viernes, 11 de octubre de 2013

EL DON DE SUSANA HERRERA

Tiene Susana Herrera un don, el de la sutileza, el de saber estar en cada momento, en cada situación, el de saber decir con delicadeza lo más crudo. Difícil papeleta esa en quienes ofician el protocolo, en quienes tienen a su cargo la ordenación, la colocación y, sobre todo, el respeto a las formas. Saben que hay ojos, centenares o miles de ojos observando, saben que hay cámaras por doquier, pendientes de todo, de un movimiento, de un gesto, y por lo tanto, obran con extremo cuidado, ademán positivo permanente y sonrisa predispuesta, aunque sea forzada.


Pues Susana reunía esas cualidades. Ayer puso punto final a más de tres décadas de trabajo en la Administración, ejecutado siempre con responsabilidad, fuera quien fuera su jefe. Ese don femenino le impulsaba a conocer el terreno previamente para luego moverse en él con mayor seguridad. Así fue desenvolviéndose en actos, ceremonias, celebraciones y hasta en aquellas convocatorias que parecían no requerir mayor seguimiento protocolario pero que ella se encargaba de imprimir ese aire de “cuidado, hay que hacer las cosas bien siempre”, que terminaba imponiéndose. Con el mejor resultado, claro.

Susana Herrera mereció la confianza de presidentes y cargos públicos relevantes de la Comunidad Autónoma. Cuando estaba en primera fila activa, supo hacer su trabajo con eficiencia y discreción. Estaba sin que se notara. Y cuando le tocó intramuros, cuando de cruzar despachos y papeles, lo hizo exactamente igual.

Atenta, servicial, femenina, elegante… Susana Herrera fue, además, excelente compañera. Todos se acordaban de ella y todos recurrían a ella cuando las dificultades se extremaban o surgía alguna situación que obligaba a improvisar una solución. Supo, en ese sentido, ganarse el respeto y el precio de quienes estaban a su lado. Que eran muchos.

Le dispensaron un modesto homenaje, el que ella, elegantísima para la ocasión, esperaba, lejos de fastos y oropeles. Solo habló ella, para agradecer con emoción la calidez, el cariño y los regalos que obsequiaron, entre ellos, una tableta con la que ahora, sin los agobios del día, intentará compensar el predominio de papeles que la envolvió durante décadas. Herrera, con todo el encanto, volvió a dar una lección de cómo hay que estar en cada momento. Y eso que era difícil combinar seriedad y desenfado a la vez.

Pues lo logró. Ese don… Felicidades, Susana. Que disfrutes!!

jueves, 10 de octubre de 2013

DEPENDENCIA: ASÍ SE DESMANTELA UN SISTEMA

El dato es escalofriante: cuarenta mil personas menos reciben prestaciones de la Ley de la promoción de la Autonomía Personal y Atención  a las personas  en situación de dependencia, popularmente conocida, desde su publicación, en diciembre de 2006, como Ley de Dependencia. El Gobierno de Mariano Rajoy la reformó en julio del pasado año y los resultados no pueden ser más desalentadores: casi cuarenta y una mil personas han sido expulsadas del sistema de dependencia y han dejado de recibir la prestación a la que tenían derecho.
            El desasosiego de quienes se han acogido a la norma, de los técnicos y  trabajadores sociales que están cerca de las tribulaciones de las personas, de cargos autonómicos y de alcaldes y concejales se ha elevado de forma tal en los últimos meses que se está produciendo un fenómeno inquietante: huir de los afectados y de su entorno familiar para no enfrentarse, para escapar de la vergüenza que significa tener que restar o dar una respuesta negativa.
            Esos son los efectos de la norma revisada, de los recursos limitados, de la insensibilidad gubernamental con los más necesitados. Y es que los requisitos de la reforma del Gobierno en esta materia han generado que, actualmente, haya más de ochenta y una mil personas menos con derecho a prestación de las que había en agosto del pasado año. Son los datos del ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad los que manejamos: a 31 de agosto del presente año, había veintiocho mil quinientas noventa y cinco solicitudes menos.
            Hay más, para entender el alcance de este auténtico desmantelamiento del sistema de dependencia. Dos mil cuatrocientos noventa y seis beneficiarios menos en sistemas de teleasistencia, mil ochenta y ocho ayudas a domicilio menos, doscientas cuarenta y dos plazas menos en centros de día, mil doscientas cincuenta y ocho plazas menos en residencias y casi dos mil quinientas prestaciones menos para cuidadores familiares. Ana Mato, ministra, no puede estar tirando voladores, desde luego.
            No, porque a las cifras reveladoras de unos perjuicios muy extendidos, hay que unir la pérdida de unos mil quinientos empleos. Y tampoco porque la reacción de sus compañeros alcaldes con las previsiones que en materia de asuntos sociales contiene la Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local es bastante inquietante. Son conscientes de que estamos ante medidas muy impopulares con unas repercusiones directas entre los más vulnerables y desfavorecidos.
            Algún iluso, bien informado, estimaba días pasados en una emisión radiofónica nacional que si los ministros y dirigentes de Partido Popular (PP) hablaban de presupuestos de recuperación, es que era posible retomar o acceder a algunas de las prestaciones suprimidas o denegadas. Que se desengañe y que sepa que no hay ni recurso al pataleo: a la infausta decisión de paralizar, en diciembre de 2011, la aplicación de la Ley para personas con dependencia moderada (más de cuatrocientas mil), siguió la eliminación en  los Presupuestos Generales del Estado de 2012 y 2013 la partida en el concepto acordado pues de doscientos ochenta y tres millones de euros de 2011 se pasó a cero en el siguiente.

            La paralización por espacio de dos años de la Ley de Dependencia ha venido a ser la puntilla, una reforma más que empobrece y revela no ya incumplimientos sino lesivas frustraciones para muchísima gente.

miércoles, 9 de octubre de 2013

RÉQUIEM POR LAS CARTAS AL DIRECTOR

Era una sección fija en los periódicos hasta hace muy poco. Pero hay ediciones en las que ya no se publica ni una. Era una especie de refugio de los más osados, de los perennemente disconformes, de los opinadores y de los aludidos, de quienes aspiraban a ver su nombre impreso y a sentar cátedra sobre cualquier asunto, no importa que fuera doméstico. Era el espacio tipo que se manejaba a conveniencia, incluso para rellenar huecos. Allí, en una esquina de la página, abriendo o en la mitad inferior derecha estaban las cartas al director.
    Había quienes las escribían todos los días. Hasta que eran detectados en las redacciones y empezaron a ser no publicadas. Auténticos especialistas en ámbitos tan dispares como el fútbol o la política local vertían su parecer. Dispusieron de espacio y se extendían hasta que mermó la proliferación porque menguó ese espacio y la normativa o el libro de estilo del rotativo -escrito o verbal- obligaron a reducir y a ajustarse, so pena de que el original fuera a la papelera. Algún escrito indujo más de una polémica que duraba varias fechas, más cuando la publicación se hacía en cabeceras diferentes. En todo caso, quienes las revisaban o corregían estaban al tanto: respeto a la pluralidad, nada de insultos ni de acusaciones que no se pudieran probar. Esas, más o menos, eran las reglas básicas para evitar los trances de una posible judicialización.
Pero también fue un recurso para las propias redacciones, en donde algunos que habitaban, motu proprio, o porque les hicieron un encargo o porque querían puntualizar o salir en defensa de alguien que había sido atacado, las elaboraban, les ponían un nombre ficticio o las firmaban con un seudónimo y las publicaban, claro.
    Puede que, en algunos casos, llegara a ser la posada más crítica del periódico. Era posible leer cosas o hechos que crónicas y comentarios no reflejaban. Hubo casos en los que colaboradores fijos, cuando traspasaban ciertas delgadas líneas o escribían en discrepancia con la línea editorial o informativa, vieron sus textos en la sección, como una carta más. Pero, ya con varios años de andadura democrática, fue palideciendo esa condición. Algunos habituales se aburrieron y dejaron de escribirlas. Recordamos en algún debate haber sostenido que en los periódicos insulares ya no eran críticas ni las cartas al director. Era una forma de significar el acriticismo mediático o la indolencia de la sociedad canaria.
    Y ahora, el aperturismo de los medios y las redes sociales parecen haber dado el tiro de gracia a las célebres –o no tan célebres- cartas al director. Las facilidades para dejar un comentario o interactuar hacen mucho más sencilla la publicación de un parecer. Comparen con otras épocas: mecanografiar, acompañar copia del carné de identidad, remitir por correo o llevar personalmente el texto a la sede del periódico eran, en síntesis, los pasos. Y esperar la aparición, que podía tardar unos días. Ahora estamos a un clic y se publica al instante: no hay color. En las redes, ya saben, ni siquiera hay un director al que dirigirse y solicitar la publicación: más fácil todavía.

    Entonces, las cartas al director se han convertido en una añoranza periodística más. Nadie dijo que fueran a durar toda la vida. Pero seguro que hay quien las echa de menos.

martes, 8 de octubre de 2013

PASIÓN PERIODÍSTICA EN CUALQUIER TIEMPO

La pasión, la pasión por escribir no conoce tiempos verbales. Por lo tanto, la autora de este libro, la profesora Olga Álvarez de Armas, escogió muy bien su título, si es que la idea que sustanció fue hurgar en el pasado con ánimo de cribar tanto trabajo y tantas publicaciones y contrastar, con la perspectiva del tiempo, el ánimo y el apetito que volcó en cada una de aquellas impresiones y experiencias que plasmó a poco de producirse.
       Igual la descubrió -para cultivarla y conservarla de por vida- en aquella visita a la oficina donde trabajaba su padre, Luis Álvarez Cruz, que describe en el prólogo elaborado por ella misma y en la que asimiló, de una vez, el tecleo de las máquinas de escribir, las enormes bobinas de papel para la rotativa “y el olor tan especial de la tinta y el plomo fundiéndose…”.
       Situemos ahí el origen remoto de la pasión por escribir de Olga. Como le sucedió, con un relato paterno, al escritor y poeta colombiano Darío Jaramillo Agudelo, quien se apresura a distinguirla del “oficio de escribir”, si se entiende oficio, como él mismo dice, “en el sentido de profesión y no en su acepción de taller o de gnosis solitaria o aprendizaje eterno”.
       Entonces, que el término pasión aparezca muchas veces en las ciento cincuenta y siete páginas de este libro, revela lo que han sido el periodismo y la escritura para su autora, algo consustancial que ya se apreciaba en sus primeros textos publicados. Olga siempre quiso volar alto: para ella, una entrevista, penetrar en las entrañas de un personaje, de un científico o de un artista, no podía dejar indiferente al lector. Y por eso acudía a preguntar sabiendo no solo lo que preguntaba sino la personalidad, la trayectoria de quien aceptaba el interrogatorio, el libre juego de cuestiones y respuestas. La periodista escogía muy bien la figura del entrevistado, las más de las veces sin estar urgida por la actualidad. Salía en su busca como quien sale segura de obtener un testimonio que va a interesar.
       Cuando no, es a partir de alguna experiencia vivencial, de algún episodio en el que, sin voluntad protagónica alguna, deduce un hecho reseñable que enriquece el texto hasta proporcionar un valor humanista y periodístico. Eso también es pasión.
       En las trece entrevistas que incluye en Pretérito imperfecto, publicadas en El País y Diario de Avisos, Álvarez, que hasta hace muy poco ejercía como docente en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de La Laguna, destila la pasión que se precisa para dialogar con personas tan dispares como María Casares, Montserrat Caballé, Salvador Espriú, Miquel Barceló o Giorgio Strehler. Por no hablar de escritores como Juan Carlos Onetti o Carlos Fuentes. Y no digamos de los canarios Antonio González y González, Domingo Pérez Minik, Francisco Aguilar y Paz, César Manrique y Francisco Borges Salas que, junto a Ernesto Salcedo Vílchez, desfilan por estas páginas sin otra solemnidad que la de unas respuestas francas, válidas para descubrir o abonar su singular personalidad.
       De no haber puesto pasión, Olga Álvarez no hubiera accedido al teatro Reina Victoria, de Madrid, para asistir al estreno de El Adefesio, de Rafael Alberti, cuyo papel estelar estaba reservado para María Casares, la hija del que fuera presidente del Gobierno en el momento que comienza la guerra incivil, Santiago Casares Quiroga. No tenía entrada ni invitación pero la representante teatral de Alberti ofició para que la dejaran pasar “a gallinero”, desde donde gritó ¡Libertad! y ¡Amnistía! como una más de las que abarrotaba el recinto. Esa noche cenó a solas con la actriz culminando las emociones de una jornada inolvidable, apasionante.
       Le hace confesar, en plena enfermedad, a Montserrat Caballé, con toda naturalidad, su régimen alimenticio y le arranca a Juan Carlos Onetti, en vísperas de recibir el premio Cervantes, todo un alarde de modestia y humildad que acaso sea un adelanto del que hoy en día luce su paisano, el presidente de la República Oriental de Uruguay, José Mujica. No tenía chaqué para recoger el galardón y cuando fue interrogado sobre el contenido de su intervención dijo que hablaría de la libertad.
       Se encontró la autora con un Salvador Espriú muy exigente consigo mismo, el hombre que jamás leía la prensa y revelaba que él, sencillamente, era “un honesto aprendiz de escritor”.
       Por pasión perseverante, seguro, asistió al ensayo que dirigía Giorgio Strehler, il maestro, como le decía todo el mundo. Fascinada por la personalidad del gran director italiano, se sentó a su lado y escuchó atentamente sus concepciones teatrales: “El teatro es el espejo de una sociedad. El instrumento con el cual una sociedad dialoga consigo misma”. 
       Y fue la pasión desbordante la que le hizo convencerse de que ella estaba allí, en la cena que ofrecía el inolvidable César Manrique antes de su primera exposición en Madrid. Acudió Adolfo Suárez, entonces presidente del Gobierno. El artista lanzaroteño la volvió loca con su insistencia: “Que esto se sepa en Canarias”.
       Con Carlos Fuentes, el escritor mexicano que también ganó el Cervantes, dialogó en New York y le desveló que en La Laguna había una persona a la que ella admiraba por su aspecto y por su vestimenta, Anatolio Fuentes, entre cuyos ancestros estaba el autor de El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha. “Mi abuelo era Cervantes”, fue la primera respuesta que Olga Álvarez transcribió de aquella entrevista en la que el escritor reafirma su compromiso profundo “con la tradición intelectual, estética, con la exigencia de la forma”.
       Es curioso, y en cierto modo paradójico, que la autora haya titulado esta nueva entrega suya Pretérito imperfecto cuando en otra época empleó La memoria fértil para ilustrar una serie de entrevistas entre las que incluyó la que dedicó al pensador Francisco Aguilar y Paz, discípulo que fuera de don Fernando de los Ríos. De Ernesto Salcedo Vílchez dice que su ‘auctoritas’ inducía a que le llamara y considerara jefe, ‘el jefe’ de todos los que ha tenido, sobre todo después de haber compartido aquel homenaje que le tributó el grupo “Nuestro Arte” y en el curso del cual quien fuera director de El Día, en presencia de autoridades militares, civiles y eclesiásticas, que así se decía entonces, dijo que quería corresponder dedicando un tributo al director del periódico El Sol, de Málaga, que esa misma tarde había sido encarcelado y privado también de su carné profesional.
       El elenco de las trece entrevistas incluidas en Pretérito imperfecto se completa con las visiones que ofrecen otros tres destacados intelectuales canarios: Antonio González y González, Francisco Borges Salas y Domingo Pérez Minik. Con éste, con el don Domingo de todos nosotros, hay otro pasaje revelador: “Toda mi vida es una pasión… Yo he sentido siempre una gran pasión por todo”, respondía a sus 84 años, cuando una entusiasmada Olga le arrancaba las cosas que ella buscaba.
       El libro se completa con doce crónicas y artículos que reflejan el criterio de la autora en determinados momentos. Es el criterio contrastado en escenarios tan distintos como Milán, París, El Cairo, La Habana y Buenos Aires; y en las impresiones que condensó de Mario Vargas Llosa, almorzando en la sin igual playa grancanaria de Las Canteras; del mismísimo Naguib Mahfuz, otro Nobel de Literatura, rodeado de flores de plástico, tomando un café turco y contemplando por los ventanales el ritmo, la vida apasionante y seductora de una plaza cuyo nombre terminaría siendo emblemático, Tharir o plaza de la Liberación.
       Estos textos reflejan la sensibilidad periodística de Olga Álvarez, metida también a editora por si algo faltaba a su trayectoria. En Madrid, ansiosa por ver teatro, descubre a Blanca Portillo en La vida es sueño; y vive intensamente Ainadamar, el drama lírico del argentino Oswaldo Golijov que trata de la relación de amistad habida entre la mítica actriz Margarita Xirgu y el escritor Federico García Lorca.
       Con su hermana Isabel, y su cuñada Laura de los Ríos, hija de don Fernando de los Ríos, anteriormente citado, hizo de anfitriona cuando en el teatro Guimerá se estrenó Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores, a cargo de la compañía de Nuria Espert dirigida por Jorge Lavelli. La experiencia fue suplementada cuando Álvarez las acompañó al debut en Granada, la primera representación después de su asesinato. Dejamos que descubran ustedes los sentimientos acumulados aquella noche, vividos no desde el palco sino detrás del escenario. Los describe brevemente la autora con escritura directa, con precisa descripción de lo acontecido.
       Allí, en lugares privilegiados, propiciados o no, cerca de las personas cuidadosamente escogidas para llevarlas al papel impreso, en las mismas entrañas de los espacios que eligió para incursionar y para realizarse, ha vivido Olga Álvarez su pasión periodística, su trasegar por el mundo de la comunicación, el universo editorial y las aulas universitarias.
       En Pretérito imperfecto queda la impronta de un trabajo riguroso, hecho con esmero, ameno, alejado de plúmbeas narraciones, demostrando que, más allá de un tiempo verbal, hay toda una experiencia profesional, pero también existencial, labrada con minuciosidad, “sin perder un ápice de la locura que un día apareció en [su] vida como un gran regalo”, como se encarga de consignar en el prólogo.
       Ahora ya sabemos que su tiempo pasado está lleno de enseñanzas, percepciones y moralejas, plasmadas en estas páginas cuya lectura atraerá a periodistas y profesionales, pero también a quienes quieren conocer algo más de cuantos en ellas aparecen y de la autora misma.

       O sea, si se permite la licencia, que no es tan imperfecto.

lunes, 7 de octubre de 2013

PORVENIR DE UN RECINTO

El recinto guarda toda una historia desde su habilitación misma, a raíz de un pavoroso incendio en febrero de 1965. Alguna aproximación a la misma hemos hecho: festivales artísticos, espectáculos, convocatorias, bautismos políticos, conciertos musicales, carnavales, teatro, congresos, deportes, personajes y un rico anecdotario. Ha sido, sin duda, un espacio multiusos, en su día muy avanzado -tanto al aire libre como cerrado- pero con el paso del tiempo, obsoleto, poco operativo y, sobre todo, insuficiente, impropio de una ciudad llamada a tener durante todo el año actividades públicas de postín que requieren de un lugar adecuado para su desarrollo.
            Pero hay que empezar a hablar de futuro del parque San Francisco, así denominado para facilitar la localización de toda la vida. El Consorcio Urbanístico para la Rehabilitación Turística del Puerto de la Cruz había convocado un concurso de ideas para su remodelación y las setenta y siete propuestas que han sido presentadas dan una idea del interés con que se lo han tomado arquitectos, proyectistas y profesionales que ven la oportunidad de llevar a cabo una actuación que, independientemente de registrar su sello personal, ha de significar -esto es lo importante- la dotación de una instalación muy necesaria en pleno centro de la ciudad, en una calle (Agustín de Bethencourt) que, paradójicamente, tras el cierre del parque, ha cobrado un tránsito comercial y de consumo muy notable.
            Habrá que estar atentos a las soluciones de los participantes en el concurso, partiendo de que se quiere, básicamente, un auditorio con aforo de ochocientas plazas; establecer la sede del Museo de Arte Contemporáneo Eduardo Westerdhal (MACEW); sala de exposiciones y espacio para usos como tiendas, restaurante y/o cafetería. Atentos por dos hechos que pueden resultar un corsé: por un lado, hay que ensamblar con exactitud la unión o la integración con la iglesia de San Francisco, la primera construcción civil del municipio, la cual está catalogada como Bien de Interés Cultural (BIC). En este mismo orden, habrá que observar el tratamiento que reciban en la actuación proyectada los inmuebles o parcelas adyacentes. Y por otro, si es posible contar -se supone que ello encarecería considerablemente cualquier tipo de obras- con un aparcamiento subterráneo al que se accedería por cualquiera de las dos vías peatonales en las que se encuadra la parcela. La dotación no es indispensable, desde luego, si se garantiza que la habrá en el futuro parque marítimo, a escasos trescientos metros de la localización que referimos.

            Es pronto para hablar de financiación pues, que se sepa, hasta el momento solo se conoce que el primer premio del concurso, dotado con veinte mil euros, conlleva la contratación de la redacción del proyecto que tiene un presupuesto de ciento setenta mil euros. En noviembre, dispondremos de las primeras soluciones con las que podrá hablarse del porvenir del parque San Francisco con más fundamentos.

sábado, 5 de octubre de 2013

LAS VEGAS

Allí, el primero, nada más traspasar esa suerte de frontera que era el recinto de la ermita de San Telmo y adentrarse en el corazón turístico de Martiánez, aparece con su peculiar arquitectura, como enseñoreándose, el hotel Las Vegas, desde hace unos años encuadrado en el potente grupo Catalonia.
    Las Vegas fue siempre un establecimiento distinguido, donde se forjaron numerosos profesionales portuenses. Y no solo los que trabajaban cara a los clientes. Fue hasta cuna de sindicalistas.
    A la hora de recordar, hay que señalar aquella terraza del hotel que fue escenario o plató televisivo en la primera década de los sesenta del pasado siglo, aún en blanco y negro. En ella realizó Televisión Española (TVE) un inolvidable programa, ‘Musical 14.05’, con el que almorzábamos casi a diario. Presentado por el chileno Raúl Matas, con el paso del tiempo, uno de los mejores dominadores del medio. Por ese espacio desfilaron Los Rivero, Las hermanas Benítez, Los cinco latinos, José Guardiola, Tony Escudero y otras figuras de la época. Y en aquella terraza se hicieron ambientaciones en torno a los ritmos bailables de entonces, la Yenka, por ejemplo, con Jhonny and Charlie (“Vengan chicos, vengan chicas a bailar…); y el Quando, cuya procedencia, francesa o italiana, despertó alguna polémica. “Lo baila Mary Santpere, lo baila Robert Jeantal y Charles Aznavour lo quiere como himno nacional…”, decía una de las estrofas de cierta versión. A Jeantal, por cierto, se le conocía como el Sinatra francés.
    Las Vegas fue también un hotel de película. En exterior día, y también en sus dependencias interiores, fueron rodadas varias escenas de la película “Escala en Tenerife”, protagonizada por Ramón Arcusa y Manuel de la Calva, el Dúo Dinámico. La cinta fue dirigida por Leon Klimovsky y en ella aparecen unos cuantos trabajadores del establecimiento que se convirtieron pues en actores por un rato. Los niños que entonces cursábamos bachiller acudíamos a la salida de clase hasta la plaza de los Reyes Católicos para seguir algunas escenas del rodaje.
    Las Vegas, durante el esplendor turístico del Puerto de la Cruz, fue de los hoteles vanguardistas en la organización de las celebraciones de fin de año. El anuncio de la cena-cotillon, con orquesta en directo, aparecía siempre destacado en los periódicos locales unos días antes de la Nochevieja. La elegancia de los asistentes (esmoquin los hombres y traje largo las mujeres) era una de las notas sobresalientes que numerosos espectadores admiraban a su paso animado por la avenida de Colón.
   Igualmente, hay que reseñar su contribución a la transmisión televisada del coso portuense de Carnaval: desde aquella terraza y también en la azotea eran instaladas unas cámaras que captaron las mejores imágenes de aquel desfile que durante muchos años se hacía en la tarde de los lunes. La fama cobrada alcanzó tal nivel que los responsables del coso transmitían a los directores de grupos y comparsas que tuvieran mucho cuidado -y mucho ritmo- al aproximarse al hotel Las Vegas pues allí estaban las cámaras de TVE.
    Las Vegas tiene, desde luego, una rica historia hotelera. Pese a las obras y las readaptaciones, siempre conservó ese aire señorial que le hace superar clichés de la época desarrollista. Seguro que acogió a destacados huéspedes. Y seguro que siempre será respetado como otra referencia de la identidad de la oferta turística portuense.

viernes, 4 de octubre de 2013

PRESUPUESTAR PARA FRUSTRAR, TAMBIÉN EN CANARIAS

Los Presupuestos Generales del Estado (PGE) del próximo año no contentan ni a dirigentes, autonómicos y locales, del Partido Popular (PP). Natural: ven las orejas al lobo, recuerdan lo que ocurrió a cargos públicos socialistas bien consolidados y que en el mandato anterior recibieron el castigo en las urnas, en cierto modo dirigido a las políticas de José Luis Rodríguez Zapatero. Temen que les ocurra lo mismo, por mucha recuperación de la quehacen bandera propagandística ministros y otros fieles.
Independientemente de esta circunstancia, el análisis inicial de los PGE en el ámbito canario está también ofreciendo un notable grado de crítica y rechazo. Baste contrastar algunas cifras para entender las razones de la disconformidad presupuestaria.
Por ejemplo, la inversión pública en las islas. En el período comprendido entre 2011 y 2014, las islas han recibido 555 millones de euros menos que la medida de las Comunidades Autónomas. Una vez más, por cierto, se incumple lo dispuesto en el Régimen Económico Fiscal (REF).
En los presupuestos del año próximo, otro ejemplo, mientras la medida de la inversión del Estado asciende a 215 euros por habitante, en las islas es de 155 euros, o sea, cada canario recibe 60 euros menos. La brecha es mayor si se compara con las Comunidades más beneficiadas.
Hay porcentajes aún más preocupantes. Las políticas de fomento del empleo, sin ir más lejos, sufren una reducción del 20%, al pasar de 86 a 69 millones de euros. En cuanto a carreteras, sólo hay 51 millones de euros consignados de los 225 comprometidos.
Todos estos descensos ponen en evidencia que el Fondo de Compensación Interterritorial (FCI), concebido para corregir los desequilibrios económicos entre las comunidades autónomas, disminuye en un 35% al quedarse en solo 44,6 millones de euros.
En definitiva, que los PGE denominados por sus mentores de la recuperación, son las cuentas de la frustración. También en Canarias.


jueves, 3 de octubre de 2013

DESCONTENTOS TURÍSTICOS PRESUPUESTARIOS

A este paso, el Gobierno se va a quedar sin aliados naturales. El ejecutivo sabrá lo que hace. Como siga elaborando esos presupuestos que denomina de la recuperación pero que, tal como se suceden las reacciones, son las cuentas del cabreo y de la frustración, ni los fanatismos mediáticos corearán las bondades y las justificaciones... y las herencias de ZP (Poca vergüenza, que a estas alturas, estas sean las únicas argumentaciones).
Llama la atención, en esa sucesión de rechazos, la que ha explicitado la poco sospechosa Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (CEHAT), decepcionada -proclama- con las partidas dedicadas a Turismo en los Presupuestos Generales del Estado (2014) del próximo año. Y eso que cuentan con un ministro del ramo, o lo que es igual, que aquel deseo de elevar la materia a rango ministerial, para que se correspondiera con la importancia que tiene en la productividad económica y en todos los demás aspectos, no parece que esté en consonancia -presupuestariamente hablando- con los recursos y programas que se planifican.
Por cuarto año consecutivo, hay reducción. Y con respecto a 2013, cuando había consignación de 330 millones de euros, hay un descenso del 5%, al quedarse en 313 millones. Van más lejos los empresarios de la CEHAT: el descenso en la presupuestación de Turespaña, organismo encargado de la promoción exterior de nuestra oferta turística, un 16,7%, hace muy difícil la consecución de los objetivos trazados, especialmente los referidos a la proyección de nuevos productos especializados.
Los empresarios turísticos descontentos, los hoteleros y otros segmentos profesionales, acaso conscientes de que viven en una suerte de burbuja mientras dure la crisis de algunos países mediterráneos, insisten en que las soluciones pasan por las ayudas a la tesorería, ya sea vía financiación bancaria o por relajación fiscal. Mantener la planta alojativa en temporada invernal y completar las actuaciones en los destinos denominados maduros son otras dos metas que la CEHAT estima fundamentales.
Y ahora que los Presupuestos Generales del Estado no gustan a sus dirigentes, tales planteamientos tienen más sentido. 

miércoles, 2 de octubre de 2013

LA SUBJETIVIDAD ABURRE

La periodista autodidacta argentina y escritora, Leila Guerriero, ganadora del premio Fundación Nuevo Periodismo (2010) y autora de varios libros de éxito, ha confesado su irritación cuando lee a colegas que “solo escriben historias haciéndolas pasar por su sola experiencia, lo que me pasó a mí con el entrevistado. Eso me aburre muchísimo”.
            Es un golpe a la subjetividad, una tendencia contra la que se lucha denodadamente, especialmente en determinados géneros. Cierto que puede haber alguna experiencia personal extraordinaria, relevante, pero plasmada en un texto, resulta contraproducente. La autora argentina es crítica con respecto a los periodistas que asumen un papel protagónico en las historias que trasladan al papel impreso.
            Rechaza, pues, la primera persona del singular en esas historias. No es la primera ni la única, claro: siempre hubo reiteradas recomendaciones de evitar el ‘yoísmo’, el ego que confiere una subjetividad tendenciosa. Tantas como la sugerencia de utilización del plural de modestia o de autoría y no digamos del mayestático. Es preferible, a nuestro juicio, utilizar la expresión el autor anticipó que esta otra: yo anticipé. Bien es verdad que, en el ámbito académico, al menos en el latinoamericano, se advierte que no se debe usar la primera persona del plural si se es el único autor de un artículo o de una entrada.
            De todos modos, sin pretensión alguna de clase lingüística, Humberto Eco parece zanjar la cuestión con el siguiente razonamiento, tomado de un trabajo que firma Janet W. May:
            “¿Yo o nosotros? ¿En la tesis se deben introducir las opiniones personales en primera persona? ¿Se puede decir "yo pienso que …? Algunos creen que es más honrado hacerlo así en lugar de utilizar el plural mayestático. No es así. Se dice "nosotros" porque se supone que aquello que se afirma puede ser compartido por los lectores. Escribir es un acto social: yo escribo a fin de que tú que me lees aceptes aquello que te propongo. Como máximo se puede intentar evitar los pronombres personales recurriendo a expresiones más impersonales como: "por lo tanto se puede concluir que, luego parece seguro que, al llegar a este punto se podría decir, es posible que, de lo cual se deduce que, al examinar este texto se ve que", etc. No es necesario decir "el artículo que he citado precedentemente", tampoco "el artículo que hemos citado precedentemente" cuando basta con escribir "el artículo citado precedentemente". Pero os diré que se puede escribir "el artículo citado precedentemente nos demuestra que", pues las expresiones de este género no implican ninguna personalización del discurso científico”.
            Leila Guerriero, en cualquier caso, ha venido a decir que un periodista debe contar las historias que suceden en el mundo y no de sí mismo. Su pensamiento se condensa en algunas frases que son genuinos consejos para redactar y para el ejercicio de la profesión.

            Una de ellas, por ejemplo, “el momento del perfil y el de la crónica, es el momento del otro” es todo un mensaje. La empata con otra para robustecer su filosofía: “La historia de un periodista nunca debe estar delante de la historia que uno desea contar”. Claro que, como ella misma dice, todo texto periodístico es subjetivo. Pero se trata de huir de toda tentación egocéntrica, de todo matiz personalista que puede diluir y echar a perder un buen trabajo. El periodismo está necesitado, por supuesto, de rigor estilístico, pero también de la humildad necesaria que haga ver al lector que lo importante es la historia en sí, la del otro.

martes, 1 de octubre de 2013

COMO SI LA CRISIS NO AFECTARA

Cruzado el ecuador del mandato municipal, el escenario preelectoral no es muy diferente al de convocatorias anteriores. Es decir, los rumores y conjeturas empiezan a menudear. Opciones, expectativas, propósitos, saltos, permutas y estrategias, más o menos desveladas, en torno a los objetivos políticos que se plantean. Seguro que más de una encuesta también está sobre la mesa de los estados mayores de los partidos.
         Salvo las primarias o elecciones internas que el Partido Socialista Obrero Español parece dispuesto a consagrar en su próxima Conferencia Política -de hecho, en algunas federaciones, como la gallega, ya se han llevado a la práctica- y que alguna otra organización terminará asimilando, casi todo, a estas alturas, discurre como antes de la crisis institucional o como mínimo hasta los comicios de 2011 que pusieron en evidencia, por cierto, el retroceso de algunos partidos y el hartazgo de métodos, discursos y carteles electorales.
         Y el caso es que las elecciones autonómicas y locales dentro de menos ya de dos años, precedidas de las europeas, se supone que van a ser distintas, aunque las direcciones de los partidos no lo interpreten así y estén haciendo bien poco para corregir el rumbo. Es posible que estimen que toda esa desafección se va a evaporar en cuanto suenen los clarines de la campaña o se aproximen las fechas de los debates y más aún, de las inauguraciones y los oropeles… en cuanto, por fin, se multipliquen los mensajes altisonantes, las redes queden empapadas de prolija información y los medios -¡ay, las necesidades de las empresas!- dediquen más y más espacio, más y más minutos, a cortes de cintas, entregas de distinciones y subvenciones, visitas a barrios y anuncios de tal o cual actuación. Como dijo un viejo escritor que presumía de saberlo todo: “Lo de siempre, m’ijo, lo de siempre”.
         Pero mientras en buena lógica cabría esperar que el desapego hacia la política y los políticos se vaya a traducir en virar las espaldas a las urnas, o lo que es igual, en un alto índice de abstención; y que, en mejor lógica, los órganos de los partidos estarían trabajando para que eso no se produjera, propiciando incentivos, ideando alternativas y ofreciendo algo que ciertamente llamase la atención a los electorados, no parece que aquéllos estén por la labor, o por lo menos, no se les aprecia esmerándose en contrastar que se trata de recuperar la política, de restituir la confianza y la credibilidad perdidas.
         Aunque no lo parezca, se trata casi de reinventar, o sea, no va a bastar con lo que ya se sabe hacer, con la inercia derivada de una agenda, con las ayudas domésticas, con las inyecciones a empresarios de la comunicación amigos y con los favores por corresponder. Se supone que con todo lo que ha pasado, con el castigo que a diario sufren en todos lados los partidos políticos y sus representantes, ya deberían estar preparando a las bases de otra manera.
         Es decir, que sería necesaria otra cultura, la que se correspondiera con las exigencias de la sociedad de nuestros días. Romper hábitos y esquemas ya periclitados. Los comités y las ejecutivas se enfrentan a inquietantes situaciones de deserciones militantes, en definitiva, de un capitidisminuido entusiasmo por la política. Tendrán que dilucidar sobre la inclusión de imputados judiciales en las candidaturas, por ejemplo. Y habrán de actuar, en lo que quiera que hagan, con la máxima transparencia. Pero, más allá de gestos o decisiones directamente relacionados con aquello que, teóricamente, es determinante en una convocatoria electoral, también deben preparar el camino para hacer ver que la crisis y sus efectos colaterales han producido cambios, han traído desazón y recelos en la ciudadanía.

         Por eso están obligados a motivarla. Tienen que persuadirla de que la democracia es perfectible, siendo el menos malo de los sistemas de convivencia política. Hay que cualificarla, revitalizarla, estimularla. Si hay, como parece demostrado, señales de agotamiento, es preciso afanarse para incursionar nuevas fórmulas. Cierto que eso no se logra en dos o tres trimestres, ni siquiera en años. Por eso es necesario que se apliquen cuanto antes si es que queremos que no aumente la desafección y que la jornada electoral sea aprovechada, más que nunca, para irse de campo y playa. Como si se desconfiara de todo y no sirviera de nada lo que en ella se dilucida.