Primero, carnavalero (murguero, especialmente). Después, comunicador.
De los buenos, de los que sabe lo que dice. Y transmite. Cuando su estatura
llena el escenario, su voz, inigualable e inconfundible, echa el resto. Porque,
presentando espectáculos -y antes, transmitiendo acontecimientos sociales,
musicales o religiosos- le distinguió el rigor, la seguridad, el buen
hacer… Y sobre todo, la voz.
Porque Alexis Hernández, que es de
quien hablamos, es la voz.
Así,
con esa llaneza expresiva, con una sola palabra, identificaron en su día a
Frank Sinatra, por sus peculiares registros, a Frank Sinatra, por ejemplo, gracias al particular estilo que utilizaba en sus
interpretaciones. Más allá de su gran talento en el canto, Sinatra fue célebre
gracias a su enorme capacidad para transmitir sentimientos a través de sus
canciones. Poseía una impronta intimista y, además, para compensar la falta de
potencia de su voz, aprendió a usar el micrófono de manera magistral para destacar
lo más poderoso de su voz.
Y así reconocían a Jesse Jackson, fallecido el martes a los 84 años por una
enfermedad neurodegenerativa, el orador más imponente e importante para varias
generaciones de afroamericanos, huérfanos tras el asesinato de Martin
Luther King, furiosos en unas calles que los segregaban, rabiosos ante unas
autoridades que permitían todo tipo de abusos, impotentes ante un sistema que
los ignoraba. Jackson fue la voz que logró romper los techos y llegar a los
periódicos, las radios y las televisiones.
Y por completar esto de
las voces, la de Héctor Lavoe, el talentoso cantante portorriqueño (Héctor Juan
Pérez Martínez, era su verdadero nombre) aquel que empezó con boleros y
guarachas, a quien el compositor y productor Jhonny Pacheco, bautizó como
Lavoe, viene a ser una estilización del término francés ‘La Voix’, un toque de
distinción que aportaba un cierto aire de sofisticación y misterio. Lavoe
ocuparía un lugar destacado en la historia de la música latina.
Como también figuran
grandes locutores y radiofonistas en Canarias que hicieron de su voz un
instrumento de trabajo propio, reconocible a cualquier hora, algo tan poderoso
asociado a un indicativo como para distinguir a un medio o una marca. El sonido
es el sonido. El timbre. Los agudos. Las inflexiones. Todo.
Pero es Alexis Hernández de quien hablamos, aquel que Humberto Gonar -conocedor como pocos de la quintaesencia carnavalera- en las páginas de ‘El Día’, describe perfectamente, desde sus principios “tocando la percusión y acaba llevando el ritmo del concurso de murgas”. No es cuestión de exaltar el tópico pero fue cocinero antes que fraile. Pasó por los Bambones y los Chinchosos, Compuso decenas de estrofas, cuando aún era un aliciente sortear los ángulos críticos. Luego, el salto a la comunicación: Radio Club Tenerife, Canal y la RadioTelevisión Canaria. Hasta que crea su propio y original sello digital.
La confesión sincera a
Gonar: “Lo que soy se lo debo al Carnaval”. Ayer llevó Alexis el peso de la
transmisión del coso carnavalero en Santa Cruz de Tenerife. Su ritmo
dialéctico, su tono enfático, sus doblados vocales, su dominio del micrófono,
sus pausas (sonoras) y sus pautas (ajustadas) son una colección de cualidades
que engalanan a un profesional que se desenvuelve con solvencia.
El Carnaval, las ondas,
los escenarios… tienen voz. La de Alexis Hernández.
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