viernes, 12 de septiembre de 2008

PERIODISMO DE AHORA MISMO

Ayer tarde, después de una conversación relativa a los preparativos del que habrá de celebrarse en Las Palmas de Gran Canaria y cuando el funeral de Madrid devolvía las crudas y trágicas consecuencias del accidente aéreo de Barajas, reflexionábamos nuevamente sobre el papel de los medios de comunicacíón en las horas y fechas posteriores al siniestro.


Ya deben saber que la Federación de las Asociaciones de la Prensa de España (FAPE), apremiada por los familiares de las víctimas que pidieron respeto y menos espectáculo, va a convocar un debate que ojalá sea fructífero y provechoso para esclarecer ese papel, dimensionarlo y actuar consecuentemente en el futuro, no sólo en catástrofes, por cierto.


Puede que haya dudas sobre el ejercicio de la autocrítica en el periodismo de nuestros días pero, al menos, quedan pruebas y testimonios de profesionales que han expresado su discrepancia con los tratamientos mediáticos circenses, crueles y faranduleros.


Uno de ellos es que el que podrán leer a continuación. Se trata de la columna firmada por Alfonso González Jerez días pasados en "Diario de Avisos", con el título 'Regreso'. El autor aprovecha, además, para repasar el estado de los medios canarios y algunas de sus manifestaciones más singulares. El texto es ilustrativo de lo que pasa a nuestro alrededor, de lo que leemos, escuchamos o vemos. Dice:




El regreso posveraniego sirve para comprobar que todo va peor de lo previsto. No extraña que para los depresivos el otoño y sus galas melancólicas sea un momento de esplendor. La realidad parece darles la razón con una sonrisa de hastío. Quizás para limitar el escepticismo (o para culminarlo) últimamente me detengo particularmente en la reflexión sobre los medios de comunicación canarios. El panorama es deprimente e incluye el probable cierre de un periódico y docenas de periodistas aullando famélicamente a la luz de la luna antes de fin de año. Alrededor del accidente en el aeropuerto de Barajas hemos exhibido nuestras llagas más purulentas. Mientras las televisiones vomitaban morbosamente una información alpargatera nuestras redacciones bullían de actividad y ofrecían lo siguiente: los periódicos grancanarios mostraban fotos de los muertos sonrientes a cuatro columnas, cuando aún los achicharrados cadáveres no habían sido identificados, y un periódico tinerfeño, sí, ese mismo, publicaba un editorial en la que se insinuaba que los canariones, con tal de conseguir notoriedad, eran capaces de inmolarse en un avión en horas de máxima audiencia. Es difícil decidir sobre qué estrategia informativa es más repugnante, aunque servidor se inclina por echar el buche sobre las miserables ignominias del cafre desorejado al que los poderes políticos y empresariales tinerfeños siguen tratando con un temor reverencial, cobarde y envilecedor. "Nuestra profesión no puede ser ejercida correctamente por nadie que sea un cínico", le respondía a un estudiante el periodista Ryszard Kapuscinski. "Una cosa es ser escépticos, realistas, prudentes... Algo muy distinto es ser cínicos, una actitud incompatible con la profesión de periodista. El cinismo es una actitud inhumana, que nos aleja automáticamente de nuestro oficio". Kapuscinski se detuvo un momento y añadió: "Naturalmente, aquí estamos hablando sólo del gran periodismo, que es el único del que vale la pena ocuparse". No niego que el maestro polaco tuviera razón, incluso toda la razón, pero si uno siguiera fielmente su dictado, nadie podría apenas hablar y ocuparse del periodismo canario actual, incluso excluyendo una radio con la creatividad hibernada y unas televisiones locales cuya profesionalidad se mueve entre el retrete y el frenopático.




Sin desperdicio. ¿A qué sí?

jueves, 11 de septiembre de 2008

MUY DURO GOLPE, SEÑORÍAS

El acelerador de partículas siguió su rumbo a Dios sabe dónde -mentada sea la divinidad sin doble intención a la vista de la terminología que los científicos han empleado- y el mundo no se terminó. O lo que es igual: aquí seguimos, viendo como el carrusell de la vida gira entre hechos insólitos y situaciones controvertidas que hacen que no disminuya la capacidad de asombro, si es que alguien creía que mermaba como el agujero de ozono del que, metidos ya en esas harinas, nunca más se supo.

Porque controversia es, desde luego, la sanción aplicada a un juez que no ejecutó una sentencia de prisión contra el presunto asesino de una niña de Huelva. El órgano de gobierno de los jueces, ese cuya nueva composición acaban de consensuar los principales partidos políticos del país, liquida la decisión del magistrado con una sanción económica de mil quinientos euros.

Para echar más pimienta al pote de la controversia, y aunque parezcan sus tintes anecdóticos, el juez dice que no está contento en absoluto.

¡Qué país! Hace muchos años, haciendo periodismo deportivo, un exégeta de nuestros planteamientos sobre los árbitros de la región y el vilipendio que sufrían a menudo, preguntó en directo: "¿Y se ha parado usted a pensar quién juzga a los jueces?". Para añadir, no sin sorna: "Es que, salvo honrosas excepciones, los que lo hacen quizá sepan menos aún y hasta sean menos imparciales".

Y es que después de la tragedia -aquel padre paseando su dolor y sus lágrimas por las pantallas hispanas ansiosas de morbo, hasta llegar a La Moncloa buscando un mínimo de respaldo quizás a cambio de sosegar a las masas- se esperaba alguna medida ejemplar. Todo ha quedado momentáneamente en una falta grave. Ya veremos qué da de si el corporativismo cuando se avance en la intrincada jungla de los recursos que se avecinan.

Nada devolverá la vida a aquella niña, de acuerdo, pero unos padres sí tienen derecho a pedir justicia y responsabilidades. De ahí la indignación apresurada del padre de Mari Luz, que así se llamaba. "Han escrito la página más negra del poder judicial", ha llegado a decir tras confesar que se siente engañado. Y llega más lejos: "La decisión contra el juez es un golpe a toda la sociedad española".

Sí, es esa sociedad desconcertada que hoy bramará inútilmente. No, no lo entenderá pese a las sesudas explicaciones, que las habrá y han de ser respetadas. Negligencia o no, despachar el asunto con mil quinientos euros -me resisto a escribir que eso es lo que vale la vida de la niña- es inasumible. Ni el traslado forzoso ni la suspensión por un período de tres años ni la expulsión de la carrera judicial, previsibles consecuencias si su actuación hubiera sido penalizada con una falta muy grave, le son de aplicación.

Es un golpe, sí, muy duro golpe señorías.

lunes, 8 de septiembre de 2008

CAMBIO CLIMATICO, NIEVE EN KENIA

Hay un acelerador de partículas por ahí que ha hecho que se hable del fin del mundo, después de no se sabe cuántos años especulando con esa opción que nunca se ha cumplido, claro, hasta el punto de dejar de ser asunto noticioso.

Cuentan que es el mayor del mundo, que producirá un agujero de notorias dimensiones y un efecto similar al big-bang origen del Universo que uno escribe con mayúscula porque entiende que si un concepto o un vocablo así no la lleva, pues a ver cómo distinguimos otros términos.

La cosa es para mañana, ¿eh?, de modo que atentos, en serio, no sea que el acelerador se lleve por delante también hasta las inyecciones esas que los prebostes del capitalismo yanki han aplicado a las financieras que, con el agua en las fosas nasales no en el cuelo, se resquebrajaban ya sin remedio.

Igual no pasa nada, que el agujero acaba siendo más reducido y que algunos idearon el recurso para llamar la atención sobre el cambio climático. Si es así, pues no sonríamos, porque este cambio tiene una dimensión o una repercusión que no es para desdeñar. Hace unos meses tuve oportunidad de comprobar los resultados de unas observaciones científicas hechas en un observatorio de Izaña (Tenerife) y, adecuadamente explicados, te hacen rascar los brazos. Canarias, precisamente, otrora afortunadas, nada que ver ya con el jardín de Herodoto, no son ajenas a las consecuencias de ese cambio inducidas, entre otras cosas, por el calentamiento global y la desertización.

Así que mucho cuidado porque las imágenes de ciudadanos de Kenia de raza negra, vistas hace unos días, jugando con copos de nieve, sorbiéndolos incluso, eran demostrativas de que algo se está moviendo en las entretelas de la Naturaleza, también con mayúscula. Había hecho acto de aparición el níveo elemento en aquellas latitudes y si los keniatas se lo ponían por montera o lo tragaban, en una insólita vivencia, por estos andurriales no pudimos por menos que abrir la boca en señal de sorpresa.

Lo que faltaba por ver. ¿O quizás haya que aguardar a mañana para comprobar si el acelerador ese produce todavía hechos más increíbles? Y perdón, señores científicos, si se deslizó alguna frivolidad.

domingo, 7 de septiembre de 2008

EL DILEMA

Uno se resiste a hablar en primera persona, y de sí mismo, y de las cosas más cercanas, y del entorno... Lo habrán notado, ¿no? Lo saben los pacientes lectores, aquellos que conocen del estilo y de las formas de trasladar las cosas.

Es una colisión, una duda, una lucha con uno mismo. No quiere hacer el bloguero un diario personal y tampoco quiere rellenar.

De ahí que no hagamos una nueva entrada todos los días. La piden visitantes habituales, lo trasladan amigos que se cruzan en la plaza, en la avenida, en la sobremesa y hasta en el bocadillo de la cena.

La misma explicación: escribir requiere sosiego, búsqueda de temas, interpretación de las imágenes, de las palabras y de las lecturas... Y tiempo, mucho tiempo para plasmar las ideas y situarse en el nivel que uno desea.

Y ocurre que el trabajo cotidiano, las gestiones, los teléfonos, los preparativos de otros documentos, los horarios de aviones, las ayudas para el traslado terrestre... con frecuencia no propician el sosiego. No lo hay ni para leer... Han sido, son tantos los frentes...

Tampoco hay que ser tan rígido, dirán algunos, de modo que hasta se podría hacer una concesión a sus expectativas, revisando esos esquemas y contando cosas que son las propias vivencias. Hoy mismo, esta entrada ya es un avance. O lo parece.

Pero, de verdad, me resisto: ¿qué le importará a los visitantes del blog las cuitas, las sensaciones, las cosas que a uno le suceden? El periodismo, la comunicación es otra cosa. O al menos, así lo tengo asimilado. ¿Será eso? ¿Será una deformación profesional?

Es lunes por la mañana y el conflicto -bueno, no tanto: el dilema, la disyuntiva- no ha hecho más que desatarse. Opinen y dejen sus comentarios, si quieren. Me serán de utilidad para despejar dudas.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

CRISIS GALOPANTE Y SIN ALTERNATIVAS

Es cierto, totalmente cierto. Quien más quien menos está padeciendo los efectos de la desaceleración económica gestada en Estados Unidos, allá durante el verano del pasado año con la plaga de las hipotecas de mala calidad, extendida a una velocidad extraordinaria en prácticamente todo el mundo.

El último dato de los conocidos en Canarias relativo a la recesión es ilustrativo y asusta: más de cuarenta y tres mil personas engrosan los listados del desempleo. A pesar de que las grandes superficies siguen viéndose muy pobladas, especialmente los fines de semana, y los pequeños y medianos restaurantes continúan llenos o casi llenos también en esos días (cuando no hay aparcamiento o hay que esperar para coger mesa, todos se hacen la misma exclamación: ¡Y eso que hay crisis!), a pesar, digo, las cifras empiezan a inquietar.

Y es entonces cuando brotan los tremendismos y cuando los catastrofismos galopan desbocadamente tal como anticipábamos ayer. Es como si desearan que la situación empeore para poner el acento en las responsabilidades o en las culpas al Gobierno. Por resumirlo, la célebre frase bien aplicada a sus intereses: Cuanto peor, mejor. Eso sí: pocas o ninguna alternativa. Y si ésto es lo que se reprocha, fácil réplica: que inventen ellos. Para eso cobran y para eso se les ha puesto ahí.

Seguro que son conscientes (¿o no tan seguro?) de que confluyen, por primera vez en muchísimo tiempo, tres crisis de gran calado, además interactivas: finanzas, energía y alimentos. ¡Ahí les quiero ver! Pero no importa: ni la génesis ni los efectos universalizados son tenidos en cuenta, con tal de cargar las tintas y el verbo sobre el Ejecutivo.

No hay dinero, no circula, las entidades financieras suman quebrantos y recelan unas de otras, sin que las aportaciones de liquidez de los bancos centrales hayan servido de mucho.

La economía se resiente, vaya que sí. El sector inmobiliario, sí, y también la construcción, las industrias y los servicios.

Energía: el precio del crudo, sus oscilaciones, sus especulaciones. Todo lo que se mueve, la dependencia de los combustibles: alza de precios, disminución de poder adquisitivo, malestar de sectores profesionales, protestas, exigencias, paros... Y ningún impulso a las fuentes alternativas.

Por si todo fuera poco, la crisis alimentaria. Puede haber, según se ha sabido, hasta unos mil millones de personas afectadas por hambre. Otro terreno abonado para la especulación: ya verán cómo la saliuda será el encarecimiento de las cosechas.

En fin, el capitalismo afronta otra de las coyunturas que él mismo fabrica ciclícamente. Panorama sombrío, sí señor. Sobre todo, echando un vistazo a lo que sucede en el Cáucaso, en las eleccciones estadounidenses, en la tragedia africana y en la evolución populista de buena parte de América.

lunes, 1 de septiembre de 2008

MENOS COCHES

Aseguran que el coche es uno de los artículos que representa uno de los principales termómetros de los consumidores, por lo que el dato del retroceso en las matriculaciones de turismos y todoterrenos el pasado mes de agosto -superior al 41%- significa toda una crisis de confianza en ese contexto de recesión económica que afecta a la economía capitalista.

Las asociaciones de fabricantes y vendedores van más lejos: aseguran que es el peor dato del año, con la caída porcentual más importante y la segunda más intensa de la historia, tras la de enero de 1993.

O sea, que menos coches, precisamente en las semanas previas a esa iniciativa europea sobre la movilidad y sobre los hábitos saludables en las ciudades. Una iniciativa condensada en aquel lema, "¡La ciudad sin mi coche"!, asumido por muchos municipios canarios y españoles, con mucho entusiasmo en las primeras ediciones y con cierta resignación y hasta sin ningún espíritu en las más recientes.

Menos coches, hecho que no es bueno para el sector, desde luego, pero que sirve para medir la evolución de la coyuntura socieconómica. La población frena una de sus opciones de consumo, a la espera de que haya pronto uno de esos planes gubermanentales para favorecer la industria y estimular la adquisición o los cambios de vehículo. No olvidemos que hasta hace bien poco algunos presumían de cambiar cada seis meses y otros alardeaban de que en una misma casa o en una misma unidad familiar había hasta tres unidades.

Cabe preguntarse si los usos sociales empiezan a cambiar también, es decir, si cualquiera de las modalidades de transporte colectivo van a fortalecerse porque, en efecto, las vacas gordas no se sabe cuándo reparacerán y porque, en la adversidad, hay que hacer sacrificios, apretarse el cinturón y disminuir o prescindir de los gastos voluntarios.

Quienes exteriorizaban con la compra del coche la primera señal de bienestar personal o capacidad adquisitiva, tendrán que aguardar mejores momentos.

Mientras tanto, se engrosan esos espacios habilitados para almacenar vehículos a la espera de que proveedores y concesionarios puedan trasladarlos hasta galerías, expositores y puntos de venta. Habían resistido las subidas de los combustibles. Pero este frenazo generalizado, alimentado por esas opiniones tremendistas y los deseos de catastrofismo de los que hablaremos en otro momento, les ha desbordado.

Lo dicen fabricantes y vendedores: es una caída estrepitosa.

domingo, 31 de agosto de 2008

VOLVER, A SUS PANTALLAS OTRA VEZ

Pues claro que han pasado cosas desde la última entrega. Y es lógico que al reanudar el blog, dejemos constancia: ejercí como delegado del Gobierno de España desde el 1 de febrero hasta mediado el mes de mayo pasado. Un delegado breve, es verdad. Pero una experiencia intensa, pegada a las demandas de los canarios. Y sobre todo, un honor, un auténtico honor haber servido y representado al Gobierno de la nación. Cesé con sorpresa pero sin ruido, como cuando fui designado.

Después, un tiempo de descanso y una duda que despejar: volver al periodismo activo o incorporarme a un nuevo destino político.

Al final, a favor de lo segundo: asumí la dirección de la comunicación del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria a mediados de julio pasado.

Y ahí estamos, lidiando, con la información y con la comunicación política. Creyendo disponer de más tiempo y palpando la necesidad de escribir y contar cosas, de ahí la voluntad de reaparecer en el ciberespacio y también en las páginas de 'Diario de Avisos'.

A los que nos echaban de menos, hemos vuelto. Volver, volver a sus pantallas otra vez. A ver si sabemos corresponder. Y ya saben: cuando quieran, dejen su comentario. Siempre será estimable.

viernes, 25 de enero de 2008

SURREALISMO

Fuimos de los primeros en aplicar -junto con Armas Marcelo, José Luis Torró, Julio Pérez, Pedro Lasso y algún otro- el término surrealismo a la política canaria. Aquella movida de Fernando Fernández, aquella insólita investidura de Lorenzo Olarte, aquella sopa de siglas que confundió a Rosa Conde en una noche electoral, los experimentos insularistas y todo lo que desencadenó la moción de censura a Carmelo Artiles en el Cabildo Insular de Gran Canaria generaron tal suerte de situaciones peculiares que fue consecuente emplear aquel concepto que se identificó con uno de los fenómenos culturales de los vividos en las islas en la primera mitad del siglo pasado.
Ya en los años noventa, cuando las ambiciones de los insularistas se desbordaron y José Carlos Mauricio -¡quién lo iba a decir!- impulsó el emergente nacionalismo haciendo ver que sólo cristalizaría la operación si se tocaba poder, el surrealismo de la política canaria iba creciendo a ritmo imparable.
Tras la censura a Saavedra -medio gobierno se autocensuraba pero no importaba; Hermoso, vicepresidente hasta entonces, era el sucesor- todo cambió. Que nadie hablara de ideología pues era preferible acuñar lo de "gobierno de obediencia canaria". Obediencia: ni más ni menos. En la ideología cabía todo hasta el punto de que la organización política cuajada a raíz de todos aquellos vaivenes se asemejaba mucho al peronismo argentino: había empresarios financiando la cosa y compartiendo afanes con sindicalistas, comunistas conversos y derechistas desengañados.
Nacía Coalición Canaria que iba a por todas, políticamente hablando. Quería el control de las instituciones, de los agentes sociales, de las organizaciones cívicas, de los fenómenos de masas, incluido el carnaval. No dudaba en utilizar lo que fuese -hubo censuras en corporaciones locales verdaderamente inauditas- para satisfacer una auténtica voracidad de poder. Una voracidad insaciable.
El Partido Popular, desesperado por su escasísima implantación en la islas pero consciente de que había un electorado expectante que aguardaba la caída del socialismo, se subió al carro actuando muchas veces como muleta. El curso de la historia demuestra que no han escarmentado los populares pese a muchos impoderables y muchos reveses auspiciados o propinados por sus aventajados socios.
Y así se han sucedido episodios insólitos, contradictorios, inconsecuentes. Los personalismos y los intereses de grupos, de sectores, de islas han prevalecido en la política canaria. La lista es larga.
Pero sería bueno apuntar el último de esos episodios. Por si no han reparado, en los próximos comicios del 9 de marzo en las candidaturas al Senado por la isla de Tenerife aparecen Ricardo Melchior (CC), actual presidente del Cabildo Insular, y Antonio Alarcó (PP), actual vicepresidente de la institución en virtud del pacto de gobernabilidad suscrito tras las elecciones de mayo del pasado año.
O sea, que presidente y vicepresidente, socios y todo lo que ustedes quieran en el Cabildo, son rivales en las elecciones. Lo han leído bien: concurren en opciones políticas distintas. No digan que Buñuel no lo hubiera imaginado mejor. Pregunten lo que quieran, hasta en plan sarcástico se pudiera: ¿cómo se lo montarán Melchior y Alarcó? ¿Pactarán los ataques? ¿Concurrirán en un mismo debate? ¿Dejarán al Cabildo de sus amores al margen? ¿Lograrán impedir uno y otro la impresión generalizada de que PP y CC la misma cosa es?
Y no adelantemos nada en cuanto a posibles resultados. ¿Han pensado ustedes las consecuencias de que Alarcó, vicepresidente, aventaje en votos a Melchior? A ver, los defensores de las listas abiertas, que se definan. Ahí tienen.
Es una situación para genio de la lámpara, desde luego.
P.S. En las últimas horas se ha sabido que hay una nueva moción de censura está en marcha en un Ayuntamiento lanzaroteño. Y se ha sabido que se debatirá ¡el martes de Carnaval! No está claro que los ediles tengan que ir disfrazados.
Surrealismo, puro surrealismo.

jueves, 24 de enero de 2008

ABSTENCION

Pedro Lasso, paisano, escrutador de registros electorales, intérprete de números absolutos y relativos, situándose siempre en las coordenadas de la lógica, por lo tanto, analizando desde el rigor y la racionalidad, dice que el sistema está en peligro.
Sí, sí, el sistema democrático. La amenaza se llama abstención. O abstencionismo. La gente está desencantada, está desertando ante las urnas. Los porcentajes revelan el hastío del electorado. Y eso es malo para la democracia, claro que sí, porque merman sus cualidades principales, entre ellas la participación.
Quede para el debate, especialmente en el seno de los partidos, las razones de esa actitud abstencionista. Algo debe estar ocurriendo para que segmentos de población, entre el desencanto, la frustración, la decepción y la protesta, prefieran ese día cualquier otra actividad antes que acudir a su colegio electoral.
Con razón Rodríguez Zapatero hace una y otra vez llamamientos para ir a votar. Ya le antecedió Felipe González en esa apelación, dirigida con énfasis a los jóvenes, a aquéllos que votaban por primera vez.
Natural si tenemos en cuenta conclusiones como las alumbradas por Lasso en su más reciente entrega sobre perspectivas, promovida por la Asociación de la Prensa de Sana Cruz de Tenerife. Una de ellas: las mayorías absolutas de Felipe González en 1982 y la de Aznar en 2000. La primera, sobre la base de la participación, una de las más altas en la historia de la democracia española. La del presidente conservador fue lograda sobre más del 30% de abstención.
Y esta otra: en las estadísticas comparadas, abstencionistas contabilizados, la ciudadanía canaria demostró estar más interesada -por tanto, participó en mayor medida- en las elecciones legislativas o generales que en las autonómicas. Que tome nota el pseudonacionalismo sumatorio de intereses insularistas.
En realidad, que tomen nota todos, porque a ver cómo explican socialistas y populares que Miguel Zerolo haya fabricado también sus mayorías con medio Santa Cruz disfrutando ese día en la playa, en el monte o en cualquiera de las segundas residencias y restaurantes del interior.
El problema es ese: que nadie haya encargado a cualquiera de las administraciones un estudio sociológico, concienzudo y riguroso, sobre las causas de la abstención. Y que conocido el diagnóstico, se pongan a trabajar para quebrar ese desapego, esa conducta indolente.
Que no es un chiste ni una concesión más al pasotismo, ¿eh? Que esto es muy serio, que es la democracia lo que está en juego, lo que peligra. Porque tentaciones para aprovecharse brotan sin cesar.
Por mucho bienestar, por mucho consumismo, por mucha romería y por mucho carnaval que inunde a todas horas calles, recintos, plazas... y televisiones. Qué barbaridad.
Pedro Lasso tiene la sensación de que predica en el desierto. Al menos los que tienen la paciencia de seguirle habrán comprobado que detrás de la parafernalia, de las maniobras, del derroche y de los debates estériles o insustanciales, están las verdades del barquero electoral.
¿No decían -y dicen- cada vez que se dan determinados resultados que el pueblo es sabio? Pues ahí lo tienen.

miércoles, 23 de enero de 2008

Montajistas

Montajista. Nos llamó la atención el término hace unos meses, cuando lo empleó alguien en plena euforia de los supuestos escándalos que pululan por algunas cadenas televisivas, en esos programas que asocian a la basura para distinguirlos.
Nada o casi nada de sus contenidos es casual. Se necesita a alguien, o a más de uno, para gestar la situación y darle luego rango de información o noticia.
No está el vocablo en el diccionario, salvo que lo hayan incorporado en alguna de esas recientes revisiones y no nos hayamos enterado todavía. Por lo tanto, el neologismo -si es que así puede ser considerado- tiene tintes de un derivado: de montaje.
Así que montajista debe ser el que, en un contexto de comunicación, se presta a hacer cualquier papel en la fabricación de una supuesta información o de una pieza, como decían en televisión. Puede ser, por ejemplo, el conductor o la sirvienta de algún personaje público que, habiendo cesado en su cometido, por despecho o porque les pagan una cantidad, van y cuentan las interioridades de aquel trabajo o de aquella relación con sus jefes.
Montajista es también la persona que, ansiosa de notoriedad, sin escrúpulos y con ánimo malévolo, se presta a una situación mínimamente urdida para perjudicar o dañar premeditadamente a alguien que un día no hizo declaraciones o produjo cualquier negativa al medio, a un profesional del mismo o al entorno del mismo. Resquemores, revanchismos, móviles políticos y aprovechamientos personales también forman parte del sistema. O de la trama.
Se le busca un vínculo, se le dice lo que tiene que decir, se le prepara convenientemente, se le obnubila con cifras millonarias de audiencia, se le ofrece un talón... Y ya está: ya es partícipe, ya forma parte del montaje.
A este paso, viendo que el caudal de réditos no cede, con el tiempo no es de extrañar que se consigne: de profesión, montajista.
El último episodio es el de TeleMadrid a propósito de una ruta de inmigración ilegal desmantelada hace unos meses en el aeropuerto de Barajas y reactivada por un reportaje de dicha televisión pública para tratar de evidenciar poco menos que un coladero por donde es fácil entrar en el país sorteando controles y demás trámites legales.
Cómo habrá sido el montaje, que los trabajadores de la cadena han manifestado públicamente su vergüenza. La manipulación descarada mina su propia ejecutoria y merma -un poco más- la credibilidad del medio. Ya se están rasgando las vestiduras de las consecuencias políticas pero veremos en qué queda.
De momento, el montajista, los montajistas, han vuelto a oficiar. No les importa nada: ni el fenómeno de la inmigración ni la función policial ni la seguridad en una instalación aeroportuaria. Ya consiguieron lo que querían: sus minutos de gloria (¿de gloria?) y el supuesto desprestigio de quienes deben velar para que esas cosas (la red, la ilegalidad, el coladero...) no sucedan.
Les han descubierto. Pero no se engañen: ellos -éstos u otros- lo volverán a hacer. Ya son montajistas profesionales.