lunes, 14 de septiembre de 2026

Limitaciones de otrora, adelantos actuales

 

En las redacciones que uno habitó (La Tarde, Diario de Avisos, Radio Popular, Radio Club Tenerife), lo que había era máquinas de escribir, teletipos, télex y ya más tarde, en los ochenta y noventa del pasado siglo, telefax, que nos pareció a todos un invento asombroso para no tener que rehacer los textos. Eran redacciones muy cálidas desde el ángulo de relaciones humanas, en las que congeniaban mentalidades y convicciones ideológicas de distinto signo y en las que circulaban historietas, rumores y relatos -a veces personales, a veces de los vecinos y allegados- que imprimían un sello peculiar a la esencia misma del medio.

 Cuentan quienes aún tienen su centro de trabajo en las redacciones que no solo hay mayor dispersión sino que han ido perdiendo la calidez, en el fondo, un elemento consustancial que contribuía a la formación y al desarrollo profesional. Si ahora, como que ya hay en marcha todo un proceso de adaptación, llega la inteligencia artificial (IA), que cada quien imagine lo que pueda brotar en esos campos que en poco o nada se parecerán a aquéllos donde germinaban semillas periodísticas -a veces muy mal regadas- y donde se operaba con herramientas elementales pero, eso sí, muy eficaces a poco que se adquiriera la destreza imprescindible.

Hay, en diario.infoperiodistas.info, un texto muy interesante firmado por Judith Victoria Cherquis, que nos permite contrastar las limitaciones de entonces con los adelantos actuales, especialmente los referidos a la introducción de esa tecnología. Escribe la autora que las redacciones están dejando atrás la primera etapa de la inteligencia artificial, centrada en establecer qué se puede hacer y qué no, para entrar en una fase más compleja: decidir quién controla estas herramientas, quién responde por sus resultados y cómo se integra la IA en la propia arquitectura de los medios.

Cherquis toma como base el análisis publicado por el ‘Institute for the Study of Journalism’ y elaborado por Ramaa Sharma. Recoge entrevistas con veinte responsables de medios, expertos y académicos de trece países. Además, analiza cómo las organizaciones están adaptando sus flujos de trabajo y sus productos ante la expansión de la IA.

El informe identifica tres modelos principales de gobernanza. En algunas organizaciones, el uso de IA ha surgido de manera informal, sin políticas específicas. A veces ocurre por falta de recursos para establecer estructuras de supervisión. Otras han desarrollado principios y comités internos que mantienen al humano dentro del proceso de decisión. Y un tercer grupo ha creado estructuras formales con responsables y equipos específicos de inteligencia artificial. Entre estos últimos aparecen la BBC, la finlandesa YLE y la Televisión Checa.

La supervisión humana sigue siendo el principal mecanismo de seguridad para las redacciones. Sin embargo, el Reuters Institute advierte de que ese modelo empieza a generar problemas.

Parte de la responsabilidad está recayendo sobre los mandos intermedios, que ya soportan una elevada carga de trabajo. Annika Ruoranen, antigua responsable de IA responsable de YLE, señala que estos profesionales deben ocuparse de la calidad diaria de las informaciones. Además, deben asumir nuevas tareas relacionadas con la gobernanza de la inteligencia artificial. En Scroll, en India, esta presión ha provocado incluso que se establezcan límites sobre la cantidad de contenidos asistidos por IA que los trabajadores deben revisar.

El informe concluye que la IA también puede ayudar a detectar sesgos, aunque pueda resultar una tarea difícil de verificar cuando se examinan las noticias de una en una. La BBC, por ejemplo, utiliza este tipo de análisis para estudiar patrones de representación en miles de contenidos. Su responsable de IA señala que determinados sesgos solo pueden detectarse cuando se observa el comportamiento de una redacción a gran escala. La misma lógica puede aplicarse a los propios sistemas de IA. El objetivo ya no consiste únicamente en revisar una respuesta concreta, sino en identificar patrones que puedan repetirse en miles de contenidos.

Las agencias Efe y Associated Press (AP) ya han dado pasos hacia normas más precisas.  Por ejemplo, la primera ha establecido una guía de uso editorial que sitúa la supervisión humana y la responsabilidad periodística en el centro. La agencia exige que los contenidos elaborados con intervención sustancial de IA sean identificados ante sus clientes y establece límites específicos para las imágenes generadas artificialmente. Además, contempla herramientas autorizadas, formación de los equipos y un órgano interno de supervisión integrado por distintas áreas de la compañía y el Consejo de Redacción.

AP, por su parte, actualizó sus estándares este verano y amplió los usos permitidos de la IA para tareas como investigación inicial, resumen de documentos, transcripción, traducción o sugerencias de titulares. En todos los casos, los resultados deben ser revisados y editados por periodistas antes de su publicación. La agencia mantiene además la prohibición de utilizar IA generativa para crear, alterar o mejorar fotografías informativas.

La conclusión del estudio apunta a un cambio de escala: gobernar la inteligencia artificial ya no consiste solo en decidir qué puede hacer una herramienta. Consiste en diseñar los sistemas, los equipos y los procesos para que la responsabilidad periodística no desaparezca cuando la tecnología gane autonomía. Las redacciones de ahora tienen que ponerse las pilas. Hay mucho que aprender, hacer y aplicar.

Aunque hay muchas dudas sobre si, haciendo todo eso, será posible recuperar la calidez de antaño.

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