jueves, 15 de julio de 2021

CIEN AÑOS DE EMBARQUE

 

Se han cumplido cien años del primer embarque de la imagen de la Virgen del Carmen, una referencia primordial en la historia local, en las Fiestas de Julio del Puerto de la Cruz. Se está conmemorando, hasta finales de mes, con una exposición fotográfica en el Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias (IEHC) del Puerto de la Cruz.

Son, en efecto, los ecos de un centenario, cien años de embarque, una veintena de fotografías de distintos autores y cuyo archivo o conservación habrá que agradecer. Dos portadas o primeras páginas de periódicos de la época certifican los acontecimientos. Se trata de La Gaceta de Tenerife (Diario católico, órgano de las derechas) que aparece el sábado 2 de julio de 1921, anticipando la actividad; y La Prensa que, el 14 de julio, recoge el programa de los festejos.

Las foto más antiguas de cuantas se conocen muestran a la Virgen del Carmen sobre una base de varales, a la que luego se añadió el baldaquino con el que procesionó hasta 1953, momento en que fue retirada del culto. Ese año, recordemos, es cuando el escultor portuense Ángel Acosta, afincado en Tortosa, entregó al pueblo su talla más célebre y venerada, la actual imagen de la Virgen confeccionada con maderas de pino soria y abedul policromadas. Las fotos del que debió ser emotivo momento de la embarcación son de Adalberto Benítez. Muchos portuenses presentes han ido transmitiendo verbalmente sus impresiones de entonces, de manera que la jornada debió vivirse con una emoción incontenible (Unos cincuenta años después, en ocasión de ser nombrado Hijo Predilecto del municipio, Acosta revivió aquellos momentos indescriptibles y realizó el mismo trayecto procesional).

Según se recoge en breves textos insertos en la exposición, la década de los sesenta del pasado siglo fue decisiva para acometer algunos cambios en la imagen y en el cortejo procesional que discurriría por las aguas más próximas del litoral (San Telmo hasta Punta Brava), al que se incorpora la imagen de San Telmo, talla dieciochesca albergada en la ermita del mismo nombre. A partir de los ochenta, ya con la democracia recuperada, la imagen de Ángel Acosta es embarcada por la orilla del refugio pesquero. Desapareció el acompañamiento de la banda municipal de música y se conservó que el sacerdote y los monaguillos viajaran en la misma falúa, habitualmente la ‘San Ramón’, junto a alcalde, reina de las fiestas, autoridades y concejales.

Los testimonio gráficos permiten contrastar la evolución. Por ejemplo, los viejos marineros o pescadores dieron paso al organizado grupo de cargadores.

A las fotos de Adalberto Benítez hay que añadir las de Antonio Padrón –una de ellas, con la desaparecida pescadería al fondo, frente al chorro, verdaderamente atestada, es conmovedora-, del archivo municipal, del gran Baeza, de Carmelo Pérez, de Eduardo Zalba y de Francis Álvarez, para completar una serie muy llamativa, aunque algunos revelados pongan al descubierto las debilidades de recursos cuando fueron tomadas. Luego llegarían los testimonios impagables de la multitud envolviendo el entorno del refugio.

Los ecos del centenario, de los cien años de embarque, se van sucediendo con inevitable nostalgia. El montaje se le debe a Iris Barbuzano y Ashimi Nethmi, que proporcionaron el toque adecuado para que la secuencia y la magia de esta colección gráfica quedasen para la posteridad.

Así han llenado, en el IEHC, un vacío histórico. Qué bien.

miércoles, 14 de julio de 2021

VENEZUELA, UNA FRACTURA INABARCABLE

Ayer fue Cuba. Hoy Venezuela. Antes Nicaragua y también Perú. De Argentina y Chile, mejor no hablar. Brasil, ¡oh! Brasil. Haití, con todo lo que sufrido y encima, acosada por corrupción. Por distintas razones, pero se palpa la inestabilidad política. La carencia de liderazgos sólidos también contribuye a hacer bueno aquel pensamiento de hace décadas: América, ahora mismo, es un continente asentado sobre un barril de pólvora. Una ruina económica, una fractura social cada vez más difícil de soldar y una institucionalidad debilitada y decadente, casi a la deriva.

Las imágenes del intento de arresto del presidente encargado de Venezuela, que así sigue siendo reconocido por medio centenar de países, Juan Guaidó, en los garajes de su propio domicilio, junto a las del diputado Freddy Guevara, al que sí habían detenido el mismo lunes, en una autopista de la capital, tras insinuar las autoridades algún vínculo con la voluntad de desestabilizar algunos sectores de Caracas, especialmente en la zona oeste, donde se registraron graves incidentes entre policía y bandas criminales en los que murieron hasta cuatro integrantes de los cuerpos policiales, las imágenes, decíamos, son ilustrativas del ambiente de miedo y terror. Guevara había sido acusado de promover las protestas antigubernamentales de 2017, hechos por los que fue indultado en agosto del pasado año, después de que se hubiera refugiado en la embajada de Chile en la capital venezolana.

La Comisión Presidencial para los Derechos Humanos puso en conocimiento de distintos organismos internacionales la sucesión de hechos que ahora elevará a la Corte Penal Internacional (CPI). Otra entidad, no gubernamental, el Foro Penal (FP), ha informado de doscientos noventa y nueve presos políticos detenidos en el día de ayer, de los que doscientos setenta y siete son hombres y veintidós mujeres. Ciento setenta son civiles y ciento veintinueve militares.

La solución venezolana no es sencilla, por supuesto. El encono traspasa todo intento civilizado de acercamiento y de diálogo. La fractura social se palpa en medio de cortes de energía eléctrica, crecimiento de la delincuencia común, carencia de combustibles y materias primas y malestar general de la población por el déficit de los servicios públicos y de las prestaciones sociosanitarias, entre ellas, el programa de vacunación. Hablar de crisis económica y financiera –la dolarización es un hecho consumado que se acepta sin rechistar- es un rosario inacabable de penurias y tribulaciones.

Lo hemos escrito aquí sin reservas: la revolución bonita de la que alardeó Chavez, el socialismo del siglo XXI, ha sido un rotundo fracaso. Mientras, el país se ha ido quedando aislado. Sin recursos y sin proyecto de vida ni de futuro. Todo se desmorona en Venezuela, donde el conglomerado de la oposición no es capaz de renunciar a los tradicionales personalismos y las ambiciones políticas desmesuradas para unirse y ofrecer una alternativa. De pena.


martes, 13 de julio de 2021

¡PATRIA O VIDA!

 

Cuando un pueblo pasa hambre… pues ya se sabe: suenan todos los timbres del hartazgo, se llega al límite de la resistencia, hay una necesidad clara de reivindicar, se abre un capítulo de desahogo y de resistencia, de imprevisible rumbo, cuando se dan circunstancias sociopolíticas que, por conocidas, agravan el proceso.

Desde el domingo pasado, los focos sobre Cuba indican que se agita el clima social. Desde San Antonio de los Baños, ciudad y municipio al suroeste de La Habana, conocida –qué paradoja- como la ‘capital del humor’, la cuna del gran poeta Silvio Rodríguez y sede de la Escuela Internacional de Cine y Televisión, desde ahí resonaron por toda la isla los gritos de “¡Libertad, libertad!”, extendidos con rapidez inusitada, antes de que el régimen dispusiera las primeras medidas para frenar la avalancha informativa que surgía espontánea desde móviles y redes sociales. “¡Patria o vida!”, repetían en muchas ciudades.

Era el primer capítulo o la secuencia preliminar de hechos a los que no estamos acostumbrados. Pero los testimonios de manifestantes eran concluyentes: no hay comida, no hay vacunas… y entonces es relativamente fácil deducir lo demás, especialmente e n lo que concierne a la prestación de servicios públicos básicos.

De la forma que ha reaccionado el Gobierno cubano, se desprende que esto puede ser más de lo mismo. Hace mal, desde luego, en atrincherarse, como otros dirigentes de regímenes totalitarios que dan como casi única respuesta la represión y el endurecimiento de los modos gubernamentales. Las perspectivas de diálogo, siquiera para un elemental entendimiento orientado a una transición política pacífica y bien secuenciada, se ven muy lejanas y los arbitrajes o las intermediaciones resultan complejos.

Pero el régimen debe ser consciente de que una parte considerable del pueblo cubano ya no está por la labor de resignarse ante el radicalismo ideológico. Ese mismo grito, “¡Patria o vida!”, viene a sustituir a otro que, en sentido totalmente contrario, simbolizaba la lucha y la resistencia contra el opresor y se identificaba con los afanes revolucionarios. Estos parecen no dar más de sí, se agotaron.

Ya veremos cómo evolucionan los acontecimientos, cuál es el alcance de las protestas… y de la represión. Al presidente Díaz Canel le ha correspondido administrar una herencia delicada y su papel es complicado. Creemos que no hace bien enfrentando a los cubanos y hacer alardes de intransigencia. Hay mucho por construir y los incidentes del domingo, más o menos multiplicados, no son más que una chispa que ha encendido las ansias de libertad. Veremos cómo reacciona la comunidad internacional.

lunes, 12 de julio de 2021

PUERTO DE LETRAS

 

El escenario era espectacular. Naturaleza en grado sumo: aroma a yodo, brisa gratificante, rumor de olas rompiendo sobre el bajío, el sol en su ocaso brillante, proyectándose sobre las raíces al cielo o los árboles invertidos como las columnas perpetuas de César Manrique… ¿Qué mejor atrezo, complementado por un pequeño punto de venta de libros, para un Puerto de letras, la búsqueda del hedonismo literario con su lema para la ocasión ‘Escritura en diálogo’? Y por si fuera poco, otro sugerente título, Mandíbulas contra Amazon, los de las últimas obras respectivas de los primeros intervinientes, Mónica Ojeda y Jordi Carrión, para acercarnos a su producción con los testimonios coordinados por el escritor, crítico literario y ensayista venezolano, Antonio López Ortega, licenciado y master en Estudios Hispánicos en la Universidad de La Sorbona, en París; Orden Andrés Bello (Primera Clase), máxima distinción otorgada por el Estado venezolano en el ámbito de la Educación y la Cultura y Orden Caballero de las Artes y las Letras, concedida por la República de Francia. Entre bastidores, el escritor y traductor José Rafael Díaz para coordinar la programación; y Nela Ochoa para encargarse de la gestión y de la producción.

Puerto de letras es otra iniciativa del gobierno local para contribuir a la reactivación del sector económico, cultural y editorial. Se trata de que los autores conversen y contrapongan sus ideas, revelen sus secretos (los que quieran y puedan), confiesen sus apetencias y hasta anticipen sus planes de futuro. En cuatro mesas que se desarrollarán durante julio, agosto, octubre y noviembre escritores debatirán y expondrán sus puntos de vista. Durante los dos últimos meses citados, habrá encuentros con participación de alumnos en los institutos portuenses de enseñanza secundaria pues se quiere acercar la literatura a los adolescentes y contribuir de este modo a la conformación del aprecio por la lectura y al estímulo de las habilidades lectoras del alumnado. El colofón lo pondrá el escritor rumano Mircea Cartarescu, varias veces candidato al Premio Nobel de Literatura.

Puerto de Letras, entonces, arrancó con buen pie y promete un desarrollo atractivo y provechoso, además de cualificar la oferta que el Ayuntamiento viene desplegando y que está siendo reconocida por alcaldes, responsables y gestores culturales de otras localidades y entidades.

De esta apertura, impresiones sobresalientes de los protagonistas para responder a la cuestión sugerida por el moderador: ¿qué autopercepción tenemos de nosotros mismos en el gran continente literario? Mónica Ojeda habló de estar en medio de una escritura de resistencias. Jordi Carrión destacó la plasticidad y la riqueza.

Ojeda (Guayaquil, Ecuador, 1988), está considerada como una de las novelistas más relevantes de la literatura latinoamericana contemporánea. En 2017 fue incluida en la lista ‘Bogotá 39-2017’ (patrocinada por la UNESCO) como una de los treinta y nueve mejores escritores latinoamericanos de ficción menores de 40 años. Cuando le preguntan por los cambios en la escritura inducidos por los nuevos formatos narrativos, asiente. “Pero yo pondría una librería con libros híbridos", añade cuando pondera el momento de la novela del mestizaje.

Carrión (Tarragona, 1976), novelista y crítico literario, licenciado y doctor en Humanidades por la Universidad Pompeu y Fabra, replica que “se ha impuesto la literatura del yo”. Sugiere que debe haber “una producción que, después de la pandemia, piense más en la colectividad”.

Cuando el sol se ponía y era inevitable admirarlo, Mónica Ojeda hablaba de la escritura de Mandíbula, su título más reciente, una novela sobre el miedo y su relación con la familia, la sexualidad y la violencia. Condensó la “idea emocional” que preside su texto, lleno de saltos en el tiempo y de recursos literarios.

Por su parte, Jordi Carrión, fascinado por lo viral y con palabras elogiosas para las genialidades de César Manrique, admitía que sus cuatro novelas pueden conceptuarse como una tetralogía. Después de preguntarse “dónde van los muertos de la ficción, esos personajes tienen derechos?”, se refirió brevemente a Membrana, la obra con la que ha ganado el premio literario “Ciudad de Barbastro”en la que intenta contar la historia del siglo XXI, concediendo gran importancia a la inteligencia artificial y a los algoritmos. “Existe un museo que recorres, con sus salas, y allí vas contemplando parte de lo acontecido en la centuria”, dijo.

Los aplausos prolongados se produjeron para despedir a los intervinientes pero también como un reconocimiento al arranque de la iniciativa registrado en aquel escenario tan llamativo con personajes tan ilustres. Larga vida, desde luego, al Puerto de letras, que comenzó con éxito y con el buen sabor que deja la oportunidad de conocer –valga el tópico: en vivo y en directo- a autores jóvenes y la literatura de nuestros días.


domingo, 11 de julio de 2021

EN LA ÓRBITA DE LOS INGLESES (Y II)

(Segunda y última parte del texto de la conferencia 'En la órbita de los ingleses', dictada en el Ayuntamiento del Puerto de la Cruz, el martes 6 de julio de 2021, dentro del Ciclo de Historia Local, promovido por el Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias)  


Pues este va a ser el enlace entre esos orígenes de la ciudad turística que habría de forjarse en las futuras décadas, especialmente en las posteriores a la Segunda Guerra Mundial, y la que aún hoy tiene pendientes actuaciones para que cristalice otra gran obra de trasformación y se consolide, con nuevos fundamentos, el destino turístico diferenciado que todos anhelamos, principalmente los visitantes”.

Órbita salpicada de nombres y figuras ilustres. Los portuenses han brindado sus atractivos y su capacidad de acogida al mismísimo Sir Winston Churchill, a Olivia Stone, a Marianne North y a la famosísima escritora Agatha Christie, alojada en el antiguo hotel ‘Taoro’, de clara ascendencia británica desde su construcción y hasta el final de su explotación, y cuya memoria, la de Agatha, permanece latente en virtud del festival que lleva su nombre y que se celebra cada dos años. El único nieto vivo de la autora ha estado presente en varias ocasiones.

Por supuesto, la presencia de tres componentes de un grupo musical sin parangón, The Beatles, de vacaciones después de haber alcanzado el número 1 en las listas en 1963 con “Please, please me”, viene ser una suerte de culminación en el sello inglés del Puerto de la Cruz. Paul, George y Ringo, como se sabe, se alojaron  en el chalet de La Montañeta de Klaus Voormann -desde donde tuvieron otra visión del entonces idílico valle-; condujeron vehículos deportivos de la mano de Ángel Gómez, como si en un circuito estuvieran; sufrieron en propia dermis los rigores del sol isleño primaveral; creyeron que en Martiánez se podía nadar sin riesgos; lo hicieron en las coquetas piscinas que antecedieron al más formidable tratamiento del litoral por el ingenio y la mano del hombre; compraron en el mercado sombreros andaluces; siguieron por Las Lonjas hasta el muelle y se interesaron por los utensilios de pesca a la espera de unos mariscos en La Marquesina; tomaron café en el antiguo “Dinámico” sin ser molestados ni que les pidieran autógrafos; ligaron con alguna dependienta pese a chocar con la barrera idiomática; asistieron a una corrida de toros en la capital y trataron de actuar gratis, en el mejor local de la ciudad, cuyo regente, David Gilbert, acaso celoso de las formas y de la clientela, correspondió con una negativa, no fuera que esos melenudos o greñudos estropeasen la fama del establecimiento. Una decisión, desde luego, para arrepentirse eternamente. En la historia de la ciudad no quedó registrada esa actuación tan al alcance que hubiera elevado su proyección. El título periodístico hubiera sido así: “Solo tres Beatles para una actuación improvisada”.

Nos van a permitir que la última parte de la exposición esté dedicada a dos aspectos relacionados con la comunicación, una vez que ha quedado constatado que la presencia de los británicos en Canarias marca una constante a lo largo de su trayectoria histórica como entidad.

Anteriormente, al aludir al cronista oficial Nicolás Pestana Sánchez, citamos a Osbert Ward, un inglés que llegó a Canarias a finales del siglo XIX por motivos de quebrantada salud. Su vida podía haber transcurrido como la de cualquier otro compatriota. Sin embargo, escribe una obra para dejar constancia de su visión e impresiones sobre el lugar bajo el título The Vale of Orotava. Una guía de gran calidad que nos permite obtener una interesante aproximación a la comunidad británica del valle norteño a finales del siglo XIX. Las características de la comunidad británica, su modo de vida y costumbres en el Valle de La Orotava son objeto de descripción por parte de Ward (1856-1949). Sus restos reposan, por cierto, en el cementerio protestante del municipio.

El profesor Javier Lima Estévez indaga en el quehacer de este personaje para firmar un trabajo que presentó hace cuatro años en el vigésimosegundo Coloquio de Historia Canario-Americana.

“Su estancia no fue en vano –escribe Lima-, y a lo largo de su larga vida ofreció toda una serie de muestras en torno a su interés por conocer y ofrecer innumerables detalles a los viajeros que se aproximaban hasta el Valle de La Orotava. Notable ejemplo de tal afirmación sería una obra editada en Londres, en 1903, bajo el título The Vale of Orotava, en la cual, expone toda una serie de lugares o recomendaciones que pudieran presentar o generar un interés para el viajero que llegaba hasta el Valle. Su guía, “fue la más solicitada y pionera en lo que se refiere a la exaltación del Puerto de la Cruz, y del valle en general”.

No dudaría en destacar los actos que se desarrollaban en la ciudad portuense, recogiendo el desarrollo de los carnavales, las fiestas locales u otros acontecimientos importantes en el núcleo. Además, menciona detalles sobre el “microcosmos británico” que el viajero podría observar en el lugar, al contar el Puerto de la Cruz con una iglesia para cultos anglicanos, un cementerio británico y una impresionante biblioteca británica cuyos fondos ascendían entonces a dos mil volúmenes. Osbert Ward, según el historiador realejero, fue partícipe de la puesta en funcionamiento de tal institución cultural, pues se convirtió en su primer director, dejando en su descripción interesantes detalles respecto a la política de préstamos y una explicación sobre cómo ser socio de la misma y los costes derivados de tal situación.

Algunas descripciones de Ward son conmovedoras. Así, por ejemplo, el capítulo octavo es dedicado por entero al agua, atendiendo a su papel esencial en el marco de unas islas con recursos hídricos limitados. Observa que en el Puerto de la Cruz “toda el agua potable de los hoteles y también de la mayoría de los residentes se obtiene del manantial que sale a chorros en la parte alta debajo del cabo de La Paz”.

Se trataba de un agua de gran calidad, cuya composición había sido analizada incluso en Londres, siendo declarada absolutamente pura y potable. El preciado líquido era desplazado en barriles a lomos de burros. No cabe duda de que la picaresca ha sido una constante a lo largo de la historia y el propio Osbert Ward no duda en anotar la acción desarrollada por algunos jóvenes enviados a recoger agua del manantial. Éstos, con la finalidad de evitar el duro trabajo de subir cuestas, encontraron un acceso más cercano y cómodo a través de la captación del agua más cercana que discurría a través de un canal. Las autoridades no tardaron en reaccionar al respecto, conduciendo el agua de forma adecuada hasta la fuente situada en la entrada del Puerto y el hotel ‘Martiánez’. En torno al regadío, la guía sintetiza algunas cuestiones relacionadas con la venta del agua, atendiendo a su distribución según un tiempo determinado, controlando el suministro para cada propiedad. Asimismo, el autor detiene su mirada en torno a la tenencia de la tierra, anotando las actividades a desarrollar por el terrateniente y el campesino o medianero en torno a la producción.

Tres aspectos cierran la primera parte de su guía, según resume Lima Estévez. Por una parte, detiene su atención en torno al estado del cultivo de la uva y la producción de vino en el Valle de La Orotava, lamentándose de su descenso. En torno a la calidad, estima su bajo potencial frente a otras etapas donde los afamados caldos isleños eran exportados a otros mercados. Asimismo, sin pretender realizar un análisis exhaustivo, manifiesta toda una serie de características relacionadas con el estado de la botánica en el lugar, destacando la presencia de ejemplares de drago en La Laguna, el Realejo Alto e Icod de los Vinos, junto a ejemplares de euforbias, hibiscos y otras especies en el ámbito de la geografía insular.

Tuvo que ser una guía completísima para la época si tenemos en cuenta que, cumpliendo además con una interesante función de guía, Osbert Ward anota toda una serie de detalles en atención a las diferentes líneas de los barcos de vapor, con la finalidad de ampliar la información para llegar hasta Tenerife, señalando precios, frecuencias y puntos de embarque desde el Reino Unido. Una vez en la isla, siguiendo esta publicación, el lector podía conocer el coste para desplazarse en carro a diferentes puntos de la isla.

Asimismo, adjunta el coste del alquiler por caballos, mulas o burros. Para el británico que llegaba hasta el núcleo, constituía una gran ayuda conocer los servicios que podría obtener. En ese sentido, el trabajo de Javier Lima alude a la información sobre los médicos, las farmacias, las tiendas de fotografía, el servicio de correo, el servicio de ómnibus, la tarifa para el envío de paquetes, las tiendas en el Puerto de la Cruz, aspectos sobre el coste de vida (destacando su menor importe frente a Inglaterra), las características de la vestimenta, observaciones sobre el nombre de los santos a las casas, el valor y la distribución del dinero respecto a la oferta de servicios de transporte y un interesante apunte en atención a la ausencia de reptiles venenosos a valorar como característica para vivir con mayor seguridad en el archipiélago.

El detenido análisis, concluye Lima, “nos sitúa ante un interesante documento que permite recrear las características de la comunidad británica esencialmente en el Valle de La Orotava en el contexto decimonónico. Su obra, conocida por diversos especialistas, no aspira a las pretensiones de otras guías de viaje publicadas en Canarias durante la centuria, pues son evidentes las limitaciones geográficas y descriptivas en diversas materias. Sin embargo, durante el momento de su publicación representó un interesante documento para los ciudadanos británicos que llegaban hasta Tenerife y que encontraban en el Valle de La Orotava un lugar ideal para su descanso y reposo. Ward incluyó todos aquellos detalles que pudieran ser de utilidad, ofreciendo una breve evolución de la historia, botánica, deportes, actividades económicas, aspectos religiosos y rutas a diferentes puntos de la isla de Tenerife”.

Vayamos con el segundo aspecto. Un año antes de la guerra incivil española, en el invierno de 1935, visita el Puerto de la Cruz Bertrand Russell (1872-1970), un destacado e influyente intelectual. De su estancia se ha ocupado, en un interesantísimo trabajo publicado en el Bloc de las Islas Canarias, el ex rector de la Universidad de La Laguna, profesor Antonio Martinón Cejas.

Russell había nacido en el seno de una familia británica y aristocrática, de ideas avanzadas.

Escribe Martinón que desarrolló una intensa actividad de escritor y dedicó su obra a la Filosofía, las Matemáticas, la Educación, la Literatura… que fue reconocida con el Premio Nobel en 1950. También fue un activista de numerosas causas, como los derechos de las mujeres y en defensa de la paz, lo que le costó la prisión durante un tiempo. En su Autobiografía, define cuáles fueron las tres pasiones simples que inspiraron su vida. Simples pero intensas: “El ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad”.

Tenía sesenta y dos años cuando en los primeros meses de 1935, se alojó en el hotel ‘Monopol’ que se ve así, en la órbita de los ingleses. Una estancia de cinco o seis semanas. Su médico había aconsejado el viaje a la vista de su estado físico. Desde aquí hubo de comunicar la necesidad de aplazar la serie de conferencias que había concertado con el Círculo de Viena, un célebre grupo de filósofos y matemáticos cuyo principal referente era Moritz Schlick. Pero Russell mejoró: otra vez los efectos terapéuticos de un clima sin igual, el confort y el descanso influyeron decisivamente. En la Autobiografía citada se alude, siquiera vagamente, a su estancia en el Puerto: se sentía bien, lleno de energía pero “carente de impulsos creativos –escribe- y sin saber qué hacer”.

En el ‘Monopol’, por cierto, conoce a quien sería un brillante cineasta, Richard Leacock, fallecido hace ahora diez años. Cuenta en sus memorias que habló con él cuando tenía catorce años.

Pero en el establecimiento queda registrado uno de los encuentros más sustancioso que podemos imaginar, dada la estatura intelectual de los presentes. Periódicos de la época, como La Prensa y La Tarde, de Tenerife; y Diario de Las Palmas, lo llevan a sus páginas. Los críticos y escritores Domingo Pérez Minik y Eduardo Westerdhal Oramas quedan fotografiados en la terraza del hotel por la cámara de Karl Drerup. La gráfica aparece en “Bertrand Russell, maestro de la Europa joven”, según tituló don Domingo en el diario La Tarde, el 20 de marzo 1935.

Otro testimonio para la Historia, con mayúscula, el del antropólogo, etnógrafo, investigador y escritor, Luis Diego Cuscoy, quien firma un artículo en La Prensa, con un párrafo muy ilustrativo:

“Acaba de descansar en el Valle que supo de églogas y que sigue sabiendo a maravilla, Bertrand Russell. Ya sabes: filosofía bajo el alboroto blanco de su cabellera, pedagogía profunda en sus palabras, habituales en todo sector preocupado por la cultura. Bertrand Russell, encantado de la isla. Como tú, prometió volver. Recuerdo de isla, hecho presencia en la mente del filósofo. Alguna palabra empapada de isla entre el solemne caudal de palabras del hombre de altura”.

Para que nos hagamos idea de lo que era una avanzada conceptuación, Cuscoy titula aquel trabajo, 21 de marzo de 1935, “Cartas a una turista. Turismo de calidad en Tenerife”. Aún hoy, en nuestros días, en el debate del sector se sigue hablando de turismo de calidad.

Pérez Minik le denomina “Russell, maestro de la Europa joven”, mientras le describe: “Las aristas profundas de su cara se perfilan más y más. Hasta que acusan todos los arcos del entrecejo que parece irradiar sonrisas múltiples. Sus ojos de azul acero, siempre alertas. Y la cabeza, con su amplia y profusa cabellera, mantenida alta con una cierta gracia de adolescente”.

En aquel singular encuentro, relata Antonio Martinón, se habla del ambicioso proyecto de la creación de una residencia de invierno para intelectuales y artistas europeos. De hacer coincidir sobre Tenerife la atención de todo el mundo cultural de Occidente. Un turismo enaltecedor y que nos prestigiaría”.

La respuesta de Russell es indicativa de un respaldo sin reservas:

“Ciertamente, un interesante proyecto. Vale la pena trabajar en esta dirección para hacer aquí, en este bella isla, un lugar de reposo para la inteligencia europea. Una fina manera de incorporar las islas al mundo, la literatura y el arte. No puedo precisar la magnífica resonancia que tendría todo esto”.

Las conclusiones que se desprenden de la investigación de los pormenores de la estancia del filósofo e intelectual inglés son, por un lado, que su estancia tuvo importancia para su salud, aunque no se precisa que la haya tenido para su obra. Y por otro, la conversación mantenida en el ‘Monopol’ una tarde de domingo evidencia el conocimiento e interés de los dos escritores y críticos, Pérez Minik y Westerdhal Oramas, por la cultura y las ideas europeas de aquella época. “Tenían que aprovechar –relata el ex rector lagunero- la inesperada e importante oportunidad de hablar con un destacado pensador sobre la situación en Europa. La conversación que mantuvieron muestra el deseo intenso de conocer la opinión de Russell, quien produjo gran impacto entre los jóvenes canarios, especialmente en Pérez Minik”.

Terminemos con una fecha porque hoy, 6 de julio, se cumplen ochenta y seis años de la elección de la tinerfeña Alicia Navarro Cambronero, Miss Europa 1935. Fue elegida en Torquay, una localidad de la costa sur de Inglaterra perteneciente al condado de Devon. En el siglo XIX fue conocida como la Reviera inglesa, por su clima saludable. En Torquay nacieron, por cierto, Agatha Christie, el explorador Percy Fawcett, el comediante Peter Cook y Richard Francis Burton, cónsul británico, explorador, traductor y orientalista. Otro célebre escritor, Oscar Wilde, aseguró haber escrito su relato A woman of no importance (Una mujer sin importancia) durante un viaje a la región.

Cuentan las crónicas que Alicia Navarro fue elegida “en una noche sombría y fría y que la belleza canaria deslumbró con toda la luz que trajo de su patria”. Apenas dos años antes, en septiembre de 1933, fue agasajada en el hotel ‘Martiánez’, entonces propiedad de un componente de la familia Trenkel. La guapa tinerfeña, recordemos, también fue Miss España, elegida en mayo de 1935 en el Teatro La Zarzuela, de Madrid, en una gala en la que estuvo presente el presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora.

Hasta aquí llegamos en la órbita de los ingleses, un repaso apretado de lo que ha significado la impronta en nuestro territorio de quienes los vientos de la historia impulsaron para trazar algo más que unos perfiles muy apreciables. Por supuesto, los historiadores, investigadores y estudiosos dirían cosas más sustanciosas y seguirían profundizando en hechos, episodios, anécdotas y personajes que caracterizaron distintas épocas de un proceso duradero hasta nuestros días.

La nuestra es una modesta, modestísima aportación a la historia local que escribe nuevos capítulos cada vez que llega julio al calendario.

La historia es presente y futuro. Frente a los tiempos líquidos y vertiginosos que nos ha tocado vivir, tiempos en los que sobreabundan la perplejidad y la reinvención permanente, la Historia parece ser la única capaz de darnos luces de lo que sucede, de cómo llegamos hasta aquí y del porvenir que vislumbramos.

El profesor de Pedagogía Media en Historia y Geografía de la Universidad de San Sebastián, Aldo Fredes, escribió: “Hablar de nuestro pasado es un acto propio y natural de la condición humana, donde la memoria, la temporalidad y el relato son sus piezas instrumentales. Surge de la necesidad de revelar a otros quiénes somos y de cómo nos vemos como sociedad en el tiempo”.

La Historia, tiene razón Fredes, “es la más humana de las disciplinas”.

sábado, 10 de julio de 2021

EN LA ÓRBITA DE LOS INGLESES (I)

El vigésimo sexto de ciclo de Conferencias de Historia Local que promueve el Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias (IEHC) y que forma parte del programa de las Fiestas de Julio incluyó este año la intervención titulada "En la órbita de los ingleses', cuya primera parte de reproduce a continuación.

Agradezco, en primer lugar, a los promotores la oportunidad de contribuir a la prolongación de este ciclo en el marco de las Fiestas de Julio.


En la órbita de los ingleses, comenzamos a estar los chiquillos portuenses cuando bañándonos en el muelle o en San Telmo, exclamábamos “¡penny, penny!”, un valor de cambio monetario usado en el Reino Unido, la centésima parte de una libra esterlina y la doceava parte de un chelín, una pequeña moneda, que pedíamos a los turistas que arrojaran al agua para rescatarla de las profundidades, muchas veces sin gafas, y convertirnos en buceadores de primera. Era el penique antiguo, expresión utilizada en el ya declinante Imperio para describir la unidad monetaria antes de la adopción del sistema decimal en 1971.

Años después, otro grito popular, “¡no turista, no peseta!”, se impuso entre jóvenes y adolescentes, a propósito del enfado que solía coger un británico, casi anciano, al que pedían monedas, no quería pasar como uno más de los miles de visitantes y terminó afincándose entre nosotros.

Puede que muchos de esos mismos chicos se recrearan en la recogida de los denominados ‘dátiles ingleses’, en las inmediaciones del Sitio Litre (‘Little place’, ya que estamos) y alrededores del parque Taoro, donde buscaban algún chorro de agua con el que lavar aquellos frutos que parecían un manjar cuando se trataba de merendar de una forma espontánea y desenfadada.

Estamos en la década de los años sesenta del pasado siglo. Cuando eso, Guillermina Minita Carmona ya enseñaba el idioma universal a los escolares; y a la espera de cursar el bachillerato, también lo hacía en su casa junto a la clínica Tamaragua, miss McDonell, también conocida por ‘miss Macky’, una británica que había sobrevivido milagrosamente, refugiándose en los subterráneos del metro, al bombardeo de Londres en diciembre de 1940 por parte de la Luftwaffe, uno de la serie de cincuenta y noches consecutivas que padeció la capital londinense.

En esos mismos años –unos aprendiendo el idioma y otros castellanizando algunas voces- a los adolescentes nos mandaban a Casa Reid, en los alrededores de la Plaza Concejil, o junto a los Agustinos. Íbamos a comprar artículos exclusivos, como la mantequilla, un jamón delicioso cortado en lonchas muy finas y, por supuesto, las galletas inglesas. El nombre quedó inmortalizado con un dicho del habla coloquial:

-¿Inglés? No, don Thomas Reid.

Pero para frase popular, aquella atribuida a un administrativo ocurrente del sector agrícola, de costumbres fijas, incluida la de su atuendo, en los alrededores de la plaza del Charco:

-¿No fumas, inglés?-, respondía reiteradamente Juan Francisco, aunque le preguntaran por el resultado del Puerto Cruz.

Por esas fechas, los fumadores encontraron sus marcas preferidas (las cigarette brand) y que entrarían en su particular historia del consumo: Rothmans, Peter Stuyvesant, Kent o Dunhill.

Es decir, los ingleses estaban ahí, en el consumo, en los modismos lingüísticos, en la manera de acceder a la información (escuchar la BBC de Londres en los viejos aparatos o en los primeros modernos transistores era todo un toque de distinción) y seguir el ritual de los extranjeros comprando los periódicos ingleses en los expositores de la librería de Fernando Luis.

Para nosotros, los ingleses eran los extranjeros con los que aprendimos a convivir y a relacionarnos. Su presencia en el ámbito local, estudiada y documentada a fondo, entre otros, por el profesor Nicolás González Lemus, autor de varios libros dedicados al conocimiento histórico de un auténtico proceso social y económico, fue creciendo durante siglos para resultar determinante en la evolución del municipio hasta que fue palideciendo, bien es verdad que algunas huellas aún se conservan y explican por sí mismas la dimensión de esa órbita que da título al presente trabajo que no tiene pretensiones historicistas sino más bien relatar, con inevitable estilo periodístico, algunos vínculos que han jalonado una relación cultivada durante años, impregnada de hechos y personajes para fortalecer ese espíritu cosmopolita y multiculturalista que ha caracterizado a la ciudad.

En los albores del siglo XVI, en efecto, llegan los primeros ingleses a las islas, atraídos por el desarrollo de actividades comerciales que adquieren especial relevancia en el XVII. Escribe el joven historiador realejero Javier Lima Estévez que la presencia de la comunidad fue adquiriendo una importancia cada vez mayor en el archipiélago. En efecto, a lo largo de los siglos XVIII y XIX, las Islas Canarias aparecen “en innumerables relatos de diversos viajeros y viajeras que no dudaron en relatar, criticar o destacar todos aquellos aspectos que consideraban significativos”. Precisamente, González Lemus publicó un trabajo en el Anuario de Estudios Atlánticos del año 2012, titulado “De los viajeros británicos a Canarias a lo largo de la Historia”, en el que los más interesados pueden acceder a una información pormenorizada de quiénes fueron, por qué vinieron y qué cometidos desempeñaron.

Promovieron, a finales del siglo XVII, la disposición de un espacio digno donde dar sepultura a sus compatriotas, dicen que el primer cementerio protestante de España. En el tránsito de las centurias del XIX y XX, edificaron sus iglesias protestantes en las dos capitales canarias y otra aquí, en el parque Taoro del Puerto de la Cruz, aprovechando las opciones de la libertad de culto de la Constitución de 1876. Establecieron espacios culturales y de ocio destinados a fomentar hábitos sociales y aglutinar afanes comunes donde defender sus intereses.

Pensemos, por ejemplo, en que el capital británico fue determinante para impulsar el desarrollo de cultivos como la cochinilla, el plátano y el tomate. Se afincaron empresas y compañías inglesas que controlaron las exportaciones fruteras del archipiélago: Yeoward Brothers, Miller and Company, Fyffes and Hudson… En ese contexto, sobresale la labor del empresario David J. Leacock quien dejó su multimillonaria herencia a once trabajadores. Por otra parte, siguiendo la investigación de Lima Estévez, durante el siglo XIX, “encontramos una participación activa y fundamental de los británicos en el desarrollo de la incipiente actividad turística. En ese sentido, es importante destacar la creación de la Compañía de Hoteles y Sanatorium del Valle de La Orotava, con un significativo capital británico; el hotel ‘Santa Brígida’, en Gran Canaria, construido por emprendedor británico Alarico Delmar; o la función del comerciante inglés Henry Wolfson en la puesta en funcionamiento del hotel ‘Quisisana’.

En la órbita de los ingleses, pues, la influencia en los órdenes social, comercial y cultural fue notable en el Puerto de la Cruz. Históricamente, la suya constituye una aportación sustantiva, como lo prueba el asentamiento en el municipio de familias y entidades de origen anglosajón; el que algunos de nacionalidad inglesa e irlandesa ejercieran como alcaldes; la habilitación de espacios funerarios y religiosos; haber sido durante unos cuantos años la sede del Consulado del Reino Unido y que destacados personajes de la ciencia, la cultura y las artes de origen británico se alojaran en el pueblo. Aquí convivieron, entre otras familias de postín, los Cologan, White, Lavaggi, Yeoward y Reid.

El Martiánez fue el primer hotel, antes que los antiguos establecimientos Taoro o Metropol, en Las Palmas de Gran Canaria, en acoger a los turistas ingleses. Los puertos –un alarde de generosidad considerarlos así, pero bueno- de Garachico y Puerto de la Cruz tuvieron su relevancia en la comercialización y distribución de las producciones de frutos y vinos a Inglaterra, como se cita, en numerosas ocasiones en la obra del mismísimo William Shakespeare, bien es verdad que no con la palabra malvasía, según el investigador lanzaroteño, autodidacta, Bruno Perera, quien traduce de la obra Enrique IV (Segunda parte, acto II, escena IV):

Mistress Quickly dice a Doll Tearsheet: “Por mi fe que habéis bebido demasiado vino canario, un vino maravilloso y penetrante que perfuma la sangre antes de que se pueda decir: ¿qué es esto?”.

El catedrático de Filología Inglesa y Alemana de la Universidad de La Laguna, Pedro Nolasco Leal Cruz, ha elaborado un estudio sobre “El término Canary en inglés. Análisis del uso de canary, sack y malmsey en William Shakespeare” y que fue publicado en el número 61 del Anuario de Estudios Atlánticos, en 2015.

Sus conclusiones: El término Canary (bajo distintas formas) aparece en inglés desde la época medieval. Se recoge en muchos autores conocidos de lengua inglesa, bien como vino, bien como baile o bien como tipo de pájaro.

La voz Canary es utilizada ocho veces por Shakespeare, cuatro para referirse al vino canario y cuatro para referirse a una danza de origen prehispánico muy conocida en Europa. No aparece la voz Canary para hacer referencia al pájaro canario en este autor.

El uso de sack en la obra de W. Shakespeare hace referencia evidentemente al vino malvasía canario, pues hemos detectado que en casi todas las obras donde aparece sack se cita a su vez Canary, bien como vino canario, bien como danza (el canario), o bien se cita el azúcar y/o las conservas (hechas de azúcar).

Y lo demuestra obra por obra.

En la órbita de los ingleses hay que situar la centenaria existencia de The English Library, aún en funcionamiento, ubicada en los límites del parque Taoro, muy cerca del colegio británico Yeoward, y de la iglesia anglicana de Todos los Santos (culto protestante), ubicada en el mismo parque, recientemente reformada. También funcionó hasta hace una década el Club Social Británico, de los primeros donde se jugó al tenis en la isla y donde la colonia inglesa pudo desarrollar durante décadas sus usos y hábitos sociales. El Sitio Litre (Little Place), acogedor espacio aún abierto, conserva la tipología constructiva del mejor estilo inglés.

Una obra de consulta, analítica y reflexiva, profusamente documentada –más de quinientas páginas y ciento diecisiete ilustraciones- con indudables valores de investigación, los cuales proporcionan una visión muy rigurosa de nuestra historia, vinculada al hecho turístico desde antes de ser industria, resulta determinante para comprender la trascendencia de la aportación británica a nuestro proceso social.

Hablamos de Historia del turismo del Puerto de la Cruz, a través de sus protagonistas, escrita por Nicolás González Lemus y Melecio Hernández Pérez, prologada por Isidoro Sánchez García y editada por Escuela Universitaria Iriarte. Es una de las fuentes primordiales de nuestro principal sostén productivo y de una parte sustancial del municipio que ha luchado para abrirse paso, sortear las dificultades y ocupar un sitio destacado en el concierto de las ciudades que disponen de una oferta turística y son, en sí mismas, un destino.

Más de diez años se han cumplido de la publicación, tiempo que ha servido para esclarecer muchos porqués, las razones de algunas decisiones y la dimensión de personajes que intervinieron, en mayor o menor medida, en la conformación, en los avances sociales y en los momentos de zozobra.

Con motivo del décimo aniversario, escribimos: “Toda historia tiene su principio. Hay nombres que, por derecho propio, ganaron su puesto y hasta hundieron sus raíces en la tierra agraciada por su clima y por su geografía. El súbdito alemán Osbert Ward, el británico míster Harris, el doctor inglés Ernest Harts, el coronel Wethered, el científico Edward Beanes son, entre otros, nombres vinculados a la historia turística del Puerto de la Cruz, de la que tanto saben González Lemus y Hernández Pérez que, naturalmente, se habrán familiarizado con ellos. Nosotros hemos indagado en la documentación que acopió el que fuera cronista oficial del municipio, Nicolás Pestana Sánchez, a quien el hecho turístico, cuando no había Internet y apenas se manejaban algunas publicaciones, fotos y grabados, el hecho turístico -decíamos- no le fue ajeno.

Así, Ward publicó en 1903 el libro The Val of Orotava, en el que habla de los intentos de escalar el Teide con fines científicos o geológicos y de los beneficiosos efectos climáticos. En esa obra se fija 1866 como principio de la arribada de extranjeros a las islas.

El tal míster Harris se da cuenta del “sitio ideal para la explotación de un buen hotel”. Logra fundar una compañía, arrienda la casa y jardines anexos, propiedad de doña Antonia Dehesa, viuda de García, ubicada en el que hoy estaría el antiguo y cerrado hotel 'Martiánez', víctima de la dañina fórmula del 'time-sharing' ya en los ochenta del pasado siglo. Allí se abren las puertas del denominado 'Gran Hotel', del que Harris sería el director. El Puerto empieza a ser conocido en el extranjero.

Un médico, Ernest Harts, disfrutó de un período de siete semanas entre nosotros. Se fue encantado y al regresar a Londres publicó varios artículos en Pall Mall Gazette British Medical Journal, elogiando las bondades del valle y “los lugares como el mejor sitio para extranjeros veletudinarios” para pasar el invierno por curiosidad o placer. El efecto fue inmediato: subió el número de ingleses en la temporada invernal del año siguiente, 1887.

Coronel Wethered, promotor de la mansión denominada “El Robado” (destruida hace unos pocos años en un pavoroso incendio), en una zona de malpaís, fruto de las erupciones volcánicas de 1430 de las que surgieron los tres conos conocidos por Montaña de Las Arenas, Montaña de Los Frailes y Montaña de La Gañanía, estas dos últimas en el término municipal de Los Realejos. Según el testimonio de Pestana, para sortear los problemas de movilidad, se dispuso la utilización de hamacas y carritos para transportar a los inválidos de hotel a hotel y hasta para algunas salidas nocturnas.

Otra de las adiciones al Grand Hotel Company fue la del Marquesa cuyo edificio fue acondicionado para recibir un mayor número de turistas. Empezaron a pensar entonces en empresas de más altas aspiraciones, aunque se dividiera la iniciativa empresarial: por un lado, el capitaneado por míster Harris; y por otro, una nueva sociedad denominada “The English Grand Hotel Company”. Harris, siempre según Pestana, rompe con el Gran Hotel Company, del cual había sido manager. Él había defendido la posibilidad de edificar un nuevo hotel en terrenos de La Paz, sobre el promontorio situado al este del antiguo hotel Taoro y el Jardín Botánico. La idea no prosperó y míster Harris desaparece de la escena.

Estamos en la primavera de 1888. Llega al Puerto de la Cruz míster Edward Beanes, un científico dotado de un alto talento comercial. Era íntimo amigo del doctor Víctor Pérez, quien le pone en antecedentes del proyecto de construir un nuevo establecimiento hotelero. La iniciativa entusiasmó tanto al señor Beanes que prestó toda clase de ayuda, incluso la económica, con el fin de que los proyectos se materializaran a la mayor brevedad posible. Establecidos los ideales de la nueva sociedad, varias aportaciones de casas y firmas con residencia en Santa Cruz de Tenerife hicieron viable la actuación de un nuevo hotel que se empieza a construir en donde fue levantado el Gran Hotel Taoro, un lugar elegido por Víctor Pérez con arreglo a los planos de un arquitecto francés, de Lyon, Adolph Coquet.

En 1890 se inaugura la primera parte construida. El relato del cronista Pestana merece ser reproducido: “Abriéronse carreteras -señala- a través de los enormes terrenos destinados a jardines y lugares de esparcimiento, a través de una verdadera montaña de escorias y cenagal volcánicos, por cuyo motivo estos terrenos eran conocidos por Malpaís, ocupando estos jardines una extensión superior a las once hectáreas, en las cuales se plantaron unos doce mil árboles de todas clases”.

(Continuará mañana).

viernes, 9 de julio de 2021

MODERNIZAR LA JUSTICIA

 

Los conocidos como Juzgados de Paz, unos siete mil setecientos en todo el país, pasarán a ser Oficinas de Justicia, según las previsiones del Plan Justicia 2030 que impulsa el ministerio correspondiente y en el que mucho tiene que decir la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), Se trata de acometer una sustancial transformación para que tales Oficinas se conviertan en espacios modernos y adaptados que, más allá de servicios relacionados con la administración de justicia, habrán de prestar otros que son competencia de distintos departamentos administrativos y que habrían de contribuir a reducir las brechas territorial, digital y ecológica de estas áreas.

La organización municipalista es la idónea para afrontar esta tarea teniendo en cuenta que son los gobiernos locales los que proveen de medios y recursos materiales a los Juzgados de Paz en cuya estructura hay que incluir, por cierto, a los funcionarios de Justicia que prestan su servicio. Según se informa desde la FEMP, en las nuevas Oficinas de Justicia se continuaría con el mismo régimen pero serán dotadas con modernos equipos tecnológicos cuya financiación se hará con cargo a los ‘Fondos Next Generation’ de la Unión Europea, en colaboración con la Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial.

En cuanto a las sedes, serán las mismas que albergan a los actuales juzgados que pertenecen, salvo casos muy excepcionales, a los ayuntamientos. Según se destaca desde el Ministerio, las necesidades de espacio van a modificarse, en función, sobre todo, de las características de los nuevos servicios que se van a prestar y de la necesidad de ubicar a los nuevos funcionarios que se incorporarán a las oficinas de los municipios más pequeños.

Como señalamos al principio, serán siete mil setecientos los municipios afectados –ninguno cabeza de Partido Judicial, aunque todos cuentan con Juzgados de Paz- por esta reestructuración que posibilitará una cobertura cercana a diecisiete millones y medio de ciudadanos.

Sus prestaciones serán de doble dirección: se trata de que sean ventanas para atender una multitud de servicios vinculados con el Servicio Público de Justicia. Podrán facilitar también los trámites con el Registro Civil, de modo que sean punto de acceso al expediente judicial. Y desde ahí se podrá no solo conectar con los colegios de abogados sino practicar actos de comunicación procesal, además de conectar con las oficinas de atención a las víctimas del delito.

Las futuras Oficinas de Justicia se enmarcan en el Plan de Modernización que engloba, a su vez, el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR) que se apoya en cuatro ejes transversales: la transición ecológica (menos desplazamientos de ciudadanos y de funcionarios); la transformación digital (acercamiento de las nuevas tecnologías al medio rural y disminución de la brecha digital); la cohesión social y territorial (mejora la accesibilidad a la administración independientemente del lugar de residencia) y la igualdad de género pues permitirá la conciliación laboral y familiar de las mujeres trabajadora.

Estamos ante un salto importante en una materia siempre controvertida para la que desde hace años se vienen pidiendo reformas. A ver cómo resultan.


jueves, 8 de julio de 2021

EN MEMORIA DE PEPE TRISTÁN

 

Tercer día consecutivo de este me de julio escribiendo obituarios. Pérdidas de profesionales destacados, de amigos y de personas con las que nos relacionamos en algún momento de la vida cuyo final siempre es doloroso.

Ayer tarde fue impactante la noticia del fallecimiento de José Tristán Pimienta, hermano de Ángel, destacado escritor y periodista, quien fuera director del periódico La Provincia. No te la crees hasta que la confirmas y entonces te quedas descompuesto, sin saber qué decir ni qué hacer mientras vas rebobinando y los recuerdos se acumulan presurosos como si de una carrera memorística se tratara.

Los Tristán tuvieron vínculos familiares con el Puerto de la Cruz, ciudad que visitaban con relativa frecuencia para acompañar a los parientes, para interesarse por su pasado y por su presente, para preguntar por algún episodio y para disfrutar un ambiente que siempre consideraron singular.

Pepe Tristán, residente en Las Palmas de Gran Canaria, hombre de la cultura y servidor público, fue siempre una fuente de información, a la que acudíamos para despejar alguna duda o precisar alguna fecha. Se lo sabía todo, o casi todo. Siempre flotaba en medio de la vorágine de la política y las casi siempre procelosas aguas de la vida interna del Partido Socialista Obrero Español, al que dedicó no pocos afanes esfuerzos y afanes, especialmente en tiempos de congresos.

Flotaba porque sabía nadar y porque su carácter tolerante le hacía moverse hacia el ansiado equilibrio necesario. Excelente conocedor de las interioridades de la organización, su trabajo en los grupos socialistas del Ayuntamiento y del Cabildo Insular le permitió no solo disponer de información sino orientar adecuadamente algunas decisiones políticas que luego defendía con mesura y modulación.

Pepe Tristán era un hombre culto y bien informado, atento siempre a las apariciones de libros y a la publicación de artículos y opiniones que recomendaba y criticaba con fundamento. Era frecuente verle en exposiciones, proyecciones y actividades socioculturales. Lector empedernido, animaba cualquier tertulia o reunión en círculos donde su presencia era respetada.

Casado con Encarna Galván, dirigente y cargo público socialista en distintas instituciones, Tristán vivió de cerca la transición democrática –ahí fue cuando le conocimos- y participó en los preparativos de numerosos actos de campañas electorales. Cuando fallaba algo o alguien, el recurso siempre era el mismo:

-Pregunten a Tristán.

Sorpresiva e inesperadamente, nos dejaba en la tarde de ayer. Ya no le tendremos a mano para despejar alguna duda y contrastar alguna fecha. Nos queda la discreta huella de una persona que siempre estaba ahí, para ayudar, para tranquilizar y para animar a quienes lo necesitaban, especialmente en tiempos en que venían mal dadas. Era su compromiso y su manera de ser.

Le recordaremos.



miércoles, 7 de julio de 2021

TICO MEDINA, LOS VALORES DE LA VIEJA ESCUELA

 

Cuando Escolástico Tico Medina García, granadino, entró en el salón de actos del antiguo Instituto Laboral del Puerto de la Cruz, después de Formación Profesional (FP), los asistentes nos pusimos en pie y aplaudimos con ganas. Creemos recordar que le presentó el orotavense Francisco Mesa Bravo, una conferencia en la que evocó algunas experiencias, relacionó las entrevistas que había realizado a personajes destacados (entre ellos, Fidel Castro, Ernesto Che Guevara, Moshe Dayan, Richard Nixon, Dalí…) y se atrevía a vaticinar que lo mejor del periodismo, con un guiño a la conquista de libertades, estaba por llegar.

En un alarde de osadía por nuestra parte, o de juventud ansiosa de aventuras vocacionales, le preguntamos desde el público por las dificultades para acceder a los personajes que debía entrevistar. Y contó los pasos que hubo de dar controlados por El Mossad, el Instituto de Inteligencia y Operaciones Especiales de Israel, una de las agencias concebida para la recopilación de información, espionaje y contraterrorismo.

Me sorprendí –explicó- cuando en uno de los últimos controles, me despojaron de una venda que me impedía ver nada en el interior de un vehículo y hube de revisar un formulario donde constaban todos mis datos personales, entre ellos el número de calzado. Todos los datos ¡eran exactos!”.

Tico anduvo por el Puerto de la Cruz en otras ocasiones, mediados los años sesenta. En dos de ellas fue presentador del Festival del Atlántico, en el parque San Francisco, cuando todavía no ha sido declarado internacional. Recordamos verle en el exterior del hotel ‘Las Vegas’, hablando con el alcalde de entonces y uno de los promotores del certamen, Felipe Machado del Hoyo.

Sus presentaciones eran austeras, exactas. Con solvencia dialéctica que se correspondía con la frase corta comúnmente empleada entonces. En una ocasión, luciendo un elegante esmóquin blanco, dando paso a “las espaldas más famosas de España”, el maestro Rafael Ibarbia, director de la orquesta. El parque, aún descubierto, había surgido en el espacio de una antigua ciudadela que destruyó un pavoroso incendio del que milagrosamente se salvó la iglesia de San Juan o San Francisco, la primera construcción civil del municipio.

Tico Medina falleció el pasado lunes, a los 87 años. Seguimos muchas de sus crónicas en el desaparecido diario Pueblo, dirigido por Emilio Romero. Después, trabajó en otros medios, prensa, radio y televisión y ganó numerosos premios y reconocimientos, como el Ondas, la Antena de Oro, la Pluma de oro del Gobierno mexicano, el premio Rodríguez Santamaría de la Asociación de la Prensa de Madrid y la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo. Autor de varios libros. En la producción televisiva 300 millones, desempeñó un activo papel con el que acreditó su vasto conocimiento del hecho americanista. Fue redactor-jefe de ¡Hola! varios años. Se mantuvo al pie de la noticia y de la actualidad hasta el final de sus días, diseccionándolas con Carlos Herrera en la cadena Cope.

Pertenecía a una generación irrepetible de periodistas y escritores. Su nombre, junto al de Paco Umbral, Antonio D. Olano, Francisco Navarro García, Yale y Miguel Ors, entre otros, destacó sobremanera.

Era, desde luego, un ejemplo de profesional de la vieja escuela.