A media tarde de ayer, la situación era insostenible.
Se preveía un estallido social, en Ceuta, ciudad autónoma. La Organización de
las Naciones Unidas (ONU) no la incluye -tampoco a Melilla- en el listado de
territorios pendientes de descolonizar. Ambas ciudades están integradas en la
estructura estatal española desde el siglo XV. Habría que estar allí para
pulsar la tensión, antesala de lo que se llama ‘guerra híbrida’, un conflicto
extensible a nuevas áreas donde la información, la tecnología y la influencia
políico-social se convierten en armas.
En este contexto, la guerra híbrida es un nuevo tipo de enfrentamiento que
combina estrategias tradicionales con tácticas no convencionales, como la
desinformación, los ciberataques y los grupos paraestatales. Comprender su
funcionamiento es fundamental para interpretar los conflictos del presente y
anticipar los del futuro. Desde luego, ocurra lo que ocurra, habrá un antes y
un después de Ceuta. Porque una guerra de este tipo incide en el ‘desorden’
internacional que nos ocupa, sobre todo si convenimos en que su principal
característica es que difumina los límites entre la guerra y la paz,
propiciando incluso que las partes actúen sin una declaración formal del
conflicto. Se podrá deducir que la híbrida se diferencia de una guerra
convencional en su capacidad para operar en múltiples frentes y su carácter
difícil de atribuir, lo que complica la respuesta por parte de las naciones
afectadas.
Desde luego, son “Malos tiempos para la lírica" aquella
emblemática canción del grupo español Golpes Bajos, considerada un referente de
la Movida madrileña y de la poesía musicalizada de los años 80. Su título hace
referencia al poema homónimo de Bertolt Brecht, escrito en 1939, evocando un
sentido de decadencia y desilusión frente a los tiempos difíciles. La letra,
con tintes existencialistas y tortuosos, refleja la percepción de un entorno
urbano y social marcado por la frivolidad. La composición utiliza
la lírica como un medio para explorar y criticar las contradicciones de la vida
contemporánea, haciendo un llamado a valorar la belleza y la expresión
artística incluso en los momentos más oscuros.
El pueblo ceutí tiene acreditada su paciencia y su
resiliencia. Ha hecho gala de solidaridad y tolerancia. Es más que justo
acreedor de la comprensión que van manifestando los estamentos sociales y los
distintos pueblos de España que tratan de compensar la lejanía, la
polarización, los bulos, la desinformación y las circunstancias que concurren
adhiriéndose a las demandas ya desesperadas de defensa, acción palpable,
eficacia, coordinación ejecutiva y de compromiso social. La sensación de que la
política no sirve; la diplomacia, tampoco; el pseudopatriotismo, para qué hablar;
la negociación no hay ganas de entablarla; el derecho internacional para qué
sirve; el gobierno está ‘groggy’; qué es eso del interés superior del menor… Y
eso que las relaciones bilaterales con el reino alauí atraviesan un momento
inmejorable. La incomprensión envuelve tantos pensamientos, genera tantas
preguntas.
La historiadora Margarita Torres analizó recientemente,
en un programa de la COPE, los fundamentos históricos de la españolidad de
Ceuta y Melilla. Frente a las pretensiones de las autoridades marroquíes sobre
ambas ciudades autónomas, la experta ha calificado estas reivindicaciones de
"fantasía animada" sin base documental ni verosimilitud histórica. Durante
su intervención, Torres recordó que ambas plazas cuentan con más de tres
milenios de trayectoria continuada. "Esto es lo primero que los españoles
tienen que tener muy claro, que hasta 1957, el reino de Marruecos no existía”,
aseveró la investigadora tras contrastar el origen reciente del Estado vecino
con el pasado fenicio de Abyla y Rusadir.
Pero son malos tiempos para la lírica. Porque son de guerra híbrida.
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