viernes, 28 de agosto de 2026

Ceuta, guerra híbrida

A media tarde de ayer, la situación era insostenible. Se preveía un estallido social, en Ceuta, ciudad autónoma. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) no la incluye -tampoco a Melilla- en el listado de territorios pendientes de descolonizar. Ambas ciudades están integradas en la estructura estatal española desde el siglo XV. Habría que estar allí para pulsar la tensión, antesala de lo que se llama ‘guerra híbrida’, un conflicto extensible a nuevas áreas donde la información, la tecnología y la influencia políico-social  se convierten en armas. En este contexto, la guerra híbrida es un nuevo tipo de enfrentamiento que combina estrategias tradicionales con tácticas no convencionales, como la desinformación, los ciberataques y los grupos paraestatales. Comprender su funcionamiento es fundamental para interpretar los conflictos del presente y anticipar los del futuro. Desde luego, ocurra lo que ocurra, habrá un antes y un después de Ceuta. Porque una guerra de este tipo incide en el ‘desorden’ internacional que nos ocupa, sobre todo si convenimos en que su principal característica es que difumina los límites entre la guerra y la paz, propiciando incluso que las partes actúen sin una declaración formal del conflicto. Se podrá deducir que la híbrida se diferencia de una guerra convencional en su capacidad para operar en múltiples frentes y su carácter difícil de atribuir, lo que complica la respuesta por parte de las naciones afectadas.

Desde luego, son “Malos tiempos para la lírica" aquella emblemática canción del grupo español Golpes Bajos, considerada un referente de la Movida madrileña y de la poesía musicalizada de los años 80. Su título hace referencia al poema homónimo de Bertolt Brecht, escrito en 1939, evocando un sentido de decadencia y desilusión frente a los tiempos difíciles. La letra, con tintes existencialistas y tortuosos, refleja la percepción de un entorno urbano y social marcado por la frivolidad. La composición utiliza la lírica como un medio para explorar y criticar las contradicciones de la vida contemporánea, haciendo un llamado a valorar la belleza y la expresión artística incluso en los momentos más oscuros.

El pueblo ceutí tiene acreditada su paciencia y su resiliencia. Ha hecho gala de solidaridad y tolerancia. Es más que justo acreedor de la comprensión que van manifestando los estamentos sociales y los distintos pueblos de España que tratan de compensar la lejanía, la polarización, los bulos, la desinformación y las circunstancias que concurren adhiriéndose a las demandas ya desesperadas de defensa, acción palpable, eficacia, coordinación ejecutiva y de compromiso social. La sensación de que la política no sirve; la diplomacia, tampoco; el pseudopatriotismo, para qué hablar; la negociación no hay ganas de entablarla; el derecho internacional para qué sirve; el gobierno está ‘groggy’; qué es eso del interés superior del menor… Y eso que las relaciones bilaterales con el reino alauí atraviesan un momento inmejorable. La incomprensión envuelve tantos pensamientos, genera tantas preguntas.

La historiadora Margarita Torres analizó recientemente, en un programa de la COPE, los fundamentos históricos de la españolidad de Ceuta y Melilla. Frente a las pretensiones de las autoridades marroquíes sobre ambas ciudades autónomas, la experta ha calificado estas reivindicaciones de "fantasía animada" sin base documental ni verosimilitud histórica. Durante su intervención, Torres recordó que ambas plazas cuentan con más de tres milenios de trayectoria continuada. "Esto es lo primero que los españoles tienen que tener muy claro, que hasta 1957, el reino de Marruecos no existía”, aseveró la investigadora tras contrastar el origen reciente del Estado vecino con el pasado fenicio de Abyla y Rusadir.

Pero son malos tiempos para la lírica. Porque son de guerra híbrida. 

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