sábado, 31 de enero de 2015

ASOCIAR, CON POLICROMÍA, EL PERIODISMO A LA LITERATURA

Fue una presentación nada convencional. Lleno en el Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias. Policromía, el libro de Román Delgado ilustrado por Gervasio Cabrera, desplegó todos sus atractivos con el diálogo entre el autor y la periodista Olga Álvarez; con las explicaciones del dibujante sobre el nacimiento de Cosme, el personaje a quien se identificaba en pantalla; y con las lecturas de algunos textos a cargo del narrador Héctor Ruiz Verde, intercaladas con las interpretaciones de Socos Dúo, César Martín a la marimba y Ciro Hernández, al chelo. Al principio, dijimos:
Al verde lo sustantiva explosión, como si ahí estuviera el origen de todo y el posterior desarrollo: desde la infancia humilde hasta la supervivencia urbana, pasando por la juventud rural, aún hoy recuperable de vez en cuando, entre aromas de bucolismo, brezo y humedad, allí donde el campo todavía conserva las esencias.
      Hay un amarillo transición, pintado desde el intimismo, desde la búsqueda de la personalidad propia, desbrozando y fiscalizando la jungla de la realidad próxima, la que se palpa con ganas de no verse desbordado por su crudeza y, por tanto, de proporcionar una alternativa sólida y fiable.
      Y hay un rojo que envuelve la desesperanza, la que se resiste a inclinarse pero que se va tornando asfixiante mientras el escritor destila su jugo crítico e inconformista porque, ante todo, es eso: un espartano, un estajanovista atrapado entre colores pero dispuesto a batirse con ellos porque en ellos está su inspiración, su salto después de los relatos que dieron razón de ser a Creaciones urgentes, su primer libro.

      Román Delgado recicla con originalidad las urgencias escritas, los apremios en esa suerte de ‘pick and roll’ (bloqueo y continuación) periodístico que contrasta la calidad de los textos: se aprecia de inmediato el esmero para saber combinar los matices que el autor desgrana con fluidez y atracción. Las ilustraciones del artista tinerfeño Gervasio Cabrera, por otro lado, aportan el sosiego necesario para recrearse en la lectura de imaginaciones, reflexiones, sensaciones y emociones allí donde se desarrollan, en un espacio urbano claramente identificado como es Santa Cruz de Tenerife, o donde habita la desesperanza, fruto de la pérdida de valores y del estado en el que se encuentra la política de nuestros días.
      Asegura Delgado que no sabe escribir sin urgencias. Quizás Policromía dé a entender lo contrario: que hay un autor capaz de hacerlo con sosiego, con enfoques menos apremiantes, a sabiendas de que la escritura precisa de eso, de tiempo y de serenidad, incluso en el repaso de los textos que hay que seleccionar para que el cuerpo de la obra tenga reclamos desde cualquier arista.
      Esta selección de cuentos y otros textos, editada por Cathaysa, casi trescientas páginas de análisis, de visión crítica y con licencia para la nostalgia, es el reto mismo del autor: asociar el periodismo a la literatura. La obra, en ese sentido, es un paso decisivo en su trayectoria, valiente, rigurosa, osada, en la que, sin reservas ni dobleces, muestra sus pliegues interiores por donde circulan las inquietudes de quien no se conforma, de quien quiere hacer más, incursionando, si es preciso, en territorios experimentales.
      La vocación literaria de Román Delgado es la consecuencia de las urgencias pero también la meta de las ideas que somete constantemente a un proceso personal con tal de emplear el lenguaje adecuado, aderezado de los colores que aquí desnudan estados de ánimo. Son los colores de la vida, aquellos que hicieron brotar los sentimientos y las etapas de la propia existencia, con una onda expansiva impregnada de verde y con una pátina amarilla que alumbra un auténtico viaje interior. Tiñó la desesperanza de rojo, acaso porque la vertiente más periodística se vio inoculada por el virus de la crisis y del escepticismo.
      Pero no olvida el autor el primario azul que considera esencial y está, en sus concepciones, junto al verde. Afirma que es un color para pensar en clave creativa. Por eso dice que “el azul está con la literatura, dándose besitos con el verde”.
      Es el particular arco polícromo de Delgado, el afán de dar coherencia a elementos, en principio, muy distintos. Exigencias, apetencias, sensibilidades, rutinas, sinsabores y hasta pequeñas satisfacciones se van sucediendo en la escritura que, cargada de subjetividad, entraña todos los alicientes que alimentan sin cesar la aspiración literaria.

      “El libro es una identificación extrema con la literatura como medio de salvación espiritual”, confiesa Román Delgado. Pero no es una actitud escapista la suya. Todo lo contrario: es la reafirmación de un compromiso con la vocación que cultiva a base de creaciones como esta Policromía prologada por Luis Aguilera y con epílogo de César Martín, tan sensibles también con la creatividad para hacerla brillante y seductora hasta sublimar la atención y las emociones de quienes se rinden a la lectura y contemplación de páginas e ilustraciones.

viernes, 30 de enero de 2015

FIN DE LA CUESTA

La cuesta, la empinada cuesta de enero, llega a su final. Quienes han sobrellevado el trance, o sea, quienes han llegado hasta aquí, tienen mucho mérito porque la fiebre consumista se disparó, en tanto la bonanza registró incrementos de porcentajes en el comercio minorista. Cuentan que la alegría se ha instalado de nuevo entre los consumidores y que la palabra crisis ya suena menos.


De hecho, es un tópico, pero tiene su significado la cuesta. Se sigue gastando con poco realismo. El ahorro vuelve a ser asignatura que puede esperar. Después de Navidad y Reyes, se supone que ‘desplumados’, llegar a la tercera semana de enero -y no digamos la cuarta- es todo un triunfo. Los cajeros automáticos de los bancos se contraen después de haber vomitado dinero durante unas cuantas fechas.

La cuesta es real. Lo que supone subirla, tras los gastos sin demasiados miramientos, tras regalos, comidas, excesos, celebraciones y demás, es ejercicio para ordenados, metódicos y austeros. Y cuando se ve en los almanaques esos treinta y esa hoja de febrero que quiere aparecer, hay un inevitable ‘menos mal’, hay una respiración que desahoga sin reservas. La cuesta de enero ya es historia.

Y como ya suena a Carnaval y la gente se distrae y lo de Grecia queda lejos, pues se rescata el ‘a vivir que son dos días’. Ya llegará el tiempo de volver a lamentarse… Total.



jueves, 29 de enero de 2015

DONACIONES

Una información periodística, aparecida en el diario La Opinión, destaca la disminución en las reservas de sangre en la Comunidad Autónoma de Canarias como consecuencia de la falta de donaciones.


De inmediato nos preguntamos si, de súbito, se había evaporado esa cualidad de los canarios, generosos a la hora de donar, con respuestas muy estimables en las campañas específicas que recorren ciudades y pueblos de las islas. La solidaridad se demuestra con hechos, esto es, plasmando y materializando aquellos propósitos que se formulan en declaraciones y programas. Precisamente, las respuestas de los canaries con sus donaciones han sido siempre una referencia, han sido expuestas como una prueba de la solidaridad de los canarios.

Parece ser que las causas de la reducción obedecen a los relajamientos que se observan en períodos vacacionales. Hay etapas de respuestas masivas pero también otras en las que ya no son tan numerosas.

Los niveles de sangre registrados por el Instituto Canario de Hemodonación y por toda la denominada Red Transfusional son suficientes para atender las necesidades del sistema sanitario canario. Este dato lo ilustra: desde el 1 de enero hasta ayer, se han obtenido mil trescientas donaciones más que en el mismo período del año anterior.

Tranquiliza saber, por otro lado, que la distribución de hemoderivados a los hospitales y centros sanitarios, de acuerdo con los protocolos de coordinacíon establecidos, está garantizada dependiendo de sus necesidades.

De todos modos, confiando en que tras los ciclos festivos las cosas se normalicen, habrá que insistir en la sensibilidad. Que no se pierda esa buena costumbre de donar sangre. El agradecimiento de quienes la necesitan será eterno.





miércoles, 28 de enero de 2015

ELISEO IZQUIERDO, TODO POR EL PERIODISMO

La noria de la vida -y del periodismo- da tantos giros, algunos tan impensables, que se hace difícil aceptar que uno de ellos nos envuelve y nos sitúa en uno de esos trances que, además de servir para contrastar el paso del tiempo, nos coloca en una posición reflexiva que ojalá nos acerque a interpretar la dimensión humana y profesional de aquellas personas y de aquellos hechos que contribuyeron a apreciar mejor sus cualidades, a querer más el oficio y a cultivar, sin reserva, todo cuanto pueda enriquecerlo.


¡Quién iba a pensar -he aquí el giro- que en una noche invernal estaríamos glosando la personalidad de Eliseo Izquierdo Pérez! Hace cuarenta años, el aprendiz de periodista que tenía la dicha de vivir las emociones y los afanes de una redacción -tan plagada de romanticismo, como él mismo se ha encargado de subrayar- que se abría en aquellos días, le veía entrar con aquel aire de veterano que transmitía la intangible mezcla de experiencia y sabiduría que sugería la consulta inmediata.

Era la redacción de La Tarde, recién trasladada a Suárez Guerra, muy cerca de aquí, desde el callejón del Combate. Allí, donde conocimos por dentro el proceso de producción de un periódico, donde palpamos el nervio de la información y donde descubrimos los valores, el humor y las cuitas, de quienes atesoraban los activos periodísticos y ejercían de facto y de quienes querían abrirse paso en una esfera vocacional o hacer de aquella actividad exigente un medio de vida, allí saludábamos cada mañana a Eliseo Izquierdo Pérez, de vez en cuando embutido en el abrigo protector del frío lagunero y portador de un maletín donde guardaba cuidadosamente recortes y documentos.

Eliseo, además de hacer prácticamente a diario sus secciones, después de haber mantenido ‘Vida universitaria’ o ‘La Laguna, encrucijada’, corregía los originales de los aprendices, escritos a máquina, con tachaduras o borrones que hacían difícil la comprensión del linotipista. Porque hablamos del tiempo de las linotipias y del plomo, cuando le consultábamos algún dato o una acepción lexicográfica. Pese a que no le gustara el fútbol ni el deporte, ahí siempre estuvo atento para alguna precisión, para buscar un término adecuado y para que el trabajo, incluso el de la más simple colaboración, saliera como debía. Los aprendices quedábamos tranquilos, desde luego, si contábamos con las bendiciones de Izquierdo.

No le perdimos la pista cuando algunos emigramos a Diario de Avisos y La Tarde cerró sus puertas, perdida la batalla tecnológica. Eliseo seguía pegado a su otra gran pasión, el arte, allí en la Real Academia Canaria de Bellas Artes, que presidió durante dos cuatrienios, investigando, haciendo acopio de testimonios documentales y clasificando cuantas pruebas resultaran valiosas para cualquiera de los trabajos que en esa faceta habría de emprender.

Trabajos que desplegó como Numerario del Instituto de Estudios Canarios y como Numerario de Mérito de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, algunos de los cuales publicó en la prensa insular, independientemente de las intervenciones y ponencias en los congresos de las Reales Academias de Bellas Artes de España y de los textos en catálogos específicos y presentaciones de exposiciones artísticas. Eliseo Izquierdo se convirtió en el crítico por antonomasia, a quien aún quedaba tiempo para quemar las pestañas en busca de datos biográficos que diesen contenido a su extraordinaria obra Periodistas canarios, siglos XVIII a XX, con cinco mil entradas o voces canarias registradas, editada en tres tomos por el Gobierno de Canarias.

Como si de un exquisito aperitivo se tratare, leyó, por cierto, todo lo que había que leer para hacer la selección de los más sustanciosos “Picos de águilas”, escritos por el inolvidable Alfonso García-Ramos, editada por el Cabildo Insular de Tenerife en un singular tributo al periodista, escritor y político tinerfeño.

Ahora tiene otro empeño, el de la seudonimia en el periodismo canario, su empleo, su descubrimiento, su originalidad, esos dobleces a menudo descubiertos porque hay estilos y escrituras inconfundibles, aunque lleven otra firma.

Ha confesado Izquierdo recientemente, en el periódico El Día, donde también labró su obra, que ve el periodismo de nuestros días con más sombras que luces, lo cual no obsta para seguir creyendo, fundamentalmente, en su necesidad. De ahí la conclusión de Raúl Gorroño, autor de la entrevista, para titular: “En la medida que el periodismo es de calidad, la sociedad también lo es”.

Era como hacer suya aquella revelación del periodista y editor Joseph Pulitzer: “Estoy muy interesado en el progreso y avance del periodismo. Después de haber dejado parte de mi vida en ella, la recuerdo como una noble profesión de inigualable importancia por su influencia”.

Mucho trabajo, en definitiva, muchos méritos para que Eliseo Izquierdo Pérez reciba en esta fecha el premio ‘Patricio Estévanez’ como tributo a su ejemplar trayectoria profesional.

Recíbelo, compañero y amigo, como el testimonio de quienes hemos podido contrastar en el ejercicio periodístico que siempre hiciste con esmero, dedicación, rigor y respeto, es decir, las cualidades que seguro hoy recomendarías a quienes siguen en activo o se inician, persuadido de que con ellas habrá periodismo y sociedad de calidad.



martes, 27 de enero de 2015

RAZONES PARA EL OPTIMISMO

Miquel Pellicer y Marta Franco nos invitan. Optimismo para periodistas (Editorial UOC), es el título de su libro, en el que contemplan la botella medio llena, como si quisieran estimular los valores de la profesión periodística, ahora agrupados en torno a un nuevo concepto, periodismo emprendedor, esto es, la experimentación y la multiplicidad de opciones para desarrollar iniciativas que cuajen en buenos y nuevos productos que, a su vez, terminen convirtiéndose en vía de realización personal y profesional, en medio de vida, vaya.
         De sus respuestas en una entrevista aparecida en trecebits.com, llama la atención que partan de esta premisa: “El poder ahora no está en la información sino en cómo la compartimos”. Consideran que es una clave para que el periodismo siga siendo el oficio más bonito del mundo. Aquella vieja y tradicional idea, quien tiene la información, tiene el poder, varía sustancialmente: hay que saber administrarla, hay que acertar a la hora de distribuirla y compartirla porque eso significará enriquecerla, además de proporcionar solidez y fiabilidad.
         “Contamos con una audiencia omnipresente interconectada que quiere participar”, afirman Pellicer y Franco que ‘sueñan’ (literalmente) con seguir  explicando “historias cotidianas con ética y compromiso social teniendo a la gente más cerca que nunca”. Y ahí despliegan todo el abanico de la interacción porque es verdad que nunca antes hubo tanta información como ahora, nunca tantos canales abiertos, nunca tanto consumo fácilmente accesible. Y lo que es más: los periodistas, como no lo habían hecho en otro tiempo,  disponen de instrumentos de todo tipo para aprender, para contrastar, para inspirar y formar a los destinatarios de sus productos. Contactar con teórica facilidad con sus fuentes y compartir su contenido completan un ejercicio apasionante: informar y comunicar; hacerlo, además, sabiendo que hay que estar a la altura de las exigencias de nuestro tiempo.
         Por ahí destilan su optimismo, entre otros factores, los autores de este libro que piden olvidarse del muro de las lamentaciones erigido en las redacciones el cual impide “reinventarnos”. Y es que, admiten, Internet ha venido para revolucionar no solo la propia realización de la profesión sino los formatos y los contenidos, en definitiva, la misma relación con las audiencias.

         Hay razones. Cuestión de asimilarlas y de dar un salto. La nueva era lo requiere.

domingo, 25 de enero de 2015

AENA, OTRA MÁS

Podrá parecer simplista el razonamiento pero si el Estatuto de Autonomía de Canarias determina que la Comunidad tendrá a su cargo la competencia ejecutiva sobre los puertos y aeropuertos de interés general para los que el Estado no se reserve su gestión directa, resulta evidente que el Estado, en el proceso de privatización parcial de Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (AENA), está vendiendo algo que no es suyo como son los aeropuertos canarios incluidos en la operación.
            Se empeñan en tensar las cuerdas, en hacer cada vez más tirantes las relaciones. Y últimamente, entre la desconsideración del Régimen Económico y Fiscal (REF), queriendo hacerlo depender de los vaivenes del sistema de financiación autonómica -que ya ha evidenciado, por cierto, sus perjuicios para las islas- y el menosprecio a un precepto estatutario esencial para el transporte y la movilidad, los desencuentros se hacen más que evidentes. Difícilmente se encontrarán una etapa y unos hechos que hayan generado más descontentos y hayan propiciado una relación institucional tan frágil y quebradiza. Apenas diálogo, apenas avances: a más quejas, mayor menosprecio. Solo la proximidad de la convocatoria electoral y la preconfiguración de los escenarios posteriores, así como un derroche de prudencia (¿prudencia o resignación?) política, han frenado las consecuencias.
            Volviendo a la privatización de AENA, conviene recordar los antecedentes tanto de la voluntad de negociaciones bilaterales, hecha pública mientras se barruntaba un recurso de inconstitucionalidad que presentaría el Gobierno de Canarias, como de la acción entablada ante el Tribunal Supremo por la propia Comunidad Autónoma para esclarecer el silencio administrativo subsiguiente a la decisión del consejo de ministros de autorizar a la entidad pública empresarial, ENAIRE, dependiente del ministerio de Fomento, la privatización parcial de AENA. La conclusión es que el ejecutivo autonómico solicitará ante el Supremo la suspensión cautelar de este proceso privatizador.
            Pero, al lado de la batalla jurídica, de las objeciones hechas por los trabajadores y del negocio puesto en marcha con inserciones publicitarias que son todo un reclamo (salida a bolsa del 21% del capital del considerado operador aeroportuario más importante del mundo), no hay que perder de vista lo que significan los aeropuertos en Canarias. Claro que son estratégicos, imprescindibles para el negocio turístico, algo más que una infraestructura de transporte, básicos tanto para la conectividad con la península y con el resto del mundo como para la cohesión económica, social y cultural de un territorio insular alejado.
            Y tan simple como el razonamiento del principio: si el Estado vende una empresa pública que, según sus propios responsables, produciría este año cientos de millones de euros de beneficios, a cuenta de qué ese interés en la operación sin tener en cuenta razones y peculiaridades como las canarias. Cabe preguntarse, no sin ingenuidad, si el Estado sanea una empresa pública  para venderla a intereses privados.




sábado, 24 de enero de 2015

SIN OFICINAS, SIN REMEDIO

Los consumidores y usuarios se encontraron de la noche a la mañana con las oficinas de DEPCSA cerradas. De inmediato, saltó el timbre de quejas y críticas en las redes sociales. El municipio, acaso ya acostumbrado, perdía otra dotación, otro servicio. No se conoce versión del gobierno local, siquiera en términos de justificación elemental, pues debe andar ocupado en otros menesteres. Ni de la firma concesionaria, que andará a lo suyo, en su cuenta de explotación.  Ha tenido que ser el Grupo Municipal Socialista, en la oposición, el que ha tomado la iniciativa para instar a la corporación a adoptar un acuerdo que signifique la reapertura de las citadas oficinas.
Vayamos por partes. DEPCSA es la empresa, dependiente de Endesa-Unelco, creada en su día para la gestión de sus intereses. Fue durante el mandato 1995-99, cuando se materializó la operación de una concesión administrativa del servicio de suministro de energía eléctrica. La empresa, según el pliego de condiciones que rigió aquel concurso, se comprometía a efectuar una serie de inversiones en determinado período de tiempo que mejorarían sustancialmente los recursos técnicos y materiales con los que garantizar y cualificar las consiguientes prestaciones. Entre esas inversiones, hasta donde alcanza la memoria, debía figurar la entrada en funcionamiento de unas dependencias que habrían de servir para atender las demandas de los usuarios, en forma de actualizaciones de pago, nuevas conexiones, reposición del servicio y otros servicios suplementarios. En efecto, las oficinas abrieron sus puertas y así permanecieron durante unos años en distintos emplazamientos de la localidad, hasta que ahora han cerrado, con el natural quebranto para los ciudadanos que precisen de los servicios. Ahora habrán de desplazarse a otra localidad para concretarlos y para resolver las diligencias necesarias.
Se dirá que estas oficinas ya no hacen falta. O que esos trámites se arreglan en internet. Como si todo el mundo tuviera ordenador o supiera manejarlo. Se dirá que la crisis también afecta -¡a las todopoderosas eléctricas!-, que hay que reducir gastos y que el volumen de demandas tampoco genera margen suficiente como para mantener abiertas unas oficinas. Se dirán esas y otras excusas, ¡sobre un servicio público! Y como si no importara nada el que parece ser un flagrante incumplimiento de un aspecto de la gestión de un patrimonio social que ha sido concesionado.
La representación institucional del PSOE portuense ha tomado la iniciativa, ha estado atenta en un asunto de clara repercusión social. Y ha puesto en el dedo en la llaga: prima la defensa de los intereses de la empresa privada.   Lo que son las cosas: en su día, cuando se consumó la controvertida concesión, preguntábamos a quién reclamarían los portuenses en caso de disfunciones, averías o interrupciones. Las respuestas, poco menos, negaban o apuntaban que eso era imposible y que cuestionarlo rozaba el disparate. Ya ven el episodio: han cerrado las oficinas comerciales
Seguro que confiaban en la infinita paciencia, en el conformismo ilimitado de los portuenses. Si quieren otra prueba, ahí está durmiendo el sueño de los justos una propuesta aprobada por unanimidad en el pleno del Ayuntamiento para difundir los supuestos beneficios del denominado Bono Social.

Sin remedio.

viernes, 23 de enero de 2015

CIFRAS APARENTEMENTE GRATIFICANTES

Que el paro baje en Canarias en veinte mil cien personas durante el último trimestre de 2014, un -5,55%, según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), es una buena noticia pero no para lanzar las campanas al vuelo. Esa cifra mejora ampliamente la media nacional, en la que se registra un ligero crecimiento del desempleo del +0,55%. Por detrás La Rioja y Comunidad Valenciana, Canarias es la tercera comunidad con mayor descenso del paro. El dato interanual también es positivo para las islas ya que se reduce el paro en -23.100 personas, un -6,34%.

Pero, a fuerza de ser pesados, menos triunfalismo y más realismo. Alegría por comprobar que se está creando empleo y por contrastar que esa pueda ser una tendencia sostenible. Pero sigue habiendo en Canarias trescientos cuarenta y dos mil doscientos parados, una cantidad muy elevada. Del informe de la EPA se desprende que aumenta la ocupación y baja el paro a pesar de que en el cuarto trimestre la población activa ha crecido en las islas en +14.700 personas, un +1,35%.

Y sobresale, a la hora de analizar los registros, el hecho de que buena parte del empleo que se ha generado está entre la población mayor de 45 años, un total de veintisiete mil quinientos de los casi treinta y cinco mil. Es positivo, vaya que sí: se trata de personas que lo tienen especialmente difícil para encontrar trabajo. Y además, es el colectivo de desempleados más numeroso.

Más realismo, hemos dicho. Y en efecto, hay que pensar en el empleo de calidad, en mejorar las opciones de los desempleados en las islas, en la innovación como elemento primordial de la economía productiva, en consecuentes posibles yacimientos de empleo y en el apoyo al emprendimiento. Esas son otras claves que ayudan a forjar perspectivas de futuro, más allá de las gratificantes cifras de ahora. Entre las que aún quedan trescientos cuarenta mil parados.





jueves, 22 de enero de 2015

TRIBUTO A LA DEMOCRACIA MUNICIPAL

Manuel Hermoso Rojas, quien fuera alcalde de Santa Cruz de Tenerife y presidente del Gobierno de Canarias, hizo la gran revelación de la noche: durante dos mandatos municipales, gozó de amplias mayorías “y pudimos hacer muchas cosas”; pero nada fue como en el mandato 1979-83, “cuando tuvimos que pactarlo todo y de cada pleno salíamos más respetables y mejor compenetrados”.


Lo dijo en el curso de la presentación del libro “Treinta y cinco años de democracia municipal”, de Pedro Lasso Purriños, editado por el Cabildo Insular de Tenerife, un acto modesto, con mucho sabor a nostalgia y válido para entender que la de entonces fue otra manera de entender la política, pese a que de democracia sabían realmente unos pocos y casi todo estaba por construir.

Lasso ha aglutinado y desmenuzado los datos derivados de aquella memorable cita con las urnas del 3 de abril de 1979. Siglas, cifras, resultados, porcentajes, logos, nombres y apellidos de alcaldes y concejales. Con las fotos de entonces. Es otra de sus aportaciones a la política canaria, muy poco dada, es verdad, a disponer de fuentes de consulta como la que constituye este libro que deja constancia de lo que ocurrió entonces, incluso de hechos llamativos como que los partidos de derecha, contrariamente a lo que se decía entonces, dispusieron de más mujeres candidatas y de más concejalas electas.

Las confesiones de Hermoso sonaron como un tributo al espíritu de consenso o de construcción pactada tan característico de aquellos años. En su primera alcaldía, sin experiencia política, hubo de granjearse los apoyos corporativos de los otros grupos políticos. No hubo mayoría para la UCD que representaba pero él y su formación política se entendieron con quienes hasta tenían otro modelo de ciudad. Hasta difuso quedó el papel de la oposición. Terminaban los plenos y un clima de distensión y cordialidad presidía los cortados posteriores y alguna visita concreta a barrios o sedes de asociaciones. Mucho respeto, mucha tolerancia y notable compenetración, independientemente de perfiles ideológicos que se iban trazando cada vez con más nitidez, a medida que avanzaba el mandato y en la política nacional se fraguaban acontecimientos históricos.

Aquel incipiente municipalismo fue una especie de escuela que, con los años, catapultaría a no pocos cargos públicos a un ejercicio pleno de la política. Pero las cosas no discurrieron igual con el paso de los años: llegaron las mayorías absolutas, las hegemonías, los todopoderosos, los seguidismos, las exclusiones, las imposiciones y las intolerancias.

De modo que ahora se recuerda aquella etapa, cargada de imperfecciones, desde luego, con gratitud y buen sabor. Allí, además de Hermoso, estaban Lorenzo Dorta, alcalde de Garachico y consejero cabildicio de entonces, y Ángel Delgado, edil socialista de Santa Cruz, para corroborarlo. Los asistentes siguieron con atención las explicaciones del autor y de los sujetos activos de entonces, a los que Carlos Alonso, presidente del Cabildo tinerfeño, dio paso con entusiasmo ávido de conocer sus impresiones y los secretos de algunas decisiones de entonces, cuando él era un escolar al que la política igual le quedaba un poco lejos.



miércoles, 21 de enero de 2015

RELACIÓN PERSONALIZADA

Una investigación de Bárbara Yuste, en cuartopoder.es, sobre las tendencias de la comunicación en el año que seguimos estrenando, dedica atención a una nueva forma de relaciones con medios y periodistas. Parte la autora de una premisa que rompe esquemas: ya no basta, todo lo contrario, la vieja fórmula de remitirse a un comunicado o a una convocatoria de prensa cada vez que una organización, una institución o una empresa desea difundir una información. Es necesario adoptar alternativas más eficaces y persuasivas. Y en ese campo, la personalización es clave. Dicho de otra manera, la difusión masiva de contenidos deviene insuficiente, lo cual significa que es preciso generar mensajes diferentes para cada medio.

Habrá que esmerarse, pues, con tal de que un gabinete desarrolle vías personalizadas para que su trabajo sea eficiente. Convencerá si esa manera de conectar, explicativa del alcance de la convocatoria, se plasma con una información precisa. Es como si se quisiera humanizar la relación, no ceñirla a los estrictos cánones de la tecnología. Llamar y hablar propiciará superar la frialdad. Se dirá que ya existían esos métodos pero independientemente de su certeza y de su aplicación, este ‘refuerzo’ personal vendría a probar la necesidad de utilizar métodos que faciliten los contactos, las relaciones y hasta los propios contenidos.

Es difícil trazar unos esquemas de los que no salirse. Por ejemplo, el caso anterior: ¿se limita solo a convocatorias o se puede dar más detalles, especialmente a posteriori? El riesgo de la tesis de Bárbara Yuste es que, al intensificarse la relación, crece también la confianza y eso igual termina malinterpretándose, especialmente en lugares o ámbitos reducidos, donde todo el mundo se conoce y donde todo el mundo querrá presumir de conocer las flaquezas y saber exprimirlas.

En cualquier caso, al otro lado tiene que haber una interlocución válida y reconocida que, sustanciada en habilidades personales, cualificaría la prestación profesional.