martes, 10 de noviembre de 2020

INICIATIVAS EN EL TURISMO

 

La ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, estará desde hoy en Lanzarote, primera escala de un viaje de dos días al archipiélago, el tercero que hace desde que la pandemia habita entre nosotros. Estas son sus intenciones: Apoyar al sector turístico y comercial. Contrarrestar los efectos del impacto con inversiones. Promover grandes cambios en el modelo turístico.

Una alusión concreta al Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia a integrar en la Estrategia de Resiliencia para Canarias en el que se recoge una inversión de cien millones de euros para los próximos tres años. Y un análisis detallado, a compartir con el Gobierno de Canarias mañana miércoles, de una acción publicitaria que tendrá como lema ‘Back to the Canary Islands, back to Spaín’ que será presentada a continuación.

El programa de la ministra finalizará con su asistencia a la reunión del Consejo Asesor de Turismo Canario durante la que se analizará el trabajo realizado durante los últimos meses centrado en fortalecer la imagen de Canarias como destino seguro y el impulso a proyectos de inversiones consignados en el citado plan de recuperación y apoyo al sector turístico.

La noticia de este viaje viene a coincidir con los propósitos anunciados ayer por el presidente del Gobierno, Ángel Víctor Torres, en un foro privado especializado, referidos a la oportunidad de mejorar el modelo productivo con fondos que lleguen procedentes de la Unión Europea (UE). Dijo Torres que "hay recursos a los que las empresas canarias se pueden acoger y hay recursos de inversión pública y de entidades financieras. Estamos en un momento trascendental en estos meses de noviembre y diciembre para definir qué proyecto para Canarias tenemos".

El sector, mientras tanto, sigue atento a la evolución de la pandemia, especialmente en algunos países europeos que son mercados emisores. Se escuchan algunas voces que abogan por aprovechar el tiempo que resta de la temporada pero ese tiempo es escaso y si las circunstancias no cambian, será muy dificil, por no decir imposible, comenzar un proceso sólido de recuperación.

Se habla, en este sentido, de incursionar en el ámbito de los nómadas digitales. La Consejería de Turismo y Comercio del Gobierno de Canarias trata de impulsar el teletrabajo. El teletrabajo es para la Consejería de Turismo una oportunidad que no quiere dejar escapar. Para atraer a este segmento de la población, prevé destinar medio millón de euros en diferentes estrategias. No es la primera vez que su titular, Yaiza Castilla, resalta el valor de estos viajeros, algo que ya había adelantado en comparecencias en el Parlamento canario el pasado verano. Ahora anuncia que fomentará la visibilidad de las islas en acciones enfocadas al teletrabajo europeo y comunidades de teletrabajo compartido (‘coworking’), ya que "son un público objetivo que se caracteriza por ser poco permeable a la publicidad clásica, por lo que requiere de una estrategia de marketing menos intrusiva".

Sin embargo, el gerente de la patronal hotelera tinerfeña (Ashotel), Juan Pablo Gonzalez, se muestra muy cauto pues la alternativa, según su opinión, “no puede sustituir a la operativa normal de un hotel”. Se trata de acoger a personas que se alojen en Canarias durante un tiempo para trabajar. Está de acuerdo, según declaró a canariasahora.com, en que se trata de una opción bienvenida “para generar alguna línea de negocio adicional”; pero estima que “un hotel no se puede reconvertir al cien por cien para alojar a personas que se puedan trasladar desde otros lugares de Europa a trabajar”.

En fin, veremos cómo evolucionan estas iniciativas y si el sector se reanima.


lunes, 9 de noviembre de 2020

CORTAR Al PRESIDENTE

El escrutinio avanzaba con lentitud exasperante, todos esperábamos noticias sobre el resultado, cuando comparecía el todavía presidente americano, Donald Trump, empecinado en desvirtuar el previsible triunfo de los demócratas y en hablar de votos ilegales y fraude. Las principales cadenas de televisión, entre ellas la preferida del propio Trump, Fox News, ofrecen la señal. Súbitamente, la CNBC es la primera en interrumpirla dando paso a un presentador que explica el motivo: “Lo que está diciendo el presidente de los Estados Unidos, en gran parte, no es verdad en absoluto”.

Otras dos cadenas, ABC y CBS, secundan la decisión poco después. CNN y Fox News mantienen la emisión pero sus locutores advierten, mientras comentan las manifestaciones de Trump, que no se está produciendo un fraude electoral ni un abuso del sistema.

Se trata de un hecho insólito en el ámbito de la comunicación, está claro. En medio de aquellas circunstancias, atreverse a cortar al presidente y abundar en las explicaciones subsiguientes podría ser considerado hasta como un atrevimiento, algo inaudito, pero en uso de la libertad de expresión, significa una decisión de gran trascendencia que abre un gran debate. Manuel Trillo, en el diario ABC, aventura que la decisión “entra en un nuevo territorio en las relaciones entre el poder y los medios de comunicación. En las facultades de periodismo se enseña que los periodistas deben tener una posición crítica frente a los hechos, pero también que su papel, como garantes de la pluralidad democrática, es clave”.

Trillo se atreve ya con las primera preguntas: “La acusación de fraude electoral en la mayor potencia global del planeta es ciertamente grave, pero el hecho de amputar su discurso del debate plantea nuevas interrogantes: ¿Debe censurarse a un dirigente políticos cuando el medio considera que miente? ¿No tiene el público derecho a conocer lo que dice su principal gobernante, sea cual sea su actitud?”.

Seguirán respuestas y criterios para alimentar y aquilatar la controversia que se adivina intensa. ¿A ver cuánto se tarda en que alguna televisión de nuestro país haga lo mismo? Que nadie pierda el norte: no se trata de un acto de valentía. Y no todas las coyunturas son electorales. Es más, ya hay algunas que en el ámbito más cercano, no solo sesgan contenidos sino que manipulan burdamente y ocultan literalmente o condicionan severamente la cobertura de aquellos políticos o gobiernos con los que no simpatizan y les excluyen sistemáticamente de sus espacios y prestaciones.

Convenimos en que uno de los principales trabajos de los periodistas es asegurarse de que no les engañen y que cuanto emitan o publiquen se ajuste estrictamente a la verdad. La tarea se complica con frecuencia, mucho más durante una campaña electoral. Los candidatos –los políticos en general- intentan ganar la confianza de los espectadores y los potenciales votantes con datos relevantes y con mensajes llamativos para hacer valer sus logros o criticar severamente a sus adversarios, estando en gobierno u oposición.

Sus afirmaciones no solo pueden incurrir en divagaciones sino en falacias. Entonces, los profesionales que hacen el seguimiento correspondiente deben comprobar tales afirmaciones para luego, blanco sobre negro, explicar que faltan a la verdad o ha incurrido en inexactitudes y desvíos. Eso obliga a los periodistas a documentarse y a hablar o escribir con rigor, justamente lo que no ha hecho el candidato o político al que están enjuiciando.

A esta disciplina, a la que nos hemos referido en varias ocasiones, se la conoce desde hace unos años como ‘fact checking’ o verificación de los hechos. Sin estos profesionales que comprobasen la veracidad de las afirmaciones de los políticos, estos podrían decir lo que quisiesen sin que nadie les pidiese explicaciones. Un cabal y ético ejercicio del periodismo puede ser determinante a la hora de desenmascarar falacias. Se trata de contribuir a la madurez y a la cualificación democrática: más simple, coadyuvar para que los ciudadanos puedan votar adecuadamente informados y tomen la decisión que estimen correcta a partir de elementos veraces y contrastados.


domingo, 8 de noviembre de 2020

¿TRUMPISMO SIN TRUMP?

 

Se acabó lo que se daba en América del Norte. O bueno, hasta que los tribunales decidan si Donald Trump –que no es, ni mucho menos, el gran derrotado- emprende hasta el final, hasta la Corte Suprema, una revisión de los resultados que le van a alejar de la Casa Blanca. Pero no parece que la vía de los tribunales vaya a ser un camino expedito: al contrario, bastante daño ha causado ya el magnate y político republicano, a la democracia y al propio sistema electoral estadounidense, como para que ahora espere que la justicia descubra trampas y resuelva restituyendo votos o haciendo repetir comicios, cualquiera sabe.

Mejor harían los republicanos en analizar y valorar cómo los demócratas se adelantaron y tomaron ventaja en el voto por correo en tiempos de pandemia. Y cómo frente a los mensajes populistas y los discursos excluyentes, brotó la cercanía y el tono mesurado de un candidato corredor de fondo a quien, además, le adjudicaron una número dos que reunió todas las papeletas para erigirse en revelación, en tanto Pence, por cierto, se diluía en su grisura. Mejor diseccionar las razones que movieron a tres importantes cadenas de televisión—una de ellas, la que él mismo controlaba- interrumpir la intervención del todavía presidente mientras los locutores explicaban, en tono crítico, que el corte se debía a que las denuncias de Trump no respondían a hechos probados.

¿Queda el trumpismo? El tiempo lo dirá. Buena parte del mundo, esa que siempre recela de América, de su poderío, de la supremacía, parece ahora respirar aliviada. Trumpismo sin Trump al frente parece difícil de madurar y expandirse. El vaticinio de que su liderazgo se evaporará –con toda la relatividad de los pronósticos- es acertado. Ese estilo de hacer política, en cualquier caso, que respondía a caprichos y extravagancias, a imposiciones y no hay más que hablar, no era el más edificante. Sufrió la democracia y dio pie a que se fracturase la sociedad norteamericana. El resultado –a la espera de la prórroga judicial- proclama, en efecto, una polarización histórica que Joe Biden, presidente electo, acompañado de la revelación Harris, tendrá que lidiar e ir manejando con destreza porque ya se sabe lo que son los pueblos divididos. Y el mundo no está para más desgracias.


sábado, 7 de noviembre de 2020

ESCENARIOS ECONÓMICOS EN CANARIAS

 

La viceconsejería de Economía e Internacionalización del Gobierno de Canarias ha hecho público un tercer informe sobre las previsiones económicas en la Comunidad Autónoma teniendo en cuenta el impacto de la pandemia de la COVID-19. El análisis consigna las principales variables de la economía insular comparadas con el resto del país, condicionadas por la elevada dependencia del sector turístico.

Son tres escenarios los que prevé este trabajo: optimistas, central y pesimista. Los tres siguen mostrando una misma intensidad de caída durante el primer y segundo trimestres de 2020 y tres sendas diferentes de recuperación turística, a lo largo del cuarto trimestre de 2020 y todo el año 2021, en función de las previsiones de recuperación de la demanda turística. En ninguno de los supuestos se recuperan en 2021 los niveles previos a la crisis.

El informe que nos ocupa considera más viable el intermedio que contempla una contracción en el Producto Interior Bruto (PIB) del 21,6 % en el presente año y una recuperación del 17,3 % en 2021. Y es que, claro, vaticina una recuperación del PIB del archipiélago en un rango del 12,6 al 20,1 %, además de prever una contracción para este año de entre el 20 y el 23,8 %.

Durante el presente año, la caída prevista del PIB real (entre el 20 y el 23,8 %) equivale en términos nominales a una horquilla de nueve mil ochocientos cincuenta y dos a once mil cuatrocientos setenta y seis millones de euros, lo que supone entre cuatro mil quinientos setenta y cinco y cinco mil cuatrocientos cincuenta y cinco euros por habitante.

Las previsiones gubernamentales apuntan a una recuperación más acusada el año próximo pero todo dependerá de la reactivación del sector servicios. Estiman tal recuperación entre el 12,6 y el 20,1 % del PIB, con respecto al informe anterior que data del pasado mes de julio, que consignaba entre el 9,1 y el 10,3 %, con un rebote cuantificado entre los cuatro mil doscientos cuarenta y dos y los siete mil cuatrocientos catorce millones de euros.

También aluden al mercado laboral. Este escenario intermedio pronostica una reducción del 5,5 %, con cuarenta y nueve mil novecientas personas ocupadas menos, reflejo naturalmente de la pérdida de actividad. Pero apuntan en sus previsiones a un incremento en el próximo ejercicio del 1,6 %, con trece mil quinientas personas trabajadoras más.

Todos los componentes del PIB en el presente año, a excepción del gasto público, desde la óptica de la demanda se ven considerablemente mermados por la crisis. Hay que tener en cuenta que los mayores impactos recaen sobre la exportaciones e importaciones de bienes y servicios, debido en ambos casos a la caída del turismo y sus efectos sobre la demanda interna.

Desde el ángulo de la oferta, según el modelo, todos los sectores económicos se ven afectados por la crisis. En términos relativos, los mayores impactos recaen sobre los servicios, seguidos por la construcción, la industria y el sector primario.

Los tres escenarios siguen mostrando una misma intensidad de caída durante el primer y segundo trimestres de 2020 y tres sendas diferentes de recuperación turística, a lo largo del cuarto trimestre de 2020 y todo el año 2021, en función de las previsiones de recuperación de la demanda turística. En ninguno de los escenarios se recuperan en 2021 los niveles previos a la crisis.

En definitiva, el horizonte se sigue pintando con colores sombríos. A menos que se inicie y despegue la recuperación turística. Ya veríamos entonces hasta donde llegan sus efectos. El propio Gobierno de Canarias reconoce en este informe que la persistente situación de crisis sanitaria y económica sigue dificultando de manera especial la realización de cualquier previsión, dado el entorno de alta incertidumbre sobre la evolución de la pandemia y su repercusión en la economía.

viernes, 6 de noviembre de 2020

OFICINAS DE JUSTICIA

 

En nuestro país ejercen aún unos siete mil quinientos jueces de paz, una figura que tuvo en el pasado un papel destacado en la vertebración de la convivencia en el municipio. En la iniciativa del Ministerio, Plan Justicia 2030, con el que se pretende modernizar la administración de justicia, dimensionarla adecuadamente para consolidar los derechos y garantías de los ciudadanos, aparece como objetivo la reconversión de tales juzgados en Oficinas de Justicia, de modo que, en primer lugar, dispondrían de más competencias, principalmente las concernientes a la mediación. Creen los promotores ministeriales que ello favorecería la vertebración del territorio, en el marco de una filosofía que mucho tiene que ver con acercar el Estado y .los procesos de digitalización a la que se conoce como España vaciada.

El caso es que con medidas como esta sea posible contrastar la calidad de un servicio público, con prestaciones eficaces y ágiles para que la ciudadanía crea en la justicia, entienda mejor su papel como poder público independiente y proporcione todas las garantías posibles hasta hacer mejorar el funcionamiento del Estado de derecho a sabiendas de que ello redundará en una sensible cualificación del propio sistema democrático.

Si se aspira a una óptima organización y coordinación competencial, esta iniciativa ha de ser determinante. Una justicia más accesible y más próxima solo será posible con engranajes que impulsen la eficiencia de los servicios con los que se habrá de dotar la estructura administrativa. Por ejemplo, si se quiere garantizar el acceso a la justicia en todo el territorio.

El Plan, según fuentes ministeriales, es ambicioso, con un horizonte temporal de diez años. Quiere introducir elementos de coordinación y cooperación en instituciones, además de eliminar solapamientos. Seguro que ésta sería la mejor apreciación de los operadores jurídicos y de los justiciables. La previsión es que para medir y evaluar los rendimientos habrá planes anuales y adaptables, basados en metodologías de análisis y diagnósticos que favorezcan las decisiones racionales y contrastadas.

Y aunque parezca una obviedad aplastante, los procesos de digitalización serán indispensables para contrastar los avances. Escuchamos o leemos con frecuencia las quejas de profesionales referidas a una dispersión tecnológica que no ayuda y que conviene superar para lograr estos objetivos. Si definitivamente se crean esas Oficinas Judiciales, todo dependerá de los recursos de este tipo para que funcionen a plenitud.

Por ejemplo, para consolidar el expediente judicial e integrar las diferentes plataformas de la gestión procesal. Y otro, pensando en la aludida consolidación de derechos y garantías: la promoción de servicios alternativos de resolución de controversias, de modo que sea posible aliviar las cargas, o lo que es igual, reducir la litigiosidad de juzgados y tribunales. Si todo eso se implanta, igual queda espacio para atender a las víctimas de delitos.



jueves, 5 de noviembre de 2020

PONDERANDO A LOS JÓVENES

 

En medio de la violencia, también hay episodios de sensatez. Y si los protagonizan los jóvenes, mejor. Se podrá ver una imagen de alguien quemando un contenedor o rompiendo la luna de un escaparate. Pero si después se ve otra de alguien que confiesa ser hijo de una operaria del servicio de recogida domiciliaria de residuos reponiendo mobiliario urbano, se aprecia el contraste y pone de relieve, incluso, las injustas generalizaciones.

Los jóvenes son un desastre. No, no: los jóvenes también construyen y dan ejemplos de civismo.

Así ocurrió en ciudades españolas durante el pasado fin de semana cuando el miedo a la pandemia se envenenó con las escenas de alboroto y destrozos derivadas de una protesta por medidas que beneficiaban a la colectividad. Señales de una sociedad enferma, Pero también saludable cuando tras el desastre y la barbarie aparece el comportamiento constructivo. A limpiar, reponer, ordenar… contribuir a que los espacios públicos, principalmente, recuperen su estado natural y puedan ser disfrutados por todos.

Un diez para esos jóvenes que demuestran que no todos son iguales, que se resisten a ser estigmatizados, que acreditan razones para seguir confiando en su quehacer y en su lado positivo, que lo tienen. Bueno que mantengan la cordura, que respeten cánones elementales de convivencia, que hagan uso de los valores que distinguen el respeto y la tolerancia. Esa respuesta suya a la intransigencia y a la violencia es una forma también de expresar la crítica a los radicalismos, al romper por romper, a los desmanes probablemente infundidos por quienes se conducen de forma irresponsable desde diferentes tribunas: los nocivos inductores del mal.

Han entendido que esta no es la hora de la algarada incontrolada sino de la aportación social positiva. Ya se ha escrito que la violencia es la vía equivocada, un error mayúsculo, para discrepar de medidas de interés colectivo –algunas inevitables- o intentar poner fin a un estado de cosas que mucho tiene que ver con la salud de las personas.

Esos jóvenes han dado un ejemplo y demuestran que todavía hay esperanzas. Casi nos estremecemos y aumenta nuestro temor cuando preside el desmadre. Debemos sentirnos más gratificados cuando el hijo de una operaria pública, junto con amigos y compañeros, dice a la cámara que venimos a ayudar, que este espacio es de todos y todos debemos esforzarnos para mantenerlo en el mejor estado de uso.

Y hay que ponderarlo, claro. Porque todos los jóvenes, como colectivo, no deben ser descalificados ni vituperados. Una sociedad se construye y se fortalece con sensatez y con valores que hay que enseñar y practicar. Cuando esa sociedad atraviesa una etapa difícil, incierta y controvertida, cuando está expuesta a tantos riesgos y a tantas quiebras, cuando no funcionan bien sus resortes de convivencia, esas conductas –también por inusuales- deben ser respetadas y ponderadas: son una ventana abierta a horizontes más despejados y menos sombríos. No se trata de ponerse más moralistas. Sí de apelar a comportamientos cabales y consecuentes.

miércoles, 4 de noviembre de 2020

REVERTE, ADIÓS AL VIAJERO LITERARIO

 

Se le echó de menos este año, en la octava edición de Periplo, el festival internacional de Literatura de Viajes y Aventuras que tiene como marco el Puerto de la Cruz. Una lástima: le hubiera agradado, seguro, hablar y contar sus experiencias allí, en El Penitente, junto a la brisa y las olas atlánticas, escenario obligado por las circunstancias, ya se sabe. Fueron muchos los que preguntamos por él, pocos sabían de la gravedad de su estado. Y nadie sospechaba el fatal desenlace. Es más, con algún responsable de la convocatoria hablamos de tenerle nuevamente el año próximo entre nosotros para un homenaje, para lo que fuese, con tal de volver a contar con su palabra, con su testimonio.

Su corazón de periodista y escritor dejó de latir el pasado sábado: Javier Reverte. El escritor tinerfeño, Agustín Gajate, a las pocas horas de conocerse el fallecimiento, evocó un episodio personal. Su amigo, de medio, de tantas escrituras, de tantas evocaciones, el maestro Juan Cruz Ruiz, lo habrá lamentado hasta los tuétanos. A Eduardo García Rojas, un alma mater de Periplo, siempre atento en las entretelas del certamen, le hubiera encantado entrevistarle, mejor dicho, dialogar sin límite en ese tono cercano que invita al personaje a sincerarse, a contar todo lo que ha ido concatenando experiencialmente y plasmando en páginas y páginas que siempre interesaron, mucho más cuando le descubrieron y lo tuvieron frente a frente.

Pero Reverte ya no está entre nosotros. Adiós al viajero literario, adiós a uno de los grandes animadores de este convocatoria que singulariza el otoño portuense. Quedan sus libros, sus relatos, su amor por África, su inquietud aventurera, sus desafíos y sus tensiones.

El género, desde luego, tiene en Reverte una referencia privilegiada. Componente fundador de la Sociedad Geográfica Española y Miembro de Honor de la misma. Sus horizontes literarios estaban más allá del continente africano: El tiempo de los héroes, título de una de sus novelas. Su producción respondía a la personalidad de un inconformista, de un seductor, de alguien que lo intentaba una y otra vez, que incursionó sin desmayo donde otros desistieron.

En la historia de Periplo también hizo de explorador. Por eso no le importó hablar de su proyección y del significante de la iniciativa. Lo hizo con categoría y originalidad. Con la solvencia de alguien que sabía de lo que hablaba. Y que seducía con su escritura.


martes, 3 de noviembre de 2020

EL ERROR DE LA VIOLENCIA

 

¿A quién o a quiénes interesa que haya clima de violencia y pánico? ¿A quién convienen las imágenes de incendios, desórdenes, destrozos y cargas policiales? Es insólito: protestar de esa forma por medidas que, teóricamente, favorecen la salud de la población y tratar de contener la expansión de un virus mortal. Protestan así: incendiando tiendas y mobiliario urbano, saqueando, agrediendo a policías. Hemos perdido hasta la forma cívica de discrepar públicamente. Vaya futuro, en plena pandemia.

Interesa a los desestabilizadores y a quienes lo sustentan, a los guerracivilistas, a los alentadores de la fractura social, a los amantes del simplismo ‘cuanto peor, mejor’ y a quienes creen que, así las cosas, se puede derribar un gobierno. Pero se equivocan: aunque sean minoría, aunque anden ofuscados, aunque ahora lloren y se lamenten durante las detenciones y los interrogatorios, entender que las soluciones pasan por la violencia es un error mayúsculo.

¿Hay alguien detrás, hay soporte ideológico-político, o estamos ante una tendencia más de esa deriva social en la que no importan nada los valores? Pero alguien sale ganando, aunque no se refleje en un hipotético marcador. Las primeras impresiones de las autoridades convergen  que en las movilizaciones contra las restricciones en varias capitales peninsulares se infiltran grupos radicales de extrema derecha y extrema izquierda, además de ultras del fútbol, como los ‘bukaneros’ (hinchas ultras del Rayo Vallecano) o los seguidores más violentos del Rácing de Santander, por poner dos ejemplos. Pero, por el momento, la policía no tiene constancia de que haya una “mano negra” que las convoque a escala nacional para aglutinar a los más violentos. La policía, en cualquier caso, tiene que saber que no hace falta ese tipo de mano: hoy, con redes sociales y con circulación intensa de mensajería móvil, en un breve lapso de tiempo, es posible ‘quedar’… y empezar. Sobre el papel, se trata, según los investigadores, de convocatorias geográficas muy puntuales, no concertadas a nivel nacional y secundadas por grupos de alborotadores profesionales que participan en ellas sin motivación política alguna y con el único ánimo de provocar incidentes.

Aún si así fuera, la violencia, el pánico, los tumultos y la inestabilidad favorecen a quienes robustecen con esos factores la ruptura de la convivencia. Discrepar así –desafiando sin más disposiciones preventivas- por medidas que en muchos casos son inevitables, dados los estragos que sigue causando el virus, nos hace pensar que la sociedad está enferma. Y eso favorece a quienes creen que esto es un desastre o que vamos hacia el desastre.

Hay que atajar este mal, impedir que la protesta brusca, violenta, provocadora genere un ambiente social que agrave el desasosiego que ya se padece por otras razones. Instituciones y agentes sociales deben hacer todo un esfuerzo práctico de apelaciones a comportamientos cívicos y sensatos. Todo lo que no sean éstos, es perjudicial, va en contra de la cordura y de la coherencia. Por eso, nos preguntamos quiénes son los interesados y los beneficiarios.

lunes, 2 de noviembre de 2020

MULTAS, ¿SÍ O NO?

 

Por fin, un dato, no muy contundente pero un dato que es esperanzador para quienes siempre estamos pensando en la preservación y la cualificación democrática, ahora que en nuestro país sigue viéndose amenazada. De una encuesta llevada a cabo por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) se desprende que para un 68 % de los ciudadanos, las ‘fake news’, los bulos y las paparruchas suponen una amenaza para la democracia.

No extrañe pues que la mayoría de los consumidores, el 72 %, exija que los medios de comunicación que publiquen tales falsedades sean sancionados de manera severa. La amplia difusión de tales noticias o informaciones es lo que tiene a mal traer a los ciudadanos. Y que tan alto porcentaje considere que representan una amenaza latente para la democracia es un hecho significativo.

Yendo a la raíz del problema, un 54 % de los encuestados está convencido de que estas noticias son creadas fundamentalmente por agencias de comunicación, a petición de grupos políticos o económicos. Solo el 24 % considera que los organismos reguladores de los medios de comunicación españoles controlan y evitan la publicación de estas informaciones.

Cierto que la percepción de los encuestados es desigual respecto a todos los medios en general. Se concluye que en la radio y, en menor medida, en la prensa, es mucho menos frecuente encontrar informaciones sospechosas de ser bulos. Sería interesante saber cuál es la incidencia de las aportaciones hechas por medios de alcance más reducido que, junto a comunicadores irresponsables de toda laya, largan y largan sin importarles las consecuencias, seguro que porque saben que no las va a haber.

El problema se agrava con el despliegue a las redes sociales y los servicios de mensajería instantánea que constituyen una vía óptima para divulgar este tipo de informaciones. El descrédito va en aumento. Los consumidores de información lo saben pero, en numerosos casos, parece no importarles: siguen accediendo en un ejercicio intelectual difícil de calificar pero que ronda el masoquismo.

Para siete de cada diez usuarios, el periodismo, actualmente, es menos exigente, certero y ético que en el pasado. Eso explica que un 65 % crea que los periodistas que publiquen, editen o emitan noticias falsas deban ser sancionados. Claro que un 62 % responde que la legislación para controlar eficientemente este fenómeno de nuestro tiempo, cada vez más preocupante, o no existe o es claramente insuficiente.

Los encuestados por la OCU preguntados por la frecuencia con que perciben noticias o informaciones falsas han respondido lo siguiente:

En redes sociales como Facebook y Twitter, el 56 % de los consultados percibe que las han recibido con frecuenta. En aplicaciones (apps) de mensajería como Whatsapp y Telegram, el 49 %, la misma proporción que en la denominada “prensa rosa”. En plataformas de video, como Youtube o Vimeo, hasta un 32 %.

También el 31 % percibe noticias falsas con frecuencia en diarios y blogs online; el 29 % en programas de televisión; el 19 % en informativos de la televisión; el 16 % en diarios y revistas de actualidad en papel y solo el 9 % en informativos de la radios. En cuanto a los dos últimos grupos, el 25 % no ha percibido nunca estas noticias en prensa escrita y revistas y el 36 % % tampoco en informativos de radio.

Se abre el debate entonces: ¿deben ser sancionados los medios y las plataformas que inserten o difundan informaciones falsas? Difícil, pero hay que ser conscientes del daño que el problema está causando y que urge, por tanto, alguna solución. Menos mal que los demócratas están siendo sensibles y sinceros: en un alto porcentaje creen que el sistema, si esto no se corta, corre peligro.


domingo, 1 de noviembre de 2020

CUMPLEAÑOS Y PORVENIR

 

¿Cómo ve la sociedad el periodismo? La pregunta surge cuando el ciento diez aniversario del periódico EL DÍA/La Opinión de Tenerife viene a coincidir prácticamente con la puesta en marcha de Periodismo 2030, una iniciativa promovida por los periodistas Fernando Jáuregui y Sergio Martín, consistente en una serie de debates que se desarrollará a lo largo de los próximos meses para analizar a fondo la situación presente y el porvenir de la profesión periodística. Germina ahí la idea de poner en marcha un observatorio desde el que procesar también una encuesta de cuarenta y dos preguntas a la que podrán acceder unos cuatro mil doscientos profesionales, confeccionada por GAD3 para conocer cuál es la percepción de la ciudadanía sobre el periodismo actual y sus hábitos de consumo en materia de información y comunicaciones. La publicación de un libro que condensará todos los asuntos tratados durante los próximos meses y un congreso profesional a celebrar en Madrid en septiembre del próximo año completarán la iniciativa, llamada a alumbrar el rumbo del nuevo periodismo, o del periodismo que sobrevivió a la pandemia.

Es cierto que los medios y el periodismo están ante un momento crucial. El virus ha causado estragos: las empresas se han resentido y sus responsables exploran cualquier vía para tratar de consolidar un modelo de negocio en el que será necesario disponer de sistemas de teletrabajo hasta ahora ensayados con desigual fortuna. Se ha destruido empleo y el que se conserva subsiste gracias a Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE). La sombra de la desaparición del papel planea con más fuerza que nunca. Se contrae el mercado publicitario, han cerrado kioskos en ciudades de todo tipo, han desaparecido algunas cabeceras en el ámbito de las revistas y las tiradas se han reducido muchísimo.

Este es el panorama desde el puente. Desalentador, desde luego. O, si lo prefieren, que no invita al optimismo. Pero ante el que no cabe arrugarse si se aspira a una sociedad informada y crítica como sostén de la convivencia democrática. Que va surgiendo una nueva realidad, es un hecho palpable ante el que nadie es ajeno. Viene a la memoria aquel célebre pensamiento del escritor y politólogo corso Antonio Gramsci cuando afirmó que “el viejo mundo se muere y el nuevo tarda en aparecer. Y, en ese claroscuro, aparecen los monstruos”.

No sabemos qué formas y que dimensión tendrán esas criaturas pero sí que la crisis va gestando cambios y hay que prepararse para afrontarlos porque la evolución se está produciendo a gran velocidad. Lo explicaban Jaúregui y Martín al dar a conocer su proyecto: “Todas las instituciones públicas y sociales pasean por el limbo: entre quedar anticuadas y mirar a un futuro incierto. En este panorama, el periodismo también lo hace”.

Es apropiado decir feliz aniversario y mejor porvenir. Ciento diez años de historia, de esfuerzo, de dedicación, con afanes y épocas dispares, han de ser un soporte de notable valor para seguir adelante, causa en la que se trabaja, conscientes de que la sociedad escruta y es cada vez más exigente con el periodismo. Por eso, la idea primordial que hay que transmitir desde el periodismo de nuestros días es esa: ser útil a la sociedad que nos examina.


(Artículo aparecido en la edición de ayer de un suplemento especial con motivo del 110 aniversario del periódico EL DIA)