El señor presidente de la República Argentina, Javier Milei, llegó a España, irrumpió en la precampaña electoral y desgranó su rosario de maledicencias e insultos, que debe ser habitual en las grandes citas, lleve o no motosierra. Algo de repulsa debe suscitar porque el alto mando del derechío como que puso pies en polvorosa y el documental gráfico se reduce al esplendoroso (para ellos) encuentro con Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, que le tiene como uno de sus admirados mentores.
No se escondieron Juan
Manuel Moreno Bonilla, presidente de la Junta de Andalucía, que encontró la
palabra adecuada, exabruptos, para condensar el episodio de las reprobables
expresiones dirigidas al presidente del Gobierno español y a los periodistas en
general; y Borja Sémper, uno de los portavoces nacionales de la formación
conservadora y vicesecretario de Cultura y Deportes, quien se caracteriza
(también en esta ocasión) por el empleo de un lenguaje moderado y caballeroso.
Milei debe ser un
incorregible. A ver si aprendió de la respuesta diplomática y protocolaria:
para ser recibido por el rey, debe incluir en la agenda al presidente del
Gobierno. Que es lo que él no quiere, claro: ¡cómo va a querer si se ha quedado
a gusto con los exabruptos, si ha manifestado su deseo de echarle (como a todos
los zurdos) a patadas! Pero hombre, esa organización empresarial que le invitó
e introdujo en cualquiera de esos foros que se inventan, debió ser más cauta y
haber preparado mejor el terreno. ¿No hubo quien le advirtiera que andamos en
vísperas electorales y que los zurdos, pese a los patinazos y los devaneos, no
se han rendido?
Parece que no, que
bastaba con no saludar al estado mayor, que ya se encargarían los medios afines
de desglosar las justificaciones, como han hecho con lo que había que ocultar:
no es hora para hablar de pensiones, dejemos eso para cuando aparezca el tío
Paco con las rebajas. Pero eso parece menos trascendente. Lo que interesa es,
al estilo más rabioso, el mensaje descalificador, el ataque sin límite (que
todo vale) y la réplica o el golpe devuelto <ipso facto>.
Milei ha venido a
lucirse. Es probable -por su trayectoria y por su estilo lineal- que no tenga
mucho reclamo para ofertar. ¿Cómo dicen por allá? ¿Boludo, pelotudo? Da igual,
un gobernante así, no es acreedor de réplicas ostentosas.
Más interesante, seguro,
es comprobar quiénes o cuántos patriotas, esos que dicen que les duele España,
van a alzar su voz por tan insolente comportamiento en tu propia tierra. El
cálculo de si su irrupción, tan aparatosa, ha perjudicado más o menos ya se
verá. Moreno y Sémper, con algo de tibieza pero con cortesía y educación, sabiendo lo que hay, han dado un paso.
Hicieron lo políticamente correcto.
Punto.
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