Tiene Susana Herrera un don, el de la sutileza, el de saber estar en cada momento, en cada situación, el de saber decir con delicadeza lo más crudo. Difícil papeleta esa en quienes ofician el protocolo, en quienes tienen a su cargo la ordenación, la colocación y, sobre todo, el respeto a las formas. Saben que hay ojos, centenares o miles de ojos observando, saben que hay cámaras por doquier, pendientes de todo, de un movimiento, de un gesto, y por lo tanto, obran con extremo cuidado, ademán positivo permanente y sonrisa predispuesta, aunque sea forzada.
Pues Susana reunía esas cualidades. Ayer puso punto final a más de tres décadas de trabajo en la Administración, ejecutado siempre con responsabilidad, fuera quien fuera su jefe. Ese don femenino le impulsaba a conocer el terreno previamente para luego moverse en él con mayor seguridad. Así fue desenvolviéndose en actos, ceremonias, celebraciones y hasta en aquellas convocatorias que parecían no requerir mayor seguimiento protocolario pero que ella se encargaba de imprimir ese aire de “cuidado, hay que hacer las cosas bien siempre”, que terminaba imponiéndose. Con el mejor resultado, claro.
Susana Herrera mereció la confianza de presidentes y cargos públicos relevantes de la Comunidad Autónoma. Cuando estaba en primera fila activa, supo hacer su trabajo con eficiencia y discreción. Estaba sin que se notara. Y cuando le tocó intramuros, cuando de cruzar despachos y papeles, lo hizo exactamente igual.
Atenta, servicial, femenina, elegante… Susana Herrera fue, además, excelente compañera. Todos se acordaban de ella y todos recurrían a ella cuando las dificultades se extremaban o surgía alguna situación que obligaba a improvisar una solución. Supo, en ese sentido, ganarse el respeto y el precio de quienes estaban a su lado. Que eran muchos.
Le dispensaron un modesto homenaje, el que ella, elegantísima para la ocasión, esperaba, lejos de fastos y oropeles. Solo habló ella, para agradecer con emoción la calidez, el cariño y los regalos que obsequiaron, entre ellos, una tableta con la que ahora, sin los agobios del día, intentará compensar el predominio de papeles que la envolvió durante décadas. Herrera, con todo el encanto, volvió a dar una lección de cómo hay que estar en cada momento. Y eso que era difícil combinar seriedad y desenfado a la vez.
Pues lo logró. Ese don… Felicidades, Susana. Que disfrutes!!
viernes, 11 de octubre de 2013
jueves, 10 de octubre de 2013
DEPENDENCIA: ASÍ SE DESMANTELA UN SISTEMA
El dato es escalofriante: cuarenta mil personas menos reciben
prestaciones de la Ley de la promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia, popularmente
conocida, desde su publicación, en diciembre de 2006, como Ley de Dependencia.
El Gobierno de Mariano Rajoy la reformó en julio del pasado año y los
resultados no pueden ser más desalentadores: casi cuarenta y una mil personas
han sido expulsadas del sistema de dependencia y han dejado de recibir la
prestación a la que tenían derecho.
El
desasosiego de quienes se han acogido a la norma, de los técnicos y trabajadores sociales que están cerca de las
tribulaciones de las personas, de cargos autonómicos y de alcaldes y concejales
se ha elevado de forma tal en los últimos meses que se está produciendo un
fenómeno inquietante: huir de los afectados y de su entorno familiar para no
enfrentarse, para escapar de la vergüenza que significa tener que restar o dar
una respuesta negativa.
Esos son los
efectos de la norma revisada, de los recursos limitados, de la insensibilidad
gubernamental con los más necesitados. Y es que los requisitos de la reforma
del Gobierno en esta materia han generado que, actualmente, haya más de ochenta
y una mil personas menos con derecho a prestación de las que había en agosto
del pasado año. Son los datos del ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e
Igualdad los que manejamos: a 31 de agosto del presente año, había veintiocho
mil quinientas noventa y cinco solicitudes menos.
Hay más,
para entender el alcance de este auténtico desmantelamiento del sistema de
dependencia. Dos mil cuatrocientos noventa y seis beneficiarios menos en
sistemas de teleasistencia, mil ochenta y ocho ayudas a domicilio menos,
doscientas cuarenta y dos plazas menos en centros de día, mil doscientas
cincuenta y ocho plazas menos en residencias y casi dos mil quinientas
prestaciones menos para cuidadores familiares. Ana Mato, ministra, no puede
estar tirando voladores, desde luego.
No, porque a
las cifras reveladoras de unos perjuicios muy extendidos, hay que unir la
pérdida de unos mil quinientos empleos. Y tampoco porque la reacción de sus
compañeros alcaldes con las previsiones que en materia de asuntos sociales
contiene la Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local
es bastante inquietante. Son conscientes de que estamos ante medidas muy
impopulares con unas repercusiones directas entre los más vulnerables y
desfavorecidos.
Algún iluso,
bien informado, estimaba días pasados en una emisión radiofónica nacional que
si los ministros y dirigentes de Partido Popular (PP) hablaban de presupuestos
de recuperación, es que era posible retomar o acceder a algunas de las
prestaciones suprimidas o denegadas. Que se desengañe y que sepa que no hay ni
recurso al pataleo: a la infausta decisión de paralizar, en diciembre de 2011,
la aplicación de la Ley para personas con dependencia moderada (más de
cuatrocientas mil), siguió la eliminación en
los Presupuestos Generales del Estado de 2012 y
2013 la partida en el concepto acordado pues de doscientos ochenta y tres
millones de euros de 2011 se pasó a cero en el siguiente.
La
paralización por espacio de dos años de la Ley de Dependencia ha venido a ser
la puntilla, una reforma más que empobrece y revela no ya incumplimientos sino
lesivas frustraciones para muchísima gente.
miércoles, 9 de octubre de 2013
RÉQUIEM POR LAS CARTAS AL DIRECTOR
Era una sección fija en los
periódicos hasta hace muy poco. Pero hay ediciones en las que ya no se publica
ni una. Era una especie de refugio de los más osados, de los perennemente
disconformes, de los opinadores y de los aludidos, de quienes aspiraban a ver
su nombre impreso y a sentar cátedra sobre cualquier asunto, no importa que
fuera doméstico. Era el espacio tipo que se manejaba a conveniencia, incluso
para rellenar huecos. Allí, en una esquina de la página, abriendo o en la mitad
inferior derecha estaban las cartas al director.
Había quienes las escribían todos los días. Hasta que eran detectados
en las redacciones y empezaron a ser no publicadas. Auténticos especialistas en
ámbitos tan dispares como el fútbol o la política local vertían su parecer.
Dispusieron de espacio y se extendían hasta que mermó la proliferación porque
menguó ese espacio y la normativa o el libro de estilo del rotativo -escrito o
verbal- obligaron a reducir y a ajustarse, so pena de que el original fuera a
la papelera. Algún escrito indujo más de una polémica que duraba varias fechas,
más cuando la publicación se hacía en cabeceras diferentes. En todo caso,
quienes las revisaban o corregían estaban al tanto: respeto a la pluralidad,
nada de insultos ni de acusaciones que no se pudieran probar. Esas, más o
menos, eran las reglas básicas para evitar los trances de una posible judicialización.
Pero
también fue un recurso para las propias redacciones, en donde algunos que
habitaban, motu proprio, o porque les
hicieron un encargo o porque querían puntualizar o salir en defensa de alguien
que había sido atacado, las elaboraban, les ponían un nombre ficticio o las
firmaban con un seudónimo y las publicaban, claro.
Puede que, en algunos casos, llegara a ser la posada más crítica
del periódico. Era posible leer cosas o hechos que crónicas y comentarios no
reflejaban. Hubo casos en los que colaboradores fijos, cuando traspasaban
ciertas delgadas líneas o escribían en discrepancia con la línea editorial o
informativa, vieron sus textos en la sección, como una carta más. Pero, ya con
varios años de andadura democrática, fue palideciendo esa condición. Algunos
habituales se aburrieron y dejaron de escribirlas. Recordamos en algún debate
haber sostenido que en los periódicos insulares ya no eran críticas ni las
cartas al director. Era una forma de significar el acriticismo mediático o la
indolencia de la sociedad canaria.
Y ahora, el aperturismo de los medios y las redes sociales
parecen haber dado el tiro de gracia a las célebres –o no tan célebres- cartas
al director. Las facilidades para dejar un comentario o interactuar hacen mucho
más sencilla la publicación de un parecer. Comparen con otras épocas:
mecanografiar, acompañar copia del carné de identidad, remitir por correo o
llevar personalmente el texto a la sede del periódico eran, en síntesis, los
pasos. Y esperar la aparición, que podía tardar unos días. Ahora estamos a un clic y se publica al instante: no hay color. En las redes, ya saben,
ni siquiera hay un director al que dirigirse y solicitar la publicación: más
fácil todavía.
Entonces, las cartas al director se han convertido en una
añoranza periodística más. Nadie dijo que fueran a durar toda la vida. Pero
seguro que hay quien las echa de menos.
martes, 8 de octubre de 2013
PASIÓN PERIODÍSTICA EN CUALQUIER TIEMPO
La pasión, la pasión por
escribir no conoce tiempos verbales. Por lo tanto, la autora de este libro, la
profesora Olga Álvarez de Armas, escogió muy bien su título, si es que la idea
que sustanció fue hurgar en el pasado con ánimo de cribar tanto trabajo y
tantas publicaciones y contrastar, con la perspectiva del tiempo, el ánimo y el
apetito que volcó en cada una de aquellas impresiones y experiencias que plasmó
a poco de producirse.
Igual la descubrió -para cultivarla y conservarla de por vida-
en aquella visita a la oficina donde trabajaba su padre, Luis Álvarez Cruz, que
describe en el prólogo elaborado por ella misma y en la que asimiló, de una
vez, el tecleo de las máquinas de escribir, las enormes bobinas de papel para
la rotativa “y el olor tan especial de la tinta y el plomo fundiéndose…”.
Situemos ahí el origen remoto de la pasión por escribir de
Olga. Como le sucedió, con un relato paterno, al escritor y poeta colombiano
Darío Jaramillo Agudelo, quien se apresura a distinguirla del “oficio de escribir”,
si se entiende oficio, como él mismo dice, “en el sentido de profesión y no en
su acepción de taller o de gnosis solitaria
o aprendizaje eterno”.
Entonces, que el término pasión aparezca muchas veces en las
ciento cincuenta y siete páginas de este libro, revela lo que han sido el
periodismo y la escritura para su autora, algo consustancial que ya se
apreciaba en sus primeros textos publicados. Olga siempre quiso volar alto:
para ella, una entrevista, penetrar en las entrañas de un personaje, de un
científico o de un artista, no podía dejar indiferente al lector. Y por eso
acudía a preguntar sabiendo no solo lo que preguntaba sino la personalidad, la
trayectoria de quien aceptaba el interrogatorio, el libre juego de cuestiones y
respuestas. La periodista escogía muy bien la figura del entrevistado, las más
de las veces sin estar urgida por la actualidad. Salía en su busca como quien
sale segura de obtener un testimonio que va a interesar.
Cuando no, es a partir de alguna experiencia vivencial, de
algún episodio en el que, sin voluntad protagónica alguna, deduce un hecho
reseñable que enriquece el texto hasta proporcionar un valor humanista y
periodístico. Eso también es pasión.
En las trece entrevistas que incluye en Pretérito imperfecto, publicadas en El País y Diario de Avisos, Álvarez,
que hasta hace muy poco ejercía como docente en la Facultad de Ciencias de la
Información de la Universidad de La Laguna, destila la pasión que se precisa
para dialogar con personas tan dispares como María Casares, Montserrat Caballé,
Salvador Espriú, Miquel Barceló o Giorgio Strehler. Por no hablar de escritores
como Juan Carlos Onetti o Carlos Fuentes. Y no digamos de los canarios Antonio
González y González, Domingo Pérez Minik, Francisco Aguilar y Paz, César Manrique
y Francisco Borges Salas que, junto a Ernesto Salcedo Vílchez, desfilan por
estas páginas sin otra solemnidad que la de unas respuestas francas, válidas
para descubrir o abonar su singular personalidad.
De no haber puesto pasión, Olga Álvarez no hubiera accedido al
teatro Reina Victoria, de Madrid, para asistir al estreno de El Adefesio, de Rafael Alberti, cuyo
papel estelar estaba reservado para María Casares, la hija del que fuera
presidente del Gobierno en el momento que comienza la guerra incivil, Santiago
Casares Quiroga. No tenía entrada ni invitación pero la representante teatral
de Alberti ofició para que la dejaran pasar “a gallinero”, desde donde gritó
¡Libertad! y ¡Amnistía! como una más de las que abarrotaba el recinto. Esa
noche cenó a solas con la actriz culminando las emociones de una jornada
inolvidable, apasionante.
Le hace confesar, en plena enfermedad, a Montserrat Caballé,
con toda naturalidad, su régimen alimenticio y le arranca a Juan Carlos Onetti,
en vísperas de recibir el premio Cervantes, todo un alarde de modestia y
humildad que acaso sea un adelanto del que hoy en día luce su paisano, el
presidente de la República Oriental de Uruguay, José Mujica. No tenía chaqué
para recoger el galardón y cuando fue interrogado sobre el contenido de su
intervención dijo que hablaría de la libertad.
Se encontró la autora con un Salvador Espriú muy exigente
consigo mismo, el hombre que jamás leía la prensa y revelaba que él,
sencillamente, era “un honesto aprendiz de escritor”.
Por pasión perseverante, seguro, asistió al ensayo que dirigía
Giorgio Strehler, il maestro, como le
decía todo el mundo. Fascinada por la personalidad del gran director italiano,
se sentó a su lado y escuchó atentamente sus concepciones teatrales: “El teatro
es el espejo de una sociedad. El instrumento con el cual una sociedad dialoga
consigo misma”.
Y fue la pasión desbordante la que le hizo convencerse de que
ella estaba allí, en la cena que ofrecía el inolvidable César Manrique antes de
su primera exposición en Madrid. Acudió Adolfo Suárez, entonces presidente del
Gobierno. El artista lanzaroteño la volvió loca con su insistencia: “Que esto
se sepa en Canarias”.
Con Carlos Fuentes, el escritor mexicano que también ganó el
Cervantes, dialogó en New York y le desveló que en La Laguna había una persona
a la que ella admiraba por su aspecto y por su vestimenta, Anatolio Fuentes,
entre cuyos ancestros estaba el autor de El
ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha. “Mi abuelo era Cervantes”, fue
la primera respuesta que Olga Álvarez transcribió de aquella entrevista en la
que el escritor reafirma su compromiso profundo “con la tradición intelectual,
estética, con la exigencia de la forma”.
Es curioso, y en cierto modo paradójico, que la autora haya
titulado esta nueva entrega suya Pretérito
imperfecto cuando en otra época empleó La
memoria fértil para ilustrar una serie de entrevistas entre las que incluyó
la que dedicó al pensador Francisco Aguilar y Paz, discípulo que fuera de don
Fernando de los Ríos. De Ernesto Salcedo Vílchez dice que su ‘auctoritas’
inducía a que le llamara y considerara jefe, ‘el jefe’ de todos los que ha
tenido, sobre todo después de haber compartido aquel homenaje que le tributó el
grupo “Nuestro Arte” y en el curso del cual quien fuera director de El Día, en presencia de autoridades
militares, civiles y eclesiásticas, que así se decía entonces, dijo que quería
corresponder dedicando un tributo al director del periódico El Sol, de Málaga, que esa misma tarde
había sido encarcelado y privado también de su carné profesional.
El elenco de las trece entrevistas incluidas en Pretérito imperfecto se completa con las
visiones que ofrecen otros tres destacados intelectuales canarios: Antonio
González y González, Francisco Borges Salas y Domingo Pérez Minik. Con éste,
con el don Domingo de todos nosotros, hay otro pasaje revelador: “Toda mi vida
es una pasión… Yo he sentido siempre una gran pasión por todo”, respondía a sus
84 años, cuando una entusiasmada Olga le arrancaba las cosas que ella buscaba.
El libro se completa con doce crónicas y artículos que
reflejan el criterio de la autora en determinados momentos. Es el criterio
contrastado en escenarios tan distintos como Milán, París, El Cairo, La Habana
y Buenos Aires; y en las impresiones que condensó de Mario Vargas Llosa,
almorzando en la sin igual playa grancanaria de Las Canteras; del mismísimo
Naguib Mahfuz, otro Nobel de Literatura, rodeado de flores de plástico, tomando
un café turco y contemplando por los ventanales el ritmo, la vida apasionante y
seductora de una plaza cuyo nombre terminaría siendo emblemático, Tharir o
plaza de la Liberación.
Estos textos reflejan la sensibilidad periodística de Olga
Álvarez, metida también a editora por si algo faltaba a su trayectoria. En
Madrid, ansiosa por ver teatro, descubre a Blanca Portillo en La vida es sueño; y vive intensamente Ainadamar, el drama lírico del argentino
Oswaldo Golijov que trata de la relación de amistad habida entre la mítica
actriz Margarita Xirgu y el escritor Federico García Lorca.
Con su hermana Isabel, y su cuñada Laura de los Ríos, hija de
don Fernando de los Ríos, anteriormente citado, hizo de anfitriona cuando en el
teatro Guimerá se estrenó Doña Rosita la
soltera o el lenguaje de las flores, a cargo de la compañía de Nuria Espert
dirigida por Jorge Lavelli. La experiencia fue suplementada cuando Álvarez las
acompañó al debut en Granada, la primera representación después de su
asesinato. Dejamos que descubran ustedes los sentimientos acumulados aquella
noche, vividos no desde el palco sino detrás del escenario. Los describe
brevemente la autora con escritura directa, con precisa descripción de lo
acontecido.
Allí, en lugares privilegiados, propiciados o no, cerca de las
personas cuidadosamente escogidas para llevarlas al papel impreso, en las
mismas entrañas de los espacios que eligió para incursionar y para realizarse,
ha vivido Olga Álvarez su pasión periodística, su trasegar por el mundo de la
comunicación, el universo editorial y las aulas universitarias.
En Pretérito imperfecto queda
la impronta de un trabajo riguroso, hecho con esmero, ameno, alejado de
plúmbeas narraciones, demostrando que, más allá de un tiempo verbal, hay toda
una experiencia profesional, pero también existencial, labrada con
minuciosidad, “sin perder un ápice de la locura que un día apareció en [su]
vida como un gran regalo”, como se encarga de consignar en el prólogo.
Ahora ya sabemos que su tiempo pasado está lleno de
enseñanzas, percepciones y moralejas, plasmadas en estas páginas cuya lectura
atraerá a periodistas y profesionales, pero también a quienes quieren conocer
algo más de cuantos en ellas aparecen y de la autora misma.
lunes, 7 de octubre de 2013
PORVENIR DE UN RECINTO
El recinto guarda toda una historia desde su habilitación
misma, a raíz de un pavoroso incendio en febrero de 1965. Alguna aproximación a
la misma hemos hecho: festivales artísticos, espectáculos, convocatorias,
bautismos políticos, conciertos musicales, carnavales, teatro, congresos,
deportes, personajes y un rico anecdotario. Ha sido, sin duda, un espacio
multiusos, en su día muy avanzado -tanto al aire libre como cerrado- pero con el
paso del tiempo, obsoleto, poco operativo y, sobre todo, insuficiente, impropio
de una ciudad llamada a tener durante todo el año actividades públicas de
postín que requieren de un lugar adecuado para su desarrollo.
Pero hay que
empezar a hablar de futuro del parque San Francisco, así denominado para
facilitar la localización de toda la vida. El Consorcio Urbanístico para la
Rehabilitación Turística del Puerto de la Cruz había convocado un concurso de
ideas para su remodelación y las setenta y siete propuestas que han sido
presentadas dan una idea del interés con que se lo han tomado arquitectos,
proyectistas y profesionales que ven la oportunidad de llevar a cabo una
actuación que, independientemente de registrar su sello personal, ha de
significar -esto es lo importante- la dotación de una instalación muy necesaria
en pleno centro de la ciudad, en una calle (Agustín de Bethencourt) que,
paradójicamente, tras el cierre del parque, ha cobrado un tránsito comercial y
de consumo muy notable.
Habrá que
estar atentos a las soluciones de los participantes en el concurso, partiendo
de que se quiere, básicamente, un auditorio con aforo de ochocientas plazas;
establecer la sede del Museo de Arte Contemporáneo Eduardo Westerdhal (MACEW);
sala de exposiciones y espacio para usos como tiendas, restaurante y/o
cafetería. Atentos por dos hechos que pueden resultar un corsé: por un lado, hay
que ensamblar con exactitud la unión o la integración con la iglesia de San
Francisco, la primera construcción civil del municipio, la cual está catalogada
como Bien de Interés Cultural (BIC). En este mismo orden, habrá que observar el
tratamiento que reciban en la actuación proyectada los inmuebles o parcelas
adyacentes. Y por otro, si es posible contar -se supone que ello encarecería
considerablemente cualquier tipo de obras- con un aparcamiento subterráneo al
que se accedería por cualquiera de las dos vías peatonales en las que se encuadra
la parcela. La dotación no es indispensable, desde luego, si se garantiza que
la habrá en el futuro parque marítimo, a escasos trescientos metros de la
localización que referimos.
Es pronto
para hablar de financiación pues, que se sepa, hasta el momento solo se conoce
que el primer premio del concurso, dotado con veinte mil euros, conlleva la
contratación de la redacción del proyecto que tiene un presupuesto de ciento
setenta mil euros. En noviembre, dispondremos de las primeras soluciones con
las que podrá hablarse del porvenir del parque San Francisco con más
fundamentos.
sábado, 5 de octubre de 2013
LAS VEGAS
Allí, el primero, nada más
traspasar esa suerte de frontera que era el recinto de la ermita de San Telmo y
adentrarse en el corazón turístico de Martiánez, aparece con su peculiar
arquitectura, como enseñoreándose, el hotel Las Vegas, desde hace unos años
encuadrado en el potente grupo Catalonia.
Las Vegas fue siempre un establecimiento distinguido, donde se
forjaron numerosos profesionales portuenses. Y no solo los que trabajaban cara
a los clientes. Fue hasta cuna de sindicalistas.
A la hora de recordar, hay que señalar aquella terraza del hotel
que fue escenario o plató televisivo en la primera década de los sesenta del
pasado siglo, aún en blanco y negro. En ella realizó Televisión Española (TVE)
un inolvidable programa, ‘Musical 14.05’, con el que almorzábamos casi a
diario. Presentado por el chileno Raúl Matas, con el paso del tiempo, uno de
los mejores dominadores del medio. Por ese espacio desfilaron Los Rivero, Las hermanas Benítez, Los cinco latinos, José Guardiola, Tony Escudero y otras figuras de la época. Y
en aquella terraza se hicieron ambientaciones en torno a los ritmos bailables
de entonces, la Yenka, por ejemplo, con Jhonny and Charlie (“Vengan chicos, vengan
chicas a bailar…); y el Quando, cuya procedencia, francesa o italiana, despertó
alguna polémica. “Lo baila Mary Santpere, lo baila Robert Jeantal y Charles
Aznavour lo quiere como himno nacional…”, decía una de las estrofas de cierta
versión. A Jeantal, por cierto, se le conocía como el Sinatra francés.
Las Vegas fue también un hotel de película. En exterior día, y
también en sus dependencias interiores, fueron rodadas varias escenas de la
película “Escala en Tenerife”, protagonizada por Ramón Arcusa y Manuel de la
Calva, el Dúo Dinámico. La cinta fue dirigida por Leon Klimovsky y en ella
aparecen unos cuantos trabajadores del establecimiento que se convirtieron pues
en actores por un rato. Los niños que entonces cursábamos bachiller acudíamos a
la salida de clase hasta la plaza de los Reyes Católicos para seguir algunas
escenas del rodaje.
Las Vegas, durante el esplendor turístico del Puerto de la Cruz,
fue de los hoteles vanguardistas en la organización de las celebraciones de fin
de año. El anuncio de la cena-cotillon, con orquesta en directo, aparecía
siempre destacado en los periódicos locales unos días antes de la Nochevieja.
La elegancia de los asistentes (esmoquin los hombres y traje largo las mujeres)
era una de las notas sobresalientes que numerosos espectadores admiraban a su
paso animado por la avenida de Colón.
Igualmente, hay que reseñar su contribución a la transmisión televisada del coso portuense de Carnaval: desde aquella terraza y también en la azotea eran instaladas unas cámaras que captaron las mejores imágenes de aquel desfile que durante muchos años se hacía en la tarde de los lunes. La fama cobrada alcanzó tal nivel que los responsables del coso transmitían a los directores de grupos y comparsas que tuvieran mucho cuidado -y mucho ritmo- al aproximarse al hotel Las Vegas pues allí estaban las cámaras de TVE.
Igualmente, hay que reseñar su contribución a la transmisión televisada del coso portuense de Carnaval: desde aquella terraza y también en la azotea eran instaladas unas cámaras que captaron las mejores imágenes de aquel desfile que durante muchos años se hacía en la tarde de los lunes. La fama cobrada alcanzó tal nivel que los responsables del coso transmitían a los directores de grupos y comparsas que tuvieran mucho cuidado -y mucho ritmo- al aproximarse al hotel Las Vegas pues allí estaban las cámaras de TVE.
Las Vegas tiene, desde luego, una rica historia hotelera. Pese a
las obras y las readaptaciones, siempre conservó ese aire señorial que le hace
superar clichés de la época desarrollista. Seguro que acogió a destacados
huéspedes. Y seguro que siempre será respetado como otra referencia de la
identidad de la oferta turística portuense.
viernes, 4 de octubre de 2013
PRESUPUESTAR PARA FRUSTRAR, TAMBIÉN EN CANARIAS
Los Presupuestos Generales del Estado (PGE) del próximo año no contentan ni a dirigentes, autonómicos y locales, del Partido Popular (PP). Natural: ven las orejas al lobo, recuerdan lo que ocurrió a cargos públicos socialistas bien consolidados y que en el mandato anterior recibieron el castigo en las urnas, en cierto modo dirigido a las políticas de José Luis Rodríguez Zapatero. Temen que les ocurra lo mismo, por mucha recuperación de la quehacen bandera propagandística ministros y otros fieles.
Independientemente de esta circunstancia, el análisis inicial de los PGE en el ámbito canario está también ofreciendo un notable grado de crítica y rechazo. Baste contrastar algunas cifras para entender las razones de la disconformidad presupuestaria.
Por ejemplo, la inversión pública en las islas. En el período comprendido entre 2011 y 2014, las islas han recibido 555 millones de euros menos que la medida de las Comunidades Autónomas. Una vez más, por cierto, se incumple lo dispuesto en el Régimen Económico Fiscal (REF).
En los presupuestos del año próximo, otro ejemplo, mientras la medida de la inversión del Estado asciende a 215 euros por habitante, en las islas es de 155 euros, o sea, cada canario recibe 60 euros menos. La brecha es mayor si se compara con las Comunidades más beneficiadas.
Hay porcentajes aún más preocupantes. Las políticas de fomento del empleo, sin ir más lejos, sufren una reducción del 20%, al pasar de 86 a 69 millones de euros. En cuanto a carreteras, sólo hay 51 millones de euros consignados de los 225 comprometidos.
Todos estos descensos ponen en evidencia que el Fondo de Compensación Interterritorial (FCI), concebido para corregir los desequilibrios económicos entre las comunidades autónomas, disminuye en un 35% al quedarse en solo 44,6 millones de euros.
En definitiva, que los PGE denominados por sus mentores de la recuperación, son las cuentas de la frustración. También en Canarias.
jueves, 3 de octubre de 2013
DESCONTENTOS TURÍSTICOS PRESUPUESTARIOS
A este paso, el Gobierno se va a quedar sin aliados naturales. El ejecutivo sabrá lo que hace. Como siga elaborando esos presupuestos que denomina de la recuperación pero que, tal como se suceden las reacciones, son las cuentas del cabreo y de la frustración, ni los fanatismos mediáticos corearán las bondades y las justificaciones... y las herencias de ZP (Poca vergüenza, que a estas alturas, estas sean las únicas argumentaciones).
Llama la atención, en esa sucesión de rechazos, la que ha explicitado la poco sospechosa Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (CEHAT), decepcionada -proclama- con las partidas dedicadas a Turismo en los Presupuestos Generales del Estado (2014) del próximo año. Y eso que cuentan con un ministro del ramo, o lo que es igual, que aquel deseo de elevar la materia a rango ministerial, para que se correspondiera con la importancia que tiene en la productividad económica y en todos los demás aspectos, no parece que esté en consonancia -presupuestariamente hablando- con los recursos y programas que se planifican.
Por cuarto año consecutivo, hay reducción. Y con respecto a 2013, cuando había consignación de 330 millones de euros, hay un descenso del 5%, al quedarse en 313 millones. Van más lejos los empresarios de la CEHAT: el descenso en la presupuestación de Turespaña, organismo encargado de la promoción exterior de nuestra oferta turística, un 16,7%, hace muy difícil la consecución de los objetivos trazados, especialmente los referidos a la proyección de nuevos productos especializados.
Los empresarios turísticos descontentos, los hoteleros y otros segmentos profesionales, acaso conscientes de que viven en una suerte de burbuja mientras dure la crisis de algunos países mediterráneos, insisten en que las soluciones pasan por las ayudas a la tesorería, ya sea vía financiación bancaria o por relajación fiscal. Mantener la planta alojativa en temporada invernal y completar las actuaciones en los destinos denominados maduros son otras dos metas que la CEHAT estima fundamentales.
Y ahora que los Presupuestos Generales del Estado no gustan a sus dirigentes, tales planteamientos tienen más sentido.
miércoles, 2 de octubre de 2013
LA SUBJETIVIDAD ABURRE
La periodista autodidacta argentina y escritora, Leila
Guerriero, ganadora del premio Fundación Nuevo Periodismo (2010) y autora de
varios libros de éxito, ha confesado su irritación cuando lee a colegas que “solo
escriben historias haciéndolas pasar por su sola experiencia, lo que me pasó a
mí con el entrevistado. Eso me aburre muchísimo”.
Es un golpe
a la subjetividad, una tendencia contra la que se lucha denodadamente,
especialmente en determinados géneros. Cierto que puede haber alguna
experiencia personal extraordinaria, relevante, pero plasmada en un texto,
resulta contraproducente. La autora argentina es crítica con respecto a los
periodistas que asumen un papel protagónico en las historias que trasladan al
papel impreso.
Rechaza,
pues, la primera persona del singular en esas historias. No es la primera ni la
única, claro: siempre hubo reiteradas recomendaciones de evitar el ‘yoísmo’, el
ego que confiere una subjetividad tendenciosa. Tantas como la sugerencia de
utilización del plural de modestia o de autoría y no digamos del mayestático. Es
preferible, a nuestro juicio, utilizar la expresión el autor anticipó que esta otra: yo anticipé. Bien es verdad que, en el ámbito académico, al menos
en el latinoamericano, se advierte que no se debe usar la primera persona del
plural si se es el único autor de un artículo o de una entrada.
De todos modos,
sin pretensión alguna de clase lingüística, Humberto Eco parece zanjar la
cuestión con el siguiente razonamiento, tomado de un trabajo que firma Janet W.
May:
“¿Yo o
nosotros? ¿En la tesis se deben introducir las opiniones personales en primera
persona? ¿Se puede decir "yo pienso que …? Algunos creen que es más
honrado hacerlo así en lugar de utilizar el plural mayestático. No es así. Se dice
"nosotros" porque se supone que aquello que se afirma puede ser
compartido por los lectores. Escribir es un acto social: yo escribo a fin de
que tú que me lees aceptes aquello que te propongo. Como máximo se puede
intentar evitar los pronombres personales recurriendo a expresiones más
impersonales como: "por lo tanto se puede concluir que, luego parece
seguro que, al llegar a este punto se podría decir, es posible que, de lo cual
se deduce que, al examinar este texto se ve que", etc. No es necesario
decir "el artículo que he citado precedentemente", tampoco "el
artículo que hemos citado precedentemente" cuando basta con escribir
"el artículo citado precedentemente". Pero os diré que se puede
escribir "el artículo citado precedentemente nos demuestra que", pues
las expresiones de este género no implican ninguna personalización del discurso
científico”.
Leila
Guerriero, en cualquier caso, ha venido a decir que un periodista debe contar
las historias que suceden en el mundo y no de sí mismo. Su pensamiento se
condensa en algunas frases que son genuinos consejos para redactar y para el
ejercicio de la profesión.
Una de
ellas, por ejemplo, “el momento del perfil y el de la crónica, es el momento
del otro” es todo un mensaje. La empata con otra para robustecer su filosofía:
“La historia de un periodista nunca debe estar delante de la historia que uno
desea contar”. Claro que, como ella misma dice, todo texto periodístico es
subjetivo. Pero se trata de huir de toda tentación egocéntrica, de todo matiz
personalista que puede diluir y echar a perder un buen trabajo. El periodismo
está necesitado, por supuesto, de rigor estilístico, pero también de la
humildad necesaria que haga ver al lector que lo importante es la historia en
sí, la del otro.
martes, 1 de octubre de 2013
COMO SI LA CRISIS NO AFECTARA
Cruzado el ecuador del mandato
municipal, el escenario preelectoral no es muy diferente al de convocatorias
anteriores. Es decir, los rumores y conjeturas empiezan a menudear. Opciones,
expectativas, propósitos, saltos, permutas y estrategias, más o menos
desveladas, en torno a los objetivos políticos que se plantean. Seguro que más
de una encuesta también está sobre la mesa de los estados mayores de los
partidos.
Salvo las primarias o elecciones internas que el Partido
Socialista Obrero Español parece dispuesto a consagrar en su próxima
Conferencia Política -de hecho, en algunas federaciones, como la gallega, ya se
han llevado a la práctica- y que alguna otra organización terminará asimilando,
casi todo, a estas alturas, discurre como antes de la crisis institucional o
como mínimo hasta los comicios de 2011 que pusieron en evidencia, por cierto,
el retroceso de algunos partidos y el hartazgo de métodos, discursos y carteles
electorales.
Y el caso es que las elecciones autonómicas y locales dentro
de menos ya de dos años, precedidas de las europeas, se supone que van a ser
distintas, aunque las direcciones de los partidos no lo interpreten así y estén
haciendo bien poco para corregir el rumbo. Es posible que estimen que toda esa
desafección se va a evaporar en cuanto suenen los clarines de la campaña o se
aproximen las fechas de los debates y más aún, de las inauguraciones y los
oropeles… en cuanto, por fin, se multipliquen los mensajes altisonantes, las
redes queden empapadas de prolija información y los medios -¡ay, las
necesidades de las empresas!- dediquen más y más espacio, más y más minutos, a
cortes de cintas, entregas de distinciones y subvenciones, visitas a barrios y
anuncios de tal o cual actuación. Como dijo un viejo escritor que presumía de
saberlo todo: “Lo de siempre, m’ijo, lo de siempre”.
Pero mientras en buena lógica cabría esperar que el desapego
hacia la política y los políticos se vaya a traducir en virar las espaldas a
las urnas, o lo que es igual, en un alto índice de abstención; y que, en mejor
lógica, los órganos de los partidos estarían trabajando para que eso no se
produjera, propiciando incentivos, ideando alternativas y ofreciendo algo que
ciertamente llamase la atención a los electorados, no parece que aquéllos estén
por la labor, o por lo menos, no se les aprecia esmerándose en contrastar que
se trata de recuperar la política, de restituir la confianza y la credibilidad
perdidas.
Aunque no lo parezca, se trata casi de reinventar, o sea, no
va a bastar con lo que ya se sabe hacer, con la inercia derivada de una agenda,
con las ayudas domésticas, con las inyecciones a empresarios de la comunicación
amigos y con los favores por corresponder. Se supone que con todo lo que ha
pasado, con el castigo que a diario sufren en todos lados los partidos
políticos y sus representantes, ya deberían estar preparando a las bases de
otra manera.
Es decir, que sería necesaria otra cultura, la que se
correspondiera con las exigencias de la sociedad de nuestros días. Romper
hábitos y esquemas ya periclitados. Los comités y las ejecutivas se enfrentan a
inquietantes situaciones de deserciones militantes, en definitiva, de un
capitidisminuido entusiasmo por la política. Tendrán que dilucidar sobre la
inclusión de imputados judiciales en las candidaturas, por ejemplo. Y habrán de
actuar, en lo que quiera que hagan, con la máxima transparencia. Pero, más allá
de gestos o decisiones directamente relacionados con aquello que, teóricamente,
es determinante en una convocatoria electoral, también deben preparar el camino
para hacer ver que la crisis y sus efectos colaterales han producido cambios,
han traído desazón y recelos en la ciudadanía.
Por eso están obligados a motivarla. Tienen que persuadirla
de que la democracia es perfectible, siendo el menos malo de los sistemas de
convivencia política. Hay que cualificarla, revitalizarla, estimularla. Si hay,
como parece demostrado, señales de agotamiento, es preciso afanarse para
incursionar nuevas fórmulas. Cierto que eso no se logra en dos o tres
trimestres, ni siquiera en años. Por eso es necesario que se apliquen cuanto
antes si es que queremos que no aumente la desafección y que la jornada
electoral sea aprovechada, más que nunca, para irse de campo y playa. Como si
se desconfiara de todo y no sirviera de nada lo que en ella se dilucida.
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