Imeldo respondió: “La convivencia requiere resolver las
contradicciones entre la independencia individual y colectiva y es fundamental
tener conocimiento para poder disfrutarnos. Inventando con creatividad
producimos y construimos historias y a la vez destruimos nuestras
cobardías constantemente y es fabuloso fantasear porque nos traslada a
desarrollar conciencia, desapareciendo prejuicios implícitos”.
La
respuesta podría valer para completar esta breve introducción pero la
heterodoxia de la que hablamos nos inspira una breve reflexión final: la
belleza, lo feo, lo grotesco, lo sublime, lo cómico, lo espléndido, y siempre,
en todo caso, lo original, solo existen en la mente humana y el arte desempeña
un papel determinante en su conocimiento y desarrollo.
Hagamos que se impregne, que fluya, que
invada nuestros apetitos”.
Sus
palabras condensan la personalidad de Imeldo Bello, algunas de cuyas piezas y
cuadros conservamos. El artista, un genio a su manera, siempre estará en
nuestra memoria.
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