Un amplio grupo de periodistas, escritores, magistrados,
catedráticos, artistas y activistas ha lanzado el manifiesto ‘Por una esfera
pública libre de acoso, amenazas y odio’ para alertar del clima de intimidación
que se está instalando en el debate público español. Está impulsado por la
Asociación Contra el Odio (ACO), la Fundación Contexto y Acción (CTXT) junto a
distintos medios. El texto sostiene que “el miedo es la antesala del silencio”
y denuncia la existencia de redes coordinadas que
utilizan la desinformación, el señalamiento y las amenazas para amedrentar a
voces críticas con la extrema derecha.
Los firmantes —entre ellos directores de medios, magistrados
eméritos, catedráticos, artistas y activistas— reclaman al Gobierno y a los
grupos parlamentarios progresistas reformas legales que permitan sancionar
y retirar financiación pública a
quienes difundan de forma organizada odio y mentiras, así como más medios y
formación para Fiscalía, jueces y fuerzas de seguridad. El objetivo es alcanzar
al menos cincuenta mil firmas antes de trasladar formalmente el llamamiento a
las instituciones, en una apelación directa a la sociedad civil para defender
la democracia frente a lo que describen como un intento de imponer el miedo
como mecanismo de silenciamiento.
Si deseas unirte a este manifiesto,
puedes hacerlo desde la página web de la Plataforma de Acción contra el Odio
(ACO) en este enlace. El texto del manifiesto dice así:
Por una esfera pública libre de acoso,
amenazas y odio
ACO, CTXT y la
Fundación Contexto y Acción impulsan, junto a Público, infoLibre, Canal Red,
Luzes, El Plural, El Salto, Pandemia Digital, Spanish Revolution, Crític, La
Marea y Sin Permiso, medidas contra las redes coordinadas para intimidar a las
voces progresistas.
El miedo es la
antesala del silencio y muchas voces públicas sienten miedo hoy en el Estado
español. No podemos tolerarlo. Las y los abajo firmantes –periodistas,
escritores, juristas, activistas, profesores, sindicalistas, artistas,
ciudadanía y organizaciones sociales– pedimos a la sociedad civil y a las
instituciones que protejan el espacio público y con él a sus agentes
democráticos, que son un dique necesario frente al acoso, las amenazas y la
impunidad de la extrema derecha trumpista y su industria del odio.
La historia enseña
que el fin último del autoritarismo es silenciar todo relato diferente al suyo.
Y esa historia está de vuelta otra vez. Las fórmulas nos suenan
desgraciadamente familiares. Mentiras, insultos, machismo, homofobia, racismo,
desinformación y violencia coordinada, en las redes sociales, los medios o las
calles, con el objetivo de amedrentar a las voces comprometidas con la
democracia que resultan incómodas a los ultras.
Los casos son
tantos que no se pueden achacar a coincidencias. Una periodista es señalada por
un partido neofascista por su activismo contra la violencia machista. Un diario
de gran audiencia miente sobre el salario de una informadora de la televisión
pública. Tres neonazis agreden y graban en la calle a un reportero, sin
detenciones. Una comentarista racializada es amenazada con la deportación. Un
cómico, acusado falsamente de reírse de las víctimas de un accidente fatal.
Tras las mentiras llegan las amenazas y el desgaste emocional que hace que nada
merezca la pena.
En las últimas
semanas, el nombre de una analista de izquierdas ha aparecido escrito en el
centro de una diana dibujada junto a las tumbas vandalizadas de luchadoras
antifascistas de otro tiempo. Y la trabajadora de un pequeño medio digital ha
tenido que darse de baja tras sufrir amenazas de muerte en redes. Su crimen:
haber contado cómo se financian los acosadores disfrazados de periodistas.
Son las voces
atacadas de una democracia en riesgo.
Los medios,
personas y organizaciones abajo firmantes pedimos a la sociedad civil y a las
instituciones que se impliquen a fondo en esta lucha, porque en la libertad de
expresión no cabe ni la libertad de mentir ni los discursos de odio, y porque
es preciso perder el miedo a señalar y denunciar a los autores de esos ataques
y extorsiones.
Reclamamos por
tanto al Gobierno y a los grupos parlamentarios progresistas que tomen nota de
esta gravísima situación y adopten medidas para frenarla. Creemos que son
necesarias reformas legales que permitan sancionar y negar toda financiación
pública a las redes organizadas para esparcir desinformación y odio de forma
intencionada con el propósito de estigmatizar o difamar a personas y colectivos
vulnerables.
La fiscalía, los
jueces y las fuerzas de seguridad deben contar con más medios y formación
especializada para proteger con mayor eficacia a las víctimas de odio, amenazas
y persecución.
Es urgente
defender la democracia frente a ese imperio de la manipulación sufragado con
los impuestos de todas y todos, cuyo objetivo es destruir la convivencia
mediante mentiras e intimidación.
La violencia
institucional de corte racista que vemos estos días en las calles de Estados
Unidos es el final de un camino que algunos pretenden empezar a recorrer en
nuestro país. No podemos permitirlo.
Llamamos a las y
los ciudadanos demócratas a levantarse contra el monocultivo del miedo. Frente
al autoritarismo, todas somos la misma cosa. También aquí, si atacan a una nos
atacan a todas.
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