domingo, 7 de febrero de 2021

EMERGENCIA CLIMÁTICA

 

Ya no deben quedar parientes que hagan dudar a presidentes: dos terceras partes de una encuesta hecha entre 1,2 millones de personas en todo el globo consideran al cambio climático como una emergencia mundial. Se trata de la encuesta climática más grande elaborada hasta ahora, ya que abarcó cincuenta países con más de la mitad de la población mundial y diecisiete idiomas, «People’s Climate Vote» ('El voto de las personas sobre el clima') adelantada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Tal como comentó su administrador, Achim Steiner, ”los resultados ilustran claramente que la acción climática urgente tiene un amplio apoyo entre personas de todo el mundo, de todas las nacionalidades, edad, género y nivel educativo”.

La conclusión es que hay que adoptar nuevas medidas para afrontar esta crisis que incide en la agricultura, en la protección de la naturaleza y hasta en la inversión para acometer una recuperación ecológica de la COVID-19. En efecto, la amplia consulta preguntó a los participantes si el cambio climático era una emergencia global y si apoyaban dieciocho políticas climáticas clave en seis áreas de acción: economía, energía, transporte, alimentos y granjas, naturaleza y protección de las personas.

Los resultados se compartirán con legisladores y gobiernos que buscan promulgar políticas para reconstruir las economías posteriores a la covid y abordar el cambio climático, al considerar a 2021 un año crucial para compromisos en esa materia. Hay que tomársela en serio, es evidente. Por cierto, el universo encuestado, ese 1,2 millones de personas, incluyó a más de medio millón de menores de dieciocho años, un grupo clave sobre el cambio climático que normalmente no puede votar todavía en elecciones regulares.

Los datos fueron procesados por analistas de encuestas de la británica Universidad de Oxford y reflejan a más de la mitad de la población mundial. Con un tamaño de muestra tan grande y una rica información sociodemográfica, el margen de error de los resultados es en promedio +/- dos por ciento.

Los resultados mostraron que la gente apoya políticas climáticas amplias, más allá de la situación actual, con un claro llamado a favor de más energías renovables en los países con mayores emisiones. En países con altas emisiones por deforestación y cambio de uso de la tierra, hubo un fuerte respaldo para la conservación de bosques y tierras.

En nueve de cada diez países con las poblaciones más urbanizadas se respaldó un mayor uso de vehículos eléctricos o bicicletas, y en siete países de altos ingresos hubo gran apoyo para que las empresas deban pagar por la contaminación.

Las cuatro políticas climáticas más populares fueron: conservación de bosques y tierras (54 % de apoyo), más energía solar, eólica y renovable (53 %), adopción de técnicas agrícolas respetuosas con el clima (52 %) y más inversión en negocios ecológicos y puestos de trabajo (50 % por ciento).

Según las primeras informaciones del procesamiento de los datos, las actitudes varían según el género y el país, con una creencia mucho más fuerte en la emergencia climática entre las mujeres y las niñas que entre los hombres y los niños en Australia, Canadá y Estados Unidos, y al revés en Nigeria o Vietnam, donde los hombres y los niños apoyaron más la idea de esa emergencia.

También se encontró un vínculo directo con el nivel de educación, pues hubo un reconocimiento muy alto de la emergencia entre quienes habían asistido a la universidad en todos los países, desde naciones de bajos ingresos como Bután y República Democrática del Congo, hasta países ricos como Francia y Japón.

Como la encuesta también explica cómo la gente quiere que sus gobernantes y legisladores aborden la crisis climática, habrá que estar atentos a lo que suceda en la próxima Conferencia de las Partes (COP26) de la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático que se celebrará en Glasgow (Escocia) el próximo mes de noviembre pues es previsible que produzca decisiones relativas a la estabilización de la emisión de gases de efecto invernadero para frenar el calentamiento global y dar un salto efectivo en el desarrollo económico sostenible.

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