En las redacciones que uno habitó (La Tarde, Diario de
Avisos, Radio Popular, Radio Club Tenerife), lo que había era máquinas de
escribir, teletipos, télex y ya más tarde, en los ochenta y noventa del pasado
siglo, telefax, que nos pareció a todos un invento asombroso para no tener que
rehacer los textos. Eran redacciones muy cálidas desde el ángulo de relaciones
humanas, en las que congeniaban mentalidades y convicciones ideológicas de
distinto signo y en las que circulaban historietas, rumores y relatos -a veces
personales, a veces de los vecinos y allegados- que imprimían un sello peculiar
a la esencia misma del medio.
Hay,
en diario.infoperiodistas.info, un texto muy interesante firmado por
Judith Victoria Cherquis, que nos permite contrastar las limitaciones de
entonces con los adelantos actuales, especialmente los referidos a la
introducción de esa tecnología. Escribe la autora que las redacciones están dejando atrás la
primera etapa de la inteligencia artificial, centrada en establecer qué se
puede hacer y qué no, para entrar en una fase más compleja: decidir quién controla estas herramientas, quién responde por sus
resultados y cómo se integra la IA en la propia arquitectura de los medios.
Cherquis toma como base el análisis publicado por el ‘Institute for the Study of Journalism’ y
elaborado por Ramaa
Sharma. Recoge entrevistas con veinte responsables de medios,
expertos y académicos de trece países. Además, analiza cómo las organizaciones
están adaptando sus flujos de trabajo y sus productos ante la expansión de la
IA.
El informe identifica tres modelos principales de gobernanza. En
algunas organizaciones, el uso de IA ha surgido de manera informal, sin
políticas específicas. A veces ocurre por falta de recursos para establecer
estructuras de supervisión. Otras han desarrollado principios y comités
internos que mantienen al humano dentro del proceso de decisión. Y un tercer
grupo ha creado estructuras formales con responsables y equipos específicos de
inteligencia artificial. Entre estos últimos aparecen la BBC, la finlandesa YLE
y la Televisión Checa.
La supervisión humana sigue siendo el principal mecanismo de
seguridad para las redacciones. Sin embargo, el Reuters Institute advierte de
que ese modelo empieza a generar problemas.
Parte de la responsabilidad está recayendo sobre los mandos
intermedios, que ya soportan una elevada carga de trabajo. Annika Ruoranen,
antigua responsable de IA responsable de YLE, señala que estos profesionales
deben ocuparse de la calidad diaria de las informaciones. Además, deben asumir
nuevas tareas relacionadas con la gobernanza de la inteligencia artificial. En
Scroll, en India, esta presión ha provocado incluso que se establezcan límites
sobre la cantidad de contenidos asistidos por IA que los trabajadores deben
revisar.
El informe concluye que la IA también puede ayudar a detectar
sesgos, aunque pueda resultar una tarea difícil de verificar cuando se examinan
las noticias de una en una. La BBC, por ejemplo, utiliza este tipo de análisis
para estudiar patrones de representación en miles de contenidos. Su responsable
de IA señala que determinados sesgos solo pueden detectarse cuando se observa
el comportamiento de una redacción a gran escala. La misma lógica puede
aplicarse a los propios sistemas de IA. El objetivo ya no consiste únicamente
en revisar una respuesta concreta, sino en identificar patrones que puedan
repetirse en miles de contenidos.
Las agencias Efe y Associated Press (AP) ya han dado pasos hacia
normas más precisas. Por ejemplo, la
primera ha establecido una guía de uso editorial que sitúa la supervisión
humana y la responsabilidad periodística en el centro. La agencia exige que los
contenidos elaborados con intervención sustancial de IA sean identificados ante
sus clientes y establece límites específicos para las imágenes generadas
artificialmente. Además, contempla herramientas autorizadas, formación de los
equipos y un órgano interno de supervisión integrado por distintas áreas de la
compañía y el Consejo de Redacción.
AP, por su parte, actualizó sus estándares este verano y amplió
los usos permitidos de la IA para tareas como investigación inicial, resumen de
documentos, transcripción, traducción o sugerencias de titulares. En todos los
casos, los resultados deben ser revisados y editados por periodistas antes de
su publicación. La agencia mantiene además la prohibición de utilizar IA
generativa para crear, alterar o mejorar fotografías informativas.
La conclusión del estudio apunta a un cambio de escala: gobernar la inteligencia
artificial ya no consiste solo en decidir qué puede hacer una herramienta.
Consiste en diseñar los sistemas, los equipos y los procesos para que la
responsabilidad periodística no desaparezca cuando la tecnología gane
autonomía. Las redacciones de ahora tienen que ponerse las pilas. Hay mucho que
aprender, hacer y aplicar.
Aunque hay muchas
dudas sobre si, haciendo todo eso, será posible recuperar la calidez de antaño.
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